"Forbidden Paradise"

(Paraíso Prohibido)

Por: Leia Fenix

"Ella era una especie de paraíso, la mujer perfecta en todo sentido de la palabra...pero ese paraíso estaba prohibido para él...y lo sabía...estaba tan prohibido como su entrada al paraíso de los cielos."

Summary alternativo: Técnicamente de 17, Edward a sus 107 años tendrá que ser padre y madre de una joven tan hermosa como su madre, mitad vampiro mitad humana, que heredó su endemoniada personalidad y que la palabra "No está permitido" no entra en su vocabulario.

Declaimer: Absolutamente nada acerca de las historias y los personajes de la genial Stephenie Meyer me pertenece, desgraciadamente EDWAR no es mío (...solo me pertenece la genialidad y originalidad de mi historia).

Advertencia: Creo que está de más advertirles ya que lo he catalogado como reiting M, por lo tanto están avisados de que el contenido de este fic puede (o no es) apto para menores por escenas de violencia o un poco subidas de tono...me explico?¿

Ah y lo más importante Recomiendo que para leer este fanfic ya se hayan leído "Luna Nueva"

Nota de la autora:

La recomendación musical para éste capi es "Can´t sleep" de Above&Beyond, por cualquier cosa voy a subir a facebook un link para las que me siguen.

No quiero aburrirlas con disculpas que no quieren escuchar. Ha sido un poco de lo de siempre: universidad + gimnasio + fiestas + trabajo = cero tiempo

Zamara tuvo la palabra ideal para describirme por la tardanza y la paciencia de muchas de ustedes "eres la niña mimada de las autoras" ajajajaajaja, amiga, no puedes tener más razón…ustedes me miman y yo intento compensarlas con un capítulo que espero les guste.

Insisto, agradezco de corazón a todas las que me siguen a pesar de mis tardanzas. Que sepan que las tengo siempre presentes y que sin ustedes esta historia no sería la misma, estaría encerrada en mi cabeza pujando por salir.

Mi más calurosa bienvenida a las nuevas lectoras empedernidas que se nos van uniendo a la cruzada. ¿Ya vieron que somos 360 lectoras/es y sumando?

Les dedico un Carpe Noctum, con todo mi amor…

Leia Fenix.

Capítulo treinta y seis: "¿A qué estamos jugando?"

La lluvia se hacía escuchar con fuerza chocando contra la gran tienda que se había montado en el jardín para la recepción. Todos lucían tan felices, encantados y contagiados por la alegría de los nuevos novios, que el mal tiempo no enturbiaba sus estados de ánimo.

Los niños corrían entre las mesas con listones de todos los colores, riendo sin parar.

La banda tocaba música tranquila, para acompañar la cena, en el escenario improvisado frente a la pista de baile.

En la mesa de Elizabeth habían colocado a Amy, su hermano Randy, una amiga de él llamada Sadie y unos cuantos jóvenes más que ella no conocía en absoluto.

Soltó un suspiro cansinamente mientras observaba el puesto de Thomas vacío a su lado. Como lamentaba todo lo que había ocurrido en las últimas horas. Desearía tener la capacidad para retroceder el tiempo y no volver a cometer tantos errores…pero no podía.

Su mente se devanaba pensando en la reacción de su pequeña tía al enterarse de su pequeño desliz , no intencionado, con Thomas. Lo más probable es que lo hubiera sabido desde el momento en que Thomas había decidido acompañarla a la boda. Y esa certeza solo hacía que Elizabeth se sintiera más miserable…si se podía.

Sabía que debía disculparse con ella, enfrentarla cuando volviera a casa esa misma noche, pero por más que trataba de formular en su mente un discurso, ninguna palabra resultaba ser la adecuada…realmente no existía escusa para lo que había hecho.

-Tienes que probar el muse de salmón, está divino.- le comentó Amy sacándola abruptamente de sus pensamientos.

Pero no estaba segura de poder probar bocado, su estómago se retorcía de un lado a otro de puros nervios. El plato del postre no fue más apetitoso que los primeros. Pasó sin pena ni gloria frente a Eli.

Cada tanto, Elizabeth miraba a hurtadillas la mesa de los novios, solo para encontrarse con una pareja sonriente que no paraba de coquetear. Este era su castigo personal…su proprio y bien ganado infierno.

De pronto la música se detuvo y el anfitrión pidió silencio para comenzar con los brindis.

Sí, la situación parecía empeorar a medida que avanzaba la velada.

Así pasaron de uno en uno al escenario todos aquellos que quisieron regalarle unas palabras a la feliz pareja. El señor whitman, el padre de Margaret, fue el primero en hablar y luego vino una seguidilla de familiares. Algunos Eli los conocía, otros no los había visto jamás. Rieron y se emocionaron con cada una de las palabras. Elizabeth no se dio ni cuenta cuando le tocó su turno. Miró consternada a todos lados sin saber bien qué hacer. Definitivamente dar un brindis por los novios no era lo que tenía en mente. Se levantó de su silla con torpeza y tomó entre sus temblorosos dedos la copa del burbujeante espumante que le ofreció el garzón para el brindis. Sentía la vergüenza ardiendo en sus mejillas mientras subía al escenario…todos esperando a que dijera algo, más que mal, era la "Padrino" de la boda escogida por el mismísimo Matt.

Matthew por si parte la miraba interesado desde su asiento, mientras que Margaret jugaba con una cereza en su plato ignorándola. Respiró dándose coraje y el micrófono soltó un agudo y molesto ruido de interferencia.

-Lo siento…- dijo apenas en un hilo de voz. Se obligó a recomponerse y escogió las palabras que creía más apropiadas para el momento, incluso si no fueran del todo ciertas.- Conozco a Matt desde los siete años. Fuimos mejores amigos desde entonces…como todos lo saben-

-¡Y algo más!- lanzó un desubicado que Eli no pudo identificar.

Carraspeó y volvió a tomar el hilo de su discurso.

-…y compartimos todas las aventuras y los momentos más importantes de nuestras vidas juntos…éste es otro de ellos. Ahora es tu turno Margaret…- La novia alzó su vista antes distraída y la fijó en Elizabeth, de pronto interesada por lo que tenía que decir.- Es tu turno de vivir todas las aventuras que se vengan junto a Matt. Felicidades a ambos y que sigan teniendo momentos importantes y maravillosos como éste. ¡Salud!-

Todos la acompañaron bebiendo un sorbo de su copa y algunos aplaudieron por cortesía. Matt le guiñó un ojo y pronunció con sus labios un silenciosos gracias.

No mucho rato después los novios cortaron la torta entre risas y flashes de las múltiples cámaras. Luego fueron invitados al centro de la pista para bailar el clásico vals y abrir el baile.

-Damas y caballeros, con ustedes el señor y la señora Lauper.- los presentó el anfitrión.

Margaret y Matthew Lauper, tímidos y sonrientes, comenzaron a danzar a su ritmo coreados por los aplausos, inmersos en su propia burbuja de amor. Elizabeth rogaba internamente para que acabara pronto esa tortura.

Trozos de torta se repartieron en su mesa para cada invitado. Pero Elizabeth ni siquiera tocó el pastel, sus ojos seguían a Matt por toda la pista de baile.

Mientras observaba la escena, sintiéndose la chica más desdichada en la faz de la tierra, Randy quién ya se había devorado su trozo de pastel y miraba como un halcón el de Eli que continuaba intacto, se atrevió a preguntar al fin…

-Eli, ¿Te vas a comer ese pastel?- su sonrisa era ancha y llena de ilusión como la de un niño pequeño.

Pero antes de que pudiera responderle, su teléfono celular comenzó a sonar. Lo sacó de su pequeño bolso de fiesta y recibió la llamada.

-Hola Thomas…- su voz sonaba nerviosa y algo ahogada. Realmente temía que Thomas le dijera que había terminado con Alice y que se encontraba en el aeropuerto camino de regreso a Denali.

-Hola preciosa, ¿te diviertes?-

Elizabeth se demoró en responder. Thomas sonaba tan relajado y alegre como de costumbre. ¿Alice lo habría perdonado? Si fuera así, guardaba las esperanzas de que también la perdonara a ella. Todo había sido un horrible malentendido.

-¿la verdad? Lo estoy pasando fatal.- compuso una sonrisa falsa de alegría cuando Randy y Sadie pasaron cerca de ella bailando. Pegó el pequeño celular más a su oreja y bajó la voz.- Estaría mucho mejor si estuvieras aquí. Sería más fácil. Alice…-comenzó, pero Thomas la interrumpió antes de darle tiempo a preguntar.

-Ya hablaremos de Alice. Está muy reservada y no me quiere contar lo que ha visto, así que debes decirme, muero por saber… ¿Aún hay boda o te abalanzaste sobre la novia en el altar y le arrancaste el vestido?- no podía ocultar el entusiasmo en su dulce voz.

Elizabeth estaba perpleja, no sabía si llorar o reír.

-Eli… ¿aún estás ahí?-

-Sí, si perdón.- tragó saliva intentando disolver el nudo en su garganta. Suspiró mientras sus ojos volvían a clavarse en la pareja de novios que giraban gráciles y alegres por la pista de baile.-La verdad, hice lo que tenía que hacer.- su voz se apagaba con cada palabra que pronunciaba.

-Entonces… ¿los separaste?-

Elizabeth no podía creer el entusiasmo de Thomas, parecía Emmett con un juguete nuevo.

-No, más bien me despedí.- rió tristemente mientras jugaba con los pétalos de las flores que adornaban su mesa.

Thomas se demoró unos segundos en contestar. Suspiró al otro lado de la línea y luego su voz varonil y dulce fluyó como un río tranquilo.

-Que bien. Pensé que jamás diría esto, pero ¿sabes? Estoy orgulloso de ti. Por un momento pensé que no lo lograrías.-

-¡Guau! Así que el único fin de que me acompañaras era prestarme un hombro para llorar derrotada porque inevitablemente debería dejarlo ir.- No estaba enojada, pero su voz había sonado triste y un tanto irónica.

-Algo así, bueno, es lo que hacen los amigos ¿no? Pero no era el único fin. Los amigos no solo prestan el hombro para llorar…también para bailar. ¿Quieres enorgullecerme por segunda vez esta noche? Entonces baila.-

No podía culpar a Thomas, probablemente él no estaba enterado de la escaza y casi nula motricidad fina que la caracterizaba. Bailar no era uno de sus fuertes…y las únicas veces que lo había conseguido, había sido en un estado etílico evidente.

-Hmmm, la verdad es que tenía otros planes.-

-¿Otros planes? Explícate.-

-Bueno, quedarme sentada en la mesa parece mejor idea. ¿Sabes? Bailar es un acto suicida cuando tienes dos pies izquierdos.-

Thomas rió con ganas al otro lado de la línea.

-Ya veo.- dijo por fin.- Te estoy viendo sentada en tu mesa con ese hermoso vestido blanco con el que opacas por completo a la novia. Me pregunto si la pobre Margaret se habrá enterado de que luces billones de veces más atractiva que ella. ¡Eres malvada!-

Elizabeth no sabía de qué carajo estaba hablando Thomas. Estaba totalmente desconcertada. Se removió incómoda en su silla mientras escrutaba a todas las personas que estuvieran a su alcance. ¿Sería posible de que Thomas hubiera regresado? No, era imposible. Arrugó el ceño y movió su cabeza negativamente.

-¿Alice te habló sobre mi vestido?-

Pero Thomas hizo caso omiso de su pregunta y continuó con la descripción.

-Ese peinado no hace lucir tu hermoso cabello, pero deja al descubierto tus suaves hombros cremosos y tu apetecible cuello.- rió con naturalidad sin dar tregua a Elizabeth, la cual se sentía cada vez más incómoda.- ¡No puedo creer que aún no probaras el pastel! Mientras era humano, el pastel era uno de mis dulces preferidos.-

Elizabeth miraba a todas las personas buscando a Thomas, intentando no verse paranoica.

-Thomas… ¿cómo sabes que no he comido pastel?-

La música de la banda cambió de pronto del clásico vals a I say a Little prayer de Diane King.

Elizabeth se puso de pié de un salto y casi voltea su copa de vino, que bailó peligrosamente cerca del borde de la mesa y de su vestido. La detuvo con una mano temblorosa y luego avanzó esquivando a los bailarines, mirando hacia todos lados. Elizabeth soltó una risa nerviosa antes de hablar.

-¿Thomas…tú has pedido la canción?, ¿Ya te has dado cuenta de lo parecida que es esta situación a la última escena de la película "La boda de mi mejor amigo"?-

-Es una de mis favoritas, pero no se lo digas a nadie, o mi virilidad se pondrá en duda.-

-No lo haré, por cierto… ¡Es una de mis favoritas también!- Elizabeth rió por primera vez en la noche con ganas. Luego se llevó una mano a cubrir sus labios. Extrañaba tanto reír. Estaba gratamente feliz de que Thomas estuviera de regreso. No podía imaginar hasta qué punto lo había extrañado. Sin siquiera pretenderlo, se había convertido en uno de sus mejores amigos.

-¿Al menos me dejarás acabar con mi perfecto monólogo ensayado?- Thomas usó un tono de falsa molestia antes de continuar con su propia versión de la película, mientras Elizabeth continuaba avanzando entre los bailarines buscando a su amigo.

Tía Ange pasó como un trompo a su lado junto a su marido, bailando alegres y relajados. Elizabeth los esquivó justo a tiempo antes de que se estrellaran contra ella. Fue cuando sus ojos de un verde único se encontraron con los inhumanos topacios de Thomas.

-De pronto se abre un camino…y ahí está él.- Estaba tan apuesto como siempre, en un impecable traje de frac gris humo y su largo cabello recogido en una coleta baja en su nuca. Elizabeth le regaló una sonrisa tímida, aún un tanto sorprendida por la inesperada compañía de su amigo.- Elegante, moderno, radiante de carisma y algo muerto. Pero está al teléfono…y claro tú también.- alzó una de sus cejas de forma escéptica arrancándole otra sonrisa a Eli.- Va hacia a ti. Se mueve como un felino…hmmm muy proprio de su especie.- apuntó mientras se alzaba con gracia de su sitio en la mesa y caminaba para encontrarse con ella. – Y aunque sabes muy bien que está irremediablemente enamorado de tu tía Alice y por eso te está vetado, piensas ¿Qué más da?, es la vida.- Cortó la comunicación. Tomó el teléfono móvil de Elizabeth y lo guardó junto con el de él en uno de los bolsillos interiores de su saco.- Tal vez no haya boda. Te puedo asegurar que no habrá sexo.- le guiñó un ojo cuando las mejillas de Eli se volvieron de un rojo violento recordando el incidente de la noche recién pasada.- Pero eso sí…bailaré contigo.-

La cogió por la cintura con firmeza acercándola más a él y luego con su mano libre atrapó una de las de Eli para guiarla. Elizabeth soltó un gritito de asombro y una carcajada cuando Thomas la alzó en el aire y giró con ella entre sus brazos. Comenzaron a moverse con gracia alrededor de la pista llamando la atención de algunos curiosos. Elizabeth no sabía por qué, pero era un hecho irrefutable que todos los vampiros bailaban increíble. No le importaba no saber bailar si estaba bailando con uno de ellos. Thomas hacía que luciera como si realmente supiera bailar. La giraba de un lado hacia otro con destreza sacándole risas y aplausos. Por primera vez en el día, estaba disfrutando de la boda como cualquiera de los presentes…como siempre debió haber sido.

Perdió la noción del tiempo, ni siquiera se había enterado de cuantas canciones ya habían pasado. Le gustaba la sensación de la suave tela de su vestido enrollándose alrededor de sus piernas cada vez que Thomas la hacía girar y la impresión de liviandad cuando la alzaba del suelo como si se tratara de una pluma. Estaba realmente entretenida bailando con su amigo vampiro.

De pronto la música se detuvo y solo quedó el barullo de las conversaciones, las risas y el tintineo de las copas.

-¡Oh por Dios, ya se van!- dijo una chica a su lado que no conocía.

Elizabeth siguió la mirada de la chica hacia la escalera del porche, donde estaban despidiendo a los novios que ya se marchaban rumbo a su luna de miel. Sonreían, como si acabaran de ganar la lotería, mientras bajaban las escaleras tomados del brazo. Margaret lucía un sencillo traje de dos piezas de un rosa pálido, mientras que Matt…

Elizabeth pensó que estaba demasiado elegante para tratarse de sólo Matt.

Sus hermosos ojos verdes se aguaron volviendo su vista borrosa. Cuanto le hubiera gustado estar en el lugar de Margaret y salir por la puerta rumbo a su luna de miel como la señora Lauper.

Nuevamente los recuerdos de su infancia con Matthew se agolparon en su mente, clavándose como una dolorosa y molesta espina en el centro de su corazón.

Ya no tendrían más momentos en su tejado explorando las estrellas, ya no habría más tardes en el viejo sauce, ni baños en el río, ni secretos que compartir. Tampoco habría más ángeles de nieve ni primeros besos. Una parte de ella se perdía con él.

Antes de llegar al último peldaño, Margaret se giró y lanzó el ramo por sobre su hombro. Entre grititos de júbilo y unos cuantos empujones, fue a parar en una atónita Amy quién se lo lanzó con algo de aversión a la chica junto a ella. Elizabeth sonrió para sí misma, nada de bodas para "Amy la indomable".

La gente comenzó a agolparse alrededor de la pareja, lanzándoles granos de arroz, pétalos blancos y repartiendo cariñosos abrazos.

Elizabeth sintió el agudo dolor en sus pulmones por la falta de aire. Realmente estaba pasando. Su mejor amigo, el que siempre pensó que era el hombre de su vida, se acababa de casar con su enemiga del instituto y estaba a punto de subir al coche que lo llevaría lejos de su lado.

Corrió chocando contra el gentío ignorando los llamados de Thomas. Debía encontrarlo, debía despedirse. Pero la masa de gente se hacía cada vez más impenetrable. Todos buscaban la atención de los novios. Elizabeth comenzó a llamar a gritos a Matt, pero los aplausos y las risas la silenciaban. Estaba desesperada. Las lágrimas que se resistía a liberar estaban empezando a anudarse en su garganta de forma dolorosa. Buscaba en todos los rostros el de Matt, pero no aparecía por ninguna parte. Sintió que la puerta del coche se cerraba y su corazón cayó a sus pies.

Dejó caer su mirada hasta el piso y le dio rienda suelta a las lágrimas que saltaron abundantes fuera de sus ojos. En medio de su desolación, sintió unos brazos que la alcanzaban y la rodeaban atrapándola en un abrazo apretado.

Recordaba ese aroma, a trigo en un día de sol y perfume de hombre.

-Matt…- susurró devolviéndole el abrazo.- Creí que te habías marchado.- su voz sonaba quebrada aunque hubiera preferido que fuera firme y orgullosa.

-¿Sin despedirme de ti?...jamás.- sus ojos de mercurio derretido la miraban con ternura.

Una señora de edad tiraba del brazo de Matthew reclamando su atención, pero él la ignoró. Se miraron por una diminuta fracción de tiempo que para ellos resultó ser una eternidad. Luego los labios cálidos y trémulos de Matt, se posaron por un instante sobre su húmeda mejilla.

-Te extrañaré…te quiero. ¿Amigos por siempre?- le dedicó una de esas sonrisas radiantes que sólo eran para ella y luego su abrazo se deshizo tan inesperadamente como había llegado.

-Amigos por siempre…- susurró de regreso, pero no estaba segura de si él la había alcanzado a escuchar mientras era tragado por el resto de sus familiares.

Se abrazó a los costados intentando llenar el vacío que se sentía lejos del abrazo de Matt. Contuvo las lágrimas a duras penas y rió para sí misma como si fuera una loca. Todo ese tiempo había estado empecinada por separar a Matthew de Margaret, porque no quería perderlo…pero no lo perdería. Él le había dicho que seguirían siendo amigos. Sin embargo ahora sintió pánico por aquel que realmente temía perder.

Jasper era el verdadero amor de su vida. Ya no podía negárselo más a su corazón, no podía seguir intentando convencerse de lo contrario cuando era tan obvio que estaba perdida por ese vampiro.

Su corazón había pertenecido durante su infancia a Matt, pero ahora era completamente de Jasper hasta la eternidad.

Había sido tan estúpida, tan testaruda.

Retuvo su mirada sobre el automóvil de los novios hasta que se perdió en el horizonte.

Luego buscó a Thomas. Apenas vio a su amigo, tan abatido como ella, supo qué debía hacer. Solo lamentaba haberse dado cuenta de ello tan tarde…

¿Habría aún esperanza?

OoOoOoOoOoOoOoOoO

-¿Estás segura de que quieres hacer esto?- Thomas le preguntó con cautela mientras avanzaba rápidamente tras de ella evitando con agilidad los charcos ocultos entre los altos pastizales.

La lluvia había amainado, pero nuevas nubes gigantescas y grises comenzaban a agolparse amenazantes sobre sus cabezas.

-Tan segura como sé la reprimenda que recibiré de Alice por arruinar este costoso vestido y los tacones de gala- admitió ella mientras continuaba avanzando con dificultad a grandes zancadas salpicando sin piedad el hermoso vestido blanco y sosteniendo en sus manos con fuerza una motocierra (N/A: Cierra eléctrica).

-Sí, tienes razón, te ves fatal. Pareces recién salida de una mala película de terror…ya sabes, la novia abandonada en el altar que mata a todos los invitados por despecho y luego va tras el novio que le dio el plantón para cortarlo en pedacitos.- Thomas reía con gracia mientras contemplaba lo que quedaba del vestido hecho jirones, rasgado y manchado de forma permanente por el lodo.

-Tú no te ves mucho mejor…y dudo que Alice te absuelva del castigo.-Eli se giró para encararlo-Estamos jodidos.-

Thomas asintió de acuerdo con ella sin parar de sonreír.

-¿Crees que el señor Whitman extrañe su herramienta?- Preguntó apuntando con uno de sus dedos marfil la pesada motosierra.

-Lo dudo, aún tenía el precio. No creo que la haya usado jamás. Quizás era de Tía Ange y la estaba guardando para cuando encontrara el momento oportuno de arrancarle la cabeza a su marido.- Alzó una ceja de forma escéptica, sonrió y reanudó las zancadas.

No tardaron en llegar al sitio que Eli buscaba. El viejo sauce, con sus largas ramas acariciando el río, se reflejaba en el agua vanidoso…ni siquiera podía imaginar el fin que le esperaba.

Eli encendió la motosierra. El estruendoso ruido la sobresaltó y estuvo a punto de tirarla al suelo. Finalmente la tomó con fuerza entre sus manos y se concentró en lo que debía hacer. Ese sauce era el último eslabón que la mantenía unida a Matt…y estaba a punto de cortarlo. Ya no existiría más un…

"Amo lo nuestro, M y E por siempre"

Ese sueño ya estaba a años luz de poder convertirse en realidad. Solo quedaba desecharlo, como una mala idea…y quedarse solo con los mejores recuerdos.

La motosierra comenzó a comerse la vieja y mohosa madera salpicando aserrín por todos lados como si fuera nieve. Elizabeth no pudo retener las lágrimas que saltaron fuera de sus ojos bañando por completo su rostro. Dolía, pero en cierto modo dejar ir la idea de que ella y Matt podían estar juntos era un alivio. Era más fácil vivir sabiendo que no era una posibilidad viable a pensar que aún había una esperanza para ellos dos. El sauce soltó un largo lamento con un ruido estruendoso y desgarrador antes de tambalearse y caer finalmente al agua.

Elizabeth soltó un jadeo de sorpresa cuando el agua fría que salpicó bañó su vestido con perlas de agua. Pero no se movió ni un centímetro.

Se quedó justo ahí observando como el agonizante sauce era arrastrado lentamente río abajo, donde las aguas se volvían más turbulentas y rápidas. Sus largas ramas se entrelazaban de vez en cuando sobre las rocas de la superficie, como largos dedos aferrándose intentando salir a flote y luchar contra la corriente. Pero la corriente era más fuerte, y tal como arrastró al viejo y grande sauce, se llevó con él el profundo amor que sintió alguna vez por el que fue su mejor amigo.

Ahora las tardes en el viejo sauce solo eran un recuerdo, un bello y triste recuerdo…al igual que Matt.

El crepúsculo los alcanzó en medio de amenazantes truenos. El sol buscó un pequeño lugar entre las nubes grises para decir adiós, antes de desaparecer por completo y dar paso a la lluvia.

Caía sobre ellos copiosa e insistente. Sus trajes de gala quedaron empapados a los pocos segundos y se pegaban a sus perfectos cuerpos. Eli alzó la vista hacia el cielo y dejó que la lluvia bañara también su rostro. Por primera vez en su vida se sentía libre…libre del dolor de haber crecido junto a un padrastro cruel, libre de poder recordar a su madre sin sentirse culpable, libre de un amor que no le pertenecía más…libre de amar a alguien más, a alguien a quién había querido ignorar pero que en ese momento, bajo la tempestad que se desataba sobre su cabeza, era a quien le quería dar su corazón por completo…

Era de Jasper…y si lo quisiera podría ser para siempre.

Comenzó a reír como una histérica. La libertad le daba alivio y alegría a partes iguales. Dejó caer la motosierra pesadamente a su lado, abrió sus brazos en toda su extensión como esperando un abrazo y comenzó a girar en círculos sin dejar de ver hacia el cielo hasta que se sintió mareada. Se detuvo, se recompuso y luego alcanzó a Thomas quién la estudiaba con una mirada de completa incredulidad desde un sitio más seguro.

-¿Piensas que estoy loca?- le preguntó Eli aún risueña.

-Un poco…-le respondió él pensativo. Luego se recogió de hombros.- pero todos tenemos un poco de locura, sino seríamos raros.- le devolvió la sonrisa y luego recargó sus manos en los frágiles hombros de Eli.- Te sienta bien reír, me hace feliz que estés feliz.-

Elizabeth no podía parar de reír.

-Vaya que repetitivo señor Anderson…te hace feliz que yo sea feliz.-

-Lo que dije.-

-Bien, en realidad es una persona la que me hace tan inmensamente feliz…y ya no puedo esperar a verla.- afirmó Eli aún risueña.

Pero su sonrisa fue esfumándose poco a poco cuando estudió el rostro sombrío de Thomas.

-¡Por Dios!…nadie te lo ha dicho aún…-Thomas se veía incómodo, y eso era muy extraño en él.

Eli sintió una alarma que comenzaba a aullar en su cabeza.

-¿Qué es lo que debería saber?- su garganta comenzaba a cerrarse de puro miedo.

-Eli…jasper…-

Thomas titubeando era una mala señal. El corazón de Eli comenzó a correr desbocado, pero ella permanecía quieta en su lugar como una estatua. Parecía que sus zapatos fueran de plomo.

-Thomas…¿le he hecho mucho daño verdad?-

Thomas asintió en silencio cabizbajo.

Eli soltó un jadeo de puro dolor. No, no, no, no, no…¡Jasper no debía sufrir!. No se lo merecía. Había sido una idiota, pero se lo compensaría…le rogaría que la disculpara si fuera necesario. No tenía tiempo que perder.

-Vamos, tengo que disculparme con él…de seguro está hecho una furia porque no le obedecí y me marché de todos modos.- Se acercó a Thomas y lo tomó del brazo empujándolo para que reanudaran la marcha cuanto antes, pero ahora era Thomas el que parecía haber echado raíces en la tierra.

-Eli…Jasper se ha ido.-

Aquella afirmación dolió como la hoja de la guillotina descendiendo sobre su cuello.

-¿¡Se ha ido!?- su voz había sonado aguda y chillona, antinatural.- ¿Dónde?-

Thomas la observaba con cautela intentando encontrar las palabras más prudentes.

- ¿Dónde?- volvió a preguntar insistente ante el silencio de su amigo.

-No lo sabemos…nadie lo sabe.- enfatizó intentando usar el tono de voz más conciliador que conocía.

Las últimas palabras de Thomas resonaban como un eco en la cabeza de Eli. Rebotaban una y otra vez tratando de asimilarlas… No lo sabemos…nadie lo sabe.

-Carlisle y Edward han corrido tras de él cuando se marchó, pero logró ser más rápido que ellos y los despistó. Rosalie, Esme y Emmett lo han estado tratando de rastrear por si hace uso de las tarjetas bancarias o con la señal del celular…pero al parecer no ha hecho uso de nada. No hay rastro de él…y la única que puede saber algo al respecto es Alice.- Elizabeth clavó su mirada destrozada en Thomas.- Pero ella no quiere decir nada…-confesó con un hilo de voz.- Al parecer Jasper la hizo prometer que no le diría a nadie a donde iba.-

Elizabeth se sentía entumecida por dentro y por fuera. La voz de Thomas se oía lejana y distorsionada, mezclada con los ensordecedores latidos de su corazón desbocado que latía justo tras sus orejas.

-¿Qué…qué?- balbuceaba. Pero ya no podía oír lo que Thomas le decía.

-Eli…-Thomas intentó dando un paso hacia ella, pero Eli alzó las manos para detenerlo y retrocedió un paso más lejos de él. –Eli…lo siento.- volvía a dar otro paso, pero Eli retrocedía.-Vamos a casa amiga mía.- Intentó una vez más aproximarse a ella, pero ella volvió a rechazarlo.

Thomas se quedó en su lugar respetando la distancia entendiendo finalmente.

-No, él no se puede haber marchado… ¡No es cierto!- Gritó colérica

Se giró sobre sus tacones y se echó a correr.

Apenas tenía aliento mientras corría a toda prisa internándose cada vez más en la espesura de aquél bosque que conocía tan bien como la palma de su mano. El frío se colaba como una dolorosa navaja a través de su ropa empapada hasta alojarse en sus huesos. Nada quedaba del hermoso vestido de fiesta que una vez le había comprado su adorada tía Alice, ahora aquel hermoso vestido estaba hecho girones por las ramas que se enredaban en el y lo rasgaban. Eran harapos que apenas cubrían su cuerpo. Sus tacones, cual cenicienta, los había perdido en alguna parte del enlodado trayecto. Parecía la protagonista de una mala película de terror, pero eso no era lo peor, sus torpes piernas tropezaban una y otra vez con las viejas raíces de los árboles que se enroscaban como peligrosas trampas fuera de la tierra. Cuando volvió a caer de bruces al suelo raspándose las manos y llenando de lodo su rostro y su vestido, supo que no estaba siendo lo suficientemente veloz. El tiempo estaba en contra. Debía entrar en fase y quizás, con un poco de suerte, lograría alcanzar a Jasper donde quiera que estuviera en estos momentos.

Se concentró en sus pulsaciones, en desacelerar su desbocado corazón hasta apagar los latidos. El dolor se propagó por todo su cuerpo haciéndola retorcerse. Empuñó sus manos sobre el suelo, atrapando entre ellas las hojas secas y más lodo, mientras el ya familiar cosquilleo recorría cada uno de sus músculos haciéndolos más fuertes e irrompibles como la roca. Cuando recobró el dominio sobre su cuerpo, se puso de pie en un solo movimiento grácil y ágil. Su largo cabello estaba empapado pegado a su rostro, pero no se molestó en apartarlo, estaba concentrada en conseguir su objetivo.

La lluvia se había vuelto tan espesa, aún entre los árboles que era difícil ver que había más allá de unos pasos, pero ya no sentía el frío del medio ambiente, pues ella era más fría que el hielo.

Aguzó su ahora excepcional vista y dibujó en su mente el camino que trazaría a través de los árboles hasta llegar a su hogar. Sería fácil y tan solo tardaría unos segundos. Se agazapó, tomó una bocanada de aire y corrió…corrió tan veloz como su inhumana especie se lo permitía. Las gotas de lluvia a su alrededor parecían caer en cámara lenta, ni siquiera alcanzaban a estrellarse contra su cuerpo, era tan rápida que podía esquivarlas.

Cuando por fin alcanzó el pomo de la puerta se detuvo, incluso contra su propio deseo.

Tenía miedo…

No estaba preparada para lo que le esperaba luego de que cruzara el umbral. ¿Estaría Jasper esperándola pero enfadado? O ¿se habría ido definitivamente como le había dicho Thomas?, ¿Alguien le diría donde se había ido?, ¿le habría dejado un mensaje o se habría esfumado para siempre?

Tomó una bocanada de aire, incluso si no la necesitaba, para darse coraje. Giró lentamente el pomo de la puerta y dio un paso dentro de la casa que estaba en completa penumbra. Más que un hogar parecía un enorme mausoleo.

No se sentía el murmullo de una conversación, ni el silbido de alguna respiración, ni aromas en el aire, ni calidez, ni el traqueteo de pasos, de hecho nada se movía…todo objeto ahí estaba inanimado, muerto.

Tan muerto como todos ellos…

De todas las veces que había estado en esa hermosa casa, nunca le había parecido tan tétrica y solitaria…aquel no parecía su hogar. Cruzó el hall de entrada hasta alcanzar las escaleras. Mientras subía, dejaba un rastro de lodo y agua que caía del vestido y su cuerpo. Ya tendría tiempo de limpiar más tarde.

Cuando alcanzó el primer rellano del segundo piso que llevaba hacía su habitación y a la de Jasper, no pudo desviar la vista hacía las escaleras que seguían al siguiente piso. Fue en esas mismas escaleras el primer contacto visual que tuvo con Jasper. A su mente vino aquel primer encuentro como si hubiera sido ayer.

Recordó lo bien que se sentía el peso controlado de él encima de su cuerpo mientras la apresaba sentado a horcajadas sobre ella. Recordó también el adictivo aroma que despedía de él, una mezcla almizclada de menta, bosque y macho que la enloquecía. Tembló de solo recordar el poder de aquellos intimidantes ojos gatunos que la desarmaban con la mirada. Su hermoso cabello rubio ocultando parcialmente su inhumano rostro, dejando al descubierto aquellos bien delineados labios, carnosos pero tan fríos y duros como el mármol y más mortales que la mordida de una cascabel. Su frío aliento mezclándose con el tibio de ella mientras sus pechos agitados se rozaban ligeramente invitándose a un acto más indecente. Luego, la sorpresa y la vergüenza de ambos al saberse descubiertos.

Ahora se encontraba sola sonriendo tontamente en aquel pasillo en penumbras mientras recordaba. No podía esperar a tenerlo nuevamente a su lado. Sintió el ardor insistente de la sed en su garganta, anhelaba beber la sangre de Jasper, la deseaba desesperadamente, tanto que la ansiedad parecía enloquecerla.

De pronto se encendió la luz del pasillo sobresaltándola.

Edward bajó las escaleras y se detuvo en la mitad, justo en el lugar donde su hija clavaba la mirada.

Ella lo contempló aún con la sonrisa que le trajo ese recuerdo estampada en el rostro. Quiso preguntarle a su padre todas aquellas inquietantes preguntas sobre el paradero de Jasper que la estaban martirizando, iría en busca de él de inmediato apenas le dijeran a donde estaba…pilotearía ella misma el maldito avión si era necesario. Pero una mirada de Edward bastó para responder todas aquellas preguntas silenciosas de una vez.

Su padre estaba desolado. El dolor viajaba más allá de su mirada oro derretido. Físicamente se veía más inhumano que nunca, más muerto que nunca, más anciano. Aquello no podía significar nada bueno, solo le corroboraba lo que había afirmado su amigo Thomas…Jasper se había marchado y probablemente para siempre.

Se llevó una mano temblorosa a tocar sus labios. Quizás en cuanto tiempo más no volvería a sonreír. Y así, la sonrisa se esfumó de su rostro dando paso a las lágrimas. El dolor de su maltrecho corazón se propagó como un mortal cáncer a través de su cuerpo debilitándola. Sintió que todo se volvía más oscuro, más impenetrable. Estaba desesperada, pero no había donde correr ni a qué gritar…tampoco nada que hacer. Ya no recordaba ni cómo respirar y dudaba de poder volver a hacerlo, la angustia la estaba estrangulando. Un intenso mareo la invadió y por un instante pensó que se desvanecería. Pero antes de que tocara el suelo, los brazos de Edward la rodearon, la estrecharon contra su frío cuerpo y la consolaron.

Elizabeth hundió su rostro en el hombro de su padre, se aferró a él empuñando su camisa con fuerza entre sus manos y se abandonó a la pena y a las lágrimas que la arrastraban a un abismo que parecía no poder evitar…

Iba a caer y posiblemente no podría volver a levantarse.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

El primer sentimiento cuando despertó fue pura y destructiva…rabia.

No era la primera vez que Jasper amenazaba con marcharse. Siempre eran palabras al aire y apenas se le pasaba la desilusión, volvía a recibirla entre sus fuertes brazos de acero, aunque ella hubiera metido la pata a fondo.

Pero Elizabeth jamás pensó que un día lo haría finalmente.

Se había marchado…y al parecer ésta vez iba en serio.

Los primeros días sin él fueron llevaderos, pero lejos de ser algo gratos.

Sumado a su ausencia estaba el hecho de que en casa todos parecían odiarla…incluso Edward que intentaba disimularlo, pero fracasaba estrepitosamente. Estaba molesto con ella y para no estallar en cólera prefería no tocar el tema.

Alice por su parte parecía haberle declarado la ley del hielo a todos en la casa, excepto a Thomas, por supuesto. Se pasaba el día gastando las tarjetas de Carlisle en todas las tiendas. Ya no cabía todo lo que compraba en su armario por lo que había trasladado una pila de cosas al ático.

Emmett se andaba lamentando como un alma en pena por la pérdida de su mascota/bebé quién según él había sido brutalmente asesinado por su hermano y afirmaba que era una injusticia descomunal no poder entablar un juicio justo contra el autor de tal sangriento crimen para que pagara su condena. Por lo mismo, no hablaba con Edward.

Carlisle estaba harto de la mala vibra que había en casa…y Eli no lo culpaba. Innumerables veces había intentado reunir a la familia para que intentaran limar asperezas, pero todo acababa en nuevas discusiones. Había perdido la habilidad de tener el control y eso lo frustraba de sobremanera. Últimamente siempre encontraba más escusas para quedarse en el hospital.

Rosalie, en cambio, era la única que le dirigía la palabra junto con su pare. Pero Elizabeth creía que lo hacía más por educación que por querer charlar realmente con ella. Y cuando no estaba jugando a la mecánica, se la veía el día peleando con Emmett para que vistiera algo que no fuera de color negro y Esme…

Elizabeth se hundía cada vez más en su infierno personal cada vez que veía a la triste Esme. Era insano…sus ojos destilaban una tristeza avasalladora que los contagiaba a todos. Además que la evitaba rotundamente. Se iba de casa temprano en la mañana y no volvía hasta bien entrada la noche. Al parecer toda ésta crisis familiar incluso estaba creando interferencia entre las parejas. Esme no solo evitaba a Eli, también al resto de la familia y especialmente a…Carlisle.

Además del caos familiar que tenía que bancarse, Elizabeth estaba sedienta, sedienta de Jasper, incluso en estado humano, y no sabía como controlar esa ansiedad tan impulsiva y primitiva…y le avergonzaba tener que preguntarle a Carlisle.

Apenas sentía las ruedas de algún coche cruzando la grava del camino que llevaba a la mansión, pegaba un brinco y corría a la puerta con una sonrisa llena de esperanza…

Pero esa misma sonrisa terminaba congelándose en su rostro como una perversa mueca de terror, cada vez que se encontraba con que solo se trataba de Carlisle, su padre o Alice en su hermoso Porche.

Había entrado en la habitación de Jasper hecha una furia. Se quedó petrificada en el lugar apenas sintió la intensa fragancia de él aun flotando en el aire…como si hubiera dejado la habitación hace tan solo unos segundos. Cerró los ojos intentando concentrarse y no dejar que la esencia de él la distrajera. Iba en busca de algo...debía encontrarlo.

Elizabeth se pasó la tarde entera volcando la pieza de Jasper, buscando vanamente algún indicio de su paradero. Pero fuera de la ausencia de su bolso de piel y la mitad de su ropa, todo estaba tal cual como siempre.

Patio el viejo baúl de Jasper, que descansaba a los pies de su cama, tan fuerte que se volcó con un ruido sordo. Eli se sobresaltó. Jasper siempre se molestaba cuando ella husmeaba en su habitación…precisamente cuando husmeaba dentro de ése baúl. Recordó su primera vez, cuando Jasper le dio su merecido por intrusa.

Sus mejillas se tiñeron de rosa y un calor ardiente de puro y carnal deseo comenzó a propagarse por su cuerpo haciéndola temblar. Soltó un jadeo ahogado, lleno de excitación. Cerró los ojos y maldijo por lo bajo. Otra vez la ansiedad, otra vez atacándola sin piedad. Negó con la cabeza en silencio y se dispuso a levantar el desorden.

Guardó con cuidado, de regreso en el baúl, unos trozos de tela desvencijados que Eli imaginó serían su uniforme del ejército. Recogió unos cuadernos con cubierta de piel muy gastada, que parecían ser diarios de vida. También una pistola, pólvora, unas medallas oxidadas por el tiempo, una espada ya sin filo y unos fajos de cartas fétidas por la humedad y la antigüedad.

Pero fueron otros objetos los que realmente llamaron su atención. La cámara fotográfica que Esme le había regalado a ella y un sobre pulcramente blanco y nuevo que desentonaba totalmente con el resto de objetos dignos de un museo. Tomó la carta y la cámara y se sentó curiosa y algo consternada sobre la cama. Su corazón comenzó a latir con fuerza cuando leyó el único nombre que estaba escrito en el sobre, con una letra pulcra, antigua y llena de florituras…

Elizabeth

Sus dedos temblorosos y ansiosos comenzaron a abrir el sobre para darse con la carta. ¿Realmente Jasper le había dejado una nota? ¿Diría en ella dónde se encontraba?. Sin duda éste era un gran hallazgo. Luchó por calmar su corazón antes de que la taquicardia la hiciera perder la conciencia. Desplegó la carta y comenzó a leer ávidamente.

Elizabeth, si estás leyendo ésta nota es porque aún no has aprendido a no entrometerte en las cosas personales de los demás. Tal vez no te di bien tu merecido, porque entonces quiere decir que no entendiste…o bien puede significar que te gusta que te dé tu merecido, lo que personalmente me hace muy feliz ya que me produciría gran placer tener que repetir la lección.

Pero secretamente deseo que la encuentres. Quedaron tantas cosas por decir y tantas cosas por hacer que creo que sería una lástima no dejarlas en claro y vivir con la duda.

No puedo ni siquiera imaginar cuánto daño te han hecho a lo largo de tu corta vida para que actúes así, con una crueldad sin medidas. De solo pensarlo me pone enfermo de rabia.

Tarde entiendo que en mí sólo buscabas una forma para vengarte de Matthew, mientras que yo ilusamente buscaba en ti cumplir el sueño de estar juntos, tal vez por siempre.

¿Cómo puedes creer aún que él te ama?, oh mi dulce e inocente Elizabeth, si pudieras sentir como yo, percibirías que a pesar del cariño que Matthew siente por ti, solo tiene un lugar en el corazón para el dinero. La codicia es lo único que lo mueve.

¿A qué estamos jugando Elizabeth?

Tú, imaginando que me quieres…y yo queriéndote creer. Por un minuto pensé que podía ser real, que podría seducirte y lograr que finalmente te enamoraras de mí y te olvidaras de Matthew. Pero sólo se trataba de un espejismo, uno más de tus juegos.

Quizás te equivocaste con Lauper, amando a quién no debiste jamás amar. Fue un grave error. Te lastimó, te engaño, te usó…ay Elizabeth, es una lástima que yo lo tenga que pagar por ese error ¿No crees?

Te desespera pensar que lo pierdes a él, ¿pero qué hay de nosotros?

¿Dónde están nuestros momentos de felicidad? ¿Dónde quedan todos los besos que nos regalamos? ¿Los días en que no hacíamos más que amarnos el uno al otro, bebernos, clavarnos los ojos? ¿Dónde quedaron? ¿Dónde están? Y una vez más Elizabeth, ¿Dónde están?

¿Acaso tú pudiste olvidarlos?

Sí, tal vez seguir tus pasos y olvidarte sería lo más sensato, pero me es imposible. De hecho mientras más pienso en ello, más me acuerdo de ti. De tus ojos mágicos en los que me perdía, tu dulce voz, el terciopelo de tu piel cremosa, tus sonrisas furtivas cuando hacíamos una travesura, de las veces que mordías tu labio inferior cada vez que estabas concentrada en algo, de tu absurdamente perfecto cuerpo cálido y lleno de la vida que yo carezco, tus hábiles dedos acariciando el violín y mi cuerpo, la espesura de tu leonino cabello y el abrumador aroma de tu esencia que me mantiene a permanencia sediento de ti.

Si tuviera que hacer una lista de todas las cosas que me gustan de ti sería interminable.

Sin embargo guardo la secreta esperanza de poder olvidarte algún día para retomar mi no vida. Estoy harto de seguir soñando con la posibilidad de que me ames de la misma forma en que yo te amo, de que tu corazón quiera intercambiar su lugar con el mío…de que me pertenezcas solo a mí. Pero ya me han quedado claras tus intenciones y lamento haberme tomado tantas atribuciones todo éste tiempo.

Fui un estúpido al pensar que una criatura tan joven y fabulosa como tú podría llegar a amarme, a mí…un mounstro centenar.

Solo me queda aferrarme a esta existencia insípida, carente ahora de sentido. Porque tú al fin le habías dado un sentido, mi dulce Elizabeth, pero me has privado de él. Tal vez sólo se trata de una cuestión de madurez. Te llevo demasiados años por delante como para que entiendas cuando un hombre está jugando contigo. Él no te ama, y para ser sincero, dudo que alguien jamás pueda amarte como lo hago yo.

Las experiencias son el mejor consejo. Así que te dejaré caer y que luego te levantes sola. Aunque para ese entonces quizás ya sea muy tarde para un nosotros.

¿Necesitabas tiempo? Elizabeth, amor, tiempo es lo que me sobra. Habría estado gustoso de esperarte por siglos si te hacía falta…pero no de compartirte, no puedes pedirme que haga como si nada mientras corres a los brazos de otro.

Tal vez piensas que porque estoy muerto no tengo corazón, pero lo cierto Elizabeth es que sí lo tengo, y aunque no late, cada vez que estabas a mi lado bailaba de felicidad. Y te pertenece, por completo, por siempre.

Estar lejos de ti posiblemente sea lo más doloroso y duro que me ha pasado en la vida, igual o peor que los días agónicos que tuve que pasar hasta abandonar mi vida como un humano y de las vidas que le arrebate a otros manchando mis manos de sangre inocente. Ya te extraño mientras escribo éstas líneas y eso que aún no me he marchado.

No puedo obligarte a que me quieras, pero tú tampoco me puedes obligar a que me quede a ver cómo te arrastras por un imbécil que no te merece.

Pero has tomado una decisión por ambos, no me has dado opción a elegir…y solo me queda respetarla, espero que tú también lo logres porque no puedes imaginar lo difícil que está resultando para mí no respirar el mismo aire que tú.

El mundo no es tan grande como te parece ahora Elizabeth. En algún momento se encargará de reencontrarnos sin que podamos evitarlo.

Hasta entonces, por siempre tuyo…

Jasper

Elizabeth soltó un jadeó ahogado liberando el aire que había estado reteniendo quemando sus pulmones. Las ya tan comunes lágrimas no tardaron en llegar. Hicieron una carrera por su pálido rostro en forma de corazón hasta acumularse en su temblorosa barbilla. Sintió sus dedos entumecidos y no pudo sostener más la carta entre sus manos. Calló ligera, como una pluma, haciendo florituras en el aire hasta aterrizar silenciosamente a sus pies. El último recuerdo de las palabras de Jasper rogándole para que ella no fuera a la boda la golpearon de sopetón en el centro de su pecho, como una flecha certera y mortal lanzada a toda velocidad con una inequívoca precisión.

Déjame demostrarte cuan enamorados estamos el uno por el otro. Sólo te pido una oportunidad que nunca me has dado…una que a él le has dado incontables veces pero que siempre ha desperdiciado

Él sólo le había pedido una oportunidad, una que ella ciertamente jamás le había dado. Solo una oportunidad…una…

Un dolor agudo y brutal, proveniente de lo más profundo de su pecho, comenzó a propagarse por su cuerpo. Su corazón se partía en mil pedazos y aunque siempre pensó que las personas que afirmaban aquello sólo lo hacían de una forma figurativa como una cursilería banal, por primera vez se percató de que el corazón sí se podía rasgar en mil pedazos de forma literal…casi podía oír el estremecedor sonido de su corazón desmoronándose parte por parte.

Ahora los trozos de su corazón estaban por todas partes, esparcidos por el suelo mezclándose con el polvo, atrapados en cada beso que compartió con Jasper y repartidos entre los recuerdos que tenía junto a él.

No estaba segura de sí podría recogerlos y volver a componer su maltrecho corazón. Pero de lo que sí podía dar certeza era que Jasper se había marchado sin dar indicios de su paradero o de su fecha de regreso. Se había marchado, era real, quizás para siempre, y con él se había llevado su corazón. Porque sí, tal y como el corazón de Jasper le pertenecía a ella, el suyo era completamente de él.

Esperaba algún día poder recuperarlo, pero en lo más profundo de su ser, sabía que solo lo lograría cuando él regresara a su lado…o cuando ella lograra encontrarlo.

Dobló la carta con cuidado y la guardó junto con la cámara en el bolsillo de su campera. Se puso de pié movida por esa posibilidad de encontrarlo. Se aferró a ella como un náufrago a una tabla en medio del océano. Hasta ahora no había podido dar con su paradero, pero una pequeña llama de esperanza brillaba…y eso era todo lo que necesitaba para dar su vida en encontrarlo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Sabía que un grupo había partido ésa mañana a buscar algún rastro de Jasper y de paso a cazar, por lo que no estaba segura si se encontraba a solas en casa.

De todos modos nada la detendría en su búsqueda.

Tomó el laptop que se encontraba en la sala de estar, a disposición de cualquiera de los Cullen, y se acomodó en el amplio sillón con forma de L. Buscó en su bandeja de correos la dirección electrónica de Jasper y se dispuso rápidamente a enviarle un mensaje. Dejó levitando sus dedos unos instantes sobre el teclado, mientras pensaba con cuidado qué debía escribir. Había tantas cosas que quería decirle…pero mientras más tiempo pasaba más sentía que lo perdía.

Para: Jasper Hale Cullen

De: Elizabeth Masen Cullen

Asunto: ¿Dónde estás?

Jasper, si no querías que nadie te encontrara pues déjame decirte que has llevado a cabo tu misión con éxito. Realmente nadie en casa sabe decirme dónde estás…y Alice, bien ella aún cumple su promesa si eso te deja tranquilo. Sé que debería partir pidiendo una disculpa que posiblemente no merezco. Que quieres que diga… ¿Qué admita que soy una estúpida, una idiota?, ¡Dios Jasper! Soy todo eso y mucho más.

Puedes echármelo en cara por toda la eternidad si eso te hace feliz, pero por favor, te lo suplico, vuelve a mi lado.

Te amo, Eli.

¿Bastaría con eso? Temerosa pulsó el botón de enviar.

No, seguramente necesitaría más que un e-mail para traer a Jasper de regreso. Esperó durante horas con el computador encendido sobre sus rodillas hasta que se despertó con el excesivo calor que liberaba el aparato

-¡Carajo, como quema!- Lo apartó de ella temerosa de que prendiera fuego de un momento a otro.

Antes de apagarlo le hecho una última mirada a su buzón…pero no había respuesta de Jasper. Suspiró derrotada. Los mensajes no funcionarían, no contestaba las llamadas, había cancelado todas sus tarjetas bancarias...

Sólo le quedaba una opción y no le gustaba tener que recurrir a ella para nada. Pero comenzaba a desesperarse y no podía desechar ninguna oportunidad de dar con su paradero, incluso si para ello debía enfrentarse a su tía Alice.

Alice era la única persona que podía decirle donde estaba Jasper. Pero dudaba que fuera a entregarle esa información a ella, sobre todo si no había sido capaz de decírselo a nadie más en casa.

No le tomó mucho tiempo encontrarla, estaba acurrucada sobre el regazo de Thomas en el patio delantero, aprovechando el sol de la mañana que los deleitaba con su acogedor calor.

Alice no le dirigió la mirada en ningún minuto, sin embargo Eli supuso que su tía ya sabía que ella iría a hacerle la pregunta…

Alice se liberó a regañadientes del abrazo de su novio, quién se disculpó dejándolas a solas.

-Suerte.- le susurró a Eli, guiñándole un ojo antes de marcharse.

Alice se sentó derecha e inexpresiva en la silla que había dejado libre Thomas. Eli cogió otra, la acercó a su tía y se sentó frente a ella.

-Imagino que ya sabes por qué vengo.- comenzó Eli

-sí.- Alice sonaba ausente. No le estaba haciendo fácil la tarea a Eli.

-Alice…-probó Eli.- Yo lo siento tanto. Jamás quise herirte…yo…-

Se calló cuando Alice alzó una mano frente a ella silenciándola.

Observó en completo silencio como su menuda tía se ponía de pie y tomaba su bolso. Rebuscó a la velocidad de la luz dentro de él hasta que sacó las llaves de su automóvil. Alice estaba reaccionando de un modo extraño, totalmente antinatural en ella. Pero Eli se imaginó que se merecía ese trato. Continuó en silencio sin querer presionar más a Alice. Sin embargo, cuando ella comenzó a caminar hacia la cochera, la siguió, tomando una distancia prudente para que Alice no se sintiera más intimidada.

¿Acaso la llevaría hasta el escondite de Jasper?

Esa esperanza creció como espuma efervescente dentro de ella.

De pronto Alice se detuvo frente a la puerta de su automóvil deportivo. Ni siquiera se giró para observar a su sobrina cuando habló por fin.

-No está bien, pero tampoco está mal.- anunció monótonamente. Luego fijó sus ojos ámbar en Elizabeth- Está a salvo…si eso es lo que deseas saber.-

Elizabeth asintió en silencio. Se sentía ligeramente aliviada sabiendo que él estaba bien, fuera donde estuviera…pero la ansiedad continuaba creciendo dentro de ella a pasos agigantados, empequeñeciendo su autocontrol.

-Ese nefasto día, en que decidiste asistir a la estúpida boda y dejar ir a Jasper, te lo dije Elizabeth, te lo advertí… ¿recuerdas?- dijo Alice de pronto.

Te vas a arrepentir

Elizabeth revivió en su mente las dolorosas palabras que le lanzó su tía en esa ocasión. Solo le quedó asentir derrotada.

-Si hablas con él…-comenzó Eli titubeante.- ¿Le dirás que lo extraño?- preguntó con cautela.

Alice no respondió, solo se limitó a lanzarle una mirada acerada y fría. Luego chasqueó la lengua y se subió a su flamante Porche, desapareciendo a toda velocidad por el camino de entrada.

Tal vez no.

Elizabeth lloró en silencio, necesitaba respuestas, necesitaba saber dónde estaba…ahora, en éste instante, cuando la ansiedad comenzaba a alcanzar un punto culmine que la arrastraba a la locura.

Regresó a dentro, tomó su celular y discó, como por centésima vez ese día, el número de Jasper. Mientras escuchaba el pitido de espera, comenzó a mordisquear sus uñas hasta arruinarlas todas. Su alma calló a sus pies cuando nuevamente se encontró con el buzón de voz.

La ansiedad, que la rondaba hace rato, se cernió sobre ella, atrapando su garganta con garras invisibles que la asfixiaban, provocándole una dolorosa sed y un agujero de hambre en el estómago.

Comenzó a sentirse mal…algo no estaba bien. Sí, Jasper no estaba. Pero, ¿eso podía afectarla físicamente?

Tenía hambre, mucha hambre. Se dirigió a la cocina corriendo. Del frigorífico sacó una botella de jugo, la abrió lo más rápido que pudo y comenzó a beber desde la misma botella. Se la bebió toda sin detenerse a respirar. Se sentía mareada, pero aún estaba sedienta y continuaba teniendo un agujero en el estómago.

¡Mierda!

Abrió las gavetas de la alacena. Sacó bizcochos, papas fritas, Chester y unos muffins de chocolate. Se sentó en la mesa de desayuno de brillante granito negro y comenzó a rasgar todos los envoltorios. No tardó mucho tiempo en comerse todo lo de la alacena. Elizabeth no podía creer que su cuerpo tolerara tanta comida sin sentirse enferma. Pero la ansiedad no se iba, no había forma de aplacarla. Comenzó a llorar, desesperada, sedienta, hambrienta…con ansias asesinas.

¿Qué más podía hacer? ¿Qué más?

Saltó del taburete cuando le vino la primera idea a la mente. Cuando su madre está ansiosa o preocupada descargaba toda esa energía cocinando. Bien ella no era experta en cocina, pero lo que sabía, lo que había aprendido de Bella, se le daba bastante bien. Rebuscó en la cocina todos los implementos e ingredientes que necesitaba, y se dispuso a hacer el clásico kuchen de frambuesas.

Estaba batiendo la mezcla furiosa cuando Edward entró en la cocina, veloz y silencioso. Se sentó en un taburete frente a la mesa de granito observando curioso a su hija. Elizabeth lo observó por el rabillo del ojo, pero continuó concentrada en lo que estaba haciendo. Estaba un poco más controlada mientras cocinaba…pero ese control aún pendía de un hilo.

-Me preguntaba qué podría haberle pasado a la cocina, parece que hubiera pasado un tornado.- levantó un Chester del suelo y lo olfateó con algo de asco.

-Hmmm.- fue toda la respuesta que obtuvo de su hija.

Edward tiró el Chester a la basura y luego se quedó observándola por unos segundos en silencio, comprendiendo que ella no quería hablar. Él también estaba cansado de la situación, como todos en casa. Sabía que gran parte de todo lo ocurrido era culpa de su hija… ¿pero era necesario que todos le dieran la espalda?

No, no era necesario ni tampoco justo. La familia debía prestar su apoyo en las buenas y en las malas. Pero al parecer nadie en casa estaba dispuesto a ofrecerle un hombro para llorar a su hija…excepto él.

Anoche la había visto desmoronarse en sus brazos de puro dolor. Estaba sucia, llena de lodo. Empapada por la tormenta, fatigada por el cansancio y el dolor. Hace mucho que no la veía tan destrozada…y ver a una hija así era terriblemente doloroso para cualquier padre. Edward sólo quería ver a su hija feliz. Aceptaría que estuviera emparejada con su hermano vampiro e indiscutiblemente mucho mayor que ella, siempre y cuando eso la hiciera feliz. ¡Por Dios!, si daría hasta su propia eternidad con tal de ver nuevamente una sonrisa bailando en los labios de Eli.

No sabía dónde estaba su hermano, pero deseaba que volviera pronto. Él también lo extrañaba, pero ahora estaba más seguro que antes de que Eli lo extrañaba más que cualquiera en casa. No quería dejarla sola, pero debía ir de cacería.

-Voy a salir por unas horas, debo ir de cacería.-

Eli asintió en silencio mientras ponía con cuidado la mezcla en un molde.

-Rosalie se ofreció a acompañarme. Carlisle debería llegar dentro de poco.-

Su hija no decía nada. Edward soltó un suspiro cansado de toda esa situación de mierda. Estaba sediento, pero no la dejaría sola así.

-¿Estarás bien?-

Eli finalmente dejó de hacer lo que sea que estuviera haciendo y posó sus hermosos ojos verdes, idénticos a los de él cuando era un frágil humano, sobre él. Titubeó un poco, pensando en qué podía contestar a esa pregunta. Ahora mismo, "Bien" parecía una palabra demasiado lejana.

-Estaré ocupada…- dijo recogiéndose de hombros.

Su padre frunció el ceño dudando. Estaba sediento, Eli podía verlo en el ónix impenetrable de sus felinos ojos.

-Estaré bien.- mintió lo mejor que pudo, pero su voz había sonado temblorosa y falsa. Compuso una sonrisa quebrada intentando darle credibilidad a sus palabras.

Edward asintió en silencio. Seguramente no se había tragado ninguna palabra, pero debía alimentarse. Se acercó con elegancia a ella y luego besó su frente con parsimonia.

-No tardaré mucho, lo prometo.-

-Diviértete.- soltó Eli en un susurro ahogado

Su padre desapareció en un parpadeo. Elizabeth soltó las lágrimas que había estado reteniendo. Estaba rabiosa, no quería sentirse así de ansiosa y miserable y al parecer no había nada que pudiera hacer para sentirse mejor. ¿Serían todos los días así desde ahora en adelante?

-¡Mierda, mierda y más mierda…maldito seas Jasper Whitlok!- Tomó todo lo que llevaba hecho del kuchen y lo tiró con rabia contra la pared lanzando un grito histérico.

Se dejó caer al suelo de rodillas, sentándose sobre sus pies. Su vida estaba nuevamente pies arriba y no sabía qué hacer para ponerla en orden. Sintió el aroma azucarado de la mezcla escurriendo por la pared, ensuciándola toda.

Un hambre, básica, cruda e insaciable comenzó a retorcerle el estómago. ¿Cómo podía seguir estando hambrienta?

Se abalanzó hacia la pared, arrastró los dedos atrapando masa y mezcla, y comenzó a comerla con desesperación. La masa aún estaba cruda. La escupió asqueada y comenzó a llorar, esta vez con ganas. Cubrió su rostro con ambas manos. ¿Qué le estaba pasando?

Necesitaba respuestas. Debía preguntarle a Carlisle, seguramente él tendría una respuesta.

Corrió a su despacho. Una vez ahí, no se molestó en tocar, e irrumpió de lleno en medio del despacho vacío de su abuelo.

-¡Mierda!-

Carlisle aún no había llegado a casa.

Se llevó las manos al cabello tirándolo desesperada. El hambre, la sed y la ansiedad volvían…más violentos que antes. En medio de su arrebato, recordó algunas cosas que Carlisle le había explicado acerca del ritual que había llevado a cabo con Jasper sin intención…por supuesto.

Su mente se iluminó de sabiduría entendiendo al fin lo que le estaba ocurriendo. Pero saber la raíz del problema esta vez no le daba una posible solución. Las explicaciones que Carlisle les dio aquél día en ese mismo despacho, a ella y a Jasper, resonaban en su cabeza mareándola…

Elizabeth, eres consciente de que tu sangre incita a Jasper...más que cualquier otra en la tierra

Elizabeth soltó un jadeo. Cubrió sus mejillas ahora pálidas con sus manos sudorosas.

El hecho de que tu sangre lo llame implica muchas cosas. Entre ellas está el hecho de que desde ahora en más ninguna sangre le sabrá ni olerá tan apetitosa como la tuya...sin importar cuanta sangre de otros seres tome para intentar saciarse...jamás lo volverá a estar por completo. Así que en el último tiempo ha debido alimentarse más seguido que lo acostumbrado

Soltó un jadeo ahogado. Eso era parecido a lo que le estaba ocurriendo. Estaba más hambrienta que de costumbre…insaciablemente hambrienta. El fuego de la sed volvió a flamear en su garganta exigiendo ser aplacado. Sus fosas nasales comenzaron a aletear…había percibido algo, un aroma apetitoso que le hacía agua la boca. Se precipitó a uno de los armarios de dónde provenía el exquisito aroma. Abrió la estantería tan rápido que los vasos que había en su interior soltaron un tintineo al chocar unos con otros. En el fondo, descansaba una botella de cristal llena de un líquido espeso, opaco y carmín…sangre.

Claro que ahora esa condición ha empeorado para él...luego de que efectuaron el ritual...ha empeorado de una forma con la que Edward jamás tuvo que lidiar en cercanía de tu madre

Elizabeth se relamió los labios. Luego maldijo mentalmente confundida. Las únicas veces que había estado sedienta de sangre era cuando estaba en fase vampira, ahora estaba como humana…y deseaba beber sangre ¿Acaso eso era una consecuencia del ritual?

La botella estaba ahí, solitaria, llamándola a gritos para ser bebida. Elizabeth se relamió los labios, pero se rehusaba a tomarla. Intentó concentrarse en el recuerdo de lo que le había dicho su abuelo para distraerse.

El rito que ustedes efectuaron se conoce por el nombre de "Coniuctionis Sempiternus". La frase traducida del latín significaría "Unión Eterna". De hecho es conocido como un rito de magia muy antigua

-¡Carajo!- ya no pudo contenerse más y tomó la botella.

Sus manos temblaban ansiosas. Apretó ligeramente la botella entre sus manos resistiéndose a abrirla, mientras mordía las paredes internas de su boca, cerrando sus ojos con fuerza para mantener el control.

La fecha en que lo hicieron, el hecho de que ambos ya desearan la sangre del otro...todo es una fascinante coincidencia que en conjunto con el rito los ha unido para siempre. El rito era usado hace muchísimos siglos para arreglar matrimonios acordados entre vampiros...se efectuaba para asegurar la unión eterna. Es bien sabido que es raro en los vampiros el permanecer emparejados o en un grupo por mucho tiempo. Nosotros por supuesto somos un caso especial contado junto con otros muy escasos en el mundo. Este rito hace que la pareja se mantenga irremediablemente unida por el resto de la eternidad

-Unidos para siempre…por el resto de nuestra eternidad.- Elizabeth soltó en un murmullo apenas audible para sí misma.-Ay Jasper… ¿a qué hemos estado jugando?- recogió las mismas palabras que él había mencionado en la carta.

Este rito influye en sus emociones, se inserta en su mente y controla incluso sus impulsos físicos. Los hace adictos y dependientes el uno del otro. No pueden concebir una eternidad en la que no puedan estar juntos. Eso los llevaría a la autodestrucción

-Autodestrucción…autodestrucción…-repetía una y otra vez intentando asimilar esas palabras.

Las consecuencias... ¿Ya mencioné que no podrán estar separados nunca más? Esa es la consecuencia principal, pero hay por decirlo así unos cuantos efectos secundarios. Todo en ella te va a invitar Jasper, te va a seducir. Un simple batir de pestañas, su aroma, una sonrisa...serás como un mosquito que cae en la red de la araña y quedarás prendido sin poder escapar. Lo mismo ocurrirá con Elizabeth...claro hay una condición para eso. Los efectos se ven primeramente en el novio, mientras que en la novia aún no son tan poderosos e irrefrenables...pero lo son luego de que el matrimonio ha sido consumado

Y claro que lo habían consumado, recordó Eli, aquella primera vez en la habitación de Jasper. Estaba perdida, sufriendo los efectos secundarios del ritual. La única solución estaba posiblemente a kilómetros de distancia lejos de ella. ¿Estaría Jasper sufriendo los mismos desagradables síntomas que ella?

Ahora estaba segura que sí.

No podían estar separados nunca más…Jasper lo sabía y aun así se había marchado. No era ningún consuelo saber que él estaba sufriendo los mismos efectos secundarios que ella. Se sintió aún más miserable, por lo menos ella tenía la compañía de Edward…Jasper estaba sólo.

Había estado mordiendo su labio inferior nerviosamente, pero no se había dado cuenta de lo fuerte que lo estaba haciendo hasta que lo hizo sangrar. El hilo de sangre se coló entre sus labios hinchados e hizo contacto con su lengua. Eso fue todo antes de perder el precario control que tenía.

Destapó la botella con dedos ansiosos y se llevó la botella a la boca apenas pudo. La sangre, inexplicablemente exquisita, espesa y densa llenó su boca y avivó el fuego en su garganta producto del fuerte licor con el que estaba mezclada. Sin embargo eso no impidió que se la bebiera toda de un trago, al igual que con el jugo en la cocina, sin dar pausas para respirar.

Se sentía mejor…pero no saciada. ¿Acaso desde ahora en adelante sería siempre así?

Soltó la botella que se hizo añicos al estrellarse contra el lustroso suelo de parqué. Los cristales saltaron dispersos por todos lados, como los trozos de su corazón…se quedaron así, todos rotos por el suelo.

Se acurrucó en el suelo, clavándose algunos cristales, hasta recostarse en posición fetal. Lloró por lo que le parecieron horas hasta que comenzó a sentir los efectos del alcohol mareándola.

Debía verlo, ahora…no soportaría pasar un día más sin él. ¿Cómo lo conseguía Jasper?

Se removió incómoda, algo se estaba clavando en su costilla izquierda. Metió la mano en el bolsillo de su campera roja y lo sacó, era la cámara fotográfica. Entonces lo supo…podía ver a Jasper, ahora…apenas revelaran las fotografías.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Decidió caminar por el bosque rumbo al pueblo, ya que dudaba de encontrarse lo suficientemente sobria como para poder conducir. Las margaritas inundaban el césped junto a los piñones que caían de los altos pinos. El aroma de la naturaleza era refrescante. Hacía frío a pesar del día soleado, pero Elizabeth no podía sentirlo…su corazón era un témpano por el abandono.

Tardó un par de horas en llegar al pueblo. El alcohol la había vuelto más torpe y se había caído más de una vez en el trayecto, pero mágicamente mantenía la ansiedad más a raya…a un nivel soportable.

Entró en la tienda de revelado a trompicones. Fue una visita rápida. El chico que atendía tras el mostrador le dijo que tardaría una hora en tenerlas listas.

Una hora

Se repetía Eli mentalmente. ¿Qué carajo iba a hacer en una hora en ese pueblo muerto?, además estaba sola… sola.

El efecto del alcohol comenzaba a pasar y la ansiedad comenzaba a amenazar con volver al ataque. Se estremeció.

Decidió en ir al mini-Marquet y comprar un álbum para las fotografías. Eso la ayudaría a matar algo de tiempo. Encontró uno simple, de cubierta lisa de piel color azul noche y con mucho lugar para las fotografías.

Mientras esperaba en la fila del cajero para pagar, se encontró con una sonriente Amy también esperando en la fila contigua.

-¡Oh por Dios Eli! Que gusto de verte. Chica desapareciste de la boda y no tuve más noticias de ti.- Se acercó para darle un caluroso abrazo. Luego la estudió más de cerca.- ¿Estás bien?- preguntó preocupada.

Elizabeth maldijo para sus adentros, la pelirroja Amy, siempre tan perspicaz. Elizabeth rodó los ojos. ¿Qué sentido tenía mentirle? De todos modos se enteraría.

-Jasper me ha dejado- dijo sin rodeos

Amy tomó sus manos y se las apretó ligeramente transmitiéndole fuerzas

-Carajo Eli, lo lamento. Pensé que jamás lo haría…estaba tan colado por ti.- dijo pensativa sin acabárselo de creer.

-Hmmm también pensaba lo mismo.- coincidió bajito.

Amy chasqueó la lengua incómoda. Elizabeth imaginó los engranajes en la mente de su amiga, moviéndose a toda velocidad buscando una solución.

-Bueno, ahora estás soltera- afirmo con una media sonrisa bailando en sus labios

Elizabeth la miró consternada.

-Otra vez…- confirmó Eli un poco más repuesta.

-¿Sabes? Iba a una fiesta con unos amigos que están de intercambio desde el viejo continente. Es en la casa de un compañero del instituto. ¿Te animas a acompañarnos?-

Elizabeth la observaba como si de pronto le hubieran salido antenas.

-Habrá música, chicos y mucho alcoho.- la tentó Amy.

Elizabeth se lo pensó unos segundos. El alcohol le vendría bien, aplacaba la ansiedad que ya comenzaba a apoderarse nuevamente de sus nervios. Desconectarse del mundo de mierda en el que estaba viviendo ahora mismo era una idea perfecta.

-Ok-

-¿Ok?- preguntó Amy incrédula. Incluso su amiga pensaba que rechazaría la idea, como cabría de esperar en una persona que tenía el corazón roto…pero Eli parecía ir contra todas las leyes.

-Sí, lo que he dicho. Sólo debo pasar a la tienda de revelado a buscar unas fotografías y luego nos vamos de parranda.-

-Ya te extrañaba- dijo Amy cantarina mientras volvía a regalarle un efusivo abrazo a su amiga.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Amy no mintió, había buena música, estaba repleto de chicos y chicas y había mucho, pero mucho alcohol…más del que jamás había visto.

Elizabeth ajustó las tiritas de su nueva mochila, donde llevaba el álbum, la cámara y las fotografías. Ahora mismo eran su tesoro más preciado y no podía permitirse perderlas. Avanzó por la casa estudiando el ambiente. Amy la seguía de cerca, deteniéndose sólo para saludar a sus amigos.

Unos chicos que estaban sobre el mesón de la cocina, coreando una canción y aplaudiendo, llamaron la atención de Eli. Utilizaban una manguera cortada y un embudo para beber una gran cantidad de alcohol de un largo trago. Se lo turnaban y competían por aquél que resistía bebiendo más sin respirar. Eso era justamente a lo que quería jugar Eli.

-Vamos- tomó el brazo de Amy y la apuró a la cocina.

-¡Oh! No estarás pensando hacer eso ¿verdad? Eso es para los chicos rudos. Ven compre un poco de vodka con jugo de pera para nosotras.- le ofreció Amy.

Elizabeth chasqueó la lengua y rodó los ojos.

-¿Quién eres y que has hecho con mi amiga?...ella jamás rechaza un reto.- la picó Eli.

-¡Jodete Cullen!- la empujó de juego y ambas comenzaron a reír.- Bien, la señorita Elizabeth quiere jugar en las grandes ligas…como su fiel compañera de equipo, no me queda más que aceptar el reto y acompañarla.- Amy quitó a los chicos de en medio, saltó al mesón y le hizo un espacio a Eli invitándola a sentarse a su lado.- Que empiece el juego…Hasta la destrucción- anunció mientras ayudaba a Eli a meterse la manguera a la boca.

-¡Hasta la destrucción!- la azuzó Eli antes de comenzar la competencia.

Elizabeth no estaba segura de si había llegado o no hasta la destrucción. Pero ya no podía recordar cuanto había bebido ella ni cuanto su amiga…de hecho no recordaba si alguna había vencido. Todo le parecía gracioso y perfecto. Se sentía tan bien estar libre de la ansiedad, olvidarse del cojonudo de Jasper y disfrutar, solo disfrutar de aquella sensación de que todo giraba a su alrededor, sin poder conectar ideas, sin poder recordar absolutamente nada…con suerte recordaba su nombre.

Aún estaba sentada sobre el mesón de la cocina. La música era aún mejor de lo que recordaba. De pronto sintió las imperiosas ganas de bailar. Se puso de pie arrastrando a Amy con ella, sin bajar de la mesa, y comenzó a bailar con su amiga tambaleándose en el borde peligrosamente, sin parar de reír.

-¡Elizabeth Masen Cullen, baja de esa mesa en éste instante!- bramó una voz autoritaria que se aproximaba a ellas.

Toda la casa se sumió en un silencio sepulcral. Solo la música sonaba de fondo con su ritmo pegajoso.

Amy se bajó de inmediato y Elizabeth solo atinó a sentarse nuevamente.

Estaba consternada. ¡Mierda, era su padre! ¿Cómo coño se había enterado dónde estaba? ¿No que estaría de cacería?

Seguramente ya habían pasado muchas horas y Eli no había sido prudente para fijar una hora de regreso y que no notaran su ausencia. ¡Estaba jodida!

La respuesta a sus mudas preguntas apareció tras su padre. Su pequeña tía, Alice la traidora, la observaba con desaprobación.

Por supuesto, su tía lo había visto en sus visiones del porvenir. Sabía lo que ocurriría y se lo dijo a Edward. La muy maldita…

Achicó su mirada en dirección a su tía.

-Dijiste que estarías bien sola. De saber que mentirías no te habría dejado sola en casa.- Edward hablaba peligrosamente bajo. Ocultó sus marmóreas manos, que temblaban de pura rabia, en los bolsillos de sus pantalones de tela.

-No mentí, estoy perfectamente bien…de hecho me siento muy, muy bien- soltó un hipido y comenzó a reír.

Edward la observó con completa incredulidad, sin moverse ni un centímetro. Su inhumanamente hermoso rostro estaba impasible, pero Elizabeth sabía que por dentro hervía de rabia.

-Estás ebria- no era una pregunta, era una afirmación.

-Tal vez…un poquito- soltó un nuevo hipido que no pudo controlar.

-Quiero que subas al automóvil ahora Elizabeth Cullen, no me obligues a arrastrarte hasta el.- soltó su padre en un siseo amenazante que silbó entre sus dientes mortíferos.

Eli hizo ademán de ponerse de pie, de verdad que lo intentó, pero volvió a caer pesadamente sobre la mesa. Todo daba vueltas y sus músculos estaban descoordinados, al parecer no obedecían a las órdenes de su mente.

-No puedo…- se disculpó y luego soltó una risilla de ebria contagiosa.

Sin embargo ella era la única que reía, porque incluso Amy, un poco tocada como ella, sabía que era mejor guardar silencio.

Edward respiró hondo intentando mantener su furia a raya. Llevó su dedo pulgar y corazón a apretar el nacimiento de su nariz. Luego con un rápido movimiento tomó a su hija entre sus brazos y comenzó a avanzar ágilmente fuera de la casa.

Elizabeth pataleaba intentando soltarse. La vergüenza bañaba de rojo sus mejillas, mientras todos los asistentes a la fiesta reían al ser testigos de la vergonzosa escena.

Una vez fuera de la casa, Edward la dejó de pié frente al Jeep todo terreno de Emmett, para abrir la puerta. Fue entonces cuando Eli tuvo la oportunidad de soltar sus descargos contra su traidora tía.

-¿¡Qué carajo pasa contigo!? - bramó en dirección a Alice- Primero eres mi mejor amiga…mi guía, mi cómplice…y ahora.- cerró los ojos intentando controlar la rabia que salía a borbotones de ella. Estaba hablando sin pensar y probablemente más tarde se arrepentiría de todo lo que estaba diciendo- Ahora solo eres una traidora, ¿Cómo has podido acusarme con mi padre?, sabes cómo es él…- le espetó refiriéndose a su padre.- ¡Te odio!- soltó ácida.

-¡Al auto!- la regañó Edward silenciándola.

La ayudó a subir y luego se sentó en el asiento del piloto tras el volante. Pero Alice no se subió con ellos. Le lanzó una mirada llena de dolor a Elizabeth y luego a Edward, justo antes de desaparecer corriendo a una velocidad vertiginosa hasta perderse en el bosque.

-¡Mierda! Parece que la he jodido esta vez.- su lengua se trababa en su paladar.

-Cuida esa boca Elizabeth Masen Cullen…y sí, la has jodido. También encontré lo que queda de la botella de Carlisle-

Elizabeth observaba con la boca abierta a su padre, era la primera vez que lo escuchaba decirle una palabrota.

-Por cierto…-anunció una vez que estaban en marcha rumbo a la mansión Cullen.- Estás castigada-

Elizabeth soltó un buffido enfurruñada en su asiento.

-Por una semana- sentenció Edward haciendo que Eli soltara un gritito de pura frustración.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Pensó, ilusamente, que con el paso de los días esa ansiedad de tenerlo cerca disminuiría. Pero ocurrió todo lo contrario. Con cada segundo que pasaba, más deseaba tocar su frío cuerpo, sentir su gélido aliento, perderse en sus inhumanos ojos, llenarse de su masculino aroma, sentir el peso de su cuerpo perfecto, el rose firme de sus marmóreos labios sobre los de ella y probar el adictivo sabor de su sangre.

Aquella ansiedad la estaba matando. La abstinencia le resultaba incluso dolorosa.

Su cuerpo se estremeció y se le puso la piel de gallina, expectante, esperando esas caricias que nunca llegarían.

Se pasó las manos por el rostro una y otra vez. Su mente le estaba jugando una mala pasada a su cuerpo. Ambas parecían responder a estímulos diferentes. Era consciente de que Jasper posiblemente no volvería nunca más, pero su cuerpo reaccionaba como si él estuviera en ese mismo instante frente a ella…a un palmo de tocarla.

Estar castigada, teniendo que soportar la indiferencia de toda su familia…ahora también la de Edward, sólo empeoraba las cosas. Jamás habría pensado que desearía tanto poder asistir al instituto, por suerte el castigo duraba hasta hoy…ya mañana podría buscar una nueva forma de luchar contra su incansable ansiedad.

Se acurrucó entre sus sábanas intentando entrar en calor. Estaba batallando contra el sueño. No quería dormirse porque apenas cerraba los ojos la invadían horribles pesadillas, donde por supuesto el protagonista era Jasper…pero nunca lograba alcanzarlo, cada vez se alejaba más y más de ella.

Había bebido media botella de vodka, que había robado de la fiesta de Amy y ocultado bien en su mochila, y no estaba tan ebria como cabría de esperar, al parecer estaba tomando cierta resistencia al alcohol, lo cual lamentaba rotundamente. Además del alcohol no sabía que otra cosa podía resultar tan efectiva para calmar sus irrefrenables ansias y apagar los dolorosos recuerdos de Jasper. Comenzó a ojear el álbum de fotografías que ya había terminado de organizar, repasando esos días en que era completamente feliz, cuando amaba y era amada. Los párpados comenzaron a pesarle hasta que finalmente perdió la batalla y cayó en los brazos de Morfeo, hundiéndose en un sueño intranquilo.

Estaba en el aeropuerto de Seattle, esperando a que él llegara. Pasaban minutos, horas, días y él continuaba sin aterrizar. Su ánimo comenzaba a decaer, pero no permitía que la esperanza se extinguiera. Lo esperaría sin importar el tiempo que tardara. Lo necesitaba a su lado para poder seguir viviendo, lo necesitaba para calmar la ansiedad que la estaba matando, necesitaba su sangre, sus caricias, su amor.

La pantalla que avisaba las salidas y llegadas de los vuelos dio un nuevo aviso. Elizabeth apenas podía creer lo que sus ojos le estaban confirmando. El jet privado de los Cullen estaba a punto de aterrizar en la pista sur...y con él volvía Jasper. Al fin recuperaría su corazón.

Corrió para alcanzar la ventana con la vista a la pista sur y ver el aterrizaje, pero las personas parecían ser cada vez más abundantes y esquivarlas era difícil. Se estaban transformando en un impenetrable muro humano. Con mucho esfuerzo lo consiguió. Pegó su nariz y sus manos sudorosas al gran ventanal. Y ahí estaba el jet, descendiendo como una paloma gigante de pesado metal, a punto de aterrizar a la hora indicada.

Pero las ruedas nunca alcanzaron a tocar el pavimento. En vez de eso, la punta del avión se precipitó en forma vertical estrellándose contra la pista. El sonido estruendoso de la colisión fue seguido de un denso humo gris.

-¡Nooooo por Dios, Jasper! ¡Ayuda se ha estrellado un avión! …¡AYUDA!- Pero nadie en el aeropuerto parecía percatarse del accidente.-¡Ayuda, ayuda!- Eli corría desesperada, pero las personas nuevamente comenzaban a multiplicarse.

La estaban aprisionando. Elizabeth se estaba asfixiando y no podía salir de su presa. Golpeaba con todas sus fuerzas al muro humano intentando apartarlos. Quería correr hacia Jasper, salvarlo, pero no podía. Seguía gritando pero nadie la oía, o todos la ignoraban, no estaba segura.

Unos brazos la tomaron con firmeza por los hombros hasta hacerle daño.

-¡Elizabeth, ELIZABETH!-

Oh, era la voz de Jasper que la llamaba a gritos suplicándole una y otra vez, y cada vez más fuerte.

Elizabeth pataleaba y se removía desesperada con renovadas energías, sin parar de gritar ayuda, para deshacerse de ese agarre y poder ir a socorrer a su amado. Pero las garras eran demasiado poderosas como para poder liberarse. Lanzó un grito desgarrador cuando sintió explotar el avión y lo vio volar en mil pedazos. Las furiosas llamas envolvieron al que una vez fue el jet privado de los Cullen, consumiendo también a Jasper…y con él a su corazón.

El muro era impenetrable e intentar salir a golpes comenzaba a doler. Lanzó un grito agónico, lleno de dolor y frustración.

Cuando la desesperación llegó a un punto intolerable, volvió en sí abriendo sus asustados ojos verdes de golpe.

-¡Elizabeth cálmate ya!, despierta, ¡te estás haciendo daño!- Edward sonaba agitado y asustado. Estaba sentado junto a ella en su cama y la sostenía con firmeza por los hombros intentando volverla a la realidad.- Hija es sólo una pesadilla.-

Elizabeth parpadeó un par de veces aún desorientada. Dejó de revolcarse y de golpear el pecho de su padre. Sus nudillos sangraban y las articulaciones le dolían. Su garganta ardía, nuevamente sedienta de Jasper…aquella insaciable ansiedad la perseguía incluso en sus pesadillas.

-¡Cielo, Eli!- Edward la soltó una vez que ella detuvo su ataque y la abrazó acurrucándola contra su pecho de roca.- Que horrible pesadilla has tenido. Lucías tan asustada…- Su voz de terciopelo era como un bálsamo para Eli.

Comenzaba a desprenderse de los últimos recuerdos terroríficos de la pesadilla. Ahí, entre los brazos de su padre, parecía que ningún mal podía tocarla. Estaba a salvo en su habitación, junto a su padre…pero Jasper continuaba en algún lugar anónimo del mundo.

- Tus manos…- gruñó Edward mientras estudiaba las heridas de cerca.- Llamaré a Carlisle para que te cure.-

Edward hizo ademán de levantarse, pero Eli se aferró con fuerza a su camisa reteniéndolo.

-¡No,no!- gritó asustada, con la voz rasposa de tanto gritar.- Por favor, no me dejes sola. Ya se curarán por sí solas en unos minutos…-

-Tranquila, de acuerdo…no me iré a ninguna parte. Estoy aquí hija, estás a salvo.- Edward volvió a acunarla contra su pecho mientras acariciaba el largo cabello broncíneo de Elizabeth de forma tranquilizadora.

Estuvieron largos minutos de ese modo, sin pronunciar ninguna palabra, hasta que Edward al fin rompió el silencio.

-Me has dado un susto de muerte. No parabas de gritar y no conseguía despertarte.- dijo apenas en un susurro con su característica voz aterciopelada. Nunca te había visto teniendo una pesadilla.-

-Cuando era pequeña las tenía a manudo.- le aseguró Eli bajito. No quería romper el precario equilibrio del que colgaba, hablar más fuerte podía significar incontenibles lágrimas que luego no sabría cómo detener.

-Había motivos para que las tuvieras. Ahora estás a salvo, para siempre. Jamás te dejaré sola mi pequeña. No debes tener miedo. Aleja las pesadillas.-

-Esta vez también he encontrado un motivo para tenerlas…- Elizabeth no quería pronunciar en voz alta su nombre. Pero la ausencia de Jasper y el anhelo de tenerlo nuevamente cerca eran un motivo más que suficiente para que las aterradoras pesadillas la acompañaran cada noche para atormentarla.

Edward suspiró, lleno de dolor y frustración. Entendía el punto de su hija. Tenía su corazón herido. Estaba enamorada, enamorada del hombre que la había abandonado por su insensatez…y lamentablemente contra ese mal no podía mantenerla a salvo.

Sus escalofriantes lágrimas carmín bañaron su rostro de ángel. ¿Bella habría pasado por el mismo sufrimiento que estaba pasando su hija ahora? ¿Habría llorado su ausencia? ¿Tendría su corazón roto? Todo lo que había escrito bella en su diario parecía indicar que sí. Y el hecho de que su hija estuviera pasando posiblemente por lo mismo que pasó Bella lo hacía más real, lo desgarraba por dentro.

Sus inhumanos ojos topacio pronto encontraron el álbum junto a la botella de Vodka que descansaban bajo una almohada. Contuvo el aire mientras observaba las fotografías ignorando el hecho de que la botella estuviera casi vacía. Elizabeth había estado bebiendo bastante, más de lo que debería estar permitido, y aunque sonara descabellado teniendo en cuenta que él era el padre, comprendía el por qué lo había hecho su hija.

Había fotos de toda la familia para navidad en Paris. Fotos de Eli riendo junto a Alice, otras de Esme cocinando, una de él mismo tocando el piano, Emmett jugando con su rata recientemente fallecida, Rosalie enfurruñada pero aun así hermosa, Alice abrazando a Carlisle bajo la nieve, Thomas intentando hacer que Emmett leyera un libro, él abrazando a una sonriente Eli junto al árbol de navidad, Jasper piloteando el avión con Carlisle de copiloto…y tantas otras. Sin embargo, la mayoría de las fotografías eran de Eli con Jasper. Cualquiera que las viera diría que se trataba de una feliz pareja.

Había un beso de ambos bajo el muérdago, una serie de fotos patinando de noche bajo la torre Eiffel, graciosas, espontáneas, románticas.

Se sentía un estúpido. Había luchado tanto contra el amor de su hija y su hermano que había olvidado lo parecido que era al de él con Bella. Tan difícil, tan intenso y tan perpetuo.

- Hija comprendo lo que sientes, también yo lo he sentido alguna vez…y aún lo siento.-se confesó.-Verás, hay momentos en los que miras hacia tu pasado y no sabes exactamente qué pasó, ni como pasó. Sólo sabes que, desde que pasó, nada volvió a ser igual.- le dijo Edward en un tono apenas audible, arrollador, mientras la acunaba entre sus brazos.- sin embargo la vida continúa y no dejará de sorprenderte. Tal vez ahora estés sufriendo, pero más adelante quizás te esperen días más felices. Mírame a mí, he sido tan desdichado, jamás podré perdonarme mi nefasto error que me apartó para siempre de tu hermosa madre…pero te tengo a ti, un pedacito de ella, la prueba de que nuestro amor fue real, conmigo, ahora…y para siempre hija. Jamás te dejaré sola. Te amo mi pequeña Eli.- Su voz de terciopelo había sonado quebrada, empapada de dolor.

No podía soportar verla sufrir, al menos debía intentar algo…

-Eli, quiero que busques un pasatiempo…algo que aleje tus pesadillas.- Sabía que era una idea absurda, nada podría reemplazar la pérdida de Jasper en el corazón de Eli. Pero guardaba la oculta esperanza de que su hija pudiera retomar su vida nuevamente. Aún le quedaba tanto por vivir, podía enamorarse nuevamente…

Las lágrimas salieron sin permiso de los ojos de Eli, buscando alivio y liberación.

Edward quería que hiciera algo que alejara sus pesadillas, pero lo cierto es que sí había un remedio. Sólo volvería a dormir en paz cuando Jasper velara su sueño…no podía dormir, no cuando él estaba tan lejos de ella en un paradero incierto.

Elizabeth se aferró más aún al abrazo de su padre y continuó llorando en silencio.

Estaba cansada. Su vida parecía ser un espiral de sufrimiento sin fin. Había despertado de una pesadilla solo para sumergirse en otra.

¿Cuándo podría ser feliz finalmente? ¿Cómo podría serlo si él no estaba a su lado? ¿Cuándo acabaría esa pesadilla?

Lo más triste era que había tenido la felicidad a su alcance, pero ahora se le escapaba como la arena entre los dedos. Había tenido a Jasper y él se había marchado por culpa de ella.

Ella misma lo había alejado de su lado, tal como había hecho Edward con su madre, y esa certeza sólo la hacía sentirse más miserable aún.

¿Los errores podían repetirse de padre a hijo? Todo indicaba que sí.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

-¿Lista para volver a la escuela?-

Aún estaba oscuro afuera cuando su padre la despertó. Ya había pasado la semana de castigo y debía regresar a la escuela.

Refunfuñó por lo bajo y ocultó su rostro con el grueso edredón de terciopelo color vino.

-Vamos dormilona, no quiero llegar tarde.- la voz de su padre retumbaba en las paredes de su cabeza. Dolía como si trataran de abrírsela con un machete.

Elizabeth volvió a quejarse sin ánimos de levantarse. Le dolía todo el cuerpo y sentía aún en su boca el amargo del alcohol.

-Eli…-le advirtió Edward.

Elizabeth sacó su mano de debajo de las mantas y le hizo una señal positiva con el pulgar apuntando hacia arriba para indicarle que ya se levantaba. La verdad es que hasta hablar le resultaba una tortura.

-Bien, te esperaré abajo. Esme te ha preparado tu desayuno.- besó la coronilla de su hija, lo único que se asomaba de ella y le dio su privacidad para unos minutos humanos.

Sí, Esme lo hacía a diario. Pero se encargaba de ser lo suficientemente rápida para tenerlo listo antes de que Elizabeth despertara y luego desaparecía durante todo el día para no encontrarla.

Esme también estaba enfadada y desilusionada de ella, pero no la culpaba, incluso Eli estaba desilusionada de sí misma.

Elizabeth se levantó finalmente a regañadientes. Estudió en el espejo su reflejo deplorable. Las ojeras oscuras y prominentes la hacían lucir deprimida. Su cabello indomable era un enjambre de nudos cobrizos que parecían querer tragar su cabeza. Sus labios estaban resecos y tan pálidos como el resto de su rostro. Había perdido peso, pero poco le importaba. Su dieta ahora contaba en su mayoría de ardiente, dulce y eficiente alcohol para olvidar. Lo bueno de que nadie de su familia quisiera estar a su alrededor era de no tener que dar explicaciones cuando ni siquiera se podía poner de pie de lo ebria que estaba…beber era fácil sin que ellos pudieran controlarla. Sin embargo escaparse con Amy por las noches para ir de parranda no era tan fácil, ya que Alice habría su bocota y saboteaba todos sus intentos de escape. Edward tenía un ojo puesto sobre ella día y noche. Era sólo cuando estaban en el instituto cuando podía encontrar un momento para ella a solas con la botella y los recuerdos que atesoraba de Jasper.

Pensó en una ducha, pero descartó la idea de inmediato cuando imaginó lo doloroso que sería sentir el chorro de agua sobre su sensible piel. El baño de tina la ayudó a despertar, a liberarse de la resaca y a relajar los músculos tensionados luego de las pesadillas que la acompañaban cada noche desde que Jasper se había marchado. Aplicó sobre su mano un poco del shampoo de Jasper que se había olvidado, y lo repartió sobre su cabello con movimientos circulares. Suspiró de añoranza cuando reconoció el aroma y lo sintió sobre ella. De una forma retorcida sentía que de ese modo Jasper la acompañaba durante el día…y eso ayudaba a aminorar la ansiedad que últimamente le costaba mucho controlar y la estaba arrastrando casi al borde de la locura.

Se comió todo el desayuno bajo la atenta mirada de su padre y aguantando las ganas de vomitarlo todo.

No tardaron nada en llegar al instituto en el veloz automóvil de su padre. Se separaron para ir cada uno a sus respectivas clases y por fin Elizabeth se relajó un poco. Era difícil fingir que todo estaba bien frente a Edward…de hecho resultaba agotador. Esperó unos minutos luego del timbre de la campana que anunciaba el comienzo de las clases. Cuando no vio ni un alma en el pasillo, se escabulló con cautela por los jardines del instituto hasta alcanzar el límite con el bosque, donde últimamente solía ir para lamentarse a solas. Mientras buscaba un árbol con el tronco lo suficientemente grueso para ocultarse tropezó con Amy.

-¡Carajo Eli! Me has dado un susto de muerte.- comenzó a reír nerviosamente. Luego le dio otra calada a su cigarrillo más tranquila.- Has descubierto mi escondite…¿no irás corriendo donde la señorita "bruja inquisidora" Stanley a acusarme verdad?- la picó alzando sus cejas colorinas bien definidas.

-Tal vez lo haga.-

-Cretina.- Amy le dio un pequeño empujón de juego y volvieron a reír tontamente.

-¿No crees que eres muy joven para fumar?- Elizabeth se sentó a su lado en el césped húmedo y se puso la capucha de su abrigo.

-Es normal en mi familia, somos todos precoces. Hay que ver nada más a mi primo, casado siendo un adolecente.- Elizabeth no pudo evitar reír con el comentario sarcástico de su amiga, pero no estaba lejos de la verdad.

-¿Por cierto, cómo vas con eso?- le preguntó Amy haciendo alusión al tema de su primo.

-Bien, ya es harina de otro costal.-

Amy abrió mucho sus ojos y le dio un abrazo apretado y un sonoro beso en la mejilla.

-Bien por ti, me alegro. ¡Es un pelmazo!- Si, esa era Amy la sin escrúpulos.

Elizabeth estaba feliz de haberse encontrado con su amiga del instituto, incluso si no era la idea. Se sentía cómoda con ella…y no tenía que fingir estar bien. Abrió su mochila y sacó una botella nueva de un licor barato. Amy no preguntó, era lo mejor de ella. No juzgaba y no hacía preguntas estúpidas. Elizabeth comenzó a beber pequeños sorbos mientras Amy se encendía otro cigarrillo.

-¿Sabías que la dejó preñada?- Elizabeth casi escupe el licor cuando escuchó a Amy. Se quedó en completo silencio mirándola sin saber qué responder. Ella por su parte rodó los ojos.- Carajo Eli, esta cosa te está poniendo lenta.- la acusó y le arrebató la botella para beber un largo sorbo.-¡Puajh! Sabe asqueroso.- se secó los labios con la manga de su chaqueta.

-Cumple su función.- respondió Eli encogiéndose de hombros.

-Bien, ¿lo sabías o no?.-

-¿El qué?.- Elizabeth sabía a lo que se refería Amy, pero no quería ir por ahí.

-Elizabeth Cullen, no me obligues a romperte la botella en la cabeza.- Elizabeth volvió a reír. Pero esta vez su risa era más repetitiva azuzada por el alcohol.- Que la blonda está en cinta.- soltó de cuajo.

-Sí- respondió Eli a secas, luego volvió a recuperar su botella para beber a sorbitos.

-¡Mierda! Lo sabías antes de la boda y te lo guardaste.- la acusó Amy.

Estuvieron por un momento en silencio turnándose la botella.

-¿Es de mi primo?- preguntó de pronto sin rodeos, muy proprio de Amy.

Elizabeth casi se atraganta por segunda vez. ¿Qué podía responder a aquello?. No Amy, verás el hijo en realidad es hermano de tu primo porque es hijo de tu tío…pero en esencia será el padre, en resumen será primo tuyo también ¿bonito lío a que sí?. Se estrujó los sesos buscando una respuesta que lograra convencer a la perspicaz de Amy.

-Sí es de él, se lo sonsaqué en la despedida de soltera. ¿Qué podía hacer contra eso? Lo mejor era que se casaran.- esperaba haber sonado lo suficientemente convincente, o por lo menos que Amy hubiera bebido lo suficiente para amedrentar sus agudos sentidos. Amy chasqueo la lengua en desaprobación.

-¡Y una mierda! No creo que el matrimonio haya sido la mejor opción…esa blonda me da mala espina.-

Elizabeth estaba de acuerdo, tampoco creía que el matrimonio era la solución. Pero ya no pensaba tan mal de la desventurada de Margaret.

-No creo que sea tan mala.- la defendió, pero se mordió la lengua cuando Amy le lanzó una mirada feroz.

-Lo dices tú porque no forma parte de tu familia. Ahora tendré que aguantarla en cada reunión familiar.- gruño, lo que hizo que Eli volviera a romper en incontrolables carcajadas de ebria.

Al poco rato Amy también se contagió.

-¡Carajo!- soltó de pronto Amy.

Elizabeth comenzó a mirar alarmada para todas partes, ¿se habrían dado cuenta ya de su ausencia? Si era así, Edward no tardaría en enterarse y encontrarla le resultaría sumamente fácil siguiendo su rastro, pero por supuesto Amy no lo sabía. Sin embargo por más que buscó no encontró a nadie siguiéndolas.

-¿Qué ocurre?- le preguntó con un hilo de voz.

-Es tarde, debemos irnos antes de que empiecen a buscarnos. La primera clase terminará en diez minutos. Vamos.-

Se ayudaron mutuamente a ponerse de pie sin poder parar de reír por su torpeza. Elizabeth se sentía aliviada, el alcohol y Amy habían surtido efecto y por unos minutos pudo olvidarse de todo lo que la abrumaba. Mientras caminaban de vuelta al instituto Elizabeth no pudo resistirse a preguntar…

-Amy, ¿Crees que pueda usar tu escondite de vez en cuando?-

Su amiga la observó con ternura y le regaló una sonrisa cómplice.

-Siempre y cuando no se lo digas a nadie.-

-A nadie, lo juro-

Se tomaron del brazo riendo y volvieron para cumplir con su itinerario, dándose valor.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Edward le había pedido que buscara un pasatiempo, pero la verdad es que ella ya había encontrado uno, pero no uno que necesariamente le gustara a su padre.

Durante las horas del día y también durante la noche, no hacía más que repasar todos los momentos que pasó en compañía de Jasper. Las conversaciones triviales, sus encuentros apasionados e incluso las peleas. Y luego ahogaba cada recuerdo con sorbos de licor hasta que perdía la conciencia.

Se detuvo frente a la suntuosa cama de Jasper. El polvo comenzaba a apilarse sobre los muebles. Dejó la botella ahora vacía en la mesita de noche, se recostó sobre el edredón polvoriento y se transportó a uno de sus recuerdos favoritos. El primer encuentro con Jasper había sido en esa misma habitación, una fría y tempestuosa noche de otoño…hace tan solo unos meses.

Recordó el frío que despedía su perfecto y frío cuerpo. La mirada gélida y enfadada de sus ojos gatunos, peligrosos, brillantes y al asecho en medio de la noche.

Su gélido aliento silbando entre sus ponzoñosos dientes, listo para cazar. Recordó el subidón de adrenalina que sintió alarmada por la presencia de ese ser tan terrorífico y fascinante al mismo tiempo que la amenazaba. La sangre corriendo frenética por sus venas y el ruido ensordecedor de su desbocado corazón.

También recordó la dureza de su piel, impenetrable y fría como la roca, cuando le propinó unos cuantos golpes para liberarse de él.

-¡Dios, Jasper dónde estás!- soltó un grito ahogado cargado de dolor.- Te necesito, te necesito tanto…-susurraba para sí misma.

Su pasatiempo favorito se había convertido en una tortura personal.

Ahora su peor miedo era que esos recuerdos se estaban desgastando, como una carta que se lee una y otra vez. Necesitaba más recuerdos junto a Jasper, nuevos recuerdos...frescos.

Se tumbó sobre la cama de él apretando las almohadas contra su rostro. Inspiró profundamente arrancando de las fibras el perfume de su amado. Se alarmó al comprobar que cada vez se perdía más aquella adictiva esencia. Atrapó entre sus manos empuñadas las sabanas de satén verde, rabiosa.

Y lloró.

Lloró sin medidas, abandonándose a las emociones que la dominaban. Lo añoraba y extrañaba, con locura, con desesperación…con hambre.

Pero él no volvería…y eso la atormentaba de una forma que nadie en su familia sería capaz de comprender jamás.

Pero había una cosa a la que temía aún más…el tiempo.

¿Se olvidaría de su inhumanamente hermoso rostro con el pasar del tiempo?, ¿olvidaría el sonido ronco de su voz?, ¿olvidaría su perfume y la sensación de sus frías manos de piedra sobre su piel?

Ahogó un jadeo de puro dolor. Se sentó como pudo sobre la cama, arrugando el hermoso edredón de terciopelo azul oscuro. Fijó sus hermosos ojos aguados en la nada. No detuvo las lágrimas silenciosas que no paraban de salir a borbotones de sus ojos, ¿Qué caso tenía?

Suspiró intentando serenarse.

Al menos de una cosa estaba segura, jamás olvidaría el adictivo sabor de su sangre…y ese sería el mudo testigo de que alguna vez lo había tenido entre sus brazos, y de que aquel ritual los había unido tan fuertemente que ni el paso del tiempo podría separarlos jamás.

La pena y las energías por tratar de mantener vivos esos recuerdos la estaban agotando. Se acurrucó más sobre la cama que se había obligado a no tocar por tanto tiempo y se abandonó al sueño… y con el a sus pesadillas.

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La sala estaba abarrotada de alumnos, todos con instrumentos musicales en mano sin estar muy seguros de qué hacer con ellos.

Elizabeth encontró su sitio entre los coristas y aguardó paciente en su sitio intentando ignorar lo que ocurría a su alrededor. Sacó una goma de mascar de su mochila intentando que el aroma a alcohol se pudiera camuflar. Había estado en el escondite de Amy disfrutando de la privacidad y la libertad que le otorgaba por unos minutos, pero lamentablemente había olvidado que hoy le tocaba clases con su padre…y que por lo tanto ir al escondite a beber no era una opción, estaba prohibido.

Edward se daría cuenta de que había estado bebiendo, eso ya era un hecho. Solo esperaba que la reprimenda no fuera tan grande.

Todos cuchicheaban acerca de la llegada de los "novios del año". Margaret ya había comentado por toda la escuela todos los detalles de su exótica luna de miel en las Islas Cook y no dejaba de enseñar su anillo apenas tuviera la oportunidad.

Lo único que se empeñaba en mantener oculto era su barriga que seguramente ya era más evidente bajo toda esa ropa holgada.

El ruido era molesto y ensordecedor, acompañado de las descoordinadas notas musicales que componían algunos aburridos, solo por matar el tiempo, antes de que comenzara la clase.

Edward llamó al orden y las conversaciones fueron bajando de tono gradualmente hasta callarse por completo. Posó su mirada acusadora y desilusionada por unos segundos sobre Eli, haciendo que ésta se hundiera más en su asiento.

¡Mierda, ya lo sabía!

Aquella mirada había sido un balde de agua fría, peor que una cachetada. Edward estaba desilusionado de ella. ¿A cuantas personas más tenía que desilusionar? Les estaba fallando a todos los que amaba y eso solo la hacía sentir más desdichada aún. No quería hacerles daño a ellos, solo a ella misma.

-Buenos días señoras y señores.- los saludó mientras se recargaba en su escritorio cruzado de pies y manos, tan elegante y sensual como siempre.

Elizabeth rodó los ojos al escuchar los pequeños suspiros de admiración que soltaban sus compañeras.

-Como ya les he informado anteriormente, la directiva de la escuela me ha dado la tarea de entrenar a la banda para que toquen en la graduación de éste año.- los evaluó desde su lugar con sus inhumanos ojos ámbar recorriendo a cada alumno…uno por uno.- No es mucho lo que les pido, sólo un par de canciones.- todos comenzaron a removerse en sus asientos quejándose con completa desaprobación. Edward los silencio al instante con una mirada fría.

-Les he enseñado bastante durante éste año…o al menos espero que hayan absorbido ese conocimiento. ¿No es así señor Reeves?- reprochó al chico que estaba a su izquierda jugueteando con las cuerdas del bajo. El pobre chico se puso rojo como un tomate, dejó en paz el instrumento y asintió en silencio intimidado.-También lo espera la directora Jessica…así que por su bien, ¡a trabajar!- Alzó las manos en el aire invitándolos a todos a posicionarse con sus instrumentos y prepararse para tocar.

Elizabeth fijó su mirada en la ventana a su lado. Solo quería abstraerse de todo. Lamentaba profundamente defraudar a Edward, él no se lo merecía. Nadie en su familia lo merecía. Había sido tan estúpida. Y aunque se daba cuanta tarde de todo ello, no podía retroceder el tiempo. Deseaba con todas sus ganas de que los Cullen volvieran a ser la familia unida y maravillosa que ella había tenido la suerte de conocer y de formar parte. Pero irónicamente había sido ella la que la había desmembrado. Afuera brillaba el sol, pero dentro de ella solo había frío y oscuridad.

Ya no lo soportaba más. Sintió las lágrimas picando tras sus ojos, pujando por salir. No quería llorar ahí, no enfrente de todos. Se acercó rápidamente a su padre, sabía que no duraría mucho más conteniendo las lágrimas.

-Necesito ir al baño.- soltó bajito con la voz áspera.

Edward bajó su vista para encontrarse con la de su hija, pero Elizabeth ocultaba su mirada clavándola en el piso. Soltó un suspiro cansino y se resistió a acariciarle el cabello a su hija. Ahora era Edward el profesor y no le estaba permitido en ese instante ser Edward el padre.

-Ok, no tardes…ya le va a tocar el turno al coro.- le dijo en un tono conciliador para luego retomar sus clases junto a los flautistas.

Elizabeth arrastró los pies fuera de la sala tan rápido como pudo, sólo quería escapar y llorar. Sin embargo antes de salir una idea cruzó su mente como un relámpago esperanzador.

Las llaves del Lamborghini estaban a punto de caer del bolsillo de la chaqueta de su padre, que colgaba pulcramente de la silla tras el escritorio. Ahí estaban, brillantes y tentadoras al alcance de su mano. El escape perfecto.

Entonces supo lo que debía hacer. Se movió veloz y ágilmente hasta tomar las llaves sin llamar la atención de nadie. Salió como un halito fuera de la sala mientras ocultaba las llaves en uno de los bolsillos de sus vaqueros. Caminó por los pasillos lo más rápido que pudo, mientras en su mente ya comenzaba a trazar el plan para escapar. Un pensamiento perturbador comenzaba a opacar sus esperanzas de salir victoriosa. Posiblemente su escape resultara frustrado después de todo. De seguro Alice ya estaba enterada de lo que pretendía hacer… ¿Cuánto tiempo se tardaría en llamar a Edward para dar la alarma? Elizabeth no estaba segura.

Apretó el paso, al menos lo intentaría.

Fin del capítulo.

¿Elizabeth se ha vuelto alcohólica? OMG!

Nadie sabe dónde está Jasper, me rompe el corazón. Al parecer la inmadurez de nuestra pequeña Eli le está haciendo pagar con creses su testarudez…y está acabando con los nervios de nuestro pobre Edward. Nadie dijo que ser padre de una adolecente, con el corazón herido y mitad humana mitad vampiro sería fácil. Emmet está hecho un alma en pena por la pérdida de su bebé y Rosalie no lo encuentra de humor para tener sexo. Carlisle prefiere el trabajo a llegar a casa. Esme anda desaparecida durante el día, quizás donde, y llega sólo por las noches. Alice está destrozada y al parecer sólo tolera la compañía de su novio Thomas, quién por lo demás parece ser el más cuerdo de la mansión Cullen. Nuestra querida familia está en medio de un conflicto de emociones por la pérdida de uno de sus integrantes. ¿Cuáles son sus impresiones?

Ya saben, comentarios, críticas, maldiciones, conjuros, buenas vibras, ánimos…pues dejen un jugoso comentario.

Sigo aquí, sin abandonar, hasta el próximo capítulo…

Leia Fenix.

Para unirte al grupo de búsqueda de Jasper, pues que ésperas, dale al botoncito de aquí abajo que reza POST RIVIEW