LA VENGANZA

POR SAORI-LUNA

CAPITULO X

Todo resultaba muy confuso para él; primero su hermana finalmente lo dejaba salir, su madre había requerido su presencia pero una vez habían llegado al salón ni siquiera lo había mirado, sus ojos estaban fijos en una figura emenina frente a ella. Intrigado, él también la miró y en el momento en que sus ojos se habían cruzado la mirada de la joven se había transformado en indignación y tristeza, y se había lanzado a atacar a su madre.

Sin pensarlo dos veces él se había colocado en su camino y a sus espaldas había escuchado la estruendosa risa de su madre.

-Lo ves Athena? Ahora él está completamente de mi lado, jamás regresará contigo, ni con esa niña mimada.

Eso lo confundió aún más, ¿con quién iba a regresar? Si él, desde que recordaba había estado con su hermana. Recordaba desde su más remota infancia su cabello rubio y sus ojos azules. Miró a la joven frente a él, en verdad no se había puesto en su camino para proteger a su madre, sino para protegerla de ella. Medusa sabía como cuidarse sola, y esa joven, a pesar de su vestimenta guerrera y su armada, se sentía tan sola, y él sabía que la soledad era siempre debilidad. Esa joven le recordaba a alguien más… pero a quién? Fijó su mirada en ella nuevamente, y se encontró con unos níveos ojos azules que lo abrazaban tiernamente; en un momento imágenes comenzaron a pasar por su mente: sangre… dolor… soledad… y finalmente paz. Había encontrado la paz en el momento en que había podido volar por el firmamento junto a ella…

Ajena a la batalla de presencias que estaban librando Medusa y Athena, Mizu sólo miraba a su querido Pegaso, y por eso fue ella la primera en ver sus ojos empañarse, tan sólo un segundo antes que sus patas se quebraran.

-SEIYA!

La joven corrió a su lado mientras en la cueva se desataba el mayor de los desórdenes.

-Marinas, tómenlo y llévenselo – gritaba Medusa, nerviosa, rezando porque sus peores miedos no se volvieran realidad.

-Caballeros, no lo permitan! – gritó Athena, intuyendo tan sólo un poco de lo que podría estar pasando.

En su dolor, Pegaso sólo atinó a buscarla con la mirada… no sabía a quién, sólo quería encontrar nuevamente ese rostro que le traía tanta paz. Miró a su hermana, pero la angustia de sus ojos no era lo que él necesitaba; miró a su madre, pero al igual que siempre, ella ni lo determinaba. Miró al frente, a esos ojos azules les faltaba algo para ser los que él buscaba, un poco más de color, un poco más de sentimiento… un poco más de humanidad.

En ese momento Athena, quien había estado pensando incansablemente en cómo podía revertir el efecto en el Pegaso, lo comprendió todo. Era irónico, ella había asumido plenamente el control para esta batalla para evitarle más problemas a Saori, pero ella era la única que podía solucionar este problema.

-Sé a quien buscas – le dijo dulcemente al Pegaso- te enviaré con ella. Caballeros, confío en ustedes para encargarse de las guerreras marinas.

-Qué piensas hacer bruja? – le gritó Medusa a Athena – no creas que vas a escapar de aquí tan fácilmente.

-Lo siento Medusa, pero esta guerra no es más entre nosotras, hace mucho tiempo cometimos un error que ya ambas pagamos, esto ya no tiene mayor sentido… acéptalo, ya perdiste.

Una brillante luz llenó la cueva inmovilizando por unos segundos a todos los allí presentes, fueron tan sólo unos segundos que bastaron para producir un anhelado reencuentro.

A su alrededor Saori vio como todo cambiaba, las altas paredes se convertían en amplios campos poblados de flores y una cálida luz inundaba el lugar.

-Y ahora qué? Acaso crees que cambiando el panorama cambiará mi situación? Me tienes atrapada y lejos de él Athena, DÉJAME SALIR!

Al borde ya de un ataque de nervios, la aguda voz de la joven reverberó por el lugar, al tiempo que veía una presencia estrellarse no muy lejos de allí. Saori comenzó a correr mientras a su alrededor el panorama cambiaba nuevamente; a su lado altas montañas comenzaban a formarse, y al fondo podía divisar un campo de flores. Su corazón comenzó a latir fuertemente mientras sentía ese deja vu y comenzaba a divisar una figura a lo lejos.

No podía oír más que su acelerado corazón cuando vio como esa figura comenzaba a girarse, lo primero que notó fue el color de su piel, su cabello castaño, y finalmente sus ojos color avellana. De su boca no fueron capaces de salir las palabras mientras le veía acercarse, no quería hablar por temor a que todo terminara y fuera sólo un sueño.

Finalmente, lo tuvo frente a frente, y en cámara lenta pudo ver como su mano se acercaba hasta acariciarle el rostro; cerró los ojos mientras sentía su calor envolviéndola, y su voz susurrarle al oído:

-Tú también me gustas mucho, Saori-chan

Saori abrió los ojos sorprendida, y esbozó una sonrisa enorme justo antes de lanzarse a abrazarlo; Seiya correspondió el abrazo gustoso por unos pocos segundos, antes de separarla y decirle:

-Debemos solucionar algo en la Tierra antes.

-Es cierto, qué ha sucedido?

-Me temo que esta vez todo ha sido mi culpa- contestó una voz serena

-Athena! – dijeron ambos jóvenes mientras se inclinaban.

-Medusa era una antigua sacerdotisa mía, a quien castigué en mi juventud por algunos actos impropios con Poseidón en mi templo… fue un acto impulsivo que tuve que corregir cuando ella comenzó a matar a los humanos. Perseo me ayudó con eso, y al final su carrera de temor tuvo dos efectos positivos, su cabeza se convirtió en uno de los escudos más poderosos de mi armada, y de su sangre nació el primero de los caballos alados.

Saori y Seiya se miraron, comprendido el sentido de esta última batalla… Medusa se había valido de sus tratos con Poseidón para manejar a las restantes guerreras de Marina, y había intentado recobrar al Pegaso que le había sido arrebatado.

-En realidad pensé que la mejor forma de solucionar esto era enfrentar a Medusa por mí misma, por eso te encerré aquí Saori, y lo lamento mucho, no contaba con que Medusa los involucraría de esta manera. Ahora, deben volver a la Tierra, solamente su poder podrá hacer que esto tenga un final. Yo… no volveré a entrometerme, ya es hora de mi siguiente descanso, y estoy segura que juntos podrán mantener la Tierra a salvo, y ser muy felices.

Saori y Seiya se miraron sorprendidos, acaso la diosa les estaba dando su bendición? Y como para confirmar esto, Athena agregó ligeramente:

-Conmigo lejos ya no deberían tener ningún problema. Vayan jóvenes, la victoria es suya.

Una brillante luz los envolvió, y al abrir los ojos notaron como se encontraban en la cueva, el ejército de Marinas yacía en su mayoría en el piso, mientras los caballeros estaban luchando contra Umi, Mizu y Medusa. El grupo reaccionó ante la luz, y al ver aparecer a Saori, Medusa se lanzó en su ataque.

-Todo esto es tu culpa, pequeña bruja!

Por un momento todos quedaron paralizados, los caballeros divinos por la acción del incrementado cosmos de Medusa, y Seiya por cortesía de Mizu, quien impedía que este se pusiera en el camino de la Gorgona.

-Suéltame, Saoriiiiiii-saaaaaaan!

Saori también se paralizó por un momento, mas tuvo la agilidad necesaria para interponer su Niké; Medusa se retorció por un momento mientras la brillante luz comenzaba a bañar su cuerpo.

-Tal vez la razón por la que sigues encarnando no es venganza, Medusa, tal vez debería aprender a no usar a tus aliados como armas- le susurró la joven, un segundo antes que la luz bañara todo el lugar.

Unas semanas más tarde…

Era aún de madrugada, pero la mansión Kido refulgía de actividad, personas subían y bajaban con maletas, mientras los viajeros terminaban de arreglarse.

-Hyoga, Flaire, apresúrense, van a perder el avión – gritaba el caballero de Andrómeda desde el primer piso de la mansión.

En la habitación de la princesa de Asgard, ella y Saori se miraban con tristeza.

-Estás segura que debes marcharte ya? – preguntó Saori.

-Así es, la crisis del agua se ha solucionado y debo regresar a mis deberes con Hilda.

-No sé que haré sin tu ayuda…

-Bueno, en realidad creo que es mejor que toda esta gente siga marchándose, así podrías pasar más tiempo a solas con Seiya – dijo Flaire con picardía- por otro lado, muchas gracias por permitir que Hyoga me acompañe, el viaje hasta Asgard es muy largo

-No tienes por qué agradecer, cada uno de ellos es libre de hacer lo que quiera, no tienen porque pedirme permiso- dijo Saori, pensando sin embargo que habría sido bueno que Ikki se hubiera despedido y que Shiryu se hubiera quedado unos días más antes de volver a China.

-No te preocupes Saori, todo estará bien, con suerte ningún otro enemigo aparecerá.

-No es eso lo que me preocupa, es que Seiya y yo aún no…

La conversación de las jóvenes fue interrumpida por un ansioso caballero del Cisne:

-Nos vamos ya?

Flaire suspiró dándole un último abrazo a Saori.

-Están seguros que no quieren que los acompañemos al aeropuerto?

-No te preocupes Saori, con que Shun nos lleve es suficiente- dijo Hyoga.

-Cuídate mucho Saori, espero que nos veamos pronto- dijo Flaire- debes ir a visitarnos!

-Lo haré- dijo Saori- tengan mucho cuidado, y que tengan un buen viaje.

-Listo gente, las maletas ya están en el carro- dijo Seiya, apareciendo de repente en la habitación.

-Entonces creo que es hora de irnos.

Una nueva oleada de abrazos y despedidas a la puerta de la mansión dejó a Saori con un sentimiento muy agridulce en su interior. Notando esto Seiya tomó su mano, y le dijo con una inclinación de cabeza:

-Vamos a dar un paseo?

Saori sonrió, apretándole fuerte la mano, mientras comenzaba a caminar hacia el gran columpio ubicado en la mitad del jardín.

-No debes estar triste Saori-chan, podemos verlos cuando quieras, además, pronto será tu cumpleaños y el de Shun así que tendremos muchas excusas para celebrar.

Saori sonrió melancólica mientras se sentaba en el columpio. Seiya comenzó a mecerla distraídamente mientras pensaba en cómo podría alegrarla aún más. Tan distraído estaba que no se dio cuenta que Saori estaba ahora frente a él mirándole intrigada.

-Eeh, Saori?

La joven le sonrió confiada y tímidamente, mientras él tomaba su barbilla entre sus manos y acariciaba sus mejillas, acercándola aún más. El primer beso fue suave, tierno y lleno de mariposas en el estómago, ambos sonrieron al final, mientras a sus espaldas el sol comenzaba a salir. Era un nuevo comenzar para todos, uno muy brillante.

FIN

NOTA DE LA AUTORA: Acabé! Muy tarde llegó el aviso de mi amiga Vicky Yun Kamiya sobre no kurumatizar nuestras historias (dícese de coger el hábito de Kurumada de actualizar cada año), cuando me di cuenta que esta historia me había acompañado por los últimos 3 años. Muchas cosas pasaron desde que el primer capítulo se escribió pero finalmente el final (valga la redundacia :P) vio la luz. Muchas gracias a todos los que me acompañaron en estos 3 años, y mis más sinceras disculpas por demorarme tanto. Un agradecimiento especial a Vicky por sus jalones de oreja constantes y a Pilar por continuar manteniendo el espíritu de Saint Seiya vivo en todos sus dibujos, y en mi querido Seiya-kun *.* Los personajes de Saint Seiya ya saben no son míos, sino de Masami Kurumada. Matta ne!