Disclaimer: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling.

30. HOMBRE DE MÚLTIPLES TALENTOS

James estaba nervioso. Se había pasado todo el rato buscando a Sirius. Ya en el tren la cara compungida del joven Black no le había pasado desapercibida, hecho que lo preocupó, debido a que Sirius era poco dado a deprimirse. No había querido hablar del tema y, en cuanto llegaron al colegio, Sirius se limitó a coger todas sus pertenencias y a marcharse sin mediar palabra. Ni Remus ni Peter sabían nada del extraño comportamiento del chico.

Ahora por fin lo había encontrado. Apresuró el paso antes de perderlo otra vez y en poco tiempo llegó hasta él. Colocó una mano encima de su hombro para llamar su atención.

-Eh, Sirius.

El aludido dio media vuelta y James abrió los ojos como platos al ver el cartel que Sirius acababa de pegar en la pared del castillo.

-No sé dónde está… -dijo Sirius con un tono de voz apagado.

La foto que había colgado mostraba a James tratando de quitarse de encima a Siriusín, el gato demoníaco de Sirius que en la foto había clavado sus garras en la piel de Potter y trataba de despedazarlo. Con un mensaje que decía: "Perdido. Se ofrecerá recompensa".

-¿Y no se te ha ocurrido poner otra foto? –exclamó James, indignado.

Sirius soltó una risita nerviosa.

-Marlene me está ayudando a buscarlo. La verdad es que ha sido muy comprensiva.

-Sirius, tú no sueles escuchar a la gente, ¿verdad? –dijo James mientras Sirius daba la vuelta y se iba.

A pocos metros de ellos, la chica de pelo rubio ceniza que le caía en cascada hasta la cintura estaba hablando con un grupo de Hufflepuff, preguntándoles si habían visto a Siriusín en alguna parte del castillo.

-¿Sabéis dónde está ese monstruo? –dijo ella con una naturalidad en la voz que sorprendió a James. Sirius no se dio por aludido.

-Afortunadamente no –dijeron con un deje de alivio en la voz los estudiantes, mirándose entre ellos.

James sacudió la cabeza.

-¿Y de dónde sale la recompensa, Sirius?

-De mis ahorros.

El porqué Sirius deseaba recuperar a su gato iba más allá de la comprensión de James.

-¿Qué hace Marlene aquí? Creía que ya se había graduado.

-¿Te acuerdas de la beca Lupin? –James asintió con la cabeza-. Pues Marlene va a estar aquí el primer trimestre investigando con el profesor Slughorn, luego seguirá trabajando en el Ministerio.

-Vale. Tenemos que ir al banquete, Sirius.

Con reticencia, Sirius siguió a James hacia el Gran Comedor para escuchar la ceremonia de selección por última vez. Se sentían extraños, teniendo en cuenta que ese era su último año en Hogwarts.

James se fijó en que Lily también estaba triste.

-¿Evans, qué te ocurre?

La pelirroja actuó como si saliera de una ensoñación. Percatándose de quien le había hablado, giró la cabeza y fingió que no lo había escuchado. Pinchó con el tenedor el trozo de ternera que tenía en su plato y se lo llevó a la boca, pensando con disgusto que la carne estaba demasiado seca y sabía a suela de zapato, pero todo por evitar hablar con James.

Potter se cruzó de brazos y antes de que volviera a hablar, la chica que estaba sentada a su lado llamó su atención y él la identificó como Dorcas Meadowes.

-¿No te has fijado en que Mary Macdonald no está?

Era cierto. El sitio que ocupaba habitualmente la mejor amiga de Lily estaba vacío.

Dorcas suspiró, consciente de que estaba siendo sometida al escrutinio de James.

-Mary se ha ido del país.

Lily había recibido recientemente una carta de su amiga Mary diciéndole que, tras mucho discutirlo con su familia durante todo el verano, se había instalado con éxito en Sacramento, California, y que había pedido entrada en el colegio de brujas de Salem para terminar sus estudios. Todo eran buenas noticias para su amiga, pero Lily no podía evitar sino sentirse apenada por la tan repentina despedida.

-Yo que tú no le diría nada más –apuntó Remus, que había estado pendiente de la conversación.

James se sintió frustrado.


-Estoy harto –sentenció el joven de ojos avellana en el dormitorio masculino de Gryffindor. Sus tres amigos centraron su atención en él.-. Evans me odia.

-¿Te ha llevado siete años darte cuenta, Prongs? –opinó Remus.

James lo fulminó con la mirada. Levantó las dos manos en señal de tregua y sin querer discutir.

-Desisto. Te haré caso, Sirius. Intentaré ignorarla.

Los amigos de James no podían creerse sus palabras, ni tampoco que estuviera tan desesperado como para seguir un consejo de Sirius. Sirius, por el contrario, se sintió muy conmovido porque, por primera vez en su vida, alguien había decidido tomar en serio una opinión suya.

James dejó de incordiar a Lily y actuaba como si no la conociera. Ella, como era lógico, también se había dado cuenta del cambio de comportamiento en James y descubrió para su sorpresa que no le gustaba nada. Había terminado por acostumbrarse a su presencia.

Llegó un punto que no lo pudo soportar más y en medio de la conmoción por que Gryffindor hubiera ganado a Slytherin y por goleada en el último partido de quidditch de la temporada, Evans se levantó del sofá en el que había estado leyendo un libro y se acercó hasta donde estaba James, mirando por la ventana de la torre de Gryffindor.

-Potter.

El susodicho ladeó el cuerpo, reconociendo al instante esa voz femenina con la que tantas veces había soñado.

Ella lo taladró con esos ojos verdes tan intensos.

-Evans –respondió él, cordial y haciendo un gesto de cabeza.

Lily se puso roja. No sabía si de la furia que sentía o si había algo más aparte de eso.

-¡Mira que tienes cara!

James se fijó en que Sirius le animaba desde lejos. Hacía gestos (obscenos) con las manos y le decía algo que James, como era evidente, era incapaz de oír a esa distancia. Así que optó por ignorarlo, como siempre hacía.

-¿A qué te refieres, Evans?

Ella parecía trabada, algo que jamás había presenciado James. Como si tuviera un nudo en la garganta que le impidiera hablar.

-Eres… eres idiota.

-Bueno… Es una opinión muy común.

Antes de que se fuera, James le pidió que esperara. Esta iba a ser la última vez que le hiciera esa pregunta.

-Evans, ¿quieres salir conmigo?

-Sí.

James hizo un bailecito en plena Sala Común de Gryffindor que avergonzaría hasta a su propia madre, pero se sintió tremendamente feliz e ignoró todas las miradas de divertimiento centradas en él.


-No me lo puedo creer –afirmó Remus en la habitación. Peter miraba a James con ojos igual de sorprendentes que los de Remus.

-Créetelo, Moony. ¡Evans y yo tenemos una cita! La técnica de ignorarla ha funcionado. Ya no sabía qué hacer. ¿Quién podía creer que Sirius pudiera tener la menor idea de psicología femenina?

-Soy un hombre de múltiples talentos –dijo mientras hacía ganchillo.

-No creo yo que… -empezó Remus.

-Sí, Remus, créeme.

Remus miró incrédulo a Sirius. Éste soltó una sonora carcajada.

-Le dije a James que ignorara a nuestra pelirroja favorita, que seguro que funcionaría. Y mira, le ha dicho que sí. ¿Dónde vas? –le preguntó Sirius, viendo que Remus se levantaba y se disponía a marcharse.

-A tirarme de la torre de Astronomía.

-Yo no te lo aconsejo. No hay arbustos que amortigüen la caída. Te dolerá, lo sé por experiencia.

Sirius lo dijo con una espontaneidad tal que Remus fue incapaz de reaccionar y, antes de que pudiera hacer nada más, Peter lo empujó para sentarse de nuevo encima de su cama.

-¿Dónde habéis quedado? –quiso saber Sirius.

James de repente dejó de sentirse contento.

-Pues… no… no lo sé.

-¿Cuándo habéis quedado? –siguió Sirius.

-Tampoco… tampoco lo sé.

-¿Tenéis plan?

-¡No! –James se sintió idiota. ¿Por qué la había dejado ir antes de acordar los detalles de su primera cita?-. Ella no me ha vuelto a hablar desde entonces y… y a mí me da… me da apuro acercarme.

-Pues la llevas clara –dijo Sirius, sonriente.

-¿Has encontrado a tu gato, Sirius?

-¡No metas a mi gato en esto, James! –dijo él, triste.

James soltó una carcajada. Presintió que este iba a ser su año. No sólo había conseguido que la chica de sus sueños aceptara salir con él, sino que encima se había desecho de esa bestia del infierno, también conocida como la ex mascota de su mejor amigo Sirius Black.

-Ah, que se me ha olvidado decíroslo antes. Tenemos una reunión con el director.

-¿Con Dumbledore? –soltó James, extrañado. Todavía no les había dado tiempo a cometer ninguna travesura y él no tenía en mente hacer ninguna. Menos ahora que Lily le había dicho que sí tras muchos años de sufrimiento. Tenía que demostrarle que era un hombre formal y responsable. Además del hecho que el director había decidido nombrarle Premio Anual junto a la pelirroja.

-Sí. Es la primera reunión.

-¿La primera reunión de qué?

El tono irritado de James indicó a Sirius que algo no marchaba bien. Entonces, se dio cuenta.

-Ahí va, que no os lo he contado.

-¿El qué? –James se puso pálido y tanto Remus como Peter observaban a Sirius con un deje alarmante en sus rasgos.

Sirius se limitó a reírse.

-Sabéis que hay una guerra, ¿verdad?

-Sirius, al grano.

Todos leían El Profeta y sabían que los acontecimientos que estaban ocurriendo en el mundo mágico eran producto de los seguidores de Voldemort y de su ideología purista, inminentes a una guerra que ya se estaba produciendo.

-Dumbledore me habló de su club y a mí, como me pareció divertido, no sólo me apunté yo sino que os apunté a todos vosotros. Incluida Marlene y también a Evans. Y a Dorcas. Sabéis quién es, ¿no? Es una amiga nueva. Nueva no, pero que no había hablado mucho con ella hasta hace poco y es muy simpática. Me cae genial.

A James le tembló el labio. Había dejado de escuchar a Sirius después de oír lo del club de Dumbledore.

-¿A qué club exactamente nos has apuntado, Sirius?

-Increíblemente peligroso, lleno de acción y aventura, según Dumbledore. Sonaba muy emocionante así que pensé que sería divertido.

-¿Peligroso? ¿Guerra? –repitió James palabras inconexas-. No me digas… No me digas que es para pelear contra los mortífagos.

-Podemos tatuarnos un fénix si queremos en el antebrazo. Yo tengo ganas de que nos manden a alguna misión. Me aburro.

-¡Sirius!

-Vamos a llegar tarde a clase… -mencionó Remus intentando apaciguar el ambiente y no pensar en lo que había hecho Sirius.

-Sí, ir a Pociones es la primera de mis preocupaciones, no te fastidia, Remus –apuntó James. Peter le dio la razón.


-Deberíais estar agradecidos –empezó Sirius, mirando a sus compañeros de batalla: James, Remus y Lily-. Gracias a mí, no hemos tenido que ir a Pociones con el pesado de Slughorn.

Estaban en algún punto montañoso de Escocia, al norte de Aberdeen, y se habían colocado estratégicamente cerca de un barranco porque "Los aurores no mataban como hacían los mortífagos, pero sí hacían Expelliarmus cerca de barrancos", en palabras de Alastor Moody, uno de los aurores más veteranos.

-Que la gravedad haga tu trabajo sucio –constató Remus.

-Como en Disney –comentó Lily. Pronto cambió el tema de conversación al ver que nadie la entendió-. Potter, cuando esto acabe, iremos al cine a ver Star Wars.

James no tenía ni idea de lo que era el cine, ni tampoco Star Wars, pero le dijo a Lily que sí igualmente.

Estaban fastidiados.


Lily aún no se lo creía. Los últimos acontecimientos le parecían surrealistas. Estaba esperando a James enfrente de los cines en Manchester porque así lo habían acordado y ver Star Wars, para luego quedarse en su casa de Cokeworth para celebrar la Navidad todos juntos y conocer a sus padres. No sabía cómo ni por qué, pero ir tan en serio con James Potter le parecía el transcurso más natural de las cosas.

Sirius y su gato se habían separado (no en el sentido estricto; Sirius había estado buscándolo durante meses y el felino no había aparecido en ningún lugar, por lo que lo habían dado por perdido y el merodeador se había desanimado muchísimo). Después, no sólo se habían enfrentado a los seguidores de lord Voldemort por la genial ocurrencia de Sirius, sino que habían sobrevivido y, tal y como había prometido a James, allí estaba ella esperándolo para su primera cita juntos.

-¡Lily! ¡Eh, Lily!

La aludida levantó la mirada, aturdida. Poco tardó en reconocer la voz de James y, en pocos segundos, se sintió cada vez más enfadada.

-¡Llevo veinte minutos esperándote, idiota! He pensado en irme.

-¡Perdón! –se disculpó Potter-. ¡No ha sido culpa mía!

-¡¿Entonces de quién ha sido culpa!? Oh… -se cortó Lily viendo una sombra detrás de James-. Pero ¿¡qué hace él aquí!?

-¡Hola, Evans! –la saludó Sirius, alegre.

Lily miró a James exigiendo una explicación.

-Es que… Ya sabes… Bueno, con eso de que Sirius se fue de casa y desde que murieron mis padres estamos solos… Me parecía poco apropiado que se quedara solo la víspera de Navidad y…

-¿Y te pareció más apropiado que viniera a nuestra primera cita juntos, Potter?

James soltó una risita, nervioso.

-Visto desde ese punto de vista…

Lily suspiró, dándose cuenta de que era una batalla perdida. Ya se había imaginado que aceptar salir con James incluía al grupo de los merodeadores en conjunto, pero no se había imaginado que aparecerían tan pronto en su vida.

-Ni te darás cuenta de que estoy aquí, Evans. Lo prometo.

-Llámame Lily –le dijo ella a Sirius.


-¿Y esa pantalla tan grande? ¡Hala! ¡Sale gente! ¿Están atrapados? ¡Hemos de salvarlos!

Lily rodó los ojos. Menos mal que no iba a darse cuenta de que Sirius estaba ahí con ellos.

-Sirius, cállate –siseó Lily en un tono duro de voz-. Mira la película y disfruta, que no es de verdad.

-Tienen sables, ¡brillan!

-¡Sirius!

-Vale, ya me callo.

Sirius estuvo fascinando durante todo el rato que duró la película.


-A mí no me ha parecido para tanto –comentó Lily.

Cuando salieron del cine, Lily no esperaba que esa película fuera a impactar tan fuerte en Sirius y James. Habían salido emocionadísimos por lo que habían visto y ahora repetían una y otra vez las escenas de la película de camino a casa de los Evans.

-¡Guardad las varitas, idiotas! ¡Estamos en una ciudad muggle!

James y Sirius habían sacado las varitas de Hogwarts y se dedicaban a hacer los mismos movimientos que hacían los sables láser y hacían ruiditos emulando su sonido.

-Llamadme Sirius Wan Kenobi.

-A mí James Sky Potter.

-Ser Jedi es genial –empezó Sirius-. Leen pensamientos, utilizan la mente para mover cosas. Me encantaría poder usar la Fuerza.

-¡Eres mago, por el amor de Dios, Sirius! ¡Y he dicho que guardéis las varitas!

Cuando por fin James y Sirius decidieron hacerle caso, continuaron caminando hasta que Lily anunció:

-Hemos llegado.

James dejó de prestar atención a Sirius y se centró en lo que tenía delante. Una hermosa casa de dos pisos estaba enfrente de él. Era de color blanco, con las tejas marrones y grandes ventanales que dejaban traspasar la luz. El jardín se notaba que estaba bien cuidado y tenían un montón de flores que le daban un toque alegre a la residencia de los Evans. Todo hubiera sido idílico de no ser porque una enorme mancha de color negro se había abalanzado sobre James y éste ahora corría aterrorizado por la calle de Lily, llamando la atención de los vecinos.

-¡Siriusín! –había gritado Sirius, esperanzado.

-¡Dios, James, no! –dijo Lily, preocupada.

-¡Quitadme este monstruo de encima!

-¡James, basta! –le gritó Lily, en vano. Ella se acercó rápidamente hasta él y le quitó el gato de encima. Una vez James recuperó la respiración, se atrevió a mirar al frente y vio a Lily sujetando al gato entre sus brazos.

-Ah, me había parecido Siriusín –era evidente que el tono de Sirius sonaba derrotista. Salvo por una pequeña mancha blanca que tenía ese gato alrededor de sus ojos azules, era idéntico a la ex mascota de Sirius.

-Es Apricot, mi gata –dijo Lily, acariciándole el lomo-. James, ¿estás bien?

-S-sí –debido al gato de Sirius, James había quedado traumatizado y tenía un miedo atroz a todos los felinos y a cualquier animal remotamente parecido a ellos.-. Vamos a saludar a tus padres.

-¿Mis padres?

-Nos están mirando desde la puerta.

-Ah.

Evans se percató de que lo que James dijo de sus padres era cierto y anduvo hasta el umbral, con los dos chicos pisándole los talones.

-Hola, mamá –la saludó ella dándole un abrazo. Acto seguido, dio un beso a su padre.-. Son James y Sirius. Ya os he hablado de ellos.

-Encantada –dijo la madre-. James es el de la melena, ¿no? ¿Quieres que te deje un peine? Yo soy Violet.

-Mi nombre es Harry.

James hizo como si no hubiera escuchado el comentario de Violet Evans y saludó a los padres de Lily, igual que Sirius, y entraron en la sala de estar tal y como ellos les indicaron.

-¿Dónde dejamos los trastos? –preguntó James, señalando su mochila.

-Déjalos ahí, al lado de las escaleras. Luego los subimos. ¡No abras el armario de la escalera! –le advirtió Lily. James inmediatamente le hizo caso y Sirius estaba demasiado ocupado admirando la decoración tan simple pero atractiva como para poder registrar otros eventos. A Sirius no le gustaba nada la decoración barroca y recargada, tan propia de su anterior casa en Grimmauld Place.

-Lily, ¿no habías quedado con James Potter? –le preguntó su madre.

-Sí –la joven fulminó a James con la mirada, quien miró hacia otro sitio-, pero al final se nos ha unido Sirius Black, el mejor amigo de James.

-Oh, bueno. Tenemos comida.

-Muchas gracias, señora Evans –replicó automáticamente Sirius.

-¿Y Petunia? –quiso saber Lily.

-Pasará estos días en casa de la familia de Vernon –contestó Violet, con un cariz de tristeza pero también como si estuviera pidiendo perdón.

James, viendo la cara de abatimiento de Lily, trató de desviar su atención hacia otro tema.

-¡Eh, Lily! Enséñame tu casa. Y… tengo que decirte algo.

Lily levantó la cabeza hacia James. Arqueó una ceja.

-¿Qué pasa ahora?

-Que… antes no… No solo se nos va a unir Sirius, a ver si me entiendes –James se rascó la cabeza y se revolvió el pelo. Lily lo miró con furia contenida.

-¿Cómo?

-Les dije a Peter y a Remus que también podían venir –James se rió nerviosamente y Lily se puso blanca-. Pero no te preocupes, vendrán mañana. ¡Y he traído regalos para todos!

-Ven –empezó Lily, pensando que James no tenía remedio. A su pesar, no pudo evitar esbozar una sonrisa, feliz.-. Dormiréis en el cuarto de Petunia. No le toquéis absolutamente nada, por favor. O me echará las culpas a mí.

-Entendido. ¡Sirius!

Cuando James y Lily se giraron para buscar a Sirius con la mirada, se quedaron sorprendidos de verlo hablar animadamente con la madre de Lily.

-Me gusta el mantel.

-Es del mercadillo.

-Tiene dibujos de gatos. Echo de menos a mi gato. ¿Tenéis un felétono? Me encantaría ver uno de verdad. ¿Y usarlo?

-¡Sirius! –volvió a gritar James.

-¡Voy!

Lily se llevó una mano a la cabeza, preocupada. Sin embargo, un golpe seco la alertó y comprobó que una lechuza pequeña y marrón trataba de entrar por la ventana, dándose continuos golpes. Parecía empecinada en destruir el cristal con la cabeza. La chica abrió el marco para que el animal pudiera entrar y, con una sonrisa de oreja a oreja, gritó:

-¡James! ¡Sirius! ¡Tengo una carta de Mary!

-¿Y ha venido desde California? –quiso saber Sirius mientras realizaba reanimación cadiopulmonar básica a la lechuza moribunda.

-Aparentemente –contestó James-. ¿Cuándo has aprendido tú veterinaria?


Hola:

No, no estáis viendo visiones. Primero de todo, disculparme y aclarar que no he abandonado la historia. Digamos que se me juntó todo de la vida real con una mala racha y no podía escribir algo de humor, entre otros factores. Os agradezco mucho vuestra paciencia, de verdad. Volviendo a Crucio, si he hecho que Mary se fuera es porque lo más probable conociendo a Rowling es o bien que muriera o bien que huyera (ella y más personajes, claro). Como no me apetecía dejarla en la Orden Del Fénix, he pensado en que se fuera a Estados Unidos por el tema de: está lejos y el idioma. Eso no quiere decir que Mary dejará de existir (por decirlo de alguna forma, xD). Es un personaje que me gusta mucho y he comprobado con alegría que es popular entre los lectores, así que no iba a "quitarla y ya está".

Star Wars se estrenó en 1977, así que coinciden las fechas. :) En cuanto a los nombres de los padres de Lily, no hay ninguno oficial así que lo estuve comentando con una amiga y ella me sugirió estos nombres. Le pregunté si los podía poner, y ella me dijo que sí. El nombre de Harry me gustó mucho, porque me gusta pensar que Lily tuvo algo que ver con ponerle el nombre a su hijo.

Gracias por leer, y agradecería cualquier comentario en forma de review.

¡Pasad unas buenas fiestas!,

Sango H.