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La estela roja

Un niño pequeño empezó a llorar desesperado por el hambre, en una profunda oscuridad, alimentada solo por la poca luz que llegaba desde las ventanas y las estrellas lejanas. Dos sombras aparecieron de repente, alarmadas por el llanto de la criatura. Una de ellas, una mujer lo tomó entre sus brazos, mientras el otro iba preparando una pequeña manta con la que envolver a su hijo.

Sí, pues ellos eran sus padres, y el pequeño se llamaba Sasuke, y había sido el único motivo, por el cual se habían celebrado muchas fiestas, tan parecidas a las que había habido con la llegada de Karu-chan. Era un niño muy hermoso, con su cabello rojizo oscuro, una mezcla de la de ambos padres, y unos impresionantes ojos azules como los de su madre.

Ella lo acurrucó en su pecho mientras el iba succionando la leche materna, mientras su madre era abrazada por su padre, en aquel solitario cuarto de la Nirvana. Eran tan felices, con aquel pequeño fruto de su amor, que ya no había enemigo que les pareciera algo, eran destruidos con tanta facilidad, pues todos en la nave protegían a los dos tesoros: Karu-chan y Sasuke-kun.

Y así había sido, salvo por algunas pequeñas paradas, ya llevaban 3 meses en la nave, y Hibiki estaba cada vez más contento con su relación y con su hijo. Obviamente no se habían casado, pues ni en Mejeru ni Taraaku, se había celebrado alguna vez esta ceremonia, pero vivían juntos, y era extremadamente raro verlos separados, y si los veían, era por algo relacionado con Sasuke. Dita era muy cuidadosa con Sasuke, como toda madre primeriza, pero no llegaba al punto de asfixiarlo, y por eso Sasuke había sido mimado por todas las chicas de la nave. Y Hibiki, el no cabía en sí de felicidad. Se había convertido en algo así como el satélite de su hijo, pues orbitaba delante de él y de su mujer todo el día. También había tomado la costumbre de llevar al niño consigo en algunas misiones de exploración dentro de su vanguard, y el pequeño se sentía extremadamente a gusto dentro de él, mientras Dita los acompañaba en la pantalla, desde su dread azul.

Así era como estaban las cosas en la Nirvana, hasta que un día, Hibiki fue llamado por la capitana, necesitaba hablar con él con urgencia. Él se acercó como siempre, cuando ella lo llamaba.

Hibiki- le dijo- tengo una misión muy importante para ti.

¿De que se trata, abuela?

Como sabes, ya sólo faltan dos semanas para llegar a Mejeru, y casi se nos han acabado los alimentos. Así que vamos a parar en el próximo planeta. Pero nuestras pilotos están muy cansadas, y BC me ha recomendado que seas tú quien comande la misión. Espero esto no te afecte, pues te separarás de tu hijo por al menos un día.

Creo que Dita estará bien sin mí. Sasuke la mantiene muy ocupada. Así que si salgo con Jura y Barnette, creo que no habrá ningún problema.

Entonces, puedo encargarte esto, ¿no?

No se preocupe para nada. Estaré bien.

Un aire helado entró en el pecho de Dita. Por un momento el corazón quedó paralizado, mientras sentía una horrible cosa en su interior. Pareciera que algo iba a pasar. En ese momento Sasuke empezó a llorar y ella se acercó a él, para darle de lactar.

Papá está bien- le dijo- Estoy segura.

El niño la miró con una expresión curiosa, como si supiera lo que pensaba su madre.

En ese momento Hibiki apareció en la puerta.

- Tal parece que mañana bajaré a un planeta. Tendrás que cuidar a Sasuke sola. ¿Crees que podrás arreglártelas sin mi?

- No hay problema- le dijo ella.- él estará bien.

- Te amo- le dijo él.- Lo sabes ¿no?

- Por supuesto- le sonrió ella- mientras se acercaba y le besaba.

- Bueno- le dijo él, soltándose de ella.- debo ir a preparar mi Vanguard.

- Sí- le dijo ella- Te llevaré el almuerzo.

- Gracias- le dijo él mientras se ponía su chaqueta, y le dedicaba una mirada tierna. Y luego se fue.

Ella tomó a Sasuke entre sus brazos para acunarlo y hacerlo dormir, y entonces se le escapó un sollozo…Por favor… no me dejes Alien-san… Dita no sabe vivir sin ti.

El día pasó con normalidad, al menos para todo, pues todas las inspecciones de rutina dieron resultados negativos, y hasta Meia ya estaba un poco ofuscada por la falta de acción.

Sin embargo en la noche, mientras Dita y Hibiki se acostaban y empezaban a amarse, él se detuvo de improviso, mirándola con recelo.

Dita, ¿te pasa algo?

- No- dijo ella, abrazándolo de nuevo.

Te noto un tanto extraña, como si me estuvieras ocultando algo… y eso me preocupa.

Es que…- comenzó ella…

¿Le pasa algo a Sasuke?- preguntó él.

No- le contestó ella- sabes bien que te lo diría.

¿Entonces?

Hoy en la tarde, cuando no estabas conmigo, sentí algo muy feo, y Sasuke se puso a llorar- y entonces ella le abrazó con más fuerza.- Alien-san- le dijo, acariciando su rostro- tengo miedo de perderte…

¿Perderme? ¿Por qué?

Tengo miedo de que mañana te pase algo cuando bajes a ese planeta.

No seas tontita- le dijo él, acariciándole el cabello- no me pasará nada. Tengo muchos motivos para volver aquí mañana.

Sin embargo, ella lo siguió abrazando aún con mas fuerza.

Al día siguiente, había un poco más de movimiento en la nave, mientras las chicas de Registro preparaban todo para que el grupo de Hibiki bajara hacia el planeta. Éste último se pasó casi todo el día con Meia y Jura, mientras coordinaba todo para que la misión resultara un éxito. Dita se había quedado con Ezra para que le mostrara unas cosas que ella debía hacer con Sasuke, por lo que no se vieron en la mayoría del día.

Se vieron únicamente antes de que él subiera a su Vanguard, que ya estaba listo para partir.

Espero que te vaya muy bien- le dijo ella, entregándole a Sasuke para que él lo cargara.

Sabes que me irá bien-le respondió, mientras le sonreía a su hijo.

Entonces ella le abrazó con mucha ternura, y le dio un largo beso en los labios. Y entonces se vio la verdadera naturaleza humana, la de una familia verdadera en mucho tiempo, que capturó la atención de casi todas las personas que estaban en el hangar.

-Por favor-le suplicó Dita- regresa a mí…

-Lo prometo- le respondió él, reflejado en sus ojos.

Se dieron otro beso, y entonces él se separó, y le dijo que se apartara, mientras él se subía a su Vanguard. Ella se quedó observando el gigantesco robot, con su hijo entre los brazos, hasta que el Vanguard se internó en el océano oscuro que era el espacio exterior.

Entonces Dita subió al puente a observar junto a Ezra y la capitana, el desenvolvimiento de los sucesos que se daban en el exterior de la nave. Un momento después apareció el rostro de Hibiki en la gran pantalla central del puente de la Nirvana.

- Abuela, aquí afuera no hay nada, pero para estar seguro, dile a Parfait que ayude a Ezra con su detector.

- Claro, muchacho- le respondió.

- Hibiki- intervino BC- Quiero que todo se haga lo más rápido posible, pues estamos llevando ya bastantes pilotos, y perder a varios nos metería en un serio aprieto.

- No te preocupes por nada, yo estoy aquí. Y desapareció de la pantalla.

Después de eso todo se desarrolló con normalidad, pues Hibiki y las chicas bajaron hasta el planeta y consiguieron los víveres. Cuando comenzaron el regreso, Dita era la misma personificación de la ansiedad. No paraba de preguntar cuanto se demoraría tal o cual proceso, que ponía frenéticas a algunas de las tripulantes de la Nirvana.

En ese momento Ezra, se llevó la mano a la boca, pero no pudo reprimir un gemido.

Capitana, detecto actividad enemiga, en el tercer sector.

Lo suponía – dijo ella- ¡Muchacho! ¡Saca a todas de allí!

Enseguida- respondió la voz de Hibiki.

Se pusieron a la defensiva, el Vanguard y varios Dreads comandados por el de Meia, se espabilaron y presentaron cara hacia sus enemigos. Mientras éstos se iban acercando, todas quedaban sorprendidas por su número. Jamás habían visto esa cantidad, y algunas empezaron a sentir miedo. Mientras Meia y Hibiki empezaban a ordenar, Bart ya estaba apuntando con las armas de la nave a los enemigos. Seguramente sería otra fácil batalla, pero ¿por qué Dita aún parecía tan angustiada?

El ataque comenzó. Varias clases de armas salían en medio del espacio en un mudo espectáculo, para los que estaban dentro de la nave. Mientras Hibiki y el Vanguard iban derrotando varios enemigos, estos parecían no tener fin, y descubrieron la razón. Una gigantesca nave madre, parecería como si creara dentro de sí más cubos, que salían en todas direcciones para atacar a los Dreads.

Meia- le dijo Hibiki, la aludida apareció en su pantalla.- Debemos concentrar nuestros esfuerzos en destruir a la más grande.

Me llevó un grupo de Dreads, creo que sería mejor que nos cuides las espaldas. Si te necesito te lo informaré.

Ten cuidado.

Una escuadrilla de al menos 6 Dread salió detrás del plateado, en un ataque directo a la nave madre. Y entonces pasó algo que nadie podía prever. Un gigantesca esfera de luz roja pasó alrededor de los de los Dread, mientras las otras pilotos observaban aterradas cómo estas quedaban flotando en el espacio, incapaces de moverse.

¡Necesitamos ayuda aquí! ¡Algo pasa con los Dreads! ¡No podemos movernos!

El Vanguard se espabiló en dirección al Dread plateado, mientras una sombra roja salía de la gigantesca nave madre, demostrando un Terra-Master aún más grande de los que ya habían enfrentado. Éste atacó al Dread plateado, que escapó por poco al fusionarse con el Vanguard que raudo apareció ahí. Y entonces apareció el Vandread- Meia, listo para atacar. Aprovechando su grandiosa velocidad, persiguió al Terra-Master por todo el campo de batalla, pero no podía vencerlo. Y entonces ocurrió de nuevo, la gigantesca bola de luz roja salió despedida de la nave madre, que fue esquivada justo a tiempo por el Vandread-Meia.

La batalla se siguió desarrollando, y el Vandread- Meia aún seguía dentro del campo intentando destruir al Terra-Master, pero sin mayor éxito. Cada vez que estaban cerca de destruirlo, esa arma de la nave madre hacía que tuvieran que salir huyendo.

Dentro de la Nirvana, Dita dudaba aún si debería ir a pelear, pero la capitana y BC se habían negado rotundamente pues ella debía de cuidar a Sasuke.

Entonces empezaron a atacar más a la nave madre, pero ésta seguía disparando esas esferas de luz roja, lo que lo impedía. Parecía una batalla sin fin.

-¡Atacaremos sin dudarlo!

- ¿Qué?

-¿Estás loco? ¡Nos matarás!

- No digo que lo hagan todas- respondió Hibiki- Meia y yo nos lanzaremos, ustedes sólo tienen que cubrirnos.

Era un plan demasiado arriesgado. Había una fuerte posibilidad de que murieran, pero Meia aún seguía reprendida por la vehemencia y el valor que había demostrado aquel hombre que creía ella, nunca cambiaría.

Y se pusieron en marcha. El arma principal del Vandread-Meia hizo su aparición, lanzándose en línea recta hacia su objetivo, a lo que la nave madre respondió lanzando una bola de luz roja.

Luz verde y luz roja chocaron en el espacio, desatando una fulgurante luz que cegó por un segundo a las pilotos de los Dreads, mientras el Vandread- Meia seguía atravesando la bola de luz, casi imparable, mientras se iba acercando cada vez hacia su objetivo.

Y entonces, cuando ya estaba a punto de atravesarlo, el Terra-Master se interpuso en el camino, lanzando la espada en dirección al Vandread, que destruyó la espada y al gigantesco robot sin ninguna dificultad, pero después de esto se separó con un pequeño destello de luz.

El Vanguard no se detuvo, mientras en su loca carrera destruía más y más cubos, y la nave madre preparaba para llegar a su máxima velocidad. Y entonces Dita abrió su boca con horror, al igual que la capitana, mientras el Vanguard atacaba con la espada a la nave madre, en el momento en que esta entraba en su velocidad subluz, desapareciendo de la vista de todos junto con el Vanguard, dejando tan sólo una estela en el lugar donde hacia solo unos momentos se encontraba el Vanguard.