En su mente.

Rukia: Remembranzas bajo la lluvia

Lo tenía ahí, con la cabeza apoyada en sus rodillas, tendido en el suelo y la lluvia cayendo sobre ellos, lavando el cielo y sus corazones.

Había caído sobre ella, agotado, tras pelear con el Big Fish, frustrado por no haber acabado con él y haber dejado a sus propios demonios a medio exorcizar.

Y ahí estaba ella, reviviendo recuerdos del pasado. Un pasado que creía enterrado, pero que se había desempolvado desde que Ichigo había aparecido en su vida o ella se había aparecido en la de él.

"Solo diré que Rukia-chan esta en la edad" o "no soy capaz de separar a una pareja tan prometedora", le había dicho Saidou Ekichi.

¿Cuánto tardarían en la Sociedad de las Almas en saber que ella había entregado sus poderes a un humano?

Un par de días quizás...

Miro a su regazo y sintió en su propia alma el dolor que su compañero había sentido.

El destino era una cosa graciosa, penso.

¿Seria esta una nueva oportunidad para ser feliz ¿seria su felicidad aquel ser que descansaba apoyado en sus rodillas y con el que había compartido tanto en tan poco tiempo?

Una vez amo a alguien. Idolatro a alguien, envidio a la que era su mujer, las atenciones y demostraciones de afecto que este le profesaba. Quiso ser aquella mujer con todo lo que aquello significaba. Pero el castigo por añorar tal alegría se abatió sobre ella: con sus propias manos le había arrebatado la vida al objeto de su afecto, a su Dios... a Shiba Kaien.

Lloro hasta secarse, grito hasta que su voz se transformo en una letanía monótona y sin fuerzas, convirtiéndose en la persona que había sido hasta hace poco tiempo atrás: fría, racional, pragmática y correcta.

Volvió a mirar a Ichigo.

Gracias a él había vuelto a sonreír.

Su torso estaba al descubierto. ¿En que momento le había quitado el kendogi? Se lo había sacado por inercia y la lluvia había lavado sus heridas.

Su cuerpo más que su mente habían reaccionado a la necesidad de curarle las heridas, a ser de ayuda más que un estorbo, a demostrarle y vanagloriarse, cuando abriera los ojos, de su excelente manejo del kidoh...

¿O tal vez era por otra cosa?

"Oh Kurosaki-kun – le diría con esa voz falsa de muchachita light que a él tanto disgustaba – pense que no pararías de hacer el vago y dormir, roncas muy fuerte, tu futura esposa no te aguantara..."

De seguro se enojaría. Había descubierto que le fascinaba hacerlo enojar y mas aun, ver que él no podía hacer nada por evitarlo más que gruñir.

Miro su rostro, relajado, con el ceño sin fruncir. Que diferente se veía.

Hasta antes de este incidente había creído que Ichigo había nacido sin sonreír. Pero se equivocaba. Y aunque no había querido preguntarle y entrometerse en su vida, él le había dado a entender que algún día le contaría el porque y el origen de muchos de sus comportamientos y manías.

Al parecer no era la única que había tenido una vida miserable. Lo ocurrido con la madre de Ichigo era aun peor que crecer sin conocerla, como a ella le había pasado. Lo único que sabia y que le había contado la dulce viejecita que la había criado hasta los siete años era que una mujer muy parecida a ella la había abandonado a la entrada de su choza. Mucho tiempo después cuando fue adoptada por la familia Kuchiki, vio por primera vez el retrato de Hisana, la esposa de su hermano y la duda se instalo en su mente¿seria Hisana su madre¿un pariente cercano quizás? Nunca lo sabría.

Lo único que sabia era que en los ojos de Ichigo parecía ver la misma tristeza que la gente decía ver en sus ojos violeta.

Era sabido por todos, a pesar de su carácter huraño, la popularidad que el pelinaranjo tenia especialmente entre las chicas, aunque entre chismes de pasillo y de recreo nunca había escuchado el nombre de alguna muchacha que hubiera sido novia de Ichigo, solo había algunos rumores sobre Tatsuki…

¿Pero que demonios le importaba a ella que el bello durmiente tuviera un harem o un fansclub suspirando por él?

Ella era solo su... como decirlo... asesora en la casería de hollows, su compañera...

"Aunque te mueres por ser algo mas ¿no?" le decía su conciencia.

Tan ensimismada estaba en su pensar que no se dio cuenta de lo que hacia. Sus manos recorrían la mandíbula del chico, moviendo con autentico placer sus dedos por su cabello anaranjado para después dirigirse a su barbilla, recorrer el puente de su nariz, su frente, sus labios...

Las alejo como si le hubiera dado la corriente, pero aun así no podía dejar de mirar su rostro. Se veía tan relajado, calmo y sereno, idéntico a...

No. ¡Cuantas veces tienes que repetirte a ti misma, idiota, que Ichigo no es él, que no le llegara ni a los talones!, que...

Que lo que sentía por ambos era totalmente distinto... pero a la vez parecido.

Que mientras estuvo vivo, Shiba Kaien, ella se sentía como en un sueño, anestesiada por la dicha, feliz de obedecerle y estar con él... en cambio Ichigo...

No obedecía ni entendía razones, realizaba todo sin pensar, era un desconsiderado, falto de tacto y la única manera en que ambos se "entendían" era discutiendo, gritando y golpeándose.

Aunque después de cada bronca ella se quedara con ganas de seguir discutiendo, de seguir golpeándolo, de que la tomara por la cintura y la atrajera hacia él, que la mirara con sus ojos cafés y le robara un beso apasionado y tortuoso, como los de las películas que había visto en casa de Inoue junto con las demás chicas...

"A eso se le llama deseo – le decía su conciencia nuevamente, que se comportaba, hablaba y lucia como su yo falso y superficial que mostraba delante de sus compañeros de clase – y Saidou tenia razón: te mueres por experimentar los placeres de la carne con este humano y poner en practica esas tretas románticas que lees en los libros que Kunieda-san te presta..."

No es verdad, no podía ser verdad.

Sus manos habían viajado hacia la herida, sin tocar la piel, distanciadas un par de centímetros, concentrándose y pronunciando el rezo correspondiente.

Era mejor que se dedicara a eso antes que seguir divagando sobre su estado emocional. Era Kuchiki Rukia y no podía darse el lujo de una debilidad semejante. Enamorarse de un humano. Que tontería.

Tras un par de minutos la magia había dado resultado, las heridas habían sido selladas y sin un atisbo de cicatrices. Ichigo parecía respirar mejor y había recuperado algo de color. Su amplio tórax subía y bajaba rítmicamente al compás de cada respiro y no podía –o no quería – dejar de mirarlo. Embelesada, sintiéndose culpable pero a la vez fascinada. Antes había visto a hombres semidesnudos, en su escuadrón por ejemplo, pero no era lo mismo.

Sus manos volvieron a bajar tímidamente, hasta apoyarse en su totalidad sobre su pecho, deslizándose por el, acariciando cada músculo en un lento descenso por su abdomen. Fantaseo con las consecuencias de tirar el lazo que sujetaba el hakama, viendo que había debajo.

Pareció rescatar un poco de cordura cuando un suspiro por parte de Ichigo la puso en alerta. ¿Que había sido eso, un simple suspiro o un gemido de placer?

Enrojeció violentamente como si hubiera sido pillada en una travesura y decidió alejar sus manos. Volvió a mirar su rostro y sus labios entreabiertos...

Su último atisbo de cordura recuperada se fue al carajo.

Descendió lentamente, sintiéndose arder por dentro, mientras depositaba aquella anaranjada y testaruda cabeza en el suelo para poder acercarse mejor. Un nudo de tensión se había alojado en su estomago y respiraba lentamente, como temiendo despertarlo. Primero solo rozo sus labios, como una caricia, cerrando sus ojos, para finalmente posarlos y apretarlos contra los de él. Se disponía a separarse cuando sintió que los labios de Ichigo ejercían presión bajo los de ella. Entreabrió los ojos y lo vio durmiendo, pero aun así él le devolvía el beso, cadenciosamente, invitándola a entreabrir sus labios para él.

Estoy soñando – penso – no puede ser, pero es verdad, este escalofrío que recorre mi cuerpo y que siento es real...

Solo supo que le siguió la corriente y correspondió a su intensidad, que se quemaba en el ardor de aquel beso, que el nudo en su estomago se soltaba y se dejaba llevar; pero que también una opresión en su pecho crecía: era pena, dolor, alegría, amor o una mezcla de todas ellas. Creía saber que era. Era la primera vez, en mucho pero mucho tiempo en que alguien le dedicaba una expresión de afecto, que le consideraban un ser con sentimientos y no una simple entidad exterminadora. Y aunque no sabía a ciencia cierta si Ichigo estaba consciente o no, aquel momento de intimidad la desarmo. Despego sus labios de los de él y lo vio a través de sus ojos llorosos, sin poder evitar que una lagrima cayera sobre la mejilla del chico.

Se irguió y limpio la cara, toco su boca como tratando de retener aquel instante que se vio obligada a interrumpir, agradeciendo mentalmente que Ichigo no despertase.

-Rukia... – lo escucho murmurar, se sobresalto y pregunto si se había dado cuenta de lo que había sucedido.

-¿Si?

-¿Paro de llover? – le pregunto con los ojos cerrados y voz cansada.

-Si, paro hace un momento – les contesto, secándose las lagrimas, sintiendo sus mejillas arder.

-¿Entonces porque hay una gota de agua en mi mejilla?

-Es una lágrima.

-¿Tuya?

-¿Y de quien mas va a ser?, tonto - se levanto evitando a toda costa mirarle – levántate de una vez... o es que acaso Kurosaki-kun aun quiere ser el pequeño bebe dormilón que ronca sin parar. – le dijo, picándolo y haciéndolo enojar.

-Yo no ronco... – se mira el pecho – ¿porque estoy desnudo?

-Semidesnudo – le aclaro Rukia – tuve que curarte la herida, imbécil.

-¿Estas segura? – le pregunto el pelinaranjo mientras se tocaba el pecho en el lugar donde debería haber estado la herida y después se llevaba los dedos a los labios.

-¡Por supuesto¿a que viene esa pregunta?! – le grito enfadada, mirando la extraña expresión que había tomado su rostro. Tras unos minutos de silencio él le respondió.

-Me siento demasiado bien... relajado – la miro interrogante – ¿estas segura que no hiciste nada mas conmigo?

-¡Ya te dije que solo te cure la herida con mi Kidoh!, que por lo demás es excelente como ya sabias.

-Si, si, ya se que eras una sabihonda en tu instituto en la Sociedad de las Almas, pero deja de dar lata y pásame mi kendogi

-Pues recógelo tu mismo, que no soy tu criada, yo iré a ver como esta Kon y tus hermanas...

Se giro y comenzó a caminar. Aun escuchaba las quejas de Ichigo a sus espaldas.

Se llevo las manos a sus labios y cerro los ojos. El suave calor del riatsu de Ichigo parecía haber quedado pegado a su alma, confortándola, llenándola.

No, no puedes enamorarte Rukia – se dijo a si misma – tienes que eliminar dichos sentimientos o terminaras herida nuevamente, o aun peor, lo herirás a él...

Pero como podría hacer aquello cuando aquel cuerpo falso se estremecía como si de un cuerpo real se tratase de solo imaginar a Ichigo volviéndola a besar, a tocar...

Ahora solo le quedaba seguir adelante, sin flaquear, se lo debía a ella misma y a Ichigo, sobre todo a él.

Miro al cielo nocturno. Vio que se había despejado y aparecían las estrellas.

Sabia que su decisión le costaría, pero no vasilaria, seguiría al lado de Ichigo hasta que su tiempo ahí acabase... hasta que se armara de valor de confesarle lo que sentía y tal vez... y solo tal vez...