CAPITULO 1 EL YA NO CONFIA EN MI

Harry Potter estaba acostado en su cama de Privet Drive. Constantemente miraba el reloj, faltaba poco para su cumpleaños número 17 y lo que más deseaba era largarse de la casa de sus tíos.

Recordaba que al final del curso anterior alguien "anónimo" les había avisado que un terrible ataque caería sobre el colegio y gracias a eso pudieron evitar una terrible tragedia en la que seguramente muchos habrían salido heridos o peor aún... muertos. (Lo que supone que el director del colegio seguía vivo).

Dumbledore le había dicho que iría a recogerlo el día de su cumpleaños para llevarlo al cuartel general de la orden del fénix ahora que habían comprobado que no había ningún maleficio que les impidiera instalarse ahí después de la muerte de Sirius. Harry era el heredero absoluto.

Pasaban las horas y Harry se estaba inquietando, así que metió todas sus cosas en el baúl para que en cuanto llegaran por el saliera de la casa lo más pronto posible.

Por fin dieron las doce y se escuchó que llamaban a la puerta igual que el año anterior, bajo rápido las escaleras sin hacer ruido con la jaula de Hedwig en una mano para encontrarse con Dumbledore pero se llevó una sorpresa al encontrar en el umbral al Sr. Weasley y a Tonks.

-Feliz cumpleaños Harry- dijeron los dos al unísono abrazando a Harry, el chico no sabía que decir, era algo que no se esperaba. –Gracias- dijo Harry aunque sentía que esas palabras no salían de su boca

- ¿Estás listo?- le preguntó el Sr. Weasley

-Si- contesto el ojiverde con una gran sonrisa- Solo déjenme ir por mi baúl

-Yo me encargo de eso-tercio Tonks

- No creo que sea una buena idea- dijo Harry al recordar la facilidad con la que Tonks provocaba desastres

-De que hablas tontito, hago esto muy seguido ¡ACCIO BAUL!

El baúl descendió a toda velocidad desde la habitación de Harry causando destrozos con todo lo que se cruzaba en su camino. Tonks volteo a ver a Harry con una mirada tímida y avergonzada

-HARRY POTTER! – El grito de Tío Vernon se escuchó por toda la casa

- Te dije que no era una buena idea- Dijo Harry a Tonks tratando de no reírse y al mismo tiempo suspirando porque sabía lo que vendría en cuanto Tío Vernon bajara por las escaleras

-Creo que hay que arreglar esto antes de que se asome tu tío, ¡REPARO! -Dijo el Sr. Weasley y todo volvió a su lugar

En ese momento tío Vernon apareció en la escalera y vio a los tres parados en la puerta, la vena de su sien comenzaba a palpitar

-No te preocupes tío, yo ya me voy, despídeme de tía Petunia y de Dudley. Su tio no dijo nada, se quedó parado en la escalera viendo cómo se marchaban cerrando la puerta tras ellos

-¿Por qué no ha venido Dumbledore por mí? –preguntó Harry una vez fuera de la casa.

–Tenia cosas que hacer –se limitó a contestar el hombre. Harry no quedó muy convencido con esa respuesta pero no dijo más.

-¿Ya te sabes aparecer?- Preguntó Tonks a Harry

-No, aun no me sale muy bien

-Entonces tómame de la mano y sujétame fuerte, nos apareceremos en Grimmauld Place.

Como en ocasiones anteriores la sensación no fue nada agradable, cerró los ojos y al abrirlos se encontraba frente a las casas 11 y 13 de Grimmauld Place. Vio que el Sr. Weasley quemaba un trozo de pergamino y segundos después apareció la puerta de la casa.

Al entrar Harry se encontró con los brazos de la Sra. Weasley quien lo felicitó y le recordó lo flaco que estaba. En la casa estaban los Weasley, Lupin, Tonks, Hermione y Moody. Todos lo felicitaron por su cumpleaños, al final Harry miró con detenimiento la casa, habían hecho un buen trabajo con ella, lucia mucho mejor que la última vez que la visitó, alguien decidió pintar las paredes así que todo parecía más alegre. Después de cenar todos se fueron a la cama por orden de la Sra Weasley. Los chicos querían quedarse otro rato para platicar pero fue imposible convencerla.

A la mañana siguiente los jóvenes magos se despertaron, estaban dispuestos a bajar a desayunar pero cuando llegaron al primer rellano escucharon la familiar voz de Dumbledore y Snape, sabían que si bajaban estos interrumpirían su conversación, así que como habían hecho dos años atrás sacaron unas orejas extensibles para enterarse de lo que sucedía

-Lo siento Dumbledore. -Decía Snape con su fría voz pero con cierto tono de nerviosismo y angustia – El Señor Tenebroso ya no confía en mi como antes.

-Lo entiendo Severus -contestó el anciano profesor con voz cansada –pero me temo que tendrás que esforzarte nuevamente.

-No es tan sencillo, él está molesto conmigo, sospecha que fui yo quien le avisó que habría un ataque en Hogwarts, dice que si usted no se hubiera enterado los mortifagos habrían logrado su cometido. También está molesto porque no le puedo decir dónde está el cuartel general de la Orden.

-Severus, si no hubiéramos actuado a tiempo muchas vidas inocentes pudieron perderse aquella noche, por lo menos ahora otros tres mortifagos ya están en Azkaban…Gracias a ti.

-Lo único que he logrado saber hasta ahora –dijo Snape arrastrando las palabras –es que quiere a Potter ahora que ya no tiene la protección de su madre.

-Ese no es ningún problema, mientras Harry esté aquí no corre peligro, el peligro podría venir cuando regrese al colegio.

-Nos está llamando, tengo que irme –dijo el hombre de negro cabello.

-Está bien Severus, en cuanto sepas algo importante avísame.

Snape desapareció y los chicos vieron que Dumbledore se dirigía hacia la cocina, después miraron a Harry, tenía la mirada perdida por lo que acababa de escuchar

-Vamos Harry, no te desanimes. –dijo Hermione colocando su mano sobre el hombro de Harry, lo que hizo que saliera de su ensimismamiento

-Nosotros estaremos a tu lado pase lo que tenga que pasar –dijo Ron

-Así es, mi amor- esta vez fue la pelirroja quien habló. Se acercó a Harry, lo abrazó fuertemente y en un susurro le dijo -ni creas que te librarás de mi tan fácil.

Harry recordó lo que le había pedido el año anterior, no quería que Ginny estuviera tan cerca de él, temía por la vida de la joven ahora que Voldemort estaba más cerca. Ginny acarició su rostro y después le dio un tierno beso en los labios. Al ver el apoyo de sus amigos, y de su aun novia, Harry les sonrió y bajaron a desayunar juntos. Al llegar a la cocina saludaron a Dumbledore y se sentaron a la mesa.

-Yo ya me tengo que ir – le dijo Dumbledore a Molly –Buenos días muchachos, espero que pasen bien las vacaciones mientras están aquí –El profesor caminó hasta la puerta, se giró para ver a Harry y le dijo- Mientras estés aquí no quiero que vayas a ningún lado-y se marchó sin permitir que el joven le replicara algo.

A muchos kilómetros lejos de ahí se encontraba Voldemort, se las había ingeniado para aparecer una gran mansión en medio de un bosque, nadie podía averiguar que él estaba ahí, además de que había protegido la casa para que nadie diera con ella excepto los mortifagos, a Voldemort le gustaba vivir entre lujos, la mansión era lúgubre completamente de madera, al estilo gótico pero tenía un toque de elegancia, apenas se iluminaba con algunos candelabros, y contaba con numerosas habitaciones. El Señor Tenebroso se encontraba en el salón junto a sus seguidores y entre ellos ya se encontraba Snape

-Mis queridos amigos. –comenzó a hablar Voldemort –Ha llegado el momento de destruir al gran Harry Potter, he ideado un plan para matar a dos pájaros de un tiro, quiero que vigilen el callejón Diagon, y todo Londres. Cuando el pequeño salga de su escondite, quiero que…-no terminó la frase, se dirigió hacia Snape con paso decidido y le dijo arrastrando las palabras- A ti no te necesito por ahora.

Bellatrix Lestrange comenzó a reírse por el rechazo de Voldemort hacia Snape, parecía loca; al fin había logrado que el Señor Tenebroso confiara más en ella que en Severus y eso le daba una gran satisfacción. Voldemort volteó a ver a Bellatrix quien se calló de inmediato al ver a su amo

–Pero mi Lord yo…-decía Snape.

-¡LARGO DE AQUÍ!-grito Voldemort y al instante Snape desapareció.

-Como les decía… -volvió a hablar Voldemort como si nada hubiese ocurrido. -cuando el chico salga de su escondite quiero que lo traigan ante mí, al pequeño Harry no le gusta estar encerrado, supongo que no tardará mucho en escaparse de donde quiera que esté. No creo que les cueste trabajo ir tras é. ¡Ahora váyanse y hagan lo que les pido!