Y para enamorarse, hay pay de queso

Capítulo 1

Chocolate

Soy torpe. Lo sé. Pero no sabía hasta qué punto.

-Una chica que no sabe cocinar, no es una chica.

Sí, lo dijo mi hermano¿qué podría saber él sobre mujeres? Nada. O todo…

Ya me amargó el fin de semana, y yo que estaba muy contenta porque iba a ir con Tomoyo a comprar ropa y más ropa sin parar. Con esto, ya me empecé a preocupar. ¿Y si en realidad nunca llego a casarme porque no sé cocinar ni una pasta? Me entró el miedo, y todo por culpa de ese estúpido grandulón, con una cabezota dura y un hocico grande. Ah, que por cierto, le llamamos Touya.

Recuerdo que inmediatamente después de ese "gran consejo de hermano", fui corriendo con mamá a preguntarle si era verdad lo que aquel dulce familiar me había sugerido. Sólo con recordar la sonrisa lastimosa que ella dibujó en su bello rostro, me hace vomitar.

-Eh… hija, -dudaba mientras hablaba. Si dudaba de lo que quería decir¿por qué seguía hablando? Me hacía sentir peor su tranquilidad fingida-. No es que sea completamente necesario que una chica sepa cocinar. Tú eres una niña muy linda, puedes cautivar a cualquier chico, pero… bueno, saber cocinar refleja feminidad… y denota si serás buena esposa o no… mmm… a lo que quiero llegar es que… bueno, con respecto a tus habilidades en la cocina… pienso que, no estaría de más si tomaras unas clases…

Aún sigo meditando qué habrá querido decir realmente mi madre.

Sin embargo, aún no descarto la posibilidad de traducirlo a "eres una torpe en la cocina, enséñate o no tendrás marido jamás, ser linda no te bastará". Qué conmovedor ¿no creen?

Definitivamente no iré con Tomoyo, aunque me duela en lo más profundo de mi corazón. Mango y Von Dutch, los echaré de menos, no pude ir esta semana, prometo que volveré pronto.

Hay algo de lo que me debo ocupar. Y el lugar que me puede ayudar está ya cercano. Sí, a unos metros. Ahí está.

Edificio blanco. 415. Cerezo, esquina con Puerto Clavel. Instituto de Enseñanza Culinaria.

¡Qué bien! No fue difícil encontrarte, buen Instituto. Mi nombre es Sakura, y el tuyo ya me lo sé. Estoy parada frente a ti, (¡¡Mírame!!) y pongo en ti todas mis esperanzas para que me hagas una mujer hecha y derecha, que no sea torpe en la cocina y conquiste al mejor de los hombres que haya existido jamás. Confío en ti, Instituto.

Sólo tengo que entrar, hablar con el director, inscribirme y ya está.

Manos a la obra.

Tanta es mi emoción que corro hacia el edificio blanco, que se alza ante mí como un tío amable y emanante de esperanza. Casi siento que abre los brazos para darme un abrazo. A esta pobre chica hambrienta de saber.

Ya casi llego… sí. Pero creo que una piedra y el suelo no querían que llegara.

De repente me encontraba dándoles un beso, nada apasionado. Cómo duele. Hacía tiempo que no sentía ese ardor en las rodillas. Mis manos… oh también llenas de tierra. Ahora con qué presentación llegaré al Insti… ¿chocolate? Veo chocolate. Huele bien. Y me ayuda a levantarme.

No, no es chocolate.

-¿Estás bien?

Y me quedo mirando esos ojos. Sí. Son color chocolate.

-Disculpa, te pregunté si estabas bien –vuelve a repetir.

Me quedo como hipnotizada, más bien como idiota, sin poder contestar. Hasta que al final, me acuerdo de las lecciones que antaño me dio mi madre sobre cómo pronunciar la palabra "sí".

-Sí…

Dije sí, ya contesté. El muchacho de ojos color chocolate no sonrío, pero juraría que sus ojos si lo habían hecho.

-Bien. Ten más cuidado. Nos vemos.

Y se fue.

Se fue.

¿Ya había mencionado que se fue?

¡¡SE FUE!!

¡¿POR QUÉ NO LO DETUVISTE SAKURA KINOMOTO?!

-¡¿POR QUÉ NO LO DETUVISTE SAKURA KINOMOTO?! –grita Meiling.

-Estaba demasiado atontada para hacerlo… el golpe fue algo fuerte.

-Pero aún así, podrías haberle preguntado su nombre, su teléfono, dónde estudiaba¡¡su estado civil!!

Ella tenía razón. Siempre la tiene. ¿Qué clase de chica se encuentra con ese tipo de chico, se queda como estúpida mirándolo, luego balbucea una estúpida palabra y deja estúpidamente que se vaya sin decir más?

-¡Sakura!

Una chica de cabello negro y piel blanca como la nieve se acerca trotando alegremente.

-Hola Tomoyo.

-¿Qué pasa¿Por qué esa cara? –pregunta ella, con su dulce voz.

-Lo que pasa es que Sakura dejó escapar al amor de su vida.

-¡Meiling! Apenas y lo vi una vez. ¿Cómo puede ser él, el amor de mi vida?

Meiling siempre tiene la razón. Meiling siempre tiene la razón. Meiling siempre tiene la razón.

-Oh¿en serio¿Y cómo era él? –preguntó Tomoyo mirándonos con diversión.

Chocolate.

-Era muy serio, -respondí-. Alto, de ojos y cabello de un oscuro café. Era guapo, creo…

Meiling lanzó una carcajada sonora.

-¿Por qué dudas de ello? Si hacía rato que llegaste con un: MEILING HE CONOCIDO AL MUCHACHO MÁS GUAPO QUE HE VISTO EN MI INSIGNIFICANTE VIDA.

-Oye, nunca dije la palabra "insignificante" –reclamé.

-Se oye más dramático –replicó Meiling con una sonrisa perversa.

-Y ¿qué paso? Lo dejaste ir así¿sin decirle nada?

(…)

-Ya sabes cómo es Sakura de tímida –exclamó Meiling, lanzando un suspiro de resignación-. En fin… tengo hambre, Sakura ve por unas patatas fritas.

-¿Por qué yo?

-De castigo por ser torpe y cabezona.

Anda. Hasta mis propias amigas me lo confirman.

Sin embargo, a pesar del incidente que me pasó, pude inscribirme al Instituto. No estaba nada mal. Era elegante, los salones estaban climatizados, y contaban con un equipo muy completo. O al menos eso me dijo la directora del Instituto. Sin embargo, mi nombre (y mi dinero) yacen en algún sitio de ese respetable lugar donde…

-La comida es sinónimo de pasión. Bienvenidos sean alumnos, a una clase más en este su Instituto de Enseñanza Culinaria, al que cariñosamente nombramos Yecu. Ahora daremos la bienvenida a una nueva compañera que nos acompañará en este curso… su nombre es Sakura Kinomoto.

Miré a todo el salón con timidez. No podía evitarlo, ser tímida era algo que se me daba innatamente. No vi caras conocidas, todos eran nuevos para mí. Supongo que estaba bien, si alguien de la preparatoria se enteraba que estaba cursando en este Insituto…

Caras deformadas se ciernen ante mí, y risas y comentarios burlones invaden mi cabeza.

-¿SAKURA KINOMOTO EN UN INSTITUTO DE COCINA¿¿ES VERDAD??

-NO HAY PORQUE DUDARLO TODOS SABEN QUE ES MALÍSIMA PARA COCINAR.

-YO OPINO QUE NINGUNA ESCUELA DE COCINA PODRÁ SALVARLA.

-SAKURA¡TRAEME PATATAS!

Un momento¿qué hace Meiling en mi ilusión de baja autoestima?

-Bueno, también les tengo una noticia -La directora, una señora alta y… ¿cómo decirlo más sutilmente? Fornida, sí. Abarcaba casi la mitad del salón caminando con pasos de gigante y observando con una mirada de ave rapaz-. Debido a que la maestra Ariadna está en incapacidad, he de introducirles a un nuevo profesor. Es algo joven y no parecería su maestro, sin embargo ha ganado varios famosos premios por ser un excelente cheff, viene de Hong Kong y su nombre es… bueno, que se los diga él mismo. Pase, por favor.

Y cuando entró, otra vez vi y olí el chocolate.

-Buenas tardes. Soy Li Syaoran, y a partir de hoy seré su nuevo maestro.

Continuará (!)

Notas de la autora:

Bueno este realmente no es mi primer fanfic, había hecho otro hace muchos años y era de Harry Potter, pero como no lo he terminado por eso mismo no lo publico. Me gustaría algún día poderlo publicar pero ahora no. Por el momento publico este que fue publicado primeramente en donde tuvo su "premiere" por así decirlo, jeje.

Este fic fue inspirado mientras comía un pay de queso, y me daba unas vueltas por el foro, y escuchaba canciones románticas. Como mi pareja de anime favorita es Sakura y Syaoran, quise que los personajes principales fueran ellos. Bueno, en realidad, es Sakura la que estelariza esta obra, ella y sus pensamientos locos.

Espero que este fanfic les guste tanto como me gusta a mí escribirlo y agradezco su atención.