Cinco meses pasaron desde la llegada de Bulma, Vegeta, Gohan, Piccoro y los Namekianos a la Tierra.

Ese día serian revividos Krilin, Yamcha y Goku con las Esferas del Dragon creadas por el patriarca.

La heredera de la famosa Corporación Cápsula había convivido con esos extraterrestres sin ningún problema, todos eran muy amables y a pesar de la cantidad de personas que vivan con la familia Briefs, no les resultaba molesta su presencia, a todos menos a uno. El orgulloso príncipe Saiyajin se sentía perturbado teniendo tanto bicho cerca, prefirió pasar tarde y noche entrenando en las montañas, y solo volvía por comida y una cama para dormir, casi no cruzaba palabra con la familia que lo había acogido. Para él esa familia era fundamental, ya que de otra manera, no tendría un lugar para vivir y tendría que cazar sus alimentos, su falta de poder adquisitivo lo limitaba mucho en este nuevo planeta. Si las circunstancias fueran otras ya habría tomado el control del planeta, pero la humillación vivida tiempo atrás ante las manos de Goku no se lo permitía, debía entrenar arduamente para superarlo, ser mas fuerte, y derrotarlo, sus metas, derrotar a Kakarotto y convertirse en Super Saiyajin, después vería que hacer, si destruir la tierra o conquistarla, no era algo relevante en ese momento, de ser necesario moriría en batalla, pero por todos sus medios no lo iba a permitir.

Bulma conoció muy poco del Saiyajin, las pocas horas que pasaba en la mansión las pasaba en silencio y en soledad. Que intrigante esa persona, por lo que Gohan le había comentado, Vegeta antes de morir en Namekusei le pidió a Goku que vengara su raza, que matara con sus manos de Saiyajin a Freezer.

Tan orgulloso hombre al verse enfrentado a lo inevitable pidió ayuda. No debía ser tan malo.

Por un pequeño error al pedir un deseo él volvió a la vida junto con los demás. Seguramente conoció el infierno, que vida difícil a debido tener ese hombre, lo más seguro es que es su vida no ha tenido nadie en quien confiar.

Aun recordaba la primera vez que lo vio, a trabes de la esfera de Uranai Baba, en la batalla contra Goku, y de la primera vez que lo vio en vivo y en directo. Es vez la amenazó de muerte, venía en busca de una de la esfera del dragon que ella cuidaba, que miedo sintió aquella vez. Una de las primera cosas que le dijo fue "que mujer tan tonta", cuando alabó la belleza se Zaabon, claro antes de su horrorosa transformación…

El miedo que sintió una vez al verlo extrañamente se desvaneció, al regresar a la tierra, allí estaba él, solo apoyado contra un árbol. Pobre, pensaba que había vuelto a la vida y aun seguí en Namekusei, que rabia le provocó enterarse que Goku había muerto en la pelea con Freezer, y que él fue quien le dio muerte. Muerto no viviría la humillación, la de haber pedido la ayuda de su enemigo, ese que le perdono la vida una vez, y lo dejo huir como un cobarde en vez de morir a manos del enano calvo de Krilin. Para compensar sus humillaciones, Goku se había convertido en el legendario Super Saiyajin. Siempre creyó que un día él seria esa leyenda, como soldado de clase alta y príncipe de su especie era el indicado para recibir tal honor.

Tan retraído estaba el hombre de su alrededor fue sorprendido por la invitación de la mujer de cabello peculiar. Un color inusual para él, la humana se acercó y le dijo algo como "Oye pequeño, tu también puedes quedarte con nosotros", ¿pequeño? ¿La débil humana se burlaba de su estatura? Ella bien debe saber que con un leve movimiento de su mano acabaría con su vida, ¿qué acaso era suicida?

La mujer la remato con un "Pero no te enamores de mi, por que soy una mujer muy hermosa e inteligente".

Era el colmo, esa molesta humana poniéndose a la altura del gran príncipe de los Saiyajin, como que él se fuera a enamorar de ella, un simple terrícola, ni siquiera conocía el amor, para el un símbolo de debilidad, nada más que eso, él nunca sumaría a sus humillaciones un "amorío", nunca, jamás lo permitiría. No en vano había sido criado y educado los primeros años de su vida por su padre el Rey Vegeta, seguramente el más estricto de todos.

Hacía dos semanas que Bulma no veía a Vegeta, seguramente entrenaba en las montañas, pero ese día era especial, ya las esferas estaban reunidas, y sus deseos serían cumplidos, lo más seguro era que en cualquier momento él llegue para presenciar el regreso de su némesis.

Ya preparada para una pelea de titanes, traía una nave en su bolsillo. Como era costumbre de Goku, cuando regrese lo llevaría a un lugar alejado de la población para pelear como Kami manda, y por nada del mundo la muchacha de cabellos azules se perdería la acción.

Acostumbrada a ver las pelear, siempre metida en el medio del drama, Bulma, intrépida se ponía la altura de la situación, cualquiera sea. De pequeña acompañaba a sus amigos a los torneos de las artes. Sin mencionar la búsqueda de las esferas del dragon, para una chica de 16 años, cuantos peligros podían presentarse, y sin embargo, recorrió el mundo en su busca. Gracias a ello conoció a sus mejores amigos y a su difunto novio próximo a volver a la vida. Además de embarcarse a un planeta desconocido, y pasar sola mucho tiempo a pesar de las quejas, recorrer el espacio como ya había recorrido el mundo, fue una grata experiencia. Y las peripecias vividas ahora eran recordadas con humor.

Ya era la hora, las esferas estaban reunidas en el patio de Corporación Cápsula. Vegeta había llegado hacía una hora, después de mirar con repulsión a los Namekianos, se apoyo contra una de las paredes del formidable hogar con los brazos cruzados a la altura del pecho. Pose que tanto lo caracterizaba, sin darse cuenta poco a poco se dejaba conocer a los atentos ojos azules, que curiosos siempre lo observaban.

Bulma se colocó frente a las esferas, le pareció extraño que aun no llegaran Gohan y Milk, suponiendo que sería la morena la más interesada en el regreso de su marido.

Con un poco de decepción preguntó al tumulto de gente verde a su alrededor si alguien los habría visto. Todos negaron, algunos agacharon la cabeza, cuando los gritos desesperados de la mujer se hacían oír a unos metros. Corriendo alterada se hizo presente, y junto a ella, el joven mitad humano, mitad Saiyajin.

La mujer de ojos azules poso su mirada por un segundo en el niño. Sorprendida del parecido entre ellos, remarcado por la emoción que se reflejaba en los ojos del ya no tan infante. Los recuerdos de su primer encuentro regresaron a ella, ese día que chocó su vehículo contra el pequeño, y poco a poco fue descubriendo que no era alguien normal. Su fuerza desmedida, y sus ansias por pelear, ahora ya tenían un motivo, la sangre que corría por sus venas no era la de un humano. Ya estaba confirmado, con la aparición de Raditz, el hermano de Goku. Pero ella ya lo sabía desde ya mucho tiempo, en el momento en el que su pequeño cuerpo cambió, transformándose en un mono gigante.

Salió de sus pensamientos, y se volteó para quedar enfrentada con las esferas que por muchos años había reunido, y que la llevaron a la gran aventura que se había convertido su vida.

Goku, que había sacrificado su vida por la humanidad, en varias ocasiones, volvería a reunirse con ellos. El tan esperado encuentro no se haría esperar, o por lo menos eso fue lo que ella creyó.

Después de invocar al Dragon, y pedirle que trajera nuevamente a la vida a su querido amigo, Purunga les comunicó que Goku no podía ser revivido, ya que aun seguía con vida.

Vegeta quedó atónito al escuchar la imponente voz del Dios. ¿Cómo había logrado sobrevivir?

Bulma se sintió desconcertada, si estaba vivo ¿Por qué no había regresado con ellos? Rápidamente pidió su deseo nuevamente, esta vez pidió que lo trajeran a la Tierra.

Más sorprendidos aún quedaron cuando la voz de Goku se hizo escuchar por los cielos. El estaba bien, pero no quería regresar. Cuando estuviera listo lo haría, no ahora.

La viuda contuvo las lágrimas que emergían de sus ojos negros. No lloraría frente a su hijo. Solo pronuncio quebradamente el nombre de su difunto esposo. Mientras que Gohan, aliviado suspiro, ya que él seguía con vida, y volvería, confiaba en él, era un hombre de palabra y ni por un segundo dudaría de su padre.

El príncipe se retorcía de odio "Entonces esta vivo, seguramente entrenando en el espacio…pues yo no me quedaré atrás" pensó, y se giró a ver la nave que el padre de la molesta hembra de cabello azul había construido. La primera vez que la vio fue hace unos meses, apenas llegó a la mansión de la familia Briefs, oyó decir al señor de bigote que estaba terminada, y lo que le faltaba para él eran meras estupideces.

Sin dudarlo se embarcó en la nave y despegó al espacio.

Bulma observo un poco triste su partir. Sin siquiera mirarla, con una mueca le hubiera bastado, ella que le brindó todo lo necesario para su vida en la Tierra, y ni siquiera tenía la decencia de despedirse.

La comunidad que se encontraba en el patio se giró nuevamente a Purunga, y pidieron el próximo deseo, que el alma de Krilin fuera trasladada a la Tierra y que volviera a la vida. Seguido de esto, lo mismo pidieron con Yamcha.

El muchacho, que ya varias cicatrices tenía en su rostro, en señal de las cuantiosas peleas en las que había participado, húmedo, la abrazó, y con sus dedos recorrió el sedoso cabello largo, que se había dejado crecer desde su llegada de Nameku. El pobre muchacho había caído en un lago en que los animales de sus suegros solían jugar después de ser revivido.

La peliazul, aún no asimilaba el regreso de su novio, ese novio que tenía desde su adolescencia. Ese deseo cumplido, un novio guapo. Pero tampoco se reponía de la repentina partida del príncipe, sin quererlo, se estaba preocupando de su bienestar.

Así, cinco meses más pasaron y Ten Shin Han y Chaos fueron traídos a la vida, y con un último deseo, los Namekusei se marcharon a otro planeta, y con ellos sus esferas.

La vida transcurrió pacíficamente para los habitantes de la Tierra, por lo menos un par de meses. Sin sospechar lo que venía para ellos, en especial para la joven heredera de la famosa Corporación Cápsula.