Disclaimer: Desde lo más oscuro de nuestras mentes hemos traído a Ted Lupin, un metamorfago, porque él merece ser protagonista de su propia historia. El mundo de HP y los personajes pertenecen a JK Rowling.

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LUPIN VS LUPIN

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The Darkness Princess & Lady Muerte

*º*º*º

Accidente en el tiempo.

Era una tarde de finales del verano. Un joven de melena castaña dorada —desordenada, como todo chico de su edad—, de mirada ámbar y labios rosados, los cuales esbozan una sonrisa amable y traviesa. Su cuerpo era delgado y fibroso, de extremidades largas. Realmente se podía considerar un chico atractivo, aunque vamos él podía cambiar su apariencia a su antojo, beneficio sin duda de ser un metamorfago, pero su mejor cualidad era ser hijo de Remus Lupin y Nymphadora Tonks.

En ese instante no se hallaba de muy buen humor, se encontraba vociferando por lo bajo, ya que no le agradaba ser niñero de pubertos, él tenía mejores cosas que hacer que eso, pero esto lo hacia por su padrino que siempre lo procuraba.

Se levantó del sillón en el que se encontraba en busca de los «niños» que cuidaba, caminó hasta la puerta de la casa que daba al gran terreno, salió observando como James y Albus, jugaban Quidditch, divirtiéndose.

—Ted… vamos, ven a jugar nosotros —invitó Albus.

—Sí, no seas aburrido —agregó James con una gran sonrisa.

—No, tengo que ver dónde esta tu hermana, ¿no la han visto o si? —cuestionó Ted, con un rictus de preocupación marcado en su rostro.

—No —respondió Albus, sin darle mayor importancia.

—Mira quién viene ahí… —señaló James pícaramente, al ver una figura de una chica que podía pasar por una veela.

Lupin dirigió su vista hacia el lugar, observando a la hermosa rubia que le sonreía, le devolvió la sonrisa, esperando que ella llegara hasta él.

—Hola amor, ¿qué pasa? —saludó rozando suavemente sus labios, mientras se escuchaban burlas de parte de los chicos Potter—, en tu mensaje decías que estabas muerto de aburrimiento —agregó divertida.

—Ven… vamos adentro, si no estos niños no nos van a dejar en paz —exclamó, cediéndole el paso a su novia.

Ya dentro la instó a sentarse en el sillón, cuidando todo el tiempo de que estuviera cómoda.

—Entonces…

—Digamos que estoy cuidando a los «niños» —respondió sentándose a su lado, mientras pasaba su brazo por los hombros de la rubia.

—¿Niños? ¿En serio? ¿James y Albus? —preguntó, sin poder evitar soltarse a reír.

—Lo sé —repuso, pasando su mano por su cabellera removiéndola con exasperación al tiempo que cambiaba a un azul chispeante—. En realidad estoy aquí para evitar que se metan en líos, pero no han hecho nada que sacuda el mundo mágico... realmente estaba muriéndome aquí.

Victoire soltó una risa. —En esa categoría sólo entra Lily, pero no se lo digas o se molestara —murmuró con una sonrisita—. Ahora entiendo porqué me enviaste la nota, para no aburrirte —mencionó risueña, apoyándose en el torso de él.

—Pues en realidad sí, pero también quería estar contigo —comentó, acercando su rostro al de ella, estaba a punto de besarla, cuando recordó que no había visto desde hace un buen rato a la menor de los Potter—. ¡Rayos! Sólo será un minuto, tengo que buscar a Lily —Se levantó dejando a su novia sorprendida y esperando por sus labios—. No olvides dónde nos quedamos —agregó saliendo la habitación jurando que jamás volvería a ser niñero.

—Interrumpen mis momentos de esparcimiento —susurró entrando y saliendo de las habitaciones de la casa, sin encontrar aún a la pequeña pelirroja.

*º*º*º

En lo más recóndito de la casa, más específicamente en el sótano, una hermosa pelirroja, de escasos dieciséis años, se encontraba triste, ya que sabía que últimamente sus padres ya no se entendían del todo.

Ese verano había sido muy diferente al de los años anteriores, no es que sus padres se pelearan constantemente, ni que hubiese violencia, simplemente se ignoraban, seguían sus vidas como si nada estuviera pasando; fingían estar bien por ella y sus hermanos. Ahora su padre pasaba más tiempo en el Ministerio que en casa y su mamá pasaba más tiempo en casa de algunas de su tías o en partidos, viajando... haciendo artículos.

—Al menos hoy salieron juntos.

Respiró profundamente, dejando escapar un suspiro, mientras abría algunas cajas extrañas que habían traído de la Madriguera, que pertenecían a sus abuelos y otros tantos objetos que habían traído de la Orden. La casa de los Black, estaba siendo sometida a unos arreglos, por eso todo había ido a parar ahí. La razón por la que estaba ahí, era porque quería encontrar algunas cosas que habían pertenecido a sus padres, siguió removiendo objetos hasta que halló un álbum de fotos de sus vacaciones pasadas, suspiró observando las imágenes en movimiento, tantos buenos momentos.

—¿Acaso el amor no es para siempre? —cuestionó melancólica—. Sí, es como en la escuela, la mayoría de mi edad piensan… en chicos, besos, relaciones. Incluso Rose piensa en alguien del que no estoy segura que mis tíos aprueben —manifestó sentándose en una caja, observando los objetos de otra.

—Bueno y mis padres ahora están… extraños, eso era lo último que faltaba, y yo… no es que no me guste alguien, ¡pero es tan difícil! ¡Los hombres son difíciles! —resopló, encontrando un extraño espejo con inscripciones de lo que parecían ser runas antiguas grabadas alrededor. Observó su reflejo, notando su depresiva expresión.

—Si tan sólo pudiera viajar al pasado y arreglar todo esto —murmuró, sabiendo que era imposible—. Me gustaría ir al momento en que eran felices —declaró pensando en cuando su mamá le había dicho que había comenzado a salir con su padre—, como cuando todo comenzó.

Justo en ese momento escuchó como la puerta de la habitación se abría dejando pasar la voz de Teddy, llamándola.

—Aquí estoy —gritó aún mirándose en el espejo, del cual salió de la nada una luz que iluminó toda la habitación.

*º*º*º

Ted abrió la puerta del sótano creyendo que era poco probable que la chica estuviera ahí, pero sin embargo gritó su nombre. —¡Lily!

Al escuchar la respuesta bajó los escalones, cuando una luz lo cegó, pasaron varios minutos sin que pudiera ver la figura de la joven. —¡Qué demonios es esto!

—¡Teddy ayúdame! —pidió, sintiendo que el espejo la jalaba.

Saltó los escalones que le faltaban y corrió a tomar la mano de Lily, mientras observaba como un remolino de viento se había creado alrededor del cuarto, levantando todo a su paso...

—¡¿Qué diablos pasó?!

—¡Sólo ayúdame! —suplicó en un grito desesperado, mientras se aferraba a su mano.

*º*º*º

En otra parte de la casa Victoire estaba cansada de esperar a su novio, así que comenzó a buscarlo por el lugar, hasta que escuchó un estruendoso sonido, que provenía del piso inferior, caminó hasta encontrar el lugar. Al abrir la puerta se encontró con el alboroto que existía, se retiró el cabello que ahora estaba en su cara por las ráfagas de aire, bajó apresurada encontrando a Ted aferrado a lo que parecía ser la mano de alguien.

—¡Teddy! ¿Qué pasa?!

—¡No lo sé! ¡Sal de aquí y avísale a alguien!

En ese momento la mano que se mantenía unida a la suya se soltó. —¡Rayos!... ¡en seguida vuelvo! —dijo para después dejar que el espejo lo succionara con eso todo el escándalo terminó y el espejo cayó al suelo estrellándose.

—¡Teddy! —gritó asustada, aferrándose al barandal.

Bajó corriendo observando el espejo por donde había desaparecido, hincándose frente a él, consternada trató de explicarse qué había pasado.

*º*º*º

En un torbellino de imágenes, de colores y sonidos extraños, Teddy trataba de mantener su cuerpo sin moverse, pero parecía no haber gravedad, observó todo en busca de Lily, pero no había señales de ella y él parecía estar en un túnel sin fin, simplemente cayendo.

Observó su reloj notando que estaba parado como si se le hubiera acabado la pila, desesperado por no saber que pasaba, gritaba, pero su voz no se escuchaba; hasta que terminó de caer, estrellándose en pleno pavimento.

—¡Eso dolió! —manifestó sobándose cierta parte de su cuerpo, mientras miraba el lugar confundido, parecía estar en lo que era Grimmauld Place y era de noche, lo cuál indicaba que no estaba bien, ya que él recordaba que en donde estaban era de tarde y no podía haber anochecido tan rápido.

Se levantó de inmediato buscando a la pequeña, esperaba que estuviera cerca de donde él había caído, corrió por la vacías calles, iluminadas solamente por las opacas luces de las lámparas, pero no había ni una sola señal de Lily.

—¡Me van a matar! ¡Harry me va a matar! ¡No puedo creer que una tarea que parecía fácil ahora se haya vuelto pesadilla!… ¡Si no vuelvo con esa niña me doy por muerto! —manifestó desesperado sin encontrarla, mientras por su mente pasaban todas las muertes que podría tener, a manos de Harry o de Ginevra.

Hasta que en la vuelta de una calle, ya cansado se recargó en una pared queriendo recuperar su aliento.

—¡Estoy muerto! ¡Sí, ectivamente estoy muerto! —exclamó mirando hacia el cielo estrellado, cerró sus ojos fuertemente, inhalando aire. Frustrado por la situación, se giró y estrelló su puño contra la pared—. Genial, te encargan los niños y pierdes a uno… eres un idiota, Ted —espetó sintiendo una punzada de dolor.

Respiró profundamente una, dos… tres veces y se encaminó para seguir buscando a la pequeña, agudizando su mirada.

«Debo salir lo antes posible de esta dimensión, lugar o lo que sea, debo estar para el anochecer o Harry me matara.»

Observó su reloj, notando que ahora funcionaba, marcaba las 5:30 pm, detalle que comprobaba su teoría de que no se encontraba en casa.

Caminó varias calles más cuando cerca de un parque observó a dos figuras sentadas en una banca, iluminadas por un tenue luz, se acercó pensando en que podía pedirles ayuda, pero en cuanto más se acercaba, más se percataba de que era la chica que busca, lo cual le causó una descarga de alivió por todo su cuerpo.

Al estar a metros de ellas, se quedó pasmado, como si estuviera petrificado, al reconocer a la mujer al lado de Lily, sintió un estremecimiento en todo el cuerpo, mientras que en la base de su estómago explotaba una bomba de emociones, su corazón había entrado en una taquicardia.

—¿Mamá? —susurró mientras unas gotas cristalinas inundaban sus ojos, nublando la visión frente a él.

La miró sonreírle tierna y divertida a Lily, era tal y como se la habían descrito. Las imágenes que había visto no se comparaban con lo que era la chica que tenía enfrente, con su cabello lacio y rosa como un chicle, con vestimenta original, pero tan joven como él, lo que no presagiaba nada bueno.

Lily volteó encontrándolo ahí como idiota. Al instante Tonks siguió la misma dirección con sus ojos, observado a un joven castaño, al toparse con el mar dorado de su mirada, sintió una extraña conexión.

—¡Teddy! —prorrumpió la pequeña Potter, abalanzándose sobre él, lo cual hizo que rompieran el contacto— ¿Dónde estabas?, pensé que…

—¿Estás bien? —cuestionó, separando un poco la pequeña de él, para verla.

—Sí… ¿qué fue lo qué pasó? —preguntó aún sin entender qué hacían ahí.

—Eso es lo que quiero saber —aseveró confundido.

Nymphadora se levantó de la banca, caminando hacia ellos, esbozando una linda sonrisa. —Debes de conocerla, la encontré perdida —profirió al llegar a su lado, estudiándolo. A sus ojos era bastante atractivo, incluso podía decirse que le daba un aire a Remus.

«Pero, ¿qué tontería estoy pensando?».

Ted no lo podía creer su madre estaba hablándole, no recordaba cuántas veces había soñado eso. Su voz era tan perfecta, cuando aún era bebé estaba seguro de haberla escuchado antes de que ella muriera, pero ahí estaba. Viva, frente a él. ¡Esto era mejor que un sueño!

—Teddy, ¿estás bien? —cuestionó Lily al verlo quedarse mudo.

—Sí, sí —respondió saliendo de su ensueño, para después contestarle a su madre—. Sí, la conozco, de hecho la estoy cuidando. —La vio sonreírle, logrando que incluso su aliento se cortara.

—Ah ya veo, pues creo que eres algo distraído ya que la perdiste… bueno yo soy igual —comentó risueña.

—Pero yo no necesito que me cuiden —aseguró, notando la extraña conexión entre ellos, lo cual no le agradaba mucho, ya que nunca lo había visto así, ni siquiera con su prima.

—Soy Nymphadora Tonks. —Se presentó, extendiéndole su mano.

Lupin miraba frente a él la mano de su madre y temeroso alzó la suya, sintiendo una extraña ansiedad por estrecharla con la mujer a la que más había soñado, anhelado, querido.

Por fin entró el valor para tocarla. Tonks sintió una extraña sensación, que no podía explicar, no era lo que le pasaba con Remus, pero era algo cálido que la llenaba de felicidad.

Teddy experimentó una calma y una ternura que nunca antes. —Yo… yo… soy… Ted —calló sin saber si decir su nombre, esto era muy raro y no creía que fuera buena idea decir: «hey soy tu hijo». Al mirarla podía darse cuenta que ni siquiera estaba en planes.

Lily lo miraba extrañada, él jamás se había comportado así. Además, ¿por qué no decía su nombre completo?

—Mucho gusto —exclamó animada—, pero mejor dime sólo Tonks… nunca me digas Nymphadora. No sé qué pensaba mi madre al ponerme ese nombre, siempre se lo pregunto. En fin sólo Tonks —agregó divertida, retirando su mano, tratando de ocultar lo que le pasaba con él, la estaba comenzando a poner nerviosa.

Él sonrió al escuchar eso, su abuela siempre le contaba esa historia, como su hija replicaba cada vez que oía su nombre completo.

—¿Sabes? Ted es el diminuto de Edward, tu nombre es igual al de mi padre —divulgó sonriéndole.

Lily tosió creyendo que ya era hora de hacer notar nuevamente su existencia. Ted la miró observando su fulminante mirada.

—Yo soy Lily Luna… —Estaba a punto de terminar de decir su nombre cuando él intervino.

—Lambert —completó nervioso, impidiéndole terminar, mientras esta lo miraba con los ojos muy abiertos y él le respondía con una mirada de «silencio»—. Pensé que ya se habían presentado —agregó tratando de averiguar si no había dicho nada peligroso para ese tiempo.

—No, no había tenido oportunidad de preguntarle su nombre, cuando la encontré estaba totalmente confundida.

—Sí, así es.

—Ustedes son... ¿hermanos?, ¿amigos?, ¿novios? —cuestionó divertida de la cara que ambos ponían, notando los sonrojos furiosos en sus rostros.

—¡Noooo! —replicaron al unísono los dos, mirándose sonrojados entre si.

—Ok, tranquilos.

—Sí eh… como dije, yo la estaba cuidando, soy su… tutor —expresó pensando una respuesta rápida. Lily lo miraba cada vez más extrañada. «¿Qué le pasa a Teddy? ¿Acaso se volvió loco? ¿Por qué dice esas cosas? ¿Se habrá golpeado la cabeza?».

—Ya veo —mencionó observando la mano de Teddy mostraba una leve herida—. ¿Qué te pasó? —interrogó apresurada, tomándole nuevamente la mano, analizando la herida, mientras un sonrojo fulminante aparecía en el rostro de él.

Su madre preocupada por una herida, era una imagen que hubiera querido recordar y vivir cuando era niño. ¿Cuántas veces tropezó y se levantó sin que ella estuviera ahí?, ¿y cuántas más deseo sentir sus brazos estrechándolo? Le había hecho tanta falta y aún ahora que ya era mayor.

—Creo que no es nada grave, vengan los llevare conmigo para curar esa herida —anunció soltando su mano y comenzando a caminar.

Teddy la observó por un minuto, para después ponerse de cuclillas al nivel de la pequeña Potter. —Lily, no se cómo explicarte esto, pero esa chica, por muy raro e imposible que suene… es mi madre. No se cómo no la reconociste… y esto esta muy mal, porque quiere decir que estamos en el pasado, por lo cual no podemos decir quiénes somos en realidad o podría ser catastrófico, así que no digas nada que pueda empeorar la situación —pidió encarecidamente, notando como la sorpresa se expandía por las facciones tiernas de la pequeña Potter.

«¿Cómo no me di cuenta qué era su madre?... ¡Soy una tonta!».

—Teddy… tengo miedo —murmuró cayendo en cuenta de lo que eso significaba.

—Lo sé, yo también… pero te prometo que buscare una solución. Por ahora sólo sígueme la corriente —exclamó, observando como ella asentía con su cabeza y lo abrazaba con fuerza.

Nymphadora que caminaba llena de sensaciones extrañas y pensamientos aún más raros. De repente notó que ellos no la seguían, volteó y los vio abrazados. — ¿Vienen?

Ambos afirmaron, caminando detrás de ella. Lily ahora comprendía todo a la perfección, al menos ya no pondría cara de interrogación.

Al llegar les pidió que imaginaran una casa, los dos se miraron sabiendo a lo que se refería, aunque realmente ellos ya la podían ver, porque sabían que estaba ahí y no era más que la casa de Sirius Black.

—Vengan… no teman, no los voy a secuestrar, ni nada de eso —manifestó invitándolos a pasar. Al entrar notaron como casi nada había cambiado, los guió hasta la sala—. Siéntense, voy por algunas cosas para curarte y claro algo de comer, porque parece que no lo han hecho —anunció sonriente, con eso salió de la habitación.

—Teddy, me alegro por ti… ella es muy linda, tiene muchos gestos tuyos o más bien tú de ella. Me entiendes, ¿no? —musitó con una sonrisa. Merlin, ¿justo ahora tenía que ser un desastre con las palabras?

—Sí… —afirmó abrumado por todo, por una parte se sentía feliz, pero por otra temeroso, ya que sabía que estar en otro tiempo, les podría causar muchos problemas. Ni siquiera sabía cómo regresar, ni qué hacer.

Poco después ella volvió con una bandeja, les sonrió caminando lentamente para que no pasara un accidente, de los que ella solía vivir muy seguido, cuando tropezó, él se levantó impidiendo que cayera.

—¡Ufff! Casi… estuvo cerca, gracias —prorrumpió apenada.

—No fue nada —respondió sonriéndole—, a todos nos pasa.

—Sí —corroboró Lily, tomando la bandeja y colocándola en la mesa de centro.

—Seguro no tan seguido como a mi —mencionó risueña—. Les traje un poco de té, leche, café y claro una deliciosas galletas, preparadas por Molly —divulgó tomando una—. Seguramente no la conocen, pero cocina del uno. Excelente.

Al escuchar el nombre, la pelirroja sonrió pues se trataba de su abuela. Tomó una con singular alegría.

—Veamos, dame tu mano —pidió Dora, sentándose al lado de su hijo.

Él dudó, pero después aceptó, disfrutando de sentir el roce de las manos de su madre. Así como de ser curado por ella, esto era algo que jamás quería olvidar.

Tonks esparció delicadamente el ungüento en la mano de Ted, sintiendo nuevamente esa sensación cálida invadir su cuerpo. Estaba en eso cuando una persona entró al lugar topándose con esa escena, la cual en primer instancia lo sorprendió, para después llenarlo de un extraño sentimiento de rabia, de celos que no podía manifestar, que no debía sentir, que él mismo reprimía por sus prejuicios.

Lily lo miró con la galleta justo en sus labios, quedándose muda, al parecer ese debía ser el padre de Teddy.

Tonks y Ted, voltearon al escuchar entrar a alguien. Ambos permanecieron callados y sorprendidos de ser atrapados así, pero no es que fuera malo, ¿o si?

—Remus… —pronunció Nym, retirando su mano de la del chico.

—Buenas noches, ¿interrumpo? —cuestionó serio, clavando sus pupilas en las del desconocido.

—No, claro que no —comentó hábilmente Lily—, al contrario creo que nosotros somos los que salimos sobrando.

Ted no podía creer que el hombre que tenía enfrente era su padre, nuevamente una gama de sensaciones se apoderaron de él, pero la mirada que le estaba propinando el licántropo, juraría que para nada era una que le dedicara un padre a su hijo. Sintió como su madre se tensaba soltando su mano.

—Remus… ellos… bueno… son… —trató de explicar, no sabía ni siquiera por qué estaba nerviosa. Sólo tenía que decir que los encontró, quizás se sentía culpable de sentir sensaciones extrañas por el chico que acababa de conocer.

Teddy al notar el nerviosismo de su madre, se levantó valiente, lo que menos quería es causar problemas. Al parecer aún en ese tiempo sus padres no eran pareja, lo cual era preocupante para su existencia.

—Soy Ted Rosier —Se presentó, escogiendo el apellido materno de su abuela—. Ella es Lily Lambert. Discúlpenos, no debimos aceptar venir —manifestó no muy confiado en lo que decía, pero esto lo hacia por el bien de todos.

Remus miró fijamente a Ted, analizándolo, había algo en él que no podía explicarse, esto le provocaba desconfianza y ese sentimiento se acrecentó al verlo al lado de Dora. Al dirigir su vista a la pequeña pelirroja que lo miraba expectante, notó un cierto parecido con la hija de Molly, pero más a... no, no podía ser. Tan sólo era una casualidad que tuviera un aire a su amiga Lily, probablemente todo era por su cabello rojo.

—No se preocupen… soy Remus Lupín —dijo colocando una sonrisa, aunque la tensión aún existía en la habitación y podía ser cortada por un cuchillo con facilidad.

—Remus, debía avisarte que los traía, pero… él estaba herido y yo sólo quise ayudarlo —explicó de forma atropellada.

—No hay problema… no tienes que avisarme —exclamó Lupin.

—Creo que es hora de irnos Lily, gracias por todo —espetó, haciéndole una señal a la chica, para que se le uniera.

—Sí, gracias —agregó, levantándose y colocándose al lado de Teddy.

—Pero… —trató de alegar Tonks.

—No es necesario, deberían quedarse a cenar —profirió Remus, queriendo averiguar más de esos chicos.

—Muchas gracias, pero ya hemos dado muchas molestias —replicó Ted, caminando a la salida, con la pelirroja aferrada a su brazo.

—¿En dónde viven? —cuestionó el licántropo caminando detrás de la pareja.

—Pues… —balbuceó, ni siquiera sabía qué decir. No sabía a dónde ir en realidad, pero no podía dejar que sospecharan de ellos— estamos hospedados en el Caldero Chorreante.

—Sí… llegamos hace unos días —mintió, colocando una sonrisa nerviosa.

—No deberían andar solos por las calles, podrían ser víctimas de algún ataque —manifestó otra voz, que provenía de un hombre algo extraño. Los chicos lo miraron entre temerosos y sorprendidos, mientras Ted recordaba al hombre de algunas fotos que su padrino le había enseñado. «Ojo Loco Moody». Lily lo miró con algo de miedo aferrándose al brazo de Ted.

—No lo sabíamos.

—Los acompañaré —ofreció el licántropo.

—No es necesario, ya causamos muchas molestias —alegó mirando a su padre, quién sin duda le imponía.

—No, cuando quieran pueden volver —comentó Nym, esbozando una sonrisa, mientras les guiñaba un ojo.

—Gracias —contestaron, mientras Alastor les habría la puerta, observándolos salir.

—Con permiso… hasta luego —se despidió Lily, sintiendo el frió viento golpear su rostro.

Caminaron unos cuantos metros lejos de la vista de ellos.

—Teddy… ¿qué haremos? Esto esta muy mal, ¿verdad? —preguntó observando la oscuridad y la soledad de las calles.

—No lo sé, por ahora iremos al Caldero Chorreante, tengo un poco de dinero, afortunadamente para nosotros, pero no podremos sobrevivir con eso —divulgó, sintiendo frustración e impotencia.

—Teddy, yo te ayudare —exclamó, notando su actitud afligida.

—Se supone que yo debo cuidarte, así que no trates de tomar mi papel. Ahora debo saber cómo saldremos de aquí y regresarte a brazos de tus padres —aseveró pensativo.

Lunita se quedó en silencio, pensando en esas últimas palabras.

*º*º*º

Poco después llegaron al lugar, donde notó que no era la dueña que él conocía, si no un extraño hombrecillo calvo, que los observó, analizándolos ya que no era común ver a una pareja así. Sin hacer preguntas les dio las habitaciones.

—¿Quieres comer algo?

—No… —respondió espantada por todo y aunque tenía hambre, no quería causarle más problemas. Además no estaba segura de cuánto dinero traía y no quería ponerse exigente.

—¿Segura? —Volvió a preguntar, buscando sus pupilas.

—Sí —afirmó sonriéndole, tratando de sonar convincente.

Subieron las escaleras, hasta llegar a sus habitaciones que estaban juntas.

—Bien… es mejor que descanses, ya mañana veremos qué hacer —mencionó Ted, esperando a que ella entrara.

—Teddy, ¿te… molestaría si te pidiera qué esperaras hasta que me duerma? —musito mordiendo su labio inferior, no quería sonar infantil, pero la verdad era que nunca había pasado la noche tan lejos de su casa y de la protección de sus padres y ahora comenzaba sentirse sola y con miedo.

—Bueno yo… no… —tartamudeó buscando negarse, pero al ver el rostro apesadumbrado de la pequeña, no pudo más que aceptar.

Ambos entraron a la habitación, mientras él prendía la chimenea, Lily se despojaba de sus zapatos y se metía bajo las mantas, observando atenta los movimientos del metamorfago.

Ted miró las brazas del fuego por unos minutos, esperando a que la hija de su padrino se acomodara en su cama, cuando no escuchó más ruido se volteó observándola, recostada y cobijada, mirándolo fijamente, se veía tan inofensiva y tierna, le sonrió tranquilizadoramente caminando hacia ella.

—¿Estás bien? —inquirió deteniéndose al borde de la cama.

—Sí, ¿esperaras hasta qué me duerma? —preguntó mirándolo con suplica.

—Por eso estoy aquí —afirmó con una tibia sonrisa—, aunque no te tardes en hacerlo… porque yo también quiero dormir —agregó tratando de suavizar la situación y no preocuparla más.

—Eso no fue muy amable de tu parte, no me tardare —replicó medio indignada—, pero siéntate —pidió señalando el lugar de la cama vacío.

Dudó por un momento, pero no tenía razones para no hacerlo, así que se sentó observándola fijamente, sus parpados comenzaban a cerrarse.

—Me alegra que hayas conocido a tus padres —musitó con una media sonrisa.

—A mi también —respondió devolviéndole el gesto.

—¿Estás feliz? Creo que fue algo importante y también difícil, ya que no pudiste decirles que eres su hijo —agregó medio adormilada.

—Sí debería estar feliz, pero entiende que no es exactamente un buen momento, no en estas circunstancias, aunque no te voy a mentir… una parte de mi, lo está —respondió risueño, su cabello se volvió de un naranja intenso.

—Me alegra —añadió sincera, con una hermosa sonrisa que iluminaba su rostro.

—Vamos duérmete —pidió observándola sonreír, sin duda esa sonrisa valía mucho y él de verdad la agradecía.

—Tengo miedo, Ted —manifestó en un susurro.

—Yo estoy aquí y le prometí a tu padre que te cuidaría, así que no tienes por qué —mencionó tratando de calmarla, él también tenía miedo, pero no podía dejar que la lo notara, tenía que ser valiente por los dos.

—¿Crees qué los volveremos a ver? —susurró suavemente con una triste lagrima deslizándose por su rostro.

Él la miró con ternura, alzó su mano y retiró suavemente la pequeña gota. —Te prometo que así será —respondió colocando la mejor sonrisa que podía para darle confianza y seguridad, pero la verdad era que no sabía si eso sucedería. Esperó hasta que ella cayó en manos de Morfeo para levantarse y caminar hasta su habitación, donde se dejó caer en su lecho, pensando en sus padres.

—¡No puedo creer que los haya conocido! —Se levantó caminando por la habitación, era incapaz de estar quieto con todas esas emociones—. Mi madre es tan… linda… su sonrisa es suave y divertida. Aunque debo admitir que es un desastre tal y como la abuela dice, es distraída y algo torpe, pero linda al fin al cabo, con su look desarreglado y despreocupado y el rosa sin duda es su color, hace que resalten sus mejillas y sus labios. Su voz es, ni siquiera se cómo describirla, no existen palabras adecuadas para hacerlo… su toque es tan suave y cálido, la manera en que me curó fue… ¡genial! Ni siquiera me importó el dolor, es simplemente fantástica.

Tocó ligeramente su vendaje, recordando la tibieza de sus manos.

—Pero mi padre…¡ah él es otro asunto! —exclamó abriendo la ventana y sentándose en el alfeizar dejando que el viento acariciará su rostro, mientras sus cabellos nuevamente dorados se movían desordenando más su melena, observó el firmamento—. Él es tan solemne… tan serio, ¿qué le habrá visto mi mamá? Bueno algo debió ser, ya que ella es todo lo contrario.

—La forma en que me miró, no fue muy grata que digamos, como si yo fuera un intruso… con desconfianza. Al parecer no le gusto nada encontrarme ahí, me preguntó si ellos… ya estarán juntos, aunque por la frialdad que había entre ellos, supongo que no, lo cual me debe preocupar de su relación depende ¡mi existencia!

—Y ni hablar… de cómo volveremos a nuestra época. Ni siquiera se exactamente en que año estamos, ni siquiera la hora… algo debo hacer, si no estaré muerto, mi padrino debe estar que echa lumbre, pero él es lo de menos… su esposa, ¡ella si que me mata! ¡Jamás debí aceptar ser niñero, pero no pensé que fuera tan complicado! —prorrumpió esbozando un sonrisa irónica— ¡Creo que este papel, no lo terminare de ejecutar por un largo tiempo!

—Sería mejor haber viajado con James y Albus, porque no se si podré estar con los altibajos de una niña. ¡Genial! ¿Por qué me pasa esto a mi? —exclamó a la nada, cuando a su mente volvió la imagen de Victoire—. Ojala haya pedido ayuda… aunque no se cuánto puedan hacer por nosotros.

—Ojala que no se enoje. ¡Lo último que me falta es que mi novia se moleste! Espero que me extrañe.

Respiró profundamente y cerró la ventana para irse a dormir, dejando que el sueño se adueñara de él.

*º*º*º

En el 12 de Grimmauld Place, sentados en la mesa en un silencio incomodo se encontraban los futuros padres del metamorfago.

—¿En dónde encontraste exactamente a esos chicos? —preguntó rompiendo el mutismo.

—Pues no muy lejos de aquí, en realidad encontré primero a la pequeña estaba algo confundida y temerosa.

—¿Confundida y temerosa? —cuestionó extrañado, analizando la información.

—Sí, quizás era porque estaba perdida —explicó Tonks—. Apenas dijo un par de cosas, entonces supe que era bruja.

—¿No debería haber estado con el chico? —mencionó sin entender, se suponían que estaban juntos.

—Después llegó él y la verdad, también parecía estar algo confundido. No sé, creo que algo les pasó.

—¿Crees qué hayan sido atacados? —cuestionó, clavando por primera vez en la cena sus pupilas ambarinas en ella, observando lo extraña que estaba.

—No lo sé… aunque la herida de Ted, podría ser un indicio de una huida —explicó observando el plato de comida que tenía enfrente, mientras Remus sentía una punzada al escuchar el nombre de ese chico, más de la boca de ella y ni decir la familiaridad con la que hablaba de él.

—¿Parece qué te cayó muy bien? —preguntó con tono que dejaba ver los celos que sentía.

—Y tú pareces desconfiar demasiado, son sólo unos chicos —replicó ignorando el comentario del licántropo, no comprendía la razón por la que sospechaba tanto de ellos.

—No debemos confiar en las apariencias, se me hace muy raro que estén solos y la explicación que dio el joven, no fue muy convincente.

—Pues creo que tú ya desconfías de todos, quizás deberías considerar que no todos son el enemigo y abrirte a nuevas opciones —espetó Tonks mirándolo con fijeza.

—Y tú deberías de ser más cautelosa, no deberías haberles msotrado este lugar —alegó estoico— y dejar de culparte por lo que sucedió con Sirius —agregó sabiendo que ella cargaba con ese pesar desde la muerte de su tío a manos de Bellatrix.

Lo miró por un minuto para después levantarse de golpe. —Creo que he perdido el apetito. Buenas noches, Remus —profirió saliendo del comedor con pasos duros y dirigiéndose a su habitación.

Él la observó alejarse, sintiendo un horrible vacío. Se pasó la mano por el cabello, sabiendo que esto no podía seguir así.

«Quizás no debí tocarle el tema de Sirius, pero tampoco me gusta escucharla llorar por las noches. Por otro lado no confió en ese tal Ted, hay algo en él que no comprendo, tal vez sea mejor vigilarlo por un tiempo. Además no entiendo por qué le simpatiza tanto a Nym… ¿será por qué tiene su misma edad? Después de todo hace tiempo que ella no sonreía así.»

—¡Demonios! Si yo pudiera, pero se que no debo… ni siquiera se qué demonios hago tratando de explicarme esto. Es lógico que ella se lleve bien con él, necesita convivir con gente de su edad. No con ancianos, además le viene bien distraerse, salir… olvidar todo lo que ha pasado. Si yo tuviera su edad de ese chico... ¿qué me esta pasando?

Maldijo en silencio, crispando sus puños impotente.

—No puedo creer que este pensando en esto, ¿y por qué desconfió tanto de ese?, ¿por qué demonios me molestó tanto su presencia?, ¿será por la forma en qué la miraba? ¡Arrrrrgg! Esto esta muy mal.

Se levantó aventando la servilleta, para después dirigirse al despacho, no le gustaba entrar ahí desde la muerte de su gran amigo, ya que todo se lo recordaba, pero en momentos cómo ese lo hacía, para estar solo y pensar.

—¡Ah Canuto, si tan sólo estuvieras aquí!

*º*º*º

En una habitación de la gran mansión se encontraba Nym, no en mejor estado que él, pues sufría por lo que sentía, por la ausencia de Sirius. Ese tiempo había sido horrible en verdad.

—¡No se qué demonios le pasa a Remus! ¿Por qué tuvo que mencionar lo de Sirius? Ni siquiera entiendo lo que siento… si yo hubiera derrotado a Bellatrix. Él… él no estaría muerto —musitó con enojo mientras sus ojos se llenaban de lagrimas, se llevó las manos al rostro limpiando las gotas que habían logrado escapar.

—Y ahora se desquita con esos chicos, son tan agradables. Lily es muy linda y Ted, bueno él… no se qué me pasa con él, me inspira una extraña ternura, quizás sea porque es muy dulce, además cuidar de ella niña, dice mucho de él.

Entonces recordó su encuentro y la forma en que él se había comportado. —¿Por qué se habrá quedado mudo al verme? Eso si fue raro.

Se dejó caer en su cómoda cama, abrazando una bruja de felpa que tenía desde hace años. —Tal vez sea un poco extraño, lo admito, pero es muy simpático y nada feo, supongo que debe tener más o menos mi edad.

—¿Le gustaran The Weird Sisters? —cuestionó curiosa— Al menos si le gustan podría ir con él a los conciertos, porque estoy segura de que Remus me diría… «Nymphadora estoy demasiado viejo para esas cosas». Si ya lo veo… ¡ah me desespera que siempre diga eso!, creo que hasta Dumbledore se divierte más que él y eso ya es mucho decir.

—No sé por qué no entiende que me gusta así como es… aunque debería abrirse a nuevas posibilidades, me pregunto si algún día lo hará —suspiró desesperanzada, abrazándose más a la bruja.

—¡Ah por qué es tan obcecado! A veces creo que le gusto y otras tantas que sólo soy yo la que alucina, pero ¿cómo saberlo? Si él siempre huye… ¡es un cobarde! Mmm lo cual me hace pensar que quizás sea... gay.

Se quedó un momento meditando su extraña deducción antes de levantarse de forma brusca, claramente conmocionada. —¡Nooooooo! ¡Eso si que sería una desgracia! Pero él tiene la culpa de hacerme pensar esas cosas, su actitud deja mucho que desear.

—Si estuviera vivo Sirius, le podría preguntar… él era… él que mejor lo conocía, pero ahora… eso ya no es posible —señaló con tristeza. Se cambió de ropa y se metió a la cama, aún con miles de pensamientos rondando su cabecita.

—Espero que mañana sea un mejor día —susurró suspirando mientras se quedaba dormida.

*º*º*º

Continuará…

Muchas gracias a todos los que se dan el tiempo de leer la historia y nos tienen en favoritos, y alertas. Esperamos que se animen a comentar y hacer felices a estas dos locas escritoras.

(´¸.·*´¯`*»- - The darkness princess & Lady Muerte