Disclaimer: ningún personaje de esta historia me pertenece, aunque por el tiempo que tardo en actualizar casi parezco J.K

UN SECRETO A VOCES

Cuando Harry se acostó aquella noche, se sorprendió al ver que Ron ya tenía las cortinas de la cama echadas y roncaba suavemente. No le había visto desde bastante antes de la hora de cenar, algo inusual en el pelirrojo que no se perdía ninguna comida. Su amigo llevaba unos días muy raro, pero cuando le había preguntado no había querido decirle nada al respecto.

Era sábado y esa mañana tenían el primer entrenamiento de Quidditch desde la vuelta de vacaciones. Cuando se levantó por la mañana vio que Ron seguía durmiendo y decidió dejarle descansar un rato más mientras él se duchaba. Como era de esperar, el pelirrojo seguía roncando cuando Harry salió de la ducha.

- Ron.

No levantó mucho la voz porque no quería despertar al resto de sus compañeros.

- Ron, tenemos entrenamiento.

Al no recibir respuesta, descorrió las cortinas del dosel de golpe dispuesto a darle un buen susto a su amigo. Sin embargo, fue él quien se llevó el susto.

Allí, abrazados y desnudos, durmiendo plácidamente estaban Ron y Hermione. Sus dos mejores amigos. La chica estaba boca abajo, con la cabeza apoyada en el pecho de Ron y la espalda al aire mientras él la abrazaba por la cintura. Parecían realmente relajados.

Harry dio un respingo por la impresión y se giró de golpe, volviendo a cerrar las cortinas a su espalda.

- ¿Harry? ¿Qué pasa?

Neville estaba de pie a unos pasos de él, en pijama y frotándose los ojos.

- Me pareció que gritabas.

El moreno se puso de todos los colores y soltó la cortina del dosel de Ron.

- ¿Gritar? ¡Oh, no! Es que pisé sin querer algo y me pinché en la planta del pie. Nada más jeje.

El moreno empezó a reirse estrepitosamente. Neville le miró extrañado y no dijo nada más. Junto a él apareció la larga figura de Dean.

- ¿Qué murmuráis vosotros dos? ¿Estáis tramando algo?

Harry ya no sabía qué hacer para desviar la atención de sus dos amigos de la cama de Ron.

- ¿Tramar? En absoluto. ¿Bajamos a desayunar?

Neville y Dean intercambiaron miradas de extrañeza entre ellos.

- ¿No esperamos a Ron?

- Eeeehh… Ron se acostó tarde ayer. Necesita descansar – defendió Harry algo nerviosamente.

- Voy a vestirme – dijo Neville yendo hacia su cama pero sin dejar de mirar a Harry de reojo como si el moreno se estuviera volviendo loco.

Dean fue mas allá y le puso la mano en el hombro a Harry.

- Compañero, no sé que os pasa a Ron y a ti últimamente pero espero que se solucione pronto, sea lo que sea.

Harry suspiró. Por esta vez había salvado la situación, pero si aquello duraba mucho iban a tener que ingresarlo en la unidad psiquiátrica de San Mungo.


Cuando Ron abrió los ojos aquella mañana, la primera visión que tuvo fue la de Hermione, sentada en la cama y abotonándose la blusa con una sonrisa tímida en los labios. Quiso decir algo pero no lo hizo, temiendo romper ese momento mágico.

- Buenos días, Ron.

- Buenos días – respondió el chico con una sonrisa bobalicona.

- Deberías vestirte y ayudarme a salir de aquí antes de que Harry y los demás me descubran.

Ron frunció el ceño

- Pensé que estábamos en tu cuarto.

- Tú propusiste que viniéramos aquí. Dijiste que había menos probabilidades de que nos encontraran.

- Puede ser – dijo el chico encogiéndose de hombros e inclinándose para darle un beso a su novia – Espera aquí. Cogeré la capa de Harry.

Ron asomó la cabeza entre las cortinas y suspiró aliviado al ver que el resto de las camas estaban hechas y la habitación en silencio. Abrió el baúl donde sabía que Harry guardaba su capa y la cogió, tendiéndosela a la chica. Sintió que su cuerpo se estremecía cuando una ya invisible Hermione le rozó casi imperceptiblemente los labios.

- Te veo luego – susurró.

Ron se giró, dispuesto a meterse en el baño para darse una larga ducha cuando vio una figura inmóvil apoyada junto a la puerta que le miraba fijamente con los brazos cruzados.

- Joder, Harry. Casi me da un infarto. ¿No podías avisar, o algo?

- ¿Avisar de qué? ¿De que estoy en mi habitación, donde puedo entrar libremente siempre que quiera sin dar explicaciones a nadie?- preguntó con una ceja alzada.

- No, bueno, supongo – contestó el pelirrojo tímidamente – Perdona, es que me asustaste.

- ¿Tan feo estoy por las mañanas? ¿O es que estabas haciendo algo que no querías que viera?

Su amigo se sonrojó hasta la raíz del pelo, pero no lo negó.

- Ron, creo que tenemos que hablar.

-¿Sobre qué? – preguntó inocentemente.

Todavía no había perdido la esperanza de que Harry no se hubiera enterado de nada.

- ¿Qué tal sobre el hecho de que traigas a Hermione a dormir o Merlín-sabe-qué a nuestra habitación?

Mierda, Harry sí lo sabía. En un minuto su cara se tornó de todos los colores posibles.

- Olvidasteis hechizar las cortinas. Por la mañana quise despertarte para el entrenamiento.

Los ojos de Ron se abrieron al comprender qué imagen habría visto su amigo exactamente.

- Oh.

Los dos chicos se miraron de reojo, dejándose envolver por un silencio incómodo.

- Harry, tengo algo que contarte.

- ¿Siii? – preguntó el moreno abriendo mucho los ojos, fingiéndose sorprendido.

- Hermione y yo…definitivamente…estamos saliendo. O algo así.

- ¿No me digas?- siguió Harry sin abandonar el tono sarcástico.

- ¿Te…. molesta?

El chico pareció meditarlo durante unos instantes, poniendo a su amigo más nervioso de lo que ya estaba.

- Lo que me molesta es que no me lo hayáis dicho. Aunque supongo que tendríais vuestras razones.

Ron le miró, dudando aún hasta qué punto su amigo desaprobaba aquello.

- Pero me alegro mucho de que estéis saliendo juntos. Por fin – añadió esto último poniendo los ojos en blanco mientras le daba palmaditas en el brazo a su amigo.

El pelirrojo nuevamente volvió la vista hacia otro lado.

- El caso es… que técnicamente… ella está saliendo con Krum.

Harry lo miró, esta vez realmente sorprendido.

- Ahora si que estoy perdido.

- Es una historia complicada.

Harry miró el reloj de su muñeca, el que los Weasley le habían regalado por su cumpleaños, y sonrió a su amigo.

- He retrasado la hora del entrenamiento de Quidditch. Tenemos dos largas horas libres por delante. ¿Crees que será suficiente?


Al día siguiente era domingo y Harry estaba disfrutando de su momento favorito de la semana: cuando remoloneaba en la cama a pesar de estar despierto, sabiendo que no tenía nada que hacer en toda la mañana. Bueno, quizá la montaña de deberes que le habían puesto para el fin de semana, pero ya pensaría en eso después de comer.

La habitación estaba en silencio y supuso que todos los demás habrían bajado a desayunar. Todos quizá menos Ron, que era el único que también se quedaba en la cama casi hasta la hora de comer. Aunque era raro no escuchar sus ronquidos. En cualquier caso no iba a molestarse en comprobarlo.

En un determinado momento, cuando Harry estaba en el limbo entre el sueño y la vigilia, unos fuertes golpes en la puerta lo sobresaltaron. Oyó una voz femenina gritar su nombre y, pensando que Hermione venía a buscarlo por alguna urgencia, saltó de la cama y abrió la puerta de la habitación de golpe.

Se quedó petrificado al ver en el umbral a Lavender y Parvati, que lo miraban sorprendidas y con extrañas sonrisitas en los labios.

- Vaya, Harry, veo que vinimos en… mal momento.

Lavender dijo esto con una voz extraña que no parecía la suya y los ojos brillantes. Fue en ese momento cuando Harry se dio cuenta de que había abierto la puerta vestido sólo con unos bóxer.

Intentó no darle importancia, aunque se sintió repentinamente incómodo.

- ¿Y bien? ¿Qué queríais?

- Es que estamos preocupadas por Hermione – le dijo Parvati al ombligo de Harry - Creemos que puede estar… enferma.

- ¿Enferma? ¿Por qué? – dijo el chico repentinamente asustado.

- Verás – Lavender se mordió el labio antes de seguir la frase – Cuando llegamos ayer a la habitación ya estaba acostada y tenía las cortinas corridas, lo cual no suele hacer.

- Si, siempre se queda estudiando hasta la madrugada.

- Y luego se pasó toda la noche haciendo ruidos raros, como quejidos o… gemidos.

- Ajá. Gemidos – dijo el moreno, que empezaba a sospechar que su amiga no estaba en absoluto enferma.

- Sí, y a ratos la voz se le volvía muy ronca.

- Y ahora por la mañana quisimos despertarla, pero no nos oye y no fuimos capaces de abrir las cortinas del dosel. Están como hechizadas - Parvati fijó la mirada unos centímetros más abajo del ombligo del chico, momento en que Harry decidió que mejor se ponía algo de ropa encima.

- ¿No podrías ir a echar un vistazo? Estamos preocupadas – dijo Lavender, aunque parecía mas preocupada de ver cómo funcionaba la cremallera de los pantalones del moreno que por Hermione.

Harry maldijo para sus adentros a sus amigos y accedió a subir a la habitación de las chicas. Hacía tiempo que habían aprendido un truco para desencantar las escaleras durante 10 segundos, el tiempo suficiente para subir por ellas antes de que se convirtieran en una rampa deslizante.

- ¿Os importaría esperar abajo? – les dijo a las dos chicas, que parecían decididas a seguirle – Hay más probabilidades de que Hermione me diga lo que le pasa si voy solo.

Parvati y Lavender accedieron de mala gana y Harry entró en el cuarto, cerrando la puerta tras de si. Quería mucho a Ron y a Hermione, pero en momentos como aquel le entraban ganas de matarlos.

Se acercó a la cama de Hermione y susurró su nombre. Al no obtener respuesta fue subiendo la voz, alternando el nombre de la chica y el de Ron. Finalmente se puso de espaldas a la cama – con verlo una vez había tenido suficiente – y susurró el contrahechizo para desbloquear las cortinas. Oyó el sonido de la tela al moverse y…

- ¡Harry! ¿Qué haces?

La voz de Ron sonaba sorprendida. Harry oyó que ambos se removían nerviosos a su espalda, probablemente buscando la ropa.

- Ya puedes…bueno, darte la vuelta.

El moreno se giró y escrutó a sus dos amigos, que en ese momento parecían más dos tomates que personas humanas.

- Resulta que sois tan inútiles que habéis formulado mal el hechizo silenciador – dijo el chico, mirándoles con una ceja alzada – Vosotros no oíais lo de fuera pero los de fuera sí os oían a vosotros.

Ambos se pusieron más rojos si aquello era posible.

- Pero entonces…alguien…

- Lavender y Parvati vinieron a buscarme a la habitación. Creedme si os digo que no tenía ninguna intención de veros así. Otra vez.

Hermione miró interrogativamente a Ron. Éste le había contado que Harry sabía lo suyo pero le había evitado la vergüenza de saber que los había pillado en la cama, desnudos. El pelirrojo, por su parte, parecía más preocupado por lo que su amigo estaba diciendo.

- Entonces ellas… ellas…

- Creyeron que Hermione estaba enferma. Dicen que se pasó toda la noche "gimiendo" – hizo hincapié en esta última palabra – Supongo que tienes suerte de ser un ratón de biblioteca y de que no te crean capaz de hacer…otras cosas.

La chica miró hacia otro lado. Seguía demasiado avergonzada de que su amigo supiera lo que hacían por las noches como para decir nada.

- A ver si os cortáis un poco. Ya me estoy cansando de inventarme historias para justificar que os levantéis en la cama equivocada.

- Perdona, colega. No podemos controlarlo – dijo Ron, ganándose una colleja de su novia.

- ¿Que no podéis…? ¿Qué sois, monos en celo? Y en cualquier caso, podéis ir a la Sala de los Menesteres. Toma, anda – dando por hecho que no iban a sacar nada en claro de aquella discusión, sacó la capa de invisibilidad de debajo de su sudadera y se la tendió a Ron – Parvati y Lavender están esperando abajo para saber qué pasa.

Al atardecer, todas las chicas de Gryffindor sabían ya, debidamente informadas por Lavender Brown y Parvati Patil, lo que antes sospechaban: que Harry Potter tenía el cuerpo tan ejercitado por el Quidditch que se podían estudiar uno por uno todos los músculos del cuerpo humano sólo con verle desnudo. Lo que Lavender y Parvati no pudieron explicar fue por qué Ginny Weasley se sonrojó cuando se lo dijeron y, murmurando una disculpa, salió corriendo de la sala común.


Ron estuvo de tan buen humor el resto de la semana que se olvidó completamente de que Hermione no era aún exclusivamente suya. Por eso no le sentó demasiado bien ver que Krum se le acercara con demasiada confianza cuando salieron de la clase de Herbología el miércoles. Más bien sintió un irresistible impulso de arrancar un árbol y estrellarlo en la cabeza del búlgaro. Harry, con muy buen criterio, lo cogió del brazo y lo arrastró disimuladamente alejándolo de la pareja.

- Déjala – le dijo su amigo por lo bajo – es mayorcita y sabe cuidarse sola.

- Pero…- Ron no parecía muy convencido.

- Déjala – repitió el moreno – Confía en ella.

Ron puso cara de pocos amigos pero no añadió nada más. En el fondo sabía que Harry tenía razón: debía confiar en Hermione si no quería perderla por enésima vez.

- Confío en ella – dijo con aspecto derrotado y apretando los puños – En quien no confío es en ese…ese…búlgaro hipócrita malnacido de…

Harry suspiró y no añadió nada más pero siguió arrastrando a Ron hacia el castillo. Sabía que en el fondo no podría razonar con él, así que lo único que le quedaba era hacer lo que estuviera en su mano para evitar que alguien saliera lesionado. Y viendo las dimensiones de Krum, ese alguien seguramente iba a ser Ron.

Se metieron en el castillo y Harry echó un último vistazo disimulado a Hermione y Krum. Gracias a Merlín Ron no había visto ese beso.


Ron nunca se había fijado en que Hermione fuera importante para mucha gente del colegio. Nunca…hasta este momento. Cada vez que intentaba quedarse a solas con ella alguien aparecía para hacerle una consulta, pedirle un consejo o comentar una noticia de El Profeta. Si no era Hanna para contarle las novedades de su incipiente relación con Justin, Neville le pedía que le explicara por enésima vez el hechizo evanescente o McGonagall la llamaba a su despacho para comentarle los cambios que iba a hacer en la normativa de la casa. Y por si todo aquello fuera poco, aquel desgraciado de Krum estaba poniendo realmente a prueba su paciencia. Aprovechaba cualquier momento para acercarse a Hermione y pegársele como una lapa. Afortunadamente Harry siempre andaba cerca y antes de que a Ron le diera tiempo a abrir la boca para protestar, su amigo ya se lo había llevado casi en volandas hasta una distancia de seguridad para que no montara el espectáculo.

Pero Ron sabía que no tardaría en llegar el día en que a Harry le faltarían brazos para sujetarlo si seguía tomándose tantas confianzas con su novia-no-oficial de aquella forma.

- Deberías dejarme decirle un par de cosas a ese idiota – refunfuñó por enésima vez aquella tarde, mientras él y Harry se peleaban con la redacción de 60 cm que McGonagall les había puesto de deberes. Bueno, para ser exactos, Harry se peleaba con la redacción y el pelirrojo vigilaba por la ventana que a Krum no se le fuese la mano ni ninguna otra parte de su anatomía, mientras paseaba con Hermione.

- Quizá te dejara si no fuera porque me temo que tus puños iban a ser más rápidos que tus palabras – dijo su amigo con muy buen criterio. A veces a Ron le reventaba que Harry le conociera tan bien.

- De todas formas, si fuera así se lo merece- dijo refunfuñando – por gilipollas y por llenar de babas a mi novia.

- Técnicamente es SU novia, no la tuya.

Ron le dedicó una lánguida mirada que parecía decir "¿tú de parte de quien estás?"

- Eso son detalles gramaticales sin importancia – dijo finalmente regresando la mirada a los jardines. Por un instante se sobresaltó al no ver a la pareja, pero pronto volvió a tenerlos a la vista al abandonar una zona especialmente frondosa – Su novia, mi novia… ¿Qué mas da? Lo importante es que ella me quiere a mi. Me lo ha dicho ¿sabes? – dijo enfurruñado como un niño pequeño.

Harry lo miró, fingiendo asombro.

- ¡Noooo! – dijo exagerando la "o" final - ¿En serio? No me había enterado las otras 134 veces que me lo dijiste.

Ron volvió a mirarlo con el entrecejo fruncido, considerando si empezar a practicar derechazos con su amigo. Harry podía pensar lo que quisiera, pero él tenía todo el derecho del mundo a estar malhumorado. Aunque en el fondo, muy en el fondo, sabía que si las cosas seguían así algo tenía que salir mal. Como una goma elástica que se estira demasiado, aquello tenía que romper antes o después.


Y se rompió. Fue tan repentino e inesperado que casi ninguno de los implicados se dio cuenta. Ron llevaba varios días inexplicablemente tranquilo, quizá porque aquella semana no les habían puesto tantos deberes y los encuentros con Hermione en la Sala de los Menesteres habían sido regulares. O puede que fuera porque Víktor "había tenido que irse por una urgencia relacionada con la salud de su padre" a Bulgaria. Sea como fuere, aquella semana Harry había tenido muy poco trabajo conteniendo a su amigo y había vuelto a centrarse en sus propios problemas: apenas había visto a Ginny desde que habían vuelto al colegio y parecía que ella volvía a estar demasiado unida a Michael Corner. El moreno empezó a buscar el momento de encontrarse a solas con ella para evaluar cómo se sentían y si lo que había ocurrido entre ellos durante las vacaciones en la Madriguera había significado algo para ella – era evidente que para él sí - , pero parecía que ese momento nunca llegaba. Y no era un tema adecuado para discutir con Ron en los escasos momentos que pasaban juntos, así que Harry se lo tenía que guardar para él todo el tiempo.

Cuando aquella mañana de sábado cogieron la capa invisible y se deslizaron por uno de los pasadizos secretos a Hogsmeade que los Merodeadores habían descubierto veinticinco años atrás, nada hacía presagiar la tormenta que se avecinaba. Ron quería ir al pueblo a comprarle "algo especial" a Hermione, algo que pudiera llevar siempre con ella y le recordara que él estaba ahí para ella en los momentos en que no podían estar juntos. Harry sospechaba que tenía más que ver con una "marca de territorio", pero el pelirrojo se mostró muy ofendido cuando se atrevió a insinuarlo. Así que finalmente aceptó acompañarlo y a las 11 de la mañana ambos estaban sentados en las Tres escobas, con sendas cervezas de mantequilla mientras discutían a qué tienda irían primero para mirar el regalo de Hermione.

- Podría regalarle una pulsera, a juego con los pendientes o… ¿Crees que será demasiado poco original?

- Lo que creo es que ya deberías tener una idea de lo que le quieres regalar antes de hacerme venir aquí.

- Cuando te pones borde, eres de lo más desagradable, tio.

Harry suspiró. Si algo había descubierto aquellas últimas semanas en que se había convertido en una especie de intermediario de la relación entre sus amigos, era que Ron estaba aún menos receptivo de lo normal cuando se trataba de Hermione. Asi que de nada le iba a servir discutir con él.

Después de recorrer medio pueblo y de entrar en todo tipo de tiendas – Ron había desistido de entrar en una pequeña boutique de lencería femenina al ver la cara que había puesto su amigo – finalmente encontró el regalo perfecto en una tienda de antiguedades. Era una fina cadena de oro envejecido y un colgante de lapislázuli con la forma de una mariposa. El pelirrojo salió de la tienda con una gran sonrisa de satisfacción: era muy adecuado para Hermione y además ella sabría apreciar la ironía del regalo.

Iba a comentarle algo a su amigo al respecto cuando algo le hizo frenar en seco: tres chicos muy corpulentos estaban saliendo de Cabeza de Puerco. Uno de ellos parecía estar contando un chiste, gesticulando exageradamente mientras sus dos compañeros reían a carcajadas. Harry carraspeó a su lado, mientras miraba en la misma dirección.

- Pensé que estaba en Bulgaria.

Ron no contestó. Estaba apretando con tanta fuerza los puños que la cajita del regalo se le empezó a clavar en la palma de la mano.

- Bueno, quizá haya adelantado el viaje de vuelta por… Bueno, no sé.

- Quizá.

Hicieron el resto del camino a Hogwarts en absoluto silencio. Harry sabía cuándo no era un buen momento para hablarle a su amigo y aquel era un buen ejemplo. Sólo cuando llegaron a la entrada de Gryffindor y vio a Ron resoplar delante del retrato sin decidirse a entrar, se atrevió a preguntar:

- ¿Piensas… bueno… ya sabes…decírselo? – dijo con cautela.

- No puedo permitir que la engañen.

- Claro- asintió el moreno no muy convencido.

- Es por su bien.

- Está bien, si es lo que tú crees.

Ron pareció meditarlo durante medio minuto.

- Es lo que creo – dijo finalmente antes de susurrarle la contraseña a la señora gorda y desaparecer por el hueco del retrato.

Y lo dijo tan con un convencimiento tan aplastante que nadie hubiera dicho que en su interior se gestaba una batalla épica.


Hola a todas/os. Después de tantos meses no tengo muy claro si alguien sigue pendiente del fic o no... La verdad es que lo entiendo:) Muchas os habéis preocupado por mi desaparición del mapa, y fuisteis encantadoras con vuestros mensajes de apoyo. La verdad es que tardé en recuperar el ánimo bastante mas de lo que pensaba y mucho más la inspiración. Por todo eso y mas, mil gracias:)

Este capítulo es más que nada una transición, una forma de decir que a) sigo viva y b) no voy a dejar el fic inacabado. En el próximo capítulo van a pasar más cosas, y salvo contratiempo (ya no me atrevo a asegurar nada) lo colgaré a finales de semana. Y gracias a los que habéis seguido mandando reviews y os habéis enganchado al fic pese a que estaba parado.

Como siempre, iré contestando personalmente a vuestros rr. Mil perdones por el cuelgue y gracias otra vez:)