Nota de la autora: domingo, 13 de enero de 2008.

¡Buenas!. Bienvenidos/as a mi nueva serie, que tendrá un poco de todo como suele ser habitual en mí. Aún no he decidido cuántos capítulos tendrá en total, pero espero que no sean más de diez. Aunque si puedo, lo dejo en menos.

Quiero dedicar esta serie en su totalidad, a Sonia Granger Potter, Tyflos, Carla Daniela, Tooru Hally Bell Potter, Daphne Potter, ELECKTRA, Petakiita (Connie), Varelia Ashtray Girl, harryherms, NiicuyFlor, romycrazy, Chocolatito-19 (Eréndira), oo0sherling0oo(Gaby) y otra gente que siempre está ahí. Un beso enorme para todos/as vosotros/as. Os quiero mucho. RAkAoMi. Y ahora…a leer el primer cap, que no es muy largo por ser un Prólogo o Introducción. Igualmente espero que os guste. ;-)


"Cap.1. Mannight"

Después de comprar todo lo necesario para comenzar su último curso en Hogwarts, Hermione se dirigió al Caldero Chorreante para merendar y descansar un poco.

Nada más entrar, escogió la mesa más cercana a la barra y sin dejar de vigilar los paquetes, pidió un té con pastas.

Acababa de sentarse cuando una bruja con claro aspecto Romaní, se acercó a ella y antes de que Hermione preguntase qué quería, se encontró escuchando cómo ella le leía la "buenaventura" en una de las palmas de sus manos.

- Señora…-Empezó la castaña todo lo amable que pudo teniendo en cuenta que jamás le había gustado la Adivinación.- Agradezco su interés pero yo no creo en estas cosas.

- Calla niña, estás interfiriendo las vibraciones.

- No me callo. Es mi mano y sólo a mí pertenece. No quiero que me lea el futuro. No se lo he pedido. Déjeme merendar tranquila, por favor.

- Pequeña insolente…vigila tus modales y lengua delante de mí. Podrías lamentar el despreciar mi Don.

- ¿Don?. Por favor, los adivinos son los farsantes más grandes que existen.

- ¿Ah sí?. Entonces no te importará que diga esto…¡MANNIGHT!

- ¿Qué significa?

- Pronto lo descubrirás.- Dijo la bruja sonriendo maliciosamente.- Y entonces comprobarás, que los buenos Adivinos no somos impostores ni mentirosos.

Antes de que Hermione dijese algo más, la bruja desapareció.

Ella retomó su merienda con toda tranquilidad. Hasta que una mujer se le acercó y pronunció preocupada…

- Oh querida, te compadezco…

- ¿Perdón?

- Has sido maldita con la magia Romaní. Es de las más antiguas y poderosas que existen. ¿Sabes?

- Ahora sí. ¿Y qué tipo de maldición me ha echado?

- Una que te impedirá ser feliz.

- ¿Cómo dice?

- Nadie querría a una mujer afectada con la "Mannight" a menos que esa persona fuese alguien especial y fuera de lo común como para ser capaz de ver más allá de las simples apariencias.

- ¿Pero de qué va la "Mannight" exactamente?

- De ti siendo otra persona muy distinta.

- ¿Podría ser más explícita?

- No…o despertaré la cólera Romaní y eso podría traerme consecuencias nefastas y no quiero arriesgarme.

Sólo puedo recomendarte que busques información acerca de la maldición. Así sabrás cómo podrás romperla, aunque te sería más fácil buscar a la bruja que te la echó, pedirle disculpas y quizás entonces ella te devolvería a la normalidad.

- ¿Y si no lo consigo, entonces qué?

- Seguirás maldita hasta que encuentres el amor verdadero y él o ella esté dispuesto a quererte pese a tu condición.

- ¿Y dónde busco la información, en cualquier biblioteca mágica?

- Me temo que no todas tienen libros de eso. Pero existe un libro que sí es fácil de encontrar y que si no recuerdo mal, habla sobre la "Mannight". Se titula "Maldiciones amorosas y otros castigos".

- Todo esto me suena a broma pesada…

- No, querida, es más bien un castigo del destino.

- No creo en el destino sino en lo que hacemos las personas con nuestros actos.

- Entonces actúa prudentemente. Busca a la bruja y discúlpate. De otra manera tendrás que aprender a vivir con tu maldición y esperar que la suerte te sonría en el amor, para que puedan devolverte a la normalidad.

- Yo me siento normal.

- Espera a que caiga la noche…

- Me está asustando.

- Y debes asustarte. La "Mannight" es algo serio. Ahora debo irme. Hazme caso, querida niña. Sé prudente y no vuelvas a despreciar a un adivino sobre todo si es Rumano.

Hermione no tuvo tiempo de contestar, pues la bruja desapareció igual de rápido que la Adivina.

De nuevo frente a su té con pastas, la castaña terminó su merienda sin más interrupciones.

Luego fue a King Cross. Dispuesta a coger el tren de Hogwarts y ver de nuevo a sus dos mejores amigos. Pues después de la batalla final, había pasado tres semanas desconectada del mundo mágico y sus amistades.

Llegó a la estación tan sola como hizo sus compras en el callejón Diagon.

Sabía que a partir de entonces, tendría que afrontar la vida y el mundo, tanto mágico como muggle, sin más compañía que la de sí misma. Ya que después de la muerte de sus padres en un accidente de coche dos semanas atrás, no le quedaba un solo pariente vivo que pudiese ocuparse de ella o que le sirviese de apoyo.

Ni Harry ni Ron conocían la noticia de la muerte de los padres de Hermione, y ella no se lo diría hasta que le preguntasen qué tal le había ido.

Pronto, los tres estuvieron solos en un vagón como solía ser lo normal en ellos.

Ron fue el primero en empezar con las novedades.

- Después de la boda de mi hermano Bill con Fleur DelaCour, la casa recuperó la normalidad. Aunque a mi madre le ha quedado una especie de obsesión porque nos casemos todos. Incluso me dijo que me echase novia definitiva este curso y que se la presentara cuando terminase Hogwarts…¿Os lo podéis creer?

- Viniendo de tu madre, sí.- Comentó Harry con una sonrisa en su rostro adulto.- Hasta a mí me lo dijo…

- ¿Y has pensado ya en las posibles candidatas?.- Preguntó la castaña sin demostrar un interés fuera de lo normal en cualquier amiga.

- Pues no. Aunque hay varias que me gustan. Sobre todo una en especial.- Ron la miró de lleno, ella giró el rostro hacia la ventana.

El pelirrojo miró a Harry, el moreno subió y bajó los hombros. Aún así el Weasly no quiso darse por vencido.

- Harry…¿Te importaría buscar a la bruja de los dulces y traerme dos ranas de chocolate?

- ¿Sólo eso?

- Para empezar sí. Toma el dinero. Bueno…sólo da para una.

- Yo te compraré la otra. ¿Quieres algo tú Hermione?

- No, gracias.- Contestó la susodicha sin dejar de mirar el paisaje del exterior.

- Venga Harry.- Le apremió Ron por lo bajo.- Lárgate. Quiero hablar a solas con Hermione.

El moreno no se hizo de rogar, saliendo del vagón y cerrando el compartimiento con suavidad. Echando una última mirada a Hermione, emprendió su búsqueda de la bruja mientras que su amigo pelirrojo, se frotaba las manos con nerviosismo pensando en la manera de decirle a Hermione lo que quería y rogándole a Merlín que tuviera éxito.

- Hermione…

- ¿Sí?

- ¿Podrías dejar de mirar la ventana y prestarme atención?

- Ya lo hago, Ron.

- Pero no me estás mirando…

- ¿Y eso qué importancia tiene?

- Para mí mucha. Necesito que me mires para lo que voy a decirte…

- Está bien.- Ella le encaró y él tragó saliva. Hermione intuyó que no sería una de sus bromas tontas o comentarios "ocurrentes".- Tú dirás, Ron.

- El tiempo que pasamos sin contacto después de la batalla me hizo pensar en el futuro y…me di cuenta que mi madre tenía razón en una cosa y es…que…quiero tener novia y…bueno…si la cosa no se tuerce…más adelante me gustaría casarme con ella y formar mi propia familia y…en fin…lo que intento decir es que…bueno yo…

- Dilo de una vez, Ron.

- Quiero que tú seas mi novia.

- ¿Quéé?

- Bueno ya sé que lo he soltado de repente y que a lo mejor quieres pensarlo pero…me gustaría que me aceptaras, Hermione. Después de todo…tú y yo nos conocemos desde niños y…creo que haríamos una buena pareja. Además…soy de los pocos chicos que conoces capaz de aguantar tu mal genio… Incluso me gusta lo pesada que eres con el estudio y lo mucho que hablas siempre. O sea yo…supongo que lo único que intento decir es que me gustas tal y como eres.

- ¿Ah sí?.- De repente recordó lo de la supuesta maldición que le habían echado.- ¿Y si estuviese maldita…también te gustaría?

- ¿Maldita?

- Eso dije. Imagina que me han echado una maldición. De ésas en las que me convierto en algo distinto a lo que normalmente soy. ¿Seguiría gustándote?

- No lo sé. Supongo que sí.

- Respuesta mala, Ron. Si de verdad me quisieras o te gustase en serio, te daría igual lo que aparentase. Yo seguiría siendo la misma en esencia, y eso sería lo que tú valorarías. Así que…no necesito pensar en tu propuesta de noviazgo. Mi respuesta es no.

- Pero Hermione…

- He dicho no, Ron. Y te aseguro que no cambiaré de opinión. Tú eres mi amigo desde hace años, y aunque sí te encuentro atractivo no quiero tener contigo una relación distinta a la amistosa. ¿Me has entendido?

- Sí.

- Entonces no hay más que decir en este tema.

-Seguro que si fuese Harry el que se te hubiese declarado le aceptarías enseguida…

- Oh por favor, no empieces con tus estúpidos celos…

- ¡Es verdad. Siempre le has preferido por encima de mí!

- ¡Por supuesto que sí porque entre otras cosas, nos llevamos muy bien!

- ¡Mentira. Te gusta más porque es famoso. Tú no eres distinta a la cantidad de chicas que le admiran sólo por el ser "el niño que vivió" o "el salvador del mundo mágico". Yo sé que te gusta porque es una estrella!

- ¡No es cierto. Aprecio a Harry por lo que representa como persona. A mí su fama siempre me ha importado un comino. Igual que a él.

Tú eres el único que siempre está pensando en ese tipo de tonterías. Que tengas delirios de grandeza o ganas de reconocimiento social no es culpa mía ni de Harry. Y si de verdad nos conocieras tan bien, sabrías de sobras que somos personas que destacamos por nosotros mismos y no por quiénes somos o el nombre y apellidos que tengamos. Y te diré algo más, Ronald Bilious Weasley…

Hay veces en que me planteo cómo puedo quererte tanto como amigo, o soportar tus tonterías, celos o envidia, cuando lo único que haces es hacerme sentir miserable.

Acéptalo de una maldita vez, Ron. Tú y yo, jamás seremos algo más que amigos. Y espero no tener que volver a repetir esta conversación contigo!

En ese momento, Harry llegó abriendo la puerta del vagón. Hermione aprovechó para salir corriendo y perderse un rato por el tren.

El moreno tomó asiento frente al pelirrojo. Él agarró las dos ranas de chocolate y se las comió con la cara más roja de lo que tenía el pelo de por sí.

Harry intuyó que había discutido con Hermione. Eso no le extrañó, pero igualmente le preocupaba.

- ¿Qué ha pasado?.- Quiso saber el moreno mientras Ron seguía engullendo a una velocidad mayor de lo que solía ser normal en él.

- Puef que le he dicho a Jedmione que me guzta y ella me ha dechazado.

- Lo siento, tío.

- Yo no. Ya me da igual.

- Haz el favor de masticar, Ron. Como sigas así te vas a atragantar…

- De algo hay que modidze…

De repente, Ron se tocó la garganta. Harry se levantó y le dio un golpecito en la espalda, el pelirrojo escupió el último trozo de la segunda rana que había intentado comerse.

- Mira que te lo avisé…- Dijo el moreno sentándose de nuevo frente al pequeño de los chicos Weasley.- ¿Te encuentras bien ya?

- Sí.

- Pues no tienes buena cara…

- He estado a punto de ahogarme, Harry. ¿Qué pretendes, que esté de rositas?

- No, yo sólo…

- Déjalo. No me interesa escucharlo. La verdad es que no quiero oírte durante un rato. Voy a intentar dormir un poco. Despiértame cuando lleguemos.

Sin esperar la respuesta de su mejor amigo, el pelirrojo cerró los ojos.

Harry no tardó nada en dejar el vagón de tren. Estar solo nunca le había gustado y además estaba preocupado por Hermione. A quien encontró en la cola del transporte. Mirando el exterior con expresión melancólica además de pensativa.

- Un galeón por tus pensamientos.- Comenzó el moreno en tono amable. Hermione ni le miró.

- Ahora no quiero hablar, Harry.

- ¿Es por lo que te dijo Ron, además de su declaración te dijo algo malo. Quieres que le rompa la cara?

- Déjate las bromas. No tienen gracia.

- Sólo intento hacer que te sientas mejor. Aunque si no me cuentas qué te pasa no podré ayudarte.

- No quiero ayuda, sólo soledad. Al menos durante un rato.

- Cuéntamelo, Hermione, sabes que puedes confiar en mí.

- A ti…te confiaría la vida, pero ahora no es necesario.

- Hermione…

- Déjame sola, Harry, te lo ruego…

- Está bien. Si más tarde te apetece hablar, ya sabes dónde encontrarme.

- Mientras estés con Ron, no pienso contarte nada.

- Como quieras.

- Hasta luego, Harry. Gracias de todas formas.

- No me las des Hermione, tú sólo…quédate aquí cuanto quieras y ya me buscarás cuando te sientas con ánimos de estar conmigo.

Al oír lo último ella le miró. Él pudo ver que había lágrimas contenidas en aquellos ojos marrones que siempre encontró bellísimos. Casi tanto como le parecía ella como persona.

La voz de su mejor amiga salió llena de emoción y tristeza. Harry pudo notarlo, pero no quiso intervenir hasta que ella terminó su discurso.

- Yo siempre quiero estar contigo. Más no con Ron. Me he dado cuenta…que ya no me importa tanto como antes. Y la manera en que reaccionó cuando le rechacé, me hizo pensar que quizás ya no me gusta su compañía. Lo que intento decir es que me ha decepcionado como persona. Digamos que la imagen idealizada de las cosas buenas que le veía, se ha hecho añicos.

Ron no es más especial para mí que cualquier otro chico de Hogwarts al que yo pueda conocer. Y ni siquiera la amistad que nos ha unido durante siete años hará que cambie de opinión respecto a eso.

Lo único que quiero es terminar mi último año en el colegio y luego seguir con mi vida. Pero no deseo compartirla junto a nuestro amigo pelirrojo. Sobre todo…porque sé…que a él le daría igual.

Siempre ha sido muy orgulloso y rencoroso, y seguro que a partir de ahora, me rehuirá todo lo posible. He herido su ego al rechazarle como chico, pero eso no me preocupa.

Quizás tú pienses que soy cruel por hablar así de una persona que siempre ha estado junto a los dos. Pero yo no voy a sentirme mal por haber sido sincera con él y tampoco contigo ahora. Aunque sí te diré algo, Harry.

Tarde o temprano tendrás que elegir entre Ron y yo. Lo presiento. Porque seguro que él te lo planteará. No creo que quiera que estés conmigo y a la vez con él. En estos momentos…yo soy una persona nada grata a sus ojos y opinión. Y pondría mi mano en el fuego en que hará lo posible porque tú también te pongas en mi contra.

- Eso jamás ocurrirá, Hermione. Tú sabes perfectamente que te soy tan leal como tú lo eres conmigo.

- La lealtad está sobrevalorada, Harry. Y llegado el momento, podrás comprobar por ti mismo si lo que dices es verdad o no.

- Me estás preocupando, Hermione. Nunca te había escuchado así de…pesimista.

- Ya…pero eso es lo que hay ahora. Por eso te aconsejo que vuelvas con Ron. Seguro que su compañía te resultará más divertida que la mía.

- De eso nada.- Contestó su amigo moreno dejando caer una mano en uno de los hombros de ella.- No pienso volver con él cuando tú estás mal. No sé qué es lo que ha hecho que te deprimas tanto, pero no voy a dejarte sola cuando más necesitas un amigo. Y yo soy el mejor que tienes. ¿Verdad?

- Y nunca habrá otro como tú para mí. Aunque la vida nos cambie o termine separando nuestros caminos.

- ¿Separarnos, por qué?

- Porque es ley de vida, Harry. Tarde o temprano, encontrarás a una chica que te gustará mucho. Entonces te enamorarás de ella, y si tienes la suerte de que te corresponda, después de un bonito noviazgo os casaréis y formaréis una familia tan unida como siempre has deseado. Yo seguiré ahí, pero sólo como esa amiga con la que cuentas de vez en cuando para las cosas más triviales.

Porque las importantes se las contarás a tu esposa. Tus triunfos y logros…se los dedicarás a ella, y cuando quieras hacer algo especial…lo harás con ella y vuestros hijos o hijas. Y cuando pienses en mí…lo harás con cariño, no lo dudo, pero no con el mismo afecto que sentirás por ellos. Y yo lo entenderé, y no me sabrá mal, porque como te he dicho, es ley de vida.

- Yo no dudo que todo lo que me has dicho pueda hacerse realidad, Hermione. Pero te aseguro…que tú siempre ocuparás un lugar especial en mi corazón. Hace mucho tiempo que estás dentro de él, y no vas a salir porque haya una bruja que pueda enamorarme.

En ese punto, ella dejó salir sus lágrimas. Abrazándose a su mejor amigo mientras él, se limitaba a sostenerla sin hacer otra cosa que no fuera servirle de apoyo.

Hermione estuvo llorando unos minutos, luego se calmó y entonces decidió abrirse a Harry como jamás lo había hecho con nadie más ajena a sus padres. Con los que siempre tuvo una confianza enorme.

- ¿Quieres saber lo que me tiene triste?

- Sí.

- El saber que estoy sola. Completamente sola en este mundo que no sé lo que me aguarda.

- Eso no es verdad, Hermione, tú no estás sola. Yo estoy contigo…

- Ahora sí. ¿Pero podrás estarlo siempre?

- Claro que sí.

- ¿Pase lo que pase?

- Y pese a quien pese.

- Incluso…- Empezó, preparándose para hacer una pregunta que también le hizo a Ron en el vagón.- ¿Si estuviese maldita y me convirtiese en otra persona distinta?

- Sí, porque tu esencia no cambiaría. Yo sabría que en el fondo de lo que aparentases por fuera, seguirías siendo la misma Hermione que siempre he conocido.

- Te quiero, Harry.

- Yo a ti también.

- ¿De verdad estarás siempre a mi lado?

- Te lo juro.

- ¿Aunque todos se pusieran en mi contra?

- Por mucho que el mundo te diese la espalda, yo nunca lo haría. Eres demasiado importante para mí como para arriesgarme a perderte. Y tú sabes muy bien que he perdido a mucha gente que me importaba. Contigo no me ocurrirá. Hará lo que sea para impedirlo. Te lo prometo.

- Eso mismo me dijeron mis padres, que jamás me abandonarían. Pero no pudieron cumplir su palabra…

- ¿Por qué?

- La muerte se los llevó en un accidente de coche. Ocurrió hace tres semanas. Ellos salieron a comprar los billetes de avión para un viaje que querían hacer conmigo al Caribe. Y cuando estaban a punto de llegar al aeropuerto…un camión que circulaba delante frenó de repente y perdió el control. Ladeándose y llevándose el coche de mis padres que terminó estrellándose contra unos árboles cercanos.

Yo me enteré de todo por las noticias de la tele. Y no puedo decirte cómo me sentí o lo mucho que les echo de menos. Lo único que sé es que me han dejado sola, completamente sola. Y aunque tengo una herencia que me impedirá pasar necesidad, te juro que cambiaría todo su dinero, por tenerles conmigo otra vez…

- Shh…no llores más. Entiendo por lo que estás pasando y también que te sientas sola. Pero no lo estás, Hermione. Nunca lo estarás. Yo estaré siempre contigo. Lo que te dije antes pienso cumplirlo. No importa lo que ocurra en el futuro, yo estaré a tu lado. De verdad…

- ¿Puedes abrazarme, Harry?. Lo necesito…

Él lo hizo.

- ¿Mejor?

- No.

Entonces la apretó más contra sí.

- ¿Y ahora?

- Sí. Este tipo de abrazos me los solía dar mi padre. Y mi madre también me tocaba el pelo cuando me abrazaba.

Harry acarició de arriba abajo su cabello castaño. Eso hizo sonreír a Hermione sin que él lo viera.

- Ahora sí que me siento a gusto.- Dijo su mejor amiga sin separar su rostro de uno de los hombros de Harry, donde lo tenía apoyado desde hacía rato.

- Yo también estoy bien así.- Confesó el moreno con algo de timidez.- Es…agradable abrazarte.

- No lo haces a menudo...

- Bueno…tú sabes que yo…nunca he sido muy listo en estas cosas. Nunca sé con seguridad cuándo se debe…

- ¿Dar cariño?

- Sí...

- Pues ya deberías haberlo aprendido. Has pasado por las experiencias suficientes como para intuir al menos, cuándo se necesita el contacto humano.

- Entiendo a lo que te refieres, pero yo no tengo la misma facilidad que tú para acercarme a la gente y decirle lo que me preocupa de verdad o pedir que me abracen cuando más lo necesito.

- Por eso entre otras cosas eres especial para mí, Harry…

- ¿Soy especial?

- Muchísimo.

- ¿Por qué?

- Si empiezo puedo tirarme horas. Sólo te diré…que como tú…no hay otra persona en el mundo. Tanto mágico como muggle. Y yo me siento inmensamente afortunada de haberte conocido y de que me dejases entrar en tu vida hace siete años…

- Y los que aún nos quedan por vivir, Hermione.

- ¿Si te digo otra vez que te quiero…te resultaré pesada?

- Claro que no.

- Te quiero Harry.

- Lo mismo digo, Hermione.

- Creo que estamos llegando. El tren está frenando…Deberías soltarme y volver con Ron. Seguro que se está preguntando dónde te has metido.

- Él no me importa ahora, tú sí.

Hermione volvió a sonreír, cerrando los ojos y aspirando silenciosamente el aroma característico de Harry. Uno que a ella siempre le recordó al pino.

Justo cuando más a gusto se encontraba, escuchó unos pasos acercarse hasta ellos. Cuando escuchó la voz, supo a quien pertenecían.

- Qué estampa tan bonita…-Dijo Ron con ironía.- No sé por qué no me extraña que estuvieras con él.- Dijo con acidez mirando a Hermione para posar sus ojos azules en Harry.- Y tú como siempre a su lado. Pareces más su perrito de compañía que su mejor amigo. Sólo te falta tener un rabo y moverlo al sonido de su voz.

- No seas imbécil.- Pronunció el moreno sin soltar su agarre en Hermione.- Ignoro por qué estás tan molesto, pero no te descargues conmigo o Hermione. Siempre haces lo mismo, Ron, lo pagas con el primero que pillas. Pero yo no voy a quedarme a escuchar tus idioteces. Vamos Hermione, cojamos nuestros baúles y preparémonos para bajar del tren.

- Como te largues ahora, Harry, no pienso hablarte en lo que queda de día.

- Como si me importara.

Agarrando a su amiga de un brazo, el moreno empezó a caminar haciendo fuerza para que no se apartase de él. Hermione no pretendía hacerlo, pero en su interior, se sintió mal por Ron. Quien se quedó farfullando insultos por lo bajo al ver a sus dos mejores amigos alejarse sin ni siquiera volver la vista atrás una vez, para mirarle.

Una vez de vuelta en el vagón, Harry y Hermione se sentaron juntos mirándose a los ojos. Ella volvió a llorar, y él la abrazó de nuevo. Sin querer pronunciar palabra porque sabía que estaba en un momento de ésos en los que nada que él dijera, podría hacer sentir mejor a Hermione, Harry se limitó a ser su refugio como lo había sido en la cola del tren. Que terminó de pararse mientras él escuchaba el sonido alegre que hacían los estudiantes al pisar el suelo y reencontrarse con sus amigos de siempre.

- Hermione…- Dijo Harry mirando su cabello castaño, pues su cara, estaba escondida en el pecho de él.- Debemos bajar...

Ella no contestó. Él se movió lo suficiente para poder contemplarla. Estaba con los ojos cerrados, respirando tranquilamente. Harry sólo pudo suponer que se había dormido. Así que la cogió en brazos y bajó del expreso sin preocuparse ni de coger sus pertenencias.

Caminando hasta el carruaje más próximo, se montó en él cerrando la puerta para que nadie más lo ocupara. Pues no tenía ganas de explicarle a nadie por qué tenía a su mejor amiga durmiendo y apoyada en su pecho. Con una expresión de paz, que jamás había visto en la cara de una persona que hubiera conocido.

Hermione no despertó durante el recorrido, lo hizo cuando Harry la avisó de que habían llegado al castillo.

Ella bajó primero, ofreciéndole una mano que él agarró para descender fácilmente.

Una vez frente a sus ojos marrones, Harry la miró con atención. Intentando leer sus emociones. Hermione le dio la respuesta que él esperaba escuchar.

- Estoy mejor, Harry. Y tú has tenido mucho que ver en ello. Gracias por estar ahí para mí cuando lo necesité.

- De nada, Hermione. Siempre lo estaré. Sólo tienes que buscarme y me encontrarás.

- Gracias…

- Venga, montemos en la barca. Tengo unas ganas locas de saludar a Hagrid.

- ¿No le viste al bajar del Tren?. Siempre te recibe con un abrazo enorme…

- Desde que era niño. Aunque no es la única persona que me abraza fuerte…tú también lo haces.

- Y seguiré haciéndolo mientras crea que lo necesitas. Yo sólo…estaré ahí para ti, Harry. Porque soy tu mejor amiga y porque ante todo, te quiero mucho…

- Y yo a ti también, Hermione. ¿De verdad te encuentras bien?

- Sí.

- Aún tienes tristeza en la cara…

- Y la seguiré teniendo mientras no supere la muerte de mis padres. Pero no te preocupes por mí. Con el tiempo…se me pasará.

- Y yo estaré ahí cada vez que quieras.

- ¡Gracias!.- Ella se tiró en su pecho abrazándole fuerte. Harry no se quejó, aunque le estaba cortando la respiración.

Mientras sentía cómo la barca se acercaba al castillo que él consideraba su hogar, ninguno de los dos pronunció palabra.

Luego, entraron en el Gran Comedor dispuestos a cenar mientras escuchaban la decisión del sombrero seleccionador colocando en las distintas casas a los nuevos alumnos de Hogwarts.

Hermione se despidió de Harry cuando terminó de comer. Él quiso acompañarla a su habitación, pero ella le dijo que primero iría a charlar a con McGonagall.

El moreno respetó su deseo. Dirigiéndose al dormitorio masculino y acostándose en su cama en cuanto se hubo puesto el pijama.

Mientras tanto, en el despacho de la jefa de la casa Gryffindor, la castaña le contaba a su profesora favorita, las últimas novedades en su vida. Tanto lo referente a la batalla final contra Voldemort y sus Mortífagos, como el accidente ocurrido a sus padres y aquella supuesta maldición que le había echado la bruja Rumana.

Minerva escuchó con atención todos los relatos y cuando Hermione terminó, la bruja anciana y sabia le dio un abrazo reconfortante y le dijo que se fuese a dormir.

La prefecta asintió, dándole las gracias por todo y emprendiendo camino hacia la puerta. Entonces ocurrió.

Los últimos rayos del atardecer se ocultaron y la noche apareció, dando paso a la luna y las estrellas. Y cuando ellas iluminaron el interior del despacho de McGonagall y tocaron el cuerpo de Hermione, Minerva pronunció un claro…"Por Merlín y toda su magia…" que hicieron volverse a la castaña y mirarla con atención.

- ¿Qué ocurre, profesora?.- Entonces Hermione se dio cuenta que su voz sonaba distinta.

- Pupupues usted…- Dijo McGonagall tartamudeando de puro asombro ante lo que contemplaban sus ojos.- Es...Estatá cambiada.

- ¿En qué sentido?.- Pronunció la voz de la Gryffindor con más gravedad de lo que solía ser lo normal en ella.

- Acérquese a la ventana y mírese en el reflejo. Entonces lo sabrá.

Hermione obedeció, y cuando se vio, no pudo más que lanzar un grito de asombro.

- ¡Por todos los demonios!.- Exclamó tocándose la cara y el pelo.- ¡Soy un chico!

- Sí.- Añadió McGonagall.- Y muy guapo debo añadir. Creo, que sería conveniente que buscásemos un nuevo nombre para esta apariencia mientras la ayudo a buscar una solución a su problema.

- ¿Alguna sugerencia?

- ¿Qué le parece Hermes?

- ¿El mensajero de los dioses Griegos?. No está mal…Me gusta, tiene H igual que mi otro nombre.

- Por eso lo pensé para usted, querida. ¿O debería decir querido?

- Querida, profesora McGonagall. Aunque tenga cuerpo y apariencia de chico, sigo sintiendo y pensando como una chica. ¿Cree usted que encontraré el libro que habla de la "Mannight" en la biblioteca del colegio?

- No lo sé, pero es posible. Hogwarts tiene libros de todo tipo. Estoy segura que pronto encontraremos algo que nos sea útil.

- ¿Nos?

- ¿Acaso cree que la dejaré sin apoyo ante un problema semejante?

- Gracias, señora.

- De nada.

- Recuerdo que la segunda bruja que me habló, me dijo que para romper la maldición sólo necesitaría encontrar a mi amor verdadero y que él me quisiera sin importarle mi nueva apariencia. Claro que por entonces yo no sabía que se refería a un aspecto y cuerpo de chico pero…si es cierto lo que yo creo como amor verdadero, no puede ser imposible que haya alguien ahí fuera que esté dispuesto a enamorarse de mí aunque sea mujer a ratos y hombre a otros.

- Sólo será hombre durante la noche, Hermione, cuando amanezca volverá a ser una mujer. No entiendo cómo no sospechó de qué trataba la maldición cuando su sólo nombre lo dice claramente. "Man" significa "hombre" y "Night"… "Noche". "HombreNoche" o mejor dicho…"Hombre nocturno". Con lo lista que ha sido siempre… ¿Cómo no sumó "dos más dos"?

- Porque estaba preocupada por otras cosas que no tenían que ver con una estúpida maldición rumana. Además, usted sabe que nunca he creído en esas cosas…y menos viniendo parte de una Adivina. Sigo sin creer en la Adivinación pero reconozco que esa mujer fue una bruja efectiva. ¿Y ahora qué hago, profesora, salir de aquí con tranquilidad y meterme en mi habitación de prefecta. Y si alguien me ve. No se hará preguntas?. Después de todo, soy un hombre…

- Déjeme eso a mí. Mañana durante el desayuno diré que tenemos un alumno nuevo en Hogwarts que sólo aparecerá durante la noche. Podría decir que es un ayudante mío o incluso un primo de usted. ¿Qué prefiere?

- Lo segundo. Aunque más que primo yo elegiría mejor… un amigo de toda la vida.

- De acuerdo entonces. ¿Ha pensado en el apellido?

- ¿Qué tal el mismo que tengo?. Después de todo, no soy la única Granger que existe en Inglaterra aunque no sean parientes míos…

- Entonces adjudicado. Desde esta noche y hasta que usted recupere la normalidad, será Hermes Granger para mí y el resto del colegio.

- Gracias señora. ¿Puedo irme ya a dormir?. La verdad es que estoy cansada.

- Por supuesto que sí, "Hermes". Sólo una última cosita…

- Usted dirá.

- Procure no hablar en femenino a no ser que quiera que la tomen por un homosexual.

- ¿Perdón?

- Usted dijo "estoy cansada" y a mí no me importa estando en la intimidad, pero cuando esté en público, diga mejor "cansado".

Recuerde que en apariencia es usted un chico aunque sólo sea durante la noche. Procure hablar y comportarse como uno. No creo que le resulte difícil cuando ha pasado siete años de su vida aquí, acompañada siempre por sus dos mejores amigos. Estoy segura que no le resultará complicado fingir ser un hombre de verdad. Sólo espero que su apariencia masculina no le impida encontrar ese "amor verdadero" que pueda lograr romper la maldición.

- Si no lo encuentro…estaré condenada para siempre a tener dos cuerpos. ¿Cierto?

- Me temo que sí, querida.

- Malditos sean los Rumanos y sus maldiciones…

- Entiendo su frustración, Hermione, pero no pierda la esperanza. Verá como cuando llegue el momento, usted recuperará la normalidad.

- Eso espero, señora. Buenas noches, la veré en el desayuno.

- Buenas noches, "Hermes". Que duerma bien.

Cerrando la puerta con suavidad, "Hermes" se dirigió a su dormitorio de prefecta. Donde se acostó en cuanto se puso el pijama.

Hermione no se tomó la molestia ni de mirarse el nuevo cuerpo que sólo aparecería durante la noche. Estaban tan cansada por el día que había tenido, y tan impactada por el asunto de la maldición, que lo último que le apetecía era "observar su nuevo yo".

Agarrando su osito regalado por su madre cuando ella cumplió los 8 años, y con el que dormía aunque ya tuviera dieciocho, "él" se durmió enseguida, sin suponer por un instante, que a partir de la maldición, su vida cambiaría muchísimo.


Continuará.


Nota de la autora:

Jújújú…Puedo imaginar la cara de asombro que se os habrá quedado al leer ese "¡Soy un chico!" del final de éste primer capítulo. Y antes de que me lo podáis preguntar en los Reviews os diré el por qué de esa maldición.

Si alguna vez habéis entrado en mi perfil de la página, habréis leído que siempre me ha encantado Ranma1/2. Pues bien, quería hacer algo parecido a la maldición del Naniichuan que afecta a Saotome pero sin que tuviera relación con los manantiales malditos de China. Pues lógicamente, el mundo y personajes de Harry Potter nada tiene que ver con el creado por Rumiko Takaashi.

Sin embargo, poco antes de terminar Enamorada, pensé en Ranma y me dije…¿Por qué no hacer algo parecido con Hermione pero que sea distinto al manga de Ranma?. Y por supuesto que lo será.

Primero porque Harry y Hermione no tienen una relación ni por asomo parecida a la que sí comparten Ranma Saotome y Akane Tendô. Segundo porque creí que sería original y tercero porque ponerla a ella siendo un chico aunque sólo sea de noche y no cuando le caiga agua caliente como sí le ocurre a Ranma (que es chica con agua fría y chico con agua caliente como ya he dicho) me facilitaría un montón ponerle experiencias para ella que le serían novedosas cuando no interesantes. Aunque algunas no le aporten felicidad o divertimento.

Pero desde luego, no la van a dejar indiferente. Y podría decir lo mismo respecto a Potter. Cuando él se entere de que Hermione está maldita y que dicha maldición la ha cambiado como nunca podría imaginar…bueno…el mundo se le vendrá encima, como suele decirse. Pero antes de que él lo descubra…tienen que ocurrir algunas cosas que hará que "Hermes" sea un nuevo amigo de Harry y que le valdrá a Hermione para entender mejor cómo funcionan las mentes masculinas. Algo que cualquier chica adolescente-adulta como ella, se plantearía más de una vez a lo largo de su existencia. En fin, pues de eso y otras cosas irá esta historia. Y yo espero sinceramente que la disfrutéis tanto como yo el escribirla.

Nos veremos en el próximo capítulo que será subido durante el fin de semana que viene. Si no lo publiqué ayer sábado como pretendí en un principio fue porque estuve enferma. Pillé una mala digestión y me pasé la noche del viernes vomitando, con lo que no dormí casi nada. Luego el sábado estuve que no podía ni moverme de lo que me dolía el estómago y es que ni comer podía. Pero ya hoy he amanecido bien y he desayunado y almorzado con normalidad. Así que no os preocupéis por mí que me encuentro estupendamente. Un beso y un abrazo fuerte. Hasta pronto. RAkAoMi. ;-)