Disclaimer: Los personajes pertnece a J.K Rowling

"Retos a la Carta" Tabla: Sentidos.

#06. Sexto Sentido.


"Primogénito"

No sabía que pasaba, estaba absorto y no encontraba razón alguna para su ansiedad. Hasta ahora, él podía presumir de ser el más centrado de todos sus hermanos, y el súbito comportamiento que lo acompañaba, simplemente no tenía razón de ser.

Todos sus hermanos estaban concientes de que él era el mayor. Lo respetaban en medida de lo posible, que por supuesto, a excepción de los diablillos de Fred y George, que casi teniendo tres años dejaban un caos a su paso, todo era casi miel sobre hojuelas.

A pesar de sus escasos nueve años, su agudeza mental recaía en ser una persona extremadamente paciente con ellos, solía decir que después de Charlie, sus hermanos habían conseguido un patrón muy diferente. Y es que Percy era en extremo quisquilloso, y Fred y George no paraban su ingenio contra él, simplemente porque decían que era él único que no los delataría tan fácilmente con su madre. Y en cierta forma, tenían razón. Él era el único que disfrutaba con las singularidades de este par.

Ron era un caso aparte, al contar con tan solo un año, se escudaba con frecuencia en el regazo de su madre ante las maldades que solían jugarle los gemelos, rara vez compartían juntos por la gran diferencia de edades, salvo que se juntasen en un juego que sus padres propusieran, normalmente eran Charlie y él. Al menos hasta ahora, porque la ansiedad no paraba desde hacía unos días.

Los juegos por lo general significaban un momento de distracción en la madriguera. Los dos hermanos mayores eran instruidos en su hogar desde los cinco años, y no veían forma de escapar ante lo implacable que resultaba ser la mirada de Molly si los cachaba fuera de sus actividades o sin haber hecho sus deberes. Por eso, su adrenalina era descargada en juegos rudos, totalmente masculinos y sin ningún rasgo de delicadeza. Todos disparados contra Percy. Él resultaba el blanco perfecto. Siempre.

Pero esos juegos para él rara vez resultaban una catarsis total, encontrarse en una familia llena de puros varones no resultaba en otra cosa que ser tomada como el mas hostigoso a la hora de querer encerrarse en su habitación, quizás leer un poco sobre lugares exóticos o querer debatir algún tema interesante en la cena. Su vida era así. Resultaba difícil creer que el primogénito Weasley ahora lleno de hermanos de repente, deseaba estar solo, o quizás un hermano con el cual poder platicar mejor. Cuan lejos debería suponer encontrarse de eso. Y sin que sus hermanos lo supieran a veces creía que era necesario tener una hermana. ¿Por qué nunca la tuvo?

Y es que desde que el tenía conocimiento, poco había sido su disfrute como hijo único, de pronto se vio con un hermano, y otro, y sin poder tomar tiempo para acostumbrarse a su vida entre pocos hermanos, ahora contaba con cinco. Casi nada. Cinco pelirrojos que andaban de acá para allá pidiendo la atención de sus padres. Como él era el mayor, se había por supuesto acostumbrado a ser independiente, hasta que sus hermanos comenzaron a crecer y se convertía en el molesto ejemplo a seguir. ¿Es que alguna vez lo dejarían un poco a solas?

Su vida fluctuaba entre otras cosas en su gusto por estar enterado de todo lo que pasaba en su casa, mientras que Charlie podía disfrutar de una tarde con la simple idea de algún día volar una escoba a nivel profesional. Todo iba y venía. Hasta un día.

Un día, se despertó con las ganas de que su mamá le hiciera un delicioso batido y lo consintiera cuando menos un par de horas, era sábado, así que se podía considerar entre los días en que estaba permitido darse un descanso y ser atendido sin el suspenso de ser regañado. Pero cuando puso el primer pie en el desgastado tapete de felpa de su habitación, algo le dijo que no iba a tener un día exactamente tranquilo. Se calzó sus zapatos y poco a poco se acercó a la puerta. En una rápida examinada al pasillo se pudo percatar que nadie andaba alrededor. Sin embargo, el estruendo era impresionante, y su mamá se escuchaba más que alterada en la entrada de la cocina.

Decidió esperar unos minutos, para alejarse un rato más del bullicio y darle la sincera oportunidad a su madre de que cualquier cosa que la estuviera alterando, no fuera a repercutir en su contra.

-¡Pero hay que ver!- se escuchaba cada vez más cerca. Bill había decidido bajar – ¡Ustedes tan pequeños y causando tales destrozos!-

Cuando entró en la cocina su reacción había sido instantánea. Unas paredes chamuscadas daban paso a humo y suciedad. Y entre ese desastre, dos pequeños pelirrojos que se miraban realmente asustados del estrago que acababan de ocasionar. Lo que Molly no sabía es que no lo habían hecho manualmente y eso la traía loca. Había considerado que los gemelos no eran los niños más tranquilos del mundo, pero esto iba demasiado lejos.

-¡Les dije, les advertí que ni de broma se acercaran a la cocina!- Se alcanzaba a escuchar entre otros improperios – Que si sus travesuras llegaban a este grado, tendría que tomar medidas drásticas…- Tomó una gran bocanada de aire -¿Les dije o no les dije?- su tono aumentó peligrosamente.

Bill no sabía si acercarse a la escena y tomar su rol de hermano mayor rescatando a los gemelos de tal embrollo. No sabia si realmente interrumpir a su madre para darle la noticia que parecía importante y que su visible alteración, había pasado por alto. Lo único que sabía hasta ahora era que su tentador mimado estaba por los suelos.

-¿Mamá?- El valiente Bill caminó el resto del espacio que los separaba y adoptó una postura bastante inusual en él. Sus pies juntos, ligeramente chuecos y el cuerpo desganado, la cabeza gacha. La postura que supuestamente él, le diría a su madre que iba en son de paz.

-Oh Billy, cariño… lo siento¿me hablabas?- Terminaba Molly con una ternura fuera de lugar indicando lo rendida que se encontraba.

-Mamá… ¿Por qué no les has dado a Fred y George la charla que nos diste a mi y a Charlie, cuando éramos pequeños?- El niño siguió con gesto inocente.

-Charla… ¿Qué charla?- interpeló de pronto – Aunque creo que ya ninguna charla puede salvar a este par de salvajes…- Molly se encontraba contrariada, cansada y con las manos en las piernas, un poco abatida.

-Mamá, la charla… la-la charla, la que nos diste cuando comenzamos a-a bueno a…- Su madre comenzaba a exasperarse totalmente. –La charla de cuando se comienza a realizar magia accidental-

Y de pronto todo se aclaró. La madre volteaba a ver lentamente a ese par de pelirrojos sentados en la mesa de la cocina con pequeñas manchas negras por todo el cuerpo, y de repente tuvo un rápido descenso del flujo sanguíneo. Pálida hasta la médula. Los pequeños traviesos habían dado su primer rastro de magia. Su primer pensamiento '¿Así sería siempre?' Tuvo que recargarse en uno de los sillones para poder ventilarse con sus manos en busca de conservar todos sus sentidos en la escena, en la charla, en sus demás hijos y por todo, lo mas que pudo pronunciar al pequeño Bill que la veía con ojos apremiantes era un…

–Corre Bill, ve a la chimenea y comunícate con tu padre como te enseñé-.

Bill supo que era importante. Ella nunca le había pedido tal cosa, sin embargo, había aprendido que comunicarse por red flu era para casos sumamente importantes.

Arthur estuvo en la casa tan pronto había recibido la noticia del pequeño Weasley buscándolo. Tomó a su madre de los codos y la recargó en su hombro. Le encargó a los gemelos y descargó polvos verdes al momento que pronunciaba – ¡San Mungo!-

Paso, paso, paso tras paso. Todo era un continuo ir y venir por toda la madriguera. Después de que sus hermanos se levantaran y les explicara que estaban a su cargo, la casa se había relajado a tal grado de aterraba a Bill ante la perspectiva de que en sumo no poder disfrutar de su día, tendría que experimentar por primera vez lo que tanto había temido. Ser el responsable hermano mayor. Y su ansiedad comenzó a aumentar. Algo le indicaba nuevamente que ese día tendría más que la simple hazaña de sus pequeños hermanos y el repentino desmayo de su madre. Su sexto sentido le indicaba que el día iba a ser muy largo. Tampoco es que tuviera ese sentido muy desarrollado, pero por lo general, cuando él intuía cosas, las supuestas cosas pasaban y él había aprendido a creer en sus reacciones.

Dos horas mas tarde, sus padres hacían entrada en la casa con un pequeño caos ante ellos, Ron lloraba por la falta de su madre y George y Fred pedían a gritos su desayuno, que sin cocina apropiada, Bill no sabía como actuar. Y Charlie, el despreocupado Charlie había salido corriendo cuando Percy comenzó a hablar hasta por los codos.

Su madre, se acercó al preocupado niño que no sabía ya que mas hacer, le despeinó suavemente el cabello y lo acercó en un abrazo.

-Billy, cariño… eh, por favor¿podrías buscar a Charlie y Percy y decirles que los vemos en la sala?- Él inmediatamente saltó y miró con extrañeza el ahora relajado rostro de su madre, mientras su padre, con unos cuantos hechizos colocaba la cocina en orden.

Cuando hubo vuelto con sus hermanos, los pequeños estaban tranquilos y comían un improvisado desayuno a los pies de los grandes sillones.

Tomaron asiento.

-Hijos, su padre y yo tenemos una noticia que darles- 'Lo sabía', sabía que algo pasaba y que la noticia iba a revolucionar su casa. De pronto no supo como, pero en su mente se vio al lado de una pequeña pelirroja que recién nacida tomaba su dedo y jugueteaba con el. No dijo nada, si su deseo de una hermana se sabía era Weasley muerto.

-Niños, su madre y yo…- su padre exhalaba alegría en su sonrisa y una eterna ensoñación en los ojos. –Su madre esta embarazada… va- van a tener otro hermano-

Los que comprendieron la súbita declaración abrieron los ojos. Ron solo volteaba a todos lados. Pero él no. Bill ni siquiera hizo un gesto de desagrado como Charlie al saber que otro con quien competir vendría en camino. En cambio él, solo atinó a regresar a su memoria los pensamientos hace unos minutos. El hijo mayor de una gran familia cuidando a una pequeña pelirroja, cuidándola y defendiéndola valientemente como solo un varón puede hacer con su pequeña hermana y las palabras casi saltaron velozmente por su boca. Su debilidad quedó expuesta, pero ya no le importó.

-No te preocupes por ella, mamá… yo la cuidaré- Bill se veía serio y responsable.

-Cariño¿Qué dices¿A quien cuidaras?- su madre lo miraba enternecida.

-Una vez que ella nazca tu preocúpate por "esos latosos", que yo por supuesto, cuidaré de mi hermana.- Sus padres lo miraron de soslayo. –Porque definitivamente ese bebé¡va a ser una niña!-

Las risas que tuvo que soportar esa mañana el pequeño Bill se callaron instantáneamente cuando tres meses después, le confirmaban a Molly y Arthur Weasley que esperaban a una hermosa niña. Una niña que seguramente sería la pelirroja favorita de la casa.

-Fin-


Se que deberia actualizar los otros fics, pero no lo pude evitar XD espero les guste y me dejen su opinion! SOWELU

Reto publicado en Lj "Retos a la carta"

Beteo: Nayades... gracias!