Nota de la autora: Domingo, 01 de junio de 2008.

Aquí está la última parte del (valga la redundancia) último cap de esta historia. Tal y como os dije en la parte I, he tenido que dividirla en dos porque entero pesa 483 kb y la página no sé por qué, no me dejaba subirlo. Bueno, espero que os guste. Un beso fuerte. Nos leemos en la segunda y última nota de autora. RAkAoMi.

PD: Gracias por seguir ahí.

Advertencia: En esta parte del capítulo hay algunas escenas íntimas(no me refiero al sexo sino a que las parejas comparten algo más que "un beso casto en los labios".), pero eso no es un problema para la categoría T que es en la que yo siempre escribo. Dichas escenas se admiten en esta categoría y eso lo sabe cualquiera que se haya leído las normas de la página que están en el Register, así como las censuras existentes para cada categoría. Luego, no quiero que nadie se queje de que "no sabía lo que me iba a encontrar" y si lo hacen será porque no se hayan tomado la molestia de leer esta nota de autora.

Por cierto, como alguno/a se pase de ofensivo/a en los Reviews, le doy al abuse, reporto el Review y ahí os apañéis con los webmasters. Está prohibido por las normas de la página, ofender, acosar, insultar o humillar a los autores, usando el review, los foros, chats e incluso los privados.

Lo mismo digo para criticar los estilos de escritura de cada autor/a. Los/as autores/as escriben como quieren, les gusta y les sale, y nadie tiene por qué reprocharles eso. No es ningún delito tener tu estilo propio, sí lo es copiar el de otro y pretender hacerlo pasar por tuyo o incluso "original". Así de claro lo digo.

Por último…El nombre de la señora Pince en los libros es Irma, aunque yo aquí la llamo Emily, fue un fallo de memoria mía y no he querido corregirlo para este último cap puesto que en el penúltimo, los personajes ya le decían Emily. ¡Ah sí!. Snape está bastante sacado Off Of Character, porque me ha dado la gana y porque además era necesario para las situaciones en las que le he metido. Preparaos para verle como jamás nos ha mostrado J.K. en los libros. (De hecho, es un hombre tan "normal" que más parece un muggle que un mago).

Y ahora os dejo con la segunda y última parte de este último capítulo. Que lo disfrutéis. RAkAoMi.

PD: Dedico este cap a todas las personas que siempre me dejan Review apoyando tanto a la historia en sí como a mí. Por ejemplo: D.G.Drago, Sagami Zalmaix, Makarva, DiCaro, Harryherms, Floor, Sonia Granger Potter, La Dama de la Luna, Ruloxx, Ignacio, Varelia Ashtray Girl, Jonathan, ELECKTRA, araneli h y hr, EdPotter, Moni H-Hr forever, Sami-Marauder girl, Naremoon y especialmente a Romycrazy, simplemente por ser cómo es y por haberme dejado conocerla como lectora, y también persona.

Al resto de la gente que quizás no he nombrado aquí pero sé que existe, gracias también. Sobre todo a quienes a lo largo de todos los cap han dejado reviews no sólo simpáticos, agradables o cercanos sino además, en condiciones, demostrando en ellos que se toman en serio la lectura y todo lo que eso conlleva. A los demás, sólo decirles que me leeréis en la siguiente historia. Cuidaros mucho. Un beso fuerte. ;-)


Cap.11. "Por siempre jamás, amor." (Parte II)

Al salir, el profesor de pociones le pidió que se quedara unos minutos.

- Tengo que hablar con usted.- Comenzó Severus serio, algo normal en él.- He sabido por Luna y Andrew que el señor Potter ha hecho las paces con ellos y que pretende hablar con usted a solas a lo largo del día. Intuyo que lo hará de noche, pues será cuando usted esté libre.

- A partir de la medianoche sí.- Dijo ella.- Antes tengo guardia.

- ¿Y está dispuesta a hablar con él a solas?

- Sí señor. Reconozco que tengo muchas ganas de oír todo lo que él quiera decirme.

- ¿Aunque sea algo distinto a una declaración de amor?

- Sí. Tal y como dije en el Gran Comedor…si al final Harry no cura mi maldición, al menos me conformaré con ser su amiga.

- Pues yo volveré a decir lo que pronuncié en público, señorita Granger.

Usted es la personificación de lo que es el amor verdadero. Espero que Potter no sea tan estúpido como para no verlo o incluso apreciarlo.

Reconozco que jamás pensé en ustedes dos como la pareja perfecta. Al igual que tampoco lo creí de James y Lily y al final terminaron casados…

- Sé que usted amaba a la madre de Harry, y sé también que por eso no ha querido tener ninguna relación con otra mujer.

Pero en este castillo existe una que lleva enamorada de usted desde hace años, profesor Snape. Estaría bien que le diese una oportunidad. Puede que ella no sea Lily, pero igualmente es agradable y tiene un buen corazón.

- No lo intente, Hermione, porque es inútil. Emily Pince jamás me interesará de esa manera. Aunque admito que como compañera es realmente estupenda.

- Pues yo creo que usted se está negando la oportunidad de volver a enamorarse de alguien que sí le correspondería sinceramente.

- Granger…basta. No me siento cómodo hablando de esto con una alumna por muy protegida que la haya tenido durante ahora 5 meses.

Hermione se rió un poco, entonces se disculpó.

- No pretendía incomodarle, señor. Perdóneme.

- Disculpas aceptadas. Y ahora márchese a donde deba. Yo tengo que preparar mi clase de mañana.

- ¿Puedo ayudarle en algo?. Hasta dentro de una hora estoy libre.

- No hará falta, gracias.

- Entonces me iré.

- Hasta luego, señorita Granger. Nos veremos en el almuerzo.

- Sí señor. Gracias por todo.

- De nada.

Después de cerrar la puerta, el profesor de pociones se quedó repasando la conversación que habían tenido. Y tras meditar el asunto de Pince, pensó que quizás tanto Hermione como el resto del profesorado tenían razón. Pues la castaña no había sido la única en decírselo. Se estaba cerrando al amor, y además era estúpido seguir enamorado de una mujer que jamás le vio como algo más que un amigo, mucho más inútil era seguir pensando en ella cuando encima estaba muerta.

Así que, tras darle algunas vueltas más al asunto decidió que se daría así mismo una oportunidad y probaría suerte con Emily. Después de todo, era la única mujer que había mostrado un interés sincero en él durante todos los años que llevaba como profesor en Hogwarts.

Decidido a charlar con ella cuanto antes, Snape terminó de preparar su clase y con la misma, se fue en busca de la Bibliotecaria.

Pero nada más salir fuera se encontró con un montón de estudiantes que corrían como locos llamando a voces a los profesores.

- ¡Qué ocurre!.- Exclamó Severus frente a uno de sus alumnos Slytherin que estaba lleno de angustia y más pálido que el difunto Draco Malfoy.

- ¡Uno de los calderos ha explotado!.- Dijo el chico preso de ansiedad.- ¡Fue culpa de Daniel McCaan. Se puso a practicar una poción y le salió mal. Hemos intentado de todo pero ni con el Aqua conseguimos detener el fuego!

- ¿Qué fuego?. Aquí no hay nada más que un montón de gente histérica.

- ¡Venga conmigo y se lo mostraré!

Snape corrió tras el muchacho de quinto, entrando en un aula que despedía humo negro por debajo de la puerta.

Nada más abrir, las llamas salieron afuera produciendo un ruido igual a un rugido. Severus cerró otra vez diciéndole al chico que buscase a McGonagall, Sprout y cualquier otro adulto que supiera la suficiente magia para acabar con aquello.

El Slytherin no perdió tiempo en cumplir la orden, echando a correr con toda la rapidez que pudo.

Tomando aire, el profesor de pociones entró en el aula y comenzó a emplear todo lo que se le ocurrió para detener aquel fuego mágico que más que fuego parecía un león furioso.

Entonces, se dio cuenta que no estaba solo, porque a tan sólo unos pasos de él, alguien tosió.

- ¿Quién eres?.- Preguntó sin ser capaz de ver el rostro por culpa del humo negro.

- ¡Emily Pince!.- Dijo tosiendo bastante.- ¡No puedo respirar!

Él escuchó un golpe seco, y supo que ella había caído al suelo, inconsciente.

Evitando las llamas logró llegar hasta la mujer, entonces la cogió en brazos y se acercó hasta la puerta, pero no pudo abrirla ni con el Alohomora.

Severus miró a la que siempre había sido su "enamorada oficial" y sonrió con ironía.

Le parecía mentira que cuando por fin había decidido darle una oportunidad, no pudiese disfrutarla por culpa de la inconsciencia y de un fuego abrasador que se acercaba a ellos con una velocidad pasmosa.

- "Bueno…".- Pensó él sin dejar de mirar el rostro de Emily.- "Si morimos lo haremos juntos, y al menos en la otra vida sí le daré el gusto de estar conmigo. Claro que con el tiempo, no es que vaya a echarme en sus brazos en cuanto le diga que quiero intentarlo con ella."

Sintiendo cómo le faltaba el aire, se dejó caer al suelo protegiendo del humo, todo lo que pudo, a la señora Pince. La cuál, ni se enteró de que Snape se tumbaba encima de ella y cubría su cara con la capa de él para que el calor no la quemara.

Unos minutos después, sintió golpes en la puerta, y antes de perder el conocimiento vio cómo varios pares de pies entraban en el aula y se acercaban hasta ellos. Entonces, todo se volvió negro.


Despertó sintiendo un gran mareo y cuando su vista se aclaró se dio cuenta que estaba en una de las camas de la enfermería. Entonces notó otra cosa, una mano agarrando otra de las suyas.

Él miró hacia allí y vio a quién pertenecía.

- Emily…- Dijo con algo de asombro.- ¿Estás bien?

- Gracias a ti sí.- Añadió ella con una sonrisa.- Me salvaste la vida, Severus, y también el rostro. Se habría quemado si no me hubieses cubierto con tu cuerpo y tu capa.- Ella agachó la mirada con tristeza y dijo sinceramente…- Sé que no te gusto como mujer, y sé de sobras que nunca me amarás, pero igualmente quiero que sepas que yo jamás dejaré de estar enamorada de ti. Menos todavía después de lo que has hecho hoy.

Minerva me dijo…que nos encontró inconscientes. Tú estabas sobre mí, protegiéndome con tu cuerpo y manos. Y yo…- Dijo aspirando sonoramente.- Yo sólo…puedo decir…Gracias.- Entonces le miró y él vio que tenía los ojos inundados de lágrimas.- De verdad Severus, muchísimas gracias.- Y al decir lo último se tiró en su pecho, abrazándose a su cintura con fuerza mientras seguía liberando lágrimas.

Por primera en vez en muchos años, Severus Snape sintió algo que jamás pensó experimentar. Ternura, una grande e infinita.

Le gustó, sobre todo porque se lo había producido una mujer que siempre le había tratado con todo menos desprecio o crueldad.

Mirándola con afecto, le dijo con suavidad…

- No llores más, Emily, no tienes por qué.

- ¡Sí que tengo por qué!.- Exclamó ella sin atreverse a mirarle.- ¡Pasé mucho miedo allí dentro. Y cuando creí que moriría tú viniste. Y luego me protegiste igual que haría un príncipe de los cuentos de hadas. Lo malo para mí es que jamás seré tu princesa. Y no sabes cómo me fastidia eso!- Sorbiendo lágrimas preguntó llena de congoja…- ¿Qué más tengo que hacer para que te fijes en mí, usar una poción multijugos para tener el aspecto y cuerpo de Lilian Evans?

- Claro que no.- Dijo él sonriendo sin que ella lo viera.- Tú eres especial y única a tu modo, Emily. No necesitas copiar a Lily para que yo me interese en ti o incluso te note.

- ¡Pues nadie lo diría. Llevas siete años rechazándome, y la verdad es que ya estoy harta!.- De repente se incorporó, y sentándose junto a él le dijo mirándole a los ojos…

- Quisiera poder dejar de amarte. ¡Pero no puedo!. No puedo…- Su cara cayó haciendo que más lágrimas descendieran y mojaran la túnica de Severus, quien estaba realmente conmovido ante lo que presenciaba.

Se sintió halagado de que alguien como ella le amase. Quizás no fuese tan hermosa como Lily, ni tampoco tuviese sus ojos verdes o una sonrisa capaz de hacerle sentir que se derretía cada vez que la recordaba, pero tenía otras muchas cosas que la hacían única además de especial como él le había dicho. Y cuando recordó las palabras de Hermione, supo que ella tenía razón.

Él estaba negándose así mismo la oportunidad de enamorarse de alguien que sí podría corresponderle sinceramente. Y aunque por el momento no sintiese amar a la señora Pince, pensó que con el tiempo lo haría. Así que, sin hacer movimientos bruscos, usó una mano para tirar del rostro cabizbajo de ella y ponerlo a su altura.

Emily le miró con asombro, y cuando estaba a punto de decirle algo él se lo impidió posando sus labios en los de ella.

Severus notó el ruido de sorpresa que hizo ella al sentir cómo la besaba. Y sonrió en medio de los besos cuando la vio cerrar los ojos y empezar a devolvérselos.

Entonces, los brazos de él se cerraron en la espalda de ella y se vio así mismo caer de nuevo en la cama, con Emily encima suya. Aún besándolo como si su vida dependiera de ello. Y él se sintió feliz por primera vez en muchos años.

Un poco después, se apartaron. Emily aún estaba encima, mirándolo con dulzura, sin ser capaz de no sonreír.

Ella le tocó el rostro con un dedo y él sonrió otra vez.

- Me gustaría saber por qué me has besado.- Dijo ella con una voz dulce y suave.- Pero no creo que importe. Lo único que cuenta para mí es que lo has hecho y con eso me doy por satisfecha. Aunque me digas que no volverá a repetirse, quiero que sepas que has cumplido uno de los deseos que siempre he tenido contigo. Así que gracias otra vez, Severus.

- De nada.- Pronunció usando una mano para recorrer su cabello recogido en un moño medio alto.- ¿Sigues pensando que me amas?

- No lo pienso, lo siento, que es distinto. Y sí, claro que lo hago. ¿Por qué quieres saberlo?

- Curiosidad.- Respondió intentando sonar serio.

- Venga ya…- Dijo ella guiñándole un ojo.- Hace muchos años que nos conocemos, Seve, así que suéltalo de una vez.

- Simplemente he pensado mucho en ti y ese…enamoramiento que tienes conmigo desde hace años y…bueno…no es que quiera casarme contigo ya ni nada parecido pero…reconozco…que sí quiero darte una oportunidad. Es decir quiero…intentar que seamos algo más que simples compañeros de trabajo.

- ¡Entonces te gusto!.- Exclamó ella con clara ilusión en su voz.- ¡Por fin!.- Dijo juntando las manitas de manera cursi. Él se rió un poco al verlo. Ella soltó un ruidito estúpido.

- Eres de lo que no hay, Emily…- Dijo quitándole las horquillas que sujetaban su moño.- Pero eso es lo que te hace especial.- La melena de ella cayó por debajo de sus hombros y él metió sus dedos en esos bucles cobrizos que ella poseía.

- Oh, Severus…- Pronunció sintiendo cómo él acariciaba su cabello.- He soñando tantas veces con esto…- Entonces se acercó a sus labios.- Pensé que nunca se haría realidad.- Dijo a punto de apresarlos con los suyos.- Y si por casualidad esto fuese un sueño prefiero no despertar.- De repente lo besó, y sintió cómo él la correspondía. Usando los dedos que antes habían tocado su melena, para acariciar tanto su espalda como su cintura.

Emily se sintió flotar y cuando notó que él la agarraba y se giraba dejándola debajo, pensó que efectivamente era un bello sueño del que no quería despertar.

Pero pronto supo que era real, porque Severus comenzó a acariciarla y ella jamás había notado eso en los sueños que había tenido con él.

Posiblemente aquello podría haber ido a más si la señora Pomfrey no hubiese entrado para evitarlo. Pero el caso fue que lo hizo, y cuando ellos escucharon cómo algo caía al suelo se dieron cuenta por el ruido, que debía ser su bandeja de medicinas.

- ¡Por Merlín y toda su magia!.- Exclamó Poppy muerta de asombro.- ¿Os estáis metiendo mano en mi enfermería?. ¡Es que os habéis vuelto locos!.- Exclamó ahora indignada.- ¡Sois profesores de este colegio, por todos los Santos Muggles, haced el favor de comportaos como adultos y no como estudiantes presos de las hormonas!

- Precisamente eso estamos haciendo.- Añadió Snape antes de volver a besarla.- Actuamos como adultos presos de nuestras hormonas.

- Así que te agradeceríamos mucho que nos dejases solos.- Dijo Pince riéndose por lo bajo antes de volver a besar a Severus.

- ¡Emily!.- Dijo Poppy más roja que el pelo de Ron.- ¡Haz el favor de recuperar el buen juicio y salir de la cama de Snape!

- No...- Respondió la bibliotecaria mirándola con una sonrisa más que notable en la cara.- Sinceramente te digo que soy adulta y sé lo que me hago. Igual que lo sabe él.

He pasado siete años de mi vida deseando lo que tengo ahora, así que no me moveré de esta cama ni me apartaré de este hombre a no ser que él mismo me lo pida. ¿Ha quedado claro?

- Sí.

- Entonces déjanos solos, por favor.

- Bueno. Pero igualmente creo que deberíais hacer esto en un lugar más privado. Pronto llegarán algunos estudiantes que han resultado heridos por culpa de las llamas, y no me gustaría que os viesen así o de otra manera si decidís ir "más allá".

Al oír lo de los estudiantes, fue Snape quien se apartó y tomó asiento en la cama. Emily le imitó, mirando a la señora Pomfrey con la misma seriedad con la que lo estaba haciendo su compañero.

- ¿Qué estudiantes son esos?.- Quiso saber el profesor de pociones.

- Granger, Lovegood y Federline. Por lo visto ellos acudieron para ayudar al profesorado, y terminaron extinguiendo el fuego junto a nuestros compañeros. Lo malo fue que se quemaron un poco. Algo normal en cualquier incendio.

Minerva me dijo que Luna tenía las manos en carne viva. Hermione terminó con ampollas en las piernas y Andrew…tiene el pecho achicharrado. Se quitó la túnica y el jersey para intentar aplacar algo las llamas, pero no sirvió de nada. Y el calor derritió su camisa, el resultado ha sido el que os he dicho.

- ¿Y cómo es que no están aquí ya?

- Porque nuestra directora quería sanarles un poco antes de mandármelos. Seguramente para que yo no me asustara al verlos. Ella sabe que la gente quemada me impresiona mucho.

- Tanto como para desmayarte.- Añadió Pince.- Algo normal cuando perdiste a tu madre en un incendio, Poppy.- Entonces miró a Snape.- Ella tiene razón, Seve, lo nuestro puede esperar a otro momento. Ahora debemos ayudarla con los estudiantes.

- No hace falta.- Dijo la enfermera con amabilidad.- No quiero interrumpiros. Puedo ocuparme de esto sola. Lo único que os pido es que sigáis con vuestros mimos en otro lugar distinto a la enfermería.

- No.- Dijo Snape.- Emily tiene razón. Ahora lo importante no somos nosotros, sino tú y los estudiantes. Dinos qué hacemos cuando lleguen.

- Lo primero quitarles sus varitas. Voy a usar remedios que les dolerán, y no quiero correr el riesgo de que me lancen algún hechizo para impedirlo.

Ellos asintieron con la cabeza y unos minutos después, estaban ayudando a Pomfrey a sanarlos.


Cuando Hermione abrió los ojos era noche cerrada.

La luna brillaba en lo alto de la ventana y las estrellas relucían con fuerza.

Pensó que era una noche preciosa y le dio igual disfrutarla siendo un chico que tenía las piernas vendadas y el pelo castaño corto por debajo del cuello.

Recordaba que la enfermera lo había recortado cuando lo vio quemado por culpa del fuego.

Hermione sólo pudo pensar que lo importante era que seguía viva, no cómo quedaría su pelo o incluso sus piernas.

El ruido de unos pasos suaves la hizo girar el rostro para ver quién lo producía. Y no le sorprendió ver a la señora Pomfrey dirigirse a su cama portando una bandeja llena de medicinas.

- ¿Se siente bien, querida?.- Cuestionó tomando asiento al lado de ella.

- Sí señora. ¿Qué ha sido de Luna y Andrew?

- Están durmiendo en otra habitación. Les puse en otra estancia para que usted pudiera tener privacidad.

- Gracias, aunque me sentiría mejor si los viera.

- Están bien, de verdad.

- ¿Les quedarán cicatrices?

- No, aunque a usted sí. Lamento decirle que mi magia no ha sido lo suficiente efectiva como para borrar lo que le hizo el fuego. Pero al menos he conseguido regenerarle la piel de las piernas. Lo malo es…que no podrá ponerse una falda durante algunos meses. La luz del sol no debe darle a no ser que quiera tener marcas rojas durante el resto de su vida.

- No, claro. De todas maneras el no lucir pierna no creo que me importe mucho estando en febrero. Y tampoco creo que sea un problema que use pantalones en vez de la falda del colegio. Además, lo esencial para mí es saber que Luna y Andrew están bien. Gracias por decírmelo.

- De nada. Pero eso no es todo. Ahí fuera hay alguien que quiere verla. Lleva tres horas deseando entrar, y si no le dejo pronto, lo más seguro será que se cuele a la fuerza.

- ¿Se refiera a Harry?

- Sí querida. Después de recuperarse salió a buscarla y entonces vio cómo los profesores traían los cuerpos de Luna, Andrew y el de usted, a la enfermería.

Él no ha querido cenar. Dice que no tiene hambre. Supongo que la preocupación por usted le ha quitado el apetito.

¿Qué me dice, Hermione, quiere verle o le digo que está dormida?

- La verdad es que me muero por hablar a solas con él, pero no me encuentro bien. Es como si me pesara todo el cuerpo.

- Eso es por culpa de la poción que le administré. Le ha relajado el cuerpo tanto como para molestarle el mínimo movimiento que haga. Pero no se preocupe, en unas horas se pasará el efecto y entonces usted podrá hasta saltar si así lo desea.

- ¿Y seguiré siendo atractiva a pesar de las cicatrices de mis piernas?

- Por supuesto que sí, querida. Lo más bonito que tiene usted en su cuerpo es el rostro, y no ha resultado dañado.

- Pero las piernas también son atrayentes para los chicos, aunque yo sólo quiero despertar el interés de uno concreto.

- Que está fuera esperando que yo le diga que puede verla.

Nunca me ha gustado que se altere a los pacientes. Pero intuyo que si dejo entrar a Harry, usted no sufrirá como hace cinco meses. ¿Acierto?

- Sí señora.

- Entonces le diré que entre.

- Dígale también lo que me ha ocurrido. No quiero que se asuste cuando me vea con las piernas vendadas.

- De acuerdo. Hasta luego, Hermione. Llámeme si necesita cualquier cosa.

- Lo haré. Gracias por todo, señora Pomfrey.

- No querida, a usted, Luna y Andrew. Si no fuese por su intervención, quizás mis compañeros habrían muerto en ese incendio mágico.

Poppy le dio un beso en la frente y entonces salió. Harry no tardó nada en pasar a la habitación de Hermione, quien, bajo su aspecto y cuerpo de Hermes, estaba con las piernas vendadas y estiradas, en la cama donde la había colocado la señora Pomfrey con ayuda de los ahora ausentes Snape y Pince.

- ¡Tu pelo!.- Pronunció sorprendido cuando lo vio corto.

- Se quemó.- Respondió su mejor amiga sin demostrar que le afectaba.- Poppy ha tenido que cortármelo. Pero no importa, volverá a crecer con el tiempo.

- ¿Cómo estás?.- Preguntó el moreno con ansiedad sentándose en la silla vacía que había dejado la enfermera al lado de la cama del "castaño".

- Ahora bien.- Dijo "él" con una sonrisa.- ¿Y tú estás bien?

- Sí. Lo mío no puede compararse a lo tuyo, Hermione. ¿Por qué te empeñas en ponerte en peligro constantemente?. ¿Quieres matarme de ansiedad o qué?

- Lo dice el que se pasa la vida corriendo riesgos.- Respondió su mejor amiga aún en aspecto y cuerpo de chico.

- Bueno pero lo mío ha sido por culpa de Voldemort, mis tíos, y también por las aventuras buenas y malas que hemos tenido en Hogwarts. Pero tú te expusiste a un peligro enorme sólo por ayudar a unos profesores que saben más magia que todo lo que hayas podido aprender en esos libros que nunca te cansas de leer.

- Tenía que hacer algo para ser útil, Harry, además, ellos me han ayudado durante 5 meses. ¿Cómo no iba a estar ahí cuando más necesitaban apoyo?

- En eso tienes razón.

- ¿Y tú dónde estabas?

- En la enfermería. Cuando desperté fui a buscarte y entonces vi cómo te traían junto a Luna y Andrew. ¿Ellos están bien?

- Sí, descansan en otra habitación. La señora Pomfrey me dijo que quería dejarme sola para que tuviese privacidad. Supongo que supuso que tú vendrías a verme y no querría que tuviésemos otras personas pendientes de nosotros.

- Pues si eso es así, se lo agradezco. ¿Te sientes lo suficiente bien como para continuar la conversación que dejamos pendiente ayer?

- Sí Harry.

- Entonces iré al grano.

- Te escucho.

- Tal y como te dije en su momento…tengo muchas cosas que decirte, Hermione, y no pienso guardarme nada.

Empezaré diciendo gracias, por todo lo que has hecho por mí desde que nos hicimos amigos.

Continuaré con que me siento más que orgulloso de ti y agradecido por lo mucho que has estado siempre pendiente de mí.

Ahora diré…que eres una persona increíble y además añado que no existe otra como tú en todo el mundo.

Digo…que aunque sé que me he merecido el desprecio y pasotismo que me mostraste durante cinco meses, haciéndome ver que no querías estar conmigo…a mí me dio igual y me sigue dando igual. Porque ante todo…tú eres mi mejor amiga y yo jamás abandono a mis amigos sobre todo si son buenos.

Y por último…terminaré esta parte diciendo…que te quiero mucho, Hermione, siempre te he querido mucho. Lo único malo para mí fue que tardé en aprender a sentirlo, pero te juro que desde que sé que lo hago…no dejaré pasar un solo día sin decírtelo al menos, una vez.

- Harry…Todo eso es…

- Lo que hay en mi corazón, pero no es lo único. ¿Quieres oír más?

- Sí.

- Yo…espera.

- ¿Qué ocurre?

- ¿Podríamos seguir hablando en tu habitación?. Es que aquí no estoy a gusto. Me siento observado…

- Será porque nuestros padres nos están mirando, siempre lo hacen. Y también McGonagall. Tiene una especie de hechizo o qué se yo que le sirve para oír y ver todo lo que me sucede. Sea contigo o sola.

- ¿Nos está oyendo ahora?

- Seguro que sí.

- Bueno, pues espero que escuche esto.- Poniendo una voz seria pronunció al aire como usando un walkie talkie…- Profesora, aquí Potter al habla. Háganos el favor de dejar de cotillear y darnos privacidad. La necesitamos. Ah, y tampoco quiero que nos vea. Lo que aún me quede por decirle a Hermione o incluso hacerle…es sólo para ella. ¿De acuerdo?

- No creo que te conteste.- Dijo Hermes por lo bajo. Y de repente, se escuchó la voz de la directora decir…

- De acuerdo señor Potter. Corto la conexión. Buenas noches a los dos, nos veremos en el desayuno.

- Buenas noches señora.- Dijeron a la vez.

- ¡Y no hagan cosas para las que aún no están preparados!

- ¿A qué se refiere?.- Quiso saber Harry.

- Umm…bueno, creo que "a las cosas de mayores".- Dijo Hermes algo sonrojado.- Ella piensa que aún somos jóvenes para meternos en eso…

- ¿En qué?

- ¡Sexo, Harry!.- Dijo a milímetros de su rostro, lo que provocó que el moreno se echase un poco para atrás debido a la impresión de ese grito repentino.

- Anda mi madre.- Apuntó Potter enrojeciendo también.- No pensé en eso…

- Ya.- Añadió Hermes resoplando un poco por lo bajo.- De todas maneras aunque me lo propusieras ahora te diría que no. Quitando el hecho de que sigo siendo un chico, tengo las piernas vendadas y no creo que me convenga moverlas demasiado. Además, la señora Pomfrey no me permitirá abandonar la enfermería por mucho que se lo pidamos. Así que, la cosa está clara... Dormiré aquí y sólo me iré cuando ella diga que puedo hacerlo.

- Lo entiendo. Pero igualmente…¿Podemos seguir hablando?

- No, estoy cansada. Buenas noches.

- ¿Quieres dormir ya?

- No…aunque mi cuerpo necesita reposo y descanso.

- ¿Puedo quedarme contigo?

- ¿Durmiendo en la silla?. Ni pensarlo. Mañana te dolerá todo.

- Me da igual.

- A mí no. Así que buenas noches y adiós.

- Pero Hermione…

- He dicho no, Harry.

- Cabezota…

- Hasta mañana.

Refunfuñando por lo bajo Potter se levantó y se dispuso a salir de la habitación pero cuando estaba a punto de hacerlo, retrocedió, se agachó lo suficiente como para acercarse al rostro de Hermes y sin decir ni una palabra, le besó en los labios.

- Ahora sí.- Dijo completamente serio.- Buenas noches.

"El castaño" no pudo ni contestar, se había quedado muerto de asombro. Y cuando escuchó afuera cómo se cerraba la puerta de acceso a la enfermería, entendió que se había marchado.

Sonriendo, Hermes terminó de acomodarse en la cama y cerró los ojos. Pasando una noche no sólo buena sino llena de sueños románticos donde Harry y Hermione eran los protagonistas.


Los días siguieron pasando y Hermione terminó de recuperarse de sus quemaduras en las piernas.

La señora Pomfrey no había mentido cuando dijo que le quedarían cicatrices, y la verdad era que a la castaña no le gustaban nada. Creyó que la afeaban y le quitaban atractivo, pero pensando que sería peor estar muerta, se convenció así misma de que aquello no era el fin del mundo, así que aceptó sus marcas con toda naturalidad y comenzó a usar la falda escolar una vez que la enfermera le dijo que podría hacerlo.

Durante algún tiempo, tuvo que soportar algunos comentarios despreciativos de la gente a quien ella caía mal, como algunos Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw que habían sido amigos tanto de Ginny, Lavender y Parvati como de las diez chicas que días atrás habían echado los profesores.

Hermione llegó a la conclusión que era tonto molestarse con esa gente o incluso batirse en duelo mágico cuando era absolutamente imposible caerle bien a todo el mundo.

Decidió hacer lo que solía mostrar la antigua Hermione. No sólo pasotismo ante los desprecios e intentos de provocación sino además reflejar orgullo y dignidad, como si diese la impresión de que ninguna de esas palabras y bromas crueles, la hiriesen.

Pronto, dejaron de molestarla, menos una persona, una chica perteneciente a la casa de Snape que sentía por Hermione una verdadera antipatía.

Esta niña se llamaba Jane Wickfield y pertenecía también al último curso de Hogwarts, y al igual que ocurrió con Ginny, Lavender, Parvati y sus amigas expulsadas, era bastante popular entre el género masculino.

Sólo Harry parecía no caer "bajo sus encantos" y tenía mucho que ver con el hecho de que ella, siempre se metía con Hermione estuviera o no, delante.

Esa misma mañana, mientras se dirigía a su siguiente clase, él oyó cómo Jane comentaba con sorna delante de algunos compañeros de casa…

- ¿Os habéis fijado en las marcas?. Es como si la hubiese atacado un pulpo. Tanto las piernas como las rodillas están llenas de circulitos rojos…¿No os parece repugnante?

- ¡Pues sí!.- Dijeron los chicos comenzando a reírse sonoramente.- ¡Pero eso es algo que siempre hemos sabido. Hermione Granger da asco, no tiene nada bonito en su apariencia, y después del incendio ha quedado peor todavía!. ¿Quién querría estar con ella?.- De nuevo soltaron carcajadas, y de repente, ocurrió.

Tanto Jane como los ocho compañeros de casa que la rodeaban, se vieron hinchados como un globo y ascendiendo casi a la altura del techo del corredor donde estaban. Y antes de que alguno preguntase qué pasaba, escucharon la voz furiosa de Harry Potter decir desde abajo…

- ¡LA PRÓXIMA VEZ QUE OS ESCUCHE HABLAR ASÍ DE HERMIONE, JURO POR LO MÁS SAGRADO QUE EN VEZ DE PONEROS COMO GLOBOS OS CONVERTIRÉ EN POLVO!

- ¿Qué mosca le ha picado?.- Cuestionó uno de ellos mirando al chico que tenía al lado.

- ¿Y yo qué sé?

- ¿Será que ella le gusta?.- Preguntó otro cercano.

- No creo…- Dijo Jane desde el centro del grupo flotante.- Pero es normal que se ofenda cuando Granger siempre ha sido su mejor amiga.

- ¿Retiramos lo que dijimos?.- Cuestionó otro chico.

- Deberíamos.- Opinó otro.- Si no lo hacemos es posible que nos deje aquí durante un buen rato.

- Odio admitirlo…- Añadió un pelirrojo.- Pero Potter es un mago extraordinario. Ni siquiera ha usado la varita para dejarnos así…

- Hay que ver lo que puede producir un enfado suyo…- Dijo otro chico.

- ¿Sólo enfado?.- Apuntó el anterior a ése.- Yo diría más bien "Cabreo monumental". Me pregunto qué podrá hacer cuando esté histérico de veras.

- A mí eso me da igual.- Dijo Jane.- De todas maneras no me da ningún miedo. Lo único que me impresiona de Potter es lo buenísimo que está, si no fuese por esas gafas horribles, le pediría una cita.

Todos la miraron como si no pudiesen creérselo, ella simplemente subió y bajó los hombros como diciendo…"Me es indiferente lo que penséis".

- ¡Potter!.- Exclamó un chico mirando hacia donde él estaba.- ¡Bájanos ahora mismo si no quieres que te hechicemos!

De entre todas las respuestas o reacciones posibles, Harry escogió una que no fue verbal sino gestual. Encogió todos los dedos y sólo dejó levantados los índices, indicándoles con ellos… "Que os jodan" y con la misma se marchó, dejándoles aún a punto de tocar el techo.

- ¡SERÁ MAMÓN!.- Pronunció un rubio rojo de ira.- ¡Y AHORA CÓMO MIERDA BAJAMOS!

- Pues con un hechizo.- Dijo Jane con total naturalidad. Y después de usar su varita, los hizo a todos tocar el suelo.

- Hay que vengarse.- Opinó un moreno de ojos celestes.

- No creo que sea buena idea.- Volvió a decir la chica.- Todo Hogwarts sabe que tanto Granger, como Potter, Lovegood y Federline cuentan con la protección de los profesores. Si se nos ocurre hacerles algo a cualquiera de ellos, nos expulsarán. Y yo no tengo ninguna gana de aguantar la bronca que me echarán mis padres como les diga que me han echado por deshonor.

- ¡Pero no podemos quedarnos sin hacer nada!.- Pronunció un muchacho de pelo cobrizo.- ¡Por muy apoyados que estén se merecen un castigo, por lo menos Potter!

- Dejémoslo así.- Dijo Jane.- Y si decidimos hacer algo… que sea fuera del colegio. Hogsmeade sería un buen lugar. ¿Qué tal si atacamos este sábado?

- ¿Qué tienes pensado?

Ella esbozó una sonrisa siniestra, y después de hacer un gesto de "acercaos", comenzó a contarles lo que se le había ocurrido.

Después, se marcharon, poniendo rumbo cada uno a un destino distinto.


Hermione caminaba deprisa, tenía reunión con Minerva y llegaba tarde, algo raro en ella, pero después de castigar a unos niños de primer año por gastarle a otro una broma pesada, se le fue el Santo al cielo y como no quería retrasarse más de lo que ya había hecho, decidió correr.

Iba cargada de libros, algo normal en ella, y debido a eso, avanzaba con dificultad.

Jane estaba escondida en una esquina cercana, la había visto venir, y para reírse un rato a su costa sin ser vista, sacó un pie justo en el momento en que la castaña pasaba por su lado y le puso la zancadilla.

Hermione cayó de boca contra el suelo. Cuando se levantó, se dio cuenta que tenía sangre en el labio. Ella escupió y vio que se había roto un diente.

Miró a su alrededor pero no vio nada. Intuía que alguien lo había causado pero como no podía culpar a un ser invisible, así que decidió seguir hasta el despacho de la directora, donde tomó asiento en cuanto ella le abrió.

- ¡Por Merlín y toda su magia!.- Exclamó McGonagall al ver su boca derramar sangre abundante.- ¿Qué te ha ocurrido?

- Alguien me hizo tropezar y me di de bruces contra el suelo. Pero no te preocupes, conozco la suficiente magia curativa como para sanarme esto en un segundo.

Cuando lo hubo hecho, charlaron de distintas cosas. Tanto de las obligaciones de prefecta como de Harry.

- ¿Ocurrió algo anoche que deba saber?. ¿Se te declaró por fin?

- Pues no. Le pedí que se marchara.

- Mal hecho. Si anulé la conexión fue para daros privacidad. No debiste cortarle el punto. A lo mejor tarda en volver a decirte lo que siente…

- No creo. Harry es muy cabezota, y cuando le da por algo no para hasta que lo consigue. Estoy segura que seguirá buscando ocasiones para charlar conmigo a solas.

- Y cuando por fin te diga lo que esperas…¿Qué harás?

- Actuar según me proponga o lo que surja en el momento.

- ¿Haciendo "cosas de mayores"?

- Por ejemplo.

- Hermione, no quiero parecer tu madre diciéndote esto pero…no corras en eso. ¿De acuerdo?. Tienes toda la vida para experimentarlo. Además, tú me dijiste en una ocasión, que sólo darías ese paso si estuvieras enamorada de alguien.

- Lo estoy, profesora, y bastante.

- Y también dijiste que él debía amarte y decírtelo, porque para ti, el sexo es algo importante junto a una muestra clara de amor entre la pareja. Potter por el momento no es tu pareja, por lo tanto, no hagas algo llevada por un impulso por muy pasional que pueda ser. ¿Y si más tarde te arrepientes?

- Con Harry no. Es el único hombre que he querido de verdad toda mi vida, después de mi padre. Aunque está claro que por mi progenitor sentía un amor distinto.

- Ya…Pero hazme caso, piénsalo muy bien antes de entregarte a tu mejor amigo de esa manera. No quiero que él te decepcione en eso. Es algo muy importante para cualquier mujer y tú eres una muy buena.

- Gracias, Minerva. Yo también lo pienso de ti.

- Y ahora cuéntame por qué has llegado tarde.

Tras su relato, la profesora favorita de Hermione hizo aparecer dos tazas de té y algunos pasteles.

Ellas merendaron tranquilamente mientras intercambiaban impresiones con cosas que ya no tenían relación con Harry Potter y lo que la castaña sentía por él.

Al terminar, la Gryffindor se despidió y se fue a su habitación para hacer los deberes.

Cuando los terminó ya había anochecido, así que se duchó, se puso ropa más masculina y se fue al Gran Comedor dispuesta a tomar su cena.

Como había hecho durante cinco meses, comió junto al profesorado. Puede que ya no necesitase de su apoyo para no derrumbarse delante de la gente, pero seguía sintiéndose muy protegida por ellos y le parecía feo hacia ellos cambiar de repente y cenar con los estudiantes.

Harry la observaba desde la mesa Gryffindor, y cuando Hermes miró hacia ella, él le hizo un gesto como de usar un teléfono.

Hermione entendió que significaba "tenemos que hablar". Ella hizo otro respondiendo "Luego" y él asintió con la cabeza demostrándole que la había entendido.

Potter esperó a que ella no sólo terminase su cena sino también su guardia, pues sabía de sobras que tenía una todas las noches además de por las mañanas.

Y cuando por fin vio venir a Hermes, lo único que recibió de "él" fue un "Estoy muerta de sueño, Harry, nos veremos mañana. Buenas noches." Y tuvo que conformarse. Porque tampoco quería darle la impresión a Hermione de que la presionaba. Así que le devolvió el buenas noches y se fue a dormir.


El viernes no ocurrió nada anormal, ni para Harry ni para Hermione, pero tampoco pudieron hablar porque ella estuvo ausente del castillo la mayor parte del día y cuando regresó, se fue directa a su habitación, donde se duchó y se puso ropa masculina para su guardia de la noche. Después de la misma, se acostó, dando paso al sábado.

Harry despertó deseando verla para pedir que le acompañase a Hogsmeade. Secretamente, deseaba tener allí una cita con ella, pero no pudo hacerse realidad porque Hermione no estaba en el castillo cuando él fue a buscarla tras el desayuno.

La castaña había ido con Minerva al callejón Diagon para comprar algunas cosas que ambas necesitaban. Y como la profesora era la "supervisora de Hermes", la Gryffindor tuvo que acompañarla.

Hermione no podía quejarse, le sirvió para distraerse y cambiar de aires. Algo que ella encontró estupendo.

Potter, por otra parte, se quedó todo el día en Hogwarts, esperando su regreso. Intuía que sería de noche, pero eso no le impediría hacer lo que tenía en mente desde hacía meses.

Mientras tanto, la mujer de sus sueños y la jefa de su casa pasaban por una esquina. Minerva se fijó que Hermione se paró en seco. Ella le preguntó…

- ¿Ocurre algo?

- Sí.- Dijo la prefecta mirando fijamente hacia delante.- Acabo de ver a la bruja que me maldijo.

Estoy a punto de soltar los paquetes e irme corriendo hasta allí y amenazarla con hechizarla si no me quita la Mannight de inmediato. Pero haciéndolo, corro el riesgo de que me embruje con otra cosa que pueda ser peor, así que optaré por hacer como que no la he visto y seguir mi camino contigo. Además, quiero ver si es verdad que se cura con una declaración y un beso de amor verdaderos. Y si vienen por parte de Harry me sentiré doblemente feliz.

- Yo podría ir hasta ella y pedirle que te cure. Pero si a ti te hace más ilusión esperar la declaración de Potter, no seré yo quien te lo impida.

- Gracias.

- De nada. ¿Te apetece un té?. Aún nos quedan algunas horas para regresar al colegio.

- Sí, me vendrá bien. Hace un frío horrible y algo caliente me reconfortará.

- Entremos allí.- Dijo Minerva señalando una Tetería cercana.- Tienen un té verde chino estupendo.

- Es mi favorito.

- Lo sé.- Añadió la bruja anciana y sabia con una sonrisa amable.- Vamos Hermione, se me están helando los huesos.

Siguiendo a la mujer adulta, la castaña entró en el local tomando asiento al lado de la chimenea.

Ellas pasaron la tarde en el local. Al salir, estaba anocheciendo. Eso preocupó a Hermione, quien no quería transformarse llevando ropa femenina.

- Vayamos a la Casa de los Gritos.- Propuso la Profesora.- Conozco un pasadizo que nos llevará directamente a Hogwarts.

- ¿Cómo descubrió este sitio?.- Preguntó la castaña conforme avanzaba por el lugar oscuro iluminado por los Lumus de las dos varitas.

- Yo también fui joven una vez, y al igual que a sus dos amigos, me gustaba explorar.

- Harry lo conoce. En cierta ocasión me habló de él.

- No me extraña. Después de todo es hijo de uno de los Merodeadores.

- Aunque no ha heredado el gusto por las bromas crueles que tenía su padre.

- Afortunadamente.- Rió un poco Minerva.- James era un mago extraordinario, pero como persona…bastante imbécil. Luego maduró, claro, pero eso es otra historia.

- ¿Cómo fue que consiguió a Lily si ella en apariencia no le soportaba?

- Tú lo has dicho, Hermione, en apariencia. Realmente "se moría de amor por él" como diríais los jóvenes de hoy. Pero ella no quería demostrarle interés, porque él tenía fama de ligón además de gamberro y Evans no quería ser "una conquista más". Así que enamoró a Potter haciendo todo lo que no hacían sus otras admiradoras.

Era antipática, cortante, incluso desagradable con él. Hasta le insultaba cuando le pillaba en alguna de sus "gracias".

Y James, que no estaba acostumbrado a que una chica le tratase de esa manera, en lugar de enfadarse o ignorarla, que habría sido una reacción lógica por su parte, decidió que la resistencia de Lily "a sus encantos" le hacía parecer a ella "un desafío" y se puso como meta conseguir a esa chica a cualquier precio.

Él no se detuvo en sus intentos hasta salirse con la suya. Incluso cambió su forma de comportarse con los demás.

Dejó de ser un imbécil para convertirse en una buena persona. Y lo que en un principio fue una "máscara" para conseguir a Evans, al final se convirtió en su verdadera personalidad.

- Y como suele decirse…- Dijo Hermione en tono alegre.- "El amor hizo el milagro". Transformó a un cretino en un hombre decente. Verlo para creerlo.

- Pues yo lo vi y lo creí más que nadie. Tú también has hecho milagros en su hijo.

Le has enseñado qué es el cariño, cómo expresar sentimientos, luchar por sí mismo y lo que cree…

En definitiva le has hecho persona, Hermione. Eso, más que un milagro, es una auténtica heroicidad.

- Él sí que es mi héroe.

Fue el primero en decirle a Ron que debían buscarme cuando el Troll apareció. Si ellos no hubiesen llegado a tiempo, probablemente habría terminado muerta.

- Bueno…hace 4 meses estuviste a punto de correr peligro de muerte por culpa de la anemia que te entró. Menos mal que te obligábamos a comer que si no…

- La verdad es que agradezco que tanto tú como el resto del profesorado, junto a Luna y Andrew, me hayáis cuidado tanto.

- Es lo mínimo que podíamos hacer. Después de todo, tú llevas 7 años cuidando de todo el mundo. Incluso de los que en su día te despreciaron.

- Que ya no están porque los expulsaste. Como sigas echando gente del colegio te vas a quedar sin estudiantes.

Hermione se rió un poco, McGonagall la acompañó.

- Sí, sé por qué lo dices. Pero tal y como dice el dicho…"Mejor solo que mal acompañado".

De todas maneras los jóvenes no son tontos y no creo que quieran seguir molestándote. Todos saben lo mucho que has sufrido, y eso despierta compasión, por ejemplo.

- Pues Jane Wickfield no la siente por mí. Se pasa el tiempo criticándome. Un día de éstos perderé la paciencia y los nervios y le meteré más de una bofetada. Claro que eso me producirá la expulsión. ¿Verdad?

- En teoría sí, en la práctica jamás.

Mientras yo sea la directora de Hogwarts, el castillo siempre estará disponible para ti.

Como te dije hace tiempo…mi casa es tu casa, Hermione. Quédate en ella todo lo que te apetezca.

- Gracias, Minerva.

- De nada. ¿Has decidido ya tu carrera mágica?

- No. Pero creo que me gustaría ser profesora. "Las prácticas" de Hermes me han gustado.

- ¿Qué especialidad te gustaría impartir?

- Menos vuelo, cualquiera.

- Serías una buenísima Profesora de Defensa contra las Artes Oscuras.

- ¿Y fastidiarle el sueño a Snape?. Jamás.

- Él es un excelente profesor de Pociones. No tengo ninguna intención de darle otro puesto.

- Pero yo no creo servir para esa materia. Preferiría ocuparme de la Biblioteca junto con la Señora Pince.

- Tú y Potter seríais perfectos para la Defensa contra las Artes Oscuras. Después de todo habéis pasado 7 años combatiéndolas. Vuestra experiencia es grande y amplia. Servís.

- ¿Por qué cuentas con Harry?. Ni que estuviéramos casados para compartir las cosas juntos.

- Como amigos lo compartís todo. Además, tengo la esperanza de que algún día sí os caséis.

- Eso es algo que las dos deseamos.

- Verás cómo se hace realidad, Hermione.

Tú sólo ten paciencia. Mientras tanto, dale a Harry alguna señal de que estás interesada en él, para que no se le olvide…

- ¿Y luego qué, me echo en sus brazos?

- Simplemente haz lo que te dicte el corazón, así todo irá bien.

- Creo que estamos llegando. Veo luz al fondo.

Un poco después, aparecieron por la chimenea del despacho de Minerva. Quien entró seguida de Hermione, sacudiéndose el polvo y hollín que habían manchado sus ropas.

- Pero qué atractiva estás…- Dijo la profesora riéndose un poco al ver a Hermes con la falda escolar y unas medias de lana.

El castaño se miró en el reflejo de la ventana y cuando se vio, estalló en carcajadas.

- Lo mejor será que te cambies.- Propuso su amiga anciana.- Ya nos veremos en la cena.


Nada más salir de la bañera, Henry comenzó a piropearle, algo normal en él.

- ¡Pero qué culito más divino!.- Dijo el espejo gay con la voz exageradamente femenina que Hermione conocía de sobras.- ¡Y si miro "tus partes nobles" sólo puedo decir que son perfectas!

- ¿Te quieres callar?. Me estás avergonzando.

- Pues deberías sentirte halagada, querida.

- Si estas mismas cosas me las dijeras cuando estoy desnuda siendo mujer, probablemente me sentiría así. Pero tú sólo me adulas cuando soy hombre y ya te dije hace tiempo, que eso me molesta.

- Y te acompleja. Pero yo no lo hago para incomodarte, Hermione, sino para animarte.

- Bueno, pues volveré a repetírtelo por millonésima vez. Este cuerpo tan ideal para ti, a mí no me gusta nada, y tampoco lo siento como mío.

Habré tenido admiradoras que suspiraban nada más verme, podré provocarte un montón de piropos cuando me ves "desnudo" pero a mí todo eso me da igual. Porque realmente esta apariencia no me dice nada, aunque confieso que sí me encuentro bastante "atractivo". Y también tienes razón en una cosa…

- ¿En cuál?

- Estoy muy bien dotado además de proporcionado en todo mi cuerpo. Ahora que…ni aunque Harry fuese una chica a ratos, se me ocurriría intimar con él en una apariencia que no sea la nuestra de verdad.

- Pues eso díselo a Potter, sé de sobras que no tiene ningún problema en besarte aún siendo tú un chico.

- Eso es distinto. Normalmente esos besos tenían su por qué, pero no creo que él quiera besarme "de verdad" siendo los dos hombres.

- ¿Y lo de la pared de piedra qué fue, una locura mental momentánea por su parte?

- No. La verdad es que aquella vez, los dos participamos porque queríamos, nos apetecía y

- Os deseabais. Está claro.

- De todas maneras él no quiso admitirlo cuando se lo pregunté.

- Quizás si vuelves a provocar el contacto, la cosa cambie a tu favor. Estoy seguro de que Potter no sólo te dirá que le gustas sino también que te ama.

- Ya estamos otra vez con eso…

- ¿Vas a decirme realmente que no crees que él esté enamorado de ti?. Por favor Hermione, todo Hogwarts lo nota. Sólo le falta babear cuando te mira.

- Exagerada…

- Para nada, "hombre" de mis sueños.- Dijo el objeto mágico riéndose de manera estúpida.- Quizás yo sea un simple espejo, pero puedo ver y leer las emociones en los rostros humanos. Y yo te aseguro, que el de Potter dice "Amo a Hermione" cada vez que te contempla.

- Tú no estás presente cuando eso ocurre, así que no digas cosas que no puedes comprobar por ti misma.

- Mis amigos espejos sí y ellos son quienes me lo cuentan. Y la verdad es que confío plenamente en su palabra.

- Bueno, ahora debo irme. Tengo que cenar y luego hacer guardia al lado de la Sala Común de Slytherin.

- Ten cuidado, Hermione, recuerda que Jane Wickfield te la tiene jurada. Además, está planeando algo contra Harry. Me lo chivó la amiga que tengo en el baño de los chicos de séptimo de esa casa.

Al oír eso, los ojos de Hermes miraron a Henry con preocupación.

- ¿Por qué quieren atacarle, qué ha hecho Harry?

- Nada del otro mundo. Sólo reaccionar cuando escuchó cómo Jane y sus admiradores, se reían de ti y las cicatrices que tienes en las piernas. Que dicho sea de paso, siguen siendo preciosas por mucho que ahora seas un hombre.

- Henry por favor, al grano. Déjate los piropos ahora. ¿Vale?. Quiero que me digas todo lo que sabes del asunto de Harry y esos horribles Slytherin.

El espejo lo contó todo, cuando terminó, la respuesta de Hermes sólo pudo ser una.

- Le protegeré.

Y su amigo mágico preguntó lo obvio.

- ¿Y cómo, si esta noche tienes que estar en un sitio que se encuentra en la otra punta de donde ellos quieren atacarle?

- Querido Henry…- Dijo Hermes sonriéndole de medio lado.- Parece mentira que aún no sepas, que soy una mujer capaz de cualquier cosa o incluso prodigio, relacionado con la magia.

En Hogwarts no puede aparecerse nadie, pero ello no me impide estar en dos sitios a la vez. Aún conservo el giratiempo de McGonagall.

Puedo programarlo para retroceder lo justo, después de que haya empezado mi guardia.

Así, si alguien quiere comprobar si estoy en mi puesto, verá a un Hermes vigilando y no podrá sospechar que otro va en sentido contrario para salvar del acoso al hombre que ama.

- Realmente nunca dejará de sorprenderme lo ocurrente, inteligente y calculadora, que eres, Hermione Granger.

- Gracias por el cumplido.

- De nada.

- Ahora debo irme.

- De acuerdo. Que te aproveche la cena, y por favor…ten mucho cuidado con Jane y sus "esbirros". Quizás no sean tan peligrosos como Voldemort y sus ya muertos Mortífagos, pero desde luego, son tan dañinos como cualquiera que sepa usar la magia oscura con habilidad además de dominio.

- No te preocupes, Henry, todo irá bien.

- Eso espero, Hermione. Buenas noches.

- Buenas noches, querida amiga.

- Por favor, entra en el baño cuando vuelvas a la habitación. Quiero ver que has llegado sana y salva.

- Lo haré, Henry. Gracias por preocuparte por mí.

- Al contrario querida, gracias a ti. Sobre todo por tratarme más como tu amiga, que como lo que soy, un objeto mágico.

Hermes le dio un beso al cristal, Henry se ruborizó empañando el vidrio. El castaño sonrió mientras movía la mano a modo de despedida. Luego, salió del baño y se fue al Gran Comedor.


- Vaya asco…- Dijo uno de los admiradores de Jane Wickfield.- Toda la semana planeando la venganza contra Potter y al final no ha venido a Hogsmeade.

- Igualmente podemos atacarle esta noche.- Opinó la chica.- Además, sé de sobras que Granger no podrá defenderle porque estará haciendo guardia justo al lado de nuestra Sala Común.

- Sí.- Comentó un compañero suyo riéndose entre dientes.- Nos vendrá genial esperarle a la entrada del Bosque Prohibido. Todo el castillo sabe que a él le gusta pasear de noche cerca de allí.

- Lo tendremos facilísimo para sorprenderle.- Apuntó otro Slytherin.- Y de paso llenarle a magia oscura y dañina. Tengo unas ganas locas de hacerle pagar la muerte de Malfoy. Era mi mejor amigo…

- Pues yo quiero dejarle inválido como mínimo.- Dijo otro.- Si no lo matamos por lo menos le dejaremos lisiado para el resto de su vida.

- Eso estaría bien.- Comentó Jane con una sonrisa pérfida en su rostro hermoso.- Así le evitaremos incluso que tenga pareja. No creo que exista una sola mujer en todo el mundo mágico, capaz de querer estar con un impedido. ¿Os imagináis lo que sería pasar toda la vida pendiente de una persona que necesita ayuda hasta para ponerse unos pantalones o incluso entrar en una bañera?

- Realmente patético.- Dijo otro chico lanzando una carcajada.- Igual de patético que ha sido siempre Potter.

- Además de raro.- Pronunció un pelirrojo.- No creo que sea muy normal que le guste una mujer que está maldita con dos cuerpos. Y todo el castillo sabe que él está coladito por Granger. Lo que me extraña es que ella aún no se ha dado cuenta.

- Porque es incapaz.- Añadió Jane otra vez.- Para lo único que sirve ésa es para sacar notas altas y dominar la magia. Como mujer…es bastante estúpida. Hermione no sabría detectar un enamoramiento ni aunque se lo pusieran por escrito delante de su fea cara.

- Vámonos.- Dijo un compañero de ella al ver cómo los profesores se acercaban a las puertas del Gran Comedor, donde estaban todos ellos.- Si seguimos charlando aquí se darán cuenta de que tramamos algo.

Con naturalidad unida a la altivez que demostraban siempre todos los integrantes de Slytherin, entraron en la estancia tomando asiento en los bancos de su mesa.

Seguidamente, comenzaron a cenar sin llamar la atención.


Hermes entró en el Gran Comedor diez minutos después de que lo hicieran los profesores. Él se sentó en medio de Minerva y Snape, como llevaba haciendo 5 meses.

Durante la cena, "el castaño" no dejó de charlar animadamente tanto con McGonagall y Snape como con Madame Pince, quien estaba sentada frente al profesor de pociones. El cuál, no la miraba más "de lo estrictamente necesario".

Hermione sabía que ellos no habían reconocido ser una "pareja oficial" pero gracias a su profesora favorita y amiga personal, estaba al tanto de cómo se unieron.

Ella fue lo suficientemente prudente y discreta como para no hacer ningún comentario referido al tema. Sino que se limitó a charlar con los tres y hasta reírse cuando Emily quiso limpiar la boca de Severus tras haberse manchado él con salsa del estofado que estaba comiendo.

- Ni se te ocurra.- Dijo el profesor de pociones cuando la vio agarrar la servilleta y acercarla a sus labios.- No soy un bebé, sé limpiarme solo. De todas maneras gracias.

- De nada cariñín.- Añadió ella de manera cantarina. Snape resopló por lo bajo, Hermes agachó la cara y se rió con ganas sin hacer un solo ruido.

Justo cuando más metido estaba en su diversión, escuchó una voz más que conocida por él, decir a uno de sus oídos…

- Sé que tienes guardia esta noche. Cuando termines, ve a la Sala Común de nuestra casa. Te estaré esperando. Por favor, no faltes.

Hermes quiso contestar, pero justo al levantar la cara para mirarle, él ya no estaba a su alcance sino caminando hacia la salida del Gran Comedor.

- ¿Y bien?.- Comenzó Minerva.- ¿Qué te ha dicho?

- Que quiere verme después de la guardia. Lo que no sabe es que lo haré durante la misma.

- ¿Perdón?

- Henry me dijo que Jane Wickfield y sus admiradores están preparando una venganza contra Harry que quieren poner en práctica hoy.

En un principio querían atacarle en Hogsmeade, pero como él no ha ido supongo que lo harán esta noche.

Por lo visto están molestos porque el otro día…los hinchó como un globo y les hizo casi tocar el techo por culpa de su ira. Que salió a la luz cuando escuchó cómo ellos se reían de mí, las cicatrices de mis piernas y encima me llamaban repugnante.

Sé que reaccionó así porque es lo que haría cualquier persona que oye cómo ofenden a alguien querido por él o ella.

Y como sé de sobras lo que puede producir la ira del único mago que ha conseguido vencer al innombrable… me creo bastante que los hinchase como globos.

Para todo lo que es capaz Harry cuando está enfadado, lo de los Slytherin fue light, la verdad, si se llega a cabrear en serio probablemente estarían muertos. Puede que hubiesen explotado después del hinchamiento…

- Y a mí no me extrañaría, después de todo… él te ama, querida.

- Eso no lo sabemos, Minerva. Aún no me lo ha dicho.

- Tal y como te dije hace unas horas…ten paciencia, Hermione, todo irá bien.

- Yo también lo espero. Ahora te dejo. Empieza mi guardia.

Levantándose al mismo tiempo que el castaño, McGonagall preguntó en voz baja…

- ¿Quieres que luego vaya contigo a proteger a Potter?

- No. Esto es algo que quiero hacer sola, aunque sea bajo aspecto de chico. Además, siendo hombre tendré más potencia en los golpes. Después de todo, ellos siempre han tenido más masa muscular que las mujeres.

-Cierto. Igualmente ten cuidado. ¿De acuerdo?. No me gustaría verte otra vez en la enfermería.

- No te preocupes Minerva. Sé lo que me hago.

- Adiós, Hermione, hasta mañana.

- Hasta mañana, querida amiga. Gracias por estar siempre ahí para mí.

Echándose hacia delante, "el castaño" encerró a McGonagall en un abrazo fuerte. La mujer anciana sonrió tras su espalda, susurrando en el oído más cercano de él…

- Te quiero, Hermione.

- Yo también a ti.- Respondió la voz masculina de su alumna favorita.- Eres como una segunda madre para mí. Además de otras muchas cosas. Cuídate tú también. Tienes que durarme mucho tiempo. Al menos hasta que veas crecer a mis futuros hijos o hijas.

Hermes no lo vio por estar de espaldas a ella, pero cuando Minerva escuchó lo de los hijos, se le saltaron las lágrimas.

- Te prometo que haré lo posible por vivir largamente aunque no tenga el elixir de la vida eterna.

- Y cuando ya no puedas cuidar de ti misma, seré yo quien lo haga.- Respondió "él" aún abrazado a ella.- Porque eso es lo que hacemos las personas muggles que nos preocupamos de los mayores. Cuidarlos, sobre todo si son familia nuestra. Y tú lo eres, Minerva, igual que considero a Luna, Andrew y Harry.

Quizás no llevemos la misma sangre, pero en mi corazón estáis más que metidos.

- Vete ya.- Dijo la jefa de Gryffindor apartándose lo suficiente para que Hermes le contemplara.- O soy capaz de llorar a lo bestia delante de todo el colegio.- Añadió sorbiendo un par de lágrimas. Entonces sonrió, tocando la cara masculina de la mujer maldita a quien veía como la hija que jamás tuvo.- Por favor, no dudes en acudir a mí si ves que por ti misma no puedes con la situación. Recuerda que yo siempre te estoy vigilando. Te prometo que no tardaré nada en llegar hasta ti.

- No lo dudo.- Añadió Hermes sonriendo.- Gracias.- Pronunció dándole un beso en la frente.- Adiós.

Entonces se giró y abandonó el Gran Comedor mientras que el resto de la gente, seguía cenando y charlando sin haberse fijado en ningún momento, en "él" y la directora. Quien, conteniendo lo mejor que podía sus emociones, contemplaba con los ojos algo vidriosos, cómo "el hombre más atractivo de Hogwarts" abandonaba la estancia con paso tranquilo y al mismo tiempo rápido.


Hermione cumplió con lo que se esperaba de ella. Estuvo un rato en el sitio de su guardia, para que más de uno la viese allí. Al cabo de una hora, dejó de pasar gente y entonces fue cuando decidió usar el giratiempo. Sin saber, que el ataque contra Harry ni siquiera había empezado todavía, pues los Slytherin estaban en el dormitorio que le correspondía a cada uno para tener una coartada perfecta.

Ellos esperaron una media hora antes de salir de sus camas y encontrarse en la Sala Común, aún en sus pijamas y batas. Tras repasarlo todo una última vez, salieron al exterior sin hacer un solo ruido.

Hermes llegó a la entrada del Bosque Prohibido justo cuando estaría empezando su guardia. Esperó pacientemente a que algo ocurriese, pero no fue así.

Ni vio a Harry, ni mucho menos a sus atacantes.

Él recordó que el moreno estaría en la Sala Común de Gryffindor, pero interiormente esperaba que diese un paseo, pues algunas noches lo hacía. Otras…optaba por usar la escoba.

Al cabo de esa hora, pensó que ya no vendrían. Así que volvió a usar el giratiempo y apareció en el mismo sitio pero una hora después.

Justo cuando empezó a plantearse si regresar o no al castillo, vio desde la distancia, cómo varias personas se acercaban hacia donde estaba él.

Hermione se escondió detrás de unos árboles cercanos. No podía entrar en acción hasta que hubieran empezado a atacar a Harry. Porque si luego los acusaba sin tener pruebas, quedaría fatal delante de los profesores, y eso desde luego no le convenía nada.

Por mucho que a ella le pesara, debería ser una mera espectadora hasta que llegase el momento de actuar. Y por lo que a ella concernía, no sería un momento largo.

Los Slytherin llegaron al punto donde esperaban ver a Potter. Hermes los miraba desde su escondite, oculto por la oscuridad de la noche y las sombras de los árboles frondosos.

Un poco después, les escuchó hablar bajo, y sintió una ira inmensa al oír cómo seguían despreciándola, así como a su mejor amigo.

Quien, sabiendo que ella tardaría en terminar la guardia, decidió dejar la Sala Común de Gryffindor y dar una paseo nocturno por los terrenos del lago. Sin sospechar ni por un instante, que cuando llegase a la entrada del Bosque Prohibido, ocho estudiantes de Slytherin se le echarían encima para atacarle con saña y de paso torturarle lo suficiente como para dejarle inmóvil o incapaz de levantarse.

- Ahí viene.- Dijo uno de los chicos al divisarle en la distancia.

- Escondámonos tras esas rocas.- Propuso Jane.- Cuando esté a nuestra altura le sorprenderemos.

- Cómo me voy a divertir…- Dijo otro chico.- Sobre todo cuando empiece a sufrir.

- "Tú sí que sufrirás como le pongas una sola mano encima."- Pensó Hermes tras el tronco de un árbol grueso.- "Y lo mismo haré con los demás. Quizás muchos piensen que Voldemort era la persona más peligrosa de todo el mundo mágico, pero nadie me ha visto realmente enfadada. Yo sí que doy miedo, y vosotros lo vais a comprobar esta noche."

Harry llegó a las rocas donde estaban los Slytherin. Delante de ellas, decidió tomar asiento. Él estiró las piernas sobre la hierba, apoyando la cabeza en la piedra.

Pensando en Hermione cerró los ojos, aspirando tranquilamente el aire nocturno que era fresco debido al mes en el que se encontraba.

- ¡Ahora!.- Dijo la voz de Jane tras las rocas.

Antes de que Potter pudiera evitarlo, se encontró rodeado de ocho Slytherin que le apuntaban con sus varitas.

En menos de un segundo empezaron a lanzarle hechizos dañinos. Tres de ellos, decidieron darle una paliza.

Harry se defendió lo mejor que pudo, pero no consiguió derrotarles. Él era uno solo contra ocho, y además no podía usar su magia porque ellos le habían roto la varita por la mitad.

Encogido en la hierba tras ser empujado al suelo, lo único que pudo hacer fue dar algunos golpes y patadas antes de que le fijasen a la tierra por medio de la magia.

Entonces, usaron el Sectumsempra para hacer que su cuerpo sangrase por todas partes y no contentos con eso, empezaron a darle más golpes e insultarle de muchas maneras.

Lo que hizo que la ira de Harry se hiciera más y más grande con cada segundo que pasaba soportando aquella tortura.

Justo cuando más enfadado se sentía, el suelo comenzó a temblar, y cuando él levantó la cara para fijar su vista verde en la de los ocho agresores, le vio justo detrás de ellos.

El temblor se detuvo, porque sabía que ahora estaba a salvo.

- ¡QUIETOS!.- Gritó Hermes lleno de ira apuntando con su varita a los ocho adolescentes.- ¡OS JURO POR LO MÁS SAGRADO QUE SI NO LE DEJÁIS EN PAZ Y OS MARCHÁIS AHORA MISMO, OS VOY A HACER TANTO DAÑO QUE PENSARÉIS QUE VOLDEMORT NO ERA NADA COMPARADO CONMIGO!

- ¡JÁ!.- Pronunció con burla Jane Wickfield.- ¿En serio crees que la cólera de un fenómeno como tú podrá contra ocho estudiantes más experimentados que todo lo que tú puedas saber?. Por favor, no me hagas reír…

- No sé qué es lo que tú crees conocer, pedazo de estúpida.- Dijo Hermes aproximándose a la chica mientras le lanzaba miradas mortales.- Pero yo te aseguro, que ni toda la magia oscura que podáis dominar, conseguirá detenerme.

Os habéis atrevido a dañar a la única persona por la que yo misma sería capaz de cometer una auténtica locura. Y cuando termine con vosotros, pensaréis que efectivamente estoy loca.

- Es un farol.- Dijo uno de los siete chicos que acompañaban a Jane.- Quiere asustarnos.

- De nada le servirá.- Apuntó otro.

- Hagas lo que hagas, tienes las de perder, Granger.- Dijo otro justo al lado de su compañero.

- Hazte un favor a ti misma y lárgate de aquí antes de que te hagamos mucho daño.- Pronunció un rubio mirándola de manera intimidante. Hermes ni se inmutó.

- Qué equivocados estáis.- Dijo él con una sonrisa que sí daba miedo.- Seréis vosotros los únicos que sentiréis que os duele todo el cuerpo. Y ahora os lo demostraré.

De repente empezó a lanzar magia agresiva al mismo tiempo que se acercaba con rapidez y destreza a los ocho presentes. Dándoles puñetazos, patadas y hasta bofetones.

No tuvo miramientos ni tan siquiera con Jane, contra quien se despachó a gusto. Pues desde hacía meses llevaba soportando sus desprecios continuos, y cuando la Slytherin cayó al suelo escupiendo sangre, Hermes se rió abiertamente sin dejar de golpear y lanzar magia a los otros siete chicos que también estaban atacándole todo lo que podían.

Harry por su parte, seguía en el suelo sin poderse mover debido al hechizo que le habían echado antes de que Hermes apareciese.

Interiormente no podía más que alegrarse de que él estuviera allí. No sólo porque le estuviera protegiendo o haciendo justicia sino porque era admirable cómo estaba pelando él sólo contra todos aquellos indeseables que no dejaban de hacerle daño tanto física como mágicamente.

Pero a pesar de los sonidos de dolor que hacía el castaño, Potter sabía perfectamente que Hermes era un hombre muy fuerte, porque ante todo, su cuerpo, músculos, fuerza, magia y destreza se debían a una mujer que estaba no sólo maldita sino muy muy enfadada en aquellos momentos.

Y por experiencia propia sabía, que cabrear a Hermione Granger no era nada aconsejable y por supuesto tampoco prudente. Porque en todo el colegio, no había otra mujer salvo ella, que supiera tantos hechizos como los que había aprendido a lo largo de los siete años que llevaban en Hogwarts.

Y no era de extrañar cuando ella solía leer dos libros al día como mínimo. A veces incluso cuatro. Y eso desde luego, le confería una sabiduría que jamás tendrían los Slytherin, quienes destacaban en otras cosas que no tenían relación con la lectura compulsiva que siempre había distinguido a Hermione.

La cuál, seguía peleando como una auténtica fiera a pesar de estar en clara desventaja respecto a sus ocho atacantes. Pues Jane ya se había levantado y se había unido al grupo de agresores.

Uno de sus compañeros, consiguió tirar al suelo a Hermes y quitarle la varita. Tirándola lejos de su alcance.

El castaño se quedó por lo tanto con el único recurso de su fuerza física y su inteligencia prodigiosa.

A pesar de estar herido, usó su cerebro para pensar un plan que si no le daba la victoria al menos le hiciese ganar el tiempo suficiente para recuperar la varita y seguir lanzándole magia a quienes ahora le estaban mirando con claro rencor y sobre todo desprecio.

Los ocho Slytherin se detuvieron un momento para tomar aire sin bajar la guardia ni dejar de apuntar a Hermes con las varitas.

Él por su parte, comenzó a retroceder lentamente hasta quedar de espaldas a Potter.

En voz baja y sólo audible para Harry, el castaño pronunció…

- No te preocupes, esto terminará pronto. Tengo algo en mente que les dejará sin reacción.

- No hagas ninguna locura, Hermione.- Pronunció el moreno escupiendo sangre debido a que tenía el labio roto.- Ellos son ocho y tú sólo una. Por muy hábil que seas, estás desprotegida contra la magia al no tener la varita.

- ¿No has escuchado nunca, que los magos y las brujas somos personas mágicas por naturaleza?

- Sí.

- Pues entonces no necesito usar la varita para sacar mi magia interna.

- Pero Hermione…

- Repito Harry, no te preocupes por mí. Pronto estaré contigo, te lo prometo.

- Confío en ti.

De repente, ella cerró los ojos, llevó las manos a su corazón y echó la cara hacia atrás, pronunciando unas palabras que ninguno de los presentes conocía, ni Harry.

Antes de que los Slytherin hicieran el menor movimiento, vieron salir del cuerpo de Hermes una energía blanca y brillante que los envolvió en una especie de burbuja que les impedía usar la magia.

Pero aquello no fue todo, porque cuando intentaron sacar una mano, la energía les dio descargas eléctricas.

Ellos gritaron de dolor, y Hermes aprovechó la ocasión para localizar su varita y apuntarles con ella.

Un poco después la burbuja desapareció, haciéndoles caer al sueño por culpa de la fuerza vital que habían perdido.

- ¿Y bien?.- Preguntó el castaño con sorna, mirándoles satisfecho al verles incapaces de moverse.- ¿Habéis tenido suficiente o queréis seguir recibiendo más?

- Vete al infierno, puta.- Dijo Jane escupiendo sangre, pues se había mordido el labio de manera involuntaria al tratar de cerrar la boca para que la energía no entrase más en su cuerpo.

- ¿Es que quieres cabrearme más todavía?.- Preguntó Hermes agarrándola del cuello de su túnica.- Yo que tú, me tragaría los insultos y no tentaría más mi mala suerte. Si vuelves a pronunciar una sola palabra fea contra mí, Jane Wickfield, te romperé todos los dientes de tu jodida boca.

- Anormal.- Pronunció la chica desafiante. Entonces comprobó que el castaño no lo había dicho para intimidarla, porque tras ese último desprecio, la apariencia masculina de Hermione le dio un puñetazo que no sólo le rompió algunos dientes sino que además le echó la cara hacia atrás.

- Sí.- Dijo Hermes lleno de ira.- Soy en apariencia anormal, y también un fenómeno. Pero eso a mí no me importa. Llevo cinco meses de mi vida conviviendo con esta maldición. Y la verdad es que ya ni me molesta. Porque sé que tiene cura, y estoy segura que llegará el día en que Hermes sólo será un recuerdo para muchos de vosotros.

Sin embargo, lo que estáis viviendo esta noche gracias a mí…no creo que se os vaya de la mente por mucho que lo intentéis.

Entonces soltó a Jane, quien cayó de espaldas sobre la hierba, pronunciando un sonido de dolor.

Él miró a los demás, y acercándose a ellos les preguntó apretando los puños contra sus piernas cicatrizadas ocultas por el pantalón largo…

- ¿Alguno de vosotros tiene algo más que decir?

Los siete chicos negaron con la cabeza.

- Bien.- Añadió Hermes con seriedad.- Ahora largaos de aquí si sois capaces de levantaros del suelo.

Lo intentaron, pero volvieron a caer.

- Qué lástima.- Dijo el castaño con ironía.- Después de todo no sois tan fuertes como pensabais. ¿Verdad?. Bueno, tendré que moveros yo.

Tras usar el Wingardium Leviosa los dejó izados en el aire. Para que no usaran las varitas contra él, se las arrebató con el Expelliarmus, entonces las agarró y empleó un Inmóvilus para dejarlos totalmente quietos. Seguidamente se acercó hasta Harry, tumbándose a su lado.

- ¿Te encuentras mejor?.- Preguntó preocupado.

- Sí, pero sigo sin poderme mover.

- Enseguida te libero del hechizo.

Una vez hecho, Harry no esperó más para ponerse encima de él y decirle con una sonrisa…

- Gracias, Hermione. Me has salvado la vida…otra vez.

- Es la costumbre.- Dijo ella quitándole importancia.

- ¿Puedo decirte una cosa?

- Pues claro…

- Te quiero mucho.

- Yo también a ti, Harry.

- Y quiero…darte las gracias no sólo porque me hayas salvado la vida, sino por haber aparecido cuando más necesitaba ayuda. No sé cómo lo haces, pero siempre estás cuando más te necesito.

- Bueno…esta vez vine porque sabía lo que te ocurriría. Alguien de confianza me avisó de que querían hacerte daño en la entrada del Bosque Prohibido. Todo Hogwarts sabe que te encanta pasear cerca de él, así que era muy fácil que ellos te esperasen aquí.

- Pero no se salieron con la suya porque tú les diste su merecido.

- ¿Y cómo no iba a hacerlo?. Que haya estado dolida contigo no quiere decir que deje de preocuparme por ti. Después de todo, eres mi mejor amigo.

- Quiero ser algo más que eso, Hermione.

- ¿Ah sí?

Él asintió con la cabeza.

- ¿Me dejarás que lo haga realidad?

- Quizás.- Añadió Hermes con una sonrisa.- Y si por casualidad te están entrando ganas de besarme, no lo hagas.

- ¿Por qué?

- Aunque estén inmóviles por culpa de la magia siguen conscientes, y no tengo ganas de que nos vean compartiendo algo tan íntimo como eso. Además, después de verlo se meterían más con nosotros y yo no quiero seguir escuchando impertinencias ni desprecios por parte de esa gentuza. Mucho menos si es por algo que hayamos hecho delante de sus caras.

- Te entiendo.- Acercándose a uno de sus oídos pronunció suavemente…- ¿Y cuando estemos solos, me dejarás besarte todo lo que me apetezca?.- Harry se apartó otra vez para mirar los ojos marrones de Hermes, y aún usando la voz baja el castaño respondió…

- Es posible. Todo depende de lo que digas o hagas cuando estemos en la intimidad.

Harry sonrió.

- Te aseguro Hermione, que todo lo que pronuncie o realice, te gustará.

- No estés tan seguro de eso, Harry, la mayoría de las veces metes la pata.

- Esta vez no, preciosa.- Añadió tocándole el rostro masculino con delicadeza.- He tenido cinco meses para pensar todo lo que diría y haría cuando tuviera la oportunidad de estar a solas contigo. Y ya que me la vas a dar, no pienso arriesgarme a cagarla otra vez. Con lo que te hice delante de todo el castillo tuve suficiente. Aún no sé cómo has podido perdonarme.

- Bueno…ya sabes lo que dicen.- Dijo Hermes con una sonrisa.- Por amor se hacen cosas impensables o incomprensibles. Incluso perdonar lo imperdonable.

- Yo también te quiero, Hermione.

- Ya lo sé.

- ¿Nos vamos?

- Cuando te quites de encima.

Él se apartó sin hacer movimientos bruscos, pues aún le dolía todo.

En cuanto estuvo en pie, observó cómo Hermes se levantaba y caminaba hacia los Slytherin, aún flotando inmóviles delante de su cara.

El castaño usó otro hechizo para moverles por el aire y junto a Potter, comenzó a andar hacia el castillo.

Una vez dentro, fue a la habitación de McGonagall, llamó a la puerta y cuando ella abrió, le dijo "ocúpate de ellos" sabiendo que no tenía que añadir nada más pues la directora habría visto lo sucedido ya que había avisado a su protegida, de que lo haría.

Hermes y Harry se despidieron con un "buenas noches" y cerraron la puerta con suavidad.

Potter pensó que irían a la habitación de Hermione, pero en lugar de eso, ella cambió el rumbo y antes de que él preguntase a dónde iban la apariencia masculina de la castaña se lo reveló.

- Vamos a la enfermería, Harry, la señora Pomfrey tiene que reconocernos para asegurarnos que estamos bien.

- Yo no me encuentro mal, sólo me duele todo el cuerpo.

- Pues yo estoy agotada, y contando con que me han llenado de magia oscura además de los golpes que he recibido, no creo que todo se me pase durmiendo en mi cama. Así que prefiero que me examinen.

Después de terminar el reconocimiento, Poppy les dijo que se curarían con las dos pociones que les administró. Ellos les dieron las gracias y se incorporaron, dispuestos a marcharse cuanto antes de allí. Tenían algo pendiente que resolver, y tanto Harry como Hermione no querían posponerlo más de lo que ya habían hecho.

- Debería decirles que se queden en la cama.- Dijo la enfermera con una sonrisa amable.- Pero no tengo ganas de discutir con ustedes, así que váyanse ya.

- Gracias, señora Pomfrey.- Pronunció Hermes con una sonrisa.- Buenas noches.

- Buenas noches, querida. Buenas noches a usted también, señor Potter.

- Lo mismo digo.

Caminando al mismo ritmo, abandonaron la enfermería. Harry acompañó a Hermes hasta la puerta de su habitación, y antes de que a "él" se le ocurriera despedirse, se metió en el dormitorio.

- ¡Pero bueno!.- Dijo Hermione tras cerrar la puerta.- ¿Acaso te he dicho que entres?

- No.- Respondió el moreno mirándole sonriente.- Y por mucho que me eches no pienso marcharme. Tenemos algo pendiente, Hermione, y no me iré hasta que lo hayamos resuelto.

- Eres de lo más exasperante, Harry Potter.

- Gracias.

- ¡No era un cumplido!

- Me da igual.

Sin añadir otra cosa Hermes se metió en el baño cerrando la puerta. El moreno escuchó cómo decía "Hola Henry" y supuso que estaría hablando con su espejo mágico. Pues él recordaba que Hermione en cierta ocasión, le habló del objeto.

Cuando escuchó cómo una voz exageradamente femenina que no pertenecía a la castaña, pronunciaba con alarma…"¡Por todos los espejos mágicos, qué te han hecho!" no dudó en entrar y al hacerlo, se encontró con Hermes, completamente desnudo, frente al espejo.

- Potter.- Fue todo lo que pronunció el objeto. Y la forma masculina de Hermione, se giró lo bastante como para enfocar la puerta, entonces le vio. Y reaccionó como sólo haría una chica, gritando.

- ¡Lárgate!.- Dijo tapándose lo mejor que pudo con una toalla cercana.

Harry no obedeció, se había quedado congelado ante lo que había contemplado y lo único que pudo pronunciar fue…

- Mi madre. ¡Qué cuerpazo!. ¿Cómo puedes estar tan bueno?

- Eso se lo he dicho yo millones de veces.- Dijo el espejo con su voz aguda.- Pero ella no quiere creerlo.

- ¡Harry!.-Dijo Hermes completamente rojo por la vergüenza que sentía.- ¡Si no te marchas ahora mismo juro que te pego!

- ¡Ya me voy!.- Exclamó Potter retrocediendo y cerrando la puerta con un portazo.

- Y luego dices que no le gustas.- Añadió Henry mirándole con sus ojos verdes.- Qué va…sólo un montón. Por eso precisamente se le cayó la mandíbula al verte desnudo y hasta te dijo lo bueno que estás.

- Silencio.- Ordenó Hermes con seriedad.- No quiero escuchar nada más relacionado con mi cuerpo masculino. Ahora voy a ducharme y cuando salga, tú no me piropearás. ¿De acuerdo?

- Jó…No es justo…

- Henry…esta noche no estoy de humor para tonterías. Las he pasado putas, y lo único que me apetece es acostarme.

- ¿Con Potter?

- Pues no. Entre otras cosas porque no tengo fuerzas para eso. Ni siquiera sé cómo me mantengo en pie.

- Bueno, por mí puedes descansar todo lo que te apetezca, pero no creo que Harry se marche sin que antes hayáis hablado.

- Podemos hacerlo por la mañana.

- Hermione, deja de evitar lo que tanto has deseado durante años.

Ahí fuera tienes al hombre de tus sueños esperando que salgas. No seas tonta, aprovecha la oportunidad.

No creo que tengas una ocasión tan buena como ésta. Son las dos de la mañana. A esta hora nadie vendrá a tu habitación para interrumpiros. Además, estoy segura de que Potter quiere pasar la noche contigo. Ya sea hablando, durmiendo o compartiendo cualquier otra cosa…le dará lo mismo. Lo importante para él será que lo hará junto a ti. Pero no será posible si tú le echas.

- Tienes razón.- Dijo Hermes dejando caer los hombros en señal de rendición.- Pero una parte de mí tiene miedo de que él no sea capaz de decirme que me ama. Y yo necesito tanto oírlo…que si no lo hago creo que mi corazón terminará de romperse del todo.

- Escúchame.- Pronunció Henry con cariño.- Estoy segura de que a partir de esta noche, todos tus deseos con Potter se harán realidad. Tú sólo dale la oportunidad de que los lleve a cabo. Y sobre todo, no te frustres o deprimas porque él no te suelte enseguida lo que tú esperas oír. Seguramente tardará un poco en confesarlo. Pero lo hará, yo sé que lo hará.

- ¿Y cómo estás tan segura de eso?

- Porque sus ojos dicen "te amo" cada vez que te miran. Incluso bajo tu apariencia masculina. Además, si no te quisiera o no le gustases, no habría dicho lo "buenísimo" que estás.

- Claro…

- Entonces deja de dudar, Hermione. Confía, simplemente confía en él, y también en lo que sientes por Potter. Verás cómo así todo irá bien.

- Gracias, Henry.

- De nada, cariño. Ahora dúchate. Y luego…dime buenas noches y vete a hablar con Harry.

- Lo haré.


Mientras Hermes comenzaba su aseo, su amor verdadero esperaba fuera, dando paseos por la habitación mostrando así su nerviosismo.

Intuía que cuando "él" saliera del baño, estaría enfadado porque le hubiese visto desnudo. Pero Harry no había entrado para espiarle sino porque al oír la exclamación del espejo pensó que algo malo podría pasarle a Hermione, y nunca se le ocurrió que se la encontraría sin ropa.

Entonces entendió que ella simplemente le había estado enseñando su cuerpo a su amigo mágico para que viese lo que le habían hecho los Slytherin por haber defendido y protegido al hombre que amaba.

Potter se sintió mal, había podido ver que Hermes tenía señales de golpes en varias zonas de su cuerpo masculino y por mucho que la señora Pomfrey les hubiera curado a los dos, sabía que durante varios días tanto él como Hermione, tendría moratones.

Igualmente, la visión de ese cuerpo desnudo, aunque fuese en apariencia de un hombre, no se le iría de la memoria jamás. No sólo porque perteneciese realmente a la forma maldita de su mejor amiga sino porque aún siendo de chico, era increíblemente perfecto y atractivo.

- "Si hasta tiene más músculos que yo."- Pensó caminando de un lado a otro.- "Y hasta el trasero me gusta…"- Entonces se sentó en la cama.- "¿Y cómo no iba a gustarme si al fin y al cabo pertenece a Hermione?. En cierta manera no quiero curarle la maldición, ya no veré más a Hermes…

Seguro que luego le echo de menos. Puede que fuese "un personaje" de Hermione, pero lo hizo estupendamente, porque si Ginny no llega a descubrirla delante de todo el colegio, nunca habría sospechado que él y ella eran la misma persona. Aunque sí es verdad que Hermes tenía mucho de Hermione, sobre todo en la personalidad.

A lo mejor por eso el día que nos besamos contra la pared de piedra no sentí a un chico sino a ella…

¡Claro. Mi cuerpo la conoce, por eso reaccionó al de Hermes porque en realidad no era el de un hombre sino el de una mujer a quien yo siempre he querido mucho y por la que además estoy más que acostumbrado a recibir muestras de afecto!

Y a todo esto…¿Qué le digo cuándo aparezca en el dormitorio…"Hola Hermione" o le suelto directamente lo que siento por ella?

Joder…qué cosa más complicada. No sé qué es lo mejor, si me precipito y meto la pata se va a cabrear conmigo el doble. Y ya la he cagado bastante cinco meses atrás, y no pensemos en el susto que se llevó cuando antes la vi desnudo…

¡Pero qué cuerpazo!. Me da igual que sea de chico, sigue estando buenísima. ¿Y el de mujer cómo será, más bonito todavía?. Me pregunto si me dejará contemplarlo sin ropa…

Seguramente no si sólo soy su mejor amigo. Sin embargo siendo su novio o su marido…sería normal que lo viera. ¿Verdad?. Las parejas enamoradas intiman tanto como para tener sexo y para eso hay que desnudarse…

¿Querrá desnudarme ella, aunque los dos seamos chicos?.

No…

Conozco lo bastante a Hermione para saber que si ella da ese paso querrá hacerlo con su cuerpo de mujer. Pero claro, no puede recuperarlo a menos que yo me declare al de hombre.

Afú…

Sólo espero que cuando lo haga, ella no piense que soy gay o algo parecido.

Y eso que yo mismo me lo planteé en su momento, pero es que era normal que lo hiciera, después de todo, me gustaba Hermes, y yo no pensaba ni por asomo que fuese la apariencia maldita de mi mejora amiga…

Ni siquiera sabía lo de la maldición…

Aunque una cosa sí tengo clara. A mí no me gustan los hombres, sólo me ha gustado Hermes, y en realidad era una mujer así que…definitivamente no soy gay y tampoco bisexual.

Sino más bien un chico que está devanándose los sesos mientras la mujer de mis sueños está en el baño haciendo vete a saber qué. ¿Bañándose quizás?

Es posible, tanto ella como yo hemos terminado muy sucios por culpa del ataque de esos malditos Slytherin.

Espero que los expulsen a todos, sino…"correrá la sangre".

Umm…

Hermione se está tomando su tiempo…

Me pregunto cómo será ella en el baño. ¿Cantará como solía hacer mi tía Petunia o quizás como a mí, le guste estirarse dentro de la bañera y relajarse un rato?

¿Y si realmente fuésemos pareja…me dejaría bañarme con ella?. Seguro que nos lo pasaríamos bomba, o quizás haríamos bebés, vete a saber…

Lo único que tengo claro, es que quiero intimar con Hermione más allá de la simple amistad. Y quiero hacerlo ya, no dentro de unos meses o incluso años.

Años son los que he tardado en comprender que la quiero como algo más que una simple mejor amiga, pero ahora que lo tengo claro sólo quiero demostrárselo.

Ojalá que esta noche todo vaya bien. Pero sobre todo espero que cuando salga del baño no se le ocurra echarme o mandarme al dormitorio de Gryffindor porque si lo hace…

Me voy a enfadar bastante.

No, Hermione no puede echarme, mucho menos después de haberme salvado de esos Slytherin.

Además, me dijo que me quería, y que cuando estuviésemos solos yo podría decirle todo lo que quisiera, por lo tanto…eso ha debido ser una manera para decirme "Adelante, Harry".

Pues si eso es así…voy a hacer todo lo que se me pase por la cabeza y me dicte el corazón.

Y ahora mismo, lo que más me dice mi cerebro es que entre en ese baño y me meta en la bañera aunque ella reaccione mal o incluso me pegue. Me da igual.

Pero no pienso seguir esperándola cuando la tengo a sólo una puerta de separación.

¿No dijo McGonagall que mi padre no se detuvo hasta que consiguió a mi madre?. Pues eso mismo voy a hacer yo con Hermione."

Levantándose de la cama, se acercó a la puerta que daba acceso al baño y llamó para delatar su presencia.

- ¡Me estoy bañando!.- Dijo la voz masculina de Hermione desde dentro.- ¡Haz el favor de esperarme fuera, y si no quieres, vete a dormir, pero no pienso salir hasta que esté limpia!

- ¡Pues como sigas tardando voy a entrar por muy "desnudo" que estés. Me da igual. Además, no tienes nada que no haya visto antes!

- ¿Cómo has dicho?.- Escuchó claramente que ella gritaba desde el otro lado de la puerta.

- ¡HE DICHO, QUE TU CUERPO MASCULINO NO TIENE NADA QUE NO HAYA VISTO ANTES. PORQUE YO TAMBIÉN SOY UN CHICO Y SÉ PERFECTAMENTE LO QUE TENEMOS TODOS!

- ¡HARRY POTTER!.- Bramó Hermes con clara ira en su voz.- ¡NO TE ATREVAS A ENTRAR AQUÍ, POR MUY HOMBRE QUE SEAMOS LOS DOS AHORA, SIGO SIENDO UNA MUJER, Y NO ME DA LA GANA QUE ME VEAS DESNUDO AUNQUE ANTES LO HAYAS HECHO. YA PASÉ SUFICIENTE VERGÜENZA CUANDO ME SORPRENDISTE DELANTE DE MI ESPEJO. HAZME CASO Y QUÉDATE AHÍ PORQUE COMO SE TE OCURRA PASAR, TE PARTO LA CABEZA!

- ¡Y QUÉ, LA SEÑORA POMFREY PUEDE RECOMPONÉRMELA MÁS TARDE. TE RECUERDO QUE EN SEGUNDO AÑO ME HIZO CRECER LOS HUESOS QUE LOCKHART HABÍA EVAPORADO POR ACCIDENTE!

- ¡AQUELLO FUE DISTINTO. REPITO HARRY, NO ENTRES, O ME PONDRÉ MUY VIOLENTA CONTIGO!

- ¡PUES VALE, LO ACEPTO. NO ES LA PRIMERA VEZ NI LA ÚLTIMA QUE ALGUIEN ME GOLPEA, HE CRECIDO EN UN HOGAR DONDE ME DABAN PALIZAS A DIARIO, LAS TUYAS NO SERÁN PEORES QUE LAS DE LOS DURSLEYS!

- Ése entra.- Dijo Henry en un tono más bajo para que Potter no le oyera desde fuera.

- No se atreverá.- Respondió Hermione sin llegar a creérselo realmente.

- ¿Qué no?.- Replicó el espejo.- Por supuesto que sí. Vale que quieras limpiarte, pero llevas más de diez minutos en la bañera. Y contando con lo ansioso que está Harry por estar contigo a solas te digo yo que como tardes mucho más en salir, él es muy capaz de entrar aquí y curarte la maldición aunque estés llena de jabón.

- ¡Já!.- Pronunció Hermes de manera irónica.- Por muy Gryffindor que sea no creo que tenga valor para intentarlo siquiera. Harry no sería capaz de meterse en la bañera conmigo ni aunque estuviésemos casados.

- Querida Hermione…- Dijo Henry con su voz exageradamente femenina.- No subestimes la osadía de un hombre enamorado. Te aseguro que a la hora de lanzarse, son capaces de cualquier cosa, incluso de compartir un baño con la mujer que aman aunque ella no les haya invitado.

- Que no, que Harry no es capaz de eso, te lo digo yo.

- Y yo repito, que sí es capaz, porque ante todo, está loco por ti. Por lo tanto, mentalízate de que va a entrar en este cuarto de baño y se va a meter en esa bañera aunque esté vestido.

Hermione iba a responder nuevamente que eso era imposible, y de repente, la puerta del cuarto de baño se abrió, dando paso a Harry Potter, quien se quedó de pie mirando a Hermes con una expresión que el castaño no fue capaz de interpretar.

- Te lo dije.- Fue lo último que pronunció Henry antes de hacer desaparecer su rostro y aparentar ser un espejo corriente.

- ¡No te escondas ahora!.- Dijo Hermes alarmado.

- Es que quiero daros intimidad.- Respondió su amigo mágico aún sin mostrar su rostro.

- Gracias.- Añadió Potter comenzando a desvestirse.

Al verlo, los ojos marrones oscuros de Hermes, se abrieron más de lo normal.

- ¡Ni se te ocurra!.- Exclamó poniéndose en pie para intentar detenerle, entonces volvió a sentarse al darse cuenta que Harry había vuelto a verle desnudo sólo que ahora por alante.

- ¡Pero por qué te cortas!.- Dijo Potter riéndose a la vez que seguía desnudándose.- Si no tienes nada que yo no conozca.- Y esbozando una sonrisa pícara añadió…- Además, aún siendo un chico me gustas, Hermione. Así que déjate de tonterías y hazme sitio en esa bañera. Yo también necesito lavarme.

- ¡Pues no lo harás conmigo!.- Pronunció mirándole "furibundo".

- Por supuesto que sí.- Apuntó el moreno agarrando los boxers para bajárselos. Hermes se tapó los ojos con las manos. Harry soltó una carcajada.- No seas tonta…- Dijo riéndose todavía.- Después de todo…tengo que curarte la maldición. ¿Verdad?. Así que no me reprimas, Hermione. A no ser que quieras ser un hombre para siempre, entonces lo respetaré.

- Bueno yo…- Comenzó aún con los ojos tapados.- Sí que quiero curarme, es sólo que no pensé que sería en una bañera con los dos desnudos…

- Aún no lo estoy.- Dijo Potter de nuevo.- Pero me falta poco.

- Harry por favor, no te metas en la bañera conmigo, me da vergüenza…

- Tonta…- Dijo él en tono cariñoso.- No tienes por qué tenerla, ya te he dicho que estoy acostumbrado al cuerpo masculino. Los dos somos chicos…

- ¡Pues por eso mismo me da apuro!

- Y si te hago caso y te espero fuera…¿Cómo pretendes que te cure sino, cuando sea de día y seas una chica?. Así no podré saber si ha surtido efecto…

- Ya, pero…

- ¡Hermione!.- Dijo con seriedad.- ¡Déjate de tonterías y échate a un lado. Voy a meterme en esa bañera por mucha vergüenza que te de!. ¿Está claro?

- Sí señor.- Respondió, igual que si estuviese ante uno de sus profesores.- Igualmente no estoy cómoda…

- ¿Y te crees que yo sí?. ¡A mí también me da corte esto, pero algo tenía que hacer para que reaccionases de una vez. Si me hubiese quedado fuera probablemente se haría de día!

- No pensaba tardar tanto, Harry…

- Pues yo lo dudé. Qué quieres que te diga, te has tirado quince minutos dentro del baño. Eso no es muy normal para una simple ducha. Aunque bueno, realmente te estás bañando y eso sí lleva más tiempo…

De todas maneras me da igual, he dicho que me meto y me meto.

Y sin añadir otra cosa, terminó de quitarse la última prenda que le quedaba, que eran los calcetines, y se metió con decisión en el agua jabonosa que ocultaba casi todo el cuerpo de Hermes.

El cuál, estaba todavía con los ojos tapados gracias a sus manos masculinas.

- Mírame.- Ordenó Harry con decisión.

- Estás desnudo…- Dijo Hermione con algo de timidez en la voz.

- ¡Pero si no se me ve nada, la espuma me tapa!.- Exclamó el moreno con impaciencia.

- Es que…me sigue dando vergüenza…- Volvió a decir "él" con clara timidez.

- ¡Hermione Granger, haz el favor de mirarme ahora mismo o seré yo quien te aparte las manos a la fuerza!

Al oír eso ella obedeció, retirando las manos de los ojos y enfocándolos en los verdes de Harry, que estaba contemplando los de Hermes con intensidad.

- Por fin.- Dijo el moreno intentando serenarse.- ¿Podemos solucionar lo tuyo ya o tengo que seguir esperando?

- Haz lo que te de la gana. De todas maneras es lo que haces siempre…

- No es verdad. Normalmente te hago caso en todo, y tú lo sabes.

- Pues en lo de la bañera no, y me jode…

- Más me jodió a mí que me ignorases durante 5 meses, pero bueno, me lo merecía.

- Por lo menos lo reconoces. Algo es algo.

- Hermione…deja de irte por la tangente y ponte seria, hazme el favor. Tu maldición es importante para ti, y para mí también. Así que…préstame atención. ¿De acuerdo?

- Bueno…

- ¿Me ves claramente?

- ¿Y cómo no lo voy a hacer si estás delante de mí?

- Entonces escucha. Yo, te amo.

- Sí claro…

- ¡Hermione!

- ¡Qué!

- ¡Va en serio!

- ¡Pues bueno!

- ¡La madre que te parió, quieres dejar de replicar a cada cosa que digo. Limítate a escuchar y punto!

- Pero qué declaración de amor más auténtica y romántica…- Dijo Hermes con ironía.- Nadie como Harry Potter para decirle a una mujer que la ama, en medio de gritos. Sí, sin duda, eres único en tu género, Potter.

- ¡Anda y vete a paseo!

- ¿A que te hago caso y me voy?

- Que te crees tú que te voy a dejar que salgas de la bañera tal y como estás ahora…

- Si me hubieras esperado fuera no me verías así, pero como eres un impaciente cabezota…ahora te aguantas.

- ¡Argg!.- Gruñó frustrado.- ¡De verdad, cuando te pones en este plan no hay quien te soporte. Y luego le dices a Luna, Andrew y McGonagall que quieres que yo te cure la maldición, pues no me lo estás poniendo nada fácil, bonita!

- ¡Tú tampoco me haces sentir amada ahora mismo. No tenías por qué invadir mi intimidad metiéndote en la bañera en contra de mi voluntad. Eso no está bien, Harry!

- ¡Me da igual lo que esté bien y lo que no. Tenía que decirte lo que sentía por ti aunque no fuese de manera romántica. Ya estaba harto de esperar, Hermione, me he pasado cinco meses haciéndolo, y antes lo acepté porque tú ni me mirabas, pero eso ha cambiado. Me perdonaste!. ¿Verdad?. ¡Entonces deja ya de resistirte a mi compañía y acepta la verdad de una puñetera vez!. ¡ESTOY ENAMORADO DE TI, MALDITA SEA!

- Y ahí va lo que él considera una declaración de amor.- Dijo Hermes mirando a su espejo que seguía sin mostrar su rostro.- No, si cuando yo digo que el único Harry cariñoso, bueno y apasionado que conozco es el de mis sueños… es porque es verdad.

- ¿Quieres que sea cariñoso?.- Dijo Potter acercándose más a "él".- ¿Y bueno?.- Apuntó más cerca de su cara.- ¿Y apasionado?.- Pronunció ya a milímetro de sus labios masculinos.- Entonces que así sea.- Y diciendo eso último, lo besó.

Comenzando a "devorar" los labios de Hermes a la vez que abrazaba su espalda ancha y fuerte.

Hermione protestó en medio de esos besos, pero sólo al principio, luego se relajó y aceptó no sólo el contacto sino las caricias que Potter empezó a regalarle.

Pronto, estaban los dos participando activamente de aquello. Y lo que en un principio empezó como algo producto del enfado de Harry, se convirtió en una muestra de atracción de dos personas que se querían de verdad a pesar de que en apariencia, uno de ellos, no estuviera "cómodo" con su cuerpo.

- De verdad, Hermione.- Dijo Harry apartándose un momento para tomar aire antes de volver a besarla.- Te amo.- Entonces su voz sonó más dulce y suave para Hermes.- Siento mucho habértelo dicho enfadado, es que a veces me quemas los nervios.

Me he tirado mucho tiempo comiéndome la cabeza pensando en la mejor manera de decirte lo que sentía sin que tú te pusieras histérica conmigo.

Reconozco que mi declaración no ha sido bonita o romántica, pero sincera sí.

¿Y sabes lo que te digo?

Que aunque yo no hubiese sabido de antemano cómo podía curarte la maldición, habría terminado diciéndole a Hermes que le amaba, porque en mi interior, sabía que él eras tú.

- ¿Entonces por qué no quisiste admitirlo cuando te lo pregunté la vez que nos besamos contra la pared de piedra?

- Porque estaba hecho un lío, y bastante descolocado por el simple hecho de sentirme atraído por un chico.

Pero sí es verdad que en aquella ocasión, te sentí. No a Hermes, sino a ti, Hermione. Simplemente tuve miedo de decirle a "él" que eras tú, mi mejor amiga…

La chica que siempre ha estado conmigo, la única que siempre y en todo momento ha cuidado de mí y me ha protegido y defendido desde que era un niño de once años.

Tú no tienes ni idea de lo mucho que representas para mí, y de verdad te digo, que en toda mi vida, no he querido jamás tanto a alguien como la manera en que lo siento hacia ti.

Te amo, y me da igual que estés maldita…

No quiero a la apariencia que tengas, sino a todo lo que representas como persona. Que dicho sea de paso, es algo bellísimo.

Pero tú, Hermione, tú sí que eres bella, tanto como chica, como siendo chico.

Y yo…sólo quiero que me des la oportunidad de estar contigo como algo más que un simple mejor amigo.

Quiero ser tu novio, y tu marido en un futuro si estás dispuesta a casarte conmigo.

Quiero ser esa persona que te abrirá la puerta con una sonrisa, también la que te consolará cuando estés triste, o la que te abrazará cuando tengas miedo y necesites oír "Tranquila, yo te protegeré."

Quiero ser tu otra mitad, Hermione, esa media naranja de la que me habló mi madre en uno de los sueños que tuve donde pude entender por fin, qué era estar enamorado y cómo reconocerlo.

Ella tenía razón, se despiertan en ti una serie de deseos que antes no tenías. Y todos tienen que ver con lo que esperas de la persona a la que tú amas, y para mí esa persona eres tú, sólo tú…

Porque después de todo, sólo te tengo a ti, sólo a ti…

Quiso decir algo más, pero no pudo, porque los labios de Hermes ya estaban en los suyos, besándolos con intensidad y sobre todo amor.

Harry también los besó de la misma manera y cuando el castaño se apartó, Potter vio que tenía lágrimas en los ojos que ya caían por su rostro masculino.

- Yo también te amo, Harry Potter.- Dijo "él" con suavidad.- Y mantengo lo que dije antes. Nadie como tú para hacer una declaración amorosa.

Ahora lo digo sin ironía.

Todo lo que me has dicho, ha sido lo más bonito que me han dicho en toda mi vida, y te aseguro que ni en todos los sueños que he tenido contigo y en los que me decías que me amabas, lo habías hecho con tanto amor como ahora me has transmitido.

Yo…sólo puedo decir…gracias, y…te amo, Harry, mil veces te amo.

Él la besó otra vez, y Hermes sintió otra lágrima caer, pero no por su rostro sino por el de Harry, quien acababa de abrazarle con fuerza, dejando su cara tras su nuca aún masculina.

Tanto él como ella cerraron los ojos, relajándose en los brazos del otro, disfrutando el contacto y sintiendo el amor que ambos transmitían.

Entonces la voz de Potter volvió a escucharse con suavidad, pidiéndole algo a Hermione que ella sólo había oído en sueños.

- Cásate conmigo, por favor.

- Sin favor también lo haré.

- ¿De verdad?

- Sí, Harry. Te amo, y quiero ser tu esposa. Se me cure la maldición o no me da igual. Quiero pasar contigo el resto de mi vida, y sé que será feliz sólo con estar a tu lado.

- Te amo, Hermione.

Ella abrió los ojos para besarle y de nuevo los cerró, igual que hizo Harry. Y tras un beso precioso que ambos compartieron poniendo todo su amor en él, ocurrió.

El cuerpo de Hermes desapareció y de repente, Potter lo notó, porque algo que antes había estado ahí dejó de existir y entonces abrió los ojos y se le cayó la mandíbula de la impresión.

- ¿Qué?.- Fue lo primero que salió de la garganta de Hermione. Y al escuchar su voz real, exclamó…- ¡Soy yo, verdad, dime que soy yo!

- Has vuelto.- Dijo Harry con una sonrisa bonita.- Era cierto, Hermione, la maldición se curaba con una declaración de amor y un beso de amor verdadero.

- ¡Y todo gracias a ti!.- Pronunció con alegría abrazándose a él otra vez.- Yo…me siento muy feliz de que hayas hecho mi sueño realidad, Harry.

- Y yo por haberlo cumplido.

- ¿Te quedarás a dormir?

- Eso no se pregunta, Hermione, se da por hecho.

Ella sonrió.

- Te quiero, Harry Potter.

- Y yo a ti, Hermione Granger.

- Y quiero salir de esta bañera ya.

- Yo también.

- Entonces vamos a enjuagarnos.


Una vez limpios, cada uno se cubrió con una toalla y salieron de la bañera, entrando en el dormitorio.

Hermione fue la primera en acercarse al armario para sacar un pijama de invierno, pues estando en febrero hacía un frío horrible por las noches.

Harry por su parte, recibió uno de chico que ella misma había usado cuando todavía existía Hermes.

Pensando en que él jamás volvería, sintió un poco de nostalgia, pero pronto se evaporó, porque entonces recordó que "él" seguiría viviendo en ella ya que al fin y al cabo eran la misma persona.

- Hermione…- Dijo el moreno acercándose a ella mientras la castaña se ponía la camiseta de manga larga que tenía el pijama.

- ¿Qué?.- Contestó de espaldas a él. De repente sintió cómo la cara de Harry se apoyaba en la espalda de ella. Usando una voz suave, él pronunció…

- Echaré de menos "tu otro yo". Me había acostumbrado a verle todas las noches, pero confieso…que si tú quieres pasarlas conmigo a partir de ahora, el que Hermes ya no sea visible me va a dar igual.

- ¿Qué me estás proponiendo exactamente, Harry, que compartamos una misma habitación?

- ¿Te importaría?

- No, pero eso va contra las normas. Sólo se admite cuando el chico y la chica son prefectos o están casados. Y ninguno de los dos entra en esos perfiles. Bueno, yo sí en el de la prefectura pero tú sigues siendo un estudiante. Y por mucho que me hayas curado la maldición no creo que McGonagall te deje dormir conmigo a diario.

- Si tú se lo pides seguro que accede. Ella te quiere mucho, y después de todo lo que has sufrido no creo que se arriesgue a negarte nada…

- Bueno, quizás se lo plantee otro día, pero esta noche no. Son las tres de la mañana, Harry, y seguro que está dormida. No pienso despertarla para hablarle de eso ahora.

- ¿Y cómo sabes que no está observándonos?. Te recuerdo que ella tiene medios para verte en todo momento.

- Porque por muy bruja que sea ante todo es una persona y toda persona humana necesita dormir para descansar. Justo lo que pienso hacer yo en cuanto me meta en la cama.

- ¿Tan cansada estás?

- Pues sí. Te recuerdo que me he enfrentado yo sola a 8 contrincantes para salvarte la vida, y por mucha magia curativa que nos haya aplicado la señora Pomfrey, sigo sintiéndome agotada. Así que si no te importa, prefiero acostarme ya en vez de seguir hablando. Además, dentro de tres horas tendré que levantarme para mi guardia de antes del desayuno y si no duermo algo, no podré cumplir con mi obligación en condiciones.

- Entiendo.- Él se apartó de ella, entonces Hermione se giró y le encaró.

- Buenas noches, Harry.- Dijo pasando sus manos tras el cuello de él y dándole un beso bonito y suave en los labios.- Te veré por la mañana.- Ella dejó salir un bostezo y él se rió un poco al verlo.

Justo cuando Hermione iba a dar el primer paso hacia su cama, el moreno se agachó un poco y la cogió en brazos como si ella fuese una princesa rescatada por su príncipe.

- ¿Y esto?.- Preguntó la castaña con una sonrisa.- ¿A qué se debe?

- Simplemente me apetece llevarte.- Respondió Potter con otra sonrisa.

- Gracias.- Ella le dio otro beso, él lo devolvió sin dejar de mirar hacia delante.

Cuando llegó a su destino, la dejó con suavidad en la cama. Hermione no tardó nada en apartar el edredón y la manta y cubrirse con ellas, pues se estaba helando.

- ¿Tienes frío?.- Preguntó Harry una vez estuvo a su lado y también cubierto por las cobijas.

- Al contrario.- Dijo ella con ironía.- Tirito por gusto.

- Ven.- Añadió Potter abriendo sus brazos para que ella se refugiase.- Yo te daré calor.

Hermione aceptó la invitación, y un poco después, dejó de temblar.

Ella cerró los ojos sonriendo feliz. Presentía que pasaría una buena noche y de lo que más segura estaba, era de que a partir del día siguiente comenzaría una nueva etapa en su vida.

No sólo porque hubiese conseguido su deseo de curarse de la maldición, sino porque lo había hecho gracias al hombre que amaba de verdad.

El mismo hombre que ahora estaba abrazándola y dándole besitos tanto en su cabello corto como en los labios.

- Te amo, Hermione.- Pronunció justo antes de darle otro beso en la boca la mar de bonito.- Y te prometo que a partir de ahora, haré lo posible por demostrártelo cada día.

- ¿De verdad?.- Cuestionó ella con los ojos cerrados.

- Sí.- Dijo Harry dándole otro beso.

- Tú sí que eres mi verdadero amor.- Dijo ella mirándole con un auténtico cariño en sus ojos femeninos.- Y lo seguirías siendo aunque después de la pelea, los Slytherin te hubieran dejado paralítico o incluso ciego. Yo te seguiría queriendo de verdad, Harry, y no necesitaría ninguna maldición Rumana para creer que tú y sólo tú, eres la persona a quien amo con toda mi alma y todo mi corazón.

Hace cinco meses sentí que los rompiste, pero esta noche los has arreglado tanto, que incluso se han hecho más grandes.

- Te quiero, Hermione.- Pronunció sintiendo cómo una lágrima caía de sus ojos verdes.

- Yo a ti también.- Añadió ella retirándola por medio de un beso.- Y lo noté en el instante en que me enamoré de ti. Y creo que fue mucho antes de que tú te fijases en Ginny.

- ¿Y ésa quién es?.- Pronunció él guiñándole un ojo. Ella sonrió.

- Nadie…

- Eso es.- Dijo de nuevo Harry.- A partir de ti no hay nadie, Hermione, absolutamente nadie.

Tú eres todo lo que siempre quise encontrar en una mujer que pudiese quererme y a quien yo quisiera amar. Y de hecho…te amo.- Él la besó.- Te amo.- Una vez más.- Te amo.- Y de nuevo otra, y ella correspondió a cada beso, transmitiéndole a Harry un amor inmenso y sobre todo sincero.

- Buenas noches, Harry.- Le dio otro beso y entonces cerró los ojos.- Te amo.

- Yo también te amo.- Respondió con otro beso y también cerró los ojos.

Justo antes de dormirse, él escuchó cómo Hermione preguntaba suavemente…

- ¿Podrás quererme durante el resto de nuestras vidas?

Y con la misma suavidad con que ella había hablado él respondió…

- Sería imposible para mí no hacerlo.

Él la besó, y antes de dormirse abrazado a ella con una bonita sonrisa en los labios, Potter susurró a uno de los oídos de Hermione…

- Sí que te amaré, siempre lo haré, siempre…Por siempre jamás, amor.

Hermione le devolvió el beso, entonces cerró los ojos, rindiéndose al sueño cobijada por los brazos de la persona que tanto amaba. Y mientras sentía cómo él la sujetaba, vio claramente cómo sus padres y los de Harry, sonreían felices. Ella también sonrió.

……………………………………

Fin.

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Nota de la autora 2:

Sí, quería dejarlo ahí, y no, no pretendía meter sexo. Si alguno/a quiere imaginárselo por mí bien, pero yo no tenía ninguna intención de ponerlo.

Considero que el final tiene suficiente encanto como para no necesitar meter "cosas de mayores". De todas maneras debemos tener en cuenta que los protagonistas están cansados. Primero por la lucha contra los Slytherin, luego por la tensión emocional que cada uno por separado ha pasado y por último porque tanto Potter como Granger, discutieron fuertemente justo antes de que él curase la maldición de ella. Y las discusiones, también agotan.

Os aseguro que el cansancio psicológico no tiene nada que ver con el físico pero te deja muchísimo más hecho polvo anímicamente que todo lo que pueda dolerte el cuerpo tras una paliza física o mágica bestial. De todas maneras como se suele decir…"Aún les queda mucha vida por delante para conocer el sexo". Y yo añado también: ¿Es que por narices hay que meter sexo para transmitir el amor verdadero entre la pareja protagonista?. Yo creo que no.

Pasando a otra cosa…

Respecto a Severus y su romance con Pince…ni yo misma me imagino al Snape de Rowling enamorándose de mujer alguna (y sé perfectamente quién le tenía loco en su juventud). Pero aquí lo he puesto viviendo un romance porque me apetecía hacer algo distinto con su personaje.

¿Y qué pasará con él y "Emily" (Irma) en el futuro de esta historia aunque no lo hayas puesto aquí?. Pues lo que cada uno de vosotros quiera imaginarse. Después de todo, mi historia no se centra en esa pareja sino en la de Harry y Hermione. Y sí, claro que Potter y Granger están Off Of Character en más de un aspecto, puesto que si escribiese fics respetándoles al cien por cien, una historia como ésta jamás sería posible ya que las parejas de Rowling nada tienen que ver con las que yo meto en mis historias.

Por cierto, me he partido de la risa con toda la escena de la comedura de coco de Harry mientras Hermes se bañaba, así como todo lo que ocurre desde el momento en que Potter decide entrar en el cuarto de baño y bañarse junto al "hombre de su vida". Jjijiiijijji. Qué queréis que os diga salvo…por mucho que todo ocurriese bajo un ambiente "nada romántico" creo que tuvo muchísimo encanto y además gracia. Esa frase de Henry cuando dice…"Ése entra", de verdad, apoteósico para mí. Sí, ya sé que estoy de Psiquiatra, pero yo soy así. ;-)

Pues eso, que me encanta mi espejo gay, menudo objeto mágico he creado. ¡Que no, que no sale en los libros, que Henry es totalmente made in "RAkAoMi's imagination"!.

Y ahora me despido, ya me he pasado de largo. (Perdón). Una vez más, muchísimas gracias a todas las personas que han seguido, apoyado la historia y demostrado además, el suficiente interés en ella como para dejar Review y también en condiciones. Haciendo una crítica o comentario no sólo productivo sino sobre todo respetuoso. No hace falta que os nombre, sabéis perfectamente quiénes sois. De hecho, suelo contestaros tanto los reviews, como los privados e incluso emails. (Cuando tengo tiempo, claro). Con lectores/as como vosotros/as, da gusto escribir y que te lean. Mil gracias no sólo por ser lectores/as sino además amigos/as. Cuidaros mucho. RAkAoMi. ;-)