¡Por Merlín tanto tiempo!, espero que siquiera recuerden la existencia de esta historia!!.

Hace ya mucho tiempo (¿casi dos meses?) Prometí un epílogo que nunca subí, no voy a dar razones porque son muchas y la mayoría muy estúpidas... pero bueno, después de este tiempo (y de muchos reviews con amenazas de muerte xD) decidí subir a esta página el epílogo.

Espero que les guste!

Ps: ADVIERTO que para las que les gustó el final anterior, NO LEAN ESTE EPÍLOGO; porque cambia radicalmente el final. En serio lo siento por ustedes chicas. de hecho, corre más como "FINAL ALTERNATIVO" que como epílogo propiamente tal; personalmente, me quedo con el final oficial.

Epílogo

Equivocación

Londres.

¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había estado en King's Cross?.

Quizás demasiado. Fueron cinco años en los que nadie en el mundo mágico supo de su paradero. Después de que su padre le negara el apellido, después de la fatídica guerra que había dividido el mundo a dos bandos, se fue lejos. Lo suficientemente lejos para escapar de cualquier reprimenda tanto del bando vencedor como del bando vencido, mas él sabía bien que sus lealtades no estaban puestos en ninguno de los dos.

O quizás muy poco. Quizás aún poco tiempo para olvidarla, porque adonde quiera que fuese, por más lugares que visitase, porque cualquier lugar para ocultarse era insuficiente para olvidar el hecho de que su corazón no estaba con él, que su corazón se había quedado en Londres, detenido desde el último minuto que vio sus ojos chocolate.

Desde la guerra que escapaba de un mundo en que nada parecía encajarle. Rondó cerca de ella y cerca de Londres por tres largos años. Años donde la siguió, intentando cuidarla, intentando procurar que ella fuera feliz, por los dos. Fue al tercer año luego de la guerra en que él mismo se expatrió, en el que el destierro parecía la única salida para escapar, ya no por temor a represalias, sino escapar de un destino que lo condenaba, recordándole día a día sus errores, sus miedos personales, sus amores...

El tercer aniversario de la última batalla Ron Weasley le pidió públicamente a Hermione Granger que fuera su esposa. Salió en todos los diarios, en cada revista, fue comentado en cada casa y conversación... como si no fuese ya lo suficientemente duro. Ese mismo día tomó las pocas cosas que le importaban y se marchó; había completado su tarea, ahora ella sería feliz en los brazos de Ron, un chico que la amaba, ¿lo amaría ella a él?, ¿lo besaría con esa pasión con la que sólo ellos dos sabían besar?, ¿le haría el amor?.

Hermione tenía que ser feliz, tenía que serlo ahora, ¿dónde viviría?, ¿tendrían hijos que hubiesen heredado sus inigualables ojos chocolate?, ¿su genio, su sarcasmo, su inteligencia...?. Sacudió su cabeza cuando el tren se detuvo completamente, Merlín, cuánto dolía volver a Londres.

Draco:

Tu padre ha muerto.

Bien sabes que siempre encontrarás aún un hogar en mi regazo.

Vuelve de una vez, por favor, sin Lucius nada puede llenar mi vida si no son tus ojos.

Con amor,

Narcissa.

Arrugó la nota en una de sus manos mientras tomaba su equipaje de mano. El tren se había detenido completamente y los pasajeros comenzaban a bajar. Era extraño que hubiese decidido tomar el tren, mucho más fácil hubiese sido directamente aparecerse, o quizás utilizar algún otro medio mágico para trasladarse a Malfoy Manor, pero no, necesitaba arribar una vez más a "casa", necesitaba integrarse una vez más a ese mundo del que había escapado, necesitaba una vez más sentir ese anhelo de llegar desde Hogwarts, ver el tren humeante y la gente que se mezclaba en sus vidas cotidianas.

Su padre había muerto.

No lo supo sino hasta que la nota llegó al lugar donde se estaba quedando temporalmente, Roma. Estaba fechada desde hace dos semanas atrás. No pudo evitar sentir una puntada de dolor en su corazón, quizás odiase a Lucius, quizás lo considerase alguien sin la capacidad de seguir sus propias ideas, quizás para él seguía siendo un asesino, un mortífago... pero era su padre. El hombre al que había admirado por diecisiete años de su vida, el hombre en el que ilusamente había soñado convertirse alguna vez.

Luego de su conversación en la batalla final en Hogwarts no habían vuelto a cruzar palabra, ni siquiera se habían vuelto a ver... y ahora él volvía, para ver su tumba, para abrazar a su madre a la que extrañaba constantemente. No fue fácil decidir volver al mundo en el que había crecido, en mundo en el que había aprendido, odiado... amado, sobre todo amado. Pero fue finalmente su deseo por consolar a su madre lo que lo había traído de vuelta a casa.

oOoOoOo

- Maldición - susurró Hermione cuando llegó a la estación y la vio totalmente repleta.

Iba cargadísima y estaba bastante retrasada, el tren al Valle de Godric salía en quince minutos y ella bien sabía que no la esperaría.

Además de un par de maletas, cargaba un vestido gigantesco y vaporoso en las manos. Estaba enfundado en una bolsa gris, pero varios vuelos salían de ella, haciendo más que evidente el contenido.

Un vestido para una boda.

Un vestido de madrina: Harry llevaba finalmente a Ginny al altar.

Apenas iba pendiente de la gente, lo único que le importaba era llegar rápido al tren, hasta que lo vio.

oOoOoOo

Apenas bajó del tren se sorprendió por la cantidad de gente que había en la estación. Si dos personas hubiesen querido encontrarse escasamente pudiesen haberlo hecho, pero él no estaba buscando a nadie, él simplemente la encontró.

Tuvo que deslizar por entre la gente tan sólo una vez su gélida y gris mirada para verla. Merlín, podría reconocerla en cualquier parte, no importaban las cientos, o tal vez miles de personas a su alrededor, para él sólo existía un centro que llamaba poderosamente su atención, que clamaba su mirada, que hacía latir su corazón: ella, Hermione.

¿Cuánto hace desde que su corazón no latía de esa manera?, ¿cuánto hace desde que no temblaba por dentro y por fuera?.

Si Draco hubiese sabido lo que era un control remoto, y de cómo éste podía enlentecer los movimientos hasta el punto de realmente sentir correr el tiempo a tu alrededor, hubiese entendido más fácilmente lo que estaba sintiendo. ¿Qué importaba el resto de la gente y sus tiempos apresurados si a él se le hacía dificultoso respirar?, ¿qué importaba lo que dijiese el reloj si para él los segundos se habían hecho eternos?.

Fue ella la que avanzó.

Él simplemente se quedó estático, como temiendo que todo una vez más fuese un juego maquiavélico que le jugaba su propia imaginación.

Si el corazón de Draco latió una vez más, el corazón de Hermione se detuvo.

No podía ser cierto, no después de tantos años, no después de tanto tiempo, no después de haberlo buscado por cielo mar y tierra, no después de...

Merlín, ¿era verdad?, tenía que acercarse, tenía que comprobar que podía tocar su piel fría una vez más, tenía que ver sus ojos grises, esa tormenta de sentimientos que la ahogaban sin permitirle la respiración cuando se acercaba a él.

Tres metros. Dos. Uno. Ahora tan sólo unos centímetros, y la irrealidad les impedía acercarse más.

Ninguno de los dos habló. ¿Qué se decían dos amantes que no se ven frente a frente por tanto tiempo? , si tantas cosas quedaron inconclusas ¿por cuál de ellas partían?, ¿o acaso eran tantas que era mejor ni siquiera hablar?, tantas preguntas que exigían respuesta, pero a la vez tantos miedos que trataban ocultarse.

- ¿Qué haces aquí? - preguntó él rompiendo el silencio. Sintió que su voz temblaba. Fue una pregunta que tiempo después consideró como estúpida, pero estaba tan enfocado en ella, en el hecho de estar frente a frente después de tanto tiempo... ¿un "hola" habría sido muy poco?, ¿Quizás debió haber partido con un "cómo estás"?, ¿quizás, sólo quizás debió susurrarle, o más bien gritarle que... aún la amaba?.

Sus ojos, Dios, cuánto extrañaba esos ojos. Los había rememorando una y mil veces, estaban como tatuados a su corazón, pero nada se comparaba a los reales, nada se comparaba a esos dos pozos chocolates en que el fría gris de su mirada de derretía en una dulce agonía, en esos ojos podría ahogarse, una y otra vez, sin importar el precio a pagar.

Ella tardó en responder. Cuando apenas una palabra salió de sus labios su corazón volvió a latir de nuevo, pero su mente estaba desconectada, situada precisamente cinco años atrás cuando entre susurros, cuando entremedio de una fatídica guerra había perdido esa voz... y esos ojos.

- Voy a una boda - respondió con voz agitada. Sus ojos aún no se lo podían creer, y seguía sin racionalizar del todo sus palabras. Merlín, ¿cuántas veces había soñado esa situación?.

Lo buscó. Por días, meses y años lo buscó por todo Londres, por todo el mundo, pero ni rastro de él, era como si la tierra lo hubiese escondido, como si los hielos eternos hubiesen reclamado su presencia. Y no lo encontró. Ningún rastro de Draco Malfoy en cinco largos años, y ahora encontrarlo... aquí, ahora...

Las palabras pronunciadas por su boca fueron como veneno para Draco. Sentir una vez más su voz, ¿cuántas veces lo había soñado?, ¿cuántas veces no se había planteado volver, abrazarla, besarla, tirar todo a la misma mierda y ser feliz junto a ella?, cientos de veces se había tenido que contener... porque ella tenía que ser feliz, ella merecía serlo y él... él no era la opción. Y sus palabras, esas cuatro dulces palabras lo trajeron una vez más de golpe a la realidad.

Miró la bolsa que colgaba de su brazo, estaba enfundado en una funda gris, pero no era muy difícil adivinar que su contenido era un vestido. ¿Un vestido de novia?, ¿su vestido de novia tal vez?. Habían pasado ya dos años desde su compromiso y él se extrañó del retraso de su boda con Ron. Se la imaginó caminando hacia el altar, pero no para encontrarse con él como más de una vez había soñado, sino para tomar indisolublemente la mano de un pelirrojo, alguien que la podría hacer feliz...

- Pues te deseo que seas feliz - soltó amargamente intentando reconstruir la máscara fría que con ella se había perdido. Apretó uno de sus puños con fuerza desmesurada, haciéndose daño. ¿Cuánto dolor le traería ese encuentro?, Merlín, le pertenecía por contrato a otro hombre y él... él... él ya no tenía nada que hacer allí.

Bajó la vista. No quiso seguir sosteniendo esos ojos que lo podían llevar del cielo al infierno con tan sólo un pestañear. Tomó el escaso equipaje y con paso firme comenzó a caminar entre la agitada gente. La ira, el dolor, la rendición, todo se mezclaba en su interior... pero él había aprendido a ser fuerte, a través de sus años en Hogwarts, a través de sus años como seguidor de Lord Voldemort, a través de los años de soledad alejado de Londres... ¿por qué mierda bastaban un par de segundos en su presencia para derribar todo ese muro, esa máscara que usaba para enfrentar al mundo?.

Hermione aún no sopesaba la realidad.

Pensaba tantas cosas que era imposible racionalizar cada una de ellas. Lo vio alejarse, ¿qué le decía?, ¿debía detenerlo ahora como antes no había podido hacerlo?. Merlín... quien sabía, quizás estaba casado, quizás tenía familia hijos, quizás... quizás él si la había olvidado y por es ahora se iba una vez más sin decir adiós. "Pues te deseo que seas feliz" ¿eso era todo lo que tenía que decirle él a ella?. Alto, ¿habría pensado él que iba a su propia boda?, ¿pero es que acaso él no sabía...?.

- ¡Draco! espera - gritó Hermione saliendo de su estupefacción. Hace tanto tiempo que no lo llamaba por su nombre... Draco se detuvo y ella cubrió la distancia que los separaba. Posó una de sus manos en su brazo, ¡cuanto desearía no haberlo hecho!, su sólo contacto hizo que su piel se erizara - No es mi boda - declaró tomando una vez más el aire que hacía indispensable para vivir.

Nuevamente cuatro palabras calaron onda en el casi inexistente corazón de Malfoy, ¿cómo era posible que cuatro palabras pudiesen llevarlo al infierno, pudiesen angustiarlo de ese modo y otras cuatro palabras lograran una vez más darle una razón para respirar?.

- ¿Qué? - preguntó intentando aclarar la situación. Pero una vez más pensó fríamente, habían pasado dos años desde el anuncio del compromiso, seguramente se había casado mucho tiempo antes, ¿sería feliz con Ron?, ¿tendría ya hijos?.

- Se casan Harry y Ginny, voy camino al valle de Godric - soltó con presura la castaña, aún sin recuperar el aire del todo. Draco una vez más esquivó su vista e hizo ademán de seguir con su camino. - Nunca pude casarme con Ron, Draco.

El rubio lentamente reaccionó. ¿No estaba casada?, casi sonreía, casi... pero.

- Pero, estuvieron tanto tiempo juntos, era perfecto, ustedes dos... - comenzó a decir. ¿Cómo podía ser ella feliz si estaba sola?, mierda, había fallado una vez más, ¿debío haberse quedado con ella?, ¿tendría la culpa Ron?.

- No Draco, eso nunca fue amor - declaró Hermione obligándolo a mirarla a los ojos. Draco raras veces la había visto tan decidida como en ese momento.

- Bien sabelotodo, ¿acaso tú sabes qué es el amor? - preguntó con aquél tono sarcástico que amos solían usar. No pudo evitar esbozar una sonrisa, sonrisa que ella le correspondió.

- No, no lo sé - respondió inmediatamente la castaña.

- ¿La sabelotodo ignorando algo? - interrumpió el Slytherin con una sonrisa ladeada, cuánto le estaba recordando esa charla a sus primeros encuentros, donde aún eran Granger y Malfoy, donde aún eran el hurón y la sabelotodo.

- Déjame terminar, Draco cuando me dejaste esa carta... - comenzó a decir Hermione sin dejar de sostener la gélida mirada del rubio.

- Hermione, déjalo - la volvió a interrumpir Draco, borró sus sonrisa e intentó evitar sus ojos, cosa que no pudo hacer porque ella guió su mentón, enfrentando sus miradas en una nueva batalla visual.

- Escúchame por favor, son las últimas palabras que no me dejaste decirte, juro que después de esto nunca volverás a saber de mi - declaró Hermione con sus pensamientos más claros que nunca, más decidida que nunca.- Draco, tú decidiste por los dos, ¿acaso me preguntaste si yo quería luchar por lo nuestro?, ¿acaso me preguntaste si quería quedarme en los brazos de Ron?. No, no lo hiciste, simplemente desapareciste, y yo te esperé, años y años pensando que ahora sí serías fuerte y serías capaz de enfrentar lo nuestro. Admito que me engañé a mi misma con Ron, admito que me sentí demasiado frágil y sola después de ti. Te busqué, pero no supe nada de ti.

- Eso quedó en el pasado - volvió a evadirla él. Mierda, ¿cuánto dolían esas palabras?, ¡cómo si para él aún no doliese aquel momento!... como si siquiera un minuto lo hubiese podido olvidar sin odiarse a sí mismo por ello.

- No - negó Hermione enérgica, sus ojos brillaban más que nunca- para mi no quedó en el pasado, nunca pude amar y menos casarme con Ron. Mira, no tengo idea si estás con alguien, no tengo idea si estás casado, ni siquiera sé si eres padre, no sé si despiertas con alguien más todas las mañanas... - las palabras salían descontroladas desde el mismo centro de su corazón, pero tenía que decirselo todo, él tenía que escucharla... no importaba cuánto tiempo hubiese pasado- Y ahora te veo, estoy temblando, imaginé decirte estas cosas y mil más, ¡Dios! cuantas veces lo soñé... y ahora tú me preguntas si sé lo que es el amor. Draco, no sé que es el amor para todos, no sé que significa el amor para ti ... pero para mí... el amor eres tú y eso es algo que nunca podré olvidar.

Y más palabras no fueron necesarias. ¿Cómo responder a esa inesperada declaración?, ¿cómo hacer frente a una esperanza de ser feliz?, ¿cómo decirle, gritarle, que él también la amaba, que nunca había dejado de hacerlo... que... que...?.

Y sin más la besó. Rompió la distancia que existía entre ellos que se hacía innecesaria y hasta absurda.

¿Por qué tanta palabrería si ambos sabían desde el primer minuto en que se habían visto que sus corazones y sus labios se exigían con descontrol?. Habían pasado ya cinco años desde que no se besaban, pero ¿cuanto tiempo más hubiese podido pasar?, ¿un año más, tres años, tal vez diez?, no importaba el tiempo, porque para ellos dos el reloj sólo corría cuando estaban juntos; quizás era algo difícil de comprender, pero no importaba el tiempo que hubiese pasado, porque el amor no conoce al tiempo, no le importa que los minutos corran, ni que días, meses o años pasen por encima, él simplemente los ignora.

Sus labios se juntaron como si ayer hubiese sido la última vez que se besaban. Primero fue un beso suave, como si ninguno de los dos se acabase de creer aún la situación, pero poco a poco fue profundizándose, expresando y reclamando cinco años de separación. Y pronto se convirtió en un beso desesperado, apasionado, un beso lleno de necesidad, un beso cargado con angustia, con anhelo, un beso que les recordaba que sus corazones no latían si es que no estaban juntos, que no había oxígeno posible a esa unión.

Quizás habían pasado cinco años, años en lo que ninguno de los dos había dejado tan sólo un minuto de recordar, de añorar y anhelar, pero aún se amaban. Se amaban, sin pretexto alguno, sin impedimentos de por medio, sin apellidos, sin principios, ¿era tan difícil de creer?.

Y así fue como Draco supo que se podía equivocar: que él nunca iba a ser feliz sin ella y que probablemente ella tampoco iba a ser feliz sin él. Quizás el destino también se equivocaba, porque ellos dos desafiaban toda la lógica, porque la tierra se había vuelto un lugar incomprensible, porque el cielo y el infierno coexistían en esa estación de trenes, porque en aquél beso ellos no eran dos, sino uno.

Fin, final, finalísimo.

¿Aún no has dejado un review?, ¿qué dices ahora que la historia sí ha tenido un final "feliz"?, ¡vamos!, sigo sin morder.

Emma.Zunz