Disclaimer: La serie Crepúsculo o Twilight pertenece a Stephenie Meyer y la historia pertenece a 'Raine Delmont'

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Epilogo

Bella POV

-¡Mami!- Allie se removió feliz desde su lugar en el sofá. Cerré la puerta tras de mi, sonriendo suavemente a mi ángel.

-Hola, Allie-bebé,- Susurré, arrodillándome mientras ella corría hacia mi, con una brillante sonrisa en su rostro. -¿Como te sientes? ¿La pasaste bien en la escuela?

Ella asintió, sus pequeñas coletas de chancho se sacudían con el movimiento. Esa mañana la había peinado, puse pequeñas cintas azules alrededor de sus coletas marrones. Estaba deseosa de mostrárselas a sus amigas. -¡Si!- ¡Jamie Bree adoro mi cabello! Dice que mañana también se va a peinar así.

Me reí, jugando con una de las coletas. Allie hizo una mueca, frunciendo su nariz, -Pero Mike Gernur dijo que las coletas eran para los chanchos.

-Oh, eso no fue muy amable,- Hice una mímica de su expresión mientras la alzaba en brazos y me ponía de pie. -¿Le dijiste que el era un chancho, para que lo supiera?

Allie me miró con sus ojos bien abiertos antes de romper en risitas. Me reí junto con ella, cargándola hacia la cocina. Se movió en mis brazos para verme mejor, -¡No!- Rió, -¡Pero lo es!

-Bueno, la próxima vez,- Continué, sosteniéndola seguramente en un brazo, Abrí el refrigerador con la mano libre, buscando los ingredientes indicados para la cena. -¿Quieres hamburguesas?

Hizo otra mueca, -¿Podemos comer pasta?

-Seguro,- Sonreí, tomando el pote de salsa y dejándolo sobre la mesada. Cerré el refrigerador con el codo, aun sosteniendo a Allie con un brazo.

Caminé hacia la alacena, buscando entre su contenido la pasta preferida de Allie. Tomé el paquete y lo puse a un lado de la salsa.

-Mami, te quiero,- Allie me dio un beso en la mejilla. Sonreí, sabia que me recordaba su presencia, como si pudiera olvidar que la cargaba en un brazo.

-Yo también te quiero, Allie,- Dije, dándole un beso mojado en la mejilla adrede. Ella se alejó al sentir su mejilla mojada.

-Mami...- Se removió, revolviéndose entre mis brazos. La bajé al suelo, aun riendo. Repentinamente escuche un ruido en el piso de arriba. Pisadas.

-¿Que fue eso?- Me pregunté, mis ojos yendo del techo a Allie.

-Mami, es...- Su boca se movió con la palabra, pero no pude captar sonido alguno.

-Allie, no puedo oírte.

-Es...- Nuevamente, su boca se movió pero no oí nada. Ningún sonido salio de sus labios.

Me dejé caer sobre mis rodillas, el frío suelo que meses atrás me hubiera helado, ahora no hacia nada en mi dura piel. Bajé mi cabeza, presionándola contra el frío de la lápida de Allie. Edward permanecía a mi lado, con su mano sobre mi hombro, -¿La viste otra vez?

Asentí débilmente, con una pequeña sonrisa en mis labios.

Habían pasado cuatro meses desde que Edward me había transformado. Cuatro meses desde que había renacido como un vampiro. Mi habilidad se había mostrado a los pocos días de mi vida como neófita. Las visiones comenzaron de manera incontrolable al principio, succionando cada memoria que tenia. Por semanas luche hasta el limite para ponerle un control a mi poder.

Tenía poder sobre las memorias. Carlisle asumía que, debido a que me aferraba con tal desesperación a los recuerdos de Edward que hasta, en ocasiones, era capaz de crear nuevos, había ganado poder sobre todas las memorias. Al principio había sido duro, pero con control, demostró ser algo útil y poderoso.

Tenia la habilidad de experimentar cualquier recuerdo que escogiera, así fuera mío o no. También era capaz de permitir, o forzar, a las personas a ver los recuerdos. Todo eso era bastante impresionante por si mismo, pero con la practica descubrí que no era lo único que podía hacer. También podía implantar recuerdos, tal como borrarlos.

Había descubierto esto a través de mi dolor una noche. Luego de experimentar, contra mi voluntad, la muerte de Allie a manos de Mike, por la mente de Edward, maldije cada pensamiento de él. Jure que le odiaría con todo mí ser. Deseé, grité, rogué que pudiera perdonarlo a él y todas las espantosas cosas que me había hecho.

Y entonces él desapareció.

No importaba a que recuerdo entrase, no podía encontrar a Mike. Podía oír los sonidos que haría de fondo, como los pasos al subir las escaleras o cerrar una puerta, pero nunca volví a ver a Mike. Todas sus palabras, todo el dolor, habían sido borrados de mi memoria. La única forma que tenia de verlo era a través de la mente de otros, que elegí no borrar.

Solo sabía el nombre de Mike y las cosas que había hecho por lo que Edward me contaba. Después de oír todas las horribles cosas que había hecho, estaba segura de no querer recordarle. Estaba feliz de que se hubiera ido para siempre. El dolor que había quedado solo era recordado en Allie.

Mis pensamientos de Allie eran felices, libres de dolor. Al principio dolía verla a través de mis recuerdos, pero con el tiempo y mi habilidad de controlarlos, deje de sentir dolor al ver a mi dulce ángel. Comencé a darme cuenta de mi habilidad para implantar recuerdos cuando pensaba en ella.

Conversé con unos de los recuerdos, uno diferente al actual, y un nuevo recuerdo aparecía. Era capaz de hablar con Allie, imaginando sus reacciones y respuestas a mis preguntas. Al principio comencé a dejarme perder en mi habilidad, deseando pasar más tiempo con Allie. Pero mi desesperación por estar con Edward era mucho más grande.

Ahora casi usaba mi habilidad.

Por mucho que al principio hubiera maldecido mi habilidad, ahora estaba agradecida. Me permitía despedirme varias veces. Ayudaba a mitigar el dolor de su desaparición de mi vida, por que podía verla cuando lo deseara. Fui capaz de moverme y sanar. Podía aceptar su partida de mi vida. Ahora solo entraba a los recuerdos de ella cuando mi mente estaba completa con pensamientos de ella.

Como ahora, cuando habíamos decidido visitar su tumba.

-¿Estas bien?- Susurró Edward. Ahora me sostenía, acomodándome en sus brazos. Me recosté contra él, aun tenia aquella sonrisa en mis labios.

-Si, ahora estoy bien,- Susurré. Me volteé hacia el, mirando a sus ojos. Aun estaban llenos de dolor, después de que habían pasado cinco meses. Sabía que, tal como yo, aun estaba sanando. -Estoy lista.

-¿Estas segura?- Me preguntó. Desde que me había transformado, lo había estado preguntando con frecuencia. Ahora no podía evitar y reírme ante su pregunta.

-Si Edward, estoy segura.

Tome su mano entre la mía, arrodillándome en frente de la lapida de Allie. Deje un beso sobre ella, besando el pequeño ángel que había tallado en la piedra, -Te extraño, bebe,- Susurré, poniéndome de pie, -Volveremos a verte pronto.

Caminamos en silencio hacia el Volvo plateado de Edward.

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-¿Como te sientes, querida?- Me saludó Esme en la puerta.

-Estoy mejor,- Respondí, acercándome a su, ahora, calido abrazo. Era tan extraño recordar su piel fría y dura. Para mi se sentían calidas y suaves, tal como Renee cuando me abrazaba en mi existencia humana.

-Edward ¿Vas a-- Dijo Alice con entusiasmo, saltando grácil mente cuesta a bajo las escaleras. Se detuvo en el último escalón, su boca detuvo la palabra al cruzarse con mis ojos. Ella sonrió avergonzada, volteándose hacia Edward rápidamente, - ir de caza hoy?

-No,- Dijo Edward, su voz sonaba extraña. Mi ceño se frunció ante la confusión. -Hoy no, Alice. Nos alimentamos hace pocos días.

-Lo se,- Continuó, -Pero Bella necesita alimentarse mas. Es una neófita.

-Pero Edward me llevo de caza ayer...- Dije suavemente, preguntándome que era lo que Alice trataba de ocultar y por que. Edward y ella intercambiaron una rápida mirada que cuatro meses atrás me hubiera perdido.

-¡Oh bien!- Alice dijo alegremente antes de que pudiera preguntarle nada. Bailoteó escaleras arriba, y unos instantes después, sentí cerrarse la puerta de su habitación.

-Tranquilízalos,- Escuché a Alice susurrarle a Jasper, maravillándome aun de cuanto podía oír con mi sentido auditivo de vampiro.

Una ola de tranquilidad de apodero de nosotros y escuche a Edward chasquear su lengua. Me volteé hacia él, con mi boca abierta para demandar una explicación. Su rostro estaba frente al mío cuando gire, sus ojos me miraban fijamente. Sentí el aire que no necesitaba atorarse en mi garganta. No tenia idea de que aun pudiera deslumbrarme como lo hacia. Si tuviera corazón, estaría golpeando contra mi pecho.

Su aliento era calido, irresistible… -Vallamos arriba ¿Te parece?

Todo lo que pude hacer fue asentir.

Sonriendo, pasó un brazo por mi cintura y me guió escaleras arriba. Luego de unos breves momentos, mi mente comenzó a aclararse y comencé a pensar que era lo que Alice había estado a punto de decir.

Me alzó en sus brazos cuando abrió la puerta. Con su pie la cerró detrás de él, cargándome hacia la cama. Me acomodó entre las colchas doradas, acercándose a mi cuerpo, sus labios a pocos centímetros de los míos. Me acerqué para rozar mis labios contra los suyos, pero él se aparto. Traté nuevamente, frunciendo mi ceño, pero él me apartó con facilidad.

-¿Qué estas haciendo, Edward?- Hablé, mi voz sonaba molesta.

-Provocándote,- Respiró. Su esencia aun hacia que mi cabeza diera vueltas, -¿Esta funcionando?

-¿Acaso no lo hace siempre?- Susurré, acercándome más. Traté lo mejor que pude de mirarle seductoramente y pude ver que comenzaba a dar resultado.

-Hay algo que quiero preguntarte, primero...- Continuó susurrando suavemente. Sus labios se movieron contra los míos mientras hablo y yo intente acercarme más. El se aparto, con una sonrisa en sus labios.

-Pregunta.

Bueno, necesito que hagas algo por mi primero,- Comenzó, con una sonrisa traviesa.

-¿Qué es?- Mi ceño se frunció en confusión y frustración. Lo quería ahora. El se apartó de mí.

-Ponte de pie.

Arqueé una ceja. Eso era bastante fácil...me moví de la cama y me pare frente a el. Abrí mis brazos, esperando, -¿Ahora que?

-Bueno, ahora yo me arrodillo…- Susurró, sus palabras sonaban suaves y tranquilas. Se inclino sobre una rodilla y sentí como si mi muerto corazón comenzara a palpitar nuevamente. Metió una de sus manos en el bolsillo de su chaqueta, la otra la tenía afuera, expectante. Le miré sorprendida y él se sonrió una vez mas, -Voy a necesitar tu mano, amor.

Puse mi mano sobre la suya, su pulgar acariciaba gentilmente mi piel. Saco una pequeña caja de terciopelo de su bolsillo, la abrió con un rápido movimiento. Dentro, descansaba sobre el terciopelo negro el anillo mas elegante que jamás haya visto. El diamante era un largo ovalo, adornado con bordes de pequeñas gemas. La banda era de oro, creando una frágil red alrededor de los diamantes.

-¿Edward?- Respiré.

-Bella,- Comenzó, con una sonrisa en sus labios, -No hay nada en este mundo que me importe mas que tu. Nunca habrá nada que se compare. Si viviera miles de años, nunca seria capaz de demostrarte cuanto significas para mí. Prometo amarte siempre, Bella. Cada día de la eternidad.-

No podía respirar. Era una suerte que no lo necesitara.

-Bella Swan,- Susurró, tomando el anillo de la caja. Lo sostuvo frente a mi dedo, sus ojos nunca abandonaron los míos, -¿Serias mi esposa?

Mi corazón, si pudiera, se habría saltado un latido. La sonrisa que se cruzo en mi rostro era casi dolorosa. Si tuviera la habilidad de crear lagrimas, estarían empapando mis ojos. Asentí con la cabeza, lentamente, -Si, Edward.

Colocó el delicado anillo en mi dedo, su sonrisa aumentó, -Calza perfecto.

-¿Dónde lo…?

-Era de mi madre,- Me explicó, sus ojos no abandonaron mi mano. Su rostro relucía con orgullo.

-Te gusta eso ¿Verdad?

-No hay palabras para describir cuanto,- Respiró. Entonces se puso de pie, mi mano aun entre la suya, su otro brazo envolviendo mi cintura. Me acerco a él, sus labios acercándose a mí una vez más.

-¿Vas a volver a provocarme?- Sonreí.

-¿Quieres?- Murmuró contra mis labios. Sacudí mi cabeza rápidamente y el sonrió suavemente en respuesta. Sus labios atraparon los míos en un profundo beso, todas las emociones iban de sus labios a los míos. Caímos de espaldas en la cama, sin separarnos.

Mi vida había cambiado drásticamente desde el día en que me mudé a Forks. Había demasiada felicidad, y en misma proporción, había demasiada tristeza. La tristeza del pasado tenia cerrados sus capítulos en mi vida y yo podía sentir como las lastimaduras comenzaban a sanar. La felicidad aun estaba aquí en mis brazos, sus labios contra los míos.

Edward significaba el mundo para mí. Edward era, es y siempre será mi mundo. A pesar de todo lo ocurrido en mi vida, se que el estará siempre a mi lado. Se que siempre estará allí para sostenerme. Siempre estará ahí para protegerme. Siempre estará ahí para amarme.

Siempre estará ahí...para curar mis heridas.