UN HECHIZO DE AMOR

CAPITULO 1

Poco a poco fue sintiendo cómo el sueño se hacía más ligero, y abriendo los ojos lentamente divisó la hoguera en el centro, notando su calidez en la cara.

Miró a su alrededor y vio a Sango y Shippo hechos un ovillo junto a la hoguera. Dormían como dos lirones…

- Sigue durmiendo, aun es pronto para levantarse.

Kagome se fijó en Miroku, estaba sentado al otro extremo del fuego, y lo alimentaba echando algunas ramas y hojas secas.

- Miroku ¿no duermes?- Antes de que él contestara, sus ojos se desviaron a la rama del árbol donde vio al Hanyou por última vez, ahora el espacio estaba vacío - ¿Dónde está Inuyasha?

- Dijo que tenía algo que hacer, pero que volvería pronto.

- Ya veo- dijo Kagome molesta, a la misma vez que se incorporaba para levantarse.

- Kagome ¿dónde vas?

- Voy a dar un paseo, la noche está agradable, y me apetece caminar.

- Esta bien pero no te alejes demasiado. Aunque el bosque parezca tranquilo, no hay que fiarse.

- No te preocupes Miroku, no iré muy lejos.

Miroku suspiró, sabía que iba a buscar a Inuyasha, y también sabía lo que eso significaba, que tendrían que aguantar la hostilidad del uno contra el otro el resto de la noche y parte del día de mañana. Cansado de la extraña relación de estos dos, suspiró y echó otra rama al fuego.

No muy lejos del campamento dos personas se encontraban hablando como dos amigos que compartieron algo más que amistad…

- Inuyasha ¿acaso ya has olvidado?

- Aunque quisiera… nunca podría olvidar el pasado - Inuyasha se acercó un poco más a Kikyo.

- Eso espero, porque yo tampoco puedo olvidar, y tú sabes por qué...

Inuyasha vio el cansancio en sus ojos, ella quería acabar con esto, quería la paz que Naraku le había quitado, y quería vivir con el recuerdo de un pasado que estuvo lleno de muchas promesas que no se pudieron cumplir… Y que había quedado muy atrás

Kagome los divisó más allá del enredado de arbustos que tenía a unos pasos, y se escondió detrás de ellos para espiarlos. Con los puños cada vez más cerrados y el corazón más encogido, pudo oír cada palabra que se decían, y cada aliento que Inuyasha le dio a Kikyo para consolarla…

- Inuyasha¿por qué me haces esto?- se dijo Kagome en un susurro, sintiendo que otro pedazo de su corazón se estaba rompiendo.

Inuyasha giró la cabeza de pronto, sintiendo el aroma de Kagome venir de los matorrales, y sus hombros se tensaron cuando consiguió ver el blanco de su blusa reluciendo a la luz de la luna entre las ramas.

- Kagome…- Susurró Kikyo, con una media sonrisa, que podían significar muchas cosas, al percatarse de que ya no estaban solos… - Bien… tómate tu tiempo, pero no lo olvides, el final ya está cerca, y te necesitaré a mi lado. Cumple con tu palabra, Inuyasha…

» Y ahora ve con tus amigos, esta conversación se ha terminado.

La sacerdotisa se elevó envuelta por el resplandor de sus serpientes atrapa-almas, sin apartar su exigente mirada de Inuyasha.

- ¡Kikyo espera¡Aún no me has dicho cuándo será? - se quedó mirando cómo ella se convertía en un punto en el cielo nocturno, y se preguntó qué sentido tenían estas reuniones si no le dejaba nada en claro.

Decía que no tenían tiempo y debían prepararse para el final, pero ese final nunca llegaba. Estaba un poco harto de lo lento que estaba siendo todo. Él no era muy devoto de la paciencia, le gustaba coger la sartén por el mango, como había oído decir más de una vez a Kagome, (le gustaban sus frases del futuro, eran una manera metafórica de decir las cosas con pocas palabras).

Hablando de Kagome… conociéndola, ya debía estar más que enfadada con él. Aunque ella no quisiera reconocerlo, era celosa, y siempre que lo veía con Kikyo le montaba una escena; primero le gritaba que la dejara en paz, luego le soltaba que era un egoísta ignorante que no se daba cuenta de nada, y por último se echaba a llorar… Esa era la peor parte. Soportaba que le gritara, que lo tomara por tonto, creyendo que se dejaba guiar por el honor a una promesa que hizo a Kikyo en vida… pero las lágrimas eran superior a él, no podía ver a una mujer llorar, porque no sabía qué hacer en esas situaciones…

Tal vez debería ir a ver a Kagome antes de que pasasen las dos primeras fases y se la encontrase directamente en la tercera. Con un poco de suerte podía impedir que llorara.

Inu Yasha corrió al lugar del que procedía el olor de Kagome, y se detuvo cuando vio que ella empezó a huir de él. ¿A qué jugaba ahora? No tenía ganas de jugar al ratón y al gato, así que para atajar la persecución se plantó de un salto delante de ella.

- ¡Maldita estúpida¡deja de correr!

Kagome se encontró con su pecho de sopetón, y por mucho que intentó frenar no pudo evitar chocar contra él y rebotar al suelo, suerte que sus brazos se encontraron también con las manos de Inuyasha, que evitaron que se cayera.

- ¿Qué hacías por aquí tú sola, Kagome¿Por qué no estas con los demás?

- ¡Porque no estoy obligada a quedarme en el campamento, puedo hacer lo que me de la gana, y ahora, me apetecía un paseo!

- ¿En mitad de la noche? – Preguntó con las cejas levantadas, no se creía en absoluto lo que estaba diciendo. Ella levantó el mentón de una manera graciosa, y lo miraba como si lo retase a dudar de sus intenciones.

- Sí¿qué tiene de malo la noche? Está preciosa, hay muchas estrellas y me inspira caminar… - Sus pies se movieron unos milímetros para separar las piernas, como si se preparase para defenderse de alguien. Y él contuvo una sonrisa que estuvo a punto de asomarse a sus labios y delatar que su actitud lo estaba divirtiendo.

- Muy bien, te acompañaré entonces. – Sabía que el verdadero motivo era él, no lo quería ver junto a Kikyo por nada en el mundo, y aunque para él Kagome, "de momento", no era más que una buena amiga a la que le había cogido mucho afecto, no podía evitar gustarle la sensación que le dejaba su comportamiento. Aunque ella no lo reconociese, era igual que él, no había nada más entre ellos que lo que puede haber entre dos amigos, pero ambos se consideraban propiedad del otro. Él se ponía nervioso cuando sentía que Kôga se la quería quitar, y a ella le pasaba lo mismo con Kikyo.

Kagome abrió los ojos sorprendida, pensando que ahora tendría que andar unos cuantos metros para no quedar como una estúpida. Había venido a buscarlo porque sabía que lo encontraría con Kikyo, y, como siempre, quería interrumpir sus citas clandestinas con ella¿es que el idiota no se daba cuenta de que esa mujer solo quería hacerle daño¿Que todo era por una venganza sin sentido? Si Inuyasha no abría de una vez los ojos con respecto a ella es porque era un…

- Idiota – Dejó de caminar y cerró los puños con rabia. Miraba al frente, esperando a que él la pasara de largo.

Pero no lo hizo, Inuyasha se detuvo detrás de ella. Frunciendo el ceño y escondiendo las manos dentro de las mangas del haori, en una actitud fría. Sus insultos no iban a afectarlo.

- ¿Um¿Qué, cómo me has llamado?

- ¡Te he llamado idiota!

- Sí, como otras tantas veces, la verdad es que empiezo a pensar que no sabes decir otra cosa. No eres muy lista, Kagome.

- ¡Pero…¡Qué te crees, estúpido¡Tú eres el tonto, que no ves el peligro ni aunque se te ponga delante con un cartel en la frente!

- ¿Ah sí? – Siempre lo intentaba, pero al final, Inu Yasha no pudo evitar reaccionar como lo hacía cada vez que discutían, plantándole cara y contestando a sus exaltaciones. La rodeó con dos zancadas y se detuvo frente a ella, con la nariz casi pegada a la suya para intimidarla, aunque nunca lo conseguía… Esta vez pondría más empeño - ¡Pues este tonto te ha salvado más de una vez la vida¡Y si no fuera por mí, tú estaría criando malvas hace mucho tiempo! Desagradecida… ya me estoy cansando de tus insultos, siempre estás con lo mismo¿Por qué no te comportas como una adulta de una vez y nos dejas a los demás hacer nuestras vidas? – Ella intentó abrir la boca para defenderse, pero él no dejó espacio suficiente para pudiese hacerlo - Siempre me estás incordiando¿no has pensado que si hago las cosas es porque quiero? Como tú bien has dicho antes, Kagome, puedo hacer lo que me dé la gana, así que deja de molestarme…

Ups… Se había pasado, lo veía en cómo luchaba por contener las lágrimas y en la palidez de su rostro, ella miró a otro lado, como si despertara de alguna estupefacción, lo volvió a mirar, esta vez de refilón y apartó la vista corriendo. Eso era una mala señal, porque antes no le importaba que la viera llorar, y ahora estaba intentando ocultárselo. Tenía la sensación de que esta vez, había metido bien la pata con ella.

- De acuerdo… - Respiró hondo para que la voz no le temblara, y retrajo las lágrimas, aunque no pudo evitar que las dos primeras se le escaparan – No volveré a molestaros…

Inu Yasha la vio darle la espalda, y sintió la punzada de la culpa cuando vio que se secaba los ojos. Empezaba a pensar que ella tenía razón, era un idiota, estúpido, que se comportaban como un tonto que no se daba cuenta de nada, sabía lo que sentía por él, porque una vez se lo dijo, una tarde junto al pozo… y él no se daba cuenta del daño que le hacía cada vez que acudía a Kikyo cuando sentía su presencia.

Se apoyó en un árbol y la miró observar las estrellas, seguramente ni las estaba viendo, solo intentaba mitigar el dolor que estaría sintiendo para poder regresar al campamento como si nada. La esperaría a estar lista para volver, y buscaría el modo de disculparse con ella mientras tanto…

No muy lejos de allí, en el campamento dos personas miraban el fuego en silencio, pensando que empezaban a cansarse un poco de las discusiones de los otros dos, y de los gritos… como los que estaban dando…

- ¿Qué es todo ese vocerío, ya están discutiendo otra vez? – Sango se apoyó en un codo para incorporarse lo suficiente y ver a Miroku por encima de las llamas.

- ¿Te has despertado?

- Es difícil no hacerlo si siguen alzando la voz de esa forma… Parece que se odien.

- Tienes razón¿sabes qué? Al principio creí que eran pareja…

- Bueno, eso es porque Kagome a veces se olvida de que no están juntos.

- Sí, ella está muy enamorada, y ese tonto no se da cuenta. No hace otra cosa que discutir con ella, continuamente…

- Miroku… ¿no hay alguna forma de hacer que estén juntos? Así dejarían de discutir. Podríamos hacer algo para que él dé el paso.

- Bueno… Hay una forma, verás... – Metió la mano bajo su túnica de monje y rebuscó - Mi padre me enseñó un hechizo sobre los sentimientos, no es permanente, pero tal vez esto nos pueda ayudar a descansar de sus discusiones por un tiempo. Está visto que el orgullo de ese idiota nunca va a permitir que le exprese a Kagome lo que siente por ella, así que le prestaremos una pequeña ayuda.

Sacando dos sellos empezó a decir unas frases, y seguidamente arrojó a la hoguera.

Sango miró asombrada cómo los sellos se quemaron soltando un humo blanco que se volvió azulado antes de ser arrastrado por el viento. Siguió mirando un poco más las llamas y luego levantó la vista a Miroku.

- ¿Crees que funcionará?

- A mi padre le funcionó con mi madre, aunque ellos dos eran humanos.

- ¿Qué quieres decir con que eran humanos¿Es que hay alguna diferencia con los demonios?

- No estoy seguro, pero… de todas formas él es medio humano¿no?

Sango lo miró dudosa, Inuyasha era medio humano, sí, pero ¿qué efecto tendría en su parte demoníaca?, empezaba a sospechar que Miroku no estaba muy puesto en los hechizos de su padre, y más le valía no haber cometido un error.

- Espero que no hayas metido la pata, Miroku- Miró su hirakotsu para dar más fuerza a su amenaza. Él tragó saliva por unos segundos y después sonrió aliviado, cuando escuchó el silencio.

- Tranquila, Sango, ya está haciendo su efecto¿tu los oyes discutir?- Su tono pícaro, decía mucho más de lo que había preguntado.

Sango pensó que debería desconfiar e ir a buscar a sus amigos, por si acaso había salido mal el hechizo, pero el bosque, y todo lo demás estaba tan callado que se sentía en la gloria. Se tumbó en el saco de dormir que le regaló Kagome y acomodó las manos bajo la cabeza, pensando que era más cómodo creer que el hechizo de Miroku había resultado.

- Tampoco me gusta este silencio, pero lo prefiero, al menos nos permitirá descansar.

Miroku se preguntó si Sango no tendría razón en pensar mal¿Y si no había salido bien porque Inuyasha no era del todo humano?, por un momento miró a su alrededor, por si aparecían por cualquier parte de la flora que los rodeaba, pero no había ni un mínimo movimiento de las plantas, ninguna pisada de ramas secas… esos dos estaban en alguna parte dentro del bosque, solos y en silencio, así que no podía haber salido mal, seguramente se estaban confesando sus sentimientos y estaban arreglando pacíficamente sus diferencias.

Satisfecho y con una sonrisa en los labios se tumbó de costado y cerró los ojos pensando en dormir un poco mientras Inuyasha y Kagome regresaban.

Inuyasha cerró los ojos unos segundos, había sentido una pesadez repentina, como si el aire se hubiera vuelto más denso y le costase mantenerse erguido. Sacudió la cabeza para despejarla y volvió a mirarla, seguía allí, esta vez mirando al suelo, y frotándose los brazos. Debía tener frío, porque él también había notado que la noche había avanzado un poco más y el aire se había enfriado.

Se quitó el haori y se acercó a ella, oyó su suspiro cuando se lo echó encima y sin saber por qué le frotó la tela por los hombros. No pudo verla, pero sintió su sonrisa.

- Gracias…

- No quiero que pases frío.

- A veces me confundes¿sabes?

Inu Yasha dejó de darle calor y la volvió hacia él.

- ¿A qué te refieres?

- A esto… eres muy atento conmigo, y me creo que te importo, pero entonces ves a Kikyo y te olvidas de que existo…

- Eso no es verdad, nunca me olvido de ti… en ningún momento…

Había algo extraño en el ambiente, su parte de demonio parecía advertirle que ocurría algo, sin embargo, su parte humana no sentía ningún peligro, al contrario, no quería moverse de allí, había una especie de lazo invisible que ataba su alma humana a la de Kagome, y un impulso extraño que le obligaba a ser tierno y amable con ella, igual que lo empujaba a decirle estas cosas… el problema estaba en que su cuerpo también estaba queriendo decirle algo, y no se sentía suficientemente sobrio para ignorarlo… tenía sus ojos mirándolo como si fuese especial, único, con sus manos apoyadas en el pecho, retumbando en su palma cada latido de corazón, que palpitaba desbocándose, y sus labios entreabiertos que se ofrecían con anhelo.

- Kagome…

- Inu Yasha… - Ella cerró los ojos lentamente, como si estuviese cubierta por una niebla de sopor, la imagen no parecía real, igual que tampoco se lo parecía a él, en cambio estaban allí, uno frente al otro, diciéndose cosas que probablemente no se dirían si estuviesen totalmente conscientes.

No sabía si esto era real, o solo se trataba de un sueño, tampoco sabía si de verdad estaba frente a ella o si aún seguía apoyado en el tronco del árbol. Como tampoco podía saber si realmente estaba ella allí o se había quedado dormido en medio del bosque, de camino al campamento… pero no quería perder ni un segundo de esta oportunidad, que ilusoria o no, se le estaba brindando como una recompensa a todas esas veces que había tenido que retenerse desde que Kikyo regresó de la muerte y supo de la existencia de Naraku y su odio hacia ellos. Antes de eso no lo había dudado, y estuvo a punto de besarla aquella vez, cuando Urasue robó las cenizas de Kikyo… Y lo habría hecho si ella no se hubiese puesto nerviosa y sacudido la cabeza, terminando con el momento…

En cambio ahora podía ser un error mostrar esa debilidad ante los demás, cada vez se estaban creando más enemigos, y si ellos sabían que su punto débil era ella, Kagome, la estaría poniendo en un grave peligro constantemente.

Era preferible que siguiesen creyendo que la única mujer que le importaba era Kikyo, al menos hasta que todo esto acabase, entonces este sueño se haría real. Era una promesa, muda que no sabía si alguna vez podría decírsela a ella… Y que por el momento solo podía hacérsela en su imaginación. Por real que esta pareciera ahora.

Quizás no solo lo pareciera, quizás fuera sí que lo era, o no, cualquiera sabe… Solo sabía que nada de lo que estaba sucediendo le parecía lo extraño que debía ser; ella allí, delante, ofreciéndole sus labios, y él deseando tenerlos… y esperando ese leve movimiento que la alzó a él y le dio el roce que desencadenó el despertar de sus cuerpos; primero un beso, suave y corto, después unas miradas expectantes y somnolientas, esperando que llegase algún reproche por parte del otro. Otro beso después del silencio, más insistente, las caricias inocentes en la espalda, el calor interno que generaba el deseo poco a poco hasta invocarlo del todo, el atrevimiento de cuatro manos buscando con curiosidad y hambre hasta que las ropas quedaron en el suelo y los dos se tumbaron en la hierba.

Kagome suspiraba con cada roce húmedo de sus labios en el cuello, en la clavícula, con cada corriente que azotaba su lengua juguetona en el pezón. Sus caderas se movían con un gesto instintivo, respondiendo al calor abrasante que se formaba en su vientre y creaba un peso casi doloroso en sus partes, abrió las piernas ante una necesidad extraña y desconocida, y atrapó el rostro de Inuyasha entre sus manos para tenerlo a su altura, besando ciegamente cada trozo de piel que alcanzaba con sus labios. Esto era un sueño, se lo había oído decir a él entre susurros y quería vivirlo en toda su plenitud antes de que algo lo interrumpiera.

- Inu Yasha, por favor… tiene que ser ahora, antes de que algo nos despierte, no quiero que este sueño acabe sin saber lo que es amarte…

- Kagome…

Verlo allí arrodillado allí, delante de ella, con el miembro; erecto y pulsante, visible entre sus muslos abiertos, y una mano sosteniéndolo con un gesto inconsciente; como si fuese algo normal sujetárselo cuando estaba desnudo, era la imagen más sensual que su mente había recogido nunca. Se apoyó en los codos para incorporarse lo suficiente y verlo cómo gateaba hasta estar lo suficientemente cerca de ella para rozarla con la punta en su entrada, haciéndose sitio hasta meter la cabeza.

Kagome cerró los ojos un momento y tragó saliva, sintiéndose como a punto de subir a una atracción nueva, levantó los párpados cuando sintió sus manos deslizarse con suavidad por los muslos y bajar hasta sus nalgas, para izarla más, y entonces lo sintió entrar más, abriéndose paso con cuidado, no queriendo perder detalle de cada centímetro que su virilidad ocupaba de ella, hasta que su pelvis quedó totalmente pegada a la ingle de ella. Entonces lo oyó soltar el aliento que había estado conteniendo.

Al contrario de lo que las leyendas decían sobre la primera vez, no sintió ningún dolor, en los sueños no podía doler, pero en cambio sí sentía lo demás, sus manos acomodándola para poder empezar a moverse, su parte más íntima placenteramente estirada por la intromisión de Inuyasha, y los latidos de ambos pulsos retumbando uno contra el otro, haciendo la espera insoportable… Pasó sus manos por las de él, y subió por los brazos hasta los hombros, hasta el cuello, hasta los mechones de hebras blancas que ocultaban su rostro para apartarlos, donde sus ojos se encontraron, y se dijeron demasiadas cosas en silencio, sobrando las palabras.

Él la rodeó con los brazos por la cintura para acercarla a su cuerpo hasta tenerla sentada a horcajadas encima de sus caderas, dejándole como único asiento las manos que la sujetaban. Para él no era esfuerzo ninguno mecerla sobre él, friccionarla para sentir los trallazos relampagueantes que le supusieron a su cuerpo estar dentro de ella, empujándolo más adentro cuanto más la acercaba.

Kagome cerró los ojos ante la ola de emociones que atravesaron su cuerpo una y otra vez, con cada suave embestida que él le daba. Era una sensación desconocida, pero agradable, y que hacía que los vellos de cada parte de su cuerpo se le erizaran.

Agarrada a sus hombros, sintiendo cómo su cuerpo era sometido a los embates de Inuyasha, y los jadeos de él; que entraban en sus oídos como un bálsamo, que en lugar de apaciguar despertaba cada poro de ella, y tensaba cada parte de su cuerpo, acumulando con cada acometida un poco más de esa sensación que se hacía cada vez más insoportable y que no sabía cómo iba a terminar… hasta que no pudo más y suplicó que la ayudase a acabar con aquella sensación placenteramente tortuosa e intolerable.

Resistió cada ataque con pasión, sujetándose a las caderas de él, y, guiada por un instinto básico que hasta ahora desconocía para arremeter contra cada uno, encontrándose con él a medio camino, y gimiendo agónica en canda encuentro. De pronto todo, excepto lo que estaba sucediendo en su cuerpo, desapareció en la nada, y solo quedó ella y sus sensaciones. Se abrió a ellas y dejó que ese terrible peso que se iba acumulando en su vientre, subiera libremente por su pecho, y estallara volviendo loca a todas sus terminaciones…

Inuyasha miró, a través de la niebla que lo poseía, cómo ella se arqueaba hacia atrás hasta tener la cabeza apoyada en el suelo.

Mediante fue dejándose caer hacia atrás, él iba recorriéndole la espalda con las manos, sintiendo en las palmas cómo su columna se movía como una serpiente, buscándolo cada vez que entraba en ella. Los gemidos lo envolvían como un manto erótico, y sus caderas lo cobijaban como si no pudiesen soportar la separación, haciendo que se precipitase más rápido y más fuerte a su encuentro.

Su postura, junto con sus jadeos; que habían cambiado… y la presión que ejerció sobre él desde dentro, era más de lo que su mente jamás hubiera podido imaginar de ella, solo un sueño como este, en un momento como el que estaban, le mostraba una Kagome distinta, entregada en cuerpo y alma a él. Y solo aquí, en este mundo donde la conciencia y las responsabilidades no existían podía hacer realidad su mayor deseo, podía hacerla suya para siempre. Por eso no dudó cuando sintió que su cuerpo estaba a punto de sucumbir a los espasmos que sentía dentro de ella, recitando una serie de frases en una lengua extraña para los humanos, y que solo los demonios nacían sabiéndola, terminando la última de las frases, al mismo tiempo que parte de su vida se derramaba dentro de ella, y cayendo satisfecho sobre el cuerpo de Kagome, abrazándolo y pensando que si ahora tenían que despertar, él guardaría este sueño en su mente hasta que pudiera hacerlo realidad.

……………………

Kagome se levantó del suelo con el alba, pensando que se había quedado dormida en medio del bosque, y recriminándose por lo descuidada que había sido al no caer en el peligro que podía haber corrido al permanecer separada del campamento y con la guardia baja. Pero su corazón se tranquilizó al ver a Inuyasha a unos metros de ella, durmiendo a piernas sueltas junto al árbol donde se había quedado esperándola para regresar al campamento juntos. Al menos no había estado sola.

De pronto recordó por qué se habían parado allí, habían estado discutiendo por Kikyo, y tal como llegó el recuerdo de esa discusión, también llegaron las imágenes y las sensaciones de aquél sueño erótico que guardaría celosamente como un secreto. Si no fuera porque estaban vestidos, pensaría que había sucedido de verdad, puesto que aún sentía en partes de su cuerpo las huellas de aquella experiencia irreal.

A pocos metros podía ver el humo del campamento, y tras ellos se oía la corriente de un río. Pensó en lo bien que le sentaría un remojón, y quitarse la sensación de tener esa sustancia pegajosa entre las piernas que la incomodaba, no sabía qué podía ser, pero sospechaba que tenía que ver con sus sueños, y prefería borrar cualquier evidencia antes de que él despertara y pudiera percibirlo. Por lo que corrió al campamento, saludó a los chicos con la rapidez de una ráfaga de viento mientras cogía su mochila y su arco, y corrió a meterse en el agua.

Inuyasha despertó unos minutos después, desorientado y con una extraña liberación que lo tenía confundido. Recordaba a Kagome cerca de él, de pie mirando las estrellas y él apoyado en el árbol. En algún momento debió caer dormido al suelo, no era habitual en él dormir tan profundamente como para acabar tumbado, pero estos últimos días habían sido un caos entre perseguir a Naraku, luchar contra sus creaciones y encontrarse a escondidas con Kikyo… Era normal que estuviera tan agotado como para caer rendido.

Lo que le molestó fue que ella, ni lo había esperado, ni lo había despertado para decir que volvía al campamento. Ya podía haberlo avisado.

Al menos no lo dejó solo, porque su olor aún era muy persistente en aquél sitio. Y debió dormir muy cerca, casi encima, porque tenía la sensación de que hasta él olía a ella. Quizás por eso había tenido aquél sueño…

Se incorporó hasta quedar sentado y se rascó la cabeza, tenía el pelo más encrespado que nunca, y un extraño sabor en la boca, como si le quedara la secuela del sabor de ella. Eso era imposible, los sueños no podían ser tan reales, pero las sensaciones estaban ahí, aunque tampoco sería tan extraño, había oído decir que a veces la mente era tan poderosa que podía manifestar sensaciones tan reales como creíbles. Y eso debía estar pasándole a él.

La deducción puso una sonrisa atrevida en su boca. No le importaría soñar todas las noches lo mismo y despertar cada mañana igual que ahora.

- Qué demonios…, fue bueno.- recordó el rostro de ella, frunciéndose cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, su vientre tensarse cuando se arqueó, ofreciéndole la visión de sus pechos redondos y suaves con aquella postura, con sus pezones rígidos apuntando hacia él, su cuerpo sacudiéndose de placer, del placer que él le estaba dando, y sus gemidos pidiendo, no… suplicando, que le diera más para terminar con su tortura… - Jeh!, realmente bueno. - dijo, sin saber si suspiraba porque le hubiese gustado que fuera verdad, o porque realmente se sentía orgulloso por haberla satisfecho en sueños como lo hizo… Se levantó y se dirigió al campamento, guiado por el olor a desayuno recién hecho. Sentía el estómago vacío, y rugía como si tuviera una guarida de leones dentro. Nunca antes se había despertado tan hambriento.

Miró a su alrededor cuando llegó hasta los chicos, Shippo jugaba a perseguir a Kirara, que parecía cansada de la energía inagotable del kitsune, Miroku estaba sentado en una piedra observándolo llegar, y Sango hacía el desayuno. Pero no había rastro de Kagome… ni de su mochila.

- Vaya Inuyasha, veo que has regresado. – La sonrisa de Miroku era sospechosa, no comprendía qué se le había pasado por la cabeza al monje, pero le daría un coscorrón por si las moscas, no ahora, después de saciar el hambre.

- Olí el desayuno,- Todos vieron que no dejaba de mirar de uno a otro, y después más allá del bosque, era obvio que quería saber dónde estaba Kagome, pero su orgullo le impedía preguntar.

- Claro, pero… ¿no deberíamos esperar a que regrese la señorita Kagome? se ha ido al río. Lleva allí un buen rato, así que no creo que tarde en llegar – Preguntó Miroku distraídamente, como si su intención no fuese la de calmar al Hanyou, sino el comportamiento de un hombre que se conducía por sus buenos modales.

- Shippo- Inu Yasha con la cabeza gacha, como si de verdad no le importara, miró disimuladamente al joven demonio - ve a buscar a Kagome, parece que se olvida de que los demás queremos desayunar y que la estamos esperando. Por lo que tarda no me extrañaría que se estuviese ahogando.

- ¿Pero qué dices? Kagome es buena nadadora, si estuvieras más pendiente de ella te habrías dado cuenta por ti mismo que se mueve como un Kappa en el agua… - Shippo levantó la barbilla orgulloso, Kagome era especial, única, una chica increíble, capaz de hacer muchas cosas sorprendentes como pasar varios minutos bajo la superficie y aparecer de pronto en el otro extremo del río, o volver dando unas brazadas rápidas y coordinadas hasta la otra orilla, sin apenas cansarse… y este idiota cabeza hueca aún no se había dado cuenta de lo extraordinaria que era nadando.

- ¡¡Obedece si no quieres que te de tu merecido mocoso!!- Shippo tragó con dificultad e Inuyasha se sintió realizado cuando oyó la saliva pasar por la garganta con un "glup" sonoro. Le divertía verlo pasar por apuros, someterlo para demostrarle que él podía ser muy inteligente, pero le faltaba su fuerza. Y la manera de vengarse, era asustarlo levantándolo por las solapas del kimono hasta tenerlo a su altura y sentir sus temblorosas manitas en la muñeca, agarrándose por si lo dejaba caer. No era tan malo como él creía, le había cogido cariño al pequeñajo, pero a veces lo sacaba de quicio con su superioridad.

- Déjalo en el suelo, Inuyasha, estoy segura de que él no te ha hecho nada… - La voz de Kagome salió por detrás de ellos, cansina… como si oírlos o verlos discutir fuera tan rutinario que ya no merecía la pena molestarse por ellos.

Shippo se sintió flotar de pronto en el aire y seguidamente se precipitó al suelo con un "plop" al que nadie prestó atención excepto Kirara, que le arrimó el hocico a la espalda cuando el pequeño se frotó la zona dolorida.

- Deberías de haber regresado antes, no tienes consideración con nadie, estamos aquí desfalleciendo de hambre mientras esperamos a que tú chapotees cuanto quieras en un riachuelo. – Sabía que el riachuelo en realidad se trataba de un afluente de unos veinte metros entre una orilla y otra, con una corriente muy fuerte. Ella se debía haber dado una paliza nadando si lo había cruzado, y conociéndola, lo habría hecho un par de veces. Era su ejercicio matinal cuando encontraba un río o un lago en el camino, pero esperaba que ella no lo corrigiera y lo dejara en ridículo. Es que tenerla tan cerca después de aquél sueño erótico, lo hacía comportarse como el idiota que Shippo decía que era.

Kagome miró el agarre en su brazo despectivamente, y levantó los ojos hasta Inuyasha, exigiéndole, silenciosamente, que la soltara, él se sonrojó de repente y la soltó de inmediato. No entendía por qué se ponía tan tímido de pronto, pero la incomodaba, porque hacía que recordara ciertas imágenes que solo ella podía conocer.

Antes de que él notara que también se sonrojaba se volvió a los demás e hizo una pequeña reverencia para disculparse por su tardanza. Seguidamente, se fue junto a Sango para ayudarla a servir los desayunos, esperando que nadie reparase en el rubor que sentía subirle hasta las orejas.

22/03/2005

Artemisa 1: Bueno, pobrecillos, aún no saben si soñaban o no, pero bien que han aprovechado por si acaso...

Artemisa 2: Sí, sí, ya, ya... Este Miroku y sus travesuras perversas :P

Ap, queriamos agradecer a las personas que nos mandaron rewies en "Por despecho" :D, nos animó a subir más cositas aquí.

Un saludo pa ellas y pa tos las que nos lean.