El sol salía deslumbrante por las colinas. Un brillante día estaba naciendo y la gente en Jyoyo estaba preparándose para un día de descanso. Por fin eran los campeones y se irían a los nacionales. Cuanta emoción debía de generarles aquel acontecimiento a los jugadores. Prácticamente estaban de vacaciones, pues estaban a finales de noviembre y partirían a Tokyo para el Torneo Nacional hasta el 5 de diciembre, por lo que gozaban de diez fabulosos días de descanso, sin prácticas y con pocas clases (cortesía de Murakami). Ya era sábado nuevamente, y muchos de los jugadores pensaban en aprovecharlo bien, fuera para salir o descansar. Cierto chico no era la excepción.

– Ah, aún falta ¬¬

Masahiro miró su reloj, que marcaba ya las 7:15. Tenía ya tiempo levantando, y no era porque tuviera algo qué hacer, sino por la mera costumbre. Estaba hambriento, pero faltaban quince minutos para que se sirviera el desayuno, así que se quedó sentado frente a su escritorio, contemplando la fotografía que estaba en su mano. Aún cuando veía esa foto diariamente no podía dejar de sentir ganas de volver a verla.

Ahí estaban sus padres. Él, de ojos cafés (iguales a los de su hijo), cabello negro y mal acomodado rodeaba con su brazo el hombro de su esposa. Ella, de ojos verdes, cabello largo y castaño cargaba a un recién nacido en brazos. El bebé tenía sus risueños ojos entreabiertos, y apenas si se le distinguía uno o dos mechones de cabello en la sien. Aquél era el único recuerdo de sus difuntos padres.

– Mamá, papá…

Estaba por dejar la fotografía nuevamente en el escritorio cuando llamaron a su puerta. Saliendo como de trance, el muchacho bajó la imagen y la escondió. Luego se levantó y fue a abrir la puerta. Frente a él estaba Tanaka.

– ¿Qué ocurre, Yamazaki? ¿Ya está listo el desayuno? –preguntó el número 7.

Tanaka parecía apurado.

– ¡Date prisa, Masahiro! ¡Hay un gran alboroto fuera de los dormitorios, tenemos que ir a ver qué está sucediendo!

– Ah, bueno.

Salió de la habitación y cerró la puerta tras él. Bajó las escaleras lo más rápido que pudo (con Tanaka detrás de él) y llegó a la entrada principal de los dormitorios, encontrándose con Kyosuke y Miki. Kyosuke, más que alterado parecía confundido y somnoliento. En cambio, Miki estaba muy activa y parecía querer gritarle al Cabeza de naranja, pero se contuvo.

– Buenos días –saludó Masahiro.

– Buenos días, Masahiro-kun –Miki le devolvió el saludo.

– Ah, hola, Masahiro –bostezó Kyosuke mientras se frotaba el cabello con pereza.

– ¿Saben qué es lo que está pasando afuera? –preguntó Masahiro – Hay mucho ruido.

– No, pero sería mejor ver –Miki abrió la puerta.

Los tres salieron (Tanaka apareció instantes después). Casi todos los jugadores avanzados estaban ahí, observando. Ahí estaban, además, reporteros y camarógrafos provenientes de TV Tokyo. Esaka, al ver que Kyosuke había llegado, gritó a la reportera:

– ¡Oye, aquí está el que buscas! –y entre él e Ichikawa empujaron a Kyosuke al frente.

– … Y frente a mí se encuentra el hombre que rompió la marca de goles que nadie había tocado en más de veinte años. El orgullo de Akanegaoka y goleador estrella, ¡Kyosuke Kanou!

Kyosuke miró perplejo a la cámara.

– --U. Eh, hola.

– Señor Kanou, como bien sabe en el Torneo Nacional se enfrentan las mejores escuelas de todo el país, como los actuales campeones, Tenryu. Ellos eliminaron a Akanegaoka el año pasado. Díganos, ¿qué espera al enfrentarlos este año?

– Bueno… eh, sabe, si tuviera que elegir me quedarían con el estofado de arenques… pero también me gusta el tofu y no quisiera… –balbuceó Kyosuke.

– o.O. Yo me refería a Tenryu, no al tofu –se extrañó la reportera.

–¡¡Oye!! –Miki saltó detrás de Kyosuke y desesperadamente intentó acomodarle el cabello – ¡¿Qué pretendes con andar diciendo tonterías en televisión?! ¡Al menos arréglate el cabello!

– ¡Ah, me duele! T.T –gritó Kyosuke.

– ¡Kyosuke! ¿Tienes novia? –la reportera se dirigió a Miki – ¿Entonces te gustaría decir algo sobre el señor Kanou?

– A mí también me gustaría escuchar eso –comentó Rodrigo no muy lejos de ellos.

– Ella conoce mejor que nadie a Kyosuke en este mundo –aseguró Sakai.

Miki se encontraba muy nerviosa, y estaba sudando.

– Eh, el señor Kanou y no somos…

– ¿Qué es eso de "señor Kanou"? –se burló Kyosuke – Creo que enfermaré si escucho eso…

– ¡¿Qué has dicho?! –gritó Miki furiosa al ver que Kyosuke se alejaba soltando una risita burlona – ¡Vuelve aquí!

– ¡Espere, señor Kanou! –pidió la reportera.

Esaka tomó el micrófono.

– ¡Otro día lleno de alegría y felicidad en Jyoyo Akanegaoka! Reportando en lugar del Cabeza de naranja. Soy el capitán, Esaka –se acercó más a la cámara –. ¡¡Mamá, papá!! ¿Cómo les va en Osaka?

Detrás del campo de fútbol, al otro lado de la escuela, Miki y Kyosuke estaban contemplando las nubes y disfrutando de la brisa. Habían ido a ese lugar para escapar de esos reporteros y descansar (además para que Miki le propinara a Kyosuke una buena tunda por haber hecho el ridículo en la TV). Llevaban ya un rato tendidos en la hierba de una colina baja cuando Miki se incorporó.

– Hace un muy bonito día, ¿no crees, Kyosuke? –preguntó Miki.

Kyosuke apenas estaba despertando, así que no le prestó atención.

– ¿Me estás escuchando? ¬¬ –Miki se enojó un poco.

– Ah, sí –Kyosuke miró las nubes –. Pues sí, hay un buen tiempo hoy.

El chico no se había dado cuenta antes, pero cuando viró su cabeza hacia su interlocutora, notó que lo miraba fijamente, y tenía un brillo rosado en las mejillas. Miki, al ver que Kyosuke la había visto así, se puso más roja y volteó su mirada hacia el otro lado.

– Oye, ¿por qué te pusiste roja así de repente? ¬¬ –se extrañó Kyosuke.

– Eh, no, no es por nada –agregó Miki, apenada –. No te preocupes, Kyosuke -U.

– Mujeres…

El muchacho no le dio mayor importancia a eso y volvió a quedarse dormido. Mientras tanto, la peliverde se quedó sumida en sus pensamientos.

– ¿Se habrá dado cuenta de que lo estaba mirando? ¿Y por qué me puse roja así como así? Siempre lo veo y no pasa esto, pero son pocas las ocasiones en las que estamos así de cerca. Quizá y… –la muchacha suspiró – ah, Kyosuke. Esto es muy difícil para mí. No se como decirte que, que tú…

Decidió que no era el momento y se levantó del pasto. De repente, una intensa ráfaga de viento (proveniente de quién sabe donde) hizo a Miki perder el equilibrio y caer sobre…

– ¡¡AH!!

Miki se levantó del muchacho y parecía estar a punto de morir de vergüenza.

– ¡Lo siento mucho, Kyosuke! –dijo ella, roja como un tomate.

– No, no te preocupes U –agregó Kyosuke, también sonrojado.

Después de eso no se hablaron mucho en todo el día. Kyosuke no sabía porque, pero al tener a Miki encima de él, al sentir su suave piel, se había sentido bien. Era una sensación cálida, algo que nunca había experimentado (y eso que ella siempre lo golpeaba, pero nunca se habían tocado así). Se quedó todo el día mirándola fijamente, como buscando alguna respuesta a muchas de las dudas que le venían a la mente. ¿Acaso empezaba a sentir algo más que simple amistad por ella?

– Demonios, no me alcanza T-T –se quejó Masahiro, mirando su billetera.

Justo después de que el alboroto por los de TV Tokyo se acabara, Masahiro se había dado a la tarea de ir a la ciudad a hacer una compra. Llevaba ya media hora vagando por las tiendas del centro en busca de un buen regalo y aún no lo encontraba.

– Bien, este vale 6700 yenes, este 10000, este otro 5200… ¡ah! ¡! Por más que busque mi presupuesto es muy bajo. Vaya que ser pobre cuesta u,u.

De repente un dependiente de la joyería en la que estaba curioseando se acercó a él.

– Eh, joven, ¿lo puedo ayudar en algo? –preguntó el dependiente amablemente.

– Pues sí, señor. Busco un regalo para una chica muy especial. Algo que le guste, pero que no sea muy costoso –dijo Masahiro un poco avergonzado.

– Bueno, creo que tengo algo por aquí que se acopla a sus necesidades .

– ¿En serio? –preguntó Masahiro, emocionado.

– Sí, permíteme te lo muestro –y se dio la vuelta para ir a buscar en la bodega.

– Muchas gracias, señor nn

Mientras el dependiente iba por el objeto, Masahiro se quedó viendo por los vitrales de la tienda. La gente pasaba con prisa de un lado a otro, como siempre. Se quedó algo aburrido hasta que vio a dos individuos pasar corriendo por la acera. No le costó mucho reconocerlos: eran los buenos amigos de Kyosuke que siempre iban a verlo a sus partidos, Shibata y Gohara. Aunque ocasionalmente sonreían, esta ocasión ambos tenían un semblante de enfado, y cruzaban la calle con mucha velocidad.

¿Qué estarán haciendo esos chicos? –se preguntó Masahiro.

– Ya está, joven.

En la mano del encargado de la tienda colgaba una hermosa cadena de oro. Los ojos de Masahiro se iluminaron de repente. ¡Claro, esa hermosa joya le quedaría perfecta a Izumi! Se sonrojó un poco al pensar en ella, pero el deseo de verla se incrementó en sí.

– Es perfecta, señor. ¿Cuál es su precio? –preguntó el muchacho.

– Su precio original es de 6000 yenes, pero hoy es su día de suerte. Por ser el aniversario de la tienda se le otorgará un 20 de descuento –dijo el hombre.

– ¡Perfecto, sí me alcanza! ¡Me lo llevo! –exclamó Masahiro, animado.

El dependiente colocó la cadena en una fina caja y la puso en una bolsa de plástico. Masahiro vació su billetera y le entregó el dinero.

– Gracias por su compra –dijo el dependiente, haciendo una reverencia.

– Igualmente gracias –dijo Masahiro, devolviendo el gesto.

Contento, salió de la tienda. Ya tenía el regalo, ahora tenía que pedir la cita. Masahiro aún no tenía un plan. Vagó un rato por las calles (como solía hacer cuando vivía en Tokio) y sin pensarlo, se encontró en un pequeño parque. Dentro del mismo estaban otros dos amigos de Kyosuke, Rie y Okabe. Pero ellos ya iban de salida, así que cuando pasaron junto a él lo saludaron y se fueron. Masahiro caminó un poco y se acercó a los columpios. Se sentó en uno de ellos y se quedó pensando un rato.

– ¿Cómo se lo voy a pedir?

En ese momento le llovieron los recuerdos de aquella mágica noche en la que estuvieron juntos. Él quería volver a tocar la piel de Izumi, quería sentir sus labios junto a los suyos y lo más importante, quería hacerle saber sus sentimientos a ella, a esa chica que le había robado el corazón. Pero no solo era su cuerpo lo que demandaba Masahiro. Aquella ternura que irradiaba de su mirada le hacía querer más y más estar a su lado. Y así, entre fantasía y fantasía se fue quedando adormilado, hasta que…

– ¡¡ZAZ!!

Masahito soltó un sonido ahogado. Le había caído un balón de fútbol en la cabeza, haciendo que se cayera del columpio y que le saliera un gran chichón. Se quedó tumbado un rato en la arena del parque, hasta que alguien lo zarandeó para que se levantara.

– ¡Lo siento! ¿Estás bien? –dijo alguien, moviéndolo.

Abrió los ojos lentamente, encontrándose con lo que parecía ser un par de zafiros azules frente a él. Junto a ese tono azul, vio unos rayos dorados, y entonces se le subieron los colores a la cara. Ahí estaba ella. La dueña de sus pensamientos, Izumi, quien lo tenía loco por ella, estaba a su lado, tratando de hacer que entrara en razón. El muchacho, avergonzado y emocionado, se levantó de golpe.

– ¡Izumi-chan!

– Vaya, menos mal que estás bien, Masa-kun - –dijo ella, aliviada.

– ¿Pero qué haces aquí? –preguntó el joven, nervioso.

– Te ves algo alterado, ¿quieres sentarte? –preguntó ella.

– Bueh u.u

Buscaron una banca desocupada en el parque y se sentaron en ella. Poco después aparecieron los hermanos de ella, Kasumi y Narahito, quienes se acercaron ansiosos.

– ¡Onee-chan! –exclamó Narahito – ¿Has visto el bal…?

– ¡Hola, Masa-kun! –lo saludó la pequeña Kasumi.

– Eh, hola -U.

– Lo siento, Masahiro. Fueron mis hermanitos quienes te lanzaron el balón –dijo Izumi, apenada.

– Así que ahí cayó –dijo Narahito, riendo a lo bajo.

– ¡Narahito! –Kasumi le dio un zape en la nuca a su hermano – ¡Sé un poco más cortés con Masa-kun! Por favor, perdónanos.

– Bueno, no importa –agregó Masahiro.

– ¡Kasumi, sigamos jugando! –dijo el niño.

– ¡Sí!

Los mellizos tomaron el balón y se fueron corriendo. Al fin, Masahiro estaba a solas con aquella chica, la chica de sus sueños. Era su oportunidad, tenía que decirle de una vez.

– Estos niños, vaya que si son descuidados. Por cierto, Masahiro, ¿qué hacías por acá, eh? –preguntó Izumi.

– Ah, yo solo… yo solo venía a hacer unas compras para el dormitorio de Akanegaoka U.

– Espero que mis hermanos no te hayan quitado mucho tiempo en sus deberes.

– ¡Claro que no, no te preocupes! –exclamó Masahiro, sonriendo.

– Qué bueno n.n

¿Cómo se lo digo? –pensaba él.

Hasta ese momento Izumi había estado viendo a sus hermanitos jugar, pero de repente giró su cabeza para ver a Masahiro, quien en ese momento estaba contemplándola. Al chico se le pusieron rojas las mejillas y se viró hacia la otra dirección. No debía descubrir todavía sus intenciones.

– ¿Te sucede algo, Masahiro? ¿Tienes frío?

– ¡No, estoy bien! –y el joven enrojeció aún más.

– Te noto algo extraño, Masahiro. ¿Qué te ocurre?

– No pasa nada. Solo quería preguntarte, si tú…

– ¿Si yo…? –Izumi estaba perpleja.

– Si no tienes nada que hacer hoy –Masahiro se puso de pie –, ¿te gustaría salir conmigo?

– ¿Lo dices en serio? –Izumi también enrojeció, pero sonrió a la vez.

– ¡Claro que sí! ¡Me encantaría salir contigo, Izumi! –dijo él.

– Entonces, sí quiero n.n –dijo ella.

– ¡Genial! Pasaré a buscarte a tu casa a las tres en punto, ¿está bien?

– Muy bien. Estaré esperándote… –eso último lo dijo a lo bajo, para que Masahiro no lo escuchara.

Masahiro se despidió de ella y se fue corriendo con dirección a los dormitorios de Akanegaoka. ¡Al fin! ¡Tendría una cita con Izumi!

– "La más bonita de todas…" –canturreaba alegre Masahiro.

El muchacho estaba bastante feliz dándose un buen baño para su compromiso de aquella noche. Apenas terminó de bañarse se puso su mejor ropa, tomó la cadena de oro y bajó a la entrada. Vio a Kyosuke y Miki, quienes salían por la puerta en ese momento. Estaba a punto de hacer lo mismo cuando alguien lo jaló por la camiseta.

– ¡MIYAMOTO!

– --U

– ¿A dónde vas tan elegante, eh, Casanova? –le preguntó Esaka sin soltarlo.

– Yo solo iba a… –Masahiro intentaba zafarse, pero Esaka no lo dejaba.

– De seguro va a una cita –agregó Ichikawa, quien reía cerca de ellos.

– ¡Ajá! ¡Con qué es eso! Ya decía yo… –Esaka al fin lo soltó.

– Lo siento, se me hace un poco tarde –miró su reloj –. ¡Es hora de irme!

– ¡Claro! No debemos dejar que la afortunada señorita se sienta plantada por tremendo galán. Bien, vete en paz hijo mío –dijo Esaka religiosamente.

– Bueh u.uU.

Masahiro se acomodó su abrigo rojo y se fue caminando. Esta era su gran oportunidad de conquistar por fin al amor de su vida, pero tenía que planear bien como lo haría. "Al cine primero, luego a comer… ¿o al parque y después al karaoke?..." Masahiro no pudo tomar una decisión a tiempo, ya que cuando se dio cuenta de hacia donde lo llevaban sus pies estaba frente la casa de Izumi. Masahiro tragó saliva, contó hasta tres y con paso decidido tocó el timbre de la casa. Tras esperar unos instantes, una voz le gritó:

– ¡Espera un momento! ¡Ya salgo!

– Bien…

Luego de algo así como diez minutos se abrió la puerta, y al chico se le subieron los colores al rostro. Para ser casi invierno llevaba un atuendo no muy apto para el clima: llevaba puesta una minifalda muy corta (al chico casi le sangra la nariz por verla), una blusa tres cuartos y su abrigo en la mano. Su cabello estaba ondulado y brillante, y a ella también se le notaba un brillo rosado en las mejillas. Izumi bajó los escalones de la puerta y cerró la puerta tras sí.

– Ah, Izumi, hola –la saludó Masahiro alegremente.

– Masa-kun, gracias por invitarme a salir hoy n.n –dijo ella.

– Po… por nada. Esto, te ves muy bien, Izumi –titubeó Masahiro.

– Muchas gracias . ¿Nos vamos? –preguntó la chica.

– Sí, vamos.

Salieron caminando algunas calles, hacia el centro de la ciudad. Masahiro aún no se la podía creer. ¡Lo había conseguido! ¡Estaba junto a aquella muchacha, la dueña de sus sueños! Su corazón latía lo más que podía a cada momento que él pasaba a su lado. Caminaban tan cerca el uno del otro que sentía su exquisito aroma como si la tuviera frente a frente. Era un olor delicioso, tan puro, tan bello, tan… Izumi. Lo que esa tarde había conseguido esa era una gran hazaña, pero no podía arruinarlo. Tenía que hacer que todo saliera bien. De antemano sabía que si intentaba planear todo de pies a cabeza le saldría mal, así que pensó en improvisar. Tras un rato de caminar, volteó su rostro a su acompañante. No debía titubear.

– Bueno, ¿a dónde quieres ir, Izumi? –preguntó Masahiro.

– Pues bien, hay una buena película inglesa en el cine –miró su reloj –. Falta poco para que empiece, ¿vamos a verla?

– ¡Adelante!

El cine no estaba muy lejos, y como faltaba poco, Masahiro tomó la mano de Izumi y pegó la carrera con rumbo al cine. El trayecto, aunque corto, le pareció eterno al muchacho. Esa sensación sedosa de suavidad era exquisita. Su mano estaba fría, pero se calentó mucho cuando Masahiro la apretó contra la suya. Tenerla así, aunque fuera solo por su mano era una gran emoción. Se acordó de lo que pasó en casa de ella hacia algún tiempo y se decidió en repetirlo. Él compró los boletos para ambos y entraron.

Como las puertas del cine eran muy angostas, tuvieron que entrar uno pegado del otro. De repente, Masahiro sintió la sensación cálida de la piel de Izumi cerca de él, cosa que le hizo sentir un cosquilleo en el estómago. Estuvo a punto de tocarla, pero se contuvo. Mejor se esperó y entraron a la sala. Llegaron justo a tiempo, ya que la función estaba a punto de empezar. Tomaron asiento en los asientos de la fila superior. Y la película comenzó.

Para ser francos, el muchacho no prestó atención en nada de la película. Tenía la cabeza de Izumi apoyada en su hombro, y su cabello dorado, que caía sobre su regazo le hacía cosquillas. Las manos de Masahiro lentamente se perdieron entre las de Izumi, pues podía ver que ella tenía algo de frío. Suavemente, ella levantó los ojos hacia él.

– Es una linda película, ¿no crees? –dijo ella suavemente con un ligero brillo rosado en sus mejillas.

– Sí… –dijo Masahiro, viendo la pantalla por primera vez.

En la película una pareja estaba teniendo su propio momento amoroso en ese momento. Masahiro no pudo quedarse con las ganas e intentó hacer lo propio con su chica, ahí. Estuvo a punto de besarla, pero en eso la película terminó y las luces se encendieron. Masahiro, rojo de vergüenza, levantó su rostro de repente y se quedó inmóvil. Izumi se apartó, un tanto decepcionada, pero igualmente se le veía contenta. Ambos se levantaron de sus asientos y se dirigieron a la salida, Fuera del cine no se hablaron mucho hasta que llegaron al parque. Una vez ahí, a Masahiro le rugieron las tripas. Izumi se percató de eso y con una risita le tomó de la mano.

– Será mejor que vayamos a comer algo - –propuso ella.

Masahiro no se negó y fueron a comerse una buena hamburguesa. Masahiro comía con su habitual paso rápido, devorando su comida rápidamente. Para ella resultaba ser un espectáculo muy gracioso.

– ¡Comes como un bárbaro, Masahiro! –exclamó Izumi, aguantándose la risa.

– Lo siento, pero tenía hambre T-T –se excusó él.

Comer tan rápido hizo que se ensuciara la boca y parte de sus mejillas. Izumi, dándose cuenta de eso, sacó un pañuelo y se acercó a limpiarle. Al percibir sus dedos se deslizaban suavemente por su rostro sintió un leve cosquilleo en el estómago, al tiempo que se le calentaban las mejillas. Masahiro levantó su mano para detenerla.

– Está bien, Izumi-chan. Puedo limpiarme solo –dijo el muchacho futbolista.

– Tranquilo, Masa-kun. Estoy a punto de terminar…

Izumi dejó de mover su pañuelo en un instante. Masahiro suspiró aliviado después de eso, pero se volvió a sonrojar cuando la chica le dio un pequeño beso al lado de su boca, donde se había ensuciado. ¡Qué delicia era sentir los labios de aquella chica tan cerca de los suyos!

– Listo, ya he terminado . ¿Eh, Masa-kun? –se extrañó ella.

– -U

– Jeje, ¡que caras haces, Masa-kun! –dijo Izumi, divertida.

– Bueh u.u –suspiró Masahiro.

Terminaron de comer y siguieron con su paseo por la ciudad, esta vez al centro comercial para que Izumi pudiera comprar sus nuevos tacos para el equipo. Dentro del gran edificio habían tiendas de todos tipos: zapaterías, boutiques, supermercados, heladerías, cafeterías… demasiadas cosas como para solo tener dos ojos para ver. Masahiro nunca había ido a ese lugar antes, pero Izumi no le dejó conocer más pues fueron directamente a la tienda de artículos deportivos. Tardaron bastante tiempo en decidir un par que le quedara a la chica, pues no se ponían de acuerdo en si debían ser o muy ligeros o muy coloridos.

– ¡Masa-kun, déjame comprar estos! Son muy lindos –dijo Izumi, levantando su par de tacos rosas.

– ¿Acaso estás loca? –Masahiro, enojado, tomó los zapatos – ¡Pesan mucho! ¡No podrás correr libremente con estos ladrillos en los pies!

– ¡Pero yo los quiero! –argumentó ella –¡Dí que sí! Por favor…

– No insistas, te podrían causar alguna lesión si pisas mal con ellos –dijo secamente el muchacho.

– Pero… –ella se acercó él lentamente – si me lastimara tú me cuidarías, ¿verdad?

A aquellos ojos azules tan tiernos no se les podía decir que no.

– Bueno, creo que… muy bien, llévatelos u.u –Masahiro se dio al fin por vencido.

– ¡Gracias! –exclamó Izumi, abrazándolo.

Fueron a la caja e Izumi le entregó el dinero a la cajera. Una vez pagados salieron de la tienda.

– Vaya, es muy temprano. Apenas si son las 6 de la tarde –comentó Masahiro, viendo su reloj.

– Está bien, al menos papá no me dio una hora límite para llegar a casa. ¡Aún hay mucho que podemos hacer!

Ojala que todo mi dinero me alcance… –pensó Masahiro.

– Masa-kun, ¿pasa algo? –preguntó Izumi, viendo a su acompañante.

– No, nada . Eh, ¿te parece si vamos al parque a caminar un poco? –sugirió él.

– Sí n.n

Salieron del centro comercial y se fueron caminando lentamente por la calle con rumbo al parque. Mientras caminaban el sol iba ocultándose lentamente entre las colinas. Masahiro vio atentamente: ese brillo solar le daba un tono anaranjado a las montañas. "Ahora entiendo porque se llama Akanegaoka…". Bueno, en realidad no importaba siempre y cuando disfrutara del atardecer junto a Izumi. Era una atmósfera perfecta para… para el amor.

Era el momento. Lo tenía todo a su favor, ¡tenía que intentarlo! Lentamente fue acercándose más y más a ella y, con mucha cautela, entrelazó su mano con la suya. Al instante sintió su calor entre sus dedos; tenerla ahí era muy reconfortante. Masahiro respiró profundo y se detuvo, giró su cabeza y se puso frente a frente con Izumi. Tras ellos estaba el cielo rojo. Estaba nervioso, pero a la vez emocionado.

– Izumi, yo… –cerró los ojos – la verdad no sé como hacer esto, pero…

– ¿De qué estás hablando, Masa-kun? –preguntó ella, perpleja.

– Pues –sacó la cajita con la cadena de oro –, yo quisiera darte esto, toma.

Izumi tomó la cajita, agradeció a Masahiro y la abrió. Sus ojos de llenaron de luz al ver el oro que brillaba en su mano. Entonces su mirada se posó en los ojos del chico, y parecía que no podía articular palabra. Tenía una expresión a punto de llorar, pero de alegría. No se la podía creer.

– Masahiro…

Masahiro puso su dedo índice en sus labios.

– No digas nada más. Izumi –tomó sus manos otra vez –, tú… tú quisieras, ¿te gustaría que tú y yo…?

La chica no esperó a que el joven terminara su petición. No dijo nada, solo asintió levemente con la cabeza, se tiró a los brazos de Masahiro y se puso a llorar de la emoción. Masahiro se puso rojo cuando ella se abalanzó sobre él, pero se unió en un abrazo en señal de alegría. ¿Lo había conseguido?

– Entonces… ¿eso es un sí? –preguntó Masahiro, ilusionado.

– ¿Tú qué crees, tontuelo? –le susurró ella al oído.

– Sí… T.T

El muchacho no pudo contener sus ganas y separó los mechones dorados de entre sus ojos. Se encontró con esos zafiros azules que se apagaron cuando Masahiro juntó su boca con la de ella y se unieron en un beso. Esa era la mayor alegría que había recibido en su vida: había ganado a gran pelea del amor y tenía conquistada a la dueña de su corazón. Masahiro no supo cuantas personas los vieron en besándose en medio de la calle, pero le importó un comino. El que estaban haciendo era un verdadero gesto cálido. Volver a sentir sus labios era grandioso, su dulce sabor era exquisito. Inspeccionó cada rincón de su boca casi comiéndosela, pero con sutileza. Su sabor era lo más delicioso que había probado en toda su vida, tan dulce como la miel. Le reconfortaba cada rincón de su cuerpo y de su alma. La llama de su amor ardía con más fuerza que nunca.

Permanecieron así quien sabe cuantos minutos, pero la necesidad de respirar los hizo separarse. Justamente en ese momento comenzó a nevar. La blanca nieve caía lentamente sobre ellos. El chico nunca había visto nevar antes, pero tampoco había sentido tanto frío. Comenzó a temblar.

– ¿Qué pasa, Masa-kun? ¿Tienes mucho frío? –preguntó Izumi, tiritando.

– Sí –Masahiro comenzó a temblar.

– Deja y te ayudo…

Se puso junto a él y pasó su brazo por su espalda. Masahiro comprendió y también extendió su brazo, y su mano fue a posarse en la cadera de ella. Ese era un lugar muy comprometedor… pero tenía frío, y si quería calentarse sería mejor que no se pasara. Izumi también temblaba, así que la aferró más a su cuerpo.

– Gracias n.n –dijo ella.

– De nada . Oye, será mejor que nos vayamos o si no nos congelaremos aquí –dijo Masahiro.

– Claro –aceptó Izumi.

Se fueron caminando por la acera y después de un rato llegaron a un gran edificio. En luces de neón se leía KARAOKE. Así que ahí lo había traído esa pilluela.

– ¿Y qué dices, Masahiro? ¿No cantas mal la ranchera? ¿Crees poder vencerme en una competencia de canto? –lo retó la joven, desafiante.

– ¡¿Qué si no se cantar la ranchera?! Yo he cantado con los mejores Mariachis –dijo el joven altaneramente.

– Ya veremos si eres tan bueno. ¡Entremos!

Aún abrazados entraron al karaoke, que parecía estar vacío, pero en realidad no lo estaba. Al micrófono estaba… ¡¿KYOSUKE?!

– O.o…

Frente a la consola y T.V. con las que Kyo-kun estaba cantando estaban Rie, Okabe, Kana, Shibata, Gohara y (para su sorpresa) Miki, quien era la que más atención prestaba a la canción del muchacho. Se veía embelesada al ver el esfuerzo y gracia con la que Kyosuke cantaba que no notó que Masahiro e Izumi entraron hasta que Okabe los vio.

– ¡Miren, si es Masahiro-san! ¡Oigan, chicos, vengan acá con nosotros! –les gritó Okabe desde su mesa.

– ¡Y viene bien acompañado! –dijo Shibata apenas se sentaron. Entonces observó a Izumi con sorpresa –Oye, ¿no serás por casualidad prima hermana de Kana? U

– Qué dices, Shibata –dijo Kana, apenada.

– ¡Es cierto, son idénticas! –se asombró Gohara.

– Bueh -.-U –Masahiro mejor se quedó callado.

– ¡Hola, Miki! –dijo Izumi alegremente.

– ¡Ah, Izumi! n.n ¡Y Masahiro también! –Miki soltó una risita al verlos juntos.

Kyosuke en ese momento estaba terminando su canción.

– ¡Oigan, estaban escuch…! –vio a los recién llegados – ¡Masahiro! –se abalanzó sobre él y lo tumbó en el suelo, al mejor estilo Esaka – Una cita a solas con esa chica del equipo femenino, ¿eh?

– Mira quién lo dice, "señor no estoy con la capitana"… –se defendió Masahiro al tiempo que se quitaba a Kyosuke de encima.

Miki y Kyosuke se sonrojaron un poco mientras los demás reían. Ya estando libre, Masahiro se sentó en la mesa junto con Izumi y los demás. Tras pedir unas bebidas para él e Izumi, Masahiro se levantó para ir a competir contra Kyosuke en un duelo de canto.

– ¿Seguro que quieres retarme, Mariachi-sama? –lo desafió Kyosuke.

– ¡Claro! ¡Y te voy a ganar! –aseguró Masahiro.

Comenzó Kyosuke, con una canción de rock llamada "Hungry Heart" de Bruce Springsteen. A pesar de estar en inglés, él ponía mucho énfasis y esfuerzo en cantar bien. No tendría una gran voz, pero su esfuerzo lo compensaba. "Será difícil" pensaba Masahiro, "pero lo puedo conseguir". Una vez que Kyo-kun terminó (y los demás, sobre todo Miki, aplaudieron para felicitarlo) llegó el turno de Masahiro. Tomó el micrófono y con mucho cuidado eligió la canción. Se decidió por una en particular, llamada "You've Got a Game" de Hiro-X, y probó su suerte. La música empezó, y después… Masahiro cantó como nunca lo había hecho, rebosando energía con cada nota. Todos (incluyendo Kyosuke) lo veían con la boca abierta, impactados de su representación, al igual que se maravillaban con la melodía. Masahiro con cada estrofa miraba fuertemente a los ojos a Izumi, quien lo veía embelesado. Después de terminar su canción Kyosuke se le unió y cantaron juntos por toda la noche. Lo único que Masahiro recordaba (y no por haber quedado ebrios, sino por todo lo que vivió) fue que esa noche fue… inolvidable.