Sí, es considerablemente más corto que el anterior. Pero es que este pedazo de la historia necesita tener un espacio propio.


- ¿Benjamin? -

Oh, mi…

- ¿A quién le está hablando, señor Todd? ¿Quién es Benjamín? -

"Benjamin" "Benjamin" "Benjamin". Aquel nombre parecía retumbar dentro de su cabeza.

Había perdido el sentido del espacio y del tiempo.

¿Quién era Benjamin Barker? ¿Quién era Sweeney Todd? ¿Quién era Lucy Barker, la mendiga pordiosera parada frente a él? ¿Quién era Johanna Turpin, su hija atónita inmediatamente detrás suyo?

- Johanna… por favor, déjame a solas con la señorita… - murmuró Todd con la voz volátil.

La joven de amarillos cabellos le dirigió una mirada cargada de asco a la mujer antes de marcharse. Todd lo supo por la campanilla de la puerta.

- ¿Benjamin, eres tú? ¿Mi Benjamin?... – la mujer alargó una mano esquelética para tocarlo, pero Todd se corrió, acercándose a la ventana.

- Me temo que me está confundiendo, señorita… - habló, sin ser conciente de las palabras que iban saliendo de su boca, mirando por la ventana a los ignorantes transeúntes que se paseaban por la calle Fleet. – No soy el tal Benjamin del cual habla.

- No… tú eres mi Benjamin… - escuchó los pasos torpes y desaliñados de la mujer; el sonido de las tablas al crujir bajo su peso, acercándose a él - ¿Qué te dijeron los policías, querido? ¿Fue sólo una confusión del juez, verdad? Me alegro que hayas llegado; tengo preparada la cena… Johanna ha estado llorando toda la tarde, espera que la cargues…

Aferró el mango de la navaja contra el marco de la ventana, escuchando su voz dulce y suave.

- Me tenías tan preocupada… la panadera ha venido a preguntarme por ti, le había llegado el rumor de lo sucedido. No sé tú, cariño, pero esa señora Lovett me pone nerviosa…

Basta…

Sentía las uñas largas enterrarse en su camisa, percibía su rostro a poca distancia de su oído, murmurándole todas esas cosas que había deseado decirle en su mundo perfecto, el cual se basaba en malentendidos y equivocaciones…

El filo de la navaja, brillante y limpio, reclamaba por venganza, llamaba a gritos su vendetta…

Se giró bruscamente, tanto que casi bota a la mujer al suelo.

Los ojos vidriosos reflejaron su sonrisa sin gracia.

- Lo siento, señora Barker, el señor Barker no se encuentra… - el horror inundó el rostro de Lucy, desfigurando sus facciones ya poco agraciadas – No demorará mucho, sólo fue a visitar a su amigo el juez… si gusta puede sentarse aquí a esperarlo… - arrastró de ella por el cuello hasta sentarla forzadamente en la única silla de la estancia - ¿Cómo está la pequeña señorita Johanna? El señor Barker no deja de hablar de ella…

- ¡BRUJA! ¡BRUJA! – comenzó a sacudirse Lucy, completamente fuera de sí - ¡Has pervertido a mi marido! ¿Qué te han hecho, amor mío? ¡FUE ELLA, ELLA, LA ESPOSA DEL MISMO DEMONIO! -

- El boticario, amigo nuestro, ha venido a confidenciarnos que la semana pasada fue a comprarle una letal dosis de arsénico… - le susurraba Todd en el oído, pasándole la mano con la navaja abierta por el cuello - ¿Qué sucederá con la pequeña Johanna?

- ¡Vayámonos de aquí, Benjamin! ¡Escapémonos de Londres; huyamos lejos, muy lejos, de Ella y su amenaza que nos atormenta sin descanso; protejamos a nuestra hija de su maldad! – gritaba la mujer, moviendo los brazos y las piernas con violencia, pateando la rejilla de la silla.

- Vaga sola por las calles de Londres sin saber a dónde ir… flirtea fríamente con los hombres para conseguir lo que quiere… no existe ser puro que defender de la maldad; jamás existió… en sus ojos sólo reina el rencor… ¿para qué marcharse, cuándo ya es muy tarde?...

- ¡NO! -

El silencio se impuso abrupto en la barbería.

Benjamin Barker había desaprovechado su última oportunidad de volver a nacer.

Había muerto. Como su esposa.

Y Sweeney Todd tomaría su lugar.

#

Se levantó de un salto.

- ¿Qué sucede, señora Lovett? – le preguntó la joven, que no despegaba la mirada del techo.

- Tuve una horrenda pesadilla… - murmuró, con una mano en el pecho. - ¿Dónde está el señor Todd?

Johanna echó un último vistazo al techo, antes de bajar la mirada y posarla neutral en ella.

- Arriba, con la pordiosera. -