XII. 22 de Noviembre.

Domingo.

Todo lo que diga está de más
las luces siempre encienden en el alma
y cuando me pierdo en la ciudad
vos ya sabes comprender
es solo un rato no más
tendría que llorar o salir a matar
te vi…

("Un vestido y un amor (te vi)" – Fito Paez)

Bien, tenía un problema serio y, sinceramente, no tenía deseos ni de intentar arreglarlo… pero bueno, ¿qué iba a poder arreglar?, a estas alturas no tenía mucho qué hacer… no tenía nada qué hacer, si es que Arnold llegaba a abrir el relicario, no habrían dudas sobre mis sentimientos hacia él, por tanto, se enteraría de todo y hasta ahí no más llegué…

La verdad, no tenía deseos de salir de casa (aunque no me guste estar ahí), y a pesar que Olga me pidió muchas veces que la acompañara el día domingo a comprar algunas cosas para la bebé, no quise ni asomar mi nariz. Es que al menos quiero mantener la poca dignidad que me queda hasta el día lunes… porque lamentablemente no puedo faltar a la escuela, por mucho que lo desee.

Mis amigos, el día anterior, trataron de calmarme pero, ¿qué iban a lograr hacer con alguien que lo único que deseaba era tirarse por un puente al vacío?, porque de esa manera me sentía yo, estoy segura que no podré volver a mirar a Arnold de frente nunca más… nunca más…

He estado pensando toda la mañana, tirada en mi cama, sobre mi situación. Vamos, es que más mala suerte no puedo tener. O sea, cuando por fin estoy logrando algo concreto con Arnold (no me estoy refiriendo al tema amoroso, sino a nuestra amistad), tenía que pasarme esto, algo que definitivamente terminará espantándolo. Y finalmente todo esto que habremos logrado durante este mes se irá por el caño…

Tengo que tratar de concentrarme, pensar fríamente en lo próximo que haré con respecto a Arnold, porque lamentablemente tanto Phoebe como Gastón tienen razón en algo: esta vez no puedo evitar el asunto, no puedo obviarlo e intentar espantarlo con aparente violencia… se supone que he madurado este tiempo que ha pasado, aunque yo no lo sienta así.

Vamos Pataki, no puede ser tan terrible como crees… hay que analizar la situación: ¿antes me había visto en algo parecido?, por supuesto, a mi mente llegó lo ocurrido en la azotea de Industrias Futuro, en que le dije (o más bien grité) que lo amaba y luego lo besé… ¿cómo era que había salido de ese problema?, ah, claro, él había comenzado con ese cuento que la presión hacía decir cosas locas y al final terminé cediendo y hasta ahí llegamos con ese problema, quedamos en que los nervios me jugaron una mala pasada y que no había que hacerme caso.

Ahora, analizando la nueva situación… ¿cuál es la diferencia entre esto y lo anterior en Industrias Futuro?... ah, la respuesta acude a mí irremediablemente: que por mucho que niegue mis sentimientos, por mucho que lo traté mal, él lo va a saber e incluso podrá reírse de mí y decirme en mi cara que soy una mentirosa. ¿La razón?, el relicario, nada más que el relicario.

En él estaba la fotografía que me acompañaba y me daba ánimos, la imagen que le hablara como si fuera él mismo en persona, como si pudiera escucharme, animarme y darme los consejos que necesitaba oír para sentirme con más fuerzas dentro de mí. Además, no estaba sólo la fotografía, sino que también lo que escribí en el interior, diciendo que siempre lo iba a amar, con esa letra infantil que poco a poco fui cambiando, pero que es muy reconocible como mía.

Pensando en todo esto, tengo que admitir que he llegado a una conclusión, que no me ha gustado del todo: estoy perdida, no tengo salvación, porque en algún momento estoy segura que terminará leyendo la declaración que está dentro del relicario y ahí nada podrá salvarme de la pena y la tristeza que sentiré… no podré aguantar que él me rechace (porque sé que dentro de él no cabe la posibilidad que se burle de mí, es demasiado bondadoso)

Terminé escondiendo mi cara en mi almohada, deseaba quedarme dormida y no ir a la escuela en mucho tiempo, para no tener que enfrentarle el día lunes.

Lo sé, soy cobarde pero, ¿qué más puedo hacer?, no quiero tener que hablar del tema con él, pero en algún momento tendré que hacerlo… pero mientras más lo evite (lo ideal serían algunos meses, para poder enfrentarle), mejor para mí…

Pero apuesto que conociendo mi suerte, tendré hasta mañana…

Unos golpecitos en la puerta hicieron que levantara los ojos, y momentos después vi entrar a Olga en mi cuarto, con rostro algo preocupado. Quizás me hace bien hablar con alguien más sobre el asunto, con más experiencia que Phoebe (que sólo ha tenido de "novio" a Gerald) y que Gastón (a éste no le he conocido ninguna novia… pero algo debe tener por ahí, conociéndolo…)

-¿Estás bien?- me preguntó, sentándose a mi lado –ayer cuando llegué de ir a buscar tus cosas a la pensión, tenías una cara muy mala, como si hubiera pasado algo terrible… y el verte así hoy, sin querer salir ni con Gery ni conmigo….

-La verdad- me senté con algo de nerviosismo a su lado –la verdad es que siento que tengo un problema algo serio, Olga. Tengo tanta vergüenza que no quiero ni salir a la calle para evitar cruzarme con algunas personas… ¿entiendes a lo que me refiero, cierto?

-Eso creo…- la vi sonreír, y me di cuenta que sí estaba entendiendo -¿qué fue lo que consiguió tú querido Cabeza de Balón esta vez?

-Un relicario con su foto- contesté con desgana, me dio algo de tristeza que ella lo fuera a considerar como una tontera –y también una declaración de lo que sentía por él en el interior.

-¿Y él te preguntó si era tuyo?

-Sí… pero no pude contestarle, sentí miedo, así que salí corriendo y no lo he vuelto a ver… y me da mucha vergüenza el tener que hacerlo.

-Oh, hermanita bebé- Olga pasó un brazo por mis hombros y me atrajo hacia ella, como pocas veces ese contacto fue muy agradable… -es completamente comprensible que hayas hecho eso, el miedo es algo que solemos sentir mucho más seguido de lo que nos gustaría. ¿Él ha tratado de comunicarse contigo hoy, para pedirte alguna explicación?

-Creo que no- me encogí de hombros mirando al suelo –no lo sé, en realidad… si viene a verme no tengo idea qué podría decirle, prefiero esconderme en mi habitación y encerrarme bajo siete llaves.

-Eso no tiene que ver mucho contigo- sonrió Olga –normalmente sueles tomar las cosas con mucha valentía, mucha más de la que yo podría sentir en los momentos que tienes que vivir, y de verdad, eso es algo que me tiene muy orgullosa.

-Nah… sinceramente, Olga, no es difícil ser valiente cuando lo que sucede no te afecta mayormente, pero esto es diferente. Estos días que he estado en casa de Arnold nos ha unido bastante, ahora me siento realmente cercana a él, y ahora todo se ha arruinado con lo del relicario… hasta ahí no más ha llegado nuestra amistad.

-No digas eso, Helga- replicó Olga –puede que no pase nada malo, que Arnold decida dejar las cosas como están y no tengas que enfrentarte a él- se quedó en silencio unos momentos –ahora, lo que aquí importa, es que si tu te quieres enfrentar a él y aclarar de una buena vez lo que sienten ambos, o prefieres seguir por algún tiempo más aguantando con la misma incertidumbre que todo este tiempo… lo tienes que decidir tú.

Ah, reconozco que Olga tiene razón en lo que dice y que ya casi no aguanto la situación que estoy llevando. Es verdad que no quiero enfrentarme a Arnold por todo lo que ha pasado, pero tampoco deseo quedarme con la incertidumbre de si él me quiere o no.

La vida puede ser una verdadera porquería…

-Creo que a estas alturas el que te encierres en tu cuarto no vale la pena, además, tampoco te sirve de mucho porque en algún momento tendrás que hablar definitivamente con Arnold, y de paso si puedes aclarar todo, creo que estarás mucho mejor- noté que de pronto sonrió con cierta tristeza –a veces es mejor saber las cosas sin rodeos, sin esperar mucho, porque la espera hace daño. Si él no te quiere como tú, te va a doler, pero ese dolor pasa, el tiempo lo cura… pero si te quedas con la incertidumbre, el mal que irás sintiendo te consumirá…

-¿Crees que… deba ir a verlo?- le pregunté, sintiendo miedo por la posible respuesta que ella pudiera darme. Vamos, sus palabras me animan, pero eso no significa que no me desarme si es que llego a tener a Arnold en frente de mí.

-¿Crees tú que debas hacerlo?- odio cuando me responden con otras preguntas –sinceramente, creo que no. Acá eres tú la que tienes tus sentimientos muy claros, ahora tenemos que esperar que sea él quién los aclare, el que de cuenta de sus verdaderos sentimientos…- creo que sonreí con tranquilidad, Olga rió un poco –me doy cuenta que mi respuesta te alivia- se puso de pie y me miró -¿me acompañas?, acabo de recordar que olvidé comprar algunas cosas que me pidió mamá, y no quiero ir sola. A Gery no la quiero sacar porque comienza el tiempo helado.

Así que toda esa conversación fue para eso: el que la acompañara. En fin, dándome cuenta que no sacaba nada con quedarme en casa, la acompañé. Si me encontraba con Arnold, estaba declarada mi mala suerte; si no era así, podría pasar una tarde relativamente tranquila con mi hermana mayor.

Fuimos al centro comercial y estuvimos toda la tarde ahí, pasando por las tiendas y comprando cosas. La pasé bien, no lo niego, y aunque Olga me obligó a comprar ropa de su gusto (está bien, admito que eran prendas bonitas) y que a causa de eso tuvimos una que otra discusión, ya cuando nos sentamos en una tienda con tranquilidad a tomarnos un helado, todo estaba bien.

-Me gusta salir de compras- me decía Olga, cuando ya estábamos volviendo a la casa –es de lo más entretenido andar probándote ropa y todo eso, ¿no lo crees así, hermanita bebé?

-Sí, puede ser…

Llegamos a casa cuando ya era de noche. Estaba cansada y tenía algo de hambre, así que mientras Olga se encargaba de preparar la cena (después de darle de comer a la bebé), decidí ir a mi cuarto a guardar las cosas que me compró. Estaba teniendo un día relativamente decente, no se cómo no sospeché que algo "malo" podría pasar…

Aunque quizás pensando que ya era tarde y que por ese día me había salvado, me confié… lo cierto es que a penas abrí la puerta, me encontré con cierto personaje que quería verlo en pintura o foto, pero no en vivo y en directo.

Arnold estaba en mi cuarto.

Creo que mi primera reacción fue quedar parada como tonta… aunque no sé si a eso se le puede llamar "reacción", pero en fin… estaba ahí, lo tenía en frente mío sentado sobre mi cama y con rostro algo… ¿aburrido?. No quise cabecearme pensando en eso.

-Arnold…- sí, estoy segura que me temblaron las piernas, pero no por eso debía permitir que mi desesperación ganara otra vez la partida y me hiciera huir del lugar (además, no es por nada, pero no tengo a dónde huir, así que por ese lado estoy prácticamente frita)

-Hola…- se puso de pie, aunque se quedó en el lugar en que estaba –te traje algunas cosas que Olga olvidó ayer.

Miré sobre mi cama y vi unos cuadernos y, sobre ellos, el relicario. Nuevamente sentí cómo el suelo tembló nuevamente. Pero tenía que ser valiente, o al menos intentarlo. ¡Vamos, Helga!, respira tranquila que en algún momento todo esto va a pasar, sea para bien o para mal lo que resulte.

-Ya veo…- murmuré, acercándome a la cama y tomando las cosas, pero noté que él se apresuró a sacar el relicario y, mientras se sentaba, lo observó en silencio.

Sólo para no morirme de los nervios ahí mismo me puse a guardar las cosas que había traído. Sinceramente me importaba muy poco si es que se quedaban por ahí esta noche, pero no podría aguantar el mirarlo sin hacer nada más durante un rato… su silencio me tiene histérica.

-¿De hace cuánto que tienes esto?- dijo por fin, obviamente refiriéndose al relicario.

Pensé en mentir, pero ya no valía la pena, además que habría sido feo tanto para mí como para él… si alguna vez iba a ser realmente sincera con él, tenía que ser en estos momentos, aunque por dentro estuviera muriéndome por la incertidumbre.

-De hace mucho, años…- contesté, aunque continuaba sin mirarlo. Claro, una cosa es contestarle y otra muy diferente era tener que ver sus ojos con cada palabra mía.

-Lo supuse, al ver la letra con que escribiste esa dedicatoria dentro…

De verdad que tuve deseos de enterrarme en esos momentos, lo había leído, sabía todo… ay…

-Ah, por cierto, también me di cuenta que el libro rosa que estaba con poemas dedicados a mí era tuyo, lo noté al comparar las letras- mis dedos apretaron con fuerza el cuaderno que tenía en mis manos. Genial, lo que me faltaba, que se acordara del maldito libro que tantas preocupaciones me trajo hacía años. Genial, sencillamente genial… -la verdad, te admito que me sorprendió. O sea, cuando lo encontramos, a la primera persona que descartamos con Gerald fue a ti, pero ahora me doy cuenta que concuerda todo, porque fuiste tú la que te comiste la última hoja escrita del diario y, según me acuerdo, las letras que estaban en ella eran H – E – L… si me preguntas, creo que fui bastante ciego, ahora me parece obvio.

¿Noté en su voz cierta alegría?, ¿es que acaso deseaba reírse?. La sola idea de que se estuviera riendo de mí, hizo que me diera rabia toda esa situación. Volteé molesta por todo lo que estaba pasando, decidida a encararlo, pero me encontré con que estaba detrás de mí, sonriéndome…

Aunque abrí la boca para decirle algo, de ella no salió palabra. No, definitivamente todo estaba confabulado para hacerme pasar malos momentos. Y sí que lo estaban logrando…

-¿Qué es lo que quieres?- por fin, después de un gran esfuerzo, esas palabras salen de mi boca, aunque admito que fueron palabras con un temblor ligeramente molesto. Creo que fue eso lo que hizo sonreír más a Arnold, que no se movió del lugar en que estaba.

-Dímelo tú…- contestó. ¡Demonios!, ¿por qué no es capaz de hacerme la vida ligeramente más fácil y decirme todo de frente?

-No, yo no tengo nada que decirte porque tú ya lo sabes todo- dije, sacando fuerzas de donde no tenía para levantarme y alejarme un poco de él. Esperaba que ese movimiento lograra que volviera a mí la confianza de tener el control sobre la situación.

-Ah, en ese caso…- lo escuché decir, se acercó y me tomó del brazo –creo que más bien debo ser directo.

Lo noté dudar. Por primera vez en todo ese rato que estaba en mi cuarto noto que no sabe cómo seguir, ni qué decir. ¿A dónde se fue tu valentía, Cabeza de Balón?, sonreí con ironía, sólo para molestarlo. Creo que el mostrar seguridad resultó porque inmediatamente soltó mi brazo, mucho más nervioso de lo que antes se veía.

-Deja de mirarme así, que esto me resulta ya bastante difícil- me dijo, yo puse mis manos en la cintura.

-¿Y crees que para mí es tan fácil?- le dije, algo molesta por cómo estaban saliendo las cosas –o sea, vienes a mi casa con toda esa actitud de estar muy seguro de lo que sientes, consigues ponerme nerviosa como pocas veces y me reclamas cuando hago lo mismo contigo, ¿con qué cara, Arnoldo?

-Comencemos de nuevo- suspiró, y lo vi cerrar los ojos –Helga, te seré sincero. Hace tiempo que sé lo que sientes por mí.

¿Han sentido alguna vez un sonido parecido a un "crack" en los oídos, tan fuerte que incluso sientes que te quedarás sorda?, yo sentí eso mismo esta vez, pero creo que fue porque por fin se terminó de romper lo que era mi orgullo y quizás, también se resquebrajó la dignidad que me estaba quedando.

-¿Qué cosa?- a penas me salió la voz. Esto es demasiado para mí.

-Eso… llámame tonto, pero aunque lo negaras una y mil veces, sabía que lo que me habías dicho en Industrias Futuro era verdad, sólo quería confirmarlo. Pero por más que traté acercarme a ti después de eso, te comenzaste a alejar, creo que ahora intentas lo mismo, llegué a pensar que de verdad los nervios te habían hecho decir cosas que de verdad no sentías…

-Eso no significa nada…

-¿Segura, Helga?, porque para mí al final todo comenzó a tener sentido. Lo que me molestabas, el que estuvieras junto a mí justamente cuando necesitaba estar con alguien, el que no me dejaras en paz en todo el día… y luego, cuando comencé mi noviazgo con Lila, prácticamente me ignoraste y dejé de existir para ti. Llámame loco, pero fue en esos momentos en que comencé a cuestionarme las cosas.

-En ese caso, te felicito, Cabeza de Balón- dije, porque la verdad era que no tenía nada que contradecirle, estaba atrapada en una situación que no deseaba, pero de la cual no sabía cómo salir -¿has pensado en convertirte en detective?

-Lo que terminó de convencerme- continuó, ignorando lo que le dije –es que una tarde decidí hacer lo que hace años no me atreví: comparé la letra del libro rosa con tú firma en el anuario… y me di cuenta que coincidían… así que ahí comprendí todo.

En estos momentos ni las ironías sirven, así que opté por lo más sano: me quedé callada… aunque sólo me duró unos momentos en los que él no se decidió a hablar.

-¿Y te vienes a burlar?- le pregunté, cruzándome de brazos –¿te vienes a reír en mi cara de mí, una tonta que pasó años enamorada de ti, sin importarle que tú estuvieras con otras o que no le cayeras bien?

-No, no vine a eso- contestó, y nuevamente lo noto seguro. Bien por él, siento hasta envidia por eso –vine a entregarte el relicario y las cosas que se te quedaron en la pensión- se acercó a mí y dejó el ya nombrado relicario en mi mano. No me soltó –y también, a agradecerte lo que has hecho por mí, a pesar que durante un tiempo no nos llevamos bien.

Traté de sonreír, a pesar de la gran cantidad de sentimientos que se estaban manifestando dentro de mí. ¿Sólo eso?, creo que Olga tenía razón, porque a pesar que siento dentro de mí una pena muy profunda, también siento tranquilidad.

Suena hasta contradictorio.

-Ya me tengo que ir- me dijo, soltándome. Creo que me estaba observando atentamente, pero preferí no mirarlo, no quería que viera mi tristeza –se hace tarde y mañana hay escuela.

-Claro…- como tenía los ojos pegados al relicario, de pronto me fijé que había algo raro: no estaba bien cerrado, por lo que lo abrí, y me encontré con un papel doblado. Lo abrí y lo leí sin moverme, creo que por poco me caigo al darme cuenta de lo que era.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

¿¡Qué era eso!?.

Al levantar los ojos me encontré con la mirada divertida de Arnold, y una sonrisa que demostraba una seguridad que definitivamente yo, no sentía.

-Entonces nos vemos mañana en la escuela, Helga- me dijo, y sin avisarme siquiera se acercó a mí me besó.

Fin.

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Primero que todo, quiero AGRADECER los más de 100 reviews que me han dejado. De verdad, nunca pensé que podría tener tantos con algún fic. Son geniales, todos los que tuvieron la paciencia de esperar y emocionarse con lo que escribía. Me saco el sombrero (o los gorritos, que es lo que uso :P) en frente de ustedes.

Espero que el final les haya gustado. Pasé algún rato decidiendo cómo serían las últimas palabras, pero decidí dejarlo ahí no más... creo que es lo justo que se necesitaba para saber lo que podría pasar con ellos.

Otra vez agradezco el que me hayan escrito. Quisiera contestar todos sus comentarios o nombrarlos a todos aquí, pero ya es tarde y mañana tengo clases (era una necesidad terminar hoy esta historia). Si tienen dudas de si volveré a escribir fic de Arnold, les digo inmediatamente que sí, pero no se cuándo comenzaré a hacerlo, ya que quiero avanzar en otras historias... tengo dos historias que se están desarrollando en mi cabeza :P

Ahora sí, será hasta la próxima. Muchas gracias a todos y muchos saludines!!