Introducción

La gente rodeaba el edificio. La situación era expectante. Un cordón policial cortaba el paso a los espectadores, todos estaban muy animados, y no era por nada.

Todas las noticias del país anunciaron una y otra vez la misma noticia, a todas horas, durante toda la semana. Mucha gente viajó de la otra punta del país sólo para ver si los hechos eran ciertos.

Desde una gran ventana del edificio custodiado, una mujer con el cabello moreno recogido y ojos azules, miraba a la gran marabunta desde un quinto piso. – Idiotas. – Murmuró.

Su mirada azul había perdido la calidez hacía muchos años. Ahora era fría, tan fría que hasta sus hombres la temían. Había perdido toda conexión con sus amigos, pero eso a ella no le importaba en absoluto. – Inspectora. – Ella no movió ni un músculo, siguió observando la calle cada vez más a rebosar de gentío. – Va a ser la hora.

La mujer asintió con la cabeza y el agente se marchó a preparar todo. La mujer pasó su vista de la calle hasta el cielo. Era despejado, como la mayoría de las veces en esos casos, lo recordaba perfectamente. Sólo habían pasado diez años de la última vez que aparecía. Diez años que todo el mundo le daba por muerto, excepto un hombre, el anterior agente en el cargo. Pero no era así, y su padre tenía razón. Cuando recordó a su padre, un leve deje de tristeza recorrió su faz. Pero se evaporó, como tantas veces había aprendido hacer, y miró a las estrellas decidida. – Padre, le atraparé por ti. Tenlo por seguro.

Se dio la vuelta y se fue de la habitación. Aún tenía cosas por hacer, y el tiempo apremiaba.

En la torre roja de Tokio, una paloma se posó en el brazo de su dueño. El hombre sonrió. – Nada ha cambiado. Siguen poniendo una guardia inútil. – Escuchó el sonido de su ave y la miró cariñosamente. – No te preocupes. – Acercó su otra mano y le acarició la cabeza tiernamente. – Será como siempre. – El hombre elevó la mano donde estaba posada y la paloma echó a volar. Apareció una mueca de dolor en su rostro y se llevó la mano al lado derecho del abdomen. – No me amargues la noche, por favor. - El hombre extendió los brazos hacia los lados y gritó con todas sus fuerzas. – Ladies and Gentlemen. – El viento se levantó y su capa blanca se ondeó furiosamente.

CONTINUARÁ…