Ok no tengo excusa, ¿un año? bueno lo siento en verdad, me quede seca con esta historia pero dije que no la dejaría morir. Así que aquí esta la continuación.

Discleimer... Nada me pertenece.


Capítulo 11

Casi se podía escuchar el palpitar del corazón de la rubia al escuchar esas noticias, el rostro impávido del administrador de la propiedad pareció hacerla comprender la realidad que estaban viviendo.

- ¿Charles porque no me dijo nada? Cuando paso esto.

- Pues la producción no se pudo enviar, los compradores se quejaron exigieron devolución de su dinero y bueno no pudimos hacer más.

- Y lo que había en las bodegas.

- No fue suficiente. Lo siento Candy.

- ¿Y mi suegro?

- Recayó está en el hospital desde hace tiempo, te envié un telegrama ¿no lo recibiste?

- No. Tengo que ir a ver a Aurora.

Sin esperar a escuchar las palabras de Charles salió hacia el garaje donde tenían los autos de la familia y subió a uno y vio que Miguel estaba con ella extendiendo su mano hacia ella.

- No te permitiré conducir en ese estado querida – le dijo tomando las llaves y abriéndole la puerta del copiloto.

- Miguel no es necesario.

- Vamos si ya viaje hasta acá, porque no hacerlo.

- Gracias – dijo la rubia y se dejó caer en el asiento.

Miguel la miraba en silencio, parecía enferma, se veía recuperada a la vez anterior cuando la vino a visitar después de la muerte de su esposo, pero ahora estaba diferente, tenía un brillo especial y nunca lo había visto en ella.

- Vamos no te preocupes. Todo saldrá bien.

- Por eso mando las invitaciones, ¿tú lo sabias verdad?

- No – dijo Miguel mirando a Candy – Mama no me había dicho nada.

- Quizá Aurora pensó que así salvaría la propiedad.

- Candice cálmate, no entres en pánico, debes primero hablar con ellos y saber cómo actuaran, si es necesario vender lo hacen, pueden viajar a Suiza tienen una propiedad allá y otra en América, debes investigar bien todo eso, además puedes hablar con los Andley quizá puedan invertir.

- Yo – dijo mirando por la ventanilla – Debo hablar con Aurora.

Candy entro en el hospital y fue llevado a la habitación donde estaban sus suegros, Felipe dormía y Aurora estaba tejiendo mirando hacia la ventana.

- Señora tiene visitas.

- Candy – dijo poniéndose en pie y abrazándola.

- ¿Cómo está? – dijo mirando al hombre en la cama.

- Delicado, pero saldrá adelante – dijo sonriendo – Miguel Cayetano ¿Qué haces aquí?

- Venía a saludarlos cuando la encontré en el tren.

- ¿Y mis niños?

- En América. – dijo Candy sentándose.

- Oh cielo que bueno que los dejaste, hubiera sido muy triste que volvieran y supieran que no tienen casa.

- ¿Qué? ¿a qué te refieres? Vi que la propiedad está en venta. - ¿Cómo paso esto?

- Charles.

- ¿Charles?

- Si, él, estuvo manejando muy mal las finanzas, al parecer los contactos que tu hacías y todos los movimientos, el los tergiversaba de tal modo que evito los impuestos desde que Felipe cayo en cama.

- Imposible, yo vi los documentos.

- Pues al parecer todo era falso, al final nos embargamos y perdimos todo, la propiedad está en venta, pero la va a comprar Charles y se quedará con la empresa.

- ¿Por qué no me avisaron?

- Estabas tan recuperada que no quise hacerlo. Solo pensé que quizá volverías si te decía de la boda.

- Si me enteré – dijo mirando a Miguel.

- ¿Hay alguna forma que pueda ayudarle? - dijo el moreno mirando a las mujeres.

- Oh cariño, ya han hecho suficiente, tu madre me ha ayudado con los gastos de mi marido y organizo la boda.

- Pero he venido a cancelarla – dijo Miguel – Digo no es que Candy no me gusta, pero estoy saliendo con alguien y bueno tengo otros planes.

- Claro, está bien, ahora creo que deberemos avisar a todos los que invitamos.

- Si será lo mejor. – dijo Candy tomando la mano de Felipe mientras se sentaba a su lado.

- Mi madre se encargará, tengo que marcharme.

- Te acompañaré.

Candy miro a Felipe en la cama, su respiración era lenta y acompasada. En qué momento Charles le había engañado, había confiado en él, le había dado poder de todo y al final había traicionado a toda su familia y ahora lo habían perdido todo.

- No seas tan dura contigo misma. – dijo suspirando el anciano que estaba postrado.

- ¿Felipe cómo te sientes?

- Mucho mejor.

- Me da gusto, lamento haberme ido, yo me he enterado de todo.

- Lo sé, pero no te preocupes.

- Como no hacerlo, tu mírate, que crees que me diría Mark, ni siquiera pude cuidarlos.

- No somos tu responsabilidad.

- Claro que sí, Mark los amaba, yo los amo y mis hijos también.

- Donde están mis pequeños.

- En América, el viaje era muy largo y bueno tengo muchas cosas de que hablar con ustedes dos.

- Bien somos todo oídos. – dijo Aurora entrando – Ahora que he tenido que despachar a un posible yerno, dinos que hay de novedades.

- Ahora con todo esto, ¿Cómo pueden tomarlo tan a la ligera?

- Cariño somos viejos, hemos aprendido a soportar muchas cosas, perdimos hijos, un nieto, las propiedades materiales es lo que menos importa – le dijo Felipe sosteniendo su mano.

- Si, ahora cuéntanos.

- Bueno, me han pedido matrimonio.

- Te lo dije, no era necesario arreglar lo de los Cayetano.

- ¿Quién es?

- Él es el duque de Grandchester.

- ¿El duque de Grandchester? Pero creí que estaba casado.

- Ese es su hermano, él no lo está y bueno nos conocemos desde hace años y hablamos.

- Pues eso es maravilloso cariño, los niños estarán felices.

- Si lo están porque tendrán un nuevo papá aunque han tenido cierto conflicto sobre Mark y Terry.

- Bueno los has criado bien – dijo Felipe acomodándose en las almohadas.

- Cariño te sientes bien.

- Si bien. Entonces ahora tendré que ir a otro hospital por la falta de bienes. Creo que Margarita no querrá seguir pagando por que no seremos sus consuegros, y más ahora que estamos en quiebra.

- No cariño, ella y yo somos grandes amigas, además no estamos en quiebra, tenemos algo que nos quedó y – Aurora pareció querer llorar y después sonrió – Puedo vender las joyas de la familia es lo de menos.

- Claro de que no – dijo Candy – Volvamos a América, tenemos aún nuestra propiedad allá y la de Suiza.

- Oh no la de Suiza también la perdimos – dijo Aurora derramando un par de lágrimas – Solo quedo la de Chicago porque está a nombre de Mark y por ende es tuya.

- Pues nada más te recuperes lo haremos, volveremos.

- Candy es tu casa no podemos.

- Olvídenlo, ahora descansen, Aurora necesitas ir a dormir ¿Dónde están tus cosas?

- En el hotel, todo lo que nos pudimos quedar está en una habitación allí.

- Vayan a descansar – dijo el hombre en la cama – Estaré bien por un par de horas.

- Volveremos más tarde – dijo Aurora besándolo en la frente y ambas salieron hacia el hotel.

Candy salió del hospital, tenía muchas cosas que hacer y condujo el auto que había tomado de la propiedad para dirigirse al hotel donde estaban hospedados, subieron a la habitación que no era muy grande a lo que estaban acostumbrados pero ella pareció no darle importancia a eso.

- Candy no quiero que te preocupes por esto, somos un par de ancianos que encontraremos la solución, hemos sobrevivido a varias guerras y devaluaciones, saldremos adelante.

- Lo sé, pero aun así me preocupo, ustedes son mi familia.

- Gracias cariño. – dijo ella – ven, quiero darte esto – dijo dándole un cofrecito. – Es todo lo que nos queda de valor.

- Por supuesto que no.

- Aún tenemos dinero del que nos dieron al pagar todo lo que quedaba, no es mucho pero nos ha permitido vivir aquí.

- Iré a arreglar las cosas pendientes, hablaré con el doctor y después volveremos a casa.

Candy se dio una ducha rápida y salió del hotel para tratar de encontrar una solución a todos los problemas. En el hospital el médico le dio todo el informe médico de Felipe diciendo que pronto estaría bien y listo para viajar a América.

Arrancó su auto y manejo rumbo a la propiedad y supo que todo era verdad, no sabía que haría, quizá esto era lo mejor, quizá era el momento de hacer un cambio, pensó en Terry quizá le llamaría para avisarle y si todo salía bien en pocos días volvería a casa.

- Charles. – dijo ella al verlo en la entrada.

- Candy, viste a Felipe, ¿Cómo se encuentra?

- Bien, podemos hablar.

- Claro – dijo abriendo y dándole el paso para la biblioteca, ambos se sentaron en los sillones durante cuatro años trabajaron juntos.

- ¿Qué fue lo que paso? ¿Por qué hiciste eso?

- Candy las acciones se han devaluado, no podemos hacer nada.

- No pagaste los impuestos y yo te entregue cada una de esas cantidades ¿Por qué? creí, confié en ti.

- Yo, hice mal las cosas, pero créeme Candy todo fue en favor de tu familia, nunca quise esto.

- Entonces ¿es mentira que tú tienes nuestro dinero?

- Yo.

- No, no quiero escuchar más, está bien, quédate con las tierras, quédate con todo, solo déjanos en paz. Recogeré mis cosas y las de mis hijos, solo lo más importante. ¿o tienes algún problema con eso?

- Candy lo siento, yo no sé qué me pasó, pero.

- Está bien, nos iremos, y espero que la decisión que tomaste te haga feliz.

- Quédate todo el tiempo que quieras. – dijo el hombre mirando con tristeza a Candy y salió de la propiedad.

Candy subió a las habitaciones, había sido su hogar por cinco años, allí había sanado de sus pérdidas y su dolor, abrió las maletas y comenzó a llenarlas con cosas importantes para ella, para los abuelos y para los niños, bajo a la biblioteca y tomo los libros que su hija había adoptado como suyos, después de varias horas estaba lista para marcharse, para dejar todo atrás, entro en el estudio y lo encontró vació no había rastro de Charles, solo una pequeña nota.

"El auto es tuyo, lo lamento en verdad" y estaban las llaves encima, ¿creía que con esas palabras recibiría el perdón por sus acciones? ella no tenía que perdonarle, ni reprocharle, sabía que lo que se sembraba se cosechaba, vio la hora y era muy tarde, probablemente Aurora estaría ya de vuelta en el hospital, tomo el teléfono y se sentó en el que alguna vez fue su escritorio.

- ¿Bueno? – dijo una voz, no había sonado pero había alguien del otro lado.

- Si, ¿Quién habla?

- Soy Clara, Clara Grandchester, ¿con quién hablo?

- Hola Clara soy Candice.

- Candy ah que bueno que eres tú, yo he intentado comunicarme en estos días contigo, pero me dijeron que no estabas en el país.

- Acabo de regresar, ¿dime que sucede?

- Candy recibimos la última orden de vino, excelente, pero me dijeron que el pago que hicimos, bueno que no recibiremos el vino. ¿Qué sucede?

- Bueno – dijo ella – Yo perdí toda la producción y…

- Me enteré de eso y también de tu boda.

- No me casaré bueno las cosas están difíciles por acá nuestra empresa ha quebrado y mira ahora no puedo hablar, pero tenía entendido que te devolvieron tu ultima inversión.

- Mi esposo bueno, al parecer tu asesor hablo con él y le dijo de la producción fallida, y como necesitaba para invertir y bueno mi esposo el cometió un error, lo sabe y sabe que no podrá recuperar ese dinero.

- Te parece si te llamo en una semana, veré que podemos hacer al respecto.

- Claro – dijo la mujer en la línea – Sé que es imposible recuperarlo, no es la primera vez que mi esposo hace eso, casi perdemos todo a nosotros nos iba a pasar lo mismo que a ti, de no haber sido por Terry.

- Es cierto, tu sabes cómo puedo comunicarme con Terry ¿cierto?

- ¿Quieres hablar con mi cuñado? ¿Por qué?

- Es una larga historia. Pero dile por favor que intentaré volver en unos días, no tengo teléfono pero dile que nos vemos en el hogar de Ponny en un mes.

- Yo le daré tu recado – dijo la mujer.

- Gracias tengo que colgar. Prometo que intentaré recuperar lo que perdiste.

Candy reviso los papeles que tenía sobre el escritorio y vio los depósitos del banco, el del último mes allí estaba conocía la cuenta de los Grandchester y allí estaba era una suma muy fuerte de dinero, suspiro y vio que era casi la totalidad de su cuenta personal, quizá podría devolverla, debía ir al banco pero primero antes tenía que arreglar la situación de su familia y conocía la manera.

Marco el número que se sabía de memoria, ¿Cuántas veces no lo había hecho? El timbre sonó y le contesto la familiar voz de la recepcionista, que cuando la conoció en persona supo que era muy diferente a la que le contestaba.

- Comunícame con Archie Comwell.

- ¿De parte de quién?

- De Candice White Andley.

- Claro Señora – dijo ella y le mando la llamada a su primo.

- ¿Candy? Gracias a Dios estas bien. ¿Por qué no me habías llamado? Estaba muy preocupado.

- Archie necesito vender mis acciones.

Al escuchar las palabras de la rubia Archie supo que las cosas sería distintas ahora y ella no volvería a casa, que el haberle guardado secretos la destruyo tanto como a ellos.


Hola, es corto, lo sé, pero en verdad lleva buen ritmo, gracias a todos los que aun con el tiempo de publicación siguen mis historias, gracias por los reviews y sus comentarios. Siento no haber publicado antes, es cierto lo que me dijeron sobre el hecho de dejar una historia incompleta y lo mal que nos vemos, en verdad lo lamento, pero ahora intentaré actualizar pronto, a mi tampoco me gusta que historias que leo esten incompletas y con un final improbable, pero bueno aquí vamos.

Saludos y que tengan una excelente semana!

IRES