Entre silencios de biblioteca y desencuentros de sangre

Reencuentro

Le ha costado cerca de media hora convencer a su padre de que es lo suficientemente mayor para asistir al entierro como parte de la familia, y sabe que si no hubiera sido por su madre ahora estaría jugando con la pequeña Molly.

Ha cogido el mismo vestido que llevo al entierro de Andrómeda, el de su hermana. Iba a decirle adiós a la última Black que quedaba con el mismo vestido que le dijo adiós a otra Black que era más Tonks que cualquier otro nombre.

El mismo chaqué que llevo en uno de los momentos más felices de su vida, el baile de hacia pocas semanas, lo iba a vestir uno de los peores días también. Su abuela, la única que tenía, pues la abuela de su madre falleció al poco de nacer él, había muerto de un día para otro en la pequeña casa de la Bretaña francesa.

El mismo mayordomo fue el que se lo comunicó a su padre, que incapaz de creerlo se había aparecido en la casa y había visto el cadáver de su propia madre. El abuelo Lucius sigue en la cárcel y es posible que Draco nunca le avise. Pues, Draco sabía, que si había algo de compasión y bondad en Lucius era aquello que le unía a Narcisa.

Salieron del coche de Harry y caminaron con paso lento y pasmoso hasta la capilla del viejo cementerio de la casa de los Malfoy. Albus, James y Lily acompañaban a sus padres mientras que con Ron y Hermione sólo venía Rose. El resto de su tíos no consintió que ninguno de sus primos vinieran.

Harry mantenía el semblante duro e indescriptible, Ginny a su lado le observaba constantemente, como si temiera que fuera a romperse. Los padres de Rose se mantenían cogidos del brazo, dándose fuerzas el uno al otro. Debían ir al entierro de Narcissa, por tener compasión con Harry en un momento crucial de la guerra, pero personalmente, a nivel de Ron y Hermione, nada de auror ni directora de departamento del ministerio, la posibilidad de volver a esa casa les parecía aterradora, en especial a Hermione.

Le temblaban las piernas y se sentía débil, no se creía capaz de aguantar un entierro para su querida abuela, recordar todos los momentos vividos con ella, recordarla. Su madre siempre había dicho que desde que él había llegado al mundo Narcisa había cambiado por completo.

Y ahora era él, cuando su abuela marchaba del mundo, sentía que iba a cambiar de todas todas. Se sentía más asustado que nunca y no sabía si era ni siquiera correcto llorar en público para su familia. Pero, pronto se dio cuenta de que no estaba prohibido, pero que no debía hacerlo. Pues su padre estaba aguantando como podía las ganas de romper a llorar en cualquier momento y él, como buen hijo que era, debía ayudarle dándole un ejemplo a seguir, aunque su padre intentara hacer lo mismo por él.

Casi tropieza con el primer escalón de la pequeña capilla y si no fuera porque su padre le ha cogido del brazo al vuelo se va al suelo de bruces. Esta histérica y le sudan las manos como nunca, a pesar del frío. Su padre la mira extrañado y ella sonríe de medio lado para tranquilizarle.

Avanza silenciosa y se coloca, junto al resto de la familia, en las últimas filas, pues ocupan más de una. La gente llega con cuentagotas y los parientes más cercanos, los Malfoy, aún no han aparecido para poder dar inicio al último rito mágico al que Narcissa iba a someterse.

Entran en la capilla por los pasadizos, por una pequeña trampilla que comunica con la casa capitular y donde el sacerdote ya les espera. Ayuda a sus dos primas, cogidas ambas de la mano, a subir la trepitosa escalera y a salir a la luz de la habitación.

Su tía se mantiene al lado de su madre, junto a su padre y su tío. Las niñas han pasado a ser cosa suya, aunque nadie se lo haya dicho. A pesar de la corta edad de las dos chiquitas ambas han comprendido la muerte de su tía abuela, y la carita de pena, tampoco de llanto, no les abandona. Se mantienen tranquilas y por una vez parecen no idear un plan maligno.

La puerta de la sala capitular se abre para dejar pasar al sacerdote y a buena parte de la familia Malfoy, desde la más cercana hasta la más alejada. Son alrededor de una quincena y el más joven, Scorpius, mantiene cogidas de la mano a sus dos primas.

Todos se sientan en las primeras filas y cuando Scorpius ha cogido a una de sus primas en brazos Rose ha sentido un vuelco en el estómago.

El sacerdote comienza su oración y todos se mantienen atentos a lo que dice, esperando el momento de sentarse y levantarse, de decir palabra, de mantenerse en silencio. Todos menos Scorpius, que esta a punto de coger del cuello a una de sus primas. Han abandonado la situación idílica en la que se mantenían y ambas, se han propuesto que Scorpius las siente en sus rodillas, y Scorpius sólo se siente capaz de albergar a una cada vez. La otra, mientras su hermana disfruta del premio otorgado por un silencioso "piedra, papel o tijera", empieza a patalear y amenaza con romper a llorar o salir corriendo.

Por suerte, su tía se da cuenta de la situación y coloca a una de sus hijas en sus rodillas, a la otra la lleva a los pies de su padre de un tirón de orejas. Scorpius se siente mucho más relajado y por primera vez, desde que ha empezado a hablar el sacerdote, presta atención a lo que dice.

Las lágrimas salen sin que él lo quiera, cuando el sacerdote da por concluida la ceremonia: … y con nuestros mejores deseos y un recuerdo de amor infinito, Narcissa Malfoy Black, se va.

Se levantan todos los asistentes y Draco, como mayor representante de la familia, junto su mujer y su hijo, se coloca al frente del féretro. De espaldas a él, empiezan a recibir el pésame, uno a uno de cada persona que haya venido a presenciar la ceremonia en honor a su abuela.

La fila es larga y pesada, de hecho es la última y el principio de la cola es imposible verlo desde donde ella esta. La ceremonia ha sido bonita y dulce, pero ella la ha experimentado como si fuera una guerra y tiene el estómago hecho un manojo de nervios, lleno de culpa por estar nerviosa por verle y no por unirse a su pena.

Harry le da la mano con firmeza a Draco y un pequeño abrazo a la mujer de este y a su hijo. Ginny y sus hijos imitan a su marido y padre y se alejan con paso firme y la cabeza gacha hacia la puerta de madera de roble.

Ron se acerca cauteloso, encontrándose con la mirada sorprendida de Draco que conserva, aún así, el semblante triste.

- Lo siento mucho Malfoy.

- Gracias Weasley. – Ambos acaban el apretón de manos aprisa. Tanto que Ron casi tropieza al abrazar a la mujer de Draco. A scorpius le revuelve el pelo como si tuviera once años, pero a él le ha parecido que es lo mejor que puede hacerle si supiera lo que él le ha hecho a su hija. Su hija.

Rose sigue a su madre, mientras ella, también deprisa da tres timidos abrazos a los familiares más cercanos de Narcisa.

Le da la mano a Draco y la siente fría y suave como la de su hijo. Desde luego tienen el mismo aspecto, pero no sabe si es por todo lo que ha dicho su padre o porque así es realmente él, Draco le parece malvado. Scorpius, en cambio, a pesar de tener la misma faz conserva cara de bondad angelical.

Abraza a la madre de Scorpius y ve como este continua mirando el paso de Hermione hacia la salida. Se coloca frente a él y espera a que se gire. Frunce los labios y gira la cabeza.

El suelo parece temblar bajo sus zapatos de 200 libras y mira el fogonazo de luz roja que tiene delante. Es ella. Es ella y vuelve a ser la de siempre. La piel blanca, los labios rojos, ojos color miel, melena pelirroja. Le mira el cuello palpitante y las manos entrecogidas en un complicado nudo. Lleva un vestido negro muy serio y los ojos a punto de estallar en lágrimas. Por suerte o por desgracia, él no las reprime desde que la ha visto.

- Lo siento. – La voz se le quiebra y siente ganas de salir corriendo, pero se mantiene delante de los ojos de ese gris centelleante, esperando, frunciendo los labios con fuerza.

Los brazos parecen salirse disparados tras la espalda y se juntan en un circulo perfecto a la espalda de Rose. Antes de que el pueda sentir su falta de calor, Rose levanta los brazos y lo rodea por las anchas espaldas. Esconde la cabeza en su hombro y nota la mejilla de Scorpius que ha escondido su cabeza en su hombro.

- Pensaba que habías acabado conmigo. – La voz de Scorpius sonaba nasal y apagada, llena de pena.

- Eso pensaba yo también. – Rose le contesta con sinceridad y con cierto toque de miedo.

- ¿Y ahora qué es lo que piensas? – Scorpius teme la respuesta pero se mantiene con la máxima dignidad posible en esos casos.

- Que no podía dejarte sólo. Que no quería dejarte. – Siente ganas de besarla y apartarle de la cara esas lágrimas, seguro, cubren sus mejillas ahora rosadas por la vergüenza y el sofoco.

Aprieta más la cabeza contra la de ella, rozando aún más mejilla con mejilla, casi nariz con nariz.

- Creo que debería soltarte. – la voz ha sonado, esta vez, profunda y gutural, matando de un corte seco al Scorpius débil que se ha abrazado a ella pocos segundos antes.

Ella asiente, y aunque él no pueda verla bien sabe que así lo ha hecho. Ambos saben que a pesar de lo corto que ha sido el abrazo ya habrá sido suficiente. Suficiente para que Draco levante la cabeza del hombro de su mujer y se aproxime a su hijo, suficiente para que Hermione se acerque incrédula, con una mano en el pecho, suficiente para que a Ronald le centellen las orejas y este apunto de separarlos de un manotazo.

- Rose. – La voz de Hermione suena decepcionada y sorprendida. Rose sabe que no es por Scorpius, que es por ella, que antes se lo contaba todo.