Hola!

Aquí estoy de nuevo molestando con otra pequeña historia. Es un fic de dos capítulos, decidí dividirlo porque sino me quedaría un oneshoot enorme y os dormirías sobre el teclado. La pareja es Charlie/Tonks. Nunca había escrito sobre ellos, pero hace tiempo leí un fic de esos dos y pensé que harían una buena pareja. Adoro a Tonks y Charlie siempre me ha caído bien, creo que después de los Gemelos es el Weasley que más me gusta. Lo he llamado Rock and Dragons por razones evidentes: Tonks es rock, Charlie es dragones. Nada más, sólo que espero que os guste :)


Rock and dragons

Primera parte

Tonks nunca había sido una chica convencional. No era fácil serlo teniendo un nombre como Nymphadora y despertándose cada día con el pelo de un color diferente. Tampoco ayudaba mucho su tendencia casi patológica a tropezar, caerse por las escaleras o tirar cosas.

Hablaba demasiado alto, se sentaba en posturas poco elegantes y no tenía pudor a la hora de desgañitarse cantando cualquier canción de Las Brujas de McBeth.

A Charlie le había caído bien desde la primera vez que la vio tropezar cuando se dirigía hacia el Sombrero Seleccionador. Cuando había logrado levantarse del suelo, su pelo negro estaba totalmente naranja y a pesar de que todo el Gran Comedor la estaba mirando, en lugar de avergonzarse Charlie juraría que la oyó maldecir por lo bajo mientras caminaba con aplomo hasta McGonnagall.

Cuando el sombrero la puso en Hufflepuff, Charlie casi lamentó que no compartieran casa. No obstante, pronto tuvo la ocasión de conocerla porque resultó que ambos coincidieron en la enfermería en la primera de las usuales visitas de Tonks al lugar.

Charlie se había dado un buen porrazo durante un partido de quidditch cuando una bludger le golpeó en el estomago con tanta fuerza que le tiró de la escoba. En cambio, Tonks se tiró de la escoba ella solita en sus clases de vuelo.

Como no tenían gran cosa que hacer y Pomfrey insistió en que se quedaran en la enfermería dos días, ambos muchachos empezaron a hablar y así descubrieron que a los dos les gustaba el quidditch.

—Cuándo tengas la edad suficiente, ¿te presentarás a las pruebas para el equipo de Hufflepuff? —le había preguntado Charlie.

—No lo creo —respondió la Tonks de once años arrugando la nariz —no serviría de gran cosa porque no soy capaz de mantenerme en la escoba más de cinco minutos. Ni hablar de encargarme de quaffles, bludgers o snitchs a la vez.

—Volar es fácil —replicó Charlie frunciendo el ceño contrariado —no tienes que hacer nada más que subirte a la escoba.

—En ese caso, las escobas me odian.

—Nymphadora…

—Tonks, llámame Tonks, odio mi nombre. Mi madre debía de estar enfadada conmigo cuando me lo puso.

Charlie sonrió.

—Es un nombre bonito —Tonks arrugó de nuevo la nariz con disgusto —¿qué te parece Dora?

—Eso es aún peor —se quejó ella —suena a cincuentona con rulos que hace pasteles de manzana. Tonks, llámame Tonks —insistió.

—Está bien.

Pero en realidad, no estaba bien porque Charlie nunca la llamó Tonks. Durante sus primeros cuatro años en Hogwarts, Tonks le había pegado en el hombro cada vez que él la llamaba Nymphadora. Como eso no solía valer de nada, Tonks amenazaba con maltratar a su adorada escoba si él volvía a llamarla por su nombre. Charlie la miraba con recelo y murmuraba un amenazador "No te atreverás, Nymphadora" al que Tonks le respondía con algún insulto y una nueva lluvia de golpes en los brazos que siendo tan corpulento casi le rebotaban. A pesar de eso, desde ese día en que coincidieron en la enfermería, los dos se habían hecho grandes amigos.

Charlie solía aparecer de la nada para sostenerla antes de que se estampara contra una armadura o bajara unas escaleras con el trasero, con una naturalidad tal que parecía que supiera exactamente cuando iba a tropezar. También le enseñó a hacer que las piedras que lanzaban al lago rebotaran varias veces antes de ser engullidas por las aguas, le dio a probar su primer sorbo de whisky de fuego y le explicó qué razas de dragones estaban extintas y cuales no.

Extrañamente, Charlie tenía la capacidad de reconocerla aún cuando Tonks cambiaba su apariencia. A veces lo hacía simplemente porque podía hacerlo. Le divertía adoptar la apariencia del batería de las Brujas de McBeth o de cualquier persona desconocida y hacerle bromas a la gente aprovechando su anonimato. Podía engañarlos a todos menos a Charlie, él siempre sabía que era ella aún cuando estuviera convertida en una rubia de ojos verdes.

—Nymphadora, sé que eres tú —solía decirle él, sonriendo. Entonces Tonks pateaba el suelo y volvía poco a poco a su aspecto natural, con el pelo negro y largo, los ojos oscuros y el rostro pálido con forma de corazón.

—No lo entiendo, ¿cómo lo haces? ¿Cómo sabes siempre que soy yo? —le preguntaba ella exasperada.

—No lo sé —Charlie se encogía de hombros y se metía las manos en los bolsillos de la túnica con sencillez —se te nota. Además, siempre sueles tropezar con alguien.

—Hoy no lo he hecho —se quejaba ella cuando eso era verdad.

—Supongo que son tus ojos o tu manera de andar, no lo sé —aseguraba él —además, si tengo dudas no tengo más que llamarte Nymphadora y entonces intentarás pegarme.

—¡No me llames Nymphadora! —bufaba ella y procedía a pegarle.

Durante esos cuatro años para Tonks, Charlie no fue un chico. Era un… Charlie.

Iba a verle a los entrenamientos y le esperaba a la salida de los partidos de quidditch, solían estudiar juntos e incluso habían llegado a ir a Hogsmeade los dos solos, pero cuando alguna de sus amigas le preguntaba si estaba con Charlie, ella ponía cara de horror y murmuraba un "ugh".

Hasta los catorce años, sólo había habido un chico para Tonks: Bill Weasley.

Le resultaba gracioso que la gente pensara que había algo entre ella y Charlie cuando estaba colada por su hermano mayor. No podía evitarlo: Bill era guay. Para empezar llevaba el pelo tan largo como su madre –y Andrómeda le había aconsejado a Tonks que desconfiara de los chicos que tuvieran el pelo más largo que ella –siempre recogido en una coleta y además tenía un pendiente en la oreja. Un pendiente, ¡cómo el batería de las Brujas de McBeth! Por si fuera poco, había sido Premio Anual y era de los mejores estudiantes de su promoción.

No obstante, Bill era varios años mayor que ella, así que nunca se fijó en Tonks, lo cual no impedía que ella acosara con sus preguntas a Charlie para saber más de él.

—¿Tiene novia?

—En este momento no lo sé —solía replicar Charlie —ya sabes que tiene mucho éxito con las chicas.

—No me extraña, es tan…sexy —suspiraba ella.

—Nymphadora, por favor, es mi hermano, ¿podemos cambiar de tema?

—Cuando dejes de llamarme Nymphadora.

—¿No es tu nombre? —se mofaba él y Tonks acababa pegándole en un hombro.

No obstante la situación cambió cuando ella empezó el quinto curso, pues pasaron tres cosas relevantes en su vida: Bill ya no estaba en Hogwarts, Tonks cumplió quince años y Charlie se echó novia.

Novia. Charlie. Charlie con novia.

Tonks tardó en asimilar la idea. Como ella nunca había visto a Charlie como a un chico, le resultaba difícil que otras chicas sí lo hicieran. Haciendo un leve esfuerzo podía entender que lo vieran como un chico. Es decir, parecía un chico, de hecho, lo era.

No muy alto pero sí bastante corpulento, tenía una espalda tan ancha que Tonks siempre se burlaba de él diciéndole que no podría atrapa la snitch si tenía que pasar por uno de los aros de gol porque se quedaría atascado. Llevaba el pelo bastante corto porque tendía a rizársele en cuanto se lo dejaba un poco largo, tenía la piel totalmente cubierta de pecas y unos rasgos normales y agradables. Lo único que llamaba la atención en él era su sonrisa. Tonks reconocía que su sonrisa era especial, ancha y luminosa, le cambiaba totalmente el rostro.

A ella le gustaba verle sonreír. Pero en ese quinto año descubrió otra cosa fundamental: no le gustaba que fuera la idiota presumida de Julia Pickle la que le hiciera sonreír tanto. Y no es que estuviera celosa, es que realmente Julia Pickle era una idiota presumida y no lograba entender cómo Charlie podía ver algo en ella.

A Tonks siempre le había caído mal. Bueno, siempre desde que se había dado cuenta de que existía, lo cual tuvo lugar unos meses antes de que acabara su cuarto curso. De repente, una chica rubia con el pelo rizado y la bufanda de Ravenclaw había comenzado a aparecer en los entrenamientos de Charlie. Tonks no se había fijado en ella, especialmente porque Bill Weasley a veces acudía a los entrenamientos de su hermano y Tonks prácticamente sólo le miraba a él. Había sospechado algo cuando en la última visita a Hogsmeade, Tonks la había encontrado con Charlie en Zonko. Pero entonces había imaginado que simplemente habían coincidido en la cola y no le había dado más vueltas al asunto.

Por eso le sorprendió tanto que Charlie se la presentara en el Expreso de Hogwarts el primer día de su quinto curso. Se hizo evidente que a Julia no le caía muy bien Tonks. No sólo por las miradas amenazantes que le lanzó, ni por su mano posesivamente enlazada con la de Charlie, sino porque cuando Tonks arrolló accidentalmente a un alumno de primero, Julia soltó una risilla aguda e insoportable. El pelo de Tonks se volvió rojo fuego cuando la escuchó, cosa que sólo sucedía cuando se enfadaba mucho, y reconociendo la señal de peligro, Charlie trató de poner paz.

No sirvió de mucho porque desde ese día, Julia Pickle y Tonks se odiaron. Por si Tonks no tenía suficiente con esa usurpadora estúpida y engreída que le quitaba a Charlie todo el tiempo que podía, descubrió otra cosa desagradable. Que no podía enfadarse, ni siquiera irritarse con Charlie cuando la llamaba Nymphadora. Unos meses atrás hubiera protestado y le hubiera pegado débilmente, pero ese curso, cuando intentaba molestarse con él la fascinante distribución de las pecas sobre su nariz y mejillas hacía que perdiera totalmente la concentración. Tonks lo atribuía a que era materialmente imposible enfadarse con alguien con pecas, estaba segura de que había estudios al respecto. Además luego Charlie sonreía y Tonks se olvidaba hasta de su propio y odiado nombre. Ese último descubrimiento fue posiblemente el que menos le gustó de todos. Llevaba bien que Bill ya no estuviera en Hogwarts –de hecho, ya casi no se acordaba de él – e incluso podía aceptar que Charlie era un chico y que como tal era perfectamente normal que tuviera novia, pero eso de que sus pecas la distrajeran tanto era raro.

Como también lo era que se hubiera sentido deprimida y extrañamente dolida la primera vez que vio a Charlie y a Julia besándose. No era tonta, estaba segura de que se habrían besado mil veces antes de que ella los viera, pero era mucho más feliz sin tener que verlos. Porque haciéndolo, Tonks se dio cuenta por primera vez de lo grandes que eran las manos de Charlie, tanto que el rostro de Pickle parecía femeninamente diminuto entre ellas. También notó que una boca que podía sonreír de esa manera tan radiante debía de hacer maravillas besando y por desvaríos de su mente, la combinación manos gigantes más sonrisa deslumbrante, la llevó a pensar cómo sería que Charlie la besara a ella en lugar de a Julia Pickle. Y esta vez no hubo ninguna expresión de horror ni ningún "ugh".

Primero sintió una punzada de rencor por no ser Julia y porque lo justo sería que fuera a ella, Tonks, a quién besara. ¿Acaso no había pensando todo el mundo que eran novios? Y después se sintió deprimida porque comprendió que Charlie ya no era un Charlie sino un chico. Un chico por el que estaba colada y había sido tan torpe que ni siquiera se había dando cuenta antes.

Pero que estuviera con Pickle no sólo le dolía como chica, también como amiga. Porque de pronto Pickle era la que le esperaba después de cada partido para felicitarle, la que se sentaba en primera fila en los entrenamientos y la que estudiaba con él en esa mesa de la biblioteca que estaba pegaba a las ventanas. Tonks cada vez lo veía menos y él no parecía percatarse de ello, así que en los raros momentos en que podían estar juntos sin la irritante compañía de Julia, Tonks no podía evitar notarse resentida con él.

—¿Te pasa algo? –le preguntó él un día.

—¿Qué me iba a pasar? –replicó ella arrojando una piedra al lago con tanta rabia que se hundió directamente sin rebotar ni una vez.

—Estás muy callada, no has dejado que te ayudara a levantarte cuando te caíste y parece que estás bastante cabreada con el lago o tal vez con el calamar gigante.

Tonks sintió ganas de gritarle un "con quien estoy cabreada es contigo, zoquete" pero lo desechó en el acto, porque siendo sensata, no tenía ninguna razón lógica para estar tan enfadada con él.

—Nymphadora —insistió él al ver que no respondía.

—¡Qué no me llames Nymphadora, Charlie! –le chilló ella perdiendo los papeles. Con razón o sin ella estaba enfadada y esa vez sus encantadoras pecas no iban a librarle.

—A ti te pasa algo —Charlie la miró entrecerrando los ojos como si quisiera leer dentro de ella —y vas a contarme qué es.

—¿Por qué? —replicó airada.

—Porque siempre me has contado todo —le recordó él.

—Y tú siempre me buscabas después de cada partido que jugabas, pero las cosas cambian —replicó Tonks y se sintió estúpida porque su voz había temblado en sus últimas cuatro palabras como si fuera a echarse a llorar. Y ella no era una llorona como Julia Pickle, porque aunque nunca la había visto llorar, estaba segura de que lo era. Pickle era todo lo que a Tonks no le gustaba y punto.

Charlie la miró con el ceño fruncido durante unos segundos y se llevó una mano a la barbilla como si estuviera pensando algo seriamente.

—Nymphadora —dijo con tono sereno —¿es posible que estés celosa?

Tonks sintió el impulso de chillar que no lo estaba, pero sabía que no iba a servir de nada. Nunca había sido capaz de engañar a Charlie.

—Es posible, sí —reconoció cruzándose de brazos.

Charlie abrió la boca como si mandíbula inferior se le hubiera caído, después se rascó la frente y se pasó una mano por el pelo como hacía siempre que estaba nervioso.

—Pero a ti te gusta mi hermano —atinó a decir al cabo.

—Oh, por Merlín, ¡eso fue hace siglos! —desechó ella con un movimiento de mano.

—¿Hace siglos? Fue el curso pasado y de eso hacen seis meses. Te recuerdo que has estado cuatro años preguntándome constantemente sobre él —explicó él con un matiz acusador en la voz que ofendió a Tonks.

—Pues perdóname —dijo a la defensiva —no lo hubiera hecho de saber que te suponía tanto esfuerzo contestarme.

—Sí lo hubieras hecho, lo hiciste.

—No sabía que te molestaba tanto.

—Sí lo sabías.

—Ya te he dicho que lo siento, ¿vale? —le chilló ella lo más alto que pudo.

—Vale —dijo él con frialdad.

—Bien —murmuró ella herida con su expresión de furiosa indiferencia. Sin decir más, echó a andar a zancadas hacia el colegio. Tropezó a unos centímetros de Charlie pero él no hizo ademán de sujetarla y Tonks siguió andando con la barbilla apuntando al cielo, sin mirar atrás ni una vez.

o0o

Mirando el lado bueno, Charlie había dejado de llamarla Nymphadora. Había dejado de llamarla a secas, para ser exactos. Desde esa estúpida discusión que habían mantenido en el lago, Charlie y Tonks se esquivaban. Tonks lo hacía porque estaba furiosa con él por estar con Julia Pickle y por haber adivinado que estaba celosa, pero no entendía por qué demonios Charlie estaba tan enfadado con ella. Había repasado mentalmente la conversación que habían tenido docenas de veces y seguía sin comprenderle. Él parecía haberse enojado cuando salió a colación Bill. ¿Realmente le había molestado tanto que Tonks le preguntara por él en el pasado? Había sido algo pesada, bueno, bastante pesada pero eso no era razón para que Charlie nunca sonriera si ella andaba cerca. Él también había tenido catorce años y seguro que se había encaprichado por alguna chica inalcanzable, como todo el mundo. Aunque pensándolo detenidamente, Charlie nunca le había hablado de ninguna chica. Sabía que Pickle no era la primera chica que había besado porque Tonks había oído rumores sobre él y un par de chicas más, pero cuando le preguntaba al respecto, Charlie siempre le decía que no era nada importante y daba por zanjado el tema.

Debía de reconocer que él nunca había sido un pesado como ella. Tonks lo lamentaba y a veces sentía ganas de aporrearle su inmensa espalda y gritarle que lo sentía pero que como siguiera ignorándola tendría que matarle. No obstante no lo hacía. Porque el enfado regresaba a última hora, cuando ya casi estaba decidida, cada vez que Charlie pasaba el brazo por encima del hombro de Pickle o que ella enredaba sus dedos en la enorme mano del buscador.

Y sentía tantos celos y tan tristeza porque Charlie no era su novio y ni siquiera su amigo que el pelo se le descoloraba durante horas. La distancia entre Charlie y ella le dolía casi físicamente. Prácticamente desde que había llegado a Hogwarts se habían hecho inseparables y ahora él apenas si se dignaba a mirarla.

Tonks tenía otras amigas, gente de su clase, gente de su casa, pero no eran como Charlie. Nunca lo habían sido, así que Tonks tomó la costumbre de pasar varias horas a solas en su habitación, mirando por la ventana, sintiéndose patética y pensando en Charlie todo el rato.

—Tengo algo que te animará —le dijo Hazel Caldwell un día irrumpiendo en la habitación. Hazel era una de las compañeras de habitación de Tonks y una buena amiga, de las que el año anterior nunca la había creído del todo cuando le decía que no estaba con Charlie.

—¿Me has traído una pistola? —preguntó Tonks con sarcasmo, esbozando una sonrisa triste.

—¿Una qué? —Hazel era sangre pura y lo desconocía casi todo sobre el mundo muggle.

—Olvídalo. ¿Qué me traes? —inquirió al ver a su amiga sosteniendo dos pequeños papeles rectangulares en su mano.

—Esto, querida Tonks, son dos entradas… ¡para un concierto de las Brujas de McBeth en Londres, dentro de tres semanas! —anunció excitada.

Tonks se levantó de un salto y se abalanzó sobre su amiga para abrazarla con fuerza. Escuchar a las Brujas de McBeth en sus horas muertas, era lo único que lograba animarla un. Ni hablar de verlas en concierto. Había soñado con ello desde los doce años.

"Te llevaré a un concierto cuando cumplas dieciséis" le decía siempre su padre. Pero aún faltaban meses para que los cumpliera y a Tonks no le apetecía esperar.

—¡Gracias, Hazel! —dijo besándole repetidamente en una mejilla, Hazel rompió a reír y le puso las dos entradas en la mano.

—Ya sabes que mi padre trabaja en el Departamento de Coordinación de Eventos Mágicos y me ha conseguido un par de entradas para ti.

—¿Para mí? ¿No vas a venir conmigo? —preguntó Tonks confundida y la sonrisa de Hazel se apagó lentamente.

—Verás, mi padre no me deja. Es en Mayo y dice que tengo que estudiar para los T.I.M.O.S. Me escaparía pero va a estar en el concierto y si me ve…me matará.

—Entiendo —murmuró Tonks desanimada pero luego forzó una sonrisa alegre —pero bueno, no importa. ¡Ya buscaré a alguien!

Y realmente lo intentó, preguntó a todos sus amigos y compañeros de clase, pero todos estaban ocupados preparando sus T.I.M.O.S o no tenían permiso de sus padres para salir de Hogwarts durante el curso. Tonks tampoco lo tenía pero pensaba escaparse y sabía exactamente cómo.

Los hermanos pequeños de Charlie, los gemelos, le habían enseñado el curso pasado un pasadizo con el que llegar a Hogsmeade. Desde allí llamaría al autobús Noctámbulo y así llegaría a Londres. Era un plan sencillo.

Rosamund Walsh, otra de sus amigas, trató de convencer a Tonks de que escaparse y más sola era una locura, pero la chica no le hizo caso.

—Lo necesito, Rosamund —le decía siempre —necesito salir de este colegio aunque sea un día y ver a las Brujas de McBeth.

Rosamund nunca se mostró conforme con su plan, pero Tonks no le dio importancia hasta que, justo cuando faltaban tres días para el concierto, Charlie se plantó en la mesa de Hufflepuff mirando a Tonks como si estuviera furioso.

—¿Podemos hablar? —preguntó secamente.

Tonks hubiera deseado enviarle al cuerno, pero lo cierto es que echaba tanto de menos a Charlie que aunque él estuviera evidentemente enojado con ella, no puedo negarse.

Los dos caminaron en silencio hasta las puertas de Hogwarts, o más bien Charlie caminó a zancadas y Tonks se las apañó para seguirle sin tropezar. El chico guardaba las manos en los bolsillos y tenía la espalda tan tensa que la cabeza parecía salirle directamente de los hombros. Estaba realmente cabreado y Tonks no podía imaginar qué había hecho esta vez. Por eso en cuanto dejaron las puertas atrás, no soportó más el silencioso enfado del pelirrojo.

—¿Se puede saber que te pasa ahora? No he vuelto a preguntarte por Bill y tu hermano me importa un pepino —le dijo cruzándose de brazos y alzando la barbilla. No iba a dar un paso más.

Charlie se detuvo y se sacó las manos de los bolsillos como si quisiera sujetarla y zarandearla, pero finalmente se lo pensó mejor y las cerró en puño, apretadas contra sus piernas.

—Si te importa un pepino deja de hablar de él —replicó con enojo.

—¿Qué quieres? —le interrogó ella cortante. O lo intentó porque hacía tanto tiempo que no veía de cerca las pecas de Charlie que no podía dejar de mirarlas.

—¿Qué locura es esa de irte a Londres sola? —le soltó él.

—Pues una locura que no es asunto tuyo. Además, ¿cómo sabes tú eso? —le preguntó recelosa.

—Tengo mis fuentes —repuso Charlie obstinado.

—Ah, ya, Rosamund, ¿no? Será traidora —murmuró por lo bajo.

—Es una buena amiga, se preocupa por ti. No le eches la culpa de esto, después de todo, ¿cuál es tu plan? ¿Ir a Londres en escoba? Porque me temo que no llegarías ni a las puertas del colegio.

—Lo sé, genio del quidditch —replicó Tonks lanzando chispas por los ojos —No pienso ir en escoba, ni tampoco voy a decirte cómo llegaré a Londres. No es de tu incumbencia, así que regresa con Pickle y déjame en paz. Lo has hecho muy bien estas semanas.

Y a continuación, se dio media vuelta y se dirigió a Hogwarts en actitud digna o al menos eso pretendía que pareciera, porque iba tan despacio para no tropezarse que su marcha perdió todo su dramatismo.

Además, Charlie no necesitó gritarle un "¡Espera!" a gritos y correr detrás de ella para alcanzarla como solía suceder en las películas muggles que veía con su padre en vacaciones, porque en dos zancadas no sólo llegó a su altura, sino que casi la adelantó.

—Mira, sé que en estos momentos no soy tu persona favorita pero no pienso dejar que vayas a Londres sola —anunció él con un tono de voz que nadie replicaría.

Nadie excepto Tonks.

—¿Ah, no?¿Y qué piensas hacer para impedirlo?

¿Hipnotizarme con tus pecas?, pensó enfadada.

—Tienes dos entradas, ¿no? Voy a ir contigo —la informó Charlie y continuó antes de que a Tonks le diera tiempo a replicarle —Si hace falta acamparé en la entrada de la bodega de Hufflepuff, pero no te irás sin mí.

Tonks abrió y cerró la boca furiosa, buscando algo que decir. Algo inteligente y sarcástico que le hundiera en la miseria y le quitara esas ideas ridículas.

—Se supone que tú no sabes dónde están las bodegas de Huflepuff .

Intento de decir algo inteligente y sarcástico: fallido. Intento de no decir algo estúpido: estrepitosamente fallido.

—Por Merlín, Nymphadora, ¡me las enseñaste tú hace años! —replicó Charlie exasperado —además, ese no es el tema. Voy a ir contigo y punto.

—Ya lo veremos —y Tonks echó a andar de nuevo hacia Hogwarts. Estaba tan furiosa que no le importaba tropezarse, así que desafió la suerte andando a bastante velocidad.

—Ya lo verás tú, porque tengo las entradas.

Tonks se paró en seco y se giró hacia Charlie con una mirada de incredulidad. Allí, en una de sus manazas, estaban las dos entradas que Hazel le había regalado.

Ella podría haberle gritado, podría haber dado una patada al suelo o incluso podría haberle hechizado, no había duda de que se lo merecía. Pero tenía tantas ganas de llorar de la rabia que simplemente se dio media vuelta y regresó a Hogwarts. Y las rodillas ni siquiera le dolieron cuando tropezó en el primer escalón.

La perspectiva de ir a Londres con Charlie no podía resultarle más desalentadora. Unos meses atrás la sola idea de ir a ver a su grupo favorito con su mejor amigo hubiera bastado para que su pelo cambiara de color durante horas e incluso hubiera sido un poco más alta y con los ojos más claros sin pretenderlo. Ahora su pelo estaba mustio, se sentía diminuta y tenía los ojos oscurecidos por el enfado.

Tonks no entendía a Charlie Weasley. Primero se enfada con ella sin razón, después la ignoraba y luego se comportaba como un irritante y estúpido hermano mayor. No sabía si le molestaba más que se le impusiera o que la considerara una inútil indefensa.

Tonks podía ser algo torpe en cuanto a moverse por el espacio se trataba, pero era una de las mejores de su clase y tenía el firme propósito de ser aurora desde antes de que pudiera recordarlo. Sabía cuidar de sí misma, de hecho debería convertir a Charlie en un alfiler para demostrárselo, pero sabía que no valdría de nada. Porque estaba segura que cuando saliera sigilosamente –o algo así –de las bodegas de Hufflepuff para escaparse a Londres, encontraría a un alfiler que le pincharía el pie.

De cualquier modo, que fuera a acompañarla no significaba que volvieran a ser amigos. Ya no la ignoraba como antes, sino que la miraba enfadado cada vez que se la cruzaba por los pasillos y la saludaba con un odioso Nymphadora.

Y de nada le sirvió a Tonks ser capaz de retirarle la palabra a Rosamund durante diez minutos, porque el día convenido, a las siete de la tarde, cuando Tonks salió de las bodegas de Hufflepuff después de haber tirado una butaca, Charlie estaba esperándola allí. Tonks casi no le reconoció porque no llevaba su túnica de Hogwarts, sino unos vaqueros desgastados y una camisa de cuadros tan ajustada que la chica estaba convencida de que se le rompería por la espalda si movía los hombros.

—Bien —dijo él después de lanzarle una mirada airada a la camiseta de las Brujas de McBeth que llevaba Tonks —¿y cuál es tu plan?

—Conozco un pasadizo para salir de Hogwarts —repuso ella con sequedad.

No cruzaron una sola palabra en cuanto entraron en el pasadizo que iba hacia Hogsmeade. Cuando al fin llegaron al pueblo mágico, Tonks se detuvo, arrugó la nariz y torció la mirada. Su pelo negro se volvió rojo y menguó hasta quedarle por encima de los hombros. Su cara se redondeó, sus facciones se pronunciaron y su nariz respingona se aplanó, pero sus ojos oscuros y brillantes permanecieron idénticos. No quería asesinar a Charlie con unos ojos que no fueran los suyos.

—¿Por qué has cambiado? —le preguntó él malhumorado.

—Para parecer mayor. Tú pareces mayor de edad, pero yo no. Podrían ponernos pegas en el autobús si parecemos estudiantes de Hogwarts —le explicó ella en un tono que indicaba que era idiota por haber hecho semejante pregunta.

—Bien —gruñó él y alzó la varita para llamar al autobús Noctámbulo.

Cuando el autobús apareció con un chasquido por una calle demasiado estrecha para su tamaño real y se detuvo ante ellos con un sonoro frenazo, ambos subieron sin siquiera mirarse. Se sentaron el uno frente al otro, a cada lado del autobús y se lanzaron miradas enojadas durante la mayor parte del trayecto.

Mayor parte, porque cada vez que el autobús daba un frenazo o tomaba una curva, Tonks solía ir a parar al suelo. Charlie siempre intentaba ayudarla a levantarse arriesgándose a darse un porrazo él también –el autobús era un auténtico peligro –pero Tonks rechazaba su ayuda orgullosamente y se arrastraba de nuevo hacia su asiento. Al final, la sexta vez que Tonks se despatarró en el autobús, Charlie perdió la paciencia.

—Ya está bien —gruñó, levantó a Tonks como si pesara lo mismo que una pluma y la llevó en volandas. Hacía tanto que Charlie no la tocaba que Tonks se quedó sin habla cuando sintió las enormes manos del chico en su cintura, sólo eso impidió que pataleara para liberarse y le enviara al infierno a cada paso hasta que Charlie llegó al asiento. Entonces se sentó y sentó a Tonks sobre sus rodillas con brusquedad. Con una mano le rodeó la cintura fuertemente, estrechándola contra él, y con la otra se aferró al reposabrazos de su asiento.

Tonks no fue capaz de decir palabra y permaneció rígida mientras Charlie la apretaba contra él a cada frenazo o cambio de dirección del autobús. Cuando eso sucedía, ella podía sentir la firmeza de su pecho y la fuerza de los músculos del brazo con el que la sujetaba pero no se atrevió a mirarle a los ojos ni una vez. Si lo hubiera hecho hubiera percibido la mirada divertida y brillante que Charlie no le quitó de encima en todo el trayecto.

Cuando al fin el autobús se detuvo en Londres y sus puertas se abrieron. Tonks se levantó como impulsada por un resorte y bajó del autobús absolutamente mareada. Tocó su camiseta de las Brujas de McBeth y se dio cuenta de que olía a Charlie. En realidad todo ella lo hacía.

Lo que le faltaba. Lanzó una mirada furiosa a Charlie –no pensaba permitir que él llegara siquiera a imaginar lo mucho que le había afectado esa media hora pegada a él –y echó a andar por las calles de Londres intentando dejarlo atrás, por mucho que supiera que eso era inútil. Cuando se comió una boca de riego, decidió dejar de hacer el idiota y Charlie y ella caminaron a la misma altura, silenciosos. No obstante Charlie tenía una sonrisa estúpida en los labios, como si todo aquello le resultara muy divertido, que no hacía más que enervar más y más a Tonks.

Un discreto gotero de magos recorría la calle en la misma dirección que ellos, dirigiéndose hacia los grandes almacenes cerrados que albergaban en su interior el pabellón Queen Maeve Square donde tenían lugar los conciertos, fiestas y ceremonias mágicas más importantes de toda Inglaterra. El enorme edificio gris estaba cubierto de letreros descoloridos en los que aún se leía la palabra Closed y las puertas dobles estaban aseguradas con una enorme cadena plateada. Los laterales, protegidos por tupidos árboles, estaban plagados de puertas mágicas por las que los magos desaparecían disimuladamente. Tonks y Charlie entraron por una y entregaron sus entradas a un mago enorme y con cara de haber tenido un día realmente malo, y bajaron las escaleras hasta el pabellón. Al ver el escenario con la batería al fondo y un cartel enorme que rezaba "Las Brujas de McBeth", Tonks se olvidó por completo de lo mucho que odiaba a Charlie y saltó los últimos escalones para mezclase excitada con los primeros fans que se apiñaban en torno a las vallas de seguridad. Charlie la siguió, contagiado por su nerviosa energía, y le tomó una mano para no perderla. Tonks se detuvo al sentir su mano, le miró y por un instante pareció que esos últimos meses y Julia Pickle nunca habían existido.

—Vamos —murmuró Tonks algo atontada y rezando porque su pelo no estuviera volviéndose naranja como sucedía cuando se sentía avergonzada —ayúdame a colarme.

Charlie se echó a reír, como cuando eran amigos, pero después miró a Tonks con desaprobación.

—¿Lo dices en serio? Ellos llegaron antes.

—Oh, vamos, relájate —Tonks tiró de su mano jovialmente —todo el mundo lo hace. Tú eres más grande que yo, te abrirás paso fácilmente y dudo que nadie se atreva a reclamarte.

—Lo haré…si vuelves a ser tú —cedió él.

—¿Cómo? —balbuceó ella confusa.

—He venido al concierto con Tonks, no con una pelirroja —apuntó él señalando su pelo rojo con un gesto.

—Ah, bueno —Tonks arrugó la nariz y torció la mirada algo azorada, y pronto recuperó su aspecto natural —Ya está, ¿contento?

Charlie la miró intensamente durante unos segundos antes de hablar.

—Sí.

Tonks apartó la mirada algo ruborizada y tiró de él para que se mezclaran con la gente y adelantaran posiciones. Finalmente encontraron un pequeño hueco en la tercera fila y se detuvieron allí. En lugar de colocarse a su lado, Charlie se puso detrás de ella en actitud protectora y de nuevo posó sus manos en la cintura de la chica como si temiera que fuera a intentar escapársele.

Sus manos eran tan grandes que Tonks se sentía pequeñita y femenina, se sentía como una chica de quince años totalmente enamorada. Y cuando las Brujas de McBeth hicieron su aparición y los primeros acordes de guitarra sonaron en el Queen Maeve Square inundándolo de rock, Tonks posó sus manos sobre las de Charlie y por primera vez en mucho tiempo se sintió completamente feliz.


¿Tomates¿Ropa interior¿"No cuelgues la segunda parte"?

Esto es un experimento raro y me gustaría mucho saber vuestra opinión. Gracias de antemano.

Con cariño, Dry.