La cita de Bulma, la promesa de Goku

Capitulo 7: Encuentro de titanes

Las enormes manos del humilde guerrero que seguramente firmó su acta de defunción en el momento en que se ofreció a alivianar el dolor de la espalda de Bulma, frotaban diferentes aceites alistándose para el masaje a lo que él creía "una deidad".

A lo lejos, oculto bajo la sombra de un árbol se encontraba el solicitante de la fatídica cita. Mentalmente analizó como se habían dado una a una las situaciones. Se reprochó el haber sido tan insistente con Goku, pero ¿Cómo en su sano juicio podría llegar a imaginar que le ofrecería a la mujer de un celoso asesino a sangre fría? Obviamente Goku carecía de sentido común.

En el momento en el que el ki de Goku y del pequeño guerrero semi saiyajin Trunks, se aparecieron en el planeta, los sentidos del supremo estaban a flor de piel pero lentamente se tranquilizo y es más, se alegró al ver que solo ellos dos habían aparecido. Vegeta había optado por enviar una especie de emisario en busca de su mujer, habiéndose quedado "tranquilo" en la Tierra. Suspiró seguro de que una fuerza tan sobrenatural como su título estaba cuidando de su espalda, hasta el momento en el que oyó claramente como la molesta fémina de ojos azules echaba casi a patadas a su gran amigo Son Goku.

Ahora no podía entender cual era el brillante plan de Bulma, esos hombres tendrían que librar terrible batalla de la que probablemente no saldrían victoriosos. ¿Metería sus narices nuevamente? ¡No! Si alguien tendría que estar metido en plena batalla… ese era el inocente Goku. Se sintió levemente mal cuando notó que estaba sacrificando la vida de inocentes luchadores para salvar su pervertido pellejo… quizá lo mejor era empacar su bolita de cristal y botellas de whisky y mudarse lo más rápido posible. ¡Gracias a Kami Vegeta jamás aprendió la teletransportación!

Al momento de despertar de sus pensamientos tanto el saiya de clase baja como el niño no se encontraban presentes. Lo más probable es que estuvieran comunicándole al feliz marido que su mujer no quería volver. ¿Vendría a llevársela a rastras?

En la Tierra, Vegeta en un estado por suerte nunca antes visto ya había decidido que hacer. Luego de tantas horas de deliberación, después de tantas idas y vueltas, de tantos insultos y ataques mínimos mal planeados, ya estaba completamente seguro de que no soportaría un minuto más de estupideces de humanos. Si algo le habían enseñado todos esos horribles años como mercenario espacial era que si quería algo bien hecho debía hacerlo él mismo. Por derecho, y todos esos años soportándose el uno al otro, y que ya la hubiera reclamado como SU mujer hace buen tiempo declarado, no tenía opción de quedarse allá. Era su obligación regresar con él a su hogar, aunque tuviera que arrancar un par de cabellos azules en el intento. No tenía ningún derecho de estar acompañada por sabandijas y además escasa de ropa. La gota que rebalsó el vaso fue enterarse por su pequeño e "inocente" hijo que uno de ellos se atrevería a tocarla. Hemos llegado a un claro límite.

En ese momento la llamarada dorada que desprendía el furioso cuerpo de Vegeta comenzaba a consumir el papel tapiz de la pared de la cocina. A su derecha Goku pudo ver como claramente las cortinas y el palo de madera que la sostenía era corroído por el incesante fuego para luego caer al suelo. – "Milk estará furiosa cuando regrese." - Pensó. Sin duda la relación de los saiyajin con sus mujeres nunca es muy convencional que digamos.

Sus músculos palpitaban, internamente Vegeta sentía su cuerpo calentarse, su frente ardía y como nunca parecía que un Janemba se había sentado sobre su pecho. Se apresuró apoyando su enguantada mano en el hombro de su compatriota y este lo miró a los ojos, Vegeta gruño y asintió con la cabeza, quería estar allí de inmediato.

Goku titubeo, como siempre pensando en el bienestar de todos en ese planeta. Obviamente no quería cargar sobre sus hombros el peso de la muerte y destrucción en un planeta entero, solo por que no pudo detener los celos de vegeta. Repentinamente su cuerpo comenzó a caer hacía un costado mientras Vegeta impaciente apretaba su hombro haciéndolo crujir.

-¡Ay!¡Ay!¡Ay!¡Ay! – Gritó el más joven quejándose tratando de quitarse la mano de encima.

-¡¿Qué esperas idiota!? ¿¡Un maldito desfile!? –

-¡¡Ah!! ¡Tranquilízate Vegeta! ¡Me duele! – Gritó ya en el suelo.

-¡Pues si no te apresuras no será lo único que te duela! –

-¡Bien! – Exclamó y el super saiya liberó levemente su agarre. – Que temperamento. – Murmuró y nuevamente sintió el apretón, acompañado por un sonoro gruñido.

Ciertamente estaban haciendo uso y abuso de sus poderes. Estaba bastante débil por haber echo una y otra vez esa técnica que un día en un planeta lejano había aprendido

Goku colocó dos de sus dedos justo encima de su ceja, sudó levemente, respiró con profundidad y se concentró en su meta. El planeta supremo.

Otra vez el característico sonido de la técnica se fusionó con la desaparición de los cuerpos de los guerreros, y su seguida aparición en destino.

-Ya era hora. – Espetó el saiya girando sobre sus talones. Sin demora localizó el pequeño ki de su mujer y encerrando uno a uno, un puño dentro del otro hizo que sus huesos sonaran.

-Espera un momento Vegeta, no quiero que come-

El aire escapó de su boca y estomago al momento de recibir el certero golpe del príncipe. Calló sobre sus rodillas y perdió la respiración por unos segundos, solo para terminar perdiendo la conciencia segundos después. Vegeta se volteó otra vez. – "jaja Idiota, es la segunda vez que cae." – Se burló mentalmente cuando escuchó no muy lejanos unos quejidos familiares. El sonido era muy parecido al que Bulma producía al tener relaciones, no podía ser posible que estuviera sucediendo allí mismo debajo de sus narices. Reubicó el ki y comenzó a marchar a su encuentro.

Debajo del cielo violeta acostada sobre una camilla blanca y cubierta solo por una toalla a partir de la cadera, se encontraba la fuente de todo el problema. La brillante científica Bulma Briefs gemía de placer al sentir como su contracturado torso se alivianaba considerablemente de toda la tensión que traía encima hacía una semana al menos. Por supuesto que la humana no tenía la habilidad de sus amigos de percibir y reconocer presencias, por lo que no pudo notar el momento en el que llegó su esposo al planeta. Sinceramente lo había olvidado por completo cuando aquel guerrero comenzó su trabajo sobre su adolorida espalda

Vegeta se retorcía internamente mientras caminaba silencioso por la espalda del guerrero, la mujer mantenía los ojos cerrados mientras el otro frotaba su blanca piel. Se detuvo en seco cuando la fémina subió el tono de voz:

-Uhmm… más fuerte, no tengas vergüenza. Sigue. – Pidió al sentir esa fantástica forma de masajearla.

Para ese momento el autocontrol de Vegeta había huido despavorido no queriendo estar en presencia de lo que iba a ocurrir. En un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba a su lado respirando en la espalda del tonificado masajista. Sin pronunciar una palabra tomó la muñeca de su pobre victima y este lo observó confundido. De su boca solo pudieron escapar monosílabos desordenados cuando el rubio comenzó a pulverizar los huesos de la despreciable mano.

Bulma se extrañó por la falta de tacto sobre su espalda y giró su rostro para ver la fuente del sonido y al abrir los ojos se sorprendió al ver la sádica mirada del saiya al hacer que aquel sujeto se sufría para liberar su extremidad.

-¡Vegeta! – Gritó y este no prestó atención al llamado. - ¿¡Que diablos estás haciendo!? – Se levantó de la camilla e inmediatamente cubrió su busto, tomó la toalla y la anudó a su cuerpo, como si acabara de salir de la ducha.

El príncipe soltó al hombre, quien inmediatamente se lanzó a correr. Estaba estático, la mujer estaba completamente desnuda.

-¡¿Y TU QUÉ DIABLOS HACES DESNUDA!? -

-¿Eh? – Imitó inocencia y se sentó sobre la camilla. Su esposo inspeccionó su cuerpo incredulo, ¡no era posible que estuviera desnuda! Pero la corta toalla y la minuciosa inspección lo llevaron a un desagradable hallazgo. La mirada celeste del príncipe se ensanchó y torpemente señaló su muslo. -¿Qué sucede? – Preguntó en voz baja y observó el espacio señalado.

-¿Me puedes explicar que es eso? –

Un pequeño moretón de aproximadamente unos cinco centímetros de diámetro se dibujaba en la pierna de la mujer. Gracias a la vida plagada de luchas del saiyajin tenía una muy buena idea de lo que eran los moretones y como lucían. Las pequeñas marcas rojas alrededor fueron lo que le hicieron notar exactamente lo que eso era. Su repugnancia se reveló con un movimiento rápido de su labio superior. Esa marca en su cuerpo fue provocada por succión… la succión de la boca de alguien.

Los azules ojos de la fémina se agigantaron ante el descubrimiento de su marido.

-¡Te juro que no tengo idea de cómo llegó eso ahí! -

-¡Ah! ¡Que conveniente! – Gritó exaltado haciendo alusión con las manos.

-¡Estoy diciéndote la verdad! ¡Tienes que creerme! –

-¿Me crees un idiota? ¿¡Quien demonios te hizo eso!?

-¡Probablemente tú! – Contestó levantándose nuevamente tomando la corta toalla.

-¡CREO QUE LO RECORDARIA! ¡No soy ningún idiota!

-Entonces no tengo idea de cómo—

-¡Deja de hacerte ya la inocente! ¡Hasta hace un momento estabas rodeada de sabandijas! ¿¡Por que no les preguntas a ellos quien te lo hizo!? ¡Tal vez ellos puedan responder por ti! –

-¡Deja ya de gritarme e insinuar estupideces! ¡Tú fuiste quien provocó todo esto!

-¿Yo? ¡No digas tonterías! Yo no te pedí que fueras infiel. –

-¿¡INFIEL!? – Gritó exaltada la fémina y sin querer entre tanta tensión dejó caer el trozo de tela blanco al suelo.

Un murmullo se hizo presente a unos metros, el matrimonio extraño el ceño y se voltearon al lugar de donde provenía. El grupo de guerreros traído por de estrangulada mano observaban la pelea marital bastante entretenidos, para luego irse en comentarios murmurados al momento de caer lo único que cubría la desnudes de Bulma.

Vegeta no podía permitir que observaran su posesión de esa manera tan descarada, un chillido de la peliazul se siguió de un torpe intento por cubrirse con sus manos. Consideradamente su esposo la cubrió con sus brazos de la multitud expectantes.

-¿¡QUE MIERDA MIRAN BASURAS!? – Los hombres retiraron la mirada de la avergonzada mujer.

Bulma bajó la cabeza totalmente ruborizada.

-Al menos al momento de irte estabas vestida. – Comentó indignado. Con un movimiento de su mano tomó la tela y cubrió la desnudes de su mujer.

-Gracias. – Murmuró mirándolo a los ojos.

Vegeta corrió su mirada y se alejó. – Mas que agradecerme deberías pedirme disculpas mujer. –

La científica se infló de impotencia. - ¿Yo a ti? -

-¿Estas sorda? ¿Quieres que te lo repita? –

-Si no fuera por tu tan brillante idea de dejarme aquí abandonada esto no hubiera ocurrido. –

-Que descarada eres. Tu eres la que ha estado insoportable toda la semana, debería dejarte aquí para siempre.-

-¡Estaría loca si quisiera volver! –

-Veo que estás muy cómoda con estos imbéciles. –

-No sabes un carajo Vegeta. –

-¿Y donde diablos esta tu ropa? ¡Estoy harto de verte vestida con esa porquería! –

-"¿Mi ropa?" – Pensó e hizo memoria. – Ya recuerdo, el supremo Kaioh me la quitó. –

-¿Qué dijiste? - Cuestionó en un gruñido.

En ese momento lo recordó perfectamente, aquel momento en el que el pequeño hombre de piel lila se prendió de la pierna que el tajo de su vestido dejaba al descubierto. Y justo en ese momento tomó la mala decisión de besarla. –¡Ya lo recuerdo! – Espetó colocando un puño sobre su palma abierta con una sonrisa en el rostro. - ¡El viejo se agarró de mi pierna y me besó! Así fue como ocurrió. –

-¿¡Y por que estas tan contenta?! ¿¡Acaso lo disfrutaste!? –

-¡Si estoy contenta es por que ya se como llegó eso ahí! ¡¿Crees que tengo tan mal gusto!?

-Bien, ¿Dónde está el diocesito? – Dijo y tronó las vértebras de su cuello.

-No lo sé, se desapareció hace un tiempo. Y que extraño viniendo de ti ¡Me estás ignorando otra vez! –

En los planes de distracción de Bulma, no jugaba un papel importante el "chupón" que tenía en la pierna. Por lo que no pudo anticipar que su marido buscaría la presencia divina de Rou Kaioh. Vegeta se volteó y miró de derecha a izquierda, y no muy lejos encontró el ki que buscaba. – Con que allí se oculta el viejo decrepito. – Comentó caminando hasta el frondoso árbol cuya sombra y tronco lo ocultaban.

El supremo se comía las uñas hasta llegar al hueso, frenético por la inminente llegada de su seguro asesino. Optó por salir… o al menos dejar de ocultar su cabeza y blanquecina cresta.

-¡Prometiste que no me pasaría nada si hacía lo que me pedías! ¡Haz algo! –

-¿De que habla? – Cuestionó Vegeta sin voltearse.

-No tengo la más minima idea. –

El supremo la miró asombrado, para luego girarse al tenebroso rostro que no detenía su marcha. Volvió a su inseguro escondite para luego de un segundo asomar la cabeza por el otro extremo.

-¡Cálmate muchacho! Ya ves que no ha pasado nada ¡Bulma esta en buenas condiciones! ¿Por qué te preocupas tanto? Se te subirá la presión si no tienes más cuidado. -

Felizmente Vegeta llegó al frondoso escondite. Con una mano tomó una rama y sin mucho esfuerzo la desligó de la tierra, quedando sus raíces en la superficie y más bien en el aire. Sin más arrojó el árbol… cayendo del otro lado sobre un pequeño guerrero de piel verdosa.

Al verse al descubierto el Dios comenzó a temblar, se postró contra el suelo y colocó sus manos en forma de suplica. Hace mucho tiempo el príncipe no se sentía tan realizado, poniendo al borde a una criatura "inferior", dejando de lado el hecho de ser una entidad divina. Sin lugar a duda le agradaba la situación. Cruzó los brazos a la altura del pecho y habló:

-Veo que quieres decir tus últimas palabras. Apresúrate, no tengo todo el día. -

-¡Las galaxias necesitan un Dios! ¡Por favor Vegeta ten misericordia! –

-¡Ja! Es como intentar sacarle agua a una roca. – Espetó Bulma a sus espaldas.

-¡Tu no te metas! Suficiente escándalo has causado ya para un día. Pero que mujer tan problemática. –

-Tienes toda la razón, y no sabes por todo lo que me ha hecho pasar en tu ausencia, es un dolor de cabeza y además no tiene idea de cuando debe callarse. –

-Últimamente contesta a todo con gritos, es insoportable. –

-¡Y siempre tiene algo de que quejarse! – Continuaba el dios intentando ponerse de su lado.

-Así es, solo ella sabe sacarme de mis casillas de esta manera. –Hizo una leve pausa y continuó. – Bien, ya te despediste. Ahora al grano. – Sonrió para agarrarlo de sus ropas.

El supremo cubrió su rostro y emitió una serie de gritos y pataleos inservibles, nada de eso ayudaría ahora que enfrentaría su muerte. Fue entonces cuando un sollozo se oyó a sus espaldas, parecía ser alguien llorando. El sonido capturó la atención del par de hombres quienes extrañados se voltearon.

-¿Por qué diablos lloras ahora mujer? – Cuestionó el príncipe alzando una ceja.

La peliazul limpió su rostro y encogió los ojos. Sin embargo continuaba llorando sin responder. No tenía sentido.

-¿Qué sucede? ¿No quieres que lo asesine? ¿Es eso? – Nuevamente lo privó de una respuesta. La desconcertante situación lo estaba molestando por lo que cuestionó en un tono más alto ésta vez. - ¿¡Qué demonios te sucede mujer!?

-¡Si tanto te molesto por que no te vas y me dejas sola! –

Vegeta se preguntó desde cuando a su mujer le afectaban tanto un par de palabras de su parte. Ciertamente era la primera vez que se portaba de esa forma con él.

-¡Tal vez debería hacer! ¡Gracias por la buena idea!

-Cálmate muchacho, esa no es forma de tratar a una mujer embarazada. - Inmediatamente Vegeta giró su rostro al del supremo y Bulma dejó de llorar. - ¿Eh? Los cambios de humor son normales en las mujeres… ya saben… las hormonas y todo eso. –

-Repita lo que dijo. – Pidió el que lo sujetaba con firmeza.

-Las mujeres terrícolas sufren de un exceso de hormonas cuando—

-¡No! ¡Maldita sea! ¡Antes de eso! –

-¿Lo del embarazo? ¿Qué no lo sabían? –

El príncipe soltó sin delicadeza al dios y se volteó a la fémina que aun se cubría con la toalla. -¿Tu lo sabías? – En respuesta negó con la cabeza. Lentamente se acercó a ella y ella imitó su acción.

-Será mejor volver a casa. – Dijo Bulma en un tono sereno.

-De acuerdo. –

Por su parte el supremo se felicitó, sería mejor no molestar en lo más mínimo a Vegeta antes de que se marchase a su planeta. No pudo evitar preguntarse donde se encontraría su "transporte". –Oigan ¿Dónde está Goku? –

-Está tirado detrás de aquellos arbustos. – Contestó alzando el dedo índice.

-¡Vegeta! ¿Que le hiciste? -

-Relájate, solo está dormido. – Esbozó su típica sonrisa ladeada.

Bulma se acercó a su amigo y luego de un par de palmadas en el rostro no lograba despertarlo. No fue hasta que Rou Kaioh ansioso por verlos partir le arrojara un balde de agua fría que logró sacarlo de su sueño.

Después de una pequeña explicación la pareja y el insensato amigo estaban listos para partir. Goku, cansado de realizar tantas veces su nefasta técnica, colocó dos dedos de su mano derecha sobre su frente.

-¿Listos? –

-Espera. – Dijo Vegeta y sonrió al veterano que los saludaba con la palma de su mano, y detrás de él, todo el grupo de atentos guerreros del más allá que habían servido a su mujer. Alzó entonces su mano libre, la restante se sujetaba de las ropas de Goku. Creó una enorme esfera de energía, hondeó su extremidad y la lanzó al aire. Los gritos de los actuales pobladores del reconstruido planeta supremo no se dejaron esperar. La caída de la esfera destructiva era inminente.

-Listo. – Espetó el príncipe satisfecho y Goku con los ojos agigantados se apresuró en realizar su vanagloriada técnica.

Una vez en la Tierra, Vegeta alzó a su mujer y la llevó a su hogar. Justo como debía ser y por supuesto… después de una pelea como esa, debían darse el lujo de entregarse a una titánica reconciliación.

Goku le sonrió al estrellado cielo, por fin el día había terminado, cumplió su promesa y su deuda estaba completamente saldada. Se preocupó por lo que ocurrió en el planeta antes de retirarse. – Espero que todos hayan sobrevivido. – Dijo y colocó las palmas de sus manos en la nuca, se giró sobre sus talones preparado para volver a su tibio hogar.

La sangre que recorría sus venas se congeló en un instante, justo cuando esa condenada voz avejentada se hacía escuchar en el aire.

-Goku ¿Me escuchas chico? –

-"Tal vez si pretendo que no lo escucho, se canse y se vaya" – Pensó Goku tratando de disimular su intranquilo estado.

-Goku. ¡Goku! –

-"No lo escuchas… No lo escuchas… No lo escuchas…" –

-Ya se que me escuchas Goku, si quiero puedo leer tus pensamientos. – Dijo el dios con los ojos a media hasta.

-¡Ah! ¡Supremo Kaioh!... Que gusto escucharlo de nuevo. – Renegando sus últimas palabras.

-Lamento importunarte otra vez chico. –

-¿Qué pasa ahora supremo? –

-Goku, creí que eras un hombre de palabra. Me has decepcionado mucho. –

-¿¡Que!? ¿¡De que habla!? ¡Yo cumplí mi promesa! ¡Lo hice! ¿¡Que más quiere!? – Gritó al borde del llanto.

-Lo que pasa es… -

-¡¿Qué?! –

-Aún me debes una foto.-

FIN.

Y llegamos al final del fic =) Ha sido uno de mis favoritos de escribir, lo juro. Espero que se hayan divertido tanto como yo ^^ Ya saben, cualquier crítica o sugerencia, o solo saludo, pueden dejarme un review. Nos vemos en otro fic!

Atte. Nadeshico