Hola!!!!

Este es mi primer fic!... y me gustaría hacer unas aclaraciones al respecto.

La historia se basará en 2 años: el 6º y 7º. Por lo cual será un fic largo, seguramente.

Es un Dramione, porque no hay nada mejor que una relación "amor y odio". Y está demás decir que cualquier duda, reclamo, sugerencia, etc, será muy bien recibida.

Todo ésto nació de la cabeza de J.K Rowling... y sólo las situaciones enredadas son creación mia. )

De corazón espero que les guste

Ember.


Capítulo I ¿y qué sucedió después del tercero?

Ella lo observaba de brazos cruzados desde un oscuro rincón.

No podía creer que él la hubiera engañado de esa forma y que ahora, tan campante, estuviera feliz de la vida compartiendo un jarrón de cerveza de mantequilla con sus compañeros de habitación: Seamus y Dean.

Ir a esa fiesta había sido desde el principio una muy mala idea, no sólo iba en contra con todo lo que su labor de prefecto prohibía: alcohol, conductas inmorales, jóvenes estudiantes fuera de su sala común a horas indebidas y ¡a escondida de los profesores y de Dumbledore!; Sino que también era un ataque directo contra su autoestima, su amor propio, sufriendo y llorando por dentro mientras el estúpido de Ron Weasley disfrutaba de la música y de un rato libre sin culpabilidad alguna.

La sala de los menesteres estaba transformada en una amplia estancia con piso vidrioso del cual se reflejaban luces brillantes que iluminaban con tonos vistosos la pista de baile, luces que cambiaban al ritmo de la música. A un lado estaba la barra, con todo tipo de tragos, atendido por un par de alumnos de Hufflepuff y a su lado habían dispuesto decenas de mesitas y sillas retro donde los alumnos podían sentarse y charlar, o hacer cualquier otra cosa que quisiesen.

Hermione estaba de pie en una esquina, donde las luces no la tocaban. Llevaba un jeans ajustado y una blusa negra que combinaba con lo sombrío de su semblante. Desde su lugar podía espiar perfectamente a aquel que le había roto su corazón y repetirse una y otra vez que él lo sentiría y que cuando deseara con todas sus fuerzas volver con ella, sería demasiado tarde.

Se pasó por su mente el momento en que descubrió que Ron la engañaba y sintió nuevamente como una daga le atravesaba el pecho. En ese instante quiso desfallecer, a la vez que un aire helado cubría cada uno de sus sentidos. Por suerte Harry había estado junto a ella y con su apoyo pudo enfrentar a su antiguo novio sin desmayarse en el intento.

Ya era un mes hace eso y, como el mismo Harry le había dicho, era momento de seguir adelante, recuperarse y pensar en algo más o alguien más…

Draco Malfoy se encontraba de lo peor. La música tan fuerte le retumbaba los oídos y la risa estridente de las muchachitas de Slytherin le parecían chillidos de ratas desesperadas por escapar de un incendio. Hace tiempo que quería salir de esa sala y recostarse, a lo largo, en su sillón favorito frente a la chimenea de su sala común. Pero una apuesta con Blaise lo mantenía atento a los movimientos del moreno y es que él estaba seguro que Cho chang jamás aceptaría bailar con su amigo y menos aún besarlo frente a su adorado Potter.

Potter… potty… el adorado del viejo chiflado… cuatro ojos con síndrome de héroe y de niño victima… ¡por Merlín, que ganas de mandarle un buen golpe en el rostro a ese desgraciado! Pero no podía, debía mantener la compostura, después de todo un Malfoy no se podía ensuciar las manos con un pobre imbécil como él.

Entonces se percató del pelirrojo, la comadreja esa que se creía de lo más que hay con esa camisa "menos usada" que llevaba puesta. Tomaba cerveza como una niña y seguramente caería rendido si tomaba un vaso de whisky de fuego con dos hielos, tal como a Draco le gustaba. Era una lástima que en el mundo mágico existieran familias sangre puras con un amor irracional por esos muggles y que de buenas a primeras, traicionaran su sangre mezclando sus vidas con esos seres no merecedores de la magia.

Y esa sangre sucia… ese intento de mujer que alzaba la mano ante la primera pregunta y no se detenía hasta que la clase terminaba. ¿Dónde estaba Granger? Seguramente se había quedado haciendo la tarea para dos semanas más de Mc Gonagall o quizás se había dado en voluntaria para ordenar los volúmenes de la biblioteca… no era extraño que la sabelotodo no apareciera en las fiestas que solía organizar la casa de Hufflepuff en un intento de unir el colegio, aunque la mayoría de veces terminaran los slytherin tirándose a golpes con los gryfindor ante la mínima provocación.

Pero… ¡qué diablos!, no podía creerlo… ¿acaso no era Granger esa delgada figura que se perfilaba, casi escondida en el oscuro rincón?...

- que buena suerte- murmuró. Y se levantó cual silenciosa pantera de la silla en que reposaba y con whisky en mano, caminó hacía la castaña que aún no se percataba de las intenciones del rubio.

- Granger…- pronunció arrastrando las palabras- ¿y cómo que no estás requisando todas las botellas de cerveza que se esconden tras la barra?

- piérdete Malfoy…- murmuró la castaña sin prestar mayor atención al comentario del rubio.

- ¿qué pasa Granger… acaso me tienes miedo?- preguntó acercando su rostro a la castaña, que recién ahí se volteó a mirarlo.

- no Malfoy, tengo asco de tu aliento alcohólico- respondió secamente la muchacha y giró su rostro hacía la pista de baile, donde Harry bailaba, a lo más que le daban sus descoordinados pies, con una Ginny muy divertida con el ridículo que hacía su compañero de baile.

- Granger, Granger…- susurró el chico acercando su boca al oído de la castaña- creo que te falta un poco de alcohol en el cuerpo, quizás con eso podrías ser un poco menos repulsiva.

Hermione frunció el ceño y lo enfrentó. Jamás permitiría que ningún hombre se volviera a burlar de ella… ni siquiera Malfoy.

- mira Malfoy, te explico, me da igual lo que opines de mí… y si tomo o no es problema mío y tú no eres nadie para opinar de ello- concluyó molesta.

- ¿qué no soy nadie?... yo puedo opinar de lo que me de la gana, para que te vayas enterando de lo que sucede fuera de la biblioteca, yo soy el PRÍNCIPE de este lugar. Y lo de que tomes era un consejo Granger… ¿o no sabes tomar?- preguntó, mientras alzaba el vaso con el dorado líquido, de un lado a otro frente al rostro de la muchacha.

La joven se mordió el labio con fuerza y dudó ante lo tentador que se veía ese vaso con el preciado líquido, en el cual podría ahogar sus penas. Como Lavander le había dicho – nada mejor que una buena tanda de alcohol para olvidar un chico… y de paso, conseguirse uno nuevo- . Sonrió ante el recuerdo del comentario de su compañera de habitación y en un impulso atronador cogió el vaso que pendía de la mano de Malfoy y de un solo trago bebió todo lo que quedaba en el.

El rubio esbozó una mueca torcida ante la actitud de la muchacha y con lo más rápido que le daban las piernas tomó dos vasos de la barra del fondo y volvió donde la castaña ofreciéndole uno de los vasos que llevaba en su mano.

Hermione se lanzó hacía el vaso que Malfoy le ofrecía y bebió con ganas, casi ahogándose por la velocidad con la que empinaba el codo y cuando hubo terminado se dio cuenta que las piernas le temblaban y que, si no se sujetaba de algo, caería al piso sin remedio.

El rubio ya había terminado su tercer vaso de la noche y sabía que ese mareo y el calor de sus mejillas eran a causa del alcohol. En ese momento necesitaba a una mujer, cualquiera que se pusiera en su camino para calmar su deseo y en eso pensaba cuando la castaña a su lado se agarró de su sedosa camisa para no caer al piso.

- ¿qué te pasa Granger?- preguntó Draco en un tono molesto hasta que vio como la castaña se enderezaba con torpeza. Sus mejillas estaban sonrosadas, sus ojos brillosos y sus labios entreabiertos se disponían a contestar cuando el rubio no pudo controlar su instinto y se abalanzó hacía la boca de la joven, besándola, como si la vida se le fuera en ello.

La arrinconó contra la muralla y la beso intensamente, entrelazando su lengua con la de la muchacha en una ardua batalla que debía ganar. La besó una y otra vez mientras sus manos vagaban arriba y abajo recorriendo su finísimo cuerpo y sintió su pecho estallar por la manera en que ella le respondía.

Hermione sentía una placentera sensación que la invadía, pero sus sentidos dormidos no le permitían constatar si estaba soñando o la música de fondo estaba sonando en realidad. Llevó sus brazos al cuello del muchacho y siguió su juego tal como Victor Krum le había enseñado alguna vez… hace un par de años atrás.

Se besaron en el oscuro rincón, bebiéndose, comiéndose hasta que un beso era demasiado poco para lo que sus almas clamaban y con el pelo revuelto y la respiración agitada, Draco ordenó:

- vamos de aquí- y jalando a la castaña de un brazo la guió por las escaleras del castillo hacía las mazmorras, con el silencio, cada vez más sepulcral, pisando sus talones.

Entraron a un aula vacía, donde los de primer año solían tener ayudantías de pociones. Y Draco, sin esperar a que Hermione terminara de habituarse al nuevo lugar, la tiró y la acomodó sobre un pupitre instalándose entre sus piernas.

Se besaron, sin pudor, entre los lugares más desorbitados. Respiraron mutuamente sus alientos entrecortados y dejaron que las ropas cayeran con ligereza, una a una, en una danza interminable de forcejeo, mordiscos y besos.

Ella sentía un calor desde lo más profundo de su alma, mientras él disfrutaba el instante tal como siempre lo había aprendido a disfrutar. Y fue así que en el momento en que la muchacha gimió con un alarido de dolor, él se alejó sólo durante un segundo para luego proseguir con aquello que había comenzado.