– Por fin has llegado, Masahiro Miyamoto.

En una pequeña oficina dentro de conocida escuela en la prefectura de Yamanashi, un anciano de baja estatura y poco cabello que le hablaba a un alto muchacho que estaba sentado en un sillón.

– Le doy las gracias por haberme permitido entrar a su equipo. Jugar fútbol significa mucho para mí –dijo el muchacho, levantándose y haciendo una reverencia al anciano.

De repente se abrió la puerta. Por ella entró un hombre alto, de cabello corto oscuro y con varios pelos mal cortados en la barba.

– ¡Entrenador Murakami! –exclamó el anciano con júbilo – Tengo el placer de presentarle a un nuevo jugador. Su nombre es Masahiro Miyamoto. Acaba de venir desde Tokio hasta Jyoyo. Le pido que por favor lo deje entrar al equipo. Se que nos será de gran ayuda.

– Mucho gusto, señor –le hizo una reverencia y luego le tendió la mano –. Me llamo Masahiro Miyamoto. Es un gusto para mí poder estar en el equipo de Akanegaoka.

Murakami le devolvió el saludo.

– Sí, bueno, a mí también me parece bien que tú entres al equipo. Pero me parece que primero deberías hacer ciertas pruebas con nuestros jugadores. Seguramente te gustaría jugar desde ahora, ¿no?

Los ojos del muchacho empezaron a brillar, al mismo tiempo que asentía con la cabeza. El estaba ansioso de jugar un partido de fútbol. De igual manera, el gordo y calvo anciano se veía radiante de felicidad.

¡Pues qué esperamos! ¡Vamos a la cancha! –exclamó.

– ¡Equipo! ¡Sigamos entrenando!

– Que ruidoso eres, Osaka...

El equipo de Jyoyo Akanegaoka se encontraba en su campo de fútbol practicando. Murakami, Masahiro y el director estaban llegando desde la escuela. Un muchacho de baja estatura y corto cabello (es el manager o gerente del equipo) se acercó a ellos.

– ¡Entrenador Murakami! Lo estábamos esperando desde hace tiempo para empezar a... –se detuvo al ver a Masahiro – Señor, ¿quién es...?

– Gerente, llama a los chicos, tengo que dar un aviso –pidió Murakami.

El manager se alejo de ellos y se acercó a los jugadores. Mientras tanto, alguien estaba entrando por la puerta del campo. Era una hermosa mujer, de estatura media y cabello color ceniza que vestía una bata blanca.

– Vaya, que sorpresa... –miró hacia donde estaba Miyamoto – Me imagino que tú eres Masahiro, ¿no?

El chico, que se había quedado un poco estupefacto de la belleza de la señorita tardó un poco en responder. Su boca esbozó una clara sonrisa, mientras sus ojos castaños se cerraban en un gesto de alegría.

– Si señorita, yo soy Masahiro Miyamoto . Acabo de llegar desde Tokio a Jyoyo. Me alegra estar en la escuela –dijo el muchacho.

Justo ahora estaba llegando el equipo entero. Delante de ellos estaba Mori, junto con otra muchacha, que al parecer también era manager. Murakami fue quien habló en este momento.

– Escúchenme bien. Este muchacho es Masahiro, Masahiro Miyamoto. Es un nuevo alumno de segundo curso venido desde Tokio. Juega en la posición de defensa. Me parece que le vendría bien conocerlos a todos, pero no con palabras, sino con un pequeño partido. ¿Qué les parece? –preguntó suspicazmente.

El más alto y más extraño de los jugadores, un muchacho de cabellos naranjas fue el primero en hablar. Obstinadamente de dirigió a Masahiro.

– Otro nuevo para la colección. No importa quien sea, no será capaz de detenerme –dijo, mirando a Masahiro a los ojos.

– Ya veremos... Kyosuke... –dijo a lo bajo Masahiro.

– Gerentes, denle a Miyamoto su equipo, ya vamos a iniciar –dijo Murakami.

– ¡Bien!

Quince minutos después, Masahiro se encontraba en el campo de juego, junto con todos los demás. El jugaría en la posición de defensa lateral en el equipo de novatos, junto con otros nuevos y los suplentes. El otro equipo era el de los titulares, en el que jugaba Kyosuke. Los novatos serían los que abrieran el juego. Mori, el gerente, se apareció con el silbato de árbitro. Se colocó en medio del campo.

– Jugaremos un partido de dos tiempos de 40 minutos. Tendremos un descanso de 5 minutos. –Mori se puso el silbato – ¡¡A JUGAR!!

Y dando el silbatazo inicial, el juego comenzó.

Quien tenía en ese momento la pelota era un jugador bastante peculiar. Era bajito y estaba peinado estilo "afro". Se movía a gran velocidad por el centro, llevándose a varios de los titulares, como Ichikawa o el capitán, Esaka.

– ¡¡Shinka!! ¡¡Es toda tuya!! –dijo el de pelo "afro".

Entregó al jugador lateral el balón. Se movía a una velocidad asombrosa, llevándose a dos de los tres defensores que defendían la portería. Se preparó para un centro largo.

– ¡¡Yuya!! –dijo Shinkawa, mandando centro al área.

Parecía un pase bastante rápido, pero Kiba, el delantero, supo como obtenerla. Se preparó para hacer un disparó. Soltó la pelota y...

– ¡¡MÍA!!

Haciendo un temible esfuerzo, el portero Sakai logró desviar la pelota del arco, algo que pocos hubieran logrado. Sakai, a pesar del aparente esfuerzo, ni siquiera se despeinó. Ni su cabello plateado o su blanca piel mostraban ni un rasguño. Masahiro se quedó sin habla al ver tal técnica.

– ¡¡Bien hecho, Sakai!! –lo felicitó Kyosuke.

– ¡¡Toda tuya, Rodrigo!! –dijo Sakai, al tiempo que se levantaba.

Dando una tremenda patada, Sakai despejó la pelota y la envía al medio campo. La recibió Rodrigo, un muchacho que Masahiro supuso que era de Brasil. Éste mandó un pase preciso a Kyosuke quien ya estaba cruzando la barrera que formaban Tanaka, Aoyama y Eiji, del equipo de reserva. Era deber de Masahiro detener a Kyosuke.

– ¡¡Kyosuke!! –exclamó Rodrigo, pasándosela al goleador.

El esférico ya estaba en posesión de Kyosuke, quien se preparaba para hacer un disparo al arco. Kyosuke definió y...

– ¡No te dejaré! –gritó Masahiro.

Kikumoto, el arquero, ya se había lanzado por el balón, pero no había llegado. Ah casi medio metro de que el balón entrara, Miyamoto levantó la pierna y logra sacarla del área, mandando la pelota fuera del campo. Todos quedaron estupefactos ente tal hazaña. Desde los vestidores, donde estaban Karin, la Srta. Kaori, Murakami y el director, se oían gritos de emoción.

– ¡¡Bravo!! ¡¡Ese si que es un jugador!! Que bien que se unió al equipo O –exclamó emocionado el director.

– ¡Bien hecho Masahiro! ¡Excelente jugada! –dijo Tanaka.

– No es momento de ponerse a elogiar a otros. Tenemos un partido que ganar. ¡Vamos, que si se puede! ¡Pongan todo de ustedes! –exclamó Masahiro, mientras se secaba el sudor.

– ¡Sí!

Así siguió el partido. No mucho después llegaron los goles. Quien abrió el marcador fue Rodrigo al minuto 12, al llevarse al defensa central, Muroi. Pocos minutos después Kyosuke anotó el segundo, recibiendo un centro de Ichikawa. Para el medio tiempo el partido estaba 2-0, con favor a los titulares. En el segundo tiempo, los novatos tomaron la iniciativa, y gracias a un descuido del defensor Toda, de los titulares, Shinkawa consiguió abrir un hueco, por donde entró Kiba a marcar el primero para los nuevos al minuto 70. Faltando solo dos minutos para que el partido acabara, y ayudado por Tanaka, Miyamoto salió de su posición y se enfrentó uno a uno a Kyosuke. Consiguió marcar un tanto. Dejando el partido 2-2.

– ¡¡SE ACABÓ!! ¡¡2 Á 2!! –gritó Mori después soplar su silbato.

Ahora todos los jugadores estaban tendidos en el campo, exhaustos después de un emocionante partido. Murakami se acercó a ellos.

– Bien jugado por todos. Al acabar en empate, ningún equipo tendrá que dar las cien vueltas al campo –dijo el entrenador.

Ambos manager (Mori y Karin) se acercaron a los jugadores a darles toallas y algo para hidratarse.

– Bien jugado por todos. Muy buen partido –les dijo Mori.

Salieron del campo rumbo a los vestidores, que se encontraban apenas a un lado del campo. Ahí, la mayoría de los jugadores (Masahiro entre ellos) se encontraban limpiando sus tacos al mismo tiempo que discutían acerca del partido. Todos excepto Kiba, Shinkawa y Muroi, quienes estaban sentados un poco alejados de todos. Masahiro, quien se encontraba no muy lejos de ellos, los escuchó hablar.

– ¡Rayos! Estuve muy cerca de anotar muchos goles. Y aunque ellos no son malos, yo soy mucho mejor que ellos. Este equipo de secundaria solo es un paso más hacia la J-League –susurraba Kiba.

– Nosotros te poyaremos en todo, ¿no es así, Muroi? –preguntó Shinkawa.

– Claro que sí, confía en nosotros, y te ayudaremos a llegar hasta allá –respondió Muroi con seguridad.

Ellos siguieron su conversación, mientras que poco a poco los jugadores iban saliendo de los vestidores. Los primeros en salir fueron Sakai y Rodrigo, quienes únicamente les dijeron adiós y se fueron, Kyosuke, por otro lado, salió bostezando y susurrando algo como "Me pregunto que va a cocinar Fukuko esta noche. ¡Me muero de hambre!"

– Siempre lo mismo con Kyosuke... –suspiró Tanaka.

– ¿Siempre es así? –preguntó Masahiro.

– Si, Kyosuke quizá sea muy bueno jugando, pero realmente es perezoso y algo tonto.

– Entiendo –Masahiro rió a lo bajo –. Parece que será un buen año, después de todo...

– ¿Dijiste algo?

– No, nada...

– Bueno, no importa. A propósito... –Tanaka le tendió la mano – Me llamo Yamazaki Tanaka, gusto en conocerte.

– El placer es mío .

Ambos salieron al mismo tiempo, charlando de varias cosas. Mientras hablaban, llegaron a los dormitorios de la escuela. Casi todos los jugadores del equipo vivían ahí. Cuando llegaron, fueron directamente a cenar. El comedor era un lugar bastante acogedor, bonitamente decorado, con al menos seis mesas en las que poco a poco se iban acomodando los jugadores. Masahiro fue a servirse un poco de comida. El hambre lo estaba matando...

– ¡Gracias, Fukuko! –le dijo Kyosuke a alguien en la cocina, mientras él se iba feliz a comer a una mesa.

Detrás de la barra y dentro de la cocina, una mujer bajita, regordeta y con expresión bonachona estaba sirviendo la comida. Ya era turno de Masahiro.

– Hola, hijo, ¿cómo te llamas? –le preguntó la cocinera, mirándolo con curiosidad.

– Me llamo Masahiro Miyamoto mucho gusto.

– A mí puedes decirme Fukuko, jefa de la cocina de los dormitorios de Akanegaoka. Bueno, aquí tienes –le sirvió su ración – ¡Come bien y esfuérzate en el juego!

– Muchas gracias –sonrió y tomó su bandeja.

El muchacho se fue a sentar en la mesa contigua de Kyosuke, Rodrigo y Sakai. Junto a Kyosuke estaba sentada una linda chica que al parecer estaba teniendo una discusión con él.

– ¡He recibido los reportes de tus calificaciones y no has mejorado! –gritó ella.

– Eres muy ruidosa, ¡y además si me preparé para mis exámenes! Es el profesor que me tiene rabia, Miki ¬¬ –dijo Kyosuke en tono de querer pelear.

Sakai y Rodrigo rieron. Masahiro comía al mismo tiempo que hablaba con los demás novatos. Le contaron sobre la escuela, sobre los dormitorios, sobre el pasado torneo nacional. Bueno, un poco de todo. No mucho tiempo después de haber llegado, la Srta. Kaori, la mujer de cabello color ceniza se apareció en el comedor. Se acercó a la mesa de Masahiro con toda naturalidad, mientras saludaba a todos.

– Felicitaciones por el juego de hoy. Todos jugaron muy bien - –miró hacia donde estaba Masahiro –, en especial felicidades a ti, Masahiro. Diste un gran juego.

– Muchas gracias, Señorita Kaori.

Ella siguió hablando con todos acerca de los nuevos planes que tenía para los próximos meses (la señorita Kaori era la doctora y psicóloga de la escuela). Masahiro también siguió conversando y conociendo a casi todo el equipo. Ya bien entrada la noche todos se retiraron a dormir. Masahiro no tenía ni idea de donde dormiría él. Por suerte había una habitación libre (que habían dejado los jugadores del año pasado), y fue la que este muchacho tomó como suya.

Mientras desempacaba, Masahiro encontró entre su maleta una foto. Era una foto muy querida para él. En su fondo se apreciaban el mar y las palmeras. Junto a él (quien debía tener por lo menos once años de edad) estaban muchas otras personas, al parecer esa su familia. Casi todos ellos tenían la piel un poco morena, aunque con ojos asiáticos. Pero, por la imagen, no estaban en Japón. Era el Mar Caribe, de eso no había duda. Algunas inscripciones escritas en español estaban alrededor de la imagen. Aquello debía ser Cancún o algo por el estilo. No podían estar de vacaciones. Ese lugar debía ser su hogar.

– Quizá deba regresar a ver a mi familia alguna vez, pero... –sonrió – Parece que al menos me divertiré este año aquí en Akanegaoka