"Forbidden Paradise"

(Paraíso Prohibido)

Por: Leia Fenix

"Ella era una especie de paraíso, la mujer perfecta en todo sentido de la palabra...pero ese paraíso estaba prohibido para él...y lo sabía...estaba tan prohibido como su entrada al paraíso de los cielos."

Summary alternativo: Técnicamente de 17, Edward a sus 107 años tendrá que ser padre y madre de una joven tan hermosa como su madre, mitad vampiro mitad humana, que heredó su endemoniada personalidad y que la palabra "No está permitido" no entra en su vocabulario.

Declaimer: Absolutamente nada acerca de las historias y los personajes de la genial Stephenie Meyer me pertenece, desgraciadamente EDWAR no es mío (...solo me pertenece la genialidad y originalidad de mi historia).

Advertencia: Creo que está de más advertirles ya que lo he catalogado como reiting M, por lo tanto están avisados de que el contenido de este fic puede (o no es) apto para menores por escenas de violencia o un poco subidas de tono...me explico?¿

Ah y lo más importante Recomiendo que para leer este fanfic ya se hayan leído "Luna Nueva"

Nota de la autora:

Mientras estoy sentada en la sala de espera de urgencias junto a Alice y la nueva flamante pareja, Jasper y Isis Janet, no puedo quitar mi mirada turbada y preocupada de las puertas de doble lonja que rezan…

"Acceso restringido, solo personal autorizado".

Tras ellas esta mi bebe…si mi hermoso notebook que hace unas semanas atrás sufrió un paro y casi fue a parar al rincón de las chatarras electrónicas. Gracias a los Dioses, Carlisle estaba ahí cuando ocurrió la catástrofe y aplicó primeros auxilios mientras llegaba la ambulancia. Todos los Cullen fueron muy amables y me acompañaron en todo momento…sobre todo en estos días inciertos en que no sabía si recuperaría a mi valioso notebook y todas las cosas que traía en él. Tras numerosas intervenciones Carlisle me dijo que había logrado rescatar su memoria, así que en nombre de todas /os mis lectoras empedernidas le debemos al Dr. Cullen este capítulo que yo personalmente creía perdido.

Si bien ahora todo parece estar perfecto, y mi Notebook solo recupera fuerzas antes de que le permitan salir de "cuidados intensivos", Edward sufrió un colapso emocional tan grande debido a todo lo ocurrido que tuvo que ser asistido por una terapeuta profesional, mi querida Kristalice Cullen, a quién le dedico el premio por ser mi R&R numero 1200 y por ser su cumpleaños…¡¡Feliz cumpleaños querida amiga!! Aunque sea a la distancia. Tú eres a quién entregué en tus manos la existencia de mi adorado…perdón NUESTRO adorado Edward Cullen para que apliques todas las terapias, remedios y ehmm las medidas que hagan falta para devolverle el equilibrio emocional. Así que mi querida Kristalice, tú saldrás más adelante en la historia como la terapeuta a la que tendrá que asistir Edward…jajaja porque con una hija como Eli es imposible no quedar con los nervios destruidos. Así que estas obligada a seguir leyendo mi fic ajajaj para saber como se desarrolla tu personaje en unos capítulos más.

Es así como inauguro una nueva forma de celebrar c/a 100 R&R que recibo, porque el hecho que me lean y me escriban regalándome su atención y su preciado tiempo nos hace a todos, escritora y lectores, una gran familia. Y es que no me basta con agradecerles, ahora los quiero incorporar de lleno en este proyecto que para mi es tan importante. Así que c/a 100 Review´s voy a incorporar a la lectora/or como un personaje dentro de la historia.

¡¡Eha eha!! Así que ya lo saben…esto será emocionante. El próximo premio será entonces ( a ver si mis cálculos no fallan) para el R&R número 1.326. oh! tantos llevamos ya?..jejeje.

Ahora vamos a lo realmente importante. Mis más sinceros agradecimientos a :

allexx_masen_cullen, , Isis Janet, belencullenss, maaaarie, KristAlice Cullen, Karyta34, Clara (te debo el cielo), Ying Fa Malfoy de Potter, Salesia (gracias por el apoyo amiga), Abby69L, Samanta-m, rosewaycullenwhitlock, SiL-Cullen, bells-cullen-1309, SabrinaCullenBlack, Gaby_Masen_Cullen, lucero08, Diana (que alegría tenerte de vuelta), Trinity17, Mary_ochi, Yeyet Cullen, LaAbuela, Zamaraz, .James (Aye), carliitha'clln, Aveal, , Lubells Black Cullen, , FrogizZ94, akako cullen, Fran Ktrin Black, Ixtab-chan, Adri Cullen, Marylouu, Dianita, Pressure, mayiro-bibiHale, Cramen, Nonita.

No puedo dejar de nombrar a mis lectoras empedernidas que extrañe tanto por no encontrarlas en la actualización pasada. Espero que estén bien, las adorooo!!!: beautifly92, Leah Masen Cullen, Zoe Love Potter, vampinessa, nOeMii, , Vanexa.94, Loreniitao.O, Vanessa Potter Malfoy, , Sabinawhitlockcullen, Ruby, Sophie Madeleine Harker Cullen, Gely Cullen, dita_cullen, Charlotte, Carliitha_cullen, Bella M. Cullen, Rizy dark Angell Cullen ( mi hermanita gemela perdida te adoroo), Super Fnafic, Narelieta, fany de Cullen, Elea-chan, MarianCullen.

Y mi más cordial bienvenida a todos/as las/os lectoras/es nuevas/os: , Lady Patfoot, vampiriika_traaumaadaa, ale casali, nielasol, MissLunaWolf, Natsu 7, ileidan, Isabella Allie Cullen, sabri-c, deLia'Lopez, ur2grt2b4go10, Saaphiiree, andremic, juulyytaa, Merrique Anne Zirutsi, GinevraPotter2, alijas1002, mar2402, mariecarlie, janeth cullen, GinevraPotter1, nadiarc22, Gabba3, CindyLo, tachita, andycullen07, SporryDreams, AndreiiCullenHale, Ktrin Black, roppat, anteliacullen, lunalu87, dimmu-black, tabixmoon, reinapirata, viky, Jag400, Alma Libre92, Glambicion, maps cullen, PRISGPE, maria jose, Marie Cullen, Regina Austen, marypattz, dani, eli1901, veriitOzswan, mariluiq, Tuliblu, Tutzy Cullen, Vanityimbreaking, Akiamsitha, AlexxxGN'R, maryroxy.

Algunos links ( recuerden que tienen que borrarle los espacios) que pueden servirles para visualizar los objetos que salen nombrados a lo largo de la historia:

-Anillo de compromiso de Eli (comprado por Jasper): http : // ecx. images - amazon .com / images /I / 41cNIIZjk2L ._ SL500 _ AA280 _. jpg

-Violín eléctrico: http : // imgs .evisos . com /2007/ 12 /1/ violin -44-de -acrilico -traslucido -vioakrilectra -unico -en_ a42db475f82 _3 . jpg

-Moto: http: // www . motorcyclespecs . co . za / Gallery /Honda % 20VF750C % 2088 % 20 % 201 . jpg

Bien no les quito más tiempo y a leer.

Carpe Noctum

Leia Fenix

Capitulo veintinueve: "Mademoiselle Elizabeth" ("Señorita Elizabeth")

Elizabeth fue sacada abruptamente del mejor sueño que había tenido en toda su vida cuando calló de la cama asustada por el grito que habían pegado al mismo tiempo su padre y… ¿Emmett?.

Se sentó sobre la alfombra aún desorientada mientras Emmett, sí su tío Emmett, la zarandeaba tomándola por los hombros.

Pestañeó un par de veces intentando enfocar la vista. Su corazón casi se detuvo cuando vio como Edward se acercaba impetuosamente a Jasper con un brillo letal centelleando en sus ojos ahora de un oro endurecido.

El que su padre estuviera así de furioso solo significaba una cosa…

Había hablado en voz alta entre sueños.

Elizabeth quería azotarse la cabeza contra el suelo por su idiotez. ¡Mierda!. Ahora Edward lo sabía todo…TODO. ¿Cuánto habría alcanzado a leer en la mente de Jasper?. Por la rabia que destilaba a cada zancada que daba hacia Jasper se deducía que sabía demasiado…

Demasiada información para ser un padre.

Intentó apartar a Emmett para interponerse en lo que de seguro sería una pelea a muerte, pero el entusiasmo de Emmett no le permitían zafarse de su abrazo de oso.

-¡Ya está aquí Eli ya está aquí y ha venido con muchos regalos!.- continuaba gritando eufórico mientras giraba a su sobrina en el aire.

-¡Basta Emmett ya bájame!…¿Qué no te das cuenta que están a punto de pelear?.- gritó Eli con pánico aún intentando zafarse.

-¿Pelear?, nadie pelea en navidad…¿verdad Edward?- Carlisle había sonado firme y autoritario mientras se apoyaba en el umbral de la puerta junto a una enfadada Esme.

Edward tenía a Jasper por el cuello, alzándolo unos centímetros del suelo, mientras Jasper intentaba zafarse desesperadamente. Edward no soltó su agarre y su decisión de triturar a su hermano parecía ser implacable. Sus afilados colmillos sobresalían entre sus labios fruncidos hacia atrás y las venas de su blanco cuello y de sus sienes estaban hinchadas como si su muerto corazón hubiera vuelto a latir de la pura rabia. Los músculos de sus brazos parecían más grandes que nunca, casi tanto como los de Jasper o los del mismísimo Emmett. Su sola presencia era amenazadora y el pesado aire que lo envolvía era mortífero.

-No arruinarán esta navidad con sus estúpidas peleas infantiles.- Esme los reprochó.- Sea lo que sea que tengan que discutir lo harán más tarde, luego de que celebremos en familia…y lo harán de forma civilizada, comportándose como los dos vampiros adultos que ya son.-

-Pero él…-Edward espetó ácido, pero no alcanzó a finalizar la frase cuando se encontró con la mirada de su madre.

Los ojos de Esme, siempre amables, ahora estaban endurecidos por la rabia.

-Edward Anthony Masen, te lo advierto no me hagas enfadar, ahora quiero que sueltes en este preciso instante a tu hermano. No se de donde aprendiste esas malas costumbres de andar golpeando a la gente…¡porque en mi casa jamás se las e enseñado…es tu hermano por lo que más quieras!.- Esme de una forma escalofriante se había vuelto casi tan amenazadora como Edward.

-Sabes bien que él no es mi hermano…-espetó Edward con odio.

Aquellas palabras habían sido como dagas directo al pecho de Jasper. Algo se quebró dentro de él. Su mirada se volvió resignada y culpable. Dejó sus brazos caer a sus costados, dejando de luchar para alejar las manos de Edward que se cerraban como tenazas de hierro alrededor de su cuello. Dejó que todos esos pensamientos que había estado reteniendo y suprimiendo por tanto tiempo ahora corrieran libres por su mente…desatados y verídicos, sabiendo que Edward espiaba cada rincón de su cabeza. Había jugado con lo más sagrado que tenía Edward, le había hecho daño a su propio hermano amando lo que sabía que no podía amar…amando lo prohibido. Desde el momento en que vio a Elizabeth supo que ella sería su perdición…su paraíso prohibido. A fin de cuentas solo había provocado daño, debería haberse ido en el mismo momento en que supo que no podría resistirse a ella. Lamentaba no ser tan fuerte como Edward…lamentaba no haber podido contenerse.

Esme respiró hondo intentando serenarse para no darle caza a Edward y hacer que se tragara sus venenosas palabras.

-Me decepcionas Edward…creí ilusamente que nos querías como si fuéramos de tu misma sangre…a todos. Lamento que no podamos ser la familia que deseas. Pero no permitiré que le hagas daño a ninguno de mis hijos, porque eso es lo que son para mí. Son mi familia y siempre la defenderé. Si Jasper ama a Elizabeth y si ella lo ama a él debería alegrarte en vez de volverte un energúmeno e insensible. ¿No te hace feliz saber que se tendrán el uno al otro para toda la eternidad?…¿crees que existe alguien mejor para ella que Jaspe?. Edward, lo conoces desde hace años…quizás lo conoces más de lo que Jasper se conoce a si mismo. Se a que le tienes miedo. Piensas que lo de ellos va a terminar mal…¿pero como lo sabes si ni siquiera los has dejado comenzar?. Tu rabia solo deja a la vista una más de tus tantas inseguridades. Lamento…- comenzó pero sus palabras se ahogaron por un sollozo de dolor. Carlisle hizo ademán de abrazarla pero ella lo detuvo. Respiró hondo recuperando fuerzas y clavó su mirada quebrada en Edward- Lamento de corazón que no puedas aceptar esta linda relación y que no nos puedas ver como tu familia. Todos estamos tan felices de verlos juntos, de ver como derrochan miel cada vez que se miran, de saber que son el uno al otro incluso si ellos mismos aún no lo han descubierto del todo. ¿Acaso ellos dos no te recuerdan a una pareja en particular?.- las últimas palabras de Esme salieron apenas en un suave susurro arrullador.

Algo poderoso e invisible amedrentó la furia ciega de Edward. Sus propias palabras lo abofetearon abatiéndolo. Sus brazos cayeron pesados y sin fuerza, abandonando el cuello de Jasper. No tuvo el valor para mirara a Jasper a la cara…y mucho menos a Esme. Clavó su mirada rota en el suelo. Repaso cada palabra que le había dirigido Esme, con la eficiencia de una grabadora. El dolor desgarrador que se comenzó a propagar desde su pecho debilitaba cada parte de su cuerpo volviéndolo vulnerable.

Bella…Bella y él.

Eso le recordaban Jasper y su hija, aquella relación sin sentido que habían tenido él y Bella. Se encontró a si mismo sonriendo con tristeza. Escudriño nuevamente la mente de su hermano revolviendo entre sus pensamientos.

Jasper pensaba que Elizabeth estaba prohibida para él.

¿Cuántas veces había rondado esa palabra en su mente intentando mantenerse alejado de Bella?

-…Incontables…-se respondió a si mismo para sus adentros.

Bella había sido su propio paraíso prohibido, su pedacito de cielo personal…su pasaje directo al paraíso incluso sabiendo que para un monstruo como él estaba vetada su entrada. Con ella había conocido el amor, algo que jamás pensó que llegaría a experimentar por su condición vampírica. Con Bella solo había conseguido milagros…Elizabeth era el milagro más grande, la prueba viviente de que el amor era mágico e invencible. Bella y él habían destruido todas las barreras que los separaban…el amor era su sustento…su amor era lo único que importaba en ese entonces.

- No hay barreras cuando se trata de amor Edward…no existe la palabra prohibido entre dos enamorados, no hay reglas que los rijan ni los limiten…solo sienten, es puro amor.- Esme respondió a sus pensamientos como si hubiera podido leer su mente.

Edward se sintió transparente. ¿Tanto lo conocía Esme al punto de adivinar lo que pensaba?. Cerró sus ojos arrepentido, le pediría disculpas a su madre incluso si debía suplicarle de rodillas para que lo perdonara. Esme suspiró mientras retenía en sus ojos las escalofriantes lágrimas carmín.

-Ahora háganme todos el favor de bajar a la sala. Yo sola no puedo abrir todos esos regalos.- sonrió de forma dulce a Emmett intentando ocultar la tristeza.

Antes de que Eli pudiera percatarse de lo que estaba ocurriendo, Emmett ya la estaba bajando de su espalda para dejarla de pie frente al fascinante árbol de navidad. La débil y pálida luz mortecina del amanecer comenzaba a colarse por los ventanales que daban hacia el amplio balcón. A sus pies estaban desperdigados cientos de relucientes paquetes de regalos de todos los tamaños. Elizabeth ahogó un gritito de asombro cubriendo su boca con la mano. Se giró nerviosa buscando a su padre y a Jasper.

Su corazón volvió a recuperar un ritmo normal cuando los encontró al fondo de la sala, lo más separados posible, mientras se lanzaban miradas hostiles. Eso era mejor que Edward ahorcando a Jasper.

-Ten querida.- Esme pasó por sus hombros una hermosa bata de seda.

-Gracias.- le regaló una sonrisa de agradecimiento mientras ataba la elegante bata a su cintura.

Un extraño bufido la hizo girarse y enfocar su mirada esmeralda en otra dirección.

Elizabeth tubo que fruncir sus labios, de forma tan apretada que incluso amenazaba con hacerlos sangrar, para retener la risotada que ya burbujeaba en su garganta cuando se encontró con "Santa Claus"…atado literalmente a una silla.

Santa tenía la estatura de un duende y una enorme panza que parecía inflada con helio. Eli pensó, por una fracción de segundo, que si lo desataban de la silla saldría volando. Su larga barba blanca llegaba justo a la enorme hebilla dorada del grueso cinturón. Sus finos labios rosados, aún con lápiz labial Gloss, estaban estirados soportando una mordaza que le impedía hablar. Sus pequeños ojos dorados parecían perderse en la espesura de aquellas gruesas cejas blancas y su gorro clásico rojo con un pompón blanco colgado de la punta estaba a punto de caer, apenas cubriendo una melena de falsos risos blancos. Eli analizó las lustrosas botas negras de tacón aguja acharoladas que "Santa Claus" llevaba puestas…

¡Pero si esas botas eran de mujer, y el tamaño del pie parecía el de un niño!…¿por qué Alice no había optado por unas tradicionales?, Elizabeth jamás en su niñez habría podido imaginar que Santa Claus usara esa clase de botas.

Eli se acercó para acomodar el gorro de Santa Claus ya sin poder retener las carcajadas que sacudían su cuerpo. Se giró hacia al resto mientras limpiaba las lágrimas de risa que habían saltado de sus ojos esmeralda. La familia entera había reventado en carcajadas junto con ella. Edward aún estaba serio, pero al menos parecía menos enfadado.

-¿Po…por qué Santa Claus es…está amarrado?.- Le preguntó Elizabeth a Emmett entre jadeos mientras intentaba recuperar el aliento.

Emmett la observó con una expresión que obviaba la pregunta.

-Para que esta vez no escape…lógico.- Luego rodó los ojos y cruzó los brazos sobre su marcado pecho haciendo que sus músculos se vieran aún más grandes y poderosos.

-La verdad no creo que escape si es que le pedimos que se quede unos minutos más con nosotros.- Trató Eli de amedrentar la tozudez de su tío…Alice no parecía estar cómoda.

La pequeña versión de Santa Claus logró, por entremedio de las cuerdas que lo amarraban, alzar su pulgar apoyando la idea de Eli.

Emmett lo observó de reojo analizando la situación aún no muy convencido.

-Además así podrás charlar con él y preguntarle todas las dudas que siempre has tenido.- lo entusiasmó Eli mientras comenzaba a desatar disimuladamente a "Santa".

-Hummm de acuerdo…pero te lo advierto Santa ¡sin trucos!.- le advirtió Emmett antes de abalanzarse sobre la silla y comenzar a desatar a Santa Claus ansioso, preparando mentalmente sus preguntas.

Media hora después, Santa Claus continuaba arrodillado junto al despampanante árbol de navidad frente a un mar de brillante papel rasgado que cubría el suelo de toda la sala, repartiendo los regalos que faltaban por abrir. Emmett a su lado como un perrito faldero lo ayudaba a repartir. Sus ojos brillaban con la curiosidad y la ansiedad de un niño cada vez que sostenía un regalo entre sus manos. Una sonrisa constante bailaba en su masculino rostro.

Su tierna alegría y entusiasmo se le antojaron a Elizabeth de lo más contagiosas. Ella misma se vio disfrutando del ritual de abrir los obsequios como jamás recordaba haberlo hecho de niña. Era como pasar la navidad por primera vez…y en un modo figurado así era, por primera vez pasaba navidad rodeada de su familia. Se sentía completa, por fin encajaba en un sitio…la soledad había quedado con su pasado.

El ambiente estaba cargado de magia, de afecto, cariño y amor. Era un sentimiento tan fuerte, cálido y satisfactorio que incluso creía sentir la poderosa presencia de su madre entre la alegría de su familia…su familia. No recordaba un momento tan perfecto. Sentía nostalgia por no poder compartir un momento de tanta felicidad con Bella y su abuelo Charlie, pero al mismo tiempo estaba dichosa de poder compartirlo con su padre…al fin con su padre real.

Lo abrazó con fuerza incluso sabiendo que él aún podía estar enfadado con ella y de seguro la rechazaría. Para su sorpresa, Edward le contesto de la misma forma efusiva estrechándola más contra su pecho. Le dio un casto beso en la frente y le regaló una sonrisa quebrada por la emoción.

Elizabeth no pudo evitar que las lágrimas de felicidad bañaran su rostro de porcelana.

-Gracias…- su susurro sonó amortiguado contra el pecho de Edward.

Edward frunció el ceño y la observó extrañado.

-No tienes de que agradecer.- su voz de terciopelo y conciliadora la abrumaron aún más.

-Claro que si.- insistió Eli mientras se secaba las lágrimas con el torso de su mano y en su rostro aparecía una sincera sonrisa.- Estás aquí conmigo…al fin. Me encontraste…ya no me siento sola…gracias por quererme papá. -

Edward retuvo las lágrimas de un estremecedor carmín en sus ojos. Frunció los labios ahogando un lamento y la estrechó con cariño.

-Nunca vas a estar sola…te lo prometí.- dijo con algo de culpabilidad en su voz emocionada.

Ambos se observaron en silencio, comprendiendo los temores de cada uno, sabiendo que de ahora en más se tendrían por toda la eternidad el uno al otro…sabiendo que compartían mucho más que la sangre, la tediosa personalidad y la sonrisa arrebatadora…ambos compartían el dolor de perder a la persona que más habían amado…y a la que a pesar de su ausencia continuaban amando y manteniendo viva en sus recuerdos…

Bella

Se sonrieron, era difícil que pudieran estar enfadados el uno con el otro tanto tiempo considerando lo mucho que se necesitaban.

Elizabeth se giró alegre aún entre los brazos de su padre para observar al resto de su amada familia.

Esme y Carlisle comentaban entusiasmados, aún con los pasajes que les habían obsequiado en las manos, de lo genial que sería el safari en África del sur. Thomas intentaba ordenar un cerro de ropa que le habían obsequiado alegando que tendría que comprar un par de maletas más. Rosalie ya estaba probando los maquillajes que traía el lujoso maletín de maquillaje que le habían obsequiado mientras dejaba a un lado el resto de los obsequios para ella que había decidido abrir más tarde y aquellos que eran para Alice, la cual supuestamente había salido a primera hora a esperar que abrieran las tiendas de la galería Lafayette en el Boulevard Haussmann.

Jasper ya había comenzado a leer uno de los tantos libros de historia que había recibido, parecía totalmente abstraído por la lectura. Emmett se había subido a su nueva tabla de snowboard y fingía que se deslizaba por la nieve haciendo extraños sonidos como si se tratara de un niño jugando.

-Y este es para ti mi pequeña Elizabeth.- dijo Santa Claus con una voz demasiado aguda, dulce y cantarina para tratarse de un hombre de edad y con evidente sobrepeso…bueno demasiado aguda para tratarse de cualquier hombre a no ser que fuera gay.

Eli evitó reírse en voz alta mientras avanzaba hacia Alice para tomar el enorme paquete que le ofrecía entre sus manos. Tuvo que apoyarlo en el suelo para poder abrirlo. El reluciente papel plateado se pegaba perfectamente a las superficies planas y lisas de la caja. Un enorme listón escarlata se anudaba en el medio de forma elegante. Daba realmente pena el tener que romper el envoltorio para averiguar lo que guardaba dentro…pero la curiosidad la carcomía por dentro.

Elizabeth mordió nerviosa su labio inferior mientras tiraba del listón para desatarlo. Miró de reojo a Alice, ¿Cuánto dinero habrían gastado esta vez en ella?. De una cosa estaba completamente segura, tan segura como que nunca se acostumbraría a ello…si eres un Cullen lo ostentoso es parte de tu vida.

-Vamos que esperas…¡ábrelo ya!.- la voz chillona de "Santa Claus" rompió el silencio expectante que reinaba entre todos los Cullen.

Elizabeth suspiró rendida mientras rasgaba el hermoso papel casi con dolor. Destapó la caja y se encontró con un mar de pequeñas y blancas pelotitas de plumavit. Unas manos mortuoriamente blancas se enterraron en el plumavit. Eli dio un respingo sorprendida y se giró para ver a Edward arrodillado a su lado escarbando dentro de la caja y haciendo a un lado el plumavit. Comenzó a reír de forma encantadora, como solamente él podía y en tan solo un segundo Eli tuvo a toda la familia Cullen apretándose a su alrededor para rebuscar en la gran caja con sus manos de mármol frío.

Emmett inauguró la "guerra de plumavit" cuando le lanzó un puñado al pobre de Carlisle llenándole la boca de esferas perfectas de plumavit. Los siguientes segundos fueron una guerra sin tregua de lanzarse las escurridizas pelotitas blancas como si fueran dardos. Alrededor era todo un desastre, por el suelo estaban desperdigados los restos de papel de regalo ahora sumados con los centenares de diminutas pelotitas de plumavit que no paraban de caer desde todas partes como si se tratara de una nevazón. La estática ayudó a que cientos de las molestas pelotitas llenaran el frondoso cabello de Eli. Quitarlas de aquel enmarañado y largo cabello sería una tarea titánica. Eli bufó frustrada cuando una nueva lluvia de plumavit la invadió por su costado derecho. ¡Maldición!, ya tenía de las pequeñas, escurridizas, pegajosas y molestas esferas de plumavit hasta en su ropa interior. Giró su rostro lentamente casi imitando a la protagonista de "El exorcista", dirigiendo una mirada acecina hacia su derecha.

Rosalie

Su tía rubia le sonreía con picardía intentando parecer inocente. Eli le devolvió la sonrisa maligna y enterró sus manos en la caja intentando llenarse lo más posible los puños con plumavit para llevar a cabo su venganza. Pero fue entonces cuando sus dedos encontraron una superficie dura y lisa. Lo recorrió con la yema de los dedos con cuidado hasta que encontró un borde. Lo sostuvo y lo elevó haciendo que emergiera de aquel mar de plumavit que lo mantenía oculto.

Su estupor era tal que había quedado sin aliento. Parpadeó unas cuantas veces más intentando convencerse del deslumbrante y ensoñado objeto que descansaba entre sus manos. Jadeó aún asombrada cuando cada neurona de su cabeza hizo conexión identificando aquel objeto como un violín.

Sin embargo mantuvo su entrecejo fruncido, parecía un violín…¿pero realmente lo era?. ¿Cómo podía serlo totalmente transparente…como si estuviera hecho de cristal?.

-Es un violín eléctrico construido con acrílico traslúcido. Es único en el mundo. Primeramente se había utilizado uno parecido como concepto artístico. Tome la idea y mande a hacerte uno original. A nombre de todos los Cullen…de tu familia…Eli…feliz navidad.-

No importaba lo delatadoramente y tremendamente gay que había sonado la voz de "Santa Claus", sus palabras habían cavado hondo en el corazón de Eli y habían explotado como dinamita llenando cada rincón de él de una forma avasalladora y cálida que la desarmaron por completo, al mismo tiempo que la invadía una emocionante felicidad y seguridad.

La navidad si que podía ser un momento feliz.

Estrechó el violín enterrándolo en su pecho mientras sus ojos emocionados se detenían en cada integrante de su amada familia dando las gracias en silencio.

-Vas a necesitar esto.- La voz aterciopelada de su padre resonó cerca de su oído.

Se giró hacia él y tomó tímidamente el arco que Edward acababa de desenterrar de la caja. Una vez en sus manos lo recorrió atentamente con su mirada. Una estela de brillantes y diminutos diamantes centellaban a lo largo del arco. Exhalo un suspiro que estrujó su pecho dejándolo sin oxígeno y volvió su completa atención al hermoso violín que descansaba sobre su regazo.

Tensó con delicadeza las cuerdas, haciendo que su sonido agudo y metálico sonara en cascada decreciente. Una triste sonrisa tensó las comisuras de sus labios, le gustaba muchísimo más el sonido de su violín clásico, de su elegante Stradivarius que con tanto esfuerzo le había regalado su madre…las notas que arrancaba de el la hacían vibrar de emoción, sentía como los bellos de su nuca se erizaban mientras se deleitaba con los excelentes armónicos. Cada vez que dejaba caer el arco sobre las cuerdas parecía que el violín cobraba vida propia…cada nota, gruesa, aguda, obtusa, melancólica…desatadas por sus dedos frenéticos y sus manos que se movían como marionetas tiradas por cuerdas invisibles que eran manejadas directamente desde su corazón…era como hacer magia.

Bella

-Mamá…-murmuró Eli para sí misma.

Apretó con su mano izquierda el puente del violín para sostenerlo, mientras levitaba su mano derecha que sostenía el arco cerca de las cuerdas…a centímetros de caer sobre ellas y desatar las notas que ocultaba el hermoso instrumento. Este sería distinto, tan distinto como lo había sido su vida pasada en comparación con la actual. Podría usar los efectos especiales que traía, incluso hacerlo sonar como si fuera una guitarra eléctrica…podría ofrecer un concierto para cientos de personas…solo bastaba un amplificador. Era tan distinto…ya no estaría Bella, su hermosa madre para aplaudirla y contagiarla con su dulce risa, ni tampoco estaría Charlie regodeándose de dicha al escucharla tocar. Ya no necesitaba tocar en la penumbra de su pequeña habitación en la casa de los Newton intentando acallar los gritos de su madre mientras peleaba con Mike…y aquellos golpes…

Elevó su mirada empañada y la poso sobre Edward. No, ahora sería todo distinto. Tocaría para su padre, para aquella persona que si bien el destino los había mantenido injustamente separados y en la completa ignorancia de sus existencias, ahora estaba a su lado dispuesto a entregarle cada día, cada respiro, cada sonrisa, cada abrazo y muestra de afecto, el apoyo incondicional y la compañía por el resto de la eternidad.

"Soledad" ya no sería la principal nota que arrancaría del violín, ahora serían "dicha y felicidad"…la alegría y calidez de saber que por fin estaba en el lugar y en el momento justo…donde pertenecía, junto a su familia, los Cullen. Tocaría por la nueva vida, por lo que siempre estuvo esperando y que por fin luego de tantas lágrimas el destino se había apiadado de ella y se lo había concedido. Bella y Charlie estaban en su amado violin Stradivarius, impregnados en su madera caoba, en la armonía de sus cuerdas y en su corazón…por siempre. Pero ya era tiempo de dejar entrar también en el a los Cullen…y este hermoso violín que parecía hecho del más fuerte, hermoso e indestructible diamante simbolizaba todo lo que había ganado al conocer a su verdadera familia.

Nada era más fuerte que el amor que se tenían, nada era más hermoso y nada podía separarlos ni destruir a esa familia indestructible por naturaleza.

Su familia

Su brazo derecho que mantenía el arco levitando sobre las cuerdas tembló junto con el resto de su cuerpo por el tremendo esfuerzo que estaba haciendo al contener las lágrimas. Debía despedirse de la Eli del pasado, debía dejar ir el recuerdo de Bella…y Charlie.

Pero como dolía…como dolía.

Edward la observaba con la preocupación impresa en sus ojos topacio, que brillaban con los primeros rayos del sol matutino que se filtraba entre la gruesa capa de nubes que mantenían el cielo Parisense completamente encapotado.

Cerró los ojos con fuerza, apretó sus dedos firmes alrededor del arco y acomodó el violín bajo su barbilla. Los dedos de su mano libre acariciaron la cuerda listos para acertar a las notas que Eli les dictara. Inhalo profundamente. Estaba lista para desatar la melodía oculta en aquel hermoso violín cuando un grito estridente la sobresaltó.

-¡ME VOY A LA MISMA MIERDA! ¡QUE ME LLEVE EL DIABLO SI ESTO ES CIERTO!…¡CARAJO, CARAJO CARAJO…MIERDA MIERDA Y MIL VECES MIERDA! YAHOOOO…TENGO UNA MOTO…SIIIIIII!.- gritó Jasper fuera de sí mientras apretaba contra sus narices una fotografía.

Eli dejó escapar todo el aire que guardaban sus pulmones, relajó su postura tensa mientras dejaba con manos temblorosas el violín nuevamente sobre su regazo. Desvió su mirada curiosa y sorprendida hacia un agitado y emocionado Jasper. Escuchó el golpe sordo que Edward descargó sobre la nuca de Jasper.

-La has interrumpido con tus estupideces.- le reprochó Edward cual ogro.

Pero Jasper estaba lejos de enfadarse, su felicidad y emoción eran tan grandes en ese momento que Edward no lo podría hacer enfadar aunque quemara toda su colección de libros de historia.

-Edward es que tu no comprendes…Es mía…¡¡MIIIAAAA!!. AL FIN.- Edward no pudo evitar soltar una carcajada mientras rodaba los ojos. Jasper continúo con su perorata incoherente.- ¡MIA, MIA MIA MIA…MI HERMOSA HONDA vf 750C SUPER MAGNA V45!. Muchísimas gracias…todos saben cuanto había querido una.- dirigió unas palabras a su familia para luego volver su atención a la fotografía.

-Te estará esperando en la cochera.- le dijo Santa Claus guiñándole un ojo.

- ¡PRONTO SOLO SEREMOS TÚ NENA, YO Y LAS INFINITAS CARRETERAS!.- abrazó la fotografía, que mostraba la alucinante motocicleta negra, contra su pecho.

En fracción de segundos Eli se contagió, al igual que el resto de su familia, de la alegría poderosa y desbordante que escapaba de Jasper. Se vio de pronto soltando risitas nerviosas y más emocionada que de costumbre. Sentía unas ganas imperiosas de ponerse a saltar y chillar de alegría junto a Jasper, incluso si no había motivo alguno. Al parecer Jasper había olvidado controlar su don especial.

Jasper comenzó a repartir sonoros besos en las mejillas de todos los integrantes de su familia, recibiendo más de algún reproche por parte de la mayoría masculina. Cuando llegó hasta donde se encontraba Eli pareció despertar de un trance y se paralizó alzándose como una perfecta estatua frente a ella. Pestañeo un par de veces mientras su rostro de belleza sin igual se volvía serio.

-Oh!, yo…tú ibas a tocar…humm yo…lo siento.- dijo nervioso. Por su mirada preocupada Eli supo que de verdad lo sentía.

-Descuida Jasper, ya habrá otra ocasión. ¡Venga! muéstrame esa foto que la moto ha de ser espléndida para que estés tan feliz.- Eli le sonrió de forma conciliadora y despreocupada.

Jasper respondió con una sonrisa exquisita y sensual que hizo que Eli se relamiera los labios inconscientemente, los cuales hormigueaban ansiosos por encontrarse con los de Jasper…su dueño.

-Bien, creo que ya no quedan obsequios por abrir…- la cantarina voz de Santa Claus fue interrumpida por el aullido de lamento que lanzó el grandote de Emmett.

-Ouu! no…¿ya se acabaron?.- se lamentaba Emmett mientras se sumergía bajo el árbol de navidad y removía el papel desperdigado por el suelo buscando algún regalo olvidado.

-Mi querido Emmett no me has dejado terminar.- dijo Santa mientras golpeaba el suelo con la punta puntiaguda de sus altas y encharoladas botas.- Repito, ya no quedan más obsequios por abrir. Sin embargo como son una familia especial he hecho una excepción y les e traído un obsequio más a cada uno de ustedes.- Continuó Santa mientras intentaba unir sus manos triunfantes sobre la enorme y falsa panza.

Los grandes ojos de Emmett se iluminaron mientras una gigantesca sonrisa se estampaba en su rostro.

-¡Siii, regalo, regalo, regalOoOoOoO!.- gritó alegre mientras corría a abrazar a Santa Claus con uno de sus tan característicos abrazos de oso. Apretujó a Santa contra su pecho alzándolo varios centímetros del suelo, ya que Santa le llegaba solo hasta la cintura. Mientras lo apretaba un extraño sonido, que se podía asociar al de un gas, escapó por entremedio de las ropas rojas de Santa Claus.

Santa se deshizo del abrazo mientras el resto se descoyuntaba de la risa.

-No me mires así, solo ha sido el traje, no yo. Tuve que inflarlo con aire.- masculló Alice a un Thomas incapaz de contener las carcajadas.

Santa abandono la sala por unos segundos, pero al regresar traía consigo una enorme cesta llena de pequeñas garrafas que contenían un brillante y espeso líquido carmín oscuro.

-¿Quién dijo yo primero?.- pregunto Santa Claus alegre antes de soltar un…-¡jo, jo, jo, feliz navidad!- que pretendía sonar ronco.

-¡YOoOoO!- Todos se taparon los oídos luego del estridente y agudo grito que había soltado…¿Carlisle?…¿de verdad había sido Carlisle?.

Elizabeth se volteó para mirar a su abuelo aún estupefacta sin poder creerlo.

Por un instante Emmett dejó de ser el niño y Carlisle tomó su lugar cuando se abalanzó hacia la cesta con ojos ensoñadores y dedos temblorosos por la emoción.

-A mi primero..por favor, por favor…¡POR FAVOR!.- Carlisle estaba de rodillas frente a Santa Claus con ojos irresistibles como los del gato con botas.

-Claro, aquí tienes. Que la disfrutes.- Dijo Santa con su voz cantarina, delicada y femenina.

- Oh! My preccccioussss.- A Elizabeth le pareció que Carlisle había sonado igual que el personaje Gollum de "El señor de los anillos".-Gracias hija…eres la mejor.- Carlisle tomó la pequeña y elegante botellita del famoso Licor de Sangre que preparaba Alice entre sus manos como si fuera un delicado tesoro, pero el grito de asombro y espanto que pegó Emmett casi hace que se le caiga del susto.

-¡¿QUE?!.-

Todos se voltearon a ver a Emmett con las caras contorsionadas por el asombro. Los ojos de Emmett estaban algo enrojecidos por las lágrimas carmín que se asomaban. Su pronunciada pera temblaba como la de un pequeño niño haciendo un puchero. Carlisle se tapó la boca con una de sus marmóreas manso de forma instantánea.

Mierda, las había cagado…y esta vez en serio. Ahora Emmett averiguaría que Santa Claus en realidad nunca había existido…y Esme lo castigaría por su insensatez.

-Santa…Santa Claus…tu eres…eres…¡¿HIJO DE CARLISLE TAMBIÉN?!.- Emmett había olvidado que Carlisle en realidad había conjugado el verbo femenino para referirse a Santa Claus, pero eso poco importaba para el musculoso de los Cullen que corrió a abrazar a Santa girándolo en el aire.

-¡Wow!, no puedo creerlo ¡Santa Claus es mi hermano…MI HERMANO!…eha, eha, eha, eha. Todo este tiempo, ¡y sin saber que éramos hermanos!. Oh! Santa, ya verás que soy un hermano genial. Espera nada más a que probemos juntos todos esos juegos para PlayStation que me trajiste. Lo mejor será ir de cacería juntos…me tienes que contar como saben los osos polares…siempre he querido probar uno. Vaya, ¿cómo no me di cuanta antes?, tienes todas las características de ser un vampiro. Nunca mueres, nunca cambias, sales solo por la noche, vives en el Polo Norte, tienes una fuerza sobrenatural para cargar con todos los obsequios…¡WoW!, todos me van a envidiar cuando les cuente que tú eres mi hermano.- beso su mejilla de forma sonora.

-Puahj! no babees.- le retruco Santa Claus mientras se limpiaba la mejilla con la manga de su gran saco rojo.

Todos volvieron a relajarse y a reír de la situación. Por lo menos Emmett no se lo había tomado a mal ni había sospechado nada como habían creído…aquello habría terminado en una catástrofe. En media hora la mayoría de los Cullen ya se había bebido su botellita, pero Alice, como no…ya lo había previsto, así que había venido a Paris bien abastecida con muchísimo más de su Licor de Sangre.

Elizabeth reía alegre junto a Edward, los cuales ni siquiera habían bebido ni una gota de su garrafa, disfrutando de ver como el resto disfrutaba y a más de alguno le comenzaban a afectar los grados de alcohol. Emmett ya no se despegaba del lado de su nuevo hermano, Santa Claus, mientras que Thomas receloso estaba lo más cerca de Alice que Emmett le permitía. Rosalie jugaba en un rincón peinando a sus nuevas Barbies, cualquiera que la viera diría que ya estaba lista para entrar a un manicomio. Esme y Carlisle reían a carcajada limpia mientras observaban sus reflejos contorsionados en las bolitas de cristal que adornaban el árbol de navidad. Sana Claus dejaba a Thomas y Emmett discutiendo y se ponía a danzar…sí, danza clásica por toda la sala…Alice no podría haber trillado más la imagen de Santa Claus.

Eli ya había perdido la cuenta de cuantas veces Carlisle le había preguntado a Alice el secreto de la receta para conseguir el Licor de Sangre. Alice solo sonreía dulcemente bajo la insipiente barba blanca falsa y se negaba a revelar su secreto, posiblemente de haberlo hecho Carlisle se volvería en un vampiro alcohólico.

-Esta si que es una navidad singular…no sabía que solían emborracharse.- dijo Eli risueña codeando a su padre.

-Solo están festejando. Están realmente felices de que estemos todos reunidos nuevamente. Verás…- Edward se había vuelto algo melancólico de pronto. Elizabeth presintió que lo que le iba a relatar a continuación era un tema sumamente doloroso para él, como si lo hubiera estado reprimiendo para no tener que hablar de ello.- Desde que…desde que decidí dejar Forks y con el al amor de mi vida…- su hermosa y aterciopelada voz inevitablemente se quebró. Eli enredó los dedos de su delicada y tibia mano con la fría y marmórea de su padre transmitiéndole su apoyo.- Bueno, luego de ese horrible error del que siempre estaré arrepentido…la familia comenzó a disgregarse. No era solo yo el que no soportaba la ausencia de Bella…éramos todos. Tuve que separarme de ellos ya que al verlos, al convivir con ellos, me venían a la mente una y otra vez los recuerdos de mis días junto a Bella…incluso en sus pensamientos podía escuchar cuanto la extrañaban. Era una tortura más. Pensé ilusamente que si me alojaba en mi propia soledad, si me alejaba de ellos, los recuerdos serían menos vividos y menos dolorosos. El dolor sería solo para mí y no se los trasmitiría a ellos. Dios, se veían tan infelices. Fui egoísta al pensar que Bella solo cabía en mi corazón, porque también estaba en el de ellos y mi decisión los destrozó también a ellos. Y eso no pude entenderlo solo hasta ahora, al verlos nuevamente reunidos, felices…como la familia que siempre soñaron ser.- las tenebrosas lágrimas carmín bañaban su hermoso y masculino rostro como yagas profundas en sus blancas mejillas. Elizabeth apretó aún más su mano y se pegó a su costado. Le agradecía en silencio que él se haya sincerado de esa manera con ella.

-Tengo algo para ti.- dijo luego de unos minutos buscando consuelo entre los dos.

Edward levantó su mentón con su frío dedo índice para poder observar una vez más sus hermosos y enseñadores ojos esmeralda que le recordaban tantas veces en que se había observado él mismo al espejo en su vida humana. Eli le sonrió con ternura cuando se levantó de su lado y avanzó hasta la cómoda de caoba que se encontraba en el Hall de entrada. Del cajón sacó un pequeño saquito de terciopelo violeta. Se sentó nuevamente a su lado. Tomó una de sus frías manos de piedra y la volteó dejando su palma hacia arriba. Luego vertió sobre ella el contenido del saquito. Un hermoso Dije ovalado de oro brillaba sobre su mano. Edward lo elevó con cuidado tomándolo por la cadena hasta dejarlo pendulando frente a él para observarlo mejor. Abrió con cuidado el pequeño broche y en su interior encontró una foto diminuta de Bella sonriente, teniendo en brazos a una pequeña y encantadora niña de risos cobrizos…Elizabeth.

-Ahora podrás llevarnos a las dos siempre contigo…-

Edward estaba tan emocionado que difícilmente podría haber pronunciado alguna palabra. Suspiró reteniendo las lágrimas y se inclinó para besar con parsimonia la frente de su hija.

-No podrías haber encontrado un mejor obsequio para mí…gracias.- dijo luego de un rato en que habían permanecido en silencio abrazados. Su aterciopelada voz había sonado amortiguada contra el cabello de Eli.

Elizabeth se alejó solo lo suficiente para encontrarse con la ensoñadora mirada topacio de su padre. Le sonrió con dulzura. Edward suspiró conmovido…era impresionante el parecido de Eli con su madre.

-Feliz Navidad.- le susurró ella.

Aquel emotivo momento habría continuado siendo perfecto si no fuera por el chillido de horror que lanzó Emmett.

-¡Santa Claus! ¿qué MIERDA es lo que estás haciendo?…tu…¿por qué estás…tu…¡wacala!.- en su rostro masculino se dibujo una mueca de asco.

En un elegante sillón para dos personas se encontraba Thomas y sobre sus piernas estaba sentado "Santa Claus". La sola visión de ellos dos en esa postura ya era estremecedora, pero lo que la empeoraba y hacía más perturbadora es que se estuvieran besando apasionadamente como si se les fuera la vida en ello. Se separaron casi al instante luego de escuchar el grito de Emmett. Emmett pasó del asombro al asco y luego al enfado.

-No es correcto que beses a Thomas. Primero él es de tu mismo género sexual…y segundo…¡Thomas es la pareja de mi hermana…es la pareja de Alice!. Entre hermanos debemos respetarnos Santa. Creo que es momento que tengamos una conversación tu y yo.- luego hipo, era obvio que el alcohol estaba surtiendo efecto en él…y aún más en Alice que había olvidado que por unas horas debía ser "Santa Claus".

Emmett apartó a Santa Claus llevándolo hacia la cocina. Todos en la sala guardaron silencio para escuchar la conversación…o al menos lo intentaron ya que Jasper estaba teniendo un ataque de risa, que se había potenciado producto del alcohol, el cual se lo estaba contagiando al resto de los integrantes de la familia.

-Santa…cielos como digo esto sin que te sientas ofendido…acaso tu…tu…-tomó una bocanada de aire buscando el valor para preguntar.- ¿Tu eres gay?.-

Jasper no aguantó más y se dobló de la risa mientras sonoras carcajadas escapaban de su garganta. Todos al instante, incluso Santa Claus y Emmett estaban riendo casi al borde del llanto.

-Sabes…si es así no me molestaré en lo absoluto. A pesar de que no seas un macho, como debería ser, eres mi hermano y te querré de todos modos. Has sido una persona genial durante años Santa…te mereces el cariño y el respeto de todos.- le dijo Emmett intentando no reír.

Alice pestañeó un par de veces bajo las gruesas cejas postizas. Intentó serenarse y volverse algo sería para poder formular una respuesta creíble. Aún no podía creer que se le hubiera olvidado que estaba todavía disfrazada de Santa Claus cuando se agarró a besos con Thomas.

-Verás Emmett…yo…bueno sí, soy Gay. Pero apreciaría mucho que esto quedara solo entre la familia.- dijo sin disimular su tono agudo y dulce.

-Uy! ya me parecía a mi. Esas botas de tacón, cuando estabas danzando por la habitación, tu voz…no te ofendas pero suena de lo más afemeninada. Vaya, jamás lo hubiera imaginado. ¡Eli preciosa¡, tenías mucha razón. Fue buena idea desatar a Santa Claus para charlar con él. ¿Te das cuanta de cuanto averiguamos?. Es mi hermano y además es Gay…¿Quién lo creería?.- Emmett salió de la cocina y le guiñó un ojo a Eli. Regreso solo para concluir su "seria" conversación con Santa.- Lo único que te voy a pedir, de hermano a… bueno lo que más te acomode, hermano o hermana, es que por favor no acoses a Thomas. Mira él es un buen tipo, no sabía cuan gay era hasta que lo vi besándote, pero supongo que es bisexual…al grano, el punto es que está saliendo con nuestra hermana Alice, es su pareja, así que deberás respetarla y alejarte de Thomas.- Emmett había sonado firme e intransigente como un buen hermano mayor protector.

-Vaya, que lástima que esté ocupado. En verdad me había empezado a gustar…¿verdad que es guapo?.- dijo Santa Claus fingiendo estar desilusionado y cabizbajo.

Emmett no pudo evitar la mueca de asco, para él, Thomas no tenía absolutamente nada de atractivo.

-Oh! casi lo olvido.- chilló Santa Claus dándose un pequeño golpecito en la frente.- Te debo un obsequio Emmett.- le sonrió con dulzura…demasiada.

Emmett dio un paso hacia atrás alejándose un poco de Santa Claus.

-Vamos cariño no tengas miedo.- insistió santa tomándolo de la mano y pestañeándole coquetamente más de la cuenta.

Emmett estaba tan asustado que su cuerpo entero se había paralizado. Ya no le gustaba tanto Santa Claus.

Santa desapareció unos segundos, pero cuando regresó traía un obsequio envuelto con una llamativa cinta dorada.

-Te lo has ganado por ser un buen chico.- Santa Claus le guiñó el ojo.

Emmett aceptó el regalo gustoso. Por un momento olvidó lo pervertido que le resultaba Santa. Desató el moño dorado, pero antes de abrir la tapa, esta comenzó a saltar sola sobresaltando a Emmett.

Esme comenzó a olisquear el aire.

-Oh, no…Alice Cullen dime que no es cierto.- masculló más para sí misma con rabia.

-¿Qué ocurre abuela?.- le preguntó Eli discretamente quién la había escuchado.

-Es un…- había comenzado a explicarle Esme, pero el grito de euforia que lanzó Emmett la interrumpió.

-¡UN BEBÉ!. siiiii!!!, gracias Santa Claus.-

Eli miró horrorizada a Esme. Sería posible que hubieran robado a un bebé para dárselo a Emmett?…¿y qué haría Emmett exactamente con un bebé?…o mejor dicho…¿qué haría un vampiro con un bebé?. Elizabeth solo podía pensar lo peor. Aquello realmente sí que era un acto monstruoso. Estaba a punto de protestar cuando Emmett sacó del interior de la caja lo que se suponía debía ser el "bebé".

Emmett abrazó al diminuto y peludo Cuyi (también conocidos como Cuy) acunándolo entre sus musculosos y enormes brazos.

-¡¡Cuidado Emmett no tan fuerte!!.- Gritaron los Cullen al unísono.

-Esta no ha sido una buena idea, ¿en qué estabas pensando Alice?.- La reprochó Esme una vez que la tuvo cerca lejos de los oídos de Emmett.

-Míralo está feliz…Emmett no deseaba nada más que una mascota para navidad.-

-Entonces, ¿he de suponer que has "olvidado" lo que ocurrió con las últimas dos mascotas?.-

-¿Qué sucedió?- preguntó curiosa Elizabeth.

Alice suspiró rendida elevando el pompón blanco de su gorra.

-El primero, un hermoso cachorro Labrador se lo bebió accidentalmente…estaba hambriento y no logró controlarse…- dijo Alice apenada.

-Y el segundo…- continuó Esme aún enfadada.- era un hermoso canario que lo apretó sin querer entre sus manos haciéndolo puré. Verás Eli, Emmett es un chico maravilloso…se que adora a las mascotas…pero antes de ser un chico es un vampiro, un vampiro torpe.-

-Oh!- exclamó Eli sorprendida por el relato.

-Pobre Cuyi, podría apostar que no durará mucho.- Elizabeth dio un respingo cuando sintió a Jasper susurrar a sus espaldas.

Era tan consiente de su cercanía que juraba que podía sentir el frío que despedía su masculino y deseable cuerpo. Su masculino aroma, almizclado y mentolado, se filtró por sus fosas nasales hasta aturdirla. Un estremecimiento la recorrió desde su baja espalda. Habían trascurrido muchas horas sin hablarse y evitando sus miradas en presencia de Edward. Pero la fuerza de atracción entre ellos era demasiado poderosa para ignorarla.

Quería acurrucarse contra su esculpido torso y escuchar el sonido del aire filtrándose por sus muertos pulmones. Deseaba que sus brazos de hierro la rodearan y la apretaran hasta quitarle el aliento, que sus maestras manos la recorrieran y que sus lisos y mortales labios de roca la besaran como solo él sabía hacerlo arrastrándola a la locura. Evitarlo, ignorarlo por completo era una tarea titánica que la dejaba sin fuerzas…era incluso doloroso. Elizabeth sintió como las piernas le fallaban de pronto. Estaba segura que habría caído al suelo de no ser porque uno de los marcados brazos de Jasper se cerró como tenaza alrededor de su cintura sosteniéndola. Elizabeth se recostó hacia atrás hasta recargar su espalda sobre el fuerte torso de Jasper y su cabeza sobre el musculoso hombro. Respiró hondo complacida, buscando capturar lo más posible la adictiva esencia de él.

-¡Emmett, llegó la hora de marcharme. Hasta el próximo año!.- se despidió Santa Claus.

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La siguiente hora la pasaron discutiendo sobre cual sería el nombre perfecto para la nueva mascota de Emmett.

-¿Qué te parece Toffi?…tiene un hermoso tono tabaco, le pegaría.- aconsejó Carlisle desde su asiento junto a la chimenea.

Emmett negó con la cabeza.

-La verdad preferiría cualquier nombre que no me recuerde algún alimento.- dijo apenado recordando a sus mascotas anteriores.

-Tienes razón…¿y que tal Pulgarcita?.- sugirió Esme con dulzura.

-Que no mamá…él es todo un macho- dijo Emmett desordenándole los mechones más claros que se alojaban entre las pequeñas orejitas con su pulgar.

-¿Y cómo puedes estar seguro de ello?- cuestionó Thomas alzando una ceja.

-Es un macho…lo sé. Fíjate nada más en su mirada pícara.- lo defendió Emmett.

Thomas prefirió guardar sus opiniones al respecto.

-Y Jerry…¿te agrada?, ya sabes…como el de la serie animada "Tom & Jerry"- Esta vez fue Eli quién sugirió. Su esbelto cuerpo comenzó a temblar con la risa de Jasper, que hacía vibrar su fuerte pecho sobre el cual ella estaba recostada.

-Claro y a Emmett comenzamos a llamarlo Tom.- soltó Jasper entre risas.

-Ja, ja, ja…que graciosos Jasper, creo que podría morir de la risa.- le retrucó Emmett sarcástico.

-¡Por dios santo!, llevan horas discutiendo por el nombre para una rata…es una rata asquerosa, ¿no te la quedarás verdad?.- Rosalie se había levantado del sillón hastiada. Realmente odiaba los roedores.

-Pero Rose…es un bebé.- le suplicó Emmett haciéndole ojitos.

-¡NO ES UN BEBÉ!…es una rata y sabes cuanto las detesto.- lo apuntó con un dedo amenazante mientras le gritaba enfadada.-Espero que estés consiente de que esa…cosa…no dormirá en mi dormitorio.-

-Pero Rose, es inofensivo…además, es nuestro dormitorio.-

Rosalie lo fulminó con la mirada. Emmett tembló levemente, no era bueno hacer enfadar a su mujer.

-Pues en ese caso…- comenzó con voz amenazadora.- Tú y tu rata pueden buscarse una nueva habitación…¡hasta pueden casarse si quieres!¡No me importa¡.- cruzó a zancadas la sala y se dirigió a una de las habitaciones de la Suite. El portazo que se escucho hizo temblar las viejas paredes.

-Uf!, si que está enfadada.- susurró Jasper creando una exquisita corriente con su mentolado aliento que corrió entre los cabellos de Eli haciéndola estremecerse.

Emmett chasqueó la lengua disgustado. Cuando Rose tenía sus ataques de mal humor era mejor dejarla tranquila por unas horas.

Al cabo de unos minutos la atmósfera familiar volvió a ser agradable, gran parte se lo debían al don especial de Jasper. Alice hizo su parición con unas cuantas bolsas de compras que había preparado para fingir su llegada. Nuevamente estaban sumergidos en conversaciones buscando el nombre perfecto para el nuevo y diminuto integrante de la familia.

-¿Jack?.- Propuso Thomas.

-Humm no, me recuerda a "Piratas del Caribe".- dijo Alice quién ya no estaba disfrazada de Santa Claus.

-Exacto, ¿ves la mancha marrón en su ojo izquierdo?, se parece a un pirata.- la animo Thomas, pero Emmett tenía otra cosa en mente.

-¡Ya lo tengo!.- gritó de pronto Emmett haciendo que todos guardaran silencio.- Su nombre será: César Héctor Emerson Edgard Cullen.-

Todos lo observaron en silencio absortos en su proprio asombro, pero luego de unos minutos en que asimilaron el nombre reventaron en carcajadas.

-¿Tantos nombres para una cosita tan pequeña?.- Jasper fue el primero que pudo pronunciar palabras luego del ataque de risa.

Emmett lo miró enfurruñado desde su sito en el sillón.

-Son los nombres que han llevado grandes personas en la tierra.- Emmett defendió su postura.

-¿Cómo Cayo Julio César?.- dijo Alice entre risas.- ¿O Héctor de Troya?.-

-Vaya hermanita, tú si que me entiendes.- le dijo Emmett regalándole una amplia sonrisa.

Elizabeth apenas podía respirar debido al ataque de carcajadas que invadía su cuerpo. Recorrió con su mirada vidriosa la sala buscando la risa de su padre, hace rato que no hablaban y quería saber cuan ridículo le parecía a Edward la elección de Emmett. Su risa se detuvo al no encontrarlo. Todo su cuerpo se tensó y se levantó del lado de Jasper alerta. Había estado tan ensimismada entre los brazos de Jasper que había olvidado por completo a su padre.

-¿Qué ocurre?…estás nerviosa.- Jasper le susurró con dulzura mientras tomaba su delicada y tibia mano.

-Edward…¿Dónde está mi padre?.-

Todos dejaron de reír de golpe y prestaron total atención a la pregunta de Eli. En tan solo unos segundos los vampiros habían recorrido cada rincón de la Suite en busca de Edward…pero parecía haberse vuelto vapor, ya que no había rastro de él por ninguna parte.

-Alice…por favor, dime donde está.- le suplicó Eli comenzando a sentir la picazón en sus ojos previa al llanto.

Alice cerró los ojos concentrándose. Luego de un instante observó angustiada a Eli.

-No puedo…no puedo decírtelo. No se en donde está, es como si no se decidiera nunca a tomar una decisión.-

-¡Pero Alice! tú puedes predecirlo todo.- le dijo Eli sobresaltada, comenzaba a desesperarse. ¿Por qué Edward no había dejado una nota, o por qué no dijo simplemente a donde iba?.

-No Eli, te equivocas, yo no puedo ver el futuro de la forma en que tu crees. Yo veo el porvenir. El futuro es incierto, puede ir cambiando. Si Edward no ha tomado la decisión de estar específicamente en un sitio, jamás sabré en donde estará.- Alice se escuchaba realmente angustiada, a ella tampoco le gustaba la idea de que Edward se encontrara desaparecido.

-Bien esto es lo que haremos…- comenzó Carlisle mientras se enfundaba su abrigo.- recorreremos las calles a pie en grupos de a dos. La esencia de Edward es fácil de reconocer. El primero que sepa algo de su paradero telefonea al instante.-

Elizabeth tomó con manos temblorosas el teléfono celular que le tendía Carlisle. No podía entender por qué todos se preocupaban tanto. -Edward podría haber salido solo a dar un paseo…¿verdad?. No puede pasarle nada malo porque es un vampiro…¿verdad?.- Eli no pudo evitar que la angustia se filtrara en su voz.

Carlisle se acercó a ella hasta tomarla por los hombros. Suspiró antes de depositar un beso con parsimonia sobre su tibia frente.

-Eli…querida, aunque no los ves hay muchos más vampiros que pueblan la tierra. Paris está plagado de ellos…y no todos son buenos. Te mentiría si dijera que no me preocupa el que Edward haya salido sin dar aviso.-

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El crepúsculo comenzaba a envolver a Paris obligándola a encender sus centenares de luces que la volvían tan atractiva y mágica…haciendo gala de su apodo "La ciudad Luz".

El frío aire que silbaba entre las murallas de los viejos edificios y en las callejuelas adoquinadas se colaba por la ropa de Eli acalambrando sus músculos y volviéndola más lenta. Sus vaqueros habían quedado empapados al tener que caminar sobre la gruesa capa de nieve que cubría las calles menos concurridas.

-Vamos, sube a mi espalda. Llevamos horas caminando, debes estar cansada.- Le dijo Jasper ayudándola.

Continuaron así sin descanso, aplanando hasta el último rincón de Paris. Jasper avanzaba veloz, con su habilidad sobrenatural, cada vez que se encontraban lejos de humanos que pudieran verlos. Elizabeth apretaba con fuerza el celular esperando con vanas esperanzas que repiqueteara y que le dijeran que ya habían encontrado a Edward.

Estaba temblando de forma incontrolable. El aire frio ya no lo sentía rasgando sus mejillas…simplemente te creía incapaz de poder sentir mas frío. Jasper la sentó sobre una banca cuando estaban cruzando los jardines de las Tullerias frente al Hotel. Se sacó su largo abrogo negro y cubrió con él los hombros temblorosos de Eli.

-Si continuamos terminarás congelada.- gruñó Jasper.- Quizás sea mejor que regresemos al Hotel.-

Eli negó con la cabeza mientras se hundía más en el abrigo de Jasper. Iba a decirle algo, pero justo en ese momento el celular comenzó a sonar. Jasper fue más veloz. Se lo arrebató de las manos y contestó.

-¿Carlisle?.- Jasper pretendía sonar pasivo para no impacientar a Elizabeth, pero en el fondo estaba sumamente preocupado por la desaparición de su hermano. Recordaba la última vez que los había abandonado…luego de que decidiera dejar a Bella, había ocurrido igual, se había esfumado. No quería ni imaginar como el abandono repercutiría en Eli si esta se enterara que Edward había decidido abandonarlos por unos años hasta que Alice pudiera finalmente localizarlo.-Claro, sí, comprendo.- Jasper observó de reojo a Elizabeth quién no despegaba su mirada esperanzada del celular.- De acuerdo, eso haremos.- Jasper colgó y guardó el celular en el bolsillo de su pantalón.

Elizabeth se alzó de inmediato como si tuviera un resorte en el trasero. Pero antes de que tuviera ocasión de preguntar Jasper habló.

-Alice ya lo encontró. Debemos regresar al Hotel. Somos los que estamos más cerca.- mantenía su semblante apacible ocultándole a Eli cualquier emoción que pudiera filtrarse en su rostro.

La cargó con facilidad entre sus brazos como si pesara los mismo que una pluma. Avanzó con rapidez y agilidad sobre la gruesa capa de nieve ocultándose de las miradas de los humanos entre las sombras de los árboles, ayudado también por la negra media noche.

Caminaron tomados de la mano por el lujoso Hall del Hotel, pero antes de que pudieran llegar al ascensor, fueron alcanzados por el recepcionista.

-Bonne nuit Miss Cullen.- saludó en francés, pero al ver la expresión interrogativa de Elizabeth sonrió delicadamente disculpándose.- Disculpe la interrupción Mademoiselle, pero tengo algo que comunicarle.- tenía un marcado acento francés. Parecía algo incómodo con la situación. Elizabeth imaginó que inconscientemente aquél hombre estaba experimentando el rechazo natural de encontrarse tan cerca de un vampiro. Acomodó sus gafas sobre su nariz aguileña antes de continuar.- Verá, su padre, el señor Edward Cullen aún está en nuestro Bar Fontainebleau y la verdad es que ya pasan de la hora de cierre del Bar. Lo hemos mantenido abierto solo para el señor Cullen. Me preguntaba si usted sería tan amable de preguntarle a su padre si pretende permanecer más tiempo en el Bar para dar aviso a mantención y a los servicios para que continúen funcionando.-

Elizabeth sonrió algo incómoda, aquella había sido al forma sutil del recepcionista para decirle que sacara a Edward del Bar.

-Claro, disculpe las molestias.- le dijo de prisa para luego correr hacia el Bar.

Sentía su corazón bombeando con fuerza sobre su pecho y tras sus orejas ensordeciéndola. Tiró el pesado abrigo de Jasper al suelo para poder correr más veloz.

Abrió de golpe las gruesas puertas de vidrio que llevaban al Bar. Se quedó paralizada en la entrada cuando una triste y melancólica melodía la golpeó llenando su sentido del oído. La música, que Elizabeth supo reconocer como Allegretto luego de que Bella le enseñara el culto a la música clásica desde pequeña, era arrancada del lujoso piano blanco de cola que se encontraba en el otro extremo del Bar sobre una pequeña tarima. Volteó para encontrarse con el resto de su familia que ya había regresado. Todos permanecían en mortuorio silencio, pero sus rostros estaban más serenos luego de saber el paradero de Edward. Alice le extendió el violín que le acababan de regalar. Elizabeth lo tomó sin hacer comentarios al respecto. Avanzó lo más veloz que pudo entre los modernos muebles de madera oscura y tapicería de piel fina, mientras la pieza Allegretto seguía sonando llenando con parsimonia el elegante Bar. Los exquisitos murales que decoraban las paredes del Bar estaban pintados a mano, le recordó a Eli la habitación de la mansión en donde se encontraba la piscina.

Una vez cerca del piano avanzó más despacio, no quería desconcentrar a Edward. Se sentó con cuidado en el espacio del banquillo que quedaba junto a él.

Edward mantenía sus ojos cerrados mientras tocaba a la perfección el piano. Sobre el elegante piano descansaba la garrafa que Alice le había obsequiado…completamente vacía. Entre sus dedos marfileños había enredado la cadena con el Dije abierto mostrando la fotografía. Sus dedos maestros danzaban sobre las teclas con una rapidez, destreza y delicadeza solo dignas de su especie. Conocía cada nota, y la arrancaba del piano haciendo que sonara perfecta e igual de melancólica que él.

Él abrió sus ojos clavando su mirada melancólica y vacía en ella. La miraba sin verla, su vista estaba perdida en los recuerdos de su pasado…en aquél amor que había dejado atrás. Elizabeth mordió las paredes interiores de su boca para no dejar escapar el gemido de dolor que estaba desgarrando su garganta.

Él la extrañaba…extrañaba a Bella tanto como ella misma.

Luego de la muerte de Bella, Elizabeth se había sentido atrapada entre el crudo miedo y la desesperanza…hasta que llego Edward burlándose del destino que les había jugado una mala pasada manteniéndolos en la completa ignorancia de sus existencias, su padre llegó al fin para consolarla…a salvarla de su desdichada vida…sin importar lo que pudiese pensar el resto. Esto, el amor que se tenían y su mutua compañía, era lo mas puro que poseía en estos momentos.

Todo había cambiado…no, en realidad era ella la que había cambiado, pues ahora todo valía la pena, sin importar el sufrimiento o el dolor que les deparara el incierto futuro, ayudaría a Edward para que así la vida pudiese volver a tomar su curso nuevamente…lo ayudaría a volver a encontrar el gusto y la felicidad en las cosas simples. Ni él ni ella jamás volverían a sentirse solos…jamás volverían a ser desdichados.

Acomodó el violín bajo su mentón. Cerró sus ojos tratando de serenar su corazón. Siguió mentalmente el compás de cada nota. Las redondeó en su cabeza y las coordinó con cada latido de su corazón entregándoles un ritmo vital. Levitó con su otra mano el arco sobre las cuerdas listo para dejarlo caer y desatar por primera vez la melodía que guardaba el violín. Volvería a tocar el violín como cuando era pequeña, solo que esta vez sería como la primera vez, partiría desde cero…como su propia vida. Ahora tenía una nueva y ya era el momento de alejar los fantasmas de su pasado. Bella siempre estaría en su corazón, pero era momento de dejar de lamentarse por lo que había perdido y comenzar a disfrutar todo lo que había ganado.

La vida te da tanto como te quita.

Y esta vez había ganado el cielo con un padre fenomenal. En el momento en que los primeros arpegios escaparon llenos de vida y energía acompañando a las profundas y elegantes notas del piano, el corazón de Eli se llenó de nuevas esperanzas. El vaivén del arco, como el de las olas en el mar, era lento y acompasado al comienzo, pero a medida que se adentraban en la canción, a medida en que el corazón de Eli tomaba las riendas imaginarias del instrumento dejando la técnica y la mente de lado, comenzaba a ser más frenética y desencadenada la melodía.

Elizabeth extrañó el elegante sonido de su Stradivarius que la hacía vibrar hasta los huesos y que ponía su cabello de punta, pero estas nuevas notas tenían una energía propia, una vitalidad que solo podía describir la completa felicidad que sentía al estar rodeada de la familia que siempre soñó. Sus dedos tensaban las cuerdas con una gran habilidad y rapidez digna de elogios…demasiado veloces para que sus movimientos pudieran ser seguidos por la vista de un humano. Se sincronizaba a la perfección con su padre, como si hubieran ensayado incontables veces la misma melodía. Sus movimientos, con el centelleante arco de diamantes, eran fluidos y elegantes.

Estaba tocando Allegretto, pero a su vez lo estaba haciendo otorgándole su proprio toque. Elizabeth sabía que todas sus composiciones solo eran el ritmo de su corazón ante diversas situaciones. La melodía, aún eléctrica, vibrante en el aire y energizante se alargaba y profundizaba, arañando el fondo del sonido mismo llevando las notas al máximo, estresándolas y exprimiendo lo que más podía de ellas hasta cambiar a la siguiente…vagaba por los altos y bajos, a ratos se volvía tan veloz que parecía elevarla del banquillo por los bruscos movimientos de su brazo que llevaba el arco y a ratos tan pausada que pareciera que el mundo se hubiera detenido a su alrededor, incluso podía imaginar las partículas suspendidas en el aire.

Las yemas de sus finos y largos dedos que tensaban las cuerdas, estaban enrojecidos y a punto de sangrar por la velocidad y la intensidad con que tocaba. Estaba explotando el violín de una forma en que ningún humano jamás sería capaz.

Estaba ejecutando a la perfección la melodía, matizando cada nota y dándole un toque único, original y personal. Las notas se hicieron más frenéticas, atropelladas y profundas, pero aún así perfectas, cuando ya se acercaba al final de la canción. Las notas de Edward igualmente se volvieron profundas y oscuras igualando a las de Eli, tan rápidas y perfectas que sería una ejecución imposible para un humano.

Abrieron sus ojos solo para encontrarse con la mirada del uno y del otro. Sus cuerpos temblaban por el ímpetu y la fuerza que le dedicaban a sus instrumentos, arrancando de cuajo las notas profundas y desgarradoras como sus adoloridos corazones. La melodía se había vuelto tempestuosa. Edward tocaba de una forma que hizo temer a Eli de que algo se rompiera dentro de él o se desgarrara su alma de la cual nacía la frenética y envolvente melodía. Ambos estaban mostrándose tal cual eran, estaban desnudando sus corazones y expresaban sus sentimientos a través de sus instrumentos. El último conjunto de notas avanzó como una cascada rápida, furiosa, fluida, sonora que arrasando con todo a su paso. Coordinados a la perfección soltaron los últimos arpegios hasta llevar al agotamiento a sus instrumentos. Cuando la melodía cesó el silencio irónicamente te había vuelto demasiado ruidoso. Era penetrante y pesado, haciendo vibrar un molesto pitido en los oídos. Edward y Elizabeth no habían despegado la mirada del uno y el otro, ni siquiera pestañeaban. Parecían dos hermosas estatuas.

Un estrepitoso aplauso llamó su atención sobresaltándola. Despegó la mirada de la de su padre solo para enfocarla en el personaje que emitía los aplausos.

Estaba completamente estupefacta. Era imposible esconder el asombro en su rostro.

Un hermoso, porque no había otra palabra para describirlo, un hermoso hombre, vestido con un elegante traje italiano oscuro que hacía resaltar su tono de piel marfileña, se habría camino entre el inmueble acercándose hacia ellos mientras aplaudía.

-Bravo…¡Slandide!.- los alabó en un perfecto francés.

A Elizabeth se le antojó una de las voces más sensuales que jamás había escuchado en su vida, solo comparables con la de Edward o la de Jasper. Era tan dulce que embelesaba y tan atrayente que envolvía. Sus movimientos eran fluidos y elegantes, pero sin despeinar su masculinidad que parecía destilar hasta por sus poros. Su cabello era de un negro profundo, liso y largo solo hasta unos centímetros sobre sus hombros, caía con gracia un poco sobre su rostro cubriéndolo parcialmente y volviéndolo aún más misterioso. Aquel rostro era imposible de pasar desapercibido. Su contextura era ancha, casi un clon de la de Emmett.

Elizabeth se levantó por inercia del banquillo. Era como si una voz le ordenara levantarse desde el rincón más recóndito de su mente. Continuó estudiándolo aún sabiendo que lo observaba de forma descarada. Sus labios eran delgados, pero el superior estaba ligeramente rasgado hacia arriba. Su nariz era levemente respingona, pero le pegaba a su rostro, mientras que sus cejas oscuras enmarcaban unos ojos hechizantes. Elizabeth sintió sus mejillas enrojecer cuando el hombre avanzaba clavando su mirada solo en ella, de un impresionante azul cielo encendido, un brillante Calipso…aquellos hermosos ojos no podían ser los de un humano. Eran tan divinos que llegaban a dar miedo. Solo entonces Elizabeth comprendió que no se trataba de un hombre ordinario…era una criatura…un vampiro. A su mente vinieron las palabras que había pronunciado Carlisle hace un rato…

-Eli…querida, aunque no los ves hay muchos más vampiros que pueblan la tierra. Paris está plagado de ellos…y no todos son buenos.-

El miedo la invadió haciéndola estremecer por completo. ¿Podía ser él uno de los vampiros malos de los que hablaba su abuelo?. En un pestañear el alucinante vampiro estaba a solo centímetros de ella. Pero Edward intervino a tiempo antes de que pudiera siquiera intentar acercarse más. Estaba agazapado frente a Elizabeth adquiriendo una postura protectora. Sus colmillos se asomaban levemente bajo su labio superior fruncido.

-Descuida Edward…no hay nada que temer, Gabriel es un viejo amigo.- le advirtió Carlisle antes de que Edward se lanzara a su cuello.

Edward volvió a enderezarse, pero sus movimientos eran tensos. No despegaba su mirada del vampiro intruso, estaba alerta. Elizabeth imaginó que estaría haciendo un escáner completo a sus pensamientos.

El eludido rió con gracia. Aquella sonrisa habría echo que millones de damiselas cayeran rendidas a sus pies. Se aventuró a avanzar nuevamente, incluso si era consiente de la mirada desafiante de Edward.

-Permitame sa main jolie fille. Il est plus belle fleur America´s j´ai le plaisir de rencontrer. (Permítame su mano hermosa señorita. Es la flor americana más bella que tengo el gusto de conocer).-

En un rápido y fluido movimiento que Elizabeth no alcanzó a predecir, él capturó una de sus manos tomándola con parsimonia entre las frías y marmóreas de él. Se inclinó ligeramente sobre su mano en un saludo muy a la antigua pero que en él se veía sumamente natural. La mirada atónita de Eli se clavó en aquellos ojos azul profundo con el singular brillo de las gemas, que reflejaba cierto toque de picardía además de algo ardiente y peligroso que la hicieron temblar. Finalmente se llevó a los labios los dedos de ella para besarlos. Sus labios eran fríos y duros como la piedra, pero tenían la peculiaridad de ser suaves y lisos…como los de Jasper. Su corazón traicionero comenzó a bombear con fuerza. Al venir a su mente el recuerdo de Jasper, supuso que él estaría viendo aquella escena, así que intentó retirar su mano…pero el vampiro no lo permitió apretándola más contra sus mortales labios. Elizabeth sintió como la punta de su fría lengua acariciaba con delicadeza el sensible hueco entre el dedo corazón y el anular. Elizabeth estaba totalmente estupefacta, no sabía cómo reaccionar al respecto. Él se separó con cuidado sin soltar su mano para saludar al resto de los integrantes del clan Cullen.

-Lamento haberlos asustado, no era mi intención. Como bien dijo mi viejo amigo Carlisle, soy Gabriel…simplemente Gabriel, mis apellidos han sido muchos con el paso del tiempo, así que no tienen importancia alguna…- se presentó con un marcado acento francés filtrándose en su dulce y exquisita voz, sin despegar su penetrante mirada de Elizabeth. -Vous jouez le violon comme les anges ma chère mademoiselle…? (Usted toca el violín como los ángeles mi querida señorita…?)- él esperaba que ella le dijera su nombre.

Ella se sentía inquieta, incluso incómoda al no entender lo que él le decía. Aquella mirada era demasiado poderosa, hipnótica, escalofriante y a la vez hermosa. Confundía sus emociones hasta hacerla sentirse perdida. Quería retirar su mano de la presa de él, pero ninguno de sus músculos parecían querer obedecer a las órdenes de su mente. Desconcertada sintió como hormigueaba el punto húmedo y frío donde había tocado la lengua de Gabriel. Apartó su mano de la de él con cierta brusquedad, incluso podría haber pasado por descortés. Miró el suelo ocultando su mirada avergonzada mientras sentía su rostro arder. Cerró la mano con fuerza intentando hacer desaparecer la sensación.

Gabriel

A Elizabeth se le antojó que aquel personaje frente a ella podía ser el mismísimo Arcángel Gabriel.

-Elizabeth…-dijo una voz ronca e hipnótica desde algún rincón escondido respondiendo a la pregunta de Gabriel. Elizabeth sintió como se le ponían los pelos de punta al reconocer esa voz.- Su nombre es Elizabeth Cullen…aunque pronto será Elizabeth Whitlock- dijo Jasper determínate en un tono frío y carente de emoción mientras salía de las sombras que lo habían mantenido oculto.

-Oh!.- exclamó Gabriel sonriendo dulcemente a Elizabeth. Ignoró por completo el tono receloso y posesivo que logró percibir en la voz de Jasper.- Mademoiselle Elizabeth…bienvenida a Paris.-


Bueno eso ha sido todo por hoy.

UuUuUY!! Esto me huele a celos y pelea. Todo ha quedado tenso entre Edward y Jasper…y para qué decir entre Gabriel y Jasper.

Mis queridas lectoras y lectores, si les sirve de algo, para el personaje de Gabriel me inspiré en Jared Leto, verdad que esta guapísimo?¿ así que en la próxima actualización les mando un link de alguna foto.

Muchísimas gracias por seguir mi fic, y ya saben que para la próxima ganadora/or del R&R número 1.326 será aparecer como personaje dentro de la historia.

Un baccio y nos vemos en la próxima actualización

ARRIVEDERCI

Leia Fenix

Para que Santa Claus (Alice) y todo el clan Cullen vengan a pasar la próxima navidad contigo…pues que esperas dale al botón que rasa: REVIEW THIS STORY/CHAPTER o a nuestro bien conocido GO.