Los personajes de esta historia no me pertenecen, son absoluta propiedad de la señora o señorita jotacárowling. Escribo sin el más mínimo ánimo de lucro, solo por mera diversión y gusto.


Adicción por las grageas.

― ¿Cuánto es, Bernard? ― Preguntó James automáticamente al vendedor.

― Diez sickles, hijo ― respondió con naturalidad el hombre acostumbrado ya a que el chico lo llamara por su nombre de pila.

― Si hasta los dulces suben ― murmuró divertido a la vez que buscaba en su abrigo las monedas.

― Si no fuera por esa campaña contra los dulces… ― su voz se fue apagando terminando en un leve suspiro resignado, mientras apoyaba sus manos regordetas en el mesón de la tienda.

La puerta del local chirrió y por ella entró una chica de cabellos rojos. Ya la esperaba, era una de las primeras en ir a comprar dulces por las mañanas. Le simpatizaba bastante, era agradable y sonreía a menudo mientras curioseaba entre los artículos del lugar, pero siempre terminaba comprando lo mismo, pensó para sus adentros el vendedor.

― Buenos días, querida.

― Hola ― saludó alegremente ella.

Fijó su mirada en James, que al reconocer la voz se sobresaltó y al echar un vistazo a su compañera se puso nervioso. También se dio cuenta de que Lily congeló su sonrisa en la cara cuando le identificó.

― Me llegaron dulces nuevos ― informó a la chica como lo hacía siempre ―, los de la caja de ahí ― e indicó un estante de la derecha.

Frente a él, James sacaba nerviosamente las monedas de la billetera que antes había palpado con un deje frenético bastante bien disimulado pero que Bernard no había pasado por alto. No estaba apurado, sólo... incómodo. Una vez terminada la operación, el chico se encaminó a la puerta del negocio y trastabilló con un estante. Se recuperó solemnemente y salió de la tienda mientras era mirado por su compañera y por Bernard que tenía una sonrisa comprensiva en la cara.

La adolescente, que se recuperó rápidamente de la impresión, dijo:

― Me llevo esto ― y puso en el mesón una cajita de grageas de todos los sabores, justo lo que el vendedor sabía que llevaría. Sacó las monedas necesarias del bolsillo de sus pantalones y sonrió tímidamente.

― Creo que le gustas ― murmuró en tono confidencial Bernard que le tendía el cambio. Lily hizo un gesto desdeñoso con su mano, pero su sonrojo no pudo ocultarlo ―. Y a ti igual, me parece ― comprendió una vez se quedó solo.

Adolescentes y esa manía suya de complicar las cosas, pensó.


Hola gente! mi más verdadera enhorabuena por haber llegado hasta aquí (y de verdad que son verdaderas). El miniminiminiminioneshot se me ocurrió hoy a la madrugada como a las cuatro, para que vean, o lean según como le miren, hasta que hora me quedo en esta cosa llamada PC (leyendo y leyendo) XD. Sé que no es hondo, ni bueno, ni… ¡vamos que está muy simple! Pero me dieron ganas de escribirlo y pues que alguien lo leyera C:


Sugerencias, críticas, opiniones, papel higiénico, barbie's sin cabezas, desechos degradables son bien recibidos/as en un review (amo recibir las tres primeras).

Bye!

Leen B.