Prólogo

Era una mañana magnífica. De esas que le gusta a la gente para salir simplemente a pasear. El Sol estaba ya lanzando débiles rayos que calentaban suavemente la tierra. La temperatura era perfecta. Templada a la sombra. Los ciudadanos de Capsule City empezaban a salir de sus casas en busca de respirar el aire libre sin las prisas y ajetreos de entre diario. El Domingo era el día indicado para hacer compras o ir al rastro, o solamente pasear por los parques y no eran muchos los que preferían quedarse en casa, y menos cuando el tiempo acompañaba como era el caso.

Pero no todos hacían eso. El ser día de Domingo conlleva también a que los de la noche del Sábado vuelven a casa, cada uno a lo suyo. Había varios de estas personas saliendo de una discoteca que habría siempre hasta altas horas de la mañana. Una de ellas, un hombre muy bien avenido, bastante musculoso con el pelo completamente negro y hacia arriba, andaba dando pequeños tumbos. De repente este hombre se detuvo apoyado e una farola, miró al Sol gruñendo cuando los rayos se cebaron con sus pupilas y orientándose con él empezó a levitar y salió disparado dejando a los demás patidifusos por unos segundos, aunque en seguida le olvidaron cuando creyeron que veían visiones a causa de su borrachera.

El hombre se dirigió volando a una gran mansión cilíndrica en pleno centro de la ciudad, con el nombre de Capsule Corp. grabado en la pared en letras grandes y llamativas. Cuando se dirigía hacia la puerta cambió de idea y se dirigió hacia un balcón de la planta de los dormitorios el cual se encontraba abierto de par en par. No quería que nadie le viese y le empezase a preguntar. Sentía la cabeza mareada a causa del alcohol ingerido y cómo alguien levantase mucho la voz temía que su furia se descontrolase. Solo necesitaba una buena ducha caliente y un sueño reparador. Con esa intención aterrizó suavemente en la terraza sin hacer el mínimo ruido.

-No quería despertar a los dueños de la casa, que con lo "amables" que eran seguramente que le empezarían de nuevo a asfixiar con su amabilidad y no quería que un desgraciado accidente les ocurriese. Tampoco deseaba despertar a Bulma. Después de la terrible discusión de ayer y que hizo que él se marchase para liberar su Ki sin muertes no tenía ninguna ganas de verla. Seguro que empezaba otra vez a gritar como loca y con su cabeza en el estado que se encontraba no sabría contenerse. Maldita mujer. Debía de estar loca al hablarse así. O yo por permitirla contestarme como lo hace. Decididamente tendré que hablar con ella y explicarla cual es su función en esta sociedad. No puedo perder el tiempo cuando falta poco para la llegada de esas chatarras que dijo el muchacho que vendrían a por nosotros. Mejor me voy directo a dormir un rato. Ya me ducharé después.

Habiendo pensado todo esto Vegeta, pues era él nuestro protagonista, se adentró en la habitación levitando para evitar que sus pisadas despertasen a la que presumiblemente se encontraría dormida. Por un momento se le ocurrió despertarla con otra ocupación pero volvió a recordar lo acontecido hacía unas cuantas horas y se le quitaron las ganas. Llegó a la cama y aterrizó suavemente a los pies de la misma. Su sorpresa fue mayúscula al no verla en la cama. Eso le extrañó, pues los días festivos ella siempre remoloneaba en la cama hasta mucho más tarde que de costumbre. Intentó detectar su Ki en la mansión y no lo logró. Eso le desconcertó pero lo atribuyó a que el alcohol debía de haber mermado su detección.

Cómo ella no se encontraba en la habitación ya no tenía sentido no hacer ruido y decidió ducharse. Se quitó la ropa que llevaba dejándola amontonada en el rincón de la ropa sucia y se dirigió completamente desnudo hacia la ducha que compartían ellos. Al llegar encendió el grifo del agua caliente a toda presión para que saliese casi ardiendo. Le gustaba llegar a ese grado de calor que los humanos no podían soportar. A él le relajaba, cuando notó que ya estaba suficientemente caliente se metió dentro y dejo que el agua le atacase el cráneo como si de una taladradora se tratase. Eso automáticamente sirvió para que el pálpito de sus sienes se tranquilizase, después de unos minutos en esa postura, con los brazos sujetando la pared y el agua resbalándole de la cabeza a los pies decidió darse también un baño así que cerró el desagüe y conectó el grifo de abajo. Se tumbó cual largo era y cuando estuvo bien cubierto sacó uno de sus pies del agua y con el mismo cerró el grifo. Se puso una toalla sobre la cabeza y se relajó completamente.

Llegó a tal grado de relajación que cuando despertó el agua ya estaba casi fría. Se sacudió un poco víctima de no recordar al principio donde estaba y se levantó. Quitó el tapón y dejó que el agua se escurriera por las cañerías. Se volvió a duchar, esta vez con agua fría para despejarse y salió de la ducha. La resaca había desaparecido casi por completo. Ahora lo que sentía era un hambre atroz. Se secó con una toalla cada parte de su cuerpo y salió desnudo a su cuarto. Alguno de los robots de la casa se había llevado la ropa sucia del montón donde la había dejado así que se dirigió al armario y se puso otra ropa, exacta a la que tenía. Bulma quería que el cambiase de look y se pusiese una de esas prendas que los estúpidos humanos llamaban camisas, pero lo de tener que anudarse esos botoncitos y esa tela tan súper delicada que acababa rompiéndose siempre le sacaban de quicio así que hico que le tejieran su misma ropa varias veces de tal forma que ni tan siquiera se molestaba en pensar.

Una vez vestido bajó a la cocina. Intentó volver a sentir el Ki pero solo encontró el del su loco padre que estaba en el laboratorio y el de la estúpida madre en el jardín, como casi siempre, para ellos no existían festivos ni diarios, hacían siempre lo mismo. También localizó a varios criados y sirvientes pero ni rastro de Bulma. Se inclinó de hombros pensando que se habría marchado a causa de la discusión. Llegó a la cocina y devoró plato tras plato hasta quedar saciado. La bebida le había dado apetito y había comido más que de costumbre así que decidió entrenar unas horas hasta el anochecer para sudar todo el alcohol que le quedara y la comida ingerida de más así que se fue a la nave espacial para ejercitarse con la máquina gravitatoria.

-Tengo que dominar las 400g y todavía me cuesta moverme en las 350g, joder, tengo que entrenarme mucho más y no perder tanto tiempo con esa humana- iba pensando con semblante serio

Sin darse cuenta fue pasando el tiempo, el Sol descendió de lo más alto hasta caer detrás del horizonte. Los últimos rayos se escapaban por las rendijas del paisaje dando lugar a una expansión de luz y color hermosísima, las jóvenes parejas de enamorados se deleitaban mirando el espectáculo, pero él no era así. Seguía entrenándose sin descanso y sin importarle lo más mínimo su alrededor. Cuando llegó al término de sus fuerzas llegó como pudo al control de mandos y reinició la gravedad a la normal. Se había entrenado muy duro y había conseguido mejorar, pero todavía no estaba lo suficientemente cerca del grado Super Saiyajin. Lo lograría, tenía que hacerlo. Pero de momento tenía que recuperar fuerzas. Salió de la nave y fue andando hasta la mansión pues no tenía ni fuerzas para levitar. Hacía bastante rato que la luna estaba en lo alto y esto le sorprendió, no solía quedarse hasta tan tarde. Llegó a la cocina y se sirvió una frugal comida para dormir sin pesadeces, claro que, para él, una frugal comida habría llenado al más fortachón de los humanos. Luego subió las escaleras y llegó a la cama. Otra vez sin rastro de Bulma, esta vez si que se extrañó. Era increíble. Aumentó su potencia de detección de Ki y no la encontró. Cómo ya había recuperado algo de fuerzas salió por el balcón y voló hacia arriba para tener la ciudad bajo sus pies con el fin de detectarla.

-Si estaba con el mosquito del Yamcha este iba a tener un serio problema - iba pensando.

Pero no, no estaba, detectó a Yamcha en un bar de fama de la ciudad rodeado de un par de mujeres, pero ninguna era el Ki de ella. Descendió lentamente y volvió a entrar en la habitación. Paseó a lo largo del cuarto sin parar de pensar. No sabía ni que sentía en su interior, pero algo le decía que no estaba todo tan claro. Cuando decidió acostarse fue hacia la cama pero algo le hizo ir por el lado donde habitualmente solía quedar dormida Bulma y un papel clavado en la almohada con un alfiler le hizo sorprenderse. No había visto ese papel, claro que tampoco se había acercado a la cama.

-Maldita mujer. Seguro que era una nota suya anunciándole que se marchaba durante una temporada. Seguramente a casa del viejo charlatán ese en la isla en medio de la nada o a casa de la chiflada mujer de Kakarotto.- pensaba mientras alargaba el brazo.

Cogió la hoja desgarrándola del alfiler, encendió la luz de la mesilla y la leyó. A medida que leyó la corta nota notó que su Ki avanzaba peligrosamente. No se dio cuenta pero las paredes empezaron a temblar y cuando la cama repiqueteó contra el suelo lo notó y a duras penas lo controló.

La hoja ponía lo siguiente:

Tenemos secuestrada a la futura madre de su hijo. Lo sabemos todo. Usted dice no sentir nada hacia ellos pero sabemos lo orgulloso que es. Si no complace nuestras exigencias la torturaremos, esperaremos a que nazca el bebé y luego les enviaremos los dos cuerpos por correo. No intente buscarnos. No nos encontrará. Nos pondremos en contacto con usted. Sabemos que no avisará a nadie. Este es un asunto entre usted y nosotros. Sálvela o déjelos morir. Usted elige. El Miércoles al amanecer demostrará su elección. No lo olvide, las vidas de los dos están solamente en sus manos.

TS


Espero que os guste mi nueva historia. Espero los Reviews de vosotros/as opinándome al respecto. Gracias DioXa por todo tu apoyo.