Hace casi seis años que no sigo esto... ¡Qué locura! Este retraso es gordo y lo lamento. ¡Espero que lo disfrutes!


No hacía demasiado frío, había poca actividad en el cuartel y no se escuchaba el susurro del viento en el pequeño respiradero del vestuario. Hacía buena noche. Tenten estaba de suerte.

Aquellas eran señales indicadoras de que se había levantado la cúpula protectora sobre la villa. Se habría desatado una tormenta de arena lo bastante fuerte como para que los jounins apostados a más de una decena de kilómetros en derredor de la villa sugirieran aislar la aldea. Aprovecharía la ocasión para salir de allí con el pelo húmedo.

Sin embargo, a Tenten no le levantaba el ánimo saber que iba a poder regresar a casa sin correr el riesgo de convertir su cabeza en un nido de arena. Shikamaru se había asomado a los baños cuando ella se entregaba al placer de la ducha y le había echado abajo el momento diciéndole que aquella noche le tocaba hacer ronda coincidiendo que llegaban visitas. Visitas incómodas. Todo el estrés que había dejado correr hasta el desagüe había sido sustituido rápidamente por una pesada sensación de desgana.

Sentía un nudo bien apretado en el cuello, como si los huesos de la clavícula estiraran de una cuerda invisible y ancha alrededor de él para asfixiarla. Había nacido como un cosquilleo tonto en la base del estómago, pero no había tardado mucho en crecer, encaramarse y hacerla dar jadeos ahogados. Cuando agarró la toalla de la mampara del baño pensaba que salía de allí con más estrés que con el que había entrado.

Se reía internamente de esa estúpida sensación, pero aquello no remitía. No podía engañarse: aquella estúpida sensación era demasiado fuerte, le había fastidiado la mejor hora del día.

Ella ya estaba sentada en un banco, aplicándose crema hidratante en las manos, cuando Shikamaru se asomó por segunda vez. Había algo de arena cuajada en el borde de la suela de sus botas, pero los cordones estaban limpios. Tenten deseó que no lo estuvieran tanto. Significaba que había seguido merodeando por el cuartel.

- ¿Qué? ¿Vienes a cenar o no?

- Creo que no. Aprovecharé las tres horas que quedan hasta la próxima salida para dormir. Últimamente tengo jaquecas.

- ¿Quieres que hable con el capitán para que te sustituyan? El comedor está lleno de compañeros tuyos.

- No te molestes, iré. Sólo necesito ir a casa y echarme un rato.

Shikamaru la miró un momento en silencio. Ella cerró el tarro de crema sin apartar la mirada de él y la echó dentro de la gran bolsa deportiva que tenía a los pies.

- Si no te apetece, no lo hagas. La misión no da para tanto.

- A nadie le apetece salir a patrullar en plena tormenta de arena, pero eso no es excusa –la mirada taimada de Shikamaru la hizo chasquear la lengua-. Me da igual quién esté en el equipo. De verdad, sólo quiero volver de la salida, meterme en la cama y olvidarme de que tengo la cabeza a prueba de bombas químicas.

Desde luego, lo mejor y lo más fácil era aislarse y perder cuidado cuando las preocupaciones empezaban a amontonarse para hacer fuerza. La guerra había hecho de buena escuela para enseñar la valiosa lección de no prestarle atención a los detalles pequeños y superficiales. Todos lo habían aprendido bien.

Especialmente para Tenten, todo era muy trivial cuando estaba sola, que era lo que ocurría la mayor parte del tiempo, si no siempre, porque era así como se sentía. Había aprendido a cuidarse lejos de la preocupación de sus padres y todas las cosas que aquello conllevaba eran muy mecánicas. Había convertido la rutina en un sencillo ejercicio. Había aprendido a hacer lo mismo todos los días sin tener que pensar en nada más. Levantarse, desayunar, salir de casa y olvidar que las cosas no se ordenarían solas, patrullar, servir en la oficina de Gaara, almorzar con algún compañero de equipo que compartiera su hora, trabajar en el taller de marionetas, escaparse para tomar un té, salir a patrullar de nuevo si encartaba, maldecir las tormentas de arena y la guerra, ducharse, comprar un par de botellas de sake, volver a casa, comprobar que la casa no cobraba vida propia para recibirla en condiciones, cenar una pieza de fruta y, con suerte, quedarse dormida en la cama tras el tercer vasito de sake.

En aquella cómoda sucesión de hábitos, una mala noticia podía echar a perder el día durante un rato. Más no. Tenten no tenía ni tiempo ni ganas de tener una desgastada y aburrida conversación con Shikamaru sobre la necesidad de ver a Neji para hablar y restablecer un lazo con Konoha.

No quería verse obligada a decirle que se había quedado como si nada ante la noticia de que él estaba allí con todo su escuadrón cuando el nudo del cuello había formado un torniquete. La invitación de Shikamaru a cenar significaba que Neji estaba cerca. Con eso el torniquete daba un buen par de vueltas.

- Como tú digas. Si no nos vemos antes, recuerda que este jueves hemos quedado en casa de Genma.

- Vale.

- Por cierto, -dijo un momento después de haber enfilado al pasillo y corregir su marcha- si cambias de opinión sobre la lista de los relevados, deberías avisar ya. Es la segunda partida de vuelta a casa y no habrá otra hasta dentro de un par de meses. Es el mes más tranquilo después de que acabara la guerra y muchos lugareños llegarán a partir de esta madrugada. Creo que se han acercado más de veinte a la oficina de Gaara para informarse sobre el traslado.

Tenten asintió y sonrió débilmente.

- Siento decirte que me vas a tener una temporada más por aquí.

Él puso los ojos en blanco y palmeó el marco de la puerta antes de irse. El ruido del chapoteo de los pies de sus compañeros en las cabinas de ducha llegó a ella de nuevo. Realmente no le apetecía volver a casa ni estaba tan cansada como había dado a entender, pero encontrarse a Neji en el comedor... Encontrárselo era demasiado problemático. Significaba romper la rutina amable de la Arena para exponerse a unas conversaciones que sólo traería momentos incómodos. Evitarlo no iba a llevarla a ningún sitio, porque los escuadrones ANBU se quedaban en Tsuna más de quince días, pero prefería verlo en el transcurso de una misión, donde no pudieran hablar, para conocer bien su propia reacción e inmunizarse a su presencia. Merecía la pena perder el tiempo en casa aunque ordenar no fuera el mejor plan del mundo. Se frotó las manos para eliminar el residuo de la crema y agarró la cinta de la bolsa deportiva.

Recorrió el estrecho pasillo hasta el vestíbulo de la planta subterránea, otro pasillo más y los dos tramos de escaleras para llegar al comedor, que dominaba la planta baja. El cosquilleo del estómago se acentuaba conforme se acercaba a la puerta del comedor. Parecía que allí dentro se concentraba toda la actividad del cuartel, porque los ruidos de los platos contra las bandejas y el refrigerador instalado cerca de la puerta se ahogaban bajo un rumor constante de voces masculinas. No debía quedarse allí parada si no quería que advirtieran su presencia, pero la curiosidad por saber cómo estaban sus compatriotas era tan fuerte como la repulsa al encuentro con Neji antes de tiempo. Abrió como si nada la puerta del comedor, aparentando estar buscando a algún compañero con urgencia y escaneó las espaldas de los efectivos ANBU que hacían cola. Para su suerte, no distinguió ninguna melena larga y oscura como la del Hyûga.

Alcanzó a escuchar parte de la conversación que mantenían sus compañeros con los recién llegados.

- Así que habéis decidido acomodaros con el estómago lleno. ¿No teníais una reunión de bienvenida con el Kazekage?

- Nos ha despachado muy rápido. Nos han dado los informes, los mapas con las rutas generales y las gracias.

- Las rutas no son muy largas –opinó una tercera voz-. ¿Seguro que necesitamos guía? Ya habíamos hecho reconocimientos por estepas igual de despejadas.

- El desierto tiene sus propios secretos, es fácil perderse. Las tormentas de arena en otoño son terribles...

Tenten cerró la puerta y decidió hacer una buena limpieza a fondo en casa. Esperaba tener la suerte de que aquél volviera a ser el tema de conversación cuando regresara. Se echó la capa que guardaba en la bolsa sobre los hombros y fue a paso ligero hasta la puerta del cuartel. Aunque no fuera muy tarde, ya había anochecido y por las calles sólo quedaba un grupo de niños que jugaban con un balón y los compañeros del cuartel que regresaban a casa.

Sólo escuchaba el sonido de sus pies hundiéndose en el polvo de la calle y el impacto sordo de la arena contra la cúpula, sobre su cabeza, a más de cincuenta metros. No escuchó el roce de su ropa, ni el resoplido suave que le salía cuando sonreía ligeramente de lado. Advirtió su presencia cuando sólo les separaban dos metros. Sus pies se pararon solos. Los músculos de sus piernas se habían quedado tan rígidos como cañas de bambú.

- ¿Me vas a decir que no me has escuchado? ¿Te he asustado?

Tenten dio media vuelta apretando fuertemente la cinta de la bolsa en su mano. ¿Por qué no había ido corriendo hasta casa y se había encerrado cuando había podido?

- No –mintió-. Hola.

- Tienes mala cara.

- Me duele la cabeza.

Neji miró por encima de ella, adivinando la dirección hasta su casa. Tenten abrió los ojos y devoró todo lo que éstos le ofrecían. La piel de porcelana de Neji y aquellos ojos sin pupilas, tan inquietantes cuando hacían movimientos bruscos, el cabello denso y liso, la expresión neutra de sus labios... Neji tenía una cara tan desnuda e interesante...

Mal comienzo.

No te enganches. Nada merece ser visto tan de cerca. Todo es circunstancial –se dijo a sí misma-. La guerra, la arena, las asperezas de las manos, Neji... Suéltate, sólo suéltate. No te quedes enganchada jamás.

- No te entretengo entonces. Sólo quería saludarte.

- Eh... Vale. Yo... –cerró los ojos por fin y negó con la cabeza- ¿Quieres venir a mi casa? Puedo prepararte lo que sea.

- No quiero molestar. No queda mucho hasta el reconocimiento.

- No, no. Ven. Estará bien si hablamos un rato.

Se preguntó qué estaba haciendo si era precisamente lo que quería evitar, y aquella parte dentro de ella que dejaba rígidos sus músculos le contestó que no había tiempo que perder con tonterías. Cuanto antes diera ese paso, cuanto antes pudiera compartir un poco de silencio con él, ese nudo que la angustiaba se desharía. Retomó el camino a casa y Neji le siguió a su lado.

- No te he visto en el comedor. Pensaba que podrías estar por ahí.

- Yo sí te he visto a ti.

- Podrías haberme llamado la atención.

- Shikamaru aseguraba que no tenías tiempo para quedarte.

- No habría pasado nada si me hubiera acercado un momento. Me asomaba para verte.

El silencio volvió a llenarse con el sonido del repiqueteo de la arena. A Tenten no se le ocurría qué decir. Se había asomado al comedor por un impulso estúpido y lo había invitado por masoquismo, pero ahora no sabía cómo comportarse. Repetirse en su fuero interno que seguía tratándose de su compañero Neji, aquel con el que compartió misiones y fatigas, no ayudaba a suavizar la tensión.

Bueno, ella sabía qué era lo que fallaba. Desde la última vez que se cruzó con él, nada había sido exactamente igual.

Tenten vivía en un bloque de pisos para ninjas. Era cilíndrico y desde fuera los pequeños balcones que forraban la fachada estaban dispuestos en forma de panal de abeja. Apareció bajo el tenue reflejo dorado que emitía la cúpula, como una lata de refresco oxidada.

- Mi casa no es... bueno, no es una casa. Es una habitación –dijo al llegar al frío portal-. Se supone que es un hostal para los ninjas que vienen a hacer misiones temporales. Desde que la guerra empezó sólo ha habido cambios por los que cayeron. Discúlpame el desorden, nunca tengo demasiado tiempo para nada.

Neji asintió con la cabeza. La expresión de sus ojos al subir con ella las escaleras hasta su piso hacía el favor de ahorrar comentarios, pero una de sus cejas se levantaba con interrogación. El patio interior del bloque tenía un aspecto muy apagado y los listones de madera vieja que hacían de peldaños gemían como si estuvieran a punto de romperse.

- No te dejes engañar por el patio. Por la mañana entra un sol espléndido por el tragaluz.

- ¿Durante cuántas horas? –preguntó Neji con escepticismo mirando la pequeña ventana redonda del techo.

- Pocas, sí, pero con el sol de justicia que cae todos los días no se echa de menos. Yo también me desmoralicé cuando llegué aquí, pero me terminé acostumbrando y agradezco este espacio tan cerrado.

- Supongo –susurró él echándole un último vistazo al pasillo circular que abrazaba el patio. Tenten encajó la llave en la puerta y la giró. Encendió la luz y apartó un cubo lleno de agua y ropa del suelo con los pies al entrar. La habitación hacía de cocina con un pequeño fregadero y una hornilla nada más entrar, a la izquierda. Justo enfrente había un mueble cuya superficie no se adivinaba, ya que estaba repleta de ropa, papeles y cajas de herramientas. Más adelante, el futón de Tenten estaba desplegado. Ahí la habitación se estrechaba, ya que el hueco que faltaba lo ocupaba un armario cuya puerta era una tela descolorida. Desde allí la terraza parecía más pequeña que vista desde fuera.

- Parece muy pequeño, ¿no? –dijo descalzándose- Desde luego. Lo es. Acomódate como puedas –sugirió ella cruzando la habitación para dejar la bolsa de ropa en el suelo y recoger descuidadamente el futón después de quitarse la capa de los hombros.

Neji se descalzó y miró dónde ponía los pies para no pisar nada, aunque hubiera pocas cosas esparcidas por el suelo. Se quedó mirando en derredor. Siempre era muy cuidadoso, muy consciente del espacio que ocupaba, pero tenía la sensación de que iba romper algo si no tenía demasiado cuidado. En cambio Tenten se movía enérgicamente en la terraza para sacudir el futón.

- Enseguida te preparo un té, pero ve contándome. ¿Cómo ha sido el viaje hasta aquí? –preguntó mirándole por encima del hombro- ¿Habéis tenido mucha gresca por el camino?

- No. Lo peor estaba al norte y lo hemos sorteado bastante bien.

- Parece que la cosa está más tranquila, ¿no?

- Sí, nada que ver con este verano –volvió a dar media vuelta sobre sus pies y miró de cerca algunas de las cosas que había sobre el mueble con poca curiosidad. Tenten entró, extendió el futón en el suelo y bajó una tetera del estante que había sobre el fregadero. La llenó de agua.

- Te apetece té, ¿verdad? ¿O quieres cenar? –preguntó dejando la tetera sobre la hornilla- ¿Has cenado?

- Sí. Te agradeceré el té.

- Bien –encendió un fogón y preparó el filtro. Se dio la vuelta e intentó acercarse al mueble. Neji se apartó al ver que estorbaba-. Mejor si no estás por aquí. Sé que esto no es muy grande, pero siéntate sobre el futón, o... lo que quieras.

Neji era muy discreto pero no le quedó otra cosa que hacer que dar vueltas por la habitación para inspeccionarlo todo un poco. En su casa, en el ala de los Bouke, había armarios de pergaminos más grandes que aquel apartamento. Sin embargo era demasiado respetuoso con las condiciones de vida de Tenten para decirle nada al respecto, y él mismo ya había sufrido en carne propia varias desventuras a la hora de acomodarse durante sus misiones. Se tomó la libertad de quitarse el chaleco. Se asomó a la terraza.

- ¿De verdad te gusta esto? –preguntó con la mirada fija en la cúpula- No te habría imaginado en un sitio como éste. Esto es más propio de Lee o Shikamaru.

- No, la verdad es que gustarme, no me gusta –respondió la voz de Tenten desde el interior-. Pero todo esto me apetece más que la Hoja. Konoha tampoco era la bomba.

Neji se giró y se apoyó en el marco de la puerta. Miró a Tenten, rememorando la sonrisa alegre y confiada que había visto en su compañera en los primeros años de trabajo. El cuerpo inmaduro de Tenten se había perdido, pero el de ahora no tenía curvas. Era duro y esbelto, su piel había abandonado la suavidad y su cara reflejaba una madurez más afilada de la que le correspondía.

Ahora sus labios se fruncían y la sonrisa era muy rápida y funcional. La sonrisa se había convertido. La antigua se había quedado atrás, como todo lo demás, enterrado en una fosa, junto a medio centenar de niños.

Tenten se llevó unas hojas de hierbabuena a aquella boca de sonrisas superficiales y masticó con fruición.

- ¿Qué más da dónde vivir? En cualquier sitio te encuentras el mismo estilo de vida. Todo va del mismo palo. Esta guerra se acaba, pero la vida ninja es siempre igual. Más de lo mismo. Qué más da si ves arena, vegetación, cuevas o pantanos –se limpió los dientes con la lengua, con la boca cerrada-. Puede que tú estés ahora pensando en fundar familia y todo eso, pero realmente nunca cambia nada.

Neji se cruzó de brazos e inclinó la cabeza sobre el marco de la puerta, interesado en lo que le fuera a decir Tenten.

- ¿Cómo llevas eso, por cierto?

- Bien.

Ante la respuesta escueta de Neji, Tenten le lanzó una mirada, esperando algo más.

- ¿Ya la has encontrado?

- No estoy seguro.

- ¿Y dices que va bien?

- No es tan sencillo.

- Ya. Bueno. Imagino. No, no debe serlo.

La mirada de Neji se intensificó, atravesando a Tenten. Ella inspiró con fuerza, sintiéndose inmovilizada, revolucionada. Se mareó débilmente; notaba las manos frías y el pecho caliente. Aquello la inquietó. Sólo conseguía marearse con los golpes de calor del desierto. Las visitas nocturnas que a veces llegaban como guarnición del sake no le habían hecho sentir esa náusea nerviosa propia del enamoramiento de los adolescentes, y ahora volvía a recuperarla, con la fuerza de un mazazo en el estómago. Para su tranquilidad, sabía que aquello no iba en aquella línea. Podía ser vulnerable a las miradas intensas de Neji, a las más poderosas del mundo, pero no había suficiente magia en el mundo para arrastrarla a la esfera de los anhelos románticos. Neji tenía una forma especial de mirar. Eso era todo.

- Sin embargo, si te vendes con la premisa de que ya hay una mujer más importante para ti, no conseguirás que te miren con los ojos adecuados.

- Hinata no es una mujer, es mi prima. Es distinto.

- Para una mujer no. Las mujeres no llevan bien eso de compartir un primer puesto, les da la sensación de ser el segundo plato, lo mires como lo mires.

- Eso es lo verdaderamente difícil. Debe entenderlo.

Tenten ignoró el burbujeo de la tetera y entrecerró los ojos, como si estuviera observando a Neji a lo lejos.

- Te deseo buena suerte.

El ANBU se sentó en el futón mientras Tenten colocaba el té en una bandeja. También colocó sobre ella una botellita de sake. Después de volver a ordenar los tarritos de especias en su balda, mezclados con los saquitos de raíces, dejó la bandeja sobre el futón, se recogió el pelo en una coleta alta, se sentó al lado de Neji y empezó a servir.

- Me gustaría hablar de ella contigo.

Tenten cruzó las piernas y puso el servicio de té en su regazo. Le acercó un vaso humeante a Neji.

- ¿De qué quieres hablar exactamente si no estás seguro de haberla encontrado? ¿O es sobre Hinata?

- Me he pasado toda la vida hablando de Hinata, no. Quiero hablar de ella.

- Como quieras.

Neji flexionó la rodilla de la pierna contraria al lado de Tenten. Apoyó el codo sobre ella y echó ligeramente la cabeza hacia atrás.

- Me he dado cuenta de que no quiero tener una mujer convencional. He intentado hacerme a la idea de tener una mujer en mi vida y no me he sentido nada cómodo con ella. Creo que no estoy hecho para eso.

- ¿Qué estás buscando entonces? No entiendo muy bien qué quieres decir.

- Es sencillo. Sólo estoy buscando una madre.

- Suena absurdo.

- Lo sé. El clan entero se me echará encima si dejo embarazada a una chica sin desposarla, pero es lo que quiero.

La cabeza de Tenten empezó a dolerle de verdad. ¿Neji buscaba un útero? ¿Lejos del tradicionalismo de su clan y sus propias normas, tan estrictas como las de su familia?

Rodeó el vaso con los dedos fríos para calentarlos, pero más tarde se daría cuenta de que aquella noche pocas cosas le ayudarían a entrar en calor.

- Creo que no pasaré de la resaca de la guerra, Tenten.

- ¿Qué clase de idiotez estás diciendo? –vociferó ella.

- No grites. No les importa a tus vecinos.

Tenten lo miró a los ojos, pero no dijo nada.

- No me preguntes por qué tengo esta sensación. La tengo y me asfixia pensar que no dejaré descendiente directo de mi sangre. Llámalo instinto, tradición, maduración o capricho, como quieras.

Se separó de él, intentando encararle directamente.

- ¿Por qué me lo estás contando? –dejó el vaso de té sobre la bandeja.

- Porque eres mi amiga –contestó él sin inmutarse-. Creo que te debo sinceridad. Creo que engendrar antes de que pase nada es algo que tengo que hacer. Pocas cosas he tenido tan claras como esto.

Ella se tapó la boca un momento sin dejar de mirarle y abrió los ojos un poco más, como si no estuviera segura de estar asimilándolo todo correctamente.

- No se suele escuchar todos los días algo así.

- ¿No lo has escuchado desde que la guerra empezó? Tenemos que ser conscientes de nuestras posibilidades. Nos la vemos con la muerte todos los días, se termina desarrollando un sentido especial para olerla cuando llega.

- Claro que he escuchado decir eso y sé qué quieres decir. Hemos perdido a tanta gente por aquí que no podría acordarme de todos ellos. Cualquiera que haya sufrido esta guerra como ninja ha escuchado cosas terribles. Lo que me parece increíble es que respetes ese instinto y permitas que tu prole sufra esta existencia de mierda.

- Tenten –dijo Neji con firmeza-. No hables así. No te lo consiento.

- ¿Entonces qué quieres escuchar? ¿Quieres que te diga que me alegro por ti, que lo volveré a hacer al enterarme de que estás muerto y sepa que tienes a un hijo echándote de menos?

- Sabes perfectamente qué quiero escuchar.

Tenten ya se había arrodillado y alejado de él. El silencio era tan denso en la habitación que parecía que todo el bloque estuviera conteniendo la respiración.

- Que te den por el culo, Neji.

De nuevo el silencio, denso y negro. Tenten sentía que el corazón se le estaba helando dentro del pecho. El silbido de su propia respiración sonaba afilada como un cuchillo. La mirada seria y tranquila de Neji era insultante.

- ¿Era eso lo que querías escuchar? No sé cómo tienes la cara para buscarme y soltar que quieres tener un hijo al que no podrás cuidar y que has pensado precisamente en mí. No sé cómo has podido tener el valor de decirme cualquiera de esas dos cosas.

- No tiene ningún sentido maquillar todo esto para hacerlo más aceptable. No podía ignorar ese presentimiento sobre mi muerte. Y no ignoro tampoco cómo viviste la eclosión de la guerra, estuve allí. Lo vi todo. Por eso creo que tú también deberías tener ese niño.

- Has perdido la puta cabeza –dijo Tenten cabeceando-. Te tenía por alguien más cabal, no creía que la guerra pudiera afectarte de esta manera.

- No puedo pensar en esta guerra como un desenlace tan fatal y definitivo. La vida sigue, con ninjas fuertes que redefinen las aldeas ocultas. No podemos ser tan egoístas como para pensar que lo que hemos vivido es lo único que hay. Hemos vivido tiempos de paz. Tenemos que apostar por eso.

- Claro. Seguir apostando por los ninjas. ¿Sabes a qué lleva este régimen? A que las guerras de este calibre no terminen de sucederse nunca. ¿Quieres engendrar a un niño que padezca las penalidades de esa vida? –se levantó y tiró a los pies de Neji una de las cajas de herramientas que había sobre la mesa-. Somos herramientas. Y los niños son sólo futuras herramientas. ¿Quieres decirme que, con todo lo que has visto, sigues pensando que somos otra cosa distinta a un instrumento de dolor?

- No vamos a discutir sobre la esencia de ser un ninja, pero podríamos discutir sobre esa forma tan catastrófica tuya de interpretar el trabajo al que tanto te entregas –Tenten abrió la boca para hablar, pero Neji no le concedió la palabra-. Sé perfectamente que todo cambió para ti. Nada ha vuelto a ser lo mismo desde que viste a esos niños muertos. Has utilizado todos los recursos que has encontrado para castigarte y ocuparte el tiempo necesario para no pararte a pensar. Respeto que elijas esa forma de purgarte, pero también creo que deberías vivir la experiencia de engendrar una vida. Yo por mis motivos y tú por los tuyos.

- Un bebé no es una solución. No es una elección ante un motivo así.

- No. Pero creo que ese bebé debe nacer. Por encima de tu historia y de la mía.

- No puedo ser madre.

Neji metió una mano en la caja de herramientas y observó con calma un extraño utensilio. A Tenten le dio la sensación de ver en Neji una verdadera actitud de resignación ante esa premonición mortal. Él parpadeaba lentamente, acariciaba suavemente los bordes de metal del instrumento. La Arena era de esas pocas aldeas que sufría los mayores ataques, su percepción de la guerra debía ser mucho más esperanzador que la suya viviendo allí, pero Neji tenía un aire especial. Tenten comprendió que lo había aceptado.

- No te voy a presionar, pero necesito saber acerca de tu decisión final y no estoy muy seguro de lo lejos que queda ese día –la miró de nuevo sin dejar de manosear el chisme-. Tengo que estar aquí una quincena.

- No puedo ser madre –repitió.

Neji clavó la mirada en los ojos de Tenten.

- Vuelvo a repetirte que no te voy a presionar. Y puedo garantizarte que no me echaré sobre ti si te sientas a mi lado.

Tenten lo hizo temblando, muy despacio. Neji dejó la herramienta en su sitio y volvió a beber.

- Hace años, en una ocasión -continuó Neji-, te acompañé a ti y al grupo de la academia hasta un búnker. ¿Te acuerdas?

- No.

- Fue poco antes de que empezara la guerra. Te pasaste un rato hablando sobre lo mucho que me convendría olvidarme un poco de mis responsabilidades. También me preguntaste quién era yo.

Aquella pequeña nota produjo un zarpazo en su memoria. Pareció que aquellas palabras provocaron una grieta de recuerdos. Neji con su antiguo uniforme ANBU. Iruka, Chouji, sus alumnos, su pelo suelto...

- Sé que no eres el amor de mi vida, Neji.

- Te dije que tenía presente mi papel en la familia a pesar de no sentirme un Hyûga, alguien amigo de pocas personas. Y que necesitaba paz interior.

- ¿Eres... eres sólo el compañero que he tenido desde niña, o eres el Neji que me besó en la cama de Sakura?

Aquella cama... Había olvidado por completo ese beso.

- Aquella vez eras alguien muy diferente. Te estabas fijando en alguien que no se sentía demasiado feliz de ser la persona que era porque tenía pocas oportunidades en la vida de sentirse como debía.

- Cada persona tiene oportunidades muy distintas en la vida. Nosotros mismos seríamos de otra manera si nuestras vidas se invirtieran.

- Ahora eres tú esa persona que se deja llevar por las responsabilidades y no quiere ahondar demasiado en nada.

- .¿Me vas a contar algún secreto? .¿Me dirás que entiendes el significado de la vida y que me desveles quién eres me hará desgraciada?

- Tuvo que empezar la guerra para darme cuenta de que tu actitud era la correcta y encontraba reconfortante la idea de que algo de mí perdurara aunque mi nombre se olvidara. Puede que mi antigua actitud, la tuya actual, sea la más lógica, pero, ¿acaso el mundo es un lugar y un mecanismo lógicos?

- La vida está pensada para que seamos valientes, ¿no? Yo apuesto, Neji. Prefiero saber de qué va todo esto a vivir amargada con las dudas. Y sabes que se me dan bien los pronósticos, pero contigo ocurre algo curioso. Estás fuera de mi alcance.

- La guerra se acabó, Tenten. Es el momento de crecer.

Tenten guardó silencio un par de minutos, agachó la cabeza y dijo:

- Quieres ayudarme... ¿no?

- Sí.

Tenten sintió una rabia sorda dentro de sí misma. Pretendió decírselo para sus adentros, pero ya había pocas cosas que Tenten necesitara callarse:

- Eres un mentiroso. O no sabes lo que dices.

Mentalmente recreó encima del futón sobre el que se encontraban el beso que un día se dieron en Konoha, años atrás, en aquella cama, sólo que ese nuevo que se dieran sabría a vacío y necesidad. A pesar de que Neji trajera noticias funestas irradiaba vida en aquella habitación como el sol que quemaba cada día en la Arena, por lo que Tenten no sabía qué esperarse de Neji si la recostaba, la desnudaba y le dejaba entre las piernas un rastro de la vida que ya no le correspondía a ella.

En contra de lo que creía que podría sentir, aquella expectativa le puso la piel de gallina.

El sonido de la arena golpeando contra la cúpula, la caja de herramientas frente a las rodillas de Neji, el latido apretado dentro del pecho.

- Cuando terminemos la ronda y termines con el papeleo que tengas que hacer, ven aquí.

Cuando la puerta volvía a cerrarse tras Neji, diez minutos más tarde, Tenten volvía al futón para intentar dormir un poco. Se abrazó la tripa, nerviosa y lánguida a la vez.

Sentía hacerle aquello a Neji. Realmente no era algo que fuera a disfrutar. Su amigo sentía que su día no quedaba muy lejos y acudía a ella para utilizarla. Era verdad que él había sido muy sincero, y respecto a eso ella no tenía mucho sobre lo que quejarse, pero Tenten no podía ser muy distinta de él. Iba a ser egoísta.

Su interior estaba tan seco como todas las cosas que la rodeaban.

No puedo ser madre, Neji.

Su vientre era tan capaz de albergar vida como el desierto apto para sostener la vegetación de una selva tropical. Su condición femenina se asomaba irregularmente, escasamente, y su cuerpo aprovechaba el clima para justificar sus sofocos y accesos de mal humor. Tenten se sentía la mujer menos preparada para rehacerse en cualquiera de los sentidos, y aquella falta de fertilidad le dolía tanto como recordar el adiós mudo de esos niños que la abandonaron.

Su cuerpo reflejaba la muerte que había dentro de ella.

- Te lo dije, Neji. Lo siento.


- Cuánto tiempo hacía que no hacíamos esto juntos, Sakura-chan.

Su amiga le devolvió una sonrisa torpe. Sacaba casi a ciegas los vasos para el té de la alacena mientras intentaba espabilarse. Naruto la perseguía por la cocina preparando la tetera y el pan. Los rayos de sol habían empezado a fortalecerse hacía sólo veinte minutos, cuando Naruto se había presentado en la casa y despertado a Sakura al dar un par de golpes en la puerta principal. Habían pasado pocos días de noviembre, hacía frío pero el sol brillaba con fuerza cuando lograba asomarse. En el distrito Uchiha se escuchaba el canto de una cercana bandada de pájaros y el sonido seco del bambú al golpear una y otra vez de la fuente que se encontraba frente a la puerta de la cocina.

- La verdad es que éramos un desastre por la mañana. Tú no te despertabas hasta poner un pie en la calle y yo era un zombie hasta que no bebía la teína suficiente para resucitar a un muerto, lo que no sucedía hasta terminar el primer descanso en el turno de hospital. Creo que hoy sería un día estupendo para volver a mis orígenes si no fuera porque tengo el día libre.

- ¿Por qué estás tan cansada? ¿Estás durmiendo mal otra vez?

- No, es que doblé turno anoche y llegué a las tres. Eché una jornada maratoniana –puso al fuego la tetera y comprobó que el pan empezaba a tostarse-. Ya me has ayudado demasiado, puedo terminar de hacer lo que queda –sacó el zumo del frigorífico y miró el reloj que había en la pared-. Sasuke debe haber olvidado que venías a desayunar. Debe haber pensado que no me levantaría hasta tarde y para entonces estaría aquí.

- Pues si está por aquí debió notar mi presencia. Tu marido es un maleducado.

- Hoy no se lo tengas en cuenta. Ya sabes que es un día especial.

Sakura puso las primeras tostadas en un plato y las sirvió en el centro de la pequeña mesa de la cocina con las bebidas. Con un segundo mordisco Naruto se metió el resto de la primera tostada en la boca y la masticó como un chicle gigante. Devolvió la sonrisa y dijo después de tragar:

- ¿Me creerás si te digo que es la primera tostada que me como fuera de la oficina desde que soy Hokage?

- Me lo creo. Es la primera vez en mucho tiempo que te veo en otro sitio distinto de la oficina o en las misiones de la periferia.

- La semana pasada tuve tiempo de ducharme en casa durante más de diez minutos. ¿Sabes que descubrí que tenía todas mis cosas en el baño de la oficina? No sabía dónde estaban mis cosas fuera de la cocina y el armario de casa, Sakura-chan. Cuando Hinata llegó antes de ayer a casa me encontró dando vueltas por las habitaciones sin saber dónde había metido la ropa de invierno. Ella lo sabía mejor que yo.

- Es una pena que apenas hayas podido verla en estos últimos cuatro meses, pero ahora pasarás más tiempo con ella. Te ha estado echando de menos mucho tiempo –dijo ella quitando la corteza de una rebanada de pan.

- Sí. Y con idiota de tu marido, aunque a él no me ha dado tiempo a echarlo de menos viéndolo pasearse por la oficina casi todos los días. ¿De verdad iba a desayunar con nosotros?

- Sí, dijo que vendría. Es que... este año no es un aniversario normal. Hoy hacen veinte años de aquello, está un poco más silencioso que de costumbre.

- ¿Porque es el vigésimo aniversario?

- Puede ser.

- ¿Crees que no lo ha superado aún?

- Sí, superado está, es sólo que los días de aniversario suele dar vueltas más largas de lo acostumbrado por el distrito. Cuando llega la noche, por extraño que parezca, vuelve a ser un día como otro cualquiera para él. Sé que lo tiene presente, se lo noto, pero no deja que todo aquello le empañe el día entero.

- Debería derribar la habitación que perteneció a Itachi. La guerra borró aldeas enteras, la gente que sobrevive crea a partir de lo que se destruye, ¿por qué no se plantea purgar este sitio de la presencia de su hermano?

- Porque siente que se lo debe a sus padres. Es su hermano, después de todo. Siempre he sido de la opinión de que debería echar abajo todos los sitios que le recuerden a Itachi, pero está decidido. Aunque... –dijo tras un breve silencio- tengo que reconocerte que, viviendo aquí, esa opinión es bastante desalmada. Estoy dividida. En el fondo consigo entenderle. Esa casa terminaría de estar rota del todo si destruyese su habitación. Todo el distrito lo estaría si fuese quemando los rincones en los que guarda recuerdos suyos.

Naruto frunció el ceño y arrastró los brazos cruzados por encima de la mesa para mirar a Sakura más de cerca, al otro lado de la mesa.

- A ti también te afecta esto.

- Soy una Uchiha, ¿no? –contestó ella intentando sonreír.

- Pero no puedes dejar que te afecte. Suficiente tenemos con que...

- Lo sé, con que Sasuke lleve siempre cara de póquer. Pero piénsalo, este sitio es muy especial, no tenemos vecinos en doscientos metros a la redonda, es silencioso todo el día. A veces... –Naruto arrastró hacia delante los brazos un poco más y agachó la cabeza- a veces siento cierto alivio yendo a trabajar al hospital. No lamento haber venido a vivir aquí, pero vivir con vosotros en aquella casa, con tantos amigos entrando y saliendo constantemente de allí, era muy distinto de esto –inspiró lentamente y miró la superficie de mesa-. Es injusto que diga todo esto. Este sitio tiene mucho dolor contenido en cada casa, en cada calle. Y con una guerra cualquier sitio es deprimente.

- Ya, y este lo es un poco más que el resto. No te sientas culpable por lo que acabas de decir, es verdad. Este sitio me engulle cada vez que entro en él, y has visto que he entrado pocas veces aquí. Necesita aire nuevo, visitas... Yo qué sé, una licorería –Naruto alzó la cejas, divertido-. Quién sabe si a Sasuke le cambia ese carácter avinagrado que tiene ver este sitio lleno de amigos y alcohol.

Sakura sonrió y miró a Naruto fijamente a los ojos, momento en el que su sonrisa se acentuó.

- Ahora que la guerra ha acabado me gustaría ver más visitas por aquí. Sasuke no es el alma de las fiestas, pero creo que le vendrá muy bien ver este sitio más animado para los aniversarios que faltan.

- Ya sabes que no tengo tanto tiempo como antes, pero me gustaría volver a recuperar lo de aquella casa –Sakura sonrió aún más, con ojos ilusionados-. Lo pasábamos realmente bien, ¿eh?

Naruto empezó a untar mantequilla en otra tostada.

- Espero poder volver a visitarte dentro de poco –continuó-. Y espero hacerlo casado.

- Quieres decir... ¿que ha llegado el día de plantar la rodilla frente a Hinata? –preguntó tapándose la boca con las manos.

- ¡Dentro de un mes y medio! Quiero esperar a su cumpleaños para pedírselo. En realidad no quiero hacerlo, me da mil patadas tener que esperar, pero nada más decidirlo me crucé en la oficina con Kakashi y se lo conté. Me aconsejó que esperara a que la guerra diera sus últimos coletazos para dar el paso. Pensé que el padre de Hinata tendría una razón menos para mirarme mal si esperaba, así que hice caso a Kakashi y... creo que es de las cosas que más trabajo me está costando hacer. Tengo llagas en la lengua de mordérmela cuando veo a Hinata y me muero de ganas de decirle que ya llegó el momento de proponérselo.

- No sé cómo vas a aguantar un mes y medio –sonó la voz de Sasuke entrando por la puerta de la cocina. Sakura y Naruto lo miraron entrar, Sakura con chiribitas en los ojos y Naruto mareando con la mano la tostada que había estado torturando con la mantequilla.

- Yo tampoco. Cuando llegue el día se lo voy a tener que pedir por señas porque me habré arrancado la lengua a mordiscos. ¿Una tostadita fría y tiesa como la suela de un zapato, Sasuke-baka? Se ha puesto así de esperarte.

- Todas para ti, no me apetece.

- ¿De verdad? –Preguntó Sakura- Deberías comer algo.

- No, pero tomaré un poco de té –contestó sentándose a su lado y sirviéndose.

- El té también está frío –apuntó Naruto.

- Me gusta frío.

- Qué bien, Sakura y yo habíamos estado hablando sobre las potencialidades de este sitio.

- ¿Qué habéis estado pensando? –preguntó Sasuke con mirada preocupada a Sakura.


Hora y media más tarde, Naruto cruzaba el último pasillo hasta la puerta principal del distrito Uchiha y Sasuke entraba en el dormitorio que compartía con Sakura. Allí estaba ella doblando una toalla y apilándola junto al resto de la ropa limpia.

- ¿Quieres... que nos demos una vuelta juntos, Sasuke?

Él la miró y calibró la pregunta.

- ¿Eres tú quien quiere darla? ¿Quieres que te acompañe?

- Sí. Creo que este año la necesito.

Se encaminaron por la avenida del distrito en silencio mientras el sol proyectaba sombras intermitentes sobre ellos. El estado de la vegetación del distrito era verde e intenso, pero la muerte que se insinuaba por todo el barrio era de otra naturaleza, más parecida a un olor a podrido en un cuadro vistoso.

Sakura paseaba los dedos por la palma de la mano de Sasuke mientras caminaba a su lado, pero él mantenía la mirada ausente. Recorría con la mirada el puesto en el que su abuela dejaba el pan recién horneado, aquel rincón en el que se reunía con sus primos mayores para enseñar las armas que cogían de los uniformes de sus padres cuando se los quitaban para mandarlos a lavar, el taller de afilado de armas que había abierto su bisabuelo con sus hermanos y que había pasado a manos de la rama femenina de la familia, la casa de aquel hermano de su madre al que le encantaba la repostería y repartía bombones a los niños en los festivos. El último detalle en el que se fijó Sasuke fue la sombrilla roja que adornaba la entrada de la casa de sus padres.

Cuando abrió la puerta, se descalzaron y Sasuke se tomó un momento en el umbral de la puerta. Era un gesto que hacía siempre que entraba allí, Sakura apostaba para así que en sus adentros Sasuke estaba recibiendo la bienvenida de su madre. Cruzado el umbral, rodearon la vivienda con cuidado de romper el silencio que desbordaba aquella casa. Cuando alcanzaron la puerta que daba al lado opuesto de la entrada principal, se sentaron en el escalón del soportal. Unos momentos después de acomodarse, Sakura comenzó a balancear los pies y esperó a que Sasuke dijera algo, pero él no abría la boca.

- Estoy embarazada.

Sasuke la miró de repente, sin parpadear. Sakura sabía que era una muy buena noticia y esperaba que él hiciera una excepción diciendo algo.

- Estoy de seis semanas y lo sé desde hace un mes. No hemos tenido mucho tiempo últimamente para nosotros, así que no he tenido otra oportunidad como esta hasta ahora para decírtelo. Por alguna razón pensamos que sería algo que tardaría más en llegar, pero lo cierto es... que no hemos tenido que trabajar demasiado para encargar un bebé.

Sasuke tardó medio segundo en agarrar, deslizar y sentar a Sakura encima de su regazo. La abrazó suavemente, con emoción contenida. Sakura pensó que era la primera vez que Sasuke no sabía qué fuerza emplear para hacer algo. Sonrió ante aquel detalle.

- Estamos bien. Compruebo a cada rato cómo crece, aunque es muy pequeño.

- Cualquier momento habría sido bueno para decírmelo, ¿por qué no lo has hecho? –dijo contra el pelo de Sakura.

- Porque me enteré cuando ya te habías ido de misión dos semanas y cuando llegaste empezaste a oscurecerte porque llegaba este día. Yo quería hacerlo en un buen momento, sin estrés y sin prisas. Debía haber esperado a mañana, pero ha sido un trabajo realmente difícil esperar a tener este momento contigo como para demorarlo un día más.

Sasuke la apretó contra su pecho y acarició su espalda.

- Estoy muy contento, Sakura. No me lo esperaba, esto es completamente inesperado.

Ella se apartó y le sonrió de oreja a oreja.

- Vamos a tener un bebé, Sasuke. Va a nacer sin guerra. ¿Quieres... quieres sentirlo?

Se apartó lo suficiente para que pusiera la mano bajo su ombligo. Sasuke posó su ancha mano suavemente contra el vestido de Sakura y su chakra tanteó débilmente en el interior de su mujer. Una ligera sonrisa apareció en la cara de Sasuke.

- Tenemos que celebrar esto. Hoy es un día muy importante. Doblemente para este clan.

Sakura miró en derredor, intentando encajar aquel momento histórico en el escenario del que fue el más grande de los acontecimientos para el clan. Un bebé llegaba a una casa que no terminaba de cambiar de color. ¿Podría en realidad aquel sitio ser como el distrito Uchiha de antaño? ¿Era algo posible?

- ¿Cómo quieres hacerlo?

- ¿Quieres empezar con tus padres?

- No me refiero exactamente a eso.

- ¿Entonces a qué te refieres?

- A todo. A traer a este niño, educarlo, vivir con él... celebrar este día con él. Un niño trae mucho ruido a una casa, no estoy muy segura de que lo sepas encajar.

Sasuke frunció el ceño.

- No he estado haciendo un buen trabajo contigo, ¿no? –dijo apartando la mano del vientre de Sakura.

- No, no es eso. Lo que quiero decir es que vivimos en un sitio muy...

- Ya. Te preocupa todo este ambiente.

- Lo siento, pero sí, me preocupa.

El ceño de Sasuke seguía fruncido. Sakura empezó a pensar que su manera de presentarle la nueva no podía ser peor, pero esa parte de la conversación llegaría en algún momento, antes o después del nacimiento del bebé.

- Quizá deberíamos haber hablado de esto antes de dar el paso a la paternidad.

- Puede ser, Sasuke, pero creo que ninguna postura que tomemos podría habernos hecho retrasar esto. Nos hemos pasado buena parte de la guerra deseando a este bebé, poniendo barreras para que llegara porque una guerra es un mal momento.

- Sí, estoy de acuerdo contigo, pero quizá deberíamos haber pensado bien cómo lo queríamos hacer. ¿Quieres que nos mudemos?

Sakura abrió los ojos de par en par.

- ¿Mudarnos?

- ¿No es eso lo que te preocupa? Podemos ir a la casa que quieras. Sólo tienes que decirme dónde quieres criarlo.

- ¿Harías eso, Sasuke? Esta es tu casa.

- Esto es sólo un lugar. Hace cinco minutos mi pequeño clan se ha vuelto un poco más grande y este podría no ser el mejor sitio, ¿qué tendría que pensar?

- Vaya. Yo... ¡Sasuke, tenía un poco de miedo! ¡Pero no quiero mudarme! Me preocupaba que este sitio tuviera demasiada fuerza para ti y quisieras mantener el luto para siempre. Un niño amenaza con romper todo eso. Si realmente la importancia de este sitio para ti es tan relativa, no me importa tener a este niño aquí.

- No dejaría que este sitio fuera negativo para esta familia. Es absurdo.

Sakura respiró tranquila y se palmeó bajo el ombligo.

- ¿A quién quieres contárselo?

Sakura sonrió sonrojada, pero en lugar de ponerse de pie de un salto se recolocó entre los brazos de Sasuke, acurrucándose en su pecho, y recogió las piernas para resguardarse. Cerró los ojos y se relajó. Sasuke frotó lentamente su espalda.

- Ahora mismo quiero celebrarlo contigo. Ya habrá tiempo más tarde para anunciarlo. Pero este momento es del clan.


La primera parte, de Neji y Tenten, fue mortal para mí. He estado mucho tiempo preguntándome cómo terminaría esa historia. Por más que escribiera y le diera vueltas no lograba saber qué pasaba con ellos, pero la historia ha hablado y se ha definido por fin.
Espero que los que hayáis llegado hasta aquí, antiguos lectores o nuevos, hayáis disfrutado del capítulo :)