Nda: Bueno, este es el final del fic. Espero que os guste, y muchas gracias a todos por leerlo. Mañana llevo mi ordenador a arreglar, pero prometo contestar a todos los comentarios en cuanto lo tenga otra vez en casa.

Como en España estamos de elecciones, quiero dedicar este fic a todas las personas que vayan a votar por partidos que apoyarían el derecho de Harry y Draco a tener hijos.

CAPÍTULO 11

Al final Malfoy manor había resultado tener fantasmas.

Pero no eran los viejos y familiares fantasmas de siempre, seres como el Barón Sanguinario, con quien tantas veces había hablado en Hogwarts. Estos fantasmas eran como visiones fugaces, reflejos de todo el horror que habían visto aquellas paredes. Mirara donde mirara, cada rincón de la casa parecía ahora mancillado con recuerdos de Voldemort.

Pero era aún mucho peor cuando veía a su padre, con ojos vacíos y un hilo de baba cayéndole por la barbilla, o a su madre con el rictus tenso de los muertos.

No sabía cuándo era la última vez que realmente había podido conciliar el sueño más de unos minutos antes de empezar a soñar o a oir los susurros de los muertos repitiendo su nombre. O´Brady le había dado una poción para ayudarlo a dormir, pero no le hacía más efecto que la poción anti-depresiva a su madre. Era el legado de las torturas con Legeremancia de Voldemort.

La única manera de soportarlo era beber, beber hasta perder el sentido.

Sus pasos, vacilantes, le condujeron al jardín. Solía caer en redondo por ahí, y entonces uno de los elfos aparecía a su lado y lo llevaba a su cuarto sin despertarlo. Pero aquella noche, siguió caminando y caminando hasta salir de los terrenos de la mansión, insensible a todo lo que no fuera el inmenso, desesperado y derrotado vacío de su interior y al carrusel loco de recuerdos que giraba implacablemente en su cabeza.

Olvidar, gimió, mirando la luna llena. Olvidar...

Draco cayó de rodillas al suelo, soltando la botella de whisky de fuego vacía.

-Sólo quiero descansar –balbuceó, lloroso, dirigiéndose al cielo frío e inhumano-. Sólo quiero que todo esto desaparezca.

Nadie le respondió ni él esperaba respuesta. No había solución. Ni siquiera las pociones de O´Brady funcionaban con él, por la misma razón que no habían funcionado con Narcissa: las torturas con Legermancia de Voldemort les habían dejado secuelas

Pero entonces vio su varita en el suelo y la recogió con dedos torpes, suponiendo que se le había caído junto con la botella.

Olvidar...

Sin pensárselo dos veces, Draco se apuntó a sí mismo con la varita.

-Obliviate.


Andromeda fue rápida. Alcanzó a Harry justo cuando salía del ascensor y, sujetándole por la cintura, lo llevó firmemente hacia la Red Flú. Una parte de Harry quería protestar; era imposible ir a su piso a través de la Red y él quería ir allí, tumbarse en el sofá y morirse de pena. Pero estaba tan conmocionado que no pudo reaccionar, y antes de darse cuenta se encontró en La Madriguera.

-Harry! –exclamó Molly, acercándose a ellos desde la cocina-. ¿Qué ha pasado?

-No está bien –dijo Andromeda.

-¿Por qué¿Qué...? Harry... Harry, tesoro¿qué pasa¿Ha sucedido algo en San Mungo?

Harry se rompió al oir el nombre y se echó a llorar, y un segundo después, Molly lo había envuelto entre sus brazos y había empezado a consolarlo maternalmente, tal y como Draco lo había consolado tras soñar que lo enterraban vivo. No supo cuánto tiempo estuvo allí, sólo que alguien le tendió una taza de té, y que se la bebió, y que entonces el mundo empezó a desdibujarse agradablemente, proporcionándole un alivio temporal a su terrible desconsuelo.

Cuando volvió a abrir los ojos estaba en la vieja habitación de Ron. Verse en un lugar tan familiar, tan lleno de recuerdos, no logró reducir en nada el insoportable vacío que sentía en su interior. También entonces volvió a perder la noción del tiempo; podría haber permanecido en aquella cama, mirando el techo, minutos o tal vez horas. Pero al final, la puerta de la habitación se abrió y Molly entró en la habitación.

-Me alegra que ya estés despierto –dijo, con una sonrisa animosa-. ¿Te encuentras mejor?

El cerebro de Harry estaba tan embotado por la depresión que ni siquiera había pensado en los Weasley, como si el mundo conocido empezara y acabara en aquella habitación. Al verla, sin embargo, recordó que ella le había consolado antes y sintió una punzada de algo indefinible mezclada con vergüenza.

-Estoy bien –murmuró, en voz baja-. Será mejor que me vaya.

Molly le puso la mano en el hombro para indicarle que no se incorporara y en sus ojos sólo había preocupación, firmeza y un cariño insondable.

-No digas tonterías, Harry. Te quedarás aquí hasta que estés bien de verdad.

-No quiero... No quiero molestar.

-Tú nunca has molestado, Harry James Potter –dijo ella, con súbitas y feroces lágrimas en los ojos. Harry apartó la vista, sintiéndose aún más avergonzado sin saber por qué y ella respiró profundamente un par de veces antes de continuar con voz suave-. Queremos que te quedes con nosotros hasta que te encuentres bien de verdad.

-Estoy bien –insistió-. Es sólo... Se me pasará.

Molly lo miró a los ojos.

-¿Lo del chico de los Malfoy?- preguntó, con naturalidad. Harry enrojeció y asintió, pero Molly meneó la cabeza-. Esto no tiene nada que ver con él, Harry. Si la mitad de lo que cuenta Andromeda es cierto, hace mucho tiempo que tendrías que estar tomando poción anti-depresiva.

-Las pociones no van a servir de nada.

-Lo harán. Ya he perdido un hijo, cariño. No voy a perder otro.


La primera vez que Harry intentó rechazar la poción anti-depresiva que le había recibido el propio psicomago O´Brady, descubrió que, después de criar a siete hijos no muy dóciles, Molly Weasley conocía un montón de trucos para obligar a tomarse su medicina a cualquier paciente poco dispuesto. Y la poción, poco a poco, empezó a hacer efecto. Se moría de pena cada vez que pensaba en Draco –y lo hacía a menudo-, pero otras cosas estaban empezando a cambiar sutilmente. Empezaba a creer de nuevo que los Weasley le querían de verdad, que nunca le habían guardado rencor por lo de Fred. Empezaba a creer de nuevo que la mayor parte de la sociedad mágica se había preocupado por él y que, a pesar de las manipulaciones de Dumbledore y de su nivel estándar de magia no lo consideraban un hazmerreir. Y cuando Ron y Hermione llegaron, serios y ansiosos por verlo y le abrazaron y le preguntaron en qué demonios había estado pensando para no decirles que se sentía así de mal, también empezó a creer que no estaba tan solo como había temido.

Cada vez que pensaba que Ron y Hermione había volado con tanta prisa desde los Estados Unidos se sentía agradecido y avergonzado a la vez, pero ellos no querían ni oir hablar de eso.

-Tendríamos que haberlo imaginado, Harry –dijo Hermione, acariciándole cariñosamente la mano. Tenía buen aspecto, con su alborotado pelo recogido en un moño lleno de mechones rebeldes y un algo en su expresión que indicaba que, definitivamente, había dejado atrás la adolescencia.

-No podíais saberlo.

-¡Al contrario! Nosotros lo sabíamos todo: tus horribles tíos, tus batallas contra Voldemort, las pesadillas que te provocaba, la muerte de Sirius y de Cedric y de Dobby... Con todo lo que habías pasado era imposible que no te afectara. Era imposible.

Harry tuvo una sensación desagradable, como si Hermione le estuviera diciendo que estaba destinado a estar loco. Y le ponía nervioso que le trataran como si pensaran que era delicado y podía romperse en cualquier momento.

-Pero yo... estaba bien. En Hogwarts tuve mis altibajos, pero estaba bien.

Harry alzó la vista para buscar la confirmación de Ron, a quien aún no se le había ido el susto de los ojos, y éste asintió. Hermione, sin embargo, meneó la cabeza.

-Yo ceo que estabas aguantando, Harry. Creo que de algún modo sabías que no podías permitir romperte antes de la pelea con Voldemort. Y te lo fuiste echando todo a la espalda pensando que ya descansarías cuando terminara la guerra, cuando hubieras cumplido con la Profecía.-Su rostro se ensombreció un poco-. Pero cuando todo terminó y pensaste que por fin podías relajarte, cuando ya habías llegado al límite de tus fuerzas, te siguieron cayendo golpes. Y eso fue demasiado.

-No tendría que habérmelo tomado así.

Hermione frunció el ceño con severidad.

-Todos tenemos nuestros límites.¿Crees que yo no tengo secuelas de la tortura de Bellatrix¿Que no me despierto algunas noches gritando¿Qué clase de ser humano puede pasar por cosas así sin que le afecten?

-No sé.

-Harry, los bebés pueden llegar a morirse si no los tocan. Y tus tíos... Es un milagro que hayas podido resistir todo lo que has resistido. Deberías sentirte orgulloso de ti mismo, y no avergonzado¿no lo ves?. Cualquiera en tu situación no habría aguantado ni la décima parte. Los únicos que deberían sentir vergüenza son los que no te dejaron en paz, los cuatro desgraciados que intentaron reirse de ti cuando se supo lo de Dumbledore.

-Si nos hubieras dicho cuánto te estaba jodiendo ese asunto me habría faltado tiempo para venir a echarte una mano –intervino Ron, con fiereza.

-Tenías que estar con Hermione.

-No cuando ella está bien y tú estás hecho mierda.

Hermione lo miró con ojos llenos de lágrimas.

-Harry, que Ron y yo seamos pareja no quiere decir que tú estés fuera. Nunca podría significar eso¿no lo entiendes?

-Ya lo sé –farfulló Harry, encontrando un poco humillante que le creyeran capaz de no entender algo así. Aunque¿no había perdido de vista otras verdades igual de sencillas? Pero ahora Ron y Hermione estaban allí y le ayudarían a encontrarlas de nuevo.


Los días pasaban con lentitud de convaleciente. Los temores de Harry y los demás de que aquella historia apareciera en El Profeta se fueron desvaneciendo. El propio Arthur, que ahora ocupaba un puesto importante en el Ministerio, se aseguró de que no estuvieran preparando ningún reportaje al respecto. Hermione tuvo que regresar a los Estados Unidos, pero Ron se quedó. Andromeda y Teddy le visitaban casi a diario y Harry siempre acababa sonriendo. Y también pasaron a verle viejos amigos del colegio y de la Orden del Fénix, todos contentos de tenerle de vuelta; puede que no supieran de su depresión, pero la mayoría intuían en qué estado se había marchado del mundo mágico. Kingsley Shacklebolt incluso le dijo que el Ministerio estaba preparando una reforma del Código Penal Mágico para incluir nuevos delitos, desconocidos hasta ese momento en el mundo mágico británico, contra el honor y la intimidad. Aquellos eran conceptos sumamente nuevos y extraños para los magos de aquel país, y era posible que encontraran cierta resistencia a implantarlos incluso entre magos que, como Harry, habían sufrido los desmanes de la prensa. Pero Shacklebolt y su equipo estaban dispuestos a conseguirlo y evitar que los periodistas pudieran escribir cualquier cosa que se les pasara por la cabeza sin que los perjudicados pudieran tomar medidas legales para defenderse.

Había una parte de él que sentía que todo se estaba arreglando, que muchas heridas estaban cicatrizando, pero no había medicina ni muggle ni mágica que pudiera cerrar la herida que Draco había causado al rechazarlo. A Harry le habría gustado sentirse tan furioso con él como sabía que, en el fondo, se sentían los Weasley, quienes sabían algo por Andromeda, pero no podía. Draco no estaba causando el daño que Harry sabía que podía causar; se limitaba a no quererlo y Harry no podía odiarlo sólo por eso. Al fin y al cabo¿cuándo le había querido Malfoy? Ron y Ginny hablaban a menudo del agradecimiento, pero a Harry nunca le había interesado demasiado el agradecimiento de Draco.

La mayor parte del tiempo, su rechazo era una especie de corriente de aire frío y húmedo que le acompañaba incluso cuando charlaba animadamente con sus amigos. Le echaba de menos como nunca había echado de menos a nadie, sus sonrisas, sus expresiones de pasmo y esa sensación de pertenencia que tenía junto a él. La noche que habían pasado juntos olía a culpa y a deseo; no le cabía duda de que era uno de los motivos de que Draco ya no quisiera saber nada de él. Y también estaba preocupado por su estado; Andromeda había vuelto al hospital un momento después de dejarlo a él en La Madriguera y le había dicho a Harry que Draco se había echado el Obliviate a sí mismo en un momento de borrachera y desesperación y Harry no paraba de preguntarse cómo estaría, ahora que volvía a recordarlo todo.

Pero a veces, generalmente cuando ya se había metido en la cama, imaginaba que Draco acudía a él, y le decía que su reacción en el hospital se había debido sólo a la conmoción de recuperar sus recuerdos, y que todavía le quería. Entonces recordaba todas las promesas que le había hecho, su manera de mirarlo y quería creer con toda la fuerza de su alma que eso estaba aún allí.

Un día, tres semanas después del episodio de San Mungo, Harry fue a la consulta del Sanador O´Brady para hablar de cómo le iba con la poción. Era la segunda vez que lo hacía y empezaba a sospechar que aquello podía convertirse en cualquier momento en una terapia psicológica y no sabía qué pensar al respecto; todo eso de la psicología no le despertaba demasiado respeto y aún le incomodaba pensar en sí mismo como alguien que necesitara esas cosas.

Al menos, Brady no le incomodaba con demasiadas preguntas personales. Sólo le interesaban cosas muy generales, como si dormía bien, si comía regularmente o si se sentía incómodo entre magos de nuevo. Sólo le preguntó por sus tíos una vez, si pensaba a menudo en ellos.

-No. –Era verdad, no lo hacía desde que Draco había aparecido de nuevo en su vida. No podía entender que le hubiera dado tanta importancia a lo que esos dos pudieran pensar de él.

-¿Te molesta que te pregunte por ellos?

-Si quiere saber algo de mi vida, consulte números atrasados del Profeta.

Su tono había sido menos que cortés, pero sólo provocó un gesto comprensivo en el psicomago.

-Es normal que quieras proteger tu intimidad, especialmente en estas circunstancias.

Ya no insistió, y poco después le despidió amablemente y le pidió que regresara a la semana siguiente. Harry decidió que podía seguir yendo a esas visitas, mientras se mantuvieran así, y salió de la consulta. Y entonces, de pronto, vio a Draco a lo lejos.

Sus ojos se lo bebieron, sedientos. Draco iba con Pansy, vestido de negro de los pies a la cabeza, sombrío como un sacerdote de la Inquisición. El corazón le gritó que fuera a ver cómo estaba, que lo abrazara hasta que sus facciones se iluminaran de nuevo. Pero la aspereza de las últimas palabras que le había dirigido no dejaban lugar a dudas, y se quedó donde estaba, preguntándose ansiosamente para sí mismo si estaría durmiendo y comiendo bien, y si Pansy estaría cuidando de él.


Al día siguiente, una lechuza picoteó en la ventana y, cuando Ron la abrió para dejarla pasar, voló directamente hacia Harry. Lo primero que pensó fue que las cartas, las horribles cartas que le habían acompañado durante el revuelo de las trampas de Dumbledore, habían vuelto a comenzar, pero luego reconoció el sello familiar de los Malfoy y su corazón volvió a dar un brinco. Apenas pudo desenrollar el pergamino, de tanto que le temblaban las manos, y la esperanza se había convertido en una locura que latía en el centro de su pecho. Pero el mensaje fue como un mazazo para sus ilusiones.

"Aquí está el dinero que te debía, tal y como te prometí. Draco Malfoy"

La carta contenía un pagaré por la cifra ridículamente exorbitante de cinco mil galeones y Harry se lo quedó mirando, sintiéndose engañado, cruelmente desilusionado. De todas las promesas que Draco le había hecho, había ido a cumplir la más estúpida de todas.

-¿Qué pasa? –le preguntó Ron-. ¿De quién es esa carta?

Harry no pudo contestar en ese momento, ni puso objeción alguna a que Ron se la quitara y la leyera.

-¿Cinco mil galeones? –oyó que exclamaba Ginny-. ¿Se ha vuelto loco?

Pero Ron entendió antes el efecto que había causado en Harry.

-Y tú pensabas... Oh, mierda, Harry, lo siento.-Le puso la mano en el hombro-. Venga, anímate. Ese desgraciado no merece que estés así por él. ¿no te das cuenta?

-Sí, -dijo Ginny, con indignación-, devuélvele el cheque y dile que se lo meta por el culo.

El desagrado que ambos mostraban hacia Draco no hizo que Harry se sintiera mejor.

-No habléis así de él –dijo en voz baja.

-Harry... –dijo Ginny, como si protestara.

Él meneó la cabeza y rompió el cheque por la mitad como si fuera sólo una servilleta de papel con la que juguetear. Después se levantó con aire cansado.

-Voy a tumbarme un rato.

Ron y Ginny no le detuvieron, pero dejaron de meterse con Draco.


Harry llevaba casi un mes entre los Weasley. La poción seguía manteniendo su depresión a raya y, a excepción de lo de Draco, se sentía bien, así que decidió que había llegado el momento de regresar a su apartamento. Molly le puso mala cara, pero, en el fondo, sabía que su recuperación era real y al final cedió, no sin antes obligarle a prometer que iría a cenar con ellos todas las noches durante una buena temporada; quería asegurarse de que comía como era debido y de que no se desvanecía de nuevo en el aire.

La sensación de volver no fue tan buena como esperaba; le traía demasiados recuerdos de Draco y le ponía un poco melancólico. Pero supuso que se acostumbraría y si no, siempre podía mudarse. No es como si estuviera muy encariñado con el apartamento, aunque le gustara el barrio.

Un par de días después, Harry se fue con Ron a jugar al quidditch a Hogsmeade. El día era claro y fresco, perfecto para volar en escoba. Harry no pudo evitar pensar en el entusiasmo de Draco al descubrir que podían volar, pero enseguida se enfrascó en el juego y el ejercicio le hizo bien. Cuando su mano se cerró sobre la snitch por primera vez en dos años, se sintió como si acabara de demostrar algo, incluso sabiendo que atrapar la snitch antes que Ron no era un triunfo especialmente meritorio. Ron volaba bien, pero nunca había destacado como Buscador.

-Anda, vamos a Las Tres Escobas.-Los dos aterrizaron y echaron a andar hacia el pueblo-. Te lo digo, colega. Si tuviera al viejo delante, le patearía el culo tan fuerte que lo mandaría de vuelta al infierno. Tú no necesitabas sus cochinas trampas para ganar a nadie.

Harry se encogió de hombros; se lo agradecía, pero aún no se sentía cómodo hablando de las trampas, ni siquiera en esos términos.

-Yo le preguntaría si de verdad me apreciaba. ¿Lo has pensado alguna vez¿Si fuimos algo más que peones para él?

Ron caminó en silencio unos metros.

-No sé... Nos dijiste que te había pedido perdón cuando... cuando te lo encontraste en esa especie de limbo¿no?

Harry repasó mentalmente aquel extraño suceso.

-Ya no creo que eso pasara de verdad. No estuve muerto, sólo inconsciente. Y mi mente inventó todo eso porque aún quería justificar a Dumbledore. Eso es lo que creo que pasó. En serio, Ron¿puedes querer a alguien y usarlo de esa manera?

Esta vez, fue Ron quien se encogió de hombros, obviamente perdido. Harry tuvo la sensación de que se arrepentía de haber sacado el tema.

-Yo qué sé... Mira, no es que ahora mismo le tenga un gran aprecio. Pero quiero creer que no le resultó fácil¿sabes? Que le habría gustado dejarte con una familia decente, y verte crecer sin pensar que ibas a tener que sacrificar tu vida para acabar con Voldemort. Dumbledore podía ser muchas cosas, pero no era un hijo de puta sin sentimientos. Digo yo. Tuvo que resultarle difícil, como ir a pararle los pies a Grindelwald, sintiendo lo que sentía por él.

Los dos se alegraron de llegar frente a las Tres Escobas y poder dejar de hablar de ello. En cuanto madame Rosmerta, la dueña del local, vio a Harry, dio un gritito de alegría y fue a abrazarle contra su generosísimo pecho.

-¡No sabes cuánto me alegra de verte! Que sea la última vez que tardas tanto en hacerme una visita. –Se giró hacia Ron, quien en Hogwarts había sido uno de sus más fervientes admiradores-. Y lo mismo te digo a ti, Ron Weasley.

-He estado en los Estados Unidos –dijo, casi disculpándose.

-Eso no es excusa –replicó ella, sin preocuparse por la lógica-. Anda, id a sentaros. Os llevaré un par de cervezas de mantequilla.

Ron pensaba vivir a caballo entre Inglaterra y los Estados Unidos hasta el verano. Después Hermione finalizaba su contrato y volverían los dos a Inglaterra. Harry estaba un poco apurado pensando que aquello era por él, pero le habían asegurado que era algo que habían decidido antes de enterarse de lo que le había pasado. Ambos echaban demasiado de menos a sus familias y a sus amigos.

-George me ha propuesto que sea su socio en la tienda –le contó Ron, después de darle un trago a su cerveza.

-Suena bien.

-Sí, la verdad es que sí. Aún he de comentárselo a la jefa, pero supongo que le parecerá bien.

Harry sonrió un poco.

-No la llames así, hombre, muestra un poco de espíritu viril.

Ron se encogió de hombros con una sonrisa bonachona.

-Bah¿para qué? Si no fuera tan mandona, no sería nuestra Hermione.

-Eso es verdad.

-¿Y tú¿Has pensado algo¿En serio quieres vivir entre muggles?

Harry suspiró.

-No he decidido nada.

-Bueno, no te preocupes. Ya sabes que decidas lo que decidas, nosotros te apoyaremos. Ayer estuve hablando con Oliver. ¿Sabes qué me dijo? Que deberías intentar entrar en un equipo profesional. Así les cerrarías la boca a todos los que creen que sólo ganaste por las trampas.

A Harry aquel plan le parecía tan realista como hacerse astronauta o estrella de cine.

-Ya, claro...

Ron frunció el ceño.

-Harry, eres al menos tan bueno como cualquiera de los Buscadores profesionales que hay en activo ahora mismo. Lo sabes¿verdad?

-Llevo más de dos años sin jugar al quidditch.

-Exacto; cuando practiques serás aún mejor que ellos.-Dio un pequeño suspiro-. Mira, no digo que tengas que convertirte en jugador profesional, si no quieres. Lo que me jodería pensar es que no te atreves a intentarlo porque no crees que puedas estar a la altura.

Al final terminaron almorzando allí, pero Ron sugirió ir a buscar el postre a Honeydukes y Harry aceptó, descubriendo que le apetecía bastante probar algunas de sus delicias. El tendero le recibió con la misma sorpresa alborozada que madame Rosmerta, aunque prescindió de los besos, y Harry y Ron se pusieron a curiosear entre los anaqueles de botes de cristal llenos de dulces con la esperanza de encontrar alguna novedad. Entonces Harry oyó la chillona voz de Pansy Parkinson diciendo algo sobre unos bombones y se le heló la sangre en las venas.

Harry alzó la cabeza justo cuando Pansy y Draco aparecían por detrás de unas estanterías.

Draco le vio casi al momento y frenó en seco. Iba, como siempre, vestido de negro y se había cortado el pelo; le quedaba bien, pero tenía sombras oscuras bajo los ojos. Aunque no dejó de inquietarse por su aspecto desmejorado, Harry sintió la felicidad del adicto ante una nueva dosis.

-Draco...

Este apretó los labios, con una mirada colérica, y dio media vuelta para marcharse justo cuando Pansy se daba cuenta de lo que pasaba y lo sujetaba por el brazo para sacarlo de allí.

-Vámonos, Draco –dijo, con voz fría.

Ron también había acudido ya al rescate, y se colocó frente a Harry, tapándole a Draco y a Pansy con su propio cuerpo.

-No les hagas caso, colega.

Harry se dio cuenta de que llevaba varios segundos sin respirar y tomó aire con fuerza, casi sobresaltado.

-Joder...

-Vámonos de aquí, Harry. Venga, vámonos de aquí.

Ron lo sacó casi a empujones de la tienda y Harry se dejó llevar, sintiendo casi ganas de vomitar.


El día parecía definitivamente arruinado. Harry ya no tenía ganas de estar en Hogsmeade y quería volver a su casa. Ron le acompañó, y cuando se Aparecieron en el apartamento, fue a por un par de cervezas muggle y le tendió una con aire circunspecto.

-No se merece que estés así por él, Harry.

-Me odia, Ron... Me odia.

-Malfoy siempre te ha odiado –dijo, con pesar-. Lo otro sólo fue un espejismo.

Harry sentía que cualquier esperanza que hubiera podido albergar hubiera sido aplastada por esa mirada de odio, llena de reproches. Había pasado un mes; Draco había tenido tiempo para superar el shock inicial. No iba a volver, nunca lo haría.

-Yo creía... creía que en el fondo sí me quería.

-Ese chico no era Draco Malfoy. Vamos, Harry, aunque él entrara ahora mismo por esa puerta¿qué arreglaría? En cuanto abriera la boca, te darías cuenta de que no es el chico del que te has enamorado.

-Pensé que era parte de su personalidad. Creo que cuidaba de mí como tuvo que cuidar de su madre. Narcissa estaba deprimida, por eso se suicidó¿no te das cuenta? Lo que Draco hizo por mí tuvo que hacerlo antes por ella cuando era él de verdad, con toda su personalidad.

Ron no dijo nada y Harry se quedó mirando la botella de cerveza aún sin empezar que tenía entre las manos. No sabía por qué seguía defendiendo a Draco. No importaba que pudiera ser tierno o no; fuera cual fuera la respuesta, el hecho era que Draco ya no le amaba. Y él se sentía casi tan deprimido como antes de empezar con la poción, como antes de que Draco apareciera ante él, roto y ensangrentado. Cada vez que recordaba la expresión de su cara en Honeydukes se le revolvía el estómago.

-La verdad, Harry, nunca pensé que diría esto, pero... maldita sea, con tal de no verte así, habría preferido aguantar a Malfoy como tu media naranja.

Harry, que tampoco había pensado jamás que le oiría decir algo así, alzó la vista, impresionado.

-¿En serio?

-Sí. Ojalá te hubiera salido bien. Puede que ya no estés deprimido, Harry, pero sé que no eres feliz.

Ron estuvo haciéndole compañía hasta después de cenar, hablando de quadpot y de películas, ya que los magos estadounidenses iban mucho al cine, y sólo se marchó porque Harry insistió en que estaba mejor y ya podía irse. Cuando se quedó solo, Harry miró con afecto el espacio que Ron había ocupado un segundo antes de Desaparecerse y después, con un movimiento de varita, llevó todos los restos de la cena a la cocina.

Pero al regresar al comedor, tumbarse en el sofá y ponerse la tele, no pudo evitar acordarse de lo agradable que había sido tumbarse allí con Draco, los dos viendo juntos cualquier cosa. Harry suspiró, sintiendo una pena terrible por lo que podría haber sido y nunca sería. Estaba seguro de que Draco y él podrían haber sido felices.

A veces se arrepentía tanto de haberlo llevado a San Mungo...

La película le ayudó a distraerse. Estaba cansado y con ganas de meterse ya en la cama, olvidar aquel día horrible y confiar en que el siguiente fuera mejor y decidió que aquella noche pasaría de su capítulo diario de "Buffy cazavampiros". Ya no le gustaba tanto: no sabía si era porque le recordaba también a Draco, que había terminado tan enganchado como él o que, ahora que volvía a sentirse un mago, la ficción palidecía demasiado ante la realidad.

Faltaba ya poco para el final de la película cuando llamaron a la puerta una, dos veces. Harry, que se había llevado un susto de muerte por el súbito ruido, se levantó a abrir, preocupado por si Samantha tenía algún problema con algunos de sus hijos. Pero cuando miró por la mirilla fue a Draco a quien vio. Y con el corazón a mil por hora, le abrió la puerta.


Draco estaba borracho perdido. Llevaba su abrigo negro doblado de cualquier modo sobre el brazo y tenía el pelo despeinado y los ojos inyectados en sangre. Y en cuanto Harry abrió la puerta, cruzó la entrada tambaleándose y se acercó a él.

-Sólo te lo voy a decir una vez, Potter : yo no soy él –dijo, con voz trabada, pero intensa, dándole un pequeño empujón. Cuando Harry retrocedió un paso, él volvió a acercarse y le agarró del suéter como si lo necesitara para mantener el equilibrio. Sus ojos, a pesar de estar desenfocados por el alcohol, brillaban de furia-. Yo no soy él.

Harry estaba demasiado sorprendido como para reaccionar.

-¿Qué?

Draco no parecía haberle escuchado.

-Te prohíbo que me mires así¿te has enterado? Si de verdad me quisieras habrías hecho planes conmigo, Y no te habrías estado despidiendo de mí en el hospital, pensando que tu preciosa mascotita iba a desaparecer. Me habrías contestado cuando te escribí.-Apretó los dientes-. Si no soy lo bastante bueno para ti, te jodes. Pero deja de mirarme como si me quisieras.

Harry abrió mucho los ojos.

-Draco...

-¡Te he dicho que dejes de mirarme como si me quisieras!

Draco intentó pegarle un fuerte empujón, pero estaba tan borracho que Harry sólo tuvo que apartarse para evitarlo. Después, casi por instinto, lo detuvo antes de que se cayera al suelo como una marioneta con las cuerdas cortadas.

-No puedo –susurró, con el corazón a cien por hora.

Draco soltó un jadeo sorprendido y lo miró con ojos confundidos, esperanzados. Pero esa esperanza murió pronto, oscurecida por algo mucho peor y se aferró a Harry, hundiendo la cabeza en su hombro.

-No, tú no me quieres. Le quieres a él y yo no soy él.-Su voz se volvió ahogada-. ¿Por qué ibas a quererme? Ni... ni mi propia madre me quería. Ni mi propia madre...

Entonces gimió y, de pronto, estalló en sollozos desconsolados, como si algo se hubiera roto dentro de él. Harry, apenado, lo condujo hacia el sofá. Todo estaba pasando demasiado rápido y era incapaz de pensar con claridad, pero sí sabía que Draco estaba de nuevo entre sus brazos y que le necesitaba. Eso, de momento, era suficiente.

-Draco, tu madre te adoraba –dijo, con voz suave-. Ella te quería muchísimo.

-No... Si me hubiera querido... no se habría... su-suicidado. No me habría dejado solo. ¿Cómo pudo hacerme eso? –exclamó, con una angustia que rompía el alma-. ¿Cómo pudo dejarme cuando era todo lo que me quedaba?

La furia de Draco se había extinguido con las primeras lágrimas y seguía llorando contra su pecho. Harry le acarició el pelo, echando un poco de menos sus largos mechones de antes.

-Tu madre te quería, Draco –le repitió-. Si hizo lo que hizo fue porque estaba enferma y desesperada y no era consciente del daño que te haría.

Entonces se acordó del momento en el que había estado a punto de saltar por la azotea del edificio. No podía volver a sentir la magnitud del vacío que había sentido en ese momento, como si ese chico destrozado no tuviera nada que ver con él, pero sí recordaba que nada había tenido sentido, excepto acabar con el dolor.

-No es porque no te quisiera –insistió-. Es sólo que ya no podía más.

-Yo habría hecho... cualquier cosa por... por ella –dijo, con voz entrecortada por el llanto-. Cualquier cosa. No tenía derecho... a dejarme solo.

-Lo sé... –dijo Harry, besándole en la cabeza-. Lo sé, Draco. Lo siento.

-La echo tanto de menos... Oh, Merlín, los echo tanto de menos...

Draco siguió llorando sin decir nada más un buen rato y Harry se limitó a abrazarlo y a mecerlo suavemente, sintiendo una extraña mezcla de pena y esperanza. No se atrevía a sacar conclusiones de las confusas palabras de Draco, no se atrevía a creer que pudieran significar otra cosa, excepto que estaba borracho perdido.

Los sollozos de Draco se fueron suavizando poco a poco y Harry oyó cómo respiraba hondo tratando de calmarse. Durante unos segundos permanecieron así, en un silencio que sólo rompía el zumbido de la nevera y la respiración trabajosa de Draco, que probablemente no podía respirar por la nariz. Después, Harry volvió a besarle en el pelo; esos pequeños gestos de cariño resultaban ya tan instintivos que ninguno de los dos parecía estar pensando en ellos.

-¿Estás mejor?

-Sí –dijo él, con la voz ahogada contra su suéter.

-Te prepararé una taza de café bien cargado, espera.

Draco se apartó para que pudiera moverse y Harry se sintió por un instante cómo si le hubieran arrancado las mantas de la cama en una fría mañana de invierno. Draco se quedó sentado con la cabeza gacha, sin mirarlo. Parecía un poco avergonzado. O quizás sólo cansado. Pero lo que era seguro era que también estaba muy borracho y Harry se fue a la cocina con mil emociones latiendo en su pecho y mil pensamientos dando vueltas en su mente. Pensaba que allí podría aclarar sus ideas, pero lo único que hizo fue mirar fijamente la cafetera para meterle prisa y asomarse un par de veces al salón-comedor para asegurarse de que Draco seguía allí. Cuando tuvo listo el café le añadió azúcar y unas gotas de poción anti-resaca y se lo llevó junto con una servilleta de papel para que se limpiara la cara.

-Ten, te sentará bien.

Todavía sin mirarlo, Draco usó primero la servilleta para secarse las lágrimas y sonarse la nariz. Después sujetó la taza con ambas manos y le dio un sorbo. Harry se sentó a su lado, preguntándose qué le pasaría por la mente. Y después de un segundo trago, Draco volvió a hablar con voz que seguía pastosa por el alcohol.

-No soy un borracho. Estoy borracho, que no es lo mismo. Hoy he ido a solicitar el Asistum Morte para mi padre y tengo derecho a emborracharme si quiero.

Aquella eutanasia mágica era un final muy habitual para los dementorizados, así que a Harry no le sorprendió, pero sí compadeció sinceramente a Draco. Nunca habría podido sentir simpatía por Lucius Malfoy, pero Draco y Narcissa no habían merecido que sus vidas quedaran destrozadas de esa manera.

-No creo que seas un borracho –dijo suavemente-. Y siento que hayas tenido que tomar esa decisión.

Draco asintió sombríamente y bebió otro poco de café.

-Odio vivir en Malfoy manor. Todo me recuerda a mis padres o a Vo-Voldemort. En todas las esquinas veo... He dormido varias noches en casa de Pansy. Y en la de los Nott, y en la de Blaise. Dormiría hasta con los Weasley, con tal de no pasar la noche en la mansión. Pero... maldito seas, Harry... esté donde esté... te echo de menos. Y cuando pienso en mi casa, pienso en esta mierda de apartamento.-Entonces alzó la cabeza por primera vez y le miró con ojos hinchados y ya secos y la cara sucia de lágrimas-. Pero tú sólo me miras así porque te recuerdo a él.

Harry admitió que a Draco no le faltaban motivos para dudar de a quién iban realmente dirigidas esas miradas. Pero de pronto comprendió que aquel era el verdadero Draco Malfoy, con todos sus recuerdos, con su personalidad intacta. Y aunque su mente reconocía las diferencias con el Draco que había albergado en su casa, su cuerpo y su corazón, seguramente más sabios, sólo se estaban fijando en sus similitudes.

Y le acarició tentativamente la mejilla.

-No te miro así por eso.-Draco contuvo el aliento y Harry sintió algo cálido y poderoso dentro de él-. Anda, termínate el café.

Draco sorbió por la nariz y se bebió el resto de la taza. Después la dejó sobre la mesita y Harry se fijó en que ya no le temblaba tanto el pulso.

-No le he dicho a nadie dónde vives, ni siquiera a Pansy –dijo en voz baja-. Si los periodistas se enteran no será por mí.

-Te lo agradezco.

Draco apartó la vista.

-Pienses lo que pienses de mí, no quiero joderte.

Harry se lo quedó mirando unos segundos y descubrió que se sentía feliz y que las cosas eran más sencillas de lo que se pensaba. La familiaridad, la complicidad que había crecido entre ellos semanas antes estaba todavía ahí, si podían encontrarla. Todo lo que necesitaban era tiempo y, por suerte, lo tenían.

-Draco, escucha... Yo... tenía miedo todo el rato a que dejaras de quererme cuando recuperaras la memoria. Incluso de que me odiaras, porque cuando nos acostamos, tú no eras realmente consciente de lo que estabas haciendo. Así que cuando reaccionaste así en el hospital, pensé que no querías saber nada de mí. Nunca imaginé que pensabas que era al revés.

Draco volvió a contener el aliento.

-¿Quieres decir que tú...?

No terminó la pregunta, pero a Harry no le hizo falta.

-Antes de contestarte, me gustaría saber si se te ha pasado ya la borrachera.

Draco parpadeó, confuso.

-¿Por qué? –Harry lo instó a contestar con un gesto de la cabeza-. Sí, creo que sí. Las cosas ya no se mueven tanto.

Entonces Harry esbozó una pequeña sonrisa y se inclinó poco a poco para besarlo, atento a su reacción. Cuando rozó sus labios, fue como despertar de un mal sueño; eran suaves y cálidos, y sabían a lágrimas y a café. En un primer momento, Draco no le devolvió, aunque tampoco se apartó. Pero Harry siguió besándole lenta y dulcemente, dándole tiempo para que se acostumbrara, y unos segundos después, la boca de Draco también empezó a moverse sobre la suya, torpemente al principio y con más confianza después. El corazón de Harry elevó una silenciosa y muda plegaria de gracias a cualquier deidad que estuviera escuchando y su mano acunó la cara de Draco, acariciándole la mejilla con el pulgar.

Cuando Harry paseó tentativamente la lengua entre los labios de Draco, éste abrió la boca para dejarla pasar con un suspiro de aprobación. Harry sintió cómo su erección empezaba a incomodarle dentro de sus pantalones, pero no se apresuró y saboreó con placidez la lengua de Draco, emitiendo leves ruiditos satisfechos. Draco tampoco se mostraba impaciente por ir más lejos y apoyó la mano en su hombro de manera que las puntas de sus dedos le rozaron el cuello, tan cómodo ya en ese beso como el propio Harry.

Después de unos segundos, Harry separó los labios unos milímetros de los suyos hasta quedar frente con frente, con las respiraciones agitadas. Sus cristales de las gafas estaban tan empañados que no veía nada y se las quitó con un gesto impaciente.

-Somos dos desastres emocionales ambulantes, Draco. Y tenemos que conocernos otra vez. Pero sí, te quiero. Dios, te he estado echando de menos hasta volverme loco. Quiero intentarlo –dijo, con vehemencia-. No sabes el tiempo que hace que no deseo algo con tanta fuerza.

Draco tragó saliva y se mordió los labios, rojos e hinchados, un momento.

-Es tan raro... Eres Potter... Potter... Pero también eres Harry.

Harry asintió y, separándose un poco de él, le sujetó la cara cariñosamente entre las manos y lo miró a los ojos.

-Conozco la sensación.

Ahora parecía que Draco no se atrevía a creerle y esa era también una sensación que conocía.

-Pero si me quieres... ¿por qué no me contestaste cuando te demostré que aún te quería?

Harry parpadeó, confuso.

-¿Qué? Draco¿cuándo...?

-La carta con el cheque –dijo él, impaciente-. ¿Es que no leíste la nota?

-Decías sólo algo de que me enviabas el dinero como habías prometido –contestó Harry, sin entender nada.

Draco, sin embargo, lo miraba como si estuviera esperando que lo comprendiera en cualquier momento.

-Para que vieras que cumplía mis promesas. Todas mis promesas.

Harry recordó la amargura con la que había pensado entonces que Draco sólo había cumplido la promesa que menos necesitaba cumplir y abrió la boca con asombro.

-¿Esa era tu manera de decirme que me seguías queriendo?-Draco apartó la vista una fracción de segundo, pero asintió con decisión. Harry sintió una ternura abrumadora hacia él y le abrazó-. Oh, Draco... Draco...

-¿Qué?

-¿Cómo querías que entendiera eso? Pensé que significaba que no querías saber nada más de mí.

Draco le apartó suave, pero firmemente para poder mirarlo a la cara. Tenía el ceño fruncido, como si le estuviera reprochando algo.

-No, claro que no.

-Siento el malentendido –dijo, de corazón.

Draco cerró los ojos un momento y suspiró.

-Yo también lo siento. Supongo... supongo que no me atreví a ser más claro, tal y como estaban las cosas.

-¿Y ahora?

La mirada que Draco le dirigió entonces hizo que a Harry se le erizara el vello de los brazos y de la nuca. Alguien le había mirado así una vez.

Snape, antes de morir, cuando quiso buscar a Lily en sus ojos para verla por última vez.

-Ahora quiero estar contigo.


Cuatro palabras.

Cuatro palabras que ponían el mundo en orden y cubrían de bálsamo sus heridas. Harry sonrió de oreja a oreja y le dio otro beso, exultantemente feliz.

-Saldrá bien –le prometió, hundiendo los dedos en su pelo-. Sé que saldrá bien.

Draco respondió a sus palabras con una sonrisa un poco tímida, la primera desde que había llegado allí aquella noche. A Harry le recordó un poco a la actitud que había tenido cuando le había dicho que en el colegio nunca habían sido amigos, como si ya no supiera muy bien como actuar con él y le pasó el brazo por los hombros, invitándole a recostarse un poco contra él si quería. Draco dudó un segundo y luego lo hizo, casi con la misma torpeza con la que le había devuelto al principio el primer beso. Su cuerpo estaba algo más tenso de lo que Harry recordaba, pero se relajó poco a poco en cuanto empezó a acariciarle el pelo.

Despacio, tenían que ir despacio. Con toda la vida por delante, no importaba.

-Si haces eso, me dormiré –dijo Draco, casi en tono de disculpa.

Harry se fijó en las sombras oscuras bajo sus párpados y en su rostro cansado, sabiendo que él estaba sólo un poco mejor.

-Los dos necesitamos dormir.

Draco hizo un ruidito de asentimiento, pero no se movió.

-Tú no eres un desastre emocional ambulante, Harry. Al menos no más de lo que ya eras en Hogwarts. Lo que te pasa es que tienes una depresión. Has de ir a un médico para que te recete poción anti-depresiva.

-Sí, lo sé. Ya me la estoy tomando.

-Bien –dijo, con satisfacción-. Te pondrás bien, ya lo verás.

-Estoy seguro –dijo Harry, paseando la vista con adoración por sus ojos adormilados y su nariz puntiaguda e insolente.

Quizás fue entonces cuando tuvo la certeza de aquello funcionaría. Ron se había equivocado en una cosa: Draco había entrado por esa puerta y había resultado ser el chico que amaba, no un espejismo. Ya no eran Draco Malfoy y Harry Potter, ya no simbolizaban nada. Sólo eran dos chicos que habían perdido demasiadas cosas y se habían encontrado mutuamente y entendían el valor de lo que habían encontrado.

-Yo también me pondré bien. He pensado comprarme otra casa¿sabes?. Blaise me acompañó a ver una hace un par de días.-Draco bostezó y se acomodó mejor contra Harry-. No era muy grande, sólo tenía diez habitaciones, pero estaba en medio del campo y los paisajes eran increíbles, mejores que los de Malfoy manor. Detrás de la casa había un estanque y un árbol enorme que daba sombra en verano.

Harry no supo qué le hizo más gracia, el modo en que se arrugaba su nariz cuando bostezaba o que considerara que una casa de diez habitaciones no era muy grande.

-Suena muy bien. Y parece que te gustó mucho.

-Era preciosa.

-¿Vas a comprarla?

Draco apretó la mano que Harry había dejado sobre su cadera.

-Depende.

Esta vez, Harry sí comprendió bien lo que quería decirle. Que sólo lo haría si a él le gustaba porque esperaba que se mudara allí algún día. Entonces dejó que su vista vagara por el comedor y se dio cuenta de que allí nunca se había sentido realmente en casa, excepto en el tiempo que había pasado con Draco. No, aquello había sido un escondite, no un hogar.

-Podríamos ir juntos a echarle otro vistazo.

-Genial –murmuró, esbozando una sonrisa.

Draco empezó a añadir algo sobre un balcón con mirador en la habitación principal y un sótano en el que instalar un laboratorio de pociones, pero se estaba quedando dormido casi por momentos. Harry habría jurado que le escuchó murmurar algo de que no tenía nombre de perro antes de quedarse completamente frito. Entonces lo observó atentamente, sintiendo el calor de su cuerpo pasando al suyo a través de la ropa, reconfortado por su peso y por el ritmo pausado de su respiración. Por un momento pensó en llevarlo a la cama con algún hechizo, sin despertarlo, pero luego cambió de idea y, sacando su varita hizo aparecer una manta que extendió sobre Draco y él. Después se movió un poco para encontrar una posición más confortable y Draco se acomodó de nuevo contra su cuerpo. Otro movimiento de varita apagó la luz, fundiendo en el proceso la mitad de las bombillas.

-Buenas noches, Draco –dijo en voz muy bajita, aunque sabía que ya no podía oirle.

Los ojos se le estaban cerrando. Todavía pudo pensar que Draco seguiría allí al día siguiente, que tenían una oportunidad, después de todo. Y sus labios se curvaron en una última sonrisa antes de quedarse también dormido, esperando con ilusión el amanecer.

Fin


Lireve, hola, guapa. Mujer, es que este era un fic de mucho sufrimiento, jaja. Y en realidad, cuanto más sufren, más dulce sabe después que las cosas se arreglen¿no? Lo de Imogen Lake salió sin más; la verdad es que nunca había oído hablar de la cantante Imogen Heap. Y bueno, ya has visto, hiciste bien en tener fe en mis finales felices :) Besitos y hasta el próximo fic!

Sombrero Seleccionador, qué tal? Me alegra mucho que te haya gustado ENDLM. Le tengo mucho cariño, con eso de que fue el primer fic que escribí y publiqué. En cuanto a este fic, pues espero que hayas disfrutado con el final y que te haya quitado el mal sabor de boca del último capi. Ya sé que lo terminé en un momento muy malo. Besitos y muchas gracias por todo.

Ruka, hola. Lo arreglé, lo arreglé, jeje. La reacción de Draco se debió al shock, pero también a que creyó comprender que se había enamorado de alguien que, en realidad, no le amaba a él. Y a que el suicidio de su madre le había hecho pensar que ella no le quería y todo eso. Vamos, que hay que entenderle. En fin, muchos besos, espero que te lo hayas pasado bien con el final.

Yankee, hola. Espero que este final haya compensado el mal trago del último capi. Ya ves que Draco tenía sus motivos para pensar que se había enamorado de un chico que en realidad no le quería a él. La comunicación es muy importante! Besos y muchas gracias por todo.

Remus Albus Vel, como puedes ver, no me he olvidado de que me gustan los finales felices, jaja. Vamos, hago un final triste después de todo lo que les he hecho pasar y me pego a mí misma por sádica XD En cuanto a lo de peinar, no pasa nada, jaja. Yo creo que en ese momento era imposible saber a qué venía aquella salida de Draco. En fin, un beso muy grande y gracias por los comentarios (y por lo del ordenador!)