CAPITULO 36 EN RUINAS

Estaba muerto, eso era lo más probable. Todo era negro y algo o alguien muy importante se había ido dejándolo sólo y sumido en una densa oscuridad, pero si estaba muerto ¿Por qué sentía tan picor uno de sus brazos?

Lentamente Harry abrió los ojos y lo primero que vio fue una parpadeante luz blanca emitida por una lámpara redonda en el techo, era tan brillante que lo obligó a apretar los parpados.

—¡Argh! –se quejó

Estaba completamente entumecido, pudo mover un poco el brazo izquierdo y comprendió que se encontraba en una cálida cama.

—Buenas noches –dijo una dulce voz de mujer. Harry al fin abrió los ojos y vio parada a su lado a una mujer bajita con túnica verde lima que cargaba un pergamino y una pluma. La mujer le sonrío y comenzó a hacer anotaciones.

—¿Dónde estoy? –preguntó el chico aun desconcertado.

—Está en el Hospital de San Mungo… —se acercó a él y le abrió más los parpados para deslumbrarlo con la luz de una varita mágica. —Dígame una cosa, ¿Sabe cuál es su nombre?

Harry arqueó una ceja confundido por la pregunta y contestó:

—Soy Harry Potter ¿Cómo llegué aquí?

La mujer siguió haciendo anotaciones.

—Voy a avisarle a sus familiares que ha despertado, se pondrán muy contentos –le dijo y salió de la habitación.

Era como si hubiese llevado mucho tiempo dormido: Obviamente alguien le había quitado las gafas pues lo poco que veía estaba borroso. Los ojos le dolían, los sentía muy hinchados y la luz aun le lastimaba. Nuevamente cerró los ojos tratando de recordar cómo es que había llegado ahí. Entonces el corazón le dio un gran salto…

—Recordar… –se dijo a sí mismo y pareció que veía una película completa de su vida en cuestión de segundos. Todos sus recuerdos habían vuelto a su mente: Su miserable vida con los Dursley, pasando por sus años en Hogwarts, el regreso de Voldemort, su amnesia, su vida en una imponente mansión y una bella chica de cabellos negros… Vanessa…

En una fracción de segundo Harry ya se había incorporado en la cama, pero luego se arrepintió de hacerlo tan deprisa pues la cabeza empezó a dolerle y a darle vueltas, se llevó ambas manos a la frente, sintió algo extraño sobre él y fue cuando descubrió que tenía el cráneo cubierto de vendajes. Bajó las manos a su regazo y vio que uno de sus brazos también estaba cubierto de vendajes, sin mencionar el catéter que iba de su brazo izquierdo hasta un tripié con suero. Necesitaba una explicación de inmediato.

La puerta de la habitación volvió a abrirse y por ella entraron Ron y Hermione tomados de la mano, estaban entre felices y preocupados.

—Hola Harry –dijeron al unísono y tomaron asiento junto a la cama.

—¿Qué me pasó? –fue el saludo que sin pensar dio a sus amigos llevándose otra vez las manos a la cabeza.

—¿Sabes quién eres?

—Si Hermione, ya lo recuerdo todo, absolutamente TODO. —¿Por qué tengo todo esto? –volvió a señalar los vendajes.

—¡Ah eso! –dijo Ron mirándolo y tratando de disimular sus ganas de reírse, mientras que de un bolsillo se sacaba unas gafas y se las pasaba a su amigo –Pues veras… ¿recuerdas ese enorme y horrible candelabro del salón? –Harry asintió con la cabeza. –Nadie supo cómo pasó, bien pudo ser un hechizo o que los gigantes habían debilitado la estructura de la casa, el punto es que esa cosa te cayó encima, ahora resulta gracioso pensar en eso.

—¿Cómo que gracioso? Fue horrible –dijo la castaña lanzándole una mirada de regaño a su novio y luego se volvió a Harry –Perdiste muchísima sangre, una contusión en la cabeza, tres costillas rotas, se dislocó tu hombro, tuvieron que sacar un trozo de metal torcido de tu brazo izquierdo. –enumeró Hermione.

—¡¿Eso me ocurrió?! –exclamó Harry sorprendido. Nuevamente trató de recordar: La nieve y su varita perdida, el gran árbol, él corriendo, hechizos, escombros cayendo y…

—¡Vanessa! ¡¿Dónde está Vanessa?! –gritó Harry desesperado.

Ron y Hermione se miraron con complicidad, sus rostros reflejaban que aún no querían llegar a esa parte de la historia.

—Harry… —susurró la castaña mirando a Ron en busca de apoyo. –Harry, tienes que tomarlo con calma… lo sentimos mucho, ella no…eh…Yo vi como Bellatrix le…

—Ya no sigas Hermione. –la interrumpió Harry mirándose las manos –Yo también lo vi –susurró y no pudo evitar que sus ojos comenzaran a llenarse de lágrimas.

Ahora la realidad le estaba cayendo de golpe, no había sido una pesadilla después de todo, si Hermione también lo había visto es porque era verdad, aunque su mente no quisiera aceptarlo.

–Y no sabes lo que ocurrió después de que quedaste noqueado.

Harry levantó la vista para observar el rostro de su amigo que se veía preocupado y Hermione prosiguió con el relato.

—Bellatrix se desquició por completo, lanzaba hechizos sin saber a quién atacaba, creo que mató a un par de los suyos, en cuanto vi lo que te pasó te saqué de ahí y te traje de inmediato a San Mungo. ¡No respirabas! Tuve que lanzarte algunos hechizos para reanimarte y funcionó. Los sanadores dijeron que era un milagro que siguieras vivo después de eso, claro que te curaron en cuanto llegaste aquí, pero de haber tardado más tiempo no quiero imaginar lo que pudo pasar. Ron sabe mejor lo que pasó luego de eso…

—Pues como dice Hermione, Lestrange estaba como loca, por sus gritos celebrando que había matado a… a Vanessa fue que todos nos dimos cuenta de lo ocurrido. Ginny que acababa de derribar a una mortífaga y estaba más cerca corrió hasta Vanessa para socorrerla y ella fue quien se encargó de sacarla de aquel lugar. Luego la maldita bruja corrió al fondo de un largo pasillo y cuando nos dinos cuenta estaban saliendo inferis, pero al parecer esas criaturas sólo obedecían las ordenes de ya sabes quién o ella estaba demasiado trastornada para poder controlarlos porque se abalanzaron sobre ella y en su afán por quitárselos de encima invocó fuego, mucho fuego para protegerse, pero la muy tonta se acorraló y no pudo salir de las llamas.

—Yo tenía que matarla –dijo Harry apretando los dientes.

—Fue mejor así, un asesinato más en tu conciencia no sería nada bueno. –intervino Hermione.

—¡Esa mujer mató a Vanessa y yo tenía que matarla a ella!

—Bellatrix busco su propia muerte y fue trágico… se quemó viva. Eso es horrible, espantoso, más doloroso que recibir una maldición imperdonable.

—Pero…

—¡Ya!, no discutan algo que no vale la pena mencionar –dijo Ron sorprendiendo a sus amigos por la subida de tono. –Harry, todo en esa mansión se puso muy feo… ¿a quién se le ocurrió poner una biblioteca ahí? La mansión se empezó a quemar, un par de mortífagos huyeron. Remus estaba herido de una pierna por el desastre que hicieron los gigantes, me desaparecí con él y lo dejé en el bosque para que descansara, cuando regresé, la mitad de la mansión ya se había incendiado y fue… creo que fue asqueroso ver a algunos inferis que a pesar de estarse quemando caminaban como zombies hasta que al fin se caían para yo no moverse… Entre Luna, Neville y yo apagamos las llamas, a los mortífagos medio muertos los amarramos y los juntamos en un rincón donde estaban otros que Dumbledore había capturado. Encontramos el cuerpo de Quien tú Sabes arriba en el pasillo. Bellatrix murió calcinada. Todo estaba muy oscuro, no podíamos quedarnos ahí a esperar así que el primer lugar que se nos ocurrió para llevar a los capturados fue Hogwarts. Luna y Neville se los llevaron, volví por Remus y nos desaparecimos. Cuando llegamos a los límites del castillo descubrimos que era verdad que más mortífagos, dementores y gigantes habían ido hacia allá. Tranquilo, no te asustes… fue toda una suerte que estuvieran preparados para el ataque, la mayoría de los amigos de ya sabes quien no lograron llegar más lejos de los terrenos de Hogwarts, aunque Draco y sus amigos Slytherin causaron un caos en el séptimo piso cuando metieron a varios mortífagos por medio de un armario evanescente en la sala de menesteres, sólo hubo destrozos ahí y en la torre de astronomía, también hubo un incendio, pero fue controlado. Los miembros de la orden estaban ahí, los profesores y alumnos, capturaron a todos… Ganamos Harry –concluyó Ron e hizo una mueca de alegría.

—Según lo que nos dijo la señora Weasley y Tonks, por la hora en que murió Voldemort los dementores se alejaron del castillo y volvieron a Azkaban para ser controlados nuevamente por el ministerio.

—Es una lástima que te hayas perdido toda la acción amigo. Aunque creo que es justo, a ti siempre te tocaba la mejor parte…. –Hermione le lanzó una mirada severa. —¿Qué? Es la verdad.

—Ginny fue a avisarle a los otros que al fin has despertado, es toda una alegría tenerte de vuelta. Supongo que llegarán en un rato.

—Quiero verla –dijo Harry en voz baja.

—¿A Ginny?

—Si, a ella también quiero verla, pero ahora quiero ver a Vane… —nuevamente se miró las manos –ver su rostro por última vez.

—Eh… si Harry, cuando te den el alta te llevaremos a… al cementerio –dijo Hermione esquivando su mirada.

—¡¿Cómo qué me llevarán al cementerio?! ¡¿La enterraron?! ¡Lo hicieron y no me esperaron! ¡¿Cómo fueron capaces?! –les gritó Harry indignado y sintió una fuerte opresión en el pecho, sin darse cuenta las lágrimas volvían a brotar de sus ojos.

—Escucha Harry y cálmate –dijo la chica – Sabemos que nadie más que tu quería despedirse de Vanessa, pero no podíamos esperarte tanto tiempo.

—¿Tanto tiempo? ¡¿Tanto tiempo?! ¡Sólo un día o dos, Hermione!

—Es que ese es el problema Harry –dijo Ron moviendo ligeramente la cabeza de un lado al otro. Harry frunció el ceño confundido –Llevas aquí más de tres semanas en las que nos hemos estado turnando para cuidarte y saber cómo estás. Después de ese accidente no volviste a abrir los ojos hasta ahora.

—Entraste en coma. –interrumpió Hermione.

—¿En coma? –preguntó Ron —¿y eso qué es?

—Harry y yo nos entendemos.

Ron la miró entornando los ojos y continuó.

—Con toda la magia del mundo intentaron despertarte, pero nada funcionaba, los sanadores temían que te quedaras así por años. Dijeron que nos fuéramos a casa y que si había un cambio o despertabas ellos nos avisarían, pero no podíamos dejarte aquí abandonado, no perdíamos las esperanzas, sabíamos que ibas a despertar tarde o temprano. Por algo eres el chico que sobrevivió ¿no es así?... Si Quien tú Sabes no pudo matarte ¿Por qué iba a hacerlo un viejo candelabro? –Ron se rio.

Entonces fue cuando Harry vio algo que antes no había notado. Sus amigos se veían cansados y un poco ojerosos. Se habían pasado todo ese tiempo en el hospital sólo por él, esperando a que nuevamente mostrara señales de vida.

—Tres semanas –dijo Harry para sí tapándose la cara con ambas manos y dejándose caer en la almohada –Esto no me puede estar pasando, es una pesadilla.

Se mantuvo con las manos en el rostro durante un buen rato mientras lágrimas silenciosas resbalaban por sus mejillas sin que pudiera hacer algo para contenerlas. Ron y Hermione comprendían su frustración y aguardaron en silencio hasta que Harry un poco más calmado volvió a hablar, aunque mantuvo el brazo sobre sus ojos cuando lo hizo.

—¿Cómo están los otros, de que otra cosa me he perdido?

—Pues la mayoría está bien –le respondió Hermione –Hubo varios heridos, Lupin estuvo una semana en el hospital por su pierna, Tonks también vino a parar acá, pero porque se le olvidó que tenía que guardar reposo, sólo habían pasado un par de semanas desde que tuvo al pequeño Ted, no estaba en condiciones de luchar, se supone que por eso se quedó en el castillo y la señora Weasley la cuidaría para que no se metiera en líos pero pues… es Tonks.

–La batalla en Hogwarts terminó hasta las dos o tres de la madrugada del otro día. Curiosamente Dumbledore convenció a los gigantes para que se marcharan –dijo Ron encogiéndose de hombros –Ginny apareció más tarde con el cuerpo de Vanessa, la pobre ya nos tenía preocupados porque sabíamos que estaba bien, pero no sabíamos dónde. Llegó muy exaltada porque se había perdido en el bosque de la mansión y no la culpo porque era la primera vez que iba allá, colocamos a Vanessa junto a un par de aurores que también cayeron y ayudó a la señora Pomfrey para curar a Remus y Tonks hasta que pudieron traerlos a San Mungo.

—En donde Ginny se encontró conmigo y le conté lo que te había pasado –añadió Hermione.

—Entonces apareció un patronus de Kingsley diciendo que necesitaban refuerzos en el ministerio –siguió hablando el pelirrojo –Ese fue el lugar que se llevó la peor parte. Dumbledore se fue de inmediato para allá junto con mamá, McGonagall y otro par de magos. Nuevamente entre Neville, Luna, yo y los profesores que quedaban en el castillo nos encargamos de recoger la basura, o sea, los mortífagos. Los encerramos en las mazmorras hasta que se decidiera que hacer con ellos.

Harry seguía sin decir nada y aunque quisiera hacerlo se sentía incapaz pues aun sentía un gran nudo en la garganta; sólo escuchaba su relato. Hermione suspiró.

—Los mortífagos se pusieron muy pesados en el ministerio, el señor Weasley nos contó que eran muchos y cuando se les dijo que Voldemort había muerto no quisieron creerlo, la batalla se mantuvo durante 4 días porque los mortífagos tomaron el ministerio y alegaron que no se moverían de ahí hasta que recibieran órdenes de "su amo". Ordenes que claro, nunca recibieron. –hizo una pequeña pausa –Nos dijo que había momentos en los que todo se ponía calmado y de repente los mortífagos volvían a atacar así que no podían moverse de ahí. Ojoloco también murió.

—Contigo, Remus, Tonks y George en el hospital, si, también mi hermano estuvo aquí. –dijo Ron cuando Harry al oír eso abrió los ojos asustado –Tranquilo, ya está bien y dando lata en su tienda de bromas junto con Fred. Bueno, con los adultos tratando de controlar las cosas en el ministerio; pues a nosotros nos tocó la difícil tarea de enterrar a los que ya no estaban, mamá volvió para ayudarnos con los arreglos para la ceremonia y demás cosas del funeral. Estábamos realmente cansados, pero era algo que tenía que hacerse, todos fueron enterrados en el cementerio de Hogwarts en una ceremonia bastante sencilla… Fue el único día que te quedaste solo en el hospital –esbozó una débil sonrisa –Y ya, creo que eso es todo lo que sucedió en tu ausencia amigo.

—¿Seguros que eso fue todo lo que pasó mientras estaba en esta cama?

—Eh... sí, sí, eso fue todo lo que pasó.

Se hizo un silencio durante un minuto.

—Gracias por mantenerse al pendiente de mí –dijo Harry con sinceridad. –Y por cargar con un peso que era mío.

—No es nada Harry. Lo importante es que ya estás bien.

—Díganme una cosa… ¿Qué día es hoy? –preguntó el ojiverde incorporándose de nuevo

—31 de enero. –respondió Hermione.

Harry hizo una mueca, luego dio un vistazo a la puerta y por último miró los vendajes de su brazo que se comenzó a quitar.

—¡Oye! ¿Qué haces? –se quejó Hermione al verlo.

—Tengo que irme, Hermione.

La chica y su novio pusieron los ojos en blanco.

—Deja esos vendajes y acuéstate –ordenó Ron –No seas necio y no te comportes como niño de cinco años.

—Necesito volver a ese lugar Ron. –dijo Harry mientras su amigo lo empujaba para que nuevamente se dejara caer en la almohada.

—Haremos esto como se debe Harry, esperaremos a que te den de alta y luego iremos a donde tú quieras –dijo la castaña –No quiero que a medio camino te vayas a desmayar o que se yo. Por favor se paciente.

La puerta se abrió y entró un sanador ya mayor usando gafas. Se acercó a Harry y saludó a los otros.

—¿Cómo se siente señor Potter?

—Me siento bien, ¿ya me puedo ir? –contestó con impaciencia.

—Le haremos un par de chequeos más y quizá pueda irse en un par de días si todo está en orden. Creo que ya puede quitarse los vendajes, sus huesos ya están bien, sólo se los dejamos por precaución.

Harry no esperó a que le repitieran la indicación y comenzó a quitárselos.

—No le recomiendo aun que intente ponerse de pie. Ha estado en cama por varios días, es probable y natural que presente problemas de debilidad y coordinación. —siguió examinándolo, tomándole el pulso y checando el tono muscular de sus brazos y piernas que dejaban bastante que desear. —¿Le duele algo, ve borroso, tiene dificultades para recordar algo, siente sueño?

—No, estoy bien –dijo mientras terminaba de quitarse el vendaje de la cabeza y dejar que sus cabellos hicieran de las suyas.

Hermione y Ron se rieron un poco al verlo tan, tan despeinado. Trató de aplacarse los cabellos, pero fue una misión imposible, sólo logró que sus amigos se rieran mucho más. Al final Hermione se compadeció y le lanzó un hechizo para que mínimo se viera como de costumbre.

—¿Seguro que aún no me puedo ir? –preguntó nuevamente.

—Muy seguro. Tiene que esperar. –el mago se dio cuenta de la desesperación de Harry. —Mandaré a unos sanadores para que le ayuden con algunos ejercicios de rehabilitación. Si coopera con ellos quizá se pueda ir mañana. —mencionó antes de abandonar la habitación.

—Ya lo has oído Harry, debes ser paciente.

Se escuchó un gran parloteo fuera de la habitación, la puerta volvió a abrirse y por ella entró toda la familia Weasley, Tonks cargando a su bebe y Lupin que se apoyaba en un bastón.

—Hagrid quería venir, pero las puertas del hospital son demasiado pequeñas para él. –se oyó decir a uno de los gemelos.

—Fuiste muy valiente Harry, no esperaba menos de ti –dijo Lupin esbozando una sonrisa.

—Qué alegría que hayas despertado cariño, tenías a todos muy preocupados –dijo la señora Weasley acercándose a él y dándole un beso en la frente.

—¿Cuándo te dejaran salir de aquí? –preguntó el señor Weasley recordando que años atrás se había encontrado en una situación parecida.

—En un par de días –se apresuró a contestar Harry. –Aun no es seguro. –se encogió de hombros y le lanzó una mirada a Ron y Hermione para que no dijeran lo que el sanador le había mencionado. Ellos entendieron el mensaje.

—Bueno pues en cuanto salgas de aquí, que los chicos te lleven a la madriguera para que comas algo.

—Gracias señora Weasley, lo tendré en cuenta. —dijo tratando de sonar amable, pero lo que realmente quería decirles es que necesitaba estar solo.

Estuvieron con él alrededor de una hora; Remus y Tonks fueron los primeros en marcharse luego de que le pidieran a Harry que se hiciera padrino del pequeño Teddy. Después se fueron los Weasley, aunque Ginny convenció a su madre para que le permitiera quedarse otro rato. Harry no supo si sentirse triste o aliviado de que ninguno hubiera mencionado la muerte de Vanessa. Era obvio que sabían lo triste que eso lo ponía y habían preferido mantenerlo entretenido con platicas mucho más agradables. Al final sus amigos también se marcharon. Suspiró aliviado de que tendría algo de tiempo para pensar y lamentar la muerte de su amada, pero en eso llegaron los sanadores que lo obligaron a ejercitarse y a mantenerlo ocupado. El viejo sanador tenía razón: sus músculos eran un caos.

Terminó exhausto, pero no pudo dormir aquella noche, ni las dos siguientes, un sin fin de cosas rondaban por su cabeza y a pesar de que estaba completamente solo se sentía mucho mejor que rodeado de tanta gente.

—¿Ya estás listo? –le preguntó Hermione algunos días más tarde, mientras su amigo terminaba de cambiarse y se ponía una chaqueta.

—Ya casi –dijo sentándose otra vez en la cama y amarrando las agujetas de sus tenis.

—¿Seguro de que quieres volver allá? –preguntó Ron. —Sólo encontrarás ruinas.

—Si, estoy seguro… dices que el primer piso se salvó del fuego ¿no?

Su amigo asintió con la cabeza.

—Perfecto, ¿Dónde está Ginny?

—Se quedó desayunando en el salón de té, voy a avisarle que ya nos vamos. –contestó la castaña dándose media vuelta.

—Ya estoy listo, vayamos juntos. –dijo Harry echándose encima la mochila donde sus amigos le habían llevado ropa.

Cuando se aproximaron al ascensor Hermione se negó a tomarlo alegando que Harry necesitaba estirar más las piernas, así que tomaron las escaleras y el ojiverde lamentó mucho que se encontraran apenas en la primera planta "Accidentes Provocados por Artefactos". Comenzaron a subir teniendo como objetivo llegar a la quinta planta. Para cuando se acercaban al rellano de la cuarta planta "Daños Provocados por Hechizos" Harry recordó a su antiguo profesor Gilderoy Lockhart que por un hechizo mal realizado había perdido la memoria hasta llegar al punto de la locura. "Por suerte yo no perdí la memoria con un hechizo" pensó el muchacho y echó una hojeada al pasillo y a las puertas de cristal que en ese momento se abrían para dejar salir a una persona. Harry frunció el ceño.

—¿Ginny? ¿Qué haces aquí? te creíamos en el piso de arriba

—Hola, Harry. –sonrió la pelirroja y fue a abrazarlo. –Te ves bastante bien, ya no estas tan paliducho como antes.

—Gracias. –se limitó a decir.

—¿Es cierto que al fin recuperaste toda la memoria? Estos días tu habitación ha estado llena de gente, no hemos podido platicar bien.

—Así es Ginny, por fin lo recuerdo todo.

La chica volvió a sonreírle, lo miró fijamente a los ojos y acercó un poco a su rostro al de él, si ya lo recordaba todo, era lógico que también recordara su relación previa a que perdiera la memoria. Por fin volverían a estar juntos, volverían a ser novios, todo sería como antes…

—¡No Ginny! –dijo Harry al percatarse de lo que la pelirroja estaba a punto de hacer. Colocó su dedo índice sobre los labios de ella para detenerla y luego dio un paso hacia atrás para alejarse.

La sonrisa de Ginny se desvaneció y se puso más colorada que su cabello. Sabía muy bien que su ilusión de que todo volviera a ser como antes se había precipitado.

—Perdóname… —susurró

Volvió a mirar a Harry creyendo que estaba enojado, pero no fue así lo que provocó que se sintiera aún más avergonzada.

—Este… Ginny, ¿Por qué estabas en esta planta? –dijo Hermione tratando de desviar el tema.

—Yo… —seguía aturdida por lo que acababa de pasar y se aclaró la garganta –Fui a saludar a Lockhart, pero estaba dormido, los sanadores dicen que está mejorando un poco, también alcancé a ver de lejos a los padres de Neville parece que están bien ¿Nos vamos?

Los otros asintieron con la cabeza.

—Oye Ginny, ¿No deberías de estar en Hogwarts? –dijo Harry con amabilidad para demostrarle aún más que no se encontraba molesto.

—Pues sí, pero con todo lo que sucedió se suspendieron las clases, supongo que volveré en una semana o dos.

Descendieron el resto de las escaleras y abandonaron el hospital, una vez fuera se desaparecieron para regresar al bosque que llevaba a la antigua mansión del Señor Tenebroso.

Aunque sabía muy bien que en ese lugar no existía peligro alguno, Harry sentía miedo, mucho miedo de volver a pisar aquella nieve, esas ramas secas, pasar por debajo de las copas de los grandes árboles que se mantenía quietos, pues igual que la última vez, el bosque se mantenía tranquilo. Todos anduvieron en silencio mientras se acercaban al lugar. Finalmente vislumbraron un muro de la mansión que continuaba en pie, el gran portón negro estaba abierto de par en par, se notaba que después de lo sucedido nadie más se había parado por ese lugar pues a un costado se mantenían los escombros de uno de los muros. Harry se detuvo frente a la mansión a unos 20 metros de distancia de la entrada e inspiró hondo, ya no estaba tan seguro de querer entrar… alzó la vista al cielo y le sorprendió que el cielo estuviera casi despejado, el sol se encontraba sobre ellos lo que significaba que era cerca del mediodía.

Se decidió a entrar y se llevó una gran sorpresa al cruzar el portón. Todo estaba completamente en ruinas, el tronco del gran árbol seguía atravesado en el patio, muros izquierdo y frontal derrumbados dejando a la vista el devastado salón. A la derecha de lo que alguna vez había servido como biblioteca estaba calcinado y los muros que se mantenían en pie estaban ennegrecidos.

—Pensé que estaba menos destruido –murmuró Ginny.

Harry siguió avanzando, vio el candelabro destrozado junto con una gran mancha de sangre seca esparcida por el suelo, su sangre. Miró al techo y se dio cuenta que amenazaba con derrumbarse pues a falta de dos muros ya no era tan fácil sostenerse. Dio un vistazo al pasillo por el cual, según había contado Ron, los inferis habían salido para atacarlos y vio que ese lugar era el más quemado de todos. El comedor también estaba carbonizado y recordó que debajo de esa habitación estaban las cocinas donde vivían dos pequeños elfos; ¿Habrían muerto?... prefirió no pensar en eso.

Lo que era la sala de entrenamientos, despacho de Voldemort y de las escaleras hacia el fondo de la casa parecía intacto. Harry subió con cuidado, caminó por el pasillo hasta el fondo y entró en una de las habitaciones. Sus amigos lo siguieron y entraron después de él.

—Esta era mi habitación –les dijo mientras miraba la pequeña ventana en lo alto del muro por la que entraba la única luz que iluminaba la estancia.

—¡Por merlín! ¿te mantuvieron cautivo en este lugar tan oscuro? –exclamó Hermione.

—Si, aquí pasé los momentos más desesperantes de mi vida, en esta habitación desperté sin saber quién era, también aquí me mantuvieron encerrado durante semanas sólo porque no pude hacer un hechizo aturdidor de manera decente.

—Debió ser terrible.

—No era tan malo una vez que te acostumbrabas. Debo admitir que también en esta habitación viví los momentos más felices y divertidos –dibujó una sonrisa, hablaba más para sí que para sus amigos. –Aquí fue donde Vanessa pidió que nos casáramos. –esbozó una sonrisa al recordarlo.

—Creí que el asunto de la boda había sido tuya –dijo Ron.

—No, fue idea de ella. Estaba tan contenta…También aquí pasamos los últimos meses.

—¿Dormían juntos? –preguntó Ginny con la voz entrecortada.

—Pues si –Harry miró su mano izquierda donde había recuperado el reluciente anillo de oro y se encogió de hombros. –Éramos marido y mujer.

Ginny hizo una mueca de dolor, estaba recibiendo información que le dolía en el alma. Hubiera sido mejor quedarse en La Madriguera y esperarlos ahí a enterarse que mientras ella sufría, él se estaba llevando la gran vida con "su esposa".

—Aquí no hay nada que me importa, vámonos. –dijo el ojiverde dando un suspiro saliendo de la habitación y entrando a la que tenía enfrente.

—No se ve nada –dijo Ron.

—¡Lumos! –murmuró Harry –Alguna vez tuvo ventanas y una chimenea, pero Voldemort los tapó. ¿Saben? Vanessa odia… odiaba la oscuridad –se le hizo un nuevo en la garganta –La encerraron aquí con un boggart después de que murió Snape, estuvo sola durante una semana. De aquí la saqué el día que volvimos a Grimmauld Place y todo… todo fue en vano… ¡BOMBARDA! –bramó apuntando al muro de enfrente.

Sus amigos gritaron pues su reacción los tomó por sorpresa.

Todos los escombros cayeron al exterior y quedó una gran abertura donde antiguamente habían estado las ventanas.

—Harry, eso no era necesario –dijo la castaña acercándose a él.

¿Pueden dejarme solo un momento?

—Harry no creo que…

—Por favor –repitió firmemente.

—Te esperamos afuera –dijo Hermione. Le dio una palmadita en el hombro y salió junto con los pelirrojos.

Cuando la puerta se cerró, la respiración de Harry se volvió agitada, de nuevo percibió un gran nudo en la garganta, pero muchas cosas más se sumaron a eso…

El estómago se le revolvió y sintió en él un gran hueco como el que acababa de hacer en la pared, algo le oprimía el pecho y no lo dejaba respirar, juraría que se estaba ahogando, sus brazos y piernas estaban temblando. Se derrumbaría de un segundo a otro y comprendió que en ese momento él y la casa tenían algo en común: Estaban en ruinas, completamente destrozados por fuera y por dentro porque el soporte que los mantenía en pie se había esfumado para siempre… Había perdido lo más importante para él hasta ese momento, ya nada volvería a ser igual sin Vanessa a su lado.

—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUEEEE?! –gritó con todas sus fuerzas mientras golpeaba un muro. Necesitaba liberar todo el dolor, coraje e impotencia que sentía, no le importaba nada

—¡¿Por qué todos los que amo me dejan sólo?!

Sus ojos se pusieron rojos, lloraba y gritaba de forma desgarradora.

—¡NO ES CIERTO! ¡NO QUIERO ACEPTARLO! ¡Vanessa, mi amor… perdóname…! ¡PERDÓNAME!

Harry se recargó sobre la puerta con los brazos caídos y como era de esperarse; se derrumbó. Se fue deslizando sobre ella hasta terminar sentado en el suelo donde siguió llorando con fuerza. Puso ambas manos sobre su boca tratando de ahogar sus gritos y lamentos, pero el sentimiento de soledad, derrota y desilusión eran mucho más fuertes que él. Atrajo las rodillas hacia su pecho y a través de las rendijas de sus hinchados ojos observó la fría y desolada habitación del amor de su vida…

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

—Por favor Hermione ¡Suéltame! Harry se está haciendo daño, no puedo permitirlo, necesito ir a su lado. –exclamaba la pelirroja en cuanto oyó los primeros gritos del ojiverde al otro lado de la puerta.

—No, déjalo sólo. Harry necesita desahogarse.

—Pero…

—Hermione tiene razón –interrumpió Ron tomando a su hermana por los hombros y alejándola de la puerta. –Desde que estábamos en el hospital Harry estuvo reprimiendo el dolor que lo abrumaba. Me sorprende que haya aguantado durante tanto tiempo para ponerse a gritar y explotar como lo está haciendo ahora.

—Por culpa de ella está sufriendo ¡no es justo! –exclamó Ginny cruzándose de brazos.

—Aunque te duela escucharlo, y perdóname por decírtelo, pero Vanessa y Harry se amaban de verdad, pude verlo en sus ojos cuando nos hablaba de ella. No sé cómo Harry pudo enamorarse de alguien así, pero la quería y yo sé que te mueres por correr a su lado y besarlo y que todo vuelva a ser como antes, pero debes ser paciente. –chilló Hermione.

—Hay una cosa que no te hemos dicho Ginny y creo que es la razón por la que Harry sufre más de lo que debería.

—¿Qué cosa?

—El día que pasó todo, Harry acababa de pedirle a Vanessa que se volviera a casar con él. Ya sabes, por el asunto de que se casó con un nombre falso. Ese día Harry llegó muy feliz a invitarnos a comer y bueno… creo que él se siente culpable por su muerte.

—¿Por qué?

—Porque la dejó sola para ir por nosotros y cree que es su culpa que hayan descubierto donde estaban. Harry quiso hacer las cosas de lo lindo y salió para comprarle un regalo.

—¿Harry hizo eso? –preguntó la pelirroja con tristeza.

Sus amigos se encogieron de hombros.

—No lo presiones, las cosas se solucionarán ¿de acuerdo?

—De acuerdo

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El llanto de Harry aminoró al cabo de algunos minutos y recordó lo que iba a hacer antes de ponerse a llorar. Se limpió las lágrimas con la manga, se puso de pie y fue hasta el guardarropa poniéndose de rodillas ante uno de los cajones que creyó no podría abrir, sin embargo, el cajón cedió ante él. Lo abrió y lo único que vio fue una caja rectangular de madera que tenía figuras grabadas en relieve. Tomó la caja entre sus manos y fue a sentarse a la cama entrelazando sus piernas para acomodarse mejor. Levantó la tapa con cuidado y observó lo que guardaba en su interior que en realidad no era mucho y Harry estaba preparado para ello pues sabía que la joven traía consigo todo lo que le fuera necesario. Lo primero que vio fue la tercera fotografía de su boda en donde él y Vanessa sonreían y luego se besaban, observó la foto por un rato y la colocó en la cama. Después le llamó la atención una cajita alargada de color negro, la abrió y encontró una cadenita de oro que nunca había visto, pero le pareció muy hermosa; de la cadena sobresalían tres pequeños colgantes en forma de corazón. Los de las orillas eran una esmeralda y un zafiro respectivamente y al centro interponiéndose entre ambos estaba un rubí. Harry admiró las joyas por alrededor de un minuto, después regresó la cadena a su caja y la colocó junto a la fotografía.

Lo siguiente que sacó fue un libro forrado en plata que en la portada tenía las iniciales "VP" y en la contraportada estaba dibujada la forma de un águila que Harry supuso representaba el patronus de la joven, sin duda alguna se trataba del diario de Vanessa y a Harry le entró curiosidad. Temeroso porque sabía bien que no debía leer cosas ajenas abrió el diario y le dio una hojeada.

Empezó a pasar las primeras páginas que se encontraban en blanco hasta que llegó al primer contenido. La letra de Vanessa no era perfecta, pero por lo menos era muchísimo más entendible que la de Harry. Le sorprendió ver que en la fecha solo venía el mes y el año y se puso a leer.

Octubre – 97

¡Sencillamente genial! Snape y Dumbledore muy quitados de la pena me mandan con Voldemort a rescatar a Harry Potter, pero… ¡Sorpresa! Ese chico no está aquí… Ahora soy prisionera del Señor Tenebroso no sé por cuanto tiempo y aparte de todo tendré que lidiar con un mocoso estúpido que no sabe hacer magia. ¡Esto es horrible! La idiota de Bellatrix Lestrange tampoco me cae bien, se puso a esculcar entre mis cosas, pero no encontró nada, es una suerte que mis bolsillos tengan un encantamiento de ampliación donde puedo esconder cosas como estas…. Espero soportar mi farsa durante un buen rato…

Como firma solo estaban sus iniciales, Harry dio vuelta a la página y se volvió a sorprender pues de octubre se saltaba al mes de diciembre. Parecía que la chica solo escribía cuando se acordaba o cuando le ocurría algo importante. Fue pasando las páginas para observar los meses en que había escrito: diciembre, diciembre, febrero, abril, junio, julio, nuevamente julio, luego agosto, septiembre, dos páginas con el mes de octubre y en la última página estaba diciembre. En todas las páginas los textos abarcaban la mitad o menos de la hoja pero la última abarcaba toda la página y la firma estaba al borde del margen. Harry lo leyó…

Diciembre – 98

En las últimas semanas he intentado convencer de una forma sutil a Enrique (Harry) que los de la OF no son malos y que tal vez ellos no mataron a sus padres, pero no es una tarea fácil sobre todo cuando no puedo decirle la verdad. Yo lo arruiné todo, ya lo sé… debí decirle la verdad en cuanto descubrí que él era Harry Potter, pero mi egoísmo y el miedo a perderlo es más fuerte que yo… No puedo dejarlo ir…

"La cosas habrían sido diferentes si ese día hubieras dicho la verdad" pensó Harry, dio un suspiro y continuó.

A pesar de todo soy tan feliz con él. ¡Y pensar que llegue a odiarlo! Es el único que ha logrado despertar sentimientos que creí que en alguien como yo no existían. ¡Lo amo! Y tengo miedo de quererlo tanto y estar viviendo un sueño que puede convertirse en pesadilla ¿Por qué? Porque él cree que forma parte de los mortifagos y que debe matar a Dumbledore y yo soy de la OF. Todo es tan complicado, el imaginarme que llegue el día en que ambos bandos se enfrenten me asusta. ¡¿Qué se supone que deba hacer?!... Aunque trate de fingir con Voldemort si me pide que mate a cualquiera de la OF sería incapaz de hacerlo. No soy tan mala como parezco…

Enrique tiene que descubrir la verdad de su pasado antes de que llegue el momento de la batalla o antes de que Voldemort descubra a quien debo mi lealtad… ¿Y si Enrique no descubre la verdad a tiempo? ¿Y si a causa de eso tuviera que huir para salvarme? ¿Y si el amor se vuelve odio?... Enrique prometió que nunca me dejaría sola ¿podría cumplir su promesa en una situación así? No lo sé y no me imagino una vida sin él. ¿Qué haría yo si tuviera que alejarme de él para siempre? Eso tampoco lo sé, pero lo más seguro y conociéndome como me conozco durante un tiempo estaría triste porque Enrique y mi padre son lo único que tengo (aunque Snape en realidad no cuenta) soy una mujer fuerte podría superarlo y salir adelante, encontraría a alguien que me quisiera como soy, pero jamás conoceré a alguien como Enrique o Harry o como se llame. Lo amo y lo amaré por siempre.

Yo y mis sentimentalismos, en definitiva, estar con él ha cambiado mi forma de ser… ni siquiera sé porque rayos estoy escribiendo todo esto, tal vez sea que con cada día que pasa siento que el fin se acerca, todo terminará no sé si bien o mal, pero llegará el final. Lo importante es disfrutar esta felicidad mientras dure y ser dichosa con él hasta que las mentiras o la muerte nos separen. Como se lo dije un día si muero lo haría feliz sólo de saber que compartí mi vida con él.

"Y la muerte nos separó" Fue un pensamiento que volvió a cruzar la mente de Harry cuando leyó eso, con el puño cerrado golpeó el duro suelo y siguió con la lectura.

¡Ahh! Tengo que dejar de hablar de estas cosas, mi mente se está yendo demasiado lejos debo dejar de suponer cosas que aún no suceden. Estoy sufriendo un exceso de sensibilidad emocional y eso no es normal. ¡Malditas hormonas, ya basta! Debo ir a lo importante:

1) Voldemort volverá de un día a otro y no sé cómo voy a hacerle para salir de la mansión y alertar a Dumbledore (Seguro que algo se me ocurrirá tres minutos antes de fugarme como es mi costumbre)

2) Creo que ahora si le haré caso a Enrique y empezaré a comer mejor, en los últimos días no me he sentido bien, ya se me pasará.

3) Seguiré tratando de revelarle la verdad, aunque a los cinco minutos pida que me calle.

"La vida es tan fugaz… te sientes tan feliz y de pronto, en un segundo todo cambia… VB"

Harry observó las iniciales ¿VB? ¿Vanessa Burnett?. Primero frunció el ceño y luego se empezó a reír ante la idea. Ahí terminaba todo, las siguientes páginas estaban en blanco y sabía muy bien el porqué: Días o incluso horas después de que Vanessa escribió eso Voldemort había descubierto la verdad sobre la joven, Snape había muerto y ella había sido encerrada en la habitación. Comenzó a preguntarse si la joven había presentido lo que iba a pasar y sintió un escalofrío. Se quedó un largo rato pensando con la cabeza apoyada sobre sus brazos mientras observaba el hueco que había hecho en la pared y de vez en cuando la puerta del baño preguntándose si el boggart seguía encerrado ahí. No supo por cuanto tiempo permaneció inmóvil y sólo pudo salir de su ensimismamiento cuando escuchó que la puerta se cerraba. Dio un salto, volteó bruscamente a la puerta y no vio a nadie, seguro uno de sus amigos se había asomado para ver si el ojiverde continuaba en la habitación por su pronunciado silencio y una vez comprobado se había ido.

El muchacho tomó el diario que continuaba en su regazo, las demás cosas que seguían en la cama y los devolvió a la caja de madera donde pertenecían. Se puso de pie y nuevamente se dirigió al guardarropa buscando cualquier otra cosa que hubiera pertenecido a su antigua esposa; lo único que halló fue una vieja caja de música y una pulsera que también colocó en la caja. Luego como pudo la metió al interior de su mochila y salió de la habitación para reunirse con sus amigos.

Ron estaba recargado sobre la pared, Hermione y Ginny estaban sentadas en el suelo con las piernas cruzadas esperándolo. Harry al verlos así se sintió muy apenado.

—Lo siento –se disculpó por su tardanza.

—¿Te encuentras bien? –preguntó Ron.

—Estaré bien –respondió encogiéndose de hombros mientras las chicas se ponían de pie. —¿Puedo hacerles una pregunta?

Sus amigos asintieron.

—¿Ustedes saben lo que tenía Vanessa?

Ron y Hermione se miraron con complicidad.

—En realidad no Harry, pero todos nos dimos cuenta de que algo le ocurría cuando volvieron al cuartel. –contestó la castaña.

—Mientras estuvieron en Grimmauld Place mamá se lo preguntó –añadió Ron –Pues en respuesta obtuvo un "Si me pasa algo a usted no le importa"

—¡¿Qué es eso?! –exclamó Ginny señalando en dirección a las escaleras.

—¿Qué cosa?

—Algo pasó corriendo por allá.

Harry sacó de sus bolsillos la varita mágica y corrió por el pasillo hasta llegar a las escaleras. Una pequeña criatura cubierta de hollín se desplazaba por los restos del salón.

—¡Hey Gipsy! –gritó Harry y bajó las escaleras para alcanzarlo.

El pequeño elfo se detuvo temblando de pies a cabeza y miró a Harry abriendo mucho los ojos.

—¿Dónde está el otro? –preguntó el muchacho arrodillándose para verlo mejor.

El elfo se soltó a llorar.

—Señor… Gipsy… no sabe qué hacer, no tiene amos, no tiene a quien servir –dijo el elfo entrecortadamente y volvió a estallar en llanto. Harry lo observó unos instantes y le dijo:

—¿Recuerdas que el amo siempre te dijo que hicieras lo que yo te pidiera? –El elfo asintió con la cabeza –Bien, pues quiero que vayas a trabajar a las cocinas de Hogwarts y que te reportes con Abus Dumbledore ¿Crees que podrás hacerlo?

El elfo se quedó tieso un par de segundos. Harry no estaba seguro de que aquello funcionara, pero valía la pena intentarlo. No se imaginaba al pobre elfo vagando de un lado a otro sin nada que hacer y años anteriores había comprobado que no todos los elfos buscaban la libertad como Dobby. Agitó la cabeza de arriba abajo y desapareció.

—¿Tenías sirvientes? –preguntó Ron que ya estaba a sus espaldas.

—Sí, te dije que no era tan malo una vez que te acostumbrabas –se rio –Necesito que vayamos a Hogwarts y luego nos vamos a La Madriguera. No tengo nada más que hacer aquí.

Se desaparecieron del lugar y aparecieron en la calle principal de Hogsmade. Al llegar al castillo les abrió Hagrid que casi volvió a fracturar a Harry de las costillas por el fuerte abrazo que le dio. Le preguntaron por Dumbledore y los otros profesores y les respondió que se encontraban dentro del castillo teniendo una junta para acordar como es que los estudiantes recuperarían las clases perdidas. Le pidieron que no avisara que se encontraban ahí y se encaminaron al lago rumbo al cementerio de Hogwarts. Harry sabía que el llegar a ese lugar le ocasionaría otro derrumbe emocional, pero tenía que constatarlo por el mismo. Pasaron cerca del lago y no muy lejos de ahí se observaban algunas lapidas. Sus amigos se quedaron un poco rezagados y Harry agradeció que respetaran su decisión de estar solo. Cuando llegó a la primera hilera comenzó a recorrerla, vio grabado el nombre de Alastor Moody en una de ellas e hizo una mueca al recordar al hombre. También vio la lápida con el nombre de Severus Snape y se sorprendió pues creía que no habían logrado recuperar su cuerpo. Vio nombres que no reconoció y casi al final estaba la que tanto buscaba…

"Vanessa Prince: 13 de julio de 1979 —07 de enero de 1999"

Y lo dicho, Harry se volvió a derrumbar. Se dejó caer de rodillas frente a la tumba y los ojos amenazaron con volver a derramar lágrimas, pero había llorado tanto en la mansión que sus ojos estaban secos.

—Estoy aquí Vanessa para decirte adiós… comienzo a pensar que las cosas pasan por algo y aceptaré mi destino…

Respiró hondo y se puso de pie.

—Te voy a extrañar mucho, dejaste una gran huella en mí, gracias por ser mi amiga y mi compañera. Gracias por amarme tanto… Yo también te amo y te amaré por siempre.

En su rostro se dibujó una débil sonrisa.

—También estoy aquí para ofrecerte disculpas… —suspiró –Perdóname por dejarte sola aquel día, sé que todos insistirán que no es mi culpa, pero no es justo nada de lo que pasó… También perdóname por lo que leí y leeré de tu diario, pero quiero conservar esos pequeños detalles y guardarlos en mi memoria…

Se quedó callado un rato.

—Sabias que esto pasaría ¿verdad? Lo supiste todo el tiempo y yo voy hacer lo que tú harías si estuvieras en mi lugar, intentaré rehacer mi vida sin ti, pero no te prometo nada.

Escuchó pasos y vio a Ginny Weasley que se acercaba a él.

—Harry, tenemos que irnos –dijo la pelirroja a varios metros de distancia.

—Nunca te olvidaré Vanessa, en mi corazón vivirás por siempre –dijo Harry sin despegar los ojos de la tumba. Sacó su varita mágica e hizo aparecer una rosa blanca que colocó sobre la lápida. –Adiós mi amor. –Se dio media vuelta y se fue a reunir con la pelirroja.

—Creo que no te lo he dicho, pero de verdad lo siento mucho. –dijo Ginny.

Harry no supo que decir, pasó junto a ella y echaron a andar de regreso. Sin embargo, el chico se detuvo frente al lago.

—¿Recuerdas cuando nos sentamos bajo aquel árbol con la excusa de ayudarte a estudiar para tus TIMOS?

—Yo sí, pero pensé que tu no lo recordabas –contestó la chica un tanto confundida.

Harry puso los ojos en blanco.

—Te dije esta mañana que ya lo recordaba todo.

—Si es cierto… eh… ¿Crees que algún día tu y yo podamos estar juntos como antes?

—No lo sé, Ginny –contestó Harry encogiéndose de hombros con la mirada perdida en algún punto del lago –No quiero engañarte, por ahora prefiero estar solo.

—Bueno, no importa. Sabes que siempre estaré ahí ¿verdad?

—Igual que Ron y Hermione.

—¡Dense prisa! –exclamó Ron que ya se había adelantado con la castaña.

—¡La señora Weasley es capaz de irte a buscar al hospital si no llegamos antes del anochecer! –gritó Hermione abrazando a su novio.

Harry y Ginny se sonrieron y fueron corriendo hasta donde estaban sus amigos. Todo lo que representaba peligro había desaparecido. Ahora Harry solo debía concentrarse en la cena de bienvenida que le esperaba y en tratar de ser feliz.

oOoOoOo

FINAL POR AHORA

Los invito a visitar mi perfil y que continúen con la siguiente parte de esta historia: Memorias Perdidas II

Si les gustó este fic, les agradeceré sus comentarios y que me cuenten que les pareció.

Gracias y hasta la próxima.