VI. Epílogo.

Helga sentía algo extraño en su estómago mientras iba camino a su casa. Quizás era temor por la reacción que su familia tendría al verla, después de casi un mes desaparecida, llegar así nada más, sin dar muchas explicaciones...

-Uhm... quizás sí es miedo...- murmuró, al ir reconociendo los lugares por los que iba caminando, poco a poco se iba acercando a su barrio, y por más que lo intentaba, no podía pensar en lo que le diría a sus padres o a la misma Olga cuando los viera nuevamente.

-¿Helga?

La voz la hizo voltear, y se encontró con un chico de su edad, rubio, con cálida mirada y una enorme sonrisa. Arnold la observaba como si no pudiera creer lo que sus ojos veían. Atrás de él, estaban sus abuelos, que también le sonreían.

-¡Helga!

Para sorpresa de la chica, se acercó casi corriendo y la abrazó, tal como lo había hecho en repetidas ocasiones, ya sea por cualquier motivo. Pero esta vez, algo cambió: ella no lo retiró con la violencia que acostumbraba, ni siquiera se movió. Por primera vez, se permitió disfrutar de las muestras de cariño que el Cabeza de Balón tenía para con ella.

-Hola, Arnold- dijo ella, con suavidad. El rubio se separó de ella y la miró -¿cómo has estado?

-¿Yo¡acá importas tú, Helga!- replicó él, feliz –no puedo creerlo, la verdad es que a todos nos tenías muy preocupados.

-No era mi intención...- murmuró la chica, bajando la mirada –quizás necesitaba unos días estar lejos de todos, para comprender...

-Eso ya no importa ahora- la cortó Arnold, en parte entendiendo que a ella le costara hablar de esos temas –lo que interesa de verdad es que has decidido regresar a tu casa, a pesar de los problemas que han tenido.

Helga asintió, sonriendo. No entendía la razón, pero un molesto nudo se había formado en su garganta, impidiendo que las palabras salieran. Sentía que si continuaba hablando, las lágrimas irremediablemente saldrían de sus ojos. Y ella no quería eso...

-¿Y ese gato?- Arnold la sacó de sus pensamientos al notar el gatito de ella acurrucado en sus brazos.

-Es mío... se llama Mantecado.

Arnold rió al escuchar el nombre, y ella lo miró con cierta vergüenza. Si supiera que le puso así en honor a él... le gustaría ver su cara al escucharlo.

-Hombre Pequeño, nos vamos- dijo Phil –si quieres acompañas a tú amiga a su casa.

-Gracias, abuelo- sonrió Arnold -¿te molesta que vaya contigo?

-Si te digo que si me vas a acompañar igual, así que da igual- contestó Helga, encogiéndose de hombros.

Ambos caminaron durante algunos minutos en silencio. Arnold tenía deseos de hablar de muchas cosas con ella, pero no encontraba las palabras justas para expresarse... algo extraño en él, pero consideraba a Helga tan... "especial", que no deseaba espantarla si es que se pasaba.

-Arnold...- dijo ella de pronto.

-¿Si?

-... Gracias por todo.

Aunque no entendía del todo a qué se refería con eso de "todo", el rubio respondió a la sonrisa que ella tenía con una igual. A la distancia, ambos pudieron ver la casa de Helga. La chica continuaba un tanto nerviosa por lo que les diría a ellos cuando la vieran... trataba de buscar las palabras justas para intentar explicarles por qué decidió irse... y por qué había decidido volver.

-¿Estás bien?

Helga se había quedado parada en frente de la puerta, y la miraba fijamente. De pronto, había comenzado a sentir algo que no podía explicar, quizás era miedo... ¿Y si ellos estaban mejor sin ella¿qué hacía si se enojaban demasiado al verla volver de un día a otro?. No podría soportar otro rechazo de su parte, no después de todo lo que había entendido.

De pronto, sintió en su mano una calidez extraña. Miró a su lado y se dio cuenta que Arnold le había tomado la mano, y le sonreía. Le pareció por momentos que él la comprendía completamente, que sabía de sus miedos, y que el modo de apoyarla era ese: dándole de su calor para seguir adelante.

Sin decirse palabra, los dos comenzaron a subir las escalinatas. Helga suspiró antes de abrir lentamente la puerta... y fue cuando los vio.

No lucían muy bien. Parecía que los tres habían tenido muy pocas horas de sueño en semanas, en sus caras se notaba cierta desesperación al no saber de qué otra forma actuar.

Fue Miriam la primera en verla. Se puso de pie dando un grito que llamó la atención tanto de Bob como de Olga, que después de mirar a su madre, siguió sus ojos.

-¡Helga!

Arnold se había quedado en el portal de la casa, pensó que no era correcto interrumpir el reencuentro familiar. Sonrió al ver la reacción de los padres de Helga, que cuando reaccionaron corrieron hacia ella y la abrazaron, lo mismo que Olga.

El muchachos los miró durante algunos momentos. Pensó que quizás lo que había hecho Helga no era del todo correcto, pero que en parte le había enseñado a su familia lo mucho que ella valía, que aunque siempre se notaba dura y fría con ellos, los necesitaba más que nada. Que los amaba tanto como ellos a ella.

Sin quitar la sonrisa, Arnold dio una última mirada y dio media vuelta, sintiéndose infinitamente feliz por lo que su amiga había logrado: que su familia la valorase. Estaba contento porque Helga había decidido darles una nueva oportunidad a ellos de ser una parte importante de su vida... y al parecer, no iban a desperdiciarla.

-¡Arnold!- Helga había salido tras de él y le pasó el paraguas y la chaqueta que le había prestado –gracias, me sirvió de mucho.

-De nada- él se quedó unos momentos mirando las prendas, y luego se dirigió a la chica Pataki –oye, Helga, no sé si sabías que en unos días más habrá una fiesta en el colegio... ¿quieres ir conmigo?

-... Claro- contestó ella, sonriendo –mañana en la escuela nos ponemos de acuerdo...

-Sí, nos vemos.

Helga lo miró alejarse y luego entró a la casa, en donde su familia la esperaba.

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Querido Mark:

La verdad no me puedo quejar, todo en mi vida ha mejorado como nunca pensé que lo haría y estoy muy agradecida de que en parte, ustedes tuvieran que ver con eso.

El recibimiento que tuve tanto en mi casa como en la escuela jamás pensé que sería así. Por primera vez puedo sentir que pertenezco a un lugar, que formo parte de un grupo y que soy una parte importante de él. Me siento muy bien, no saben cuánto.

También me ayudó la carta que recibí de ustedes. Seré sincera, pasaron tantas semanas sin tener noticias que llegué a pensar lo peor, ya que cuando fui a la casa de ustedes nadie contestó mis llamados. Y cuando supe que usted Mark estaba bien estaba tan contenta que si lo hubiera tenido al frente lo hubiera abrazado. Le felicito por sus nietos, son unos niños muy lindos, y espero que ahora que está viviendo junto a Francesca en su casa, ya no se sentirá tan vacía y que puedan de a poco ir recobrando el tiempo perdido.

Respecto a cierto chico le cuento que me invitó al baile de la escuela que será mañana. Desde que llegué, me he sentido mucho más cercana a él, cosa que me está agradando mucho.

A penas vuelva a casa después de sus vacaciones con su familia (que linda suena esa frase¿cierto?), avíseme y voy a verle. En una de esas logra convencerme de que sea mi maestro de violín y aprenda.

Gracias por acordarse de mí y mandarme esa postal, esas playas se ven muy agradables de verdad.

Muchos saludos a María, dígale que extraño mucho su comida.

Espero que nos veamos pronto, ya lo hecho bastante de menos.

Helga G. Pataki.

Fin.

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Espero que el final les haya gustado. Al menos a mí me ha dejado bastante satisfecha, y creo que no lo hice tan mal, para ser mi primer fic de la genial serie "Hey, Arnold"

La verdad, no tuve corazón para matar a Mark¿quién podría hacerlo, si el caballero es tan agradable?, jajaja.

Nuevamente les quiero agradecer a los que leyeron el fic y los que se dieron la molestia de escribirme sus comentarios. Muchos saludos a todos!!!

Hasta luego!!!