"Forbidden Paradise"

(Paraíso Prohibido)

Por: Leia Fenix

"Ella era una especie de paraíso, la mujer perfecta en todo sentido de la palabra...pero ese paraíso estaba prohibido para él...y lo sabía...estaba tan prohibido como su entrada al paraíso de los cielos."

Declaimer: Absolutamente nada acerca de las historias y los personajes de la genial Stephenie Meyer me pertenece, desgraciadamente EDWAR no es mío (...solo me pertenece la genialidad y originalidad de mi historia).

Nota de la autora:

Porque no podía ser en otro momento, esta noche, mientras ocurre el último eclipse lunar de "Las Lunas de Sangre" y las energías están más dinámicas que nunca, les dejo este nuevo capítulo que está lleno de intriga y más electrificante que nunca.

Bienvenida: Para todas las lectoras/es nuevos, que cada vez vamos agrandando esta familia, les doy mi más calurosa bienvenida a javierashTY, Elizabeth Everly, LiiQanLu y Andre Swan de Cullen.

Agradecimientos: Como siempre mis más sinceros agradecimientos a todas/os los que se toman un momento para dejar un inspirador comentario. Es la única recompensa que recibimos los escritores. Gracias Cramen, pekascullen, Kim-Ch0i-alec, Prisgpe, Fran Ktrin Black, melychile, Lynnda Northman, Isis Janet, Lady Calliope Deirdre, SALESIA, Bety y Viv.

Recomendación musical: "Let Her Go" de Passenger.

Nos leemos pronto, buena lectura…

Carpe Noctum


Capítulo treinta y nueve: "Mascarada"

Todos estaban con sus ribetes y sus capas, de un amarillo apagado, esperando a recibir el diploma. Elizabeth no dejaba de pasear su mirada desde su reloj de pulsera a cada rostro de los presentes. Sólo quería que éste vergonzoso momento pasara rápidamente.

Se aventó un poco el rostro con la mano. La capa era realmente calurosa y le estaba provocando una molesta picazón en el cuello.

Margaret había sido la encargada de preparar el discurso de despedida…como no.

Era la chica perfecta de la secundaria. Perfectamente vestida, perfectamente peinada, perfectamente optimista, perfectamente físicamente, perfectamente tonta y perfectamente estúpida

A Elizabeth se le escapó una pequeña carcajada que no pasó del todo desapercibida. Tuvo que ponerle freno a sus pensamientos cuando su compañero de asiento le dio un pequeño codazo para que se callara.

-Lo siento…-susurró disculpándose.

Debía dejar ir esa clase de pensamientos odiosos hacia la blonda, después de todo, ese era sólo el cascarón de Margaret, por dentro tenía peores problemas que ella. Fingió prestar atención al discurso que al parecer ya estaba llegando a su fin...gracias al cielo.

-Amo a esta generación, los llevaré en mis recuerdos y mi corazón por siempre. Les deseo el mejor de los éxitos y que alcancen todas las metas y sueños que nos propusimos desde aquél día en que nos preguntaron qué queríamos ser cuando fuéramos adultos…-

Margaret lucía un hermoso bronceado, haciendo que su cabello platinado tinturado reluciera aún más llamativo. Era una suerte que la túnica fuera lo suficientemente ancha para ocultar la pequeña pancita que de seguro ya comenzaba a notarse. Apenas habían alcanzado a llegar a tiempo de la luna de miel para su graduación. Matt, igualmente bronceado, le sonreía con orgullo a tan solo tres asientos de distancia de Eli.

Elizabeth rodó los ojos y soltó un bufido. Comenzó a jugar aburrida con la borla de su ribete. ¿Acaso Margaret no acabaría nunca con ese sínico discurso?

-Para finalizar, me gustaría quedarme con la alentadora frase que dijo una vez el Sr. Walt Disney, que cito "Todos nuestros sueños se pueden volver realidad si tenemos el coraje de perseguirlos". ¡Persigan sus sueños querida generación! Que los tropiezos y fracasos que nos esperan nos sirvan para aprender y ser más sabios.-

Todos los presentes la celebraron con un estruendoso aplauso. Margaret bajó del estrado contoneándose sin dejar de sonreír y tomó asiento en su lugar junto a todos los graduados.

Luego fue el turno de hablar de la directora. Jessica logró, increíblemente, ser más aburrida que Margaret. Cuando por fin concluyó, alabando a la institución, invitó a pasar a los graduados al estrado cuando fueran nombrados para hacer entrega del diploma mientras comenzaban a tocar los de la banda de la escuela dirigidos por su profesor Edward Cullen.

Cuando Elizabeth oyó que la llamaban por su nombre completo a través de los parlantes, se levantó del asiento dando un salto tambaleante. Ajustó el ribete sobre su cabeza y compuso una enorme y falsa sonrisa en su rostro antes de subir al estrado a recibir el diploma. Por fin había llegado el momento de dejar el instituto y de olvidarse de aquella espantosa época de su vida.

Desde el estrado pudo ver a su padre. A pesar de todo lo mal que se había comportado el último tiempo, en ese preciso instante él parecía realmente orgulloso de ella. Le regaló una de sus arrebatadoras sonrisas de medio lado y le lanzó un beso con la mano. Elizabeth le sonrió de regreso.

Al menos no todo había sido tan malo de su etapa del instituto. Esos segundos habían sido los más valiosos y los que recordaría por siempre.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

-¿Aún no estás lista para la fiesta?- Edward apareció bajo el marco de la puerta, con un elegante terno negro y una corbata a juego anudada perfectamente alrededor de su cuello marmóreo.

Ladeó la cabeza estudiando la reacción de su hija, y luego le regaló una de sus abrumadoras sonrisas torcidas. Estaba guapísimo. Elizabeth se quedó un instante observándolo detenidamente, aprobando el atuendo de su padre en silencio.

-No tenía pensado asistir a la fiesta.- dijo desganada recogiéndose de hombros, volviendo a clavar sus ojos en el libro que tenía abierto sobre su regazo desde hacía varias horas pero sin leer.

La preocupación opacó cada una de las facciones de Edward, borrándole la sonrisa de su inhumanamente hermoso rostro.

-Eli…- pronunció su nombre con cuidado, como si fuera a quebrarse si alzaba la voz. Arrastró uno de los taburetes desperdigados frente a la chimenea y se sentó frente a ella. Luego tomó el libro despreocupadamente y lo lanzó sobre el mesón con destreza. Ahora tenía la completa atención de ella.- Hija, no deberías perderte tu fiesta de graduación. Será un lindo recuerdo que lleves contigo siempre.- intentaba convencerla con su voz suave y aterciopelada.

-Exacto, no es un recuerdo que quiera llevar conmigo.- contraatacó ella algo molesta mientras volvía a coger el libro.

Se envolvió más en el chal y clavó su mirada esmeralda en las llamas, esquivando los ojos de su padre. Respiró hondo un par de veces intentando serenarse. Se tomó su tiempo y luego agregó irónicamente.

- De todos modos, en el futuro puedo tener más bailes de graduación ¿A cuántos has asistido tu ya?- No había querido sonar hiriente, pero la expresión de Edward cambió tan abruptamente como si le hubiera pasado un tren por encima.

Edward no respondió de inmediato, sólo se dedicó a observarla con sus ojos topacio. Estaba triste por ella. Deseaba que su hija fuera feliz y no desdichada, que disfrutara de cada bella etapa de su juventud, que viviera sin preocupaciones, sin los temores ni los abominables momentos que él había tenido que pasar en su adolescencia. Y por más que lo intentaba y que se lo hubiera prometido, no lograba hacerla feliz. Sabía que la pérdida de Jasper había roto algo dentro de ella, pero hasta ahora no se había percatado de cuán grande había sido el daño. Pasó sus marmóreas manos por su cabello broncíneo despeinándolo aún más.

-Sí, puedes tener muchas fiestas de graduación…pero ninguna será como la primera.- Se sentó a su lado en el amplio sofá y posó una mano conciliadora en el delicado hombro de ella.- ¿Qué te preocupa?, ¿Qué no lleves el mejor vestido? ¿Caerte por los tacones que Alice te obligará a usar?, ¿Qué no te inviten a bailar?...pues déjame decirte que Alice con su gusto exquisito ya tiene tu vestido preparado, no te tropezarás con tus tacones porque yo te doy permiso para que vayas con el zapato que te acomode, por todos los cielos, ¡puedes ir descalza si gustas! Además yo te acompañaré por si tus pies olvidan cuál es el derecho y cuál es el izquierdo y bailarás…-

-¡Conmigo!- Gritó entusiasta Emmett quién había entrado como una bala en la habitación de Eli interrumpiendo a Edward.

Elizabeth realmente sentía no poder hacerlos a todos felices cumpliendo con lo que le pedían. Estaba preparada para darles una respuesta que desilusionaría tanto a su padre como a su querido tío Emmett, cuando Alice irrumpió en la habitación, con pasos gráciles y calculados como si se tratara de una bailarina de ballet. Entre sus pequeñas y blancas manos, traía un hermoso vestido del mismo color exacto que los ojos de su sobrina.

Hace semanas que Alice no le dirigía la palabra más que en una que otra ocasión incómoda, ni siquiera la miraba y, ciertamente, no había aceptado sus disculpas. Pero ahora estaba ahí, frente a ella, tan pequeña y mona como siempre, con su sonrisa de duende bailando en sus labios y ofreciéndole un hermoso vestido.

Entonces Elizabeth lo supo. No iría a ese baile por complacer a Edward, o a su tío Emmett o a ella misma… iría al baile porque Alice la había perdonado, y esa era su forma de demostrárselo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Con Alice no fueron necesarias las palabras. Elizabeth podía ver como su diminuta tía, se regodeaba de pura satisfacción y alegría mientras peinaba su largo cabello y lo acomodaba en una hermosa trenza gruesa que caía sobre uno de sus hombros desnudos.

El vestido, de un intenso verde botella, hacía juego con sus ojos y realzaba el color rojizo de su cabello, además que quedaba muy bien con su tono pálido de piel. No tenía tirantes y se ceñía ajustado sobre su busto, para luego caer libremente hasta sus rodillas. Las capas de muselina de su vestido, formado por un tejido de seda fina y transparente, acariciaban sus piernas cada vez que caminaba, y flotaban a su alrededor cuando giraba sobre su eje. Nadie, aparte de Alice, podría haber encontrado un vestido más perfecto.

-Está precioso. Ha sido una buena compra…como todas las que haces.- la felicitó Eli.

Una mueca indescriptible enturbió las facciones de su pequeña tía. Pero antes de que Elizabeth pudiera preguntar, Rosalie entró en la habitación interrumpiéndolas.

-Carlisle tiene todas las tarjetas de Alice bloqueadas y ha suprimido las mesadas. Dudo mucho que Alice haya podido pagar ese vestido o quizás… ¡Mary Alice Brandon Cullen! ¿no lo habrás robado verdad?- Rosalie estaba siendo grosera y lo sabía, de hecho estaba disfrutando bastante del momento. Por fin tenía algún pretexto para fastidiar a alguien ya que no lo había logrado en todo el bendito día.

Elizabeth observó con la boca abierta como Alice estallaba en cólera. Estaba segura de que si no fuera porque la sangre de la pequeña duendecilla no podía ser bombeada, su rostro estaría rojo como el de un tomate. Las puntas de su cabello azabache parecían más revueltas y erizadas que nunca y sus ojos se habían vuelto oscuros y hambrientos.

-¡Yo no he robado nada!- pegó un gritito agudo notoriamente ofendida.- Lo he confeccionado yo misma.- aseguró levantando el mentón orgullosa.

A pesar de que Rosalie había sido cruel con Alice, había conseguido su propósito, que su hermana hablara.

Elizabeth estaba sorprendida. Alice hablaba otra vez. Soltó una carcajada de pura alegría mientras paseaba su mirada de Rosalie a Alice.

Por su parte, Rosalie había alzado una de sus perfectas cejas rubias de forma suspicaz mientras se cruzaba de brazos satisfecha. Por la forma en que observaba a su hermana, se podía notar toda la ternura y el amor, ambos sentimientos encerrados en sus inhumanos ojos topacio, que guardaba por ella…aunque a su manera.

Cuando Alice se supo descubierta, masculló una maldición y luego apretó los labios en una fina línea mientras clavaba una mirada venenosa en su hermana rubia perfecta.

-Lo sé…- dijo con tranquilidad Rosalie- Al menos ya sabemos que no te han comido la lengua los ratones, ¡al fin hablas!- sonrió sin conseguir ser del todo cálida, pero una sonrisa cálida no sería propio de Rosalie.

Elizabeth pasó un brazo por el cuello de Rosalie y otro por el de Alice atrayéndolas hacia sí en un efusivo abrazo. El dulce perfume de Rosalie se mezclaba con el cítrico de Alice. Elizabeth respiró hondo el familiar aroma que le recordaba lo protegida que estaba y lo amada que era por todos los integrantes de su extravagante familia desde que la recibieron en su hogar…ellos eran su hogar.

-Las adoro a ambas. No podría haber tenido un par de tías mejores que ustedes.- Se separó solo lo suficiente para poder observarlas- El hecho de que hayas confeccionado tú misma éste vestido sólo lo hace más especial para mí, Gracias Alice.- Las lágrimas empaparon su rostro, corriendo el maquillaje que Alice le había recién aplicado.

-Oh no, ya lo arruinaste.- la reprochó Alice mientras observaba su obra de arte diluida por las lágrimas.

-¡Yo lo arreglo!- dijo Rosalie quién se precipitó hacia el tocador y volteó el estuche de maquillaje, apilando las brochas frente a ella como un cirujano que prepara sus instrumentos quirúrgicos para operar.

-¡Que alguien se apiade de mi!- refunfuñó Eli mientras la obligaban a sentarse nuevamente.

-Aquí no existen los milagros.- Fue todo lo que dijo Rosalie antes de comenzar con la tortura de su sobrina.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Tres horas más tarde Elizabeth estaba subiendo las escaleras que llevaban hacia el gimnasio del instituto, donde se llevaría a cabo la fiesta de graduación, tomada del brazo de su padre.

-Ha pasado más de una década y este lugar luce exactamente igual al día que me gradué con tu madre.- en la voz de Edward había un dejo de nostalgia.

Elizabeth apretó su brazo un poco más intentando darle valor.

-Entonces coincides conmigo en que el tema de éste año, el "Baile de Mascarada", está más que trillado.- se quejó ella rodando los ojos.

-No te lo voy a negar.- coincidió mientras le regalaba una de sus sonrisas torcidas.- Pero no sería prudente que fueras a una fiesta de mascaradas sin un máscara.-

Edward sacó una caja rectangular y plana desde el interior de su chaqueta. En su interior había un hermoso antifaz de encaje de terciopelo negro. En algunos puntos brillaban pequeños diamantes que llevaba incrustados. Era encantador. Elizabeth no sabía qué decir. Pasó sus dedos con delicadeza sobre el antifaz comprobando la suavidad de la tela. Edward la hizo girar para amarrar las cintas detrás de su cabeza.

-Ya está, ahora si estás lista para el baile.- le sonrió con satisfacción.- Estoy realmente feliz de que finalmente hayas accedido a venir. Tendrás un lindo recuerdo de esta noche, lo prometo.-

-Espero que así sea.- dijo ella con timidez.

-Lo será hija, lo será.- dijo mientras se pasaba la banda de su propio antifaz, simple, liso y negro.

-¿Estás insinuando que una fiesta con Emmett Cullen es aburrida?- inquirió Emmett algo dolido. Acababa de llegar luego de aparcar el jeep.

-Yo…- Eli no sabía cómo disculparse. Estaba segura que pasar un rato con su tío Emmett sería tan divertido como siempre, sin embargo era ella la que no se hacía los ánimos.

Emmett alzó una mano en el aire haciéndola callar.

-Ya verás una vez que estemos adentro. Te dolerá la panza de tanto reír y los pies de tanto bailar.- le aseguró él muy pagado de sí mismo mientras tomaba su otro brazo libre.-Ahora sonríe como una barbie para la foto oficial.- le aconsejó mientras sonreía y le guiñaba un ojo.

Emmett se puso su máscara de Arlecchino y guardó las llaves de su coche en la pequeña cartera de Elizabeth.

Se detuvieron frente a la puerta cubierta por un arco de globos. Los tres tomados del brazo sonrieron alegres cuando estalló el flash de la cámara del fotógrafo.

En el interior la música era ensordecedora. En el aire flotaban millones de burbujas expulsadas por una máquina en el fondo del recinto junto a la larga barra de bebestibles y golosinas. En el centro del techo, habían colgado una bola de cristal que reflejaba todas las luces de colores.

Todos los asistentes lucían diferentes clases y estilos de antifaces y máscaras. Algunos cubrían sólo sus ojos y otros su rostro completo, eran vistosos y otros simples, algunos incluso con plumas y brillos. Más de algún alumno confundió el estilo de la fiesta de mascarada con una fiesta de Halloween, luciendo máscaras monstruosas.

Edward los guio a una de las mesas desperdigadas alrededor de la pista de baile donde pudieron sentarse cómodamente. Elizabeth reconoció a un par de compañeros de su clase sentados en una de las mesas cerca de la suya, sin embargo la mayoría estaba irreconocible. Eso era un alivio. Esperaba que no la reconocieran tampoco. Con un poco de suerte lograría fingir estar bien el tiempo suficiente para dejar contento a Edward y conforme a Emmett, antes de sumirse nuevamente en la desesperación.

-Iré por un poco de ponche para que te animes.- le dijo Emmett mientras se dirigía a la barra.

Cuando Elizabeth terminó de acomodar sus cosas en el respaldo de la silla, se encontró con la mirada inquisitiva y al mismo tiempo preocupada de su padre.

-Estas muy pensativa últimamente. Entiendo que extrañas a Jasper.- Edward acababa de lanzar una bomba.

Elizabeth soltó un gritito estrangulado mientras lo observaba con sus ojos verdes bien abiertos.

-Lo lamento, fui grosero e insensible.- se disculpó él algo incómodo.

-Sí, fue un poco abrupto.- llenó una de las copas frente a ella con un poco de agua y bebió un sorbo intentando pasar ese trago amargo.

-Realmente lo lamento. Es que estamos todos tan preocupados por ti.- Edward sonaba mortificado.- No debí tocar el tema en este momento. Vienes a divertirte.-

-Está bien papá. Es solo que me has pillado por sorpresa. Ahora mismo Jasper es un tema delicado para mí, porque lo extraño, porque lo amo y porque no quiere estar a mi lado.- decir su nombre la había dejado sin aire, había sido como un puñetazo directo a su estómago.

Edward asintió en silencio comprendiendo lo que ella quería decir.

-Hija, el amor puede doler a veces, pero es lo único que vas a sentir que es del todo real, lo que te va a hacer sentir viva con el paso de tu existencia inmutable e infinita. Sé que lo amas hija. A mí me duele muchísimo verte sufrir así e imagino que en algún lugar lejano Jasper se está lamentando igualmente.- sus ojos topacios intentaban infundirle esperanzas.

Elizabeth se mordió las paredes internas de su boca para no soltar una maldición en voz alta. Edward estaba sumamente equivocado. Si supiera que había logrado hablar con él y que lo único que había conseguido era su más rotundo e irrefutable rechazo, no estarían teniendo esa conversación.

-Ya pasará.- se mintió a sí misma. En realidad sólo quería dejar tranquilo a su padre y que cambiara de tema.

-Dale un poco de tiempo…-

Elizabeth suspiró y miró hacia al techo intentando tragarse las lágrimas de frustración que amenazaban con escapar de la presa de sus ojos.

-He decidido no enviar ninguna solicitud universitaria.- soltó de sopetón esperando a que su padre encontrara ese tema más interesante.

Ahora fue el turno de Edward de abrir los ojos como platos. Luego bajó la mirada pensativo. Asintió un par de veces en silencio antes de tomar una de las manos de su hija entre las indestructibles de él.

-¿Puedo saber qué te llevó a tomar esa decisión?- Edward estaba sorprendentemente tranquilo.

Elizabeth no se esperaba esta reacción de su padre. Estaba anonadada. Pensaba que Edward se quedaría calvo de tanto tirarse el cabello y moriría por una ira espontánea. Pero estaba ahí sentado tranquilamente frente a ella, dándole el espacio que necesitara para explicar sus razones. ¿Dónde estaba su padre? Y ¿Qué habían hecho con él?

-Bueno no es ningún secreto que estoy muy triste.- escogió esas palabras, "muy triste", porque si bien no era ni la más mínima parte de lo que realmente sentía, explicaría de forma simple y sin profundizar tanto, por el mal momento que estaba pasando.- No me siento con el ánimo, ni las ganas ni la motivación para decidir qué hacer con mi futuro profesional. Lo lamento te he decepcionado una vez más, soy un desastre.- cubrió su rostro con sus manos avergonzada.

-Eli…-susurró Edward con suavidad mientras intentaba apartar las manos del rostro de ella. Cuando sus miradas se encontraron él le regaló una pequeña sonrisa confortable.- Esta bien. No estoy decepcionado. Eres muy joven y tienes muchos años para tomar la decisión de lo que te gustaría hacer en el ámbito profesional. Puedes escoger hacer lo que quieras cuando quieras. Es más, si decides no hacer nada bien por ti, lo mismo si deseas estudiar más de una cosa. Toma todo a tu tiempo. No hay prisas.-

-¿Realmente piensas eso?- le pregunto confusa.

-Por supuesto. Es más, me alegrará tenerte por la casa más tiempo y poder disfrutar de tu compañía.- La atrajo al abrigo de sus brazos.

Mantuvieron el abrazo hasta que Emmett los interrumpió tan escandaloso como siempre.

-Siento interrumpir este empalagoso momento de padre e hija, pero me ha costado una fila larguísima, un par de codazos y unos cuantos cruces de palabrotas el poder traer un poco de ponche para mi sobrina. Así que, querida Eli, antes de que mi humor siga cayendo en picada, bébete éste ponche y vamos a sacarle brillo a la pista de baile.-

Elizabeth le sonrió agradecida a su tío mientras se bebía el refrescante ponche, aunque reconoció hubiera estado mejor si hubiera tenido algo de alcohol. Suspiró apenas se lo acabó. Esperaba lograr mantener las ansias el suficiente tiempo para no sucumbir al desastre de sus lágrimas o algo peor.

-Tal vez deberías ir por otro vaso de ponche para tu sobrina mientras yo bailo una pieza con ella antes de ir a hacer mi ronda con los otros profesores.- le pidió Edward a Emmett.

El osito Emmett rodó los ojos y soltó unos cuantos improperios en voz baja mientras se dirigía por segunda vez a la concurrida barra.

Edward se acercó al Dj para pedir una canción y luego guio a su hija al centro de la abarrotada pista de baile.

Cuando el ritmo pegajoso de los Black Eyed Peas cambió al más clásico de Michael Bublé en "Save the last dance for me", algunos abuchearon y se quejaron. Elizabeth apretó los dientes, avergonzada por la elección musical de su padre, y rezó en silencio porque ninguno hubiera descubierto su identidad.

-Relájate, lo disfrutarás. Solo deja que yo guie.- le aseguró mientras tomaba su mano y posaba su otra mano libre en la cintura de ella.

El ritmo de la música era vivaz y pronto comenzaron a unirse al baile más personas, incluso varios de los que se habían quejado.

Antes de siquiera imaginar que había sido una mala idea aceptar ese baile, se lo estaba pasando increíble. Edward bailaba estupendamente, por supuesto, y Eli se sentía tremendamente cómoda sabiendo que tenía un gran y hábil bailarían que sortearía todos los posibles pisotones que ella le pudiera propinar. Con un último giro, que elevó su vestido en un revoltijo verde, terminó la canción y vino el turno de Emmett para bailar.

Edward los observaba bailar desde la periferia de la pista de baile en un punto oscuro. Cuando nadie lo miraba sacó el dije dorado que llevaba colgado bajo su camisa, el mismo que le había regalado Eli para navidad. Lo abrió con cuidado y retuvo un suspiro cargado de emoción cuando los dos rostros en su interior le sonrieron, Bella tan hermosa como la recordaba sosteniendo a una pequeña Eli de rizos cobrizos, las dos mujeres de su vida.

-Hicimos un pequeño milagro tú y yo. Nuestra Elizabeth ya se ha convertido en una joven mujercita. Tan hermosa como tú y tan temperamental como yo. Ahora está un poco perdida, pero confío en que será tan fuerte como tú y logrará encontrar su rumbo. Como desearía que pudieras compartir con nosotros el ahora.- Susurró para sí mismo mientras acariciaba con un dedo blanco impoluto la pequeña fotografía.

Emmett era bueno en todos los estilos de música que tocaban. Se lucía por sí solo y pronto tuvo un pequeño grupo alrededor animándolo a bailar.

Fue el momento perfecto para escabullirse. El ansia comenzaba a crecer oprimiendo la garganta de Elizabeth. No quería que Emmett o su padre la vieran perdiendo el control. Se dirigió rápidamente a la mesa donde Emmett había dejado el vaso de ponche. Miró a su alrededor esperando a que nadie la observara para sacar dos botellitas de Vodka tamaño coctel del interior de su bolso de mano.

Vertió ambas botellitas en el ponche y se llevó rápidamente el vaso a los labios intentando aplacar la sed devoradora.

-Si dejo que tomes eso aquí dentro y alguien te descubre, ambos estaremos en problemas.-

Elizabeth bajó el vaso de golpe dejándolo sobre la mesa pero sin entregarlo. Se giró hacia la persona que la había advertido. Era un chico alto y atlético, con facciones caucásicas y una brillante sonrisa blanca que contrastaba con el tono cálido de su piel y su cabello oscuro. No llevaba máscara. Estaba uniformado con un pantalón gris y una camisa blanca como todos los que trabajaban en el cattering. Aunque Elizabeth no recordaba donde lo había visto antes, algo tenía aquél chico que le parecía tremendamente conocido.

-¿Nos conocemos de alguna parte?- le preguntó ella.

El chico sonrió pensando que ella estaba evadiendo el tema intentando distraerlo.

-Me parece que es la primera vez que nos vemos.- anunció el amablemente aclarando sus dudas.

Elizabeth achicó los ojos en su dirección intentando recordar con todas sus fuerzas. Chasqueó la lengua una vez que lo consiguió.

-Eres el chico de la Push, el de la Reserva. Te recuerdo. Estuviste en la fogata charlando con mi amiga Amy.- prefirió omitir lo que Amy había dicho de él. Sin embargo viéndolo más de cerca coincidía con su amiga en que era todo un bombón.

- ¡Claro Amy! ¿Está aquí hoy?-

-No, no pudo asistir. Va unos cursos más abajo.-

Elizabeth tomó el vaso nuevamente intentando pasar desapercibida, pero los ojos negros del chico fueron más rápidos.

-Tendré que pedirte que me entregues ese vaso. Nada de alcohol, esa es la orden que nos dieron.- volvió al tema inicial sin perder la calma.

¿Quién se creía que era? ¿El santo inquisidor del alcohol? ¡carajo!

Elizabeth sopesó la opción de ignorarlo y beberse el vaso de un largo sorbo, pero lamentablemente su escueta charla había llamado la atención de unos cuantos que pasaban por ahí, incluido el pequeño grupo de divas, las amigas de la odiosa de Margareth.

¡Mierda, mierda y más mierda!

Sabía que no le quedaba más opción que devolvérselo. ¿Por qué carajo tenía que haberla estado espiando? Estaba sumamente enfadada con él a pesar de que entendía que estaba cumpliendo órdenes y que era su trabajo. De verdad necesitaba beber ese vaso. Resignada y molesta, decidió vengarse. No entregaría ese vaso tan fácilmente al odioso chico de la Push, pagaría por eso. En vez de entregarle el vaso en las manos, lo volteó haciendo que su contenido se esparciera por todo el piso salpicando los zapatos de él y los bajos de los vestidos de las divas que comenzaron a chillar histéricas.

-Tienes que estar bromeando, realmente…-masculló irritado mirándola descolocado sin poder acabar de creer el desastre que había hecho Eli.

-¡Ups! Se resbaló.- dijo irónica antes de girar sobre sus talones alejándose del caos.

Sabía que estaba mal lo que había hecho, pero estaba sumamente molesta con la situación. Además las ansias estaban de vuelta y parecían más irrefrenables que nunca. Sus manos temblaban, el ansia era tal que su garganta se había resecado en segundos. Si no se perdía pronto en el alcohol, le arrancaría la yugular a alguien…y ese tonto chico podía ser su próxima presa.

Mientras buscaba a su padre, pensaba en una buena excusa para ausentarse el tiempo suficiente para encontrar la reserva que había guardado en el automóvil en caso de emergencia…porque ésta claramente era una.

Sonrió algo aliviada cuando lo encontró sosteniendo una incómoda conversación con la directora Jessica.

- Estoy algo acalorada. Iré a tomar aire fresco al patio. Ya regreso.- Le dio un casto beso en la mejilla y se marchó.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Una mano se cerró de improviso sobre su desnudo hombro haciéndola dar un respingo y soltar un gritito agudo de sorpresa. Se giró de golpe, con el rostro lívido y la adrenalina comenzando a liberarse rápidamente en su sistema.

-¡Carajo! Matt me has dado un susto de muerte.- dijo jadeante llevándose una mano al corazón.- Juro que tuve un mini infarto. Por un instante creí que mi padre me había seguido hasta afuera.-

Matt comenzó a reír a mandíbula batiente.

-¿Por qué me has seguido?- preguntó ella al tiempo que intentaba mantener oculta la bolsa tras su espalda mientras cerraba la puerta del automóvil.

-Pensé que podríamos bailar un rato.- dijo despreocupado hundiendo los hombros y guardando las manos en los bolsillos.- Después de todo es nuestro baile de graduación.- le sonrió radiante inclinando la cabeza hacia un lado, con sus ojos mercurio llenos de vitalidad.

-Sabes que no se me da muy bien lo de bailar.- masculló.

Él no contestó a esa afirmación. Las últimas veces que la había visto bailar había sido perfecta. Se limitó a alzar una ceja inquisidora mientras ella seguía espiando nerviosa hacia todas partes.

-¿Y qué sería lo tan condenadamente ilícito que estás haciendo que tu padre no debe enterarse?-

-¿Por qué lo preguntas?- le retrucó ella de regreso intentando desviar el tema.

-Tal vez porque estás hiperventilando del susto…si querías pasar tan desapercibida es porque obviamente no querías ser descubierta. Vamos…muéstrame que escondes en tu otra mano.-

Elizabeth comenzó a asentir con la cabeza cabizbaja mientras se mordía nerviosamente el labio inferior. Soltó un suspiro resignada y le mostró la botella de Vodka. Estaba avergonzada.

-Vaya…-dijo él mientras tomaba la botella de sus manos.- Sí, creo que faltaba un poco de esto allá adentro.- se mofó guiñándole un ojo.- Quizás nos convendría tomar un poco de esto lejos de los ojos curiosos. ¿Qué me dices si vamos a dar una vuelta por el jardín?-

-Claro…- susurró alegre, con sus mejillas aún un poco sonrojadas por la vergüenza de verse descubierta. Probablemente a estas alturas Matt ya la consideraba alcohólica.- Pero antes hazme el favor de quitarte esa ridícula máscara.- se burló de la máscara tipo veneciana que llevaba su amigo, extremadamente recargada de accesorios.

-Vaya y yo que creía que me veía condenadamente sexy con estas borlas y brillos.- bromeó mientras la levantaba sobre su cabeza dejando su sonriente rostro al descubierto.

-Da miedo. Mejor guárdala para Halloween.- le aconsejó Eli

-Por cierto, la tuya está genial, no te la quites…pareces una sexy gatúbela.-

Eli lo picó en el brazo con un dedo a modo de juego antes de que se sentaran en una banca vacía frente a la pérgola.

-Hicieron un gran trabajo. Esto está realmente hermoso.- reconoció Eli mientras se dedicaba a observar la sencilla, pero hermosa, decoración del jardín.

-Totalmente romántico. Flores blancas y centenares de lucecitas parpadeantes. Quizás traiga a mi señora a bailar a la pérgola más tarde.-

-hmmm- fue todo lo que dijo Eli.

-¿Noto algo de nostalgia en ti? ¡Vamos Eli! Es nuestra graduación. Deberías estar por lo bajo emocionada.- le dio un empujoncito cariñoso con el hombro.

Ella suspiró, sin mirarlo a los ojos, mientras se dedicaba a abrir la botella y llenar dos vasos.

-Extrañas a Jasper.- soltó de pronto Matt.

Elizabeth compuso una extraña mueca de dolor en su rostro cuando escuchó el nombre de él en voz alta.

-Lo lamento.- se disculpó Matthew notoriamente arrepentido.- Me enteré de que se había ido, de lo que no estaba enterado era del alcance de tus sentimientos hacia él.-

Elizabeth tomó un respiro profundo intentando ahuyentar las lágrimas que comenzaban a picar tras sus ojos. Matt se removió nervioso a su lado sin saber muy bien qué decir. Tomó un gran sorbo del vaso que le ofreció Elizabeth mientras la estudiaba con la mirada.

-Lo amas.- sentenció finalmente apretando los labios en una fina línea.

Esas dos palabras, tan crudas, puras y desnudas albergaban una realidad que, en vez de ser cálida y feliz, era fría y amarga. Buscó los ojos color mercurio de su amigo. Esa mirada bastó para confesar todo lo que sentía.

-Fue…¿fue mi culpa?- preguntó Matthew mortificado luego de un largo silencio.

Ella negó con la cabeza arrancándose dos rebeldes lágrimas que habían escapado de sus ojos.

-No Matt, fue la mía. Fue mí decisión…y ahora no puedo estar más arrepentida.- fijó la mirada en un punto cualquiera y se bebió de golpe el licor que quedaba en su vaso.

Rápidamente Matt rellenó su vaso y el de ella. Lo necesitaban.

-Volverá. Ya lo verás. No podrá deshacerse tan rápido de una chica como tú, eres excepcional Elizabeth.-

-Ese es el mayor de mis problemas Matt. Él ya no cree que sea una chica excepcional…él ya no me quiere a su lado y no volverá.-

-Dale un poco de tiempo, estoy seguro que se debe sentir confundido y cuando se dé realmente cuenta de lo tan enamorado que está de ti volverá corriendo a tus brazos.- intentó animarla con sus palabras mientras acariciaba de forma conciliadora su espalda.

-Él me ama.- le aseguró ella apenas en un susurro.

-Entonces no tienes nada de que…- no alcanzó a terminar la frase porque Eli lo interrumpió.

-No lo estás entendiendo Matt. Él se ha ido, aun amándome, y no va a regresar. Intenté que volviera, juro que lo intenté…- se estremeció por el dolor lacerante que amenazaba con abrir su pecho en dos.- ¡Por Dios que lo intenté!- sollozó antes de volver a beber como una posesa.- Pero él no quiere regresar y eso es algo que no puedo controlar. Yo decidí dejarlo ir y él decidió no regresar…jamás.-

-¡Mierda! Eso está jodidamente mal. Cuanto lo siento Eli.-

Contra todo pronóstico Elizabeth comenzó a destornillarse de la risa, cualquiera que la viera pasar así del llanto a la risa pensaría que estaba loca. Matthew la observaba consternado, aguantando el momento en que la risa se volvería llanto…posiblemente un mar de lágrimas. Cuando por fin paró de reír sobándose la panza, volvió a rellenar su vaso hasta acabar con la botella. Chocó su vaso con el de Matt brindando.

-¿Sabes? A veces te escuchas igual a tu prima.-

-¿Amy?-

-La misma gloriosa y bendita Amy…ella y su sucia boca para hablar.-

-Estaba enfadada porque no la dejaron asistir a la fiesta. Me amenazó de muerte si te hacía llorar. ¿Qué es? ¿Tu guarda espalda?-

Elizabeth se limitó a recogerse de hombros y morder su labio inferior. Le habría gustado más esa fiesta con Amy a su lado.

-¡Ah! No importa. Creo que de todos modos estoy sentenciado.- le dijo quitando con el pulgar una lágrima, que aún se conservaba húmeda, alojada en el mentón de ella.

Comenzaron a reír en conjunto, animados por el alcohol, llamando la atención de uno que otro que pasaba a su lado por el jardín. Cuando las risas acallaron, bebieron un largo rato en silencio con la música de fondo, hasta que Elizabeth retomó la conversación.

-Conforme va pasando el tiempo siento que ya ninguna pieza encaja en su lugar. Lo necesito a mi lado. Los recuerdos que tengo junto a él ya están viejos y gastados…y lo que más me duele y me cuesta es aceptar que él no volverá, así que ya no habrán más recuerdos de los dos.- Sus palabras sonaban atropelladas por el alcohol.

Tomó la botella vacía y la lanzó a algún lugar oscuro del jardín. Matt silbó entre dientes, suerte que había unas cuantas personas en el jardín y que la botella no llegó a parar a la cabeza de nadie.

- Este es el único brebaje mágico para callar el sentimiento de soledad y escapar de mi cabeza por un rato. No me juzgues Matt, la vida solo me ha quitado…pierdo todo a mi alrededor.- confesó, hundiendo un dedo índice en medio del pecho de Matthew, antes de beber un largo sorbo de su vaso intentando deshacer el nudo de amargura que comenzaba a formarse en su garganta.

Matthew la observaba sintiéndose mal por ella, dolido por el mal momento que estaba pasando su amiga de toda la vida y sabiendo que en gran parte había tenido culpa.

-A veces las personas caminamos en los zapatos equivocados, tomando decisiones equivocadas.- Le acarició la mejilla con su mano tibia y conciliadora.

Elizabeth rodó los ojos chasqueando la lengua. Ni se imaginaba la ironía que guardaban sus palabras.

- Encontrarás la felicidad. Sé que lo harás. No podría pensar en una persona que la mereciera más que tú.- le aseguró.

Elizabeth, con sus ojos húmedos de emoción contenida, se arrimó contra el hombro de su primer amor y su mejor amigo. Realmente esperaba que las palabras de Matt fueran ciertas, que lograra algún día encontrar la felicidad. La había tenido, realmente había sido feliz, pero había sido tan malditamente ciega que no se había percatado que la tenía junto a ella…hasta que la perdió cuando él se fue.

Estuvieron un largo rato sentados uno junto al otro en silencio, observando las millones de lucecitas doradas que habían puesto como tejado por todo el jardín. Él consolándola y ella disfrutando de su compañía.

-Te voy a extrañar…-susurró de pronto con la voz quebrada.

-Sabes que siempre estaré para ti. – Le aseguró Matt mientras con el dedo índice levantaba el mentón de ella hasta que sus miradas se encontraron.- Seattle no está al otro lado del mundo. Estaré a tan solo unas horas de distancia. Sólo necesitas levantar el teléfono y vendré a abrazarte.- le prometió.

Elizabeth se acurrucó como un gato contra él. Se sentía bien tener a un amigo, un apoyo, en esos días tan negros de su vida. Luego de varios minutos haciéndose compañía en un cómodo silencio, Matt se puso de pie.

-Ya es hora de que regrese, probablemente Margaret se esté preguntando donde estoy.-

-Claro…-susurró Eli asintiendo con la cabeza.

-¿Vienes?-

-No. Me quedaré un rato más aquí afuera. Está realmente hermosa la decoración. Es como estar en Navidad.-

-Claro.- se inclinó para besarle la frente con parsimonia.- Te veo adentro.-

-Por supuesto.-

Se regalaron una última sonrisa y luego Matthew se marchó.

Elizabeth se divirtió un rato viendo a los transeúntes pasar. Algunas chicas llevaban unos hermosos vestidos con máscaras vistosas y otras unos vestidos que habrían provocado que Alice se arrancara el pelo a tirones.

-¿Qué haces aquí afuera?-

Le preguntó de pronto un extraño que se había detenido frente a ella. No supo identificarlo ya que su máscara cubría todo su rostro.

-Y tú ¿Qué haces aquí afuera?- Eli le repitió la misma pregunta. Aquel extraño estaba siendo muy impertinente y sólo quería que se marchara.

-Bueno…-dijo balanceándose un poco sobre uno de sus pies sin decidirse a sentarse junto a ella o mantenerse de pie. Finalmente se sentó guardando una educada distancia, todo lo que se podía sin caerse de culo de la pequeña banca.- Tuve que salir porque si me encontraban con esto adentro probablemente me habrían echado de la fiesta antes de que empezara a disfrutar.- confesó al tiempo que habría su elegante chaqueta negra y sacaba una petaca plateada (N.A.: Una pequeña botella portátil donde se suele guardar alcohol) de su interior.

Elizabeth sabía que era su turno de contestar. No quería hacerlo pero tampoco quería ser más grosera de lo que ya había sido.

-Esto…es que simplemente este no es mi tipo de fiesta.- confesó recogiéndose de hombros mientras balanceaba sus pies en el borde.

-¿Y cuál es tu tipo de fiesta?- preguntó el extraño.

¡Demonios!, era insistente y no captaba las indirectas de "vete al carajo que no quiero hablar con nadie ahora mismo". Ella lo observó y le dedicó una pequeña sonrisa algo aletargada por el alcohol. Tomó la botella de las manos de él y bebió un sorbo.

-Esto es exactamente mi definición de fiesta, mi tipo de fiesta.- le respondió mientras volvía a empinar sobre sus labios la pequeña botella plateada y tomarse el resto de su contenido en un largo sorbo.

El fuerte licor abrazaba su garganta quemándole hasta la boca del estómago.

-A tu salud.- fue todo lo que dijo el extraño cuando ella le devolvió la botella vacía.

- ¿Qué demonio te poseyó para que usaras esa máscara esta noche?- preguntó ella para romper el hielo.

-Pensé que era una fiesta de mascaradas, una máscara es lo que se lleva ¿no?-

-Una máscara sí, pero no un disfraz. Llevas la máscara, guantes, sombrero, una peluca y una capa sobre el traje…¡Eres el Sr. V en persona! (N.A.: Es el personaje protagónico de una película llamada "V de vendetta").-

Él soltó una carcajada sin sentirse ofendido por su comentario grosero.

-Pienso que solo estas celosa de mi buena elección de máscara.- argumentó orgulloso inflando el pecho y levantando el mentón.

Ella soltó una risita animada por el alcohol.

-En eso tienes razón. La mía no es nada de original.- hizo un gesto con la mano apuntando a su antifaz de encaje que apenas cubría ciertas partes de su rostro.

Continuaron sentados en silencio por unos minutos, disfrutando de la frescura de la noche y la tranquilidad que otorgaba el patio, lejos del bullicio de las conversaciones que no cesaban al interior del recinto.

-¿Bailarías una canción conmigo?- pregunto el extraño de pronto.

Elizabeth lo estaba observando boquiabierta. No quería bailar y menos con un extraño. No era una experta y a estas alturas el alcohol dominaba gran parte de su habilidad motriz. Con esos tacones terminaría apuñalándole los pies al pobre chico. Sin embargo, a pesar de su silencio el seguía paciente frente a ella.

-Sería una pena que desaprovecháramos la oportunidad de disfrutar un baile estando tan bien vestidos y con tanta pantomima festiva a nuestro alrededor.- insistió él ofreciéndole una de sus manos enguantadas.

¿Pantomima? Se repitió mentalmente Elizabeth, ¿quién demonios usaba ese vocablo a su edad?

Ese extraño era inusualmente gracioso. Sin pensárselo mucho más, se puso de pie y aceptó su mano sonriente, dejando que la guiara hasta el centro de la pérgola.

-Soy peligrosa bailando. Podrías quedar inválido. Es bajo tu propio riesgo- le advirtió ella esperando que sus palabras no hubieran sonado atropelladas.

-Creo que tomaré el riesgo.- rio por lo bajo mientras posaba una mano en su cintura y con la otra sostenía la mano de Elizabeth.

Eli dejó escapar el aire entre los dientes cuando él la acercó un poco más a su fornido cuerpo, sin dejar que se tocaran. Una dinámica e invisible electricidad comenzó a fluir entre sus cuerpos. Elizabeth soltó un jadeo de pura sorpresa. Acaso el extraño también sentía ese energía. De ser así lo disimulaba muy bien.

Él esperó inmóvil a que terminara de sonar una canción que iba por la mitad. Cuando comenzó la siguiente, con un ritmo suave y un pulso pausado romántico, él comenzó a guiarla con gran habilidad por la pista desierta.

Entre sus brazos parecía que fuera tan fácil bailar, incluso divertido. Elizabeth se dejó guiar por él, sin oponer resistencia, sin miedo. Las pequeñas lucecitas decorativas se transformaron en finas líneas aluminosas a su alrededor, volviendo el ambiente más cálido, y se reflejaban en el suelo de reluciente madera como si fuera un cielo estrellado espejado en un lago. Dejó caer su cabeza hacia atrás mientras soltaba una carcajada alegre. Sabía que el alcohol tenía mucha culpa en esa falsa felicidad que la embargaba, en esa euforia momentánea, pero estaba realmente disfrutando de ese momento con aquel completo extraño. Por un segundo estaba dejando de lado su miserable vida amorosa que la tenía sucumbida en las tinieblas de su maltrecho corazón y su ansiedad parecía estar momentáneamente bajo control. Una brisa corrió entre ellos, revoloteando entre la falda de su vestido y despeinando la peluca que él llevaba. Pero ese viento repentino removió algo más profundo en el interior de Eli. El aroma almizclado y mentolado que se desprendió del extraño hizo que se liberara una batalla en su interior. El recuerdo de aquel aroma inconfundible la arrolló como una bola demoledora. Su risa se detuvo de golpe, el vacío pareció aún más inmensurable y más difícil de contener. Se tambaleó como si una bala mortal la hubiera impactado en el centro de su pecho. Se abrazó al extraño rodeando con sus brazos su cuello, pegando su esbelto cuerpo al de él sin dejar ningún espacio libre y apoyando su cabeza en el fornido pecho de él.

El extraño apoyó una de sus manos en la nuca de ella mientras mantenía la otra firmemente en su cintura, sin dejar de mecerla al ritmo de la música.

-¿Puedo preguntar qué te sucede?- la cuestionó sin apartarla.

-Estoy herida.- soltó ella con una voz estrangulada.-

-¿¡QUÉ!? ¿DÓNDE? ¿TE HE HECHO DAÑO?-

El extraño sonaba alarmado. La mano de él que sostenía su cintura se crispó. Intentó apartarla para revisarla, pero ella se aferró más fuerte a su cuello. Era una ironía que él pensara que podía hacerle daño, eso era físicamente imposible dada su condición inhumana. Eli suspiró para darse valor.

-Es mi corazón. Estoy tan profundamente herida que mi mente últimamente me empieza a jugar malas pasadas. Estoy alucinando.- confesó entre sollozos.- Lo lamento, no pretendía asustarte.-

Él permaneció inerte por unos segundos. Elizabeth pensó que la dejaría plantada en medio de la pista y saldría corriendo pensando que estaba loca de remate. Pero en vez de eso, volvió a guiarla por la pista de baile sin perder el ritmo.

-Yo lo herí primero.- continuó Eli desahogándose al ver que él no preguntaba.- En ese entonces fui tan egoísta. Sólo pensaba en mis sentimientos, en lo que yo quería y no en lo que podía querer él. Lo arruiné todo.- ahogó un sollozo apretando su rostro contra el pecho de él. Cuando logró contenerse, continuó.- Creí estar enamorada de otro, o quería creerlo. Pero siempre fue él…siempre él. Como si mi sola existencia estuviera destinada a ser dedicada a amarlo a él y solo a él.-

Apenas soltó aquel patético discurso se arrepintió. Elizabeth se dio una patada mental en el trasero. Estaba en esa etapa de la borrachera en que no puedes refrenar ningún pensamiento en tu mente. Ella lo llamaba el vómito de sinceridad, mientras que Amy lo llamaba el estado de sincericidio. Bueno, ya que más daba. Después de todo era un completo extraño. Mañana ambos se olvidarían de haber tenido esa charla.

Para mayor sorpresa de Eli, él continuó con la conversación sin cambiar de tema. Tal vez sólo era demasiado educado.

-¿Qué te hace pensar que él es el único hombre que amarás en tu vida?- preguntó al fin.

Ella levantó su rostro para poder observarlo a los ojos. Pero la máscara del señor V que él llevaba, no revelaba nada de su rostro. Suspiró mientras seguía los pasos cadentes que él daba.

-Mi madre se enamoró de un hombre perdidamente. Ella siempre mencionaba que su vida, toda su razón de ser y existir estaba destinada a funcionar en son del amor por ese hombre…mi padre. Incluso luego de que él se marchara y la abandonara, aún con el pasar del tiempo y de que se casara con otro hombre, nunca más volvió a amar a nadie más.-

-Entonces, ¿crees que funcionará igual para ti?. Que ese hombre al que amas, ese hombre que se ha marchado, ¿es el único para ti?-

-Yo…yo- balbuceó Eli. En realidad eso era exactamente lo que pensaba. Pero afirmarlo en voz alta la hacía sentir como una romántica medieval. De pronto alzó su mirada hacia él con los ojos abiertos como platos.- Yo nunca mencioné que él se había marchado.

-¿No?- carraspeó el extraño algo nervioso.

-No- le aseguró Elizabeth mientras negaba con la cabeza.

-Bueno, lo supuse. Y al parecer no me equivoqué.- dijo él quitándole importancia.

Ella lo observó por unos minutos más con el ceño fruncido. Aquello había sido muy extraño.

-En fin, él se ha marchado por más que le he rogado que regrese, por más que he reconocido mi error. Ahora que está hecho pareciera que no hay nada más que decir…se ha ido sin esfuerzo alguno.-

-¿Crees que ha sido fácil para él?- preguntó el extraño.

Su voz sonaba algo alterada, indignada o más bien ¿enfadada? Elizabeth no podía estar segura ya que se distorsionaba por la máscara.

Ella se recogió de hombros y desvió su mirada dolida hacia otro lado.

-De cualquier modo él ha ganado. Me enamoré perdidamente de él y no consigo olvidarlo y sinceramente dudo que pueda hacerlo algún día, mientras que él probablemente ya pasó de mí. Si me amó ya me olvidó. Lo imagino al otro lado del mundo diciéndoles a todos lo feliz que es ahora que se deshizo de mí.-

Bailaron un rato más en silencio hasta que él habló primero.

- Sabes, el amor, cuando es así de fuerte, poderoso y real solo sabes que lo tienes hasta que lo pierdes. Tal vez te quiere dar una lección, quiere hacer que entiendas lo real que es ese amor que se tienen el uno por el otro. Es como dice esta canción- Se acercó a su oreja para cantarle cerca del oído una estrofa de la canción que bailaban.- Solo necesitas la luz cuando se está consumiendo. Ahora quizás sientes que necesitas amor…porque se está consumiendo-

Esa voz…aterciopelada, ronca, poderosa y aplastantemente seductora.

Elizabeth ahogó un gritito de sorpresa mordiendo las paredes internas de su boca. La voz de aquel extraño, su voz, al oírla más cerca creyó reconocerla. Apretó los párpados con fuerza, esa no podía ser la voz de él. Jasper la había rechazado, la había abandonado y ya no quería saber más de ella. ¿Por qué habría de asistir a su graduación? Y ¿vestido de incógnito de esa manera?, ¿Era solo una jugarreta de su mente? ¿Una cruel ilusión inducida por el alcohol? Como fuera debía asegurarse.

-Quítate la máscara.- exigió ella.

-Si me la quitara ya no sería una fiesta de mascarada. Perdería toda la gracia que averiguáramos nuestras identidades.- se defendió él.- No es mi culpa que lleves un antifaz tan revelador.- Se mofó del antifaz de encaje de ella que dejaba prácticamente todo su rostro al descubierto, fácilmente identificable. Antes de que ella volviera a protestar él continuó cantando y moviéndose con ella por toda la pista.- Solo echas de menos el sol cuando empieza a nevar. Solo sabes que la quieres hasta que la dejas marchar.-

-¿Quieres decir que él aún me ama? ¿Qué volverá?- preguntó ella esperanzada.

-Bueno. Dicen que sólo amas a alguien verdaderamente cuando eres capaz de dejarlo ir si así lo desea.-

-Él me dejó ir…porque me ama. Pensó que debía buscar mi propia felicidad porque yo le di a entender que mi felicidad no era junto a él.-soltó finalmente en un susurro quebrado mientras lo observaba con sus ojos verdes dolidos tras un velo de lágrimas que pugnaban por salir.

- Si ya lo sabes, entonces no busques más respuestas cuando ya las tienes. Él te ama…y te dejo ir.-

En el rostro de Elizabeth se dibujó un mueca de puro espanto.

Seguramente aquel extraño le había puesto alguna droga al licor porque de pronto, dejó de sentir sus extremidades entumecidas. El miedo la paralizó y se olvidó de respirar. Cayó inerte en los brazos de él, como una muñeca de trapo. El extraño enmascarado ordenó, con uno de sus dedos enguantados, un rebelde mechón cobrizo que había escapado de su trenza tras su oreja. Sin dejar de tocarla, acarició la línea de su mejilla hasta su mentón.

-Y yo te dejé ir…- susurró con su voz de barítonos.

O eso pensó Elizabeth. No podía estar segura de haber oído bien. Estaba demasiado atontada como para comprender lo que estaba pasando a su alrededor. La música se escuchaba cada vez más lejana. El extraño levantó la máscara de su rostro solo lo suficiente para revelar sus labios y su fuerte mentón.

-¿Jasper?...- logró pronunciar a duras penas, pero era una batalla ya ganada.

Las pequeñas lucecitas a su alrededor comenzaron a apagarse una a una. Los labios del extraño se pegaron a su cuello. Eran fríos como el hielo. Un escalofrío la recorrió desde la nuca hasta los dedos de sus pies. Sintió un dolor agudo seguido de un líquido caliente que se esparció por su cuello hasta aconcharse en su clavícula. El olor a sangre invadió sus fosas nasales y provocó que sus pupilas se dilataran mecánicamente. Quería gritar, pero su voz estaba atorada en su garganta, estaba demasiado débil. Sus ojos se llenaron de lágrimas que pronto bañaron sus mejillas. Ya conocía esos labios fríos, mortíferos y feroces. Deseaba besarlos todas las noches cuando estaba en la completa soledad de su habitación. También conocía la sensación de los dientes clavándose en su piel y conocía solo un vampiro, tan ansioso como ella, que no deseara nada más que su sangre.

Sus párpados se volvieron demasiado pesados como para mantenerlos abiertos y, sin previo aviso, se sumergió en la oscuridad de su inconsciencia.


Fin del capítulo.

¡Por Carlisle santísimo! A ustedes les queda la misma duda que a mi ¿verdad? ¿ese extraño ha sido Jasper o solo un extraño muy peculiar?

Nuevamente nuestra Eli cae en la inconciencia. Esta chica está echa para los desmayos.

Qué tal les ha caído el chico de la Push?

Ya me contarán ustedes que les ha parecido este nuevo capítulo dejándome uno de sus jugosos Reviews que tanto me alegran el día. Saben que son mi único sustento ;)

Ya saben que estoy subiendo seguido, así que nos leemos pronto. Las adoro!

Respuesta a los RR (Reviews) sin cuenta:

Prisgpe: Verdad que se ha impuesto un autotortura? Ni yo me lo logro explicar. Pareciera que estuviera en un retiro espiritual ajajajaja. Creo que todas nos preguntamos lo mismo. Eli parece estar sin rumbo sin Jasper, pero tampoco está poniendo en perspectivas las cosas. El amor no lo es todo, también tiene una vida y gente que la ama. Espero que pase pronto esta transición de adolescente a mujer para que se estabilice. Muchos cariños y gracias por tu comentario ;)

Melychile: Siii! Es muy triste el capi. Se puede saborear un poco de la desesperación por la que está pasando nuestra querida Eli. Esa desesperación la está llevando a tomar malas e irrazonables decisiones. Esperemos que en los capítulos venideros logre revertir esta penosa situación que tiene a todos los Cullen sumidos en las sombras. Muchos cariños y ya nos leemos.

Krosp: Mi queridísima Krosp. Te contesto por aquí porque la última vez tuvimos problemas con fanfiction y no pudiste acceder a tu cuenta. Tu comentario era ridículaencantadoramente laaargo ajajaja pero curiosamente son los que más me emocionan. Yo también te extrañaba. Es muy duro estar desconectada de personas que te leían tan a menudo y con las que tratabas prácticamente semana a semana. Casi un año sin leernos. Eso es más que BASTANTE. Pero ya estoy de regreso y vez que actualizo aproximadamente cada dos semanas. Un besote y no nos perdamos más! Nos leemos en el siguiente comentario. Besotes.

SALESIA 1: Mi querida Salesia, nena, yo batí el record de la historia más larga en concluir de todo fanfiction, pero tú te llevas definitivamente el galardón por los RR más extensos. Mira que no me quejo porque los disfruto a concho ajajajaja. Opino igual que tú, a Eli lo que le faltan son unas buenas nalgadas para que aprenda de una buena vez cuales son los límites de sus reacciones. Carajo! Que el mundo no gira en torno a ella. Hay gente que tiene que respetar partiendo por su propia familia. Jasper definitivamente le está dando una lección. Esperemos que no dure tanto, ya lo extraño a morir ajajaja. Un besote y nos leemos pronto, te adoro!

SALESIA 2: Va por partida doble, COMO TE AMO! 3 No puedo creer que te hayas releído toda la historia. Pero cuantas horas te has pasado sentada! Aajajaja ya pronto te envío un quit de emergencia con un crayón para que te dibujes la línea del trasero nuevamente jajajaja. NA! Fuera de bromas, me siento sumamente alagada, es todo un mérito leer tanto. Me fascina lo capciosa que puedes llegar a ser. Probablemente eres de las pocas que se acuerda de ese detalle que puede tener tanta significancia en el futuro desenlace de esta historia. Por lo pronto no te puedo revelar más, pero tus cuestionamientos van por buen camino, y el guapetón de Gabriel probablemente nos vuelva a sorprender con una aparición o.O (YA! ME CALLO!). Un abrazo de oso al estilo Emmett, espero nos leamos pronto.

Viv: Hola! Esa carta también me tocó el corazón. Eli está sufriendo muchísimo y pareciera no haber escape a ese sufrimiento. Te ha conformado lo que le ha respondido Edward a Elizabeth con respecto a lo de los estudios? Ya me contarás en un próximo comentario. Muchas gracias por leer Viv, besos!

P.D: Si quieren que un extraño las muerda en el cuello sensualmente en la última Luna de Sangre, pues qué esperas, dale al botoncito Post Review.