I. Despedida.

Era una fría noche, estaba nublado y la llegada del invierno cada vez era más notoria. Pero eso no le importó a una muchacha de unos 15 años que salió de su casa usando su ventana, para llegar a la escaleras para incendios, sin prestar atención a la hora que era ni tampoco al frío viento que la recibió cuando salió. Sólo deseaba alejarse lo más rápido de ese lugar.

"Genial" pensó ella, irónica "lo que me faltaba, que se ponga a llover... maldito día"

Helga G. Pataki, con una mochila en su espalda, se fue alejando con paso rápido de su casa, para que no la vieran en caso que salieran a buscarla. Aunque en parte no le extrañaba que pasara una semana y ellos no se dieran cuenta de su ausencia.

La muchacha consideraba que desde ese momento, comenzaba una nueva vida. Se había aburrido de tener que estar con personas que no la escuchaban, que no les interesaba, que la consideraban una mala jugada de la vida, porque eso le había dicho Big Bob, en una discusión bien fea que habían tenido, y sólo por hacer un comentario de Olga, que estaba de visita en esos momentos.

"Ya cállate princesita, gastas oxígeno en vano con tanta estupidez que hablas..."

Ni siquiera había sido tan terrible, pero a Olga le había dolido tanto que se puso a llorar, y eso Big Bob no lo iba a soportar, y comenzó todo el escándalo...

Olga lloraba, Miriam trataba de consolarla y Bob y Helga se gritaban, parecía casa de locos. Ya no valía la pena pensar más en eso, finalmente se habían dicho todo, sin ocultar pensamientos ni sentimientos. Helga reconocía que enojada había dicho muchas cosas sin pensar, pero a ella también Bob le dijo cosas que deseaba olvidar.

Después de la discusión (que sólo terminó con la histérica intervención de Olga, que había comenzado a llorar más fuerte, y Bobo fue con ella y, como siempre, había olvidado a Helga), la chica subió corriendo a su cuarto y recién ahí se permitió llorar, maldiciendo a todo y a todos a cada momento, incluyendo a ella misma.

Y fue ahí que lo decidió. Si no era importante para ellos, no tenía nada que estar haciendo ahí, así que tomó un poco de ropa, el dinero que llevaba junto para el viaje de fin de curso, algunas cosas que le parecieron indispensables, y se fue.

Mientras arreglaba sus cosas, tratando de no llorar más, trataba de apoyarse con una frase, que se repetía una y otra vez: "no les va a importar, todo será mejor"... pero ni siquiera ella estaba segura. "Phoebe... quizás ella sea la única que me extrañe... lo siento, amiga, pero de verdad no puedo soportarlo más"

Helga no supo la razón, pero caminando después de salir de su casa, inconscientemente había llegado a la casa de Arnold. Se detuvo, mirándola por algunos minutos, como tratando de memorizarla bien. La verdad era que no sabía cuándo volvería a verla.

"Arnold..." pensó "me gustaría estar segura que tú me extrañarás y te acordarás de mí, pero quizás yo misma no he hecho más que alejarte, mostrándome de una manera agresiva en contra tuya... de verdad lo siento"

Cuando estaba volteando para continuar caminando, sintió que la puerta se abría con rapidez.

-Helga¿qué haces aquí?- la voz de Arnold la escuchó suave, como la caricia que siempre esperaba de él, y que nunca llegaba.

-Es la calle, aún tengo libertad para andar por ella¿no?- dijo ella, intentando ocultar lo mal que estaba en esos momentos -¿qué haces aquí, Cabeza de balón?

-Bueno... aquí vivo, Helga, por si lo habías olvidado- contestó Arnold, sonriendo levemente.

A la chica la broma no le pareció muy divertida, de hecho, la entristeció un poco más. De pronto ella notó que el joven se acercaba a ella lentamente, como si estuviera temiendo que ella tuviera una mala reacción.

-¿Qué haces a esta hora en la calle?- le preguntó -son pasada las 11 y mañana tenemos escuela.

-Camino- contestó fríamente Helga -métete en tus asuntos, Arnoldo, y déjame tranquila con los míos.

Arnold, conociéndola como la conocía, se dio cuenta que algo le pasaba, y lo más seguro es que tuviera que ver con su familia. Quizás habían vuelto a discutir, como tantas otras veces.

-Hace frío- dijo el muchacho, buscando alguna forma de llegar a ella, puesto que intuía que lo necesitaba -¿quieres entrar a la casa un rato? Puedo pedirle al abuelo que nos prepare chocolate caliente, y después te podemos ir a dejar a tu casa, si es que se hace muy tarde.

"¿Por qué tiene que ser así?" se preguntó Helga, bajando su mirada al suelo. "¿Por qué tiene que ser tan bueno siempre, aunque sea conmigo, que lo único que hago es molestarlo?"

-¿Qué dices, Helga?- preguntó él, acercándose más.

En esos momentos, una suave llovizna comenzó a caer sobre ellos. Helga la observó antes de contestar, pensando muy bien en las siguientes palabras, tratando de no quebrarse en frente de él.

-No te pases de listo, Cabeza de balón- dijo Helga despectivamente, tratando de comportarse igual que siempre con él -¿qué te hace pensar que aceptaría esa invitación de tu parte?

-Bueno...- Arnold miró a su alrededor, quizás buscando razones -hace frío, ha comenzado a lloviznar y se supone que pronto lloverá, no estás muy abrigada, y es mejor que estés en mi casa a que te pases la noche vagando por la calle, porque se nota que no tienes intenciones de volver a la tuya... además, te puede pasar algo malo.

Helga no contestó inmediatamente. Por momentos, la propuesta que Arnold le hizo logró que dudara sobre lo que deseaba hacer, pero luego pensó que en algún momento todo eso se acabaría y tendría que volver a la frialdad de su casa, con unos padres que pensaban que sólo su hermana mayor vivía... y ella no estaba para continuar viviendo así.

-Te equivocas, Arnoldo- replicó Helga, sonando muy segura -porque ahora me iré a casa, ya me cansé de caminar.

Sin mirarlo siquiera, Helga continuó su camino.

-Espera, Helga- dijo Arnold, al verla alejarse -vuelvo en un segundo.

Helga se detuvo y volteó, para ver entrar a Arnold rápidamente a su casa. Volvió momentos después, con un paraguas y una chaqueta.

-Pero...- comenzó Helga, con cierto nerviosismo al ver acercarse mucho al muchacho.

-Toma- le dijo Arnold, poniéndole la chaqueta a la chica y pasándole el paraguas -no sería bueno que te mojaras.

Helga recibió el paraguas, tan conmovida que no fue capaz de articular palabra. Ambos se quedaron mirando, sin moverse. En vez de sentirse incómodos o algo así, les dio la impresión que entre ellos nació "algo" que no podían explicar, pero que los hacía sentirse muy bien.

-Gracias, Arnold- le dijo Helga, sonriendo mientras abría el paraguas -gracias por todo, de verdad.

"Por lo feliz que me has hecho todos los años que hemos estado relativamente cerca..."

Arnold le sonrió y Helga continuó su camino. Ella pensó que si seguía como estaba con él, no sería capaz de irse.

-Helga- la llamó el muchacho, ella lo miró -tu casa está del otro lado.

Ella se sonrojó, notando el pequeño error. Rió un poco.

-Ah, jejeje... que tonta¿no?- dijo, avergonzada, y luego comenzó a caminar del lado contrario.

-Nos vemos mañana en la escuela- le dijo Arnold.

Helga lo miró unos momentos, y luego le sonrió. Al chico le pareció, en un primer momento, una mirada cargada de tristeza y resignación. Después, la rubia dio media vuelta y continuó su camino, supuestamente hacia su casa.

Arnold la quedó mirando unos minutos, no sabía la razón, pero esa conversación lo hacía sentirse extraño. El rubio sentía que había algo que no se había dado cuenta respecto a Helga, sin contar que la última mirada que le dio... se veía como una despedida.

-Arnold, ya entra que hace mucho frío- escuchó desde el interior de la casa.

-Sí, abuelo...

Dándole una última mirada a Helga, entró a la casa, con ese extraño sentimiento dentro de él.

Desde la esquina Helga esperó a que Arnold entrara para tomar una calle que no la llevaba a su casa, al contrario, la alejaba más de ella.

"Gracias Arnold, tú siempre intentando ayudarme y sacar lo mejor de mí"

En parte, el verse con Arnold la animó más, se sentía feliz de haberlo visto una última vez antes de irse de ahí, así pudo "despedirse" a su manera.

Llegó a la parada de autobuses y se sentó a esperar un rato, pero desistió cuando comenzó a sentir demasiado frío, sobre todo en sus pies, que poco a poco sentía que se congelaban un poco. Decidió seguir caminando, tratando de calentarse caminando más rápido.

Había comenzado a llover, y a pesar que el paraguas que Arnold le había pasado, y también la chaqueta le ayudaba mucho, poco a poco comenzaba a mojarse.

Helga en poco rato notó que estaba en un lugar que no conocía, nunca había estado en esa calle antes... o quizás era el frío el que no la dejaba fijarse bien en lo que la rodeaba... o quizás la lluvia era la que cambiaba todo a su alrededor, haciéndolo irreconocible para ella... o quizás era el dolor de cabeza agudo que había comenzado a sentir, que no la dejaba ni enfocar bien.

La verdad, para ella, nada de lo anterior tenía importancia. Había estado caminando durante horas bajo la lluvia, tenía frío, hambre y sueño... al menos estaba un poco tranquila porque estaba lejos de su casa.

Decidió sentarse unos minutos a descansar en el pórtico de la casa que estaba en frente de ella, al menos así estaba protegida de la lluvia, aunque de antes estuviera mojada.

Helga no se dio cuenta el momento en que se quedó dormida, acurrucada en el pórtico.

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NOTA: Hola!, espero que les haya gustado el primer capítulo del fic. Por si acaso, es mi primer fic de esta excelente serie que es "Hey, Arnold". Espero algún comentario de parte de ustedes.

¡Saludos!