¡Hola! Lamento el retraso en el último capítulo. Verán, las musas andaban con pereza, y a pesar de que tenía estructurado el final en mi cabecita, mis dedos se negaban a escribirlo... ¿será porque no quería terminarla? Puede ser, me pasó lo mismo con Lotus, así que ya pueden sacar un molde je, je.

Quería agradecer a todos los que durante estos meses me leyeron. A las 1500 personas promedio que siguieron capítulo a capítulo, a las 125 personas que tenían a "Conociéndote" entre sus historias favoritas, los que me dejaron sus reviews y también los que me enviaron PM. ¡Gracias! De verdad, me hicieron muy feliz.

¿Sabían? Este fic lo escribí para una gran amiga, karix. Niña preciosa, a pesar de que te conozco hace cuatro años, ahora de verdad siento que nos hemos "conocido" y me alegra mucho, pues fuiste todo un descubrimiento el 2007 y sé que seguiremos por el camino muchos años más. Además, un gran abrazo a Arrayan (niña, gracias por wetearme) y Embercita, los valores del 2008.

Agradecimientos miles por los 55 reviews que recibí en el penúltimo capítulo, a: Hannia, Lagordis, Beautifly, Hermione Malfoy 35, Konnyta Granger, Ginna Isabella Ryddle, Dulce Invierno, Anizzz 32, t.b.w.p, Enichepi, Ethel Potter, Fiona Garay, Kunii 24, Eily Rojas Black, Marianella, Petalo VJ, María, Irish, Gossip Girl, Dantzel, Gabe Tonks, Esme Black, Lilyan Malfoy, Xhii.oo, Narchi, Salesia, Iamalonefordanny, Karyta, Marie Malfoy, Vanina Rios, Ly Draco, Reila, Yequita, Lauriska Malfoy, Kerly Krum, Cissy Blackfoy, Karix, LucyMcgonagallBlack, Friidaliizziiooz, Oromalfoy, AbrilMalfoyGranger, aDitA, GK Evans, Neko Lala, Cotita Malfoy 18, Lee Loo, Angy Malfoy, Edna Black, Liale, Pauleth, Azul Lovegood, Flor pirata, Nattu y Embercita.

Un par de avisos publicitarios:

Ya está arriba mi mini fic sobre Luna y Theo, se llama "Reflejo" y pueden acceder a el desde mi perfil. ¡Ah! Y probablemente haré una secuela de "Amor entre dictadores", si voy a hacer tres capítulos para la Theodore, encontré injusto dejar a Alexander con uno solo, ¿No creen?

Además, les cuento que la sociedad PPC ha creado un perfil de usuario (miren mis autores favoritos). Ahí nos podrán hacer llegar sus desafíos, ¿Tema actual? Parejas del universo HP y los signos zodiacales ¡No teman! ¡No mordemos!.

Por último, un gran abrazo para todos los lectores, es increíble, pero el título de la historia fue muy concordante con lo que me pasó al escribirla: conocí gente muy especial.

¡Hasta la próxima! (no se librarán de mí tan fácilmente)

Mad

La Abogada Poco Seria.

PLAY

Ps: ESTE CAPÍTULO TIENE BANDA SONORA, Cuando aparezca "& Play &" Se recomienda poner la canción "In My Place" de "Coldplay", ya que eso escuchaba mientras escribía.

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Aquel periódico era la prueba irrefutable de que todo se había perdido entre ellos. Aquella noticia significaba el fin de un sueño oculto, guardado en el fondo de su alma bajo siete llaves.

El sueño de haber encontrado a ese alguien con el cual podrías pasar el resto de tus días… con quien podrías despertar cada mañana…

Y todo… por un estúpido error…

Pronto se fue a blanco. Ya no podía pensar ni sentir nada. Solo percibió como fue jalada de la muñeca para incorporarse, y ser abrazada por los tibios brazos de Theodore, que le susurraba palabras de consuelo a la oreja, que su cerebro no alcanzó a procesar…

25.-

Lo que sucedió durante el resto de ese día nadie lo sabe. Ni siquiera ella podría explicarlo con claridad, ya que a penas podía coordinar sus movimientos y racionalizar sus emociones, que le taladraban el pecho hasta casi desangrárselo.

Theodore la acompañó durante la mayor parte del tiempo; cada vez que podía se iba a instalar a su despacho y trabajaba desde el sillón, observándola a ratos, preocupado por la implosión que estaba experimentando la castaña… sin embargo, ella no parecía notar su presencia, o lo ignoraba deliberadamente. Su mirada estaba perdida en alguna parte del espacio y sus ojos habían perdido el brillo usual que los caracterizaba. Cuando caminaba, sus pasos eran tan imperceptibles que parecía flotar sobre el piso, y ya no emitía sonido alguno desde sus labios; el silencio se había hecho su compañero más leal en aquel momento fúnebre, donde una parte de ella se había muerto irremediablemente.

Sus compañeros de trabajo notaban aun a varios metros su aura ennegrecida, y por eso mismo, mantuvieron prudente distancia. Hermione, con todo lo responsable y sabelotodo que era por esencia, jamás había sido tan eficiente en su trabajo. Logró despachar todo el papeleo de una semana sin siquiera percatarse de ello. Era una autómata, un inferi, un maniquí, un zombie, un androide trabajólico con la cabeza incrustada en su escritorio, concentrada solo en escribir y firmar pergaminos… en dar y cumplir órdenes.

Harry fue testigo silencioso de su extraño comportamiento, y ahora que lo pensaba en frío, todo concordaba. Ron tenía razón aquella vez, tiempo atrás, cuando le dijo que sospechaba que se traía algo con el hurón albino, sino ¿por qué Hermione tenía el aspecto de un fantasma el mismo día en que se anunció el inminente matrimonio de Malfoy? Pero, aunque sus conclusiones fuesen correctas ¿Qué haría? ¿Qué vela tenía en ese entierro? Ella no había tenido la suficiente confianza para informarle algo tan importante como era el que estuviera saliendo con su enemigo de antaño, y por otro lado, ese día no era el momento adecuado para pedirle explicaciones. Así que muy a su pesar, calló, pero con la promesa interna de que sí aquel bastardo había osado provocarle daño a su mejor amiga, él se encargaría de hacérselo pagar muy caro.

Lo que no sabía él, era que Hermione no necesitaba de nadie que la defendiera, pues en su fuero interno había decidido que ya era suficiente, y esta vez iba en serio. No derramaría ninguna lágrima más por él, no pensaría más en él, no soñaría más con él. Draco Malfoy había pasado a ser un colega más en el Ministerio, tan importante como aquel muchacho que acarreaba los archiveros de un departamento a otro... tan importante como el mesero que la atendía durante el almuerzo… menos importante que su secretaria y el conserje del edificio.

- Hermione – esbozó Theodore de pronto - ¿Necesitas algo?

- No, gracias – respondió con normalidad, sin despegar los ojos de aquel expediente que se traía entre manos – Si quieres vete, de seguro tienes cosas más importantes que hacer.

- Nada es más importante en estos minutos – aseguró él seriamente – Pero si quieres que te deje sola, lo entenderé.

- Quiero que me dejes sola – confesó, deslizando su mirada hacia el muchacho – Por favor –añadió suave.

Theodore asintió y se levantó de su lugar, pero antes de partir, se acercó y le depositó un cariñoso beso en la frente. Ella cerró los ojos ante el contacto, y luego los abrió cansinamente, enfocando su vista en la figura que ahora se dirigía a la salida.

- Si me necesitas…

- Lo sé – cortó con dulzura – No te preocupes.

Sintió como la puerta se cerraba y relajó los músculos de su rostro. Miró su reloj de pulsera y no se sorprendió de que ya fuera de noche, probablemente, era la única que aún se encontraba en el lugar. Suspiró agotada, todo el esfuerzo hecho durante el día repentinamente la arrebató y ya no le quedaban energías para levantarse de su asiento, evaluando seria la posibilidad de quedarse a dormir ahí mismo.

No puedes ser tan patética se reprochó.

Con toda la voluntad que le quedaba, se incorporó a duras penas y tomó su cartera, colgándosela al hombro. Mañana volverá a ser todo como antes se dijo repetidas veces como si se tratara de un mantra, mientras se dirigía a la salida del Ministerio para volver a su hogar.

Es hora de olvidar, Hermione sentenció firme.

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- ¡Estúpido! – regañó Pansy, dándole una palmada en la nuca – Después de todo lo que hiciste, y lo que hicimos para que te pudieras quedar con Granger ¿vas y te comprometes con Daphne? ¿Qué acaso te volviste loco? ¿O se te fundieron las neuronas? ¡Casi dejo que violen a mi novio por tu culpa!

Los tres se encontraban en el departamento de Alexander reunidos a petición de la pelinegra. Mientras ella y Draco estaban sentados en el sofá, Alex había acercado una silla para quedar al frente de ambos, en un triángulo perfecto.

La muchacha prácticamente lo había secuestrado de su casa solo para pedirle explicaciones. Enfurecida, agitaba el profeta por los aires, amenazándolo con hacer un escándalo de película si no se iba con ella de inmediato al departamento de su novio para conversar, y a pesar de que Draco se negó en un principio, no pudo mantenerse en su decisión cuando Pansy se puso a gritar a todo pulmón como si fuera víctima de un atraco.

- Deja – espetó taimado con un ademán de manos – No hables de lo que no entiendes.

- Yo tampoco lo entiendo – dijo Alex cruzándose de brazos desde su lugar – Después de tu dichoso viaje a Irlanda volviste hecho un extraño. Ni hablas, ni comes, y de repente apareces con Greengrass de la mano. Al principio no te dijimos nada porque sabíamos que no querrías hablar y pensábamos que era algo temporal, pero ahora... ¡te comprometes! ¡eso es demasiado, incluso para un insensato como tú!

- ¿Qué pasó hace tres meses, Draco? – preguntó súbitamente ella, suavizando el tono de voz – Por favor, confía en nosotros. Haznos entender porqué estás haciendo esto, que no estás equivocado, que tomaste la decisión correcta, que...

- Me engañó.

Las dos palabras provocaron un silencio tenso, que era capaz cortarse con un cuchillo. Pansy tenía los ojos desmesuradamente abiertos y por dentro, su cerebro le indicaba la posibilidad de que quizás, sólo quizás, había oído mal. Sin embargo, el semblante de su mejor amigo, aquel que había conocido y acompañado durante tantos años, se había ensombrecido de tal forma, en una mezcla de tristeza y vergüenza, que no dejó lugar a dudas, por lo que ni ella ni Alexander se atrevieron a profanar ese silencio.

Draco hundió su cabeza en ambas manos cansado y derrotado. No quería revivir aquel evento que prometió eliminar de su cabeza, pero que aún lo atormentaba por las noches, mientras dormía revolviéndose entre las sábanas en búsqueda de su calor, el calor de Hermione. Decidió hablar por última vez, para luego, enterrar esas emociones justo donde debían estar... En el fondo de su alma, junto con todos los recuerdos que le pertenecían a ella.

- La última noche decidí visitarla, ya no aguantaba no verla – prosiguió más despacio, degustando el amargo sabor de sus palabras – La puerta de su habitación en Tokio estaba semiabierta, y sin más, entré…

El joven se detuvo, indeciso de seguir con su relato. Pansy sentía su garganta seca ante la incertidumbre, y le costaba tragar de su propia saliva, mientras que Alex ya negaba con la cabeza, adelantándose al final de la historia.

- ... Y la encontré – continuó Draco, con sus mayores esfuerzos – Dormía plácidamente abrazada de Weasley, apoyando su cabeza en su torso... desnudo.

Pansy dejó escapar un gritito de sorpresa, llevándose ambas manos a la boca, mientras que su novio bufaba indignado, murmurando cosas ininteligibles. La muchacha alzó una de sus manos y trató de acariciar la mejilla de Draco para consolarlo, sin embargo, él la tomó en el aire, y la bajó bruscamente, con el ceño fruncido.

- No me toques. No necesito la lástima de nadie – atajó ceñudo y frío – Si les cuento esto, es para que no recriminen mis acciones. Les agradezco mucho la ayuda que me brindaron en su momento, y su lealtad al guardar el secreto. Pero ahora no quiero, es más, les exijo que no me tengan compasión, no soy tan débil, no me ofendan.

Ambos asintieron en silencio y se miraron nerviosos, incómodos, y algo culpables por como lo habían tratado hace unos segundos atrás. No podían creer lo inverosímil de la situación... hace semanas habían fingido un engaño a su amigo para liberarlo de un compromiso... y ahora realmente lo habían herido hasta el fondo.

- Una última pregunta, si me lo permites – soltó la muchacha, recibiendo una mirada aprobatoria por parte de Draco – Entonces, ¿te casas por despecho?

- No. Me caso por asuntos familiares – explicó encogiéndose de hombros - Tenía que casarme de todas formas.. y Daphne... Daphne es una gran mujer.

- ¿La quieres? – preguntó Alex, mirándolo fijamente.

El joven evitó el contacto visual, sintiéndose un sujeto sometido a terapia social. ¿La quiero? Se preguntó a sí mismo, aunque no era necesario, ya tenía clara la respuesta.

- Draco, ¿la quieres? – insistió esta vez Pansy.

- No. No aún. Pero la querré – dijo el rubio, tratando de auto convencerse de ello – La querré.

Tengo que aprender a quererla...

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Faltaba solo un día para que se cumplieran las dos semanas, pero Hermione no parecía notar el transcurso de las horas. Seguía enfrascada en su trabajo y a penas tenía tiempo para conversar con sus seres queridos, los que en más de una ocasión se vieron con las palabras en la boca al ser olímpicamente obviados por la castaña.

Despertaba, desayunaba, trabajaba, almorzaba, trabajaba, cenaba y dormía. Esa era su rutina, y al parecer, no le molestaba en lo absoluto. Es más, se sentía cómoda volviendo a lo que era antes de todo... una trabajólica empedernida con cero vida social. Pero no le importaba. Aún era joven, exitosa y algún día lograría dar con la persona correcta... si es que existía para ella, eso que la gente romántica definía como el príncipe azul.

O gris.

Sacudió la cabeza espantando aquel rebelde pensamiento que pretendía evocarlo, y no le costó demasiado olvidar el tema y seguir con lo que estaba haciendo, un informe acerca de la evolución de las condiciones laborales de los elfos domésticos... o al menos, eso creyó. Su mano derecha estaba apretando inconscientemente la pluma, que de un momento a otro se rompió en la punta, quedando el pergamino con un feo manchón negro en forma estrellada.

Mi favorita lamentó mirando el daño ocasionado, suspirando resignada y lanzándola al papelero.

Comenzó a tantear su escritorio en búsqueda de otra pluma, pero era tal la cantidad de papeles que lo adornaban, que era más probable que se tiñera rubia a encontrar algo en ese caos. Bufó molesta, y expandió la búsqueda a sus cajones, donde reencontró algo que había olvidado... por enésima vez. El diario de Ron.

Acarició con la yema de los dedos aquella portada vieja de color escarlata, cuya inscripción "RW" indicaba su dueño. Con cuidado lo extrajo de ahí, colocándolo al frente de ella, y lo abrió, encontrando una nota adjunta.

"Hermione:

Quizás ya es tarde... y aunque me duele como no puedes imaginarte, lo tengo más que claro. Sin embargo, soy tozudo, y lo sabes...por lo que no me rendiré de buenas a primeras...no cuando estoy seguro de que eres la mujer de mi vida, y siempre lo fuiste... no cuando estoy conciente de que eres la persona con la que quiero pasar el resto de mis días.

Es por ello que te dejo mi diario de vida, en el cual se refleja lo importante que eres y siempre fuiste para mi...

Porque fui un idiota en estos dos últimos años...

Porque nunca dejé de quererte...

Y porque este es un intento desesperado por recuperarte...

Ron W."

Su corazón se oprimió de culpabilidad, ¿cómo había dejado pasar tanto tiempo? ¿Tan insensible y egocéntrica se había vuelto al estar con Dra... con ese sujeto? La primera vez que se atrevió a abrirlo hace meses atrás, realizó una lectura rápida pasando las hojas con avidez, y ni siquiera había logrado llegar hasta la narración de su noviazgo, ya que Theo la había interrumpido.

Pero ahora leería a conciencia aquel libro... y por completo.

Cerró la puerta para que nadie la molestara, y se recostó en su sillón, dispuesta a otorgarle toda la tarde. Al principio, no pudo evitar sonreír nuevamente de melancolía, al revivir los primeros años de estudios desde el punto de vista de Ron, que podía parecer despistado, pero no lo era ni en broma. Cada cierto tiempo, entre hazaña y hazaña, el pequeño pelirrojo comentaba cosas de ella, pero fue en cuarto año que las referencias ya eran notables.

"!Se está aprovechando de ella!" "!No sé que le ve a ese descerebrado!" reclamaba Ron adolescente en sus escritos luego del baile de navidad. Si tan solo me hubieras invitado, y no como última opción... pensó Hermione, recordando cuanto había soñado con que su amor platónico finalmente se decidiera a verla como algo más que una amiga, pues ella misma ya era conciente de su amor.

Pero fuimos tan necios.. reflexionó al llegar a los sucesos de sexto año, donde por despecho, se había involucrado con la babosa y superficial de Lavender. Aún su voz chillona estaba clavada en su memoria, llamando al famoso Won – Won, mientras ella los observaba de reojo, sintiendo como su corazón se partía a pedacitos y su mano se iba instintivamente a la varita, conteniendo las ganas de enviarle un par de moco murciélagos a ese par de pulpos.

Ahora que ponía atención a lo que leía, no podía evitar sentirse confundida con las inseguridades de Ron hacia Harry. Ella jamás de los jamases se había sentido atraída hacia el niño que vivió, pero Ron estaba convencido de que era su mejor opción... la primera opción en su lista.

Y si entraba a analizarlo fríamente, Ron siempre había metido la pata por error, por pensar cosas que no eran, sobretodo respecto a ella. Su relación con Lav – Lav no había sido más que su "venganza" por el supuesto beso que ella le había dado a Víktor Krum; los había abandonado en la búsqueda de los horrorcruxes porque creía que estaba enamorada de Harry; y había terminado su noviazgo al sentirse desplazado por el trabajo, enrollándose casi de inmediato con Gabrielle. ¿Qué podía esperar de él en el futuro? Lo quería, sí. Una gran parte de su corazón estaba destinada a quererlo, pero ya no de la misma forma de antes...

.

"Quizás estoy errado, no lo sé, pero lo hecho, hecho está. Terminamos.

No puedo creer que después de tanto tiempo todo haya acabado... y es que cuando le dije que lo nuestro no iba más, solo asintió con la cabeza y se quedó callada... ¿Acaso no me quería? ¿No era capaz de luchar por mí?

Tenía ganas de gritar, destrozar toda nuestra habitación, pero afortunadamente me contuve. El tiro me salió por la culata, la jugada no me resultó y ahora ya no puedo dar marcha atrás. Traté de llamar su atención, pero no lo logré... quizás de verdad, lo nuestro no iba más."

.

Hermione pasó hoja por hoja, conociendo hasta el más mínimo pensamiento de él, sintiéndose cada vez más y más confundida, como si toda su vida estuviera llena de errores, contradicciones y malos entendidos.

.

"La extraño. ¡Por merlín la extraño!

Si tan solo ella supiera...

¡Dios, soy lo peor! Al lado mío está Gabrielle, durmiendo como si nada... ajena a mis tormentos, ignorante de que mis pensamientos pertenecen a otra..."

.

Sus ojos comenzaron a demostrar otra vez atisbos de vida, sintiéndose impotente, una simple marioneta del destino, el cual solía divertirse tirando de sus hilos o colocándole obstáculos insuperables.

.

"No sé como llegué a esto. En un mes me caso.

¿Estaré cometiendo el peor error de mi vida?

Necesito verla... necesito asegurarme de que estoy en lo correcto... necesito volver a Londres"

" ¡Me felicitó! ¡Diablos, me felicitó!

Y ahora que lo pienso... una parte de mí quería que ella lo evitara.

Si Hermione me pedía que no me casara, no lo hacía y punto. Pero... ¡Me felicitó! ¡No puede ser!"

.

Irónico. Cuando recibió la noticia del matrimonio de sus labios, aquella noche de invierno tomando café, creyó que se moriría ahí mismo... ¿Acaso él no lo había notado? ¿No se había percatado del dolor de su voz al mentir que se alegraba por él? ¿Que su mentón no temblaba por el frío, sino por aguantarse las ganas de llorar?

.

"Le haré caso a Ginny, a veces esa pecosa tiene buenas ideas.

Espero que todo salga bien. No creo que Hermione tenga problemas en recibirme en su casa. Solo espero quitarme esta duda de adentro, y no intensificarla"

.

"Maldición. Era peor de lo que creía.

No puedo, definitivamente, no puedo ni quiero quitármela de la cabeza.

Estar viviendo nuevamente con ella ha sido una tortura. Muero por besarla, estrecharla y decirle todo lo que siento. Pero no puedo. No debo. ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?

Estoy seguro de que ya no está sola, pero me he decidido a reconquistarla, no puedo perderla... estamos hechos el uno para el otro.

Se supone que debemos estar juntos."

.

Cerró la tapa del diario y respiró profundamente, dirigiendo su vista hacia el techo.

Hermione Granger había tomado una decisión al respecto.

Y era inamovible...

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Se miraban entre sí indecisos, nadie se atrevía a hablar. A pesar de que los sonidos propios de un restaurante martillaban sus oídos, parecía que solo se encontraban ellos tres, sumidos en sus pensamientos, tratando de encontrar explicaciones.

Quizás habían sido malos amigos. Quizás, por estar ensimismados en su propia felicidad, habían dado la espalda a los asuntos del resto... a los problemas de un ser querido. A los problemas de Hermione Granger.

Había llegado el día. Ya era sábado y nadie tenía noticias de ella. Se había esfumado del mundo como si jamás hubiera existido, y los tres intuían la razón de su desaparición: Draco Malfoy.

Hoy se casaba aquel arrogante que jamás tragaron. El sujeto que solía burlarse del trío dorado y de la condición social de la familia Weasley. Aquel que había ingresado mortífagos a Hogwarts y trató de matar a Dumbledore. El mismo que, luego de la batalla, logró reinsertarse en la sociedad y redimir sus pecados, pero que a pesar de todos sus nuevos méritos, ninguno de los ex leones lo soportaban, o al menos, eso creían...

- Creo... que tenías razón – concedió Harry, exhalando pesadamente.

- ¿Viste? Te lo dije, pero casi me mandaste a San Mungo por sugerirlo.- refunfuñó Ron, cruzándose de brazos.

- No entiendo... ¿por qué Hermione no nos dijo nada? ¿Acaso no confía en nosotros? – inquirió Ginny sentida.

- De seguro tenía miedo de nuestra reacción – contestó el pelinegro, quitándose las gafas para acariciar el puente de su nariz.

- Y no es para menos. Es decir, ¡Es Malfoy! ¡Hurón botador Malfoy! – exclamó ella alzando los brazos, como si el mundo se hubiera vuelto loco – ¡En que retorcida e increíble realidad podrían haber estado juntos!

- Pero ya no lo están – atajó Harry, colocándose sus gafas nuevamente – Ahora tenemos que ver como la recuperamos. Cómo logramos que vuelva a ser de nuevo nuestra Hermione, y después...

- Y después averiguamos lo que pasó y le pateamos el trasero a Malfoy – completó Ginny decidida – Nadie le rompe el corazón a mi amiga y vive para contarlo... tú no cuentas, eres mi hermano y mamá me deshereda si te hago algo– añadió al ver la incomodidad del muchacho.

Harry retomó el profeta que había dejado sobre la mesa, y releyó el titular que hoy se estampaba en las páginas sociales. "Hoy se unen dos de las familias mágicas de sangre pura más importantes y antiguas: Los Malfoy y Los Greengrass" Más abajo aparecía una breve descripción de donde se realizaría tal evento, los renombrados invitados y las implicancias de aquel matrimonio. Se decía lo enamorados que estaban ambos contrayentes, mientras que en la foto principal aparecían los jefes de familia sonriendo ampliamente estrechándose las manos, como si acabasen de firmar un tratado mágico internacional.

- Entonces... yo me retiro – anunció Ron de pronto, dejando un galleon sobre la mesa.

- ¿A dónde vas? – inquirió su hermana ceñuda.

- A empezar a recuperarla – respondió poniéndose de pie - Hoy es el día en que no debe estar sola.

- Pero...¿qué le dirás? – preguntó Harry algo nervioso, pues en su amigo no se encontraba la virtud de la prudencia- ¿"Hola, te vengo a consolar porque se te casa el hijo de puta de Malfoy"? ¿"Por cierto, gracias por avisarme que estabas con él"?

- Nada de eso.- negó el pelirrojo con la cabeza - No lo tengo claro... por ahora.

Estaba muy nervioso, pero no lo demostraba ante ellos... debía mantenerse calmado si quería que todo saliera bien, y que su mal genio, mundialmente reconocido, no le jugara en contra otra vez.

Salió de ahí pensando cómo podría alegrarla. Pero no fue sino hasta que leyó aquél letrero de "Floristería" que una idea vino a su mente.

Perfecto...

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Rolf era un joven ambicioso, culto, exitoso e inteligente, pero por sobre todas las cosas, era terco. Tozudo como mula, no podía aceptar que alguien le negara sus deseos, más aún, cuando daba las cosas por seguro... como mucho tiempo lo hizo con Luna Lovegood.

Decidido, se plantó afuera de su casa para tratar de convencerla de su error. De que su mejor opción no era aquel sujeto bipolar e inestable que tenía como novio, sino él, su amigo de la infancia, aquel con el que podía hablar de todo tipo de temas, aquel que conocía todos sus secretos y temores...

Tocó la puerta en dos golpes secos, y se metió las manos al bolsillo, expectante. A los pocos segundos, se asomó la cabellera rubia de Luna, quien por una pequeña abertura lo miraba con los ojos como platos, visiblemente sorprendida de su aparición.

- ¿Me dejas pasar? – preguntó él, intrigado por la falta de cortesía de la muchacha, que aún no abría completamente la puerta.

- No es un buen momento... ¿Puedes volver más tarde? – susurró bajito.

- Más tarde me voy, Luna – contestó extrañado por el secretismo de ella - Vengo a ofrecerte por última vez que te vengas conmigo a Nueva Zelanda.

La mirada de ella se ensombreció, y su ceño se frunció. Pero nada dijo, mantuvo el silencio esperando que el muchacho terminara de hablar.

- Sabes que estás cometiendo una estupidez – continúo Rolf - Es una gran oportunidad lo que te estoy ofreciendo; ser parte de una investigación que podría revelarle al mundo que criaturas como los Nargles realmente existen... taparle la boca a todos esos ignorantes que alguna vez se burlaron de nosotros, lograr pasar a la historia y...

- ¡Pero que excelente amigo tienes, Luna! – interrumpió una tercera voz que abrió completamente la puerta.

El muchacho sintió que su mandíbula estaba tocando el piso de la impresión. Ahí se encontraba Theodore Nott mirándolo fijamente, enviándole dagas por los ojos... pero eso no era precisamente lo que llamó su atención... sino el hecho de que Luna estaba vestida solamente con una camisa a rayas demasiado grande para ser de ella, dejando a la vista sus pálidas piernas, mientras que su novio estaba tapado por una toalla azul amarrada a la cintura.

- Decías que nos estas invitando a Nueva Zelanda, ¿no? – soltó Theo sacándolo de su shock inicial, abrazando a Luna posesivamente por la espalda.

- Yo no...- balbuceó contrariado.

- No esperarás que me separe de ella, ¿o si? – cortó con un brillo malicioso en los ojos, propio de su condición de serpiente – Menos aún en su condición.

- ¿En su condición? – repitió extrañado - ¿De que demonios estás hablando?

- Vamos a ser padres Rolf – explicó Luna, acariciando su vientre con ternura.

- ¡Mentira! – gritó el muchacho furioso.

- No Rolf, de hecho hoy mismo nos enteramos.- respondió tranquila, apoyando su cabeza en el pecho de Theo – Así que podrás intuir la respuesta a tu propuesta.

Las pupilas de Rolf se dilataron, y una furia descontrolada comenzó a palpitar en su pecho. Sus instintos lo llamaban a ahorcar a ese estúpido que le sonreía descaradamente, pero se aguantó de ello.

- ¡Tú lo has querido! – exclamó finalmente, apuntándola con el dedo – No me vengas a lloriquear cuando este irresponsable te abandone con semejante carga.

Y sin esperar respuesta se marchó indignado, jurando que algún día ella se daría cuenta de que tenía la razón, y ese día, ya sería demasiado tarde...

Luna suspiró y cerró la puerta, girándose en los brazos de Theo para observarlo directamente, sin embargo, él la miraba demasiado serio, como si su mente estuviera reflexionando algo que no le gustaba en lo absoluto.

- ¿Qué ocurre? – preguntó en un susurro.

- ¿Tú... tú me crees capaz de eso?-soltó preocupado.

Ella sonrió y elevó una de sus manos para posarla en su mejilla... estaba tibio, como siempre, a pesar de que un par de gotas aún se aferraban a su cuerpo, y que solo estaba tapado por una toalla. Luna sabía en el fondo de su corazón que, aunque fuera despistado y extravagante, a él podría confiarle la vida... y dar la propia por protegerlo.

- Imposible – susurró contra sus labios, sabiendo que aquella inesperada noticia, era tan solo el comienzo de su historia.

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Mierda, estoy atrasada jadeó mentalmente Astoria, mientras se enfundaba en su ajustado vestido rojo sangre. Cerró los botones del costado, se colocó una túnica que hacía juego y pronunció un hechizo maquillador, observándose conforme al espejo. Perfecta, como siempre.

Ese día se sentía rara, y no era para menos. Se suponía que en un comienzo ella sería la protagonista del evento, la novia. Sin embargo, las cosas habían cambiado tan bruscamente en los últimos meses que ya no recordaba con fidelidad como había llegado a eso. Pero no importaba, contra todo pronóstico se sentía feliz por su hermana. Se lo merece pensó.

Quería tener un gesto con ella, algo que demostrara lo arrepentida que se sentía con su actitud en los últimos años. Quería retomar los lazos con Daphne y ser las hermanas unidas que jamás fueron. Nunca es tarde, o al menos, eso dice Pansy reflexionó.

Era increíble como había cambiado su relación con la pelinegra. De un odio mutuo e intenso, pasaron a tener una especie de amistad - si extraíamos de las conversaciones los insultos ocasionales, claro está - aunque no podía evitar la tentación de fastidiarla de vez en cuando, lanzándole frases de doble sentido a Alexander, o simplemente colgándose de su brazo.

¿Qué le puedo dar? Continuó preguntándose mientras caminaba en círculos, y una idea vino a su mente. Sonriente, salió de su hogar y caminó a la floristería de la esquina... un ramo se dijo, el ramo de novia más hermoso del mundo.

Entró al local en búsqueda de calas de tallo largo y le pidió a la muchacha que se las mezclara con par lilium y rosas, todo de blanco, ajustado con una bellísima cinta que poseía un brillo especial.

- Polvo de estrellas – explicó la dependienta, mientras hacía una vaporosa rosa con ella.

Astoria asintió en silencio y con paciencia esperó a que terminara, aunque ya se estaba acercando peligrosamente la hora de llegada al matrimonio. El sonido de la campanilla de entrada le llamó la atención, y giró la cabeza para ver quien había ingresado. Se sorprendió al ver a Ron Weasley al frente de ella, que observaba el sector de rosas con interés, sin notar su presencia.

Se acercó a él por la espalda, y con un dedo tocó su hombro para saludarlo.

- Que coincidencia – soltó ella cuando Ron se volteó - ¿Qué haces por acá Weasley?

- Vengo a comprar caramelos...- ironizó él entornando los ojos - ¿Qué crees? Necesito comprar unas flores, ¿es obvio no?

- ¿Para Granger? – él asintió despreocupadamente, mientras tomaba un ramo y lo volvía a dejar en su lugar – Felicitaciones. No creía que efectivamente fueran a tener éxito con sus respectivos planes.

- ¿A que te refieres? – preguntó Ron extrañado – No hicimos nada.

- ¿Cómo que no? ¿Y lo del viaje?

- No paso nada en el viaje, al menos de mi parte – contestó el pelirrojo encogiéndose de hombros – De hecho, fue horrible. Estuve todo el tiempo enfermo y no fui más que una molestia para Hermione, ¿por qué lo dices?

Astoria lo observó fijamente, buscando rastros de insinceridad en sus dichos. Sin embargo, Ron la miraba con un aire inocente y parpadeaba confuso, tratando de entender sus insinuaciones.

Suspiró rendida. Definitivamente había gato encerrado... o una confusión cómica-trágica de novela.

- Entonces – prosiguió pensativa - ¿Cómo es que Draco se va a casar con mi hermana?

- Si tú no sabes, menos yo – respondió Ron desinteresado.

- Pero... estás con Granger, ¿no? – insistió ella.

- No. No pasa nada entre nosotros... al menos, no aún. ¿Por qué tan interesada? – espetó molesto.

- Nada, olvídalo – dijo Astoria con un ademán de manos – Nos vemos Weasley.

La rubia se devolvió al mesón y tomó el ramo que ya estaba preparado. Depositó un par de galleones sobre la mesa y salió del lugar, no sin antes echarle una última mirada a Weasley, que aún estaba indeciso entre los colores de las rosas.

¿Qué habrá ocurrido? Se preguntó, con un mal sabor en la boca.

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Estaba molesta. Por más que trataba, sus manos no paraban de temblar y su corazón no dejaba de palpitar desaforadamente. Las dos semanas habían pasado demasiado rápido, y aunque estaba contenta porque en una hora sería la señora Malfoy, hubiera sido aún más feliz sabiendo de que él la amaba incondicionalmente al decir "acepto"... como ella lo amaba a él.

Su madre y la señora Narcissa ya la habían preparado, y el reflejo que le otorgaba el espejo era deslumbrante. Su vestido, entallado hasta las caderas y ampliándose hacia los pies, era de un fino color blanco invierno, que hacía juego con la túnica que llevaba sobre sus hombros, la cual estaba bordada en los extremos con un hilo plateado, mientras que su cabello estaba semi recogido en un moño aristocrático, dejando caer a los lados finos mechones de pelo.

Respira, Daphne, respira se recordó a sí misma mientras inhalaba y exhalaba, considerando seriamente ir en búsqueda de una bolsa de papel para no morir de una crisis de pánico antes de la boda.

- Permiso – dijo una voz a sus espaldas.

- ¿Astoria? – soltó extrañada, volteándose hacia ella.

- Vengo a dejarte esto, espero que no te moleste.

Astoria extendió el ramo y Daphne lo recibió entre los brazos, como si fuera lo más delicado del mundo. Estaba fascinada con el, y con el brillo que emanaba de aquella cinta que lo afirmaba.

- Es precioso – esbozó emocionada.

- Tú te ves preciosa – dijo su hermana, admirándola de pies a cabeza - ¡Oh, No llores!, arruinarás tu maquillaje – añadió sacando un pañuelito de su cartera, al ver como sus ojos se llenaban de agua.

- Lo siento. Creo que los nervios me están afectando más de la cuenta – se disculpó avergonzada.

- No es para menos. Es un día muy importante, ¿no? – Daphne asintió en silencio – Así que mejor te dejo a solas para que puedas terminar de arreglarte.

Le depositó un suave beso en la mejilla y se volteó para salir, sin embargo, su mente estaba atribulada. Por una parte, su conciencia le decía que debía informarle de lo ocurrido antes de llegar ahí, y por otra, su corazón no soportaba la idea de que aquella noticia podría arruinarle la vida a su hermana. ¿Qué hacer?

- Daphne... – dijo con algo de temor, regresando a ella a paso lento - No quiero que me malinterpretes, pero te conozco, y sé que te gustaría saberlo antes de unirte de por vida a alguien.

- ¿Saber qué? – preguntó Daphne, tratando de disimular la súbita angustia de su voz.

Astoria tomó de su mano y la sentó, comenzando a relatar la extraña conversación que tuvo con Ron y sus deducciones. Aunque la novia no decía nada, Astoria podía notar que su miraba estaba pensativa, ausente, tratando de encajar todas las piezas de ese complicado puzzle.

- Le pregunté a Pansy y ella me dijo lo que había visto Draco en Tokio... ¿Qué crees? – dijo una vez que terminó de hablar - ¿Será que todo fue una equivocación?

Daphne parpadeó lentamente y su mirada retornó a la normalidad. Sin responder, se levantó y tomó el ramo, dirigiéndose a la puerta para salir de ahí.

- ¿A dónde vas? – inquirió extrañada su hermana.

- A mi matrimonio – respondió ella sin emoción en la voz, cerrando la puerta tras de sí.

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Nada. No había nada para comer.

Después de pasar tantos días encerrada haciendo trayectos solo de su casa al trabajo y del trabajo a su casa, su refrigerador se había vaciado por completo, al igual que la lacena. Frunció el ceño, no tenía ganas de poner un pie afuera del departamento ese funesto día, pero su estómago se lo demandada. Se retorcía sonoramente exigiendo comida, gruñendo como si se tratase de un dragón.

Dragón...

Resignada se vistió con lo primero que encontró en el armario y se sujetó el pelo en una coleta, sin siquiera peinárselo. Bajó los escalones del edificio entre quejidos, mientras guardaba su dinero muggle en el bolsillo, mentalizándose de que aquella tarea doméstica de ir al supermercado no le tomaría mucho tiempo, después de todo, tenía que volver a leer aquel libro del Santo Grial que la tenía tan intrigada... y solo iba en la página mil quinientos.

Cuando salió a la calle, su cuerpo se estrelló de inmediato con alguien que venía ingresando al edificio, pero lo ignoró tratando de seguir su camino... hasta que el individuo la tomó por el antebrazo, haciéndola girar en un movimiento.

- Ron – esbozó desconcertada, como quien despierta de un sueño - ¿Qué... qué estás haciendo acá?

- Yo... este... venía pasando por aquí y... pensé que...quizás...podría... ¡bah! – se revolvió el cabello molesto, mientras sus orejas se teñían de rojo – Quería verte. Para ser sincero, me moría por verte.

Hermione se tensó por completo, y desvió la mirada a cualquier lugar, evitando chocar con esos orbes azules que la miraban con ansiedad reprimida.

- Y además... te venía a dejar esto – añadió sacando un delicado ramo de rosas de la espalda – Sé que no te gustan las rojas, y las rosadas me parecen insípidas. Sin embargo, el blanco me pareció perfecto para ti...

La muchacha veía ante sí el ramo extendido, pero sus manos no se dirigieron a tomarlo. Lo miraba fijamente, recorriendo desde los delicados pétalos hasta el alargado tallo sin espinas. Ron estaba impaciente por su reacción, y se aguantaba las ganas de sujetarla por la cintura y atraerla ante sí, para decirle cuanto la quería de vuelta y prometerle que él la haría feliz.

- Ron... – musitó finalmente.

- ¿Qué, no te gustan? – preguntó alarmado - ¡Sabía que las blancas no eran una buena opción! ¡Debí traer las anaranjadas!

- Ron...

- ¡Agh! Para que me engaño – bufó frustrado - Soy un fiasco cuando trato de ser romántico. Patético, un chiste.

- Ron...

- ¿O te volviste alérgica a las flores? ¿Preferías chocolates?

- ¡Ron! – exclamó cansada de los lamentos del pelirrojo – Me encantan, no digas tonterías.

- ¿En serio? – preguntó con una chispa de alegría en los ojos.

- De verdad – asintió levemente - Pero... no creo que deba recibirlas. No, no debo – agregó bajando con suavidad la mano estirada de Ron – No debo.

- ¿Por qué? – inquirió su voz adolorida.

Hermione llenó sus pulmones de aire y lo miró decidida. Había llegado el momento de dejar las cosas en claro, después de todo, ya no era una adolescente, sino una mujer adulta, madura y con principios.

- No quiero que me malinterpretes.-comenzó - Te quiero, y mucho. Eres una persona muy importante para mí, eres parte de mi vida y tienes un gran trozo de mi corazón que jamás nadie te lo podrá quitar. Sin embargo... – Hermione tragó con dificultad, el rostro de Ron era la definición de la palabra tristeza, pero aun así, continuó - Sin embargo ya no puedo amarte de otra forma más que como un amigo, casi como mi hermano... No quiero darte falsas esperanzas. No quiero prometerte cosas que no voy a cumplir, porque nuestros días como pareja fueron preciosos, y no me arrepiento de nada, pero desafortunadamente... ya pasaron.

Pasaron algunos segundos antes de que él pronunciara palabra, pero esos segundos le parecían horas a Hermione, que se mordía el labio nerviosa, esperando su reacción.

- En el fondo... lo sabía, pero no quería aceptarlo.- confesó el pelirrojo mirando el suelo.

- Ron, por favor, no me odies, no lo soportaría – rogó la muchacha, tomando el rostro de él con ambas manos – Por favor.

El muchacho negó con la cabeza y levantó la mirada, con una sonrisa amarga impregnada en el rostro. Había tantas cosas que quería decirle, tantos sentimientos que quería exteriorizarle, pero ya... ya no valía la pena. Ella ya había tomado una decisión, y de paso, él también.

- No Hermione – dijo finalmente – Por mucho que a veces cometa estupideces, y te diga cosas hirientes, yo jamás podría odiarte. Te quiero demasiado para eso. Pero... debes darme tiempo, quizás no deberíamos vernos por ahora, hasta que deje de sentir esto.

- Lo sé.

La castaña lo abrazó lentamente, y el correspondió aquel gesto, estrechándola con firmeza mientras escondía la cara en aquel cabello que tantas veces peinó con los dedos, que desprendía un olor a vainilla que solía acunarlo por las noches, cuando aún la tenía a su lado. Cuando aún despertaba a su lado.

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La música comenzó a sonar, y desde el otro extremo del salón hizo ingreso la novia, ante la mirada fascinada de los invitados que se levantaron para verla mejor. Daphne caminaba a paso lento, con la barbilla en alto y los hombros atrás, llevando en su regazo un magnífico ramo de flores, que emitía breves destellos de luz dándole una apariencia angelical.

En el altar se encontraba Draco, igual de perfecto, vestido impecablemente de negro con los bordes de su túnica bordada de plateado, haciendo juego con la de su futura mujer. Parecía tranquilo, pero sus manos sudaban, impaciente por terminar aquel circo y volver a su casa a vivir en paz. Por primera vez en su existencia, no quería ser el centro de atención.

Parecieron horas lo que tardó Daphne para llegar a su lado, pero cuando lo consiguió, Draco le hizo una breve reverencia de respeto y le dedicó una sonrisa. Ambos miraron al Ministro, esperando su clásico discurso acerca de lo que significaba el matrimonio y las obligaciones que ambos contraían. Sin embargo, de reojo Draco notó como una lágrima rodaba por la mejilla de ella y se sintió inquieto.

- ¿Qué sucede? – le susurró confundido, ¿serán lágrimas de felicidad?

Ella suspiró y se volvió para mirarlo, con un destello melancólico en los ojos. Luego regresó su mirada al frente, y con un semblante adolorido, se aclaró la garganta.

- Señor, deténgase – le dijo Daphne al Ministro – Draco… - esbozó tomándolo de ambas manos - ¿Me quieres?

- ¿Por qué preguntas eso ahora? Me estoy casando contigo, ¿no? – respondió confundido e incómodo.

- No es lo mismo – declaró esbozando una sonrisa apagada – Yo te amo, desde hace mucho tiempo debo admitir, pero como ya te dije antes, no quiero que te cases conmigo por los motivos equivocados. No así Draco – él la miraba en silencio, incapaz de pronunciar palabra – Vete con ella… te libero de cualquier responsabilidad...

- ¿Quién te dijo que quería volver con ella? – respondió él algo violento – Aunque tú decidieras retractarte en este mismo instante, yo no volvería a involucrarme con Granger, jamás, no caeré de nuevo.

- No seas cabezota y créeme Draco, estás cometiendo un error… escúchala – musitó tristemente, depositándole un casto beso en sus labios, el último beso... el beso de despedida – Confía en mi criterio, todo fue una equivocación.

- Pero…

- Calla, y ándate… ándate antes de que me arrepienta.

Draco sentía sus pies clavados al suelo, pero una parte de él se removía de... ¿emoción? ¿esperanza?. Daphne seguía observándolo, alentándolo con la mirada, y no pudo más que confiar en sus palabras. Si ella le decía que la escuchara... aún en esta complicada situación... aún a costa de su propia felicidad...

Miró a la puerta, y sin pensarlo dos veces, caminó decidido hacia la salida, entre los murmullos desconcertados de los invitados... ante la mirada indignada de sus padres, y el brillo emocionado de sus dos amigos.

Empujó la puerta con una mano, y antes de desaparecer por ella la volvió a mirar... ahí, parada estoicamente en el altar.

Gracias pensó antes de desaparecer de ahí.

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Draco se apareció a una cuadra del departamento de Hermione con el corazón encogido de la angustia. No sabía cual sería la reacción de ella, pero ciertamente, tenía la seguridad de cómo él hubiera reaccionado en su lugar: auto mandándose a la mierda sin pasaje de regreso.

Ya es tarde resonaba en su mente una voz femenina muy similar a la de ella, pero quiso ignorarla deliberadamente, pues aún así quería arriesgarse... aunque siendo objetivo, tenía todas las de perder... y sin derecho a pataleo.

Pronto llegó al edificio de la castaña, mas el panorama que le ofrecía el lugar no le gustaba en lo absoluto. Ahí sentado en uno de los peldaños se encontraba la comadreja pobretona, jugueteando con un ramo de rosas con la mirada perdida. Ron no tardó en notar su presencia, como si tuviera un sexto sentido que detectara a la gente no grata para él.

- ¿Y tú? – le espetó Draco ceñudo, sintiendo como sus músculos se contraían de la rabia.

- Eso debería preguntar yo – respondió Ron, levantándose para quedar a su altura – ¿No tenías un matrimonio al cual asistir?

¿Qué hace aquí? Se preguntó apretando con tanta fuerza los puños, que sus uñas se enterraban en las palmas, hiriéndolas. El detalle de las rosas no pasó desapercibido para él, y lo hizo sentir estúpido; Daphne se había equivocado.

- Tienes razón, no sé que hago aquí – dijo volteándose para desaparecer lo más rápido posible de ahí. Las ganas de matarlo se estaban haciendo incontenibles, y no quería ganarse un ticket a Azkaban.

Pero no alcanzó a avanzar ni dos pasos cuando escuchó nuevamente esa molestosa voz, que le crispaba los nervios y le anulaba el sentido común.

- Eres un idiota, ¿lo sabías? – le soltó Ron desafiante.

- ¿Te estas dirigiendo a mí, comadreja? – siseó amenazadoramente, mientras se giraba para enfrentarlo.

- Sí. Eres el único estúpido que veo por acá... ¿Eres ciego o corto de mente? – insistió el pelirrojo.

- ¿Me estás provocando? No me voy a ensuciar el traje contigo, perdedor – espetó desdeñoso, mirándolo de arriba abajo.

- Por lo que yo tenía entendido, perdedor es el quien se queda sin la chica – pinchó mordaz.

- Repite eso – masculló Draco perdiendo los estribos, tomándolo por el cuello de la camisa – Y no vivirás para contarlo.

Pero Ron no repitió nada, sino que se limitó a actuar. Lo empujó para quitárselo de encima, y luego le acertó un golpe en la boca del estómago, logrando que el rubio trastabillara hacia atrás. En los ojos grises de Draco se podía ver un destello asesino, y sin esperar otro ataque por parte del pelirrojo, se lanzó hacia él, derrumbándolo al suelo para golpearlo. Pero en ese minuto, cuando tenía el puño en el aire apuntando a su fea cara, sucedió algo que no esperaba... Weasley se empezó a desternillar de la risa.

- ¡Que diablos te ocurre! – bramó desconcertado, sin bajar su puño.

- Qué estás perdiendo el tiempo hurón – respondió él entre carcajadas- En vez de estar acá con tu viejo enemigo, deberías estar buscándola, ¿no?

Draco lo miró desconcertado, pero no dijo nada.

- Eres un estúpido – continuó Ron – Hermione te prefirió a ti, y yo lo sabía. Jamás me permitió acercarme a ella con otras intenciones, pero tú eras demasiado ciego y mal pensado para detenerte a pensarlo, ¿o me equivoco?

- !Pero yo los ví! !En Tokio! - gritó desesperado.

- ¿En Tokio? Malfoy, en ese viaje prácticamente me estaba muriendo de fiiebre. Hasta creo que deliré...

- !No puedes negarlo! -espetó rojo de furia - !Incluso te golpeé al verte con ella!.

- ¿Así que por eso amanecí lleno de moretones? - recriminó ceñudo - Que bajo caerle a golpes a alguien inconsciente, incluso para tí.

El rubio fue bajando progresivamente su puño, y se quitó con lentitud de encima, dejando al muchacho libre.

- Después de que me cortara definitivamente hace unos minutos atrás, me dijo que iría al supermercado – soltó Ron sin más.

- ¿Supermercado? – repitió confundido.

- Es un local muggle donde venden comida y otras cosas. El más cercano se encuentra a siete cuadras al oriente, de seguro la encontrarás ahí – dijo encogiéndose de hombros.

Draco asintió en silencio y se giró hacia el oriente, aún confundido por lo inverosímil de la situación ¿En qué mundo paralelo Weasley lo ayudaría a quedarse con Hermione?. Avanzó un par de pasos y se detuvo... su renacida conciencia le indicó que faltaba algo.

- Weasley – dijo aún de espaldas – Gra... gracias.

- No lo hago por ti – aclaró el pelirrojo – Que eso te quede claro.

El sly le lanzó una sonrisa arrogante y luego se echó a correr calle abajo, sintiendo que esas siete cuadras eran las más largas que había atravesado en sus veintisiete años de vida. Jadeando, llegó a ese local llamado "supermercado" y entró con aire exigente, mirando a todos lados en búsqueda de la mujer que lo volvía loco, ignorando las miradas curiosas de los compradores, que comentaban por debajo su extravagante vestimenta.

- ¡Mierda! – exclamó desesperado. El lugar estaba tan lleno y había tanta gente que no podía distinguirla.

Caminó por los pasillos furioso, impotente, escudriñando a las personas que en ese momento le parecían todos iguales. Cuando estaba a punto de rendirse y había perdido su escasa paciencia, una voz retumbó en sus oídos.

- Peter, pasillo ocho, sector lácteos.

¿Un sonorus? Pensó mirando a todos lados, pero no podía encontrar el origen de la voz ¿Será producto de mi imaginación? ¿Ya me deschaveté?

- Peter, pasillo ocho, sector lácteos.

Eso no lo puedo haber imaginado. Pensó y agarró del brazo a una viejita que iba pasando por el lado.

- Señora, ¿de dónde proviene esa voz? – inquirió arisco.

- ¿Qué voz? – preguntó la ancianita, arreglándose sus gafas.

- ¡Esa, señora! ¡Esa! ¿Acaso es sorda? - soltó exasperado.

- No mijito, ando con mis audífonos y lo escucho perfecto.

Draco estaba aguantándose las ganas de insultar a alguien mayor que él, pero para su fortuna, la voz volvió a sonar para socorrerlo.

- Peter, pasillo ocho, sector lácteos.

- ¡Esa! ¡Esa! – exclamó mirando en todas direcciones - ¿Sabe de donde proviene?

- Claro mijito, de informaciones, eso es obvio – respondió ella sin perder su amabilidad - ¿De qué planeta vienes?

- ¿Dónde se encuentra eso? ¿deinformaciones? – insistió ignorando el comentario.

- Ahí – señaló ella con su arrugado dedo índice – Ahí.

Los ojos del rubio brillaron, y sin esperar más, avanzó hacia aquel lugar donde una mujer con un extraño aparato negro lograba que su voz saliera reproducida a todo volumen.

- Estos muchachos de hoy... son tan mal educados – murmuró la ancianita, negando con la cabeza.

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Hermione estaba haciendo las compras de la semana.

En su carrito había un litro de leche, algo de queso, un kilo de carne, mantequilla y mucho, pero mucho helado de chocolate. Miró su reloj de pulsera y notó que ya había transcurrido la hora "de la verdad". Ahora sí que todo se acabó pensó suspirando, pero sin perder la calma... tenía asumida esa realidad y ya no le quedaban lágrimas que derramar. Sus ojos estaban secos desde hace tiempo.

- Peter, pasillo ocho, sector lácteos. – sonaba de fondo.

¿Qué me falta? Se preguntó checkeando su lista mental, Pan. Sólo me falta el pan y puedo volver a mi sacrosanto hogar pensó ilusionada. Movió su carrito en dirección a la panadería del supermercado, y trató de apurar el paso, ya que se estaba poniendo histérica con tanta gente a su alrededor. Sobretodo, con tanta gente sonriente alrededor... ¿Qué tiene de divertido venir al súper?

- Peter, pasillo ocho, sector...!agh! ¡pero que está haciendo señor! ¡Suelte el micrófono! ¡Seguridad! ¡Seguridad! –gritaba alarmada la muchacha de informaciones.

- Páseme esa cosa, ¡Se lo exijo! – se escuchó otra voz - ¿Usted sabe quien soy? ¡Puedo arruinarle la vida! ¡Así que páseme ese condenado aparato!

- ¡Seguridad, seguridad!

¿Draco? Pensó, y su corazón se detuvo.

No. No podía ser él. Su cerebro le estaba jugando una mala pasada y había comenzado a alucinar... no era posible que Draco se encontrara en un supermercado muggle, peleando con una funcionaria, justo a la hora en que debería estar siendo bombardeado de abrazos y saludos de cortesía por su matrimonio.

Negó con la cabeza y avanzó hacia el pan, sacando las tenazas y echando un par en la bolsa de papel que tenía en la mano. Esto es el colmo, soñando despierta.

- ¡Suélteme señor! – gritaban por altoparlante.

- ¡¿Es que es idiota que no lo entiende?! ¡Debo encontrarla! ¡No me joda y déjeme encontrarla!

&Play&

Era él. No cabía duda. No estaba tan loca.

Esa voz podría reconocerla incluso con la cabeza debajo del agua... Ese tono soberbio y arrogante solo le pertenecía a él.A Draco.

Caminó hacia el pasillo central dónde se encontraba informaciones, sosteniendo débilmente la bolsa de papel entre sus dedos, y olvidando por completo su carrito. Arrastraba los pies insegura, confundida, mientras que su corazón estaba a dos manos, capaz de dejar de enviar sangre a todo su cuerpo en cualquier minuto.

Y lo vio. Ahí. Peleándose con la chica de informaciones por la posesión del micrófono, ante un público sorprendido, y a la vez divertido. Draco llevaba una túnica tan negra como la noche, pero que en sus costados tenía bordado bellas imágenes en color plateado... y su rostro... su rostro era el de un enajenado mental. Estaba enloquecido.

Quiso llamarlo para que dejara de pelear, pero la voz le había sido robada de su garganta. Sin embargo, él no tardó en sentir su presencia, y la ubicó visualmente a la distancia sin mayor problema... Su rostro cambió radicalmente, y soltó el extremo del micrófono que sostenía, logrando que la muchacha saliera despedida hacia atrás cayendo sentada en su silla.

Draco comenzó a acortar las distancias entre ambos y ella no podía moverse de ahí. Quería gritar, quería decirle que se fuera, que lo odiaba... quería correr y alejarse lo más posible de aquella visión perturbadora. Pero no podía. Sus piernas estaban paralizadas y su cerebro aturdido.

Él detuvo su marcha a solo centímetros de ella, y la miró con unos ojos profundamente arrepentidos. Pero nada dijo.

La multitud lo había seguido con la mirada y ahora observaban, expectantes y curiosos, como aquel extraño sujeto disfrazado y loco de remate, ahora se había calmado al ver a esa muchacha desgarbada que lo veía fijamente.

Hermione esperaba que dijera algo, que rompiera el silencio, pero él solo se limitaba a taladrarla con los ojos respirando agitadamente, por lo que ella ya estaba empezando a dudar de que esa imagen que tenía al frente fuera real. Sin embargo, fue en ese instante que él la tomó por la cintura con arrebato, e invadió sus labios con ansiedad. Sintió como la apresaba entre sus brazos, y como su boca trataba de beberse hasta la última gota de su alma.

Ella estaba estática, pendiente solo de la bolsa de pan que tenía en la mano. Sus extremidades superiores no correspondían el abrazo asfixiante que el rubio le estaba dando, y sus labios se mantenían quietos, como una fría estatua de mármol.

- Te amo... lo siento tanto – le susurró él contra el labio, y su mente se desconectó.

Dejó caer la bolsa al suelo y colgó los brazos de su cuello, devolviéndole el beso con mayor ímpetu y desesperación de lo que hubiese deseado. Sus oídos captaban las exclamaciones ahogadas de los metiches que los rodeaban, pero poco le importó. En ese momento solo estaba él y ella. Sólo estaban los dos.

Las manos de Draco acariciaban su espalda suavemente, extasiado, sintiéndose el mayor imbécil del planeta por haber dejado pasar tanto tiempo... por haber sido tan orgulloso y obstinado. Por haber sido tan él.

El aire comenzó a escasear para ambos, y sin que ellos lo quisieran tuvieron que separarse, apoyando las frentes entre sí, degustando el sabor que aún sentían en sus labios y que tanto habían extrañado.

- Y... – esbozó él nervioso, separándose lo suficiente para poder verla a los ojos - ¿Me perdonas? ¿Podemos volver a lo que teníamos?

Hermione abrió lentamente los ojos lo miró en silencio. Un silencio que a Draco lo ahogó en desesperación. ¿Acaso... lo está pensando? Se preguntó temeroso, sintiendo como sus brazos la apretaban por instinto con mayor fuerza, para que no se le fuera a escapar.

Pero de nada sirvió.

Ella se deshizo de su agarre sin dificultad, y con parsimonia lo siguió mirando en silencio, como si estuviera buscando las palabras adecuadas para hablar.

- No.- dijo finalmente - Lo que teníamos está maltrecho y no puede reconstruirse. Se murió.

Vio como ella se daba la media vuelta mostrándole la espalda, mientras comenzaba a caminar hacia la salida del lugar. Draco sintió que el mundo completo se le venía al suelo, y su cuerpo temblaba en una mezcla de pena, rabia e impotencia.

- Pero...- esbozó Hermione a medio camino, girando levemente su cuerpo – Me arriesgaría a construir algo nuevo, ¿y tú? – añadió, estirándole su mano en el aire.

Draco suspiró aliviado y una media sonrisa se apoderó de su rostro. Avanzó los metros que lo separaban de ella y tomó de su mano, estrechándola con firmeza, diciéndole con aquel gesto que jamás la soltaría otra vez.

- Contigo, me arriesgo a lo que sea – le respondió tomando su rostro para darle un suave beso en la frente – A lo que sea.

Hermione sonrió como antaño, con ese brillo cálido que solía llevar en los ojos. Y él sintió que le devolvía el alma al cuerpo con ese gesto. Que los tres meses y dos semanas que habían transcurrido desde entonces, solo eran producto de su imaginación enfermiza...

Caminaron del brazo de vuelta al departamento de ella, sumidos en un silencio cómodo, como si jamás se hubieran separado... o quizás, sólo estaban aprovechando el momento, sabiendo que era un instante especial para ambos. Grabándolo en sus memorias...

- ¿Sabes? – soltó de pronto Hermione, ganándose su atención de inmediato – Estaba pensando en algo...

Oh no... se dijo el rubio. Se arrepintió pensó horrorizado, y de solo barajar aquella posibilidad, la respiración se le dificultó una brutalidad.

- ¿Dime? – animó a continuar tratando de sonar calmado.

- Vas a tener que hacer mucho mérito para que yo te perdone completamente... – aseguró ella, deteniéndose justo a la entrada del edificio.

- ¿Ah, sí? – respondió confundido - ¿Y qué clase de méritos?

Ella le lanzó una mirada que le pareció enormemente provocativa aún para su atuendo tan poco agraciado, que le dio a entender a cabalidad sus intenciones.

- No sé... lo dejo a tu imaginación – dijo en un ronroneo, activando todas sus hormonas.

Draco sonrió de lado sabiéndose vencedor, y con la yema de los dedos delineó el perfil de su rostro, para luego acercarse felinamente a su oído.

- Entonces me esforzaré mucho... digo... para obtener rápido tu perdón – le susurró, sintiendo como aún lograba que la castaña se estremeciera en sus brazos.

En un movimiento se la echó al hombro como un saco de papas, y ella comenzó a reír divertida, pegándole pequeños golpes en la espalda mientras exigía su liberación.

- ¿Las llaves? – preguntó él al llegar a la puerta del departamento, después de subirla todas las escaleras a cuestas.

- En mi bolsillo – indicó, sintiendo como Draco deslizaba una de sus manos al bolsillo trasero de sus pantalones, y seductoramente, las sacaba de ahí.

- Prepárate – le advirtió en un tono aterciopelado, antes de cerrar la puerta tras de ellos.

.

Lo que sucedió aquella tarde, noche y posterior mañana, es...

Privado. Sólo les pertenece a ellos...

Sin embargo, algo les puedo asegurar...

.

Después de aquella reconciliación... Se conocieron mejor...

Y a pesar de eso...

Ansiaban conocerse aún más...

Y esta vez...

Por el resto de sus vidas...

.

Fin.

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Un beso a todos los que se dieron el tiempo de leer este eterno final. Espero que no los haya decepcionado y que el derrame cerebral que me provocó escribirlo haya valido la pena. Creo que hoy quedé más loca de lo habitual... y eso es mucho decir.

Saludos Cósmicos, ¡hasta la próxima!

Mad

La abogada poco seria.

Ps: ¿Alguien vio mi cerebro por ahí? Creo que se me escapó por la nariz...