En su mente

Byakuya: recuerdos y decisiones.

Todos a su paso se detenían solemnemente a saludarlo, pero él sabia, que tras avanzar un par de metros se giraban para hablar de él, de lo cruel y déspota, de lo frio y altivo que era. El hombre de hielo, como solían llamarle.

Las murmuraciones habían adquirido otro cariz y habían aumentado tras su vuelta del mundo mortal con Rukia. Si antes lo veían como un ejemplo de rectitud y control, ahora eso había cambiado por el de un ser insensible y desnaturalizado, mal hermano y que no era capaz de mover un dedo por la suerte de su familiar.

Pero a él, eso le importaba muy poco. Había aprendido que las habladurías eran hábitos indeseables de gente aun más indeseable. Lastima que estuvieran alguno de ellos en su escuadrón.

Una vez instalado en su escritorio miro la esquina de este: ahí se encontraba una caja con un rotulo que decía claramente "evidencia". Aquella caja contenía todo lo que Rukia había traído desde el mundo humano, inclusive la ropa que había traído puesta.

Supo disimular su expresión cuando la vio vestida así. Menos mal pasarían siglos y siglos para que aquellas "prendas" se usaran en toda la sociedad de las almas. Los que no habían podido disimular su asombro habían sido el personal masculino del escuadrón. Los oía todo el tiempo: "si Rukia-sama llego vestida así, como se vestiría allá", "has visto que piernas", "nunca mas me gustara ver a una mujer en kimono después de verla" "yo quiero ir al mundo humano también" y un sin fin de cosas mas. Y de parte de las mujeres otro tanto mas de sandeces.

La curiosidad pudo con él y la acerco hacia si. La abrió y comenzó a revisarla. Miro hacia la puerta como esperando que alguien llegara pero eso nunca ocurrió.

Miro hacia el interior de la caja y ahí estaba el susodicho vestido, así había sido etiquetado con un trozo de papel. Blanco y con colores azules y celestes. Siguió con los zapatos, de color cafés con una hebilla, numero 35. Los dejo a un lado y encontró el objeto llamado "mochila", llevaba una pequeña etiqueta en el frente en la que se leía "samsonite"... tendría que actualizar su diccionario de costumbres humanas, ya que dicho termino parecía escapar a su saber. Era de un material similar al cuero, poseía un cierre el que procedió a correr. En su interior había otra cantidad de objetos etiquetados como los otros. Los saco uno a uno: "lápiz tinta", "croquera", "lápiz de carbón", "goma de borrar", "lápices de colores", "destacadores", "plumones", "sacapuntas", "álbum de fotografías". Ahí se detuvo. Abrió el libro para ver su contenido: dos de ellas eran de desconocidos: en una se apreciaba un grupo de jóvenes, de ambos sexos, que posaban alegremente y con caras ridículas. Las saco y leyó el reverso "amigos de Ichigo". La volvió a colocar en su sitio y saco la otra en que se apreciaba a dos muchachas, una extremadamente voluptuosa – le recordó a Matsumoto – y la otra con pinta y actitud de hombre, leyó, "Tatsuki-chan e Inoue-san" y en las siguientes y sin asombrarle ya en los mas mínimo, eran única y exclusivamente del tal Kurosaki. En una se apreciaba al susodicho tocando una guitarra, en otra aparecía acompañado de dos niñas pequeñas, "hermanitas de Ichigo" decía; en otra aparecía con un tipo que le superaba en altura y de piel morena, "Ichigo y Sado-kun" y en la última, que solo eran pequeñas y diminutas fotos ordenadas en una secuencia: en la primera aparecía Kurosaki mirando seriamente hacia delante, en la siguiente alguien se atravesaba, era Rukia; después Rukia miraba hacia el frente con expresión sorprendida, en la otra Kurosaki la trataba de echar de la casilla mientras ella empujaba su cara hacia otro lado; en la siguiente ambos forcejeaban enojados, Rukia estaba sentada sobre él y en la ultima ambos habían dejado de combatir y se miraban intensamente.

Si, él reconocía ese tipo de miradas, las había recibido y dado solo a una persona: Hisana.

Aunque habían pasado muchos años, a él le parecía como si hubiese sido ayer, cuando aun vivía y era la única que lo apoyaba en las sombras, siempre esperándolo, acogiéndolo, enseñándole a amar y a ver la vida sin las ataduras que implicaba ser un Kuchiki.

Se habían amado con una intensidad que auguraba un fatal desenlace, pero estaban ciegos, especialmente él. Todo el mundo le decía que era una criatura frágil y que no duraría mucho, que era un ángel y como tal solo pasaban por la vida como una brisa y se iban sin dejar rastro.

No se que hacer, Hisana, realmente no se que hacer – le decía al cuadro que tenia de ella. Solo con su retrato se sinceraba. Para el resto del mundo el seguiría siendo el hombre inmutable y solemne pero solo ante ella, ante su recuerdo, el era y se sentía débil.

La afirmación de Kurotsochi había comenzado a dar vueltas en su cabeza.

¿Y qué tal si realmente Rukia estaba en cinta de aquel humano? Miraba la foto de ambos, miro el vestido, recordó sus lágrimas... no, no podía ser posible. Aunque el se reconocía un hermano mayor poco afectuoso, sabia a la perfección como era Rukia y le daba la razón a Renji de dudar sobre las afirmaciones del loco capitán del decimo segundo escuadrón...

Rukia embarazada.

Era una extraña imagen. Si que era una extraña imagen: mientras Hisana fue enfermiza y débil y gracias a eso fue incapaz de darle un hijo, Rukia, fuerte y temperamental, llena de vida podría albergar en su vientre el fruto de su unión con aquel humano...

Cuando la trajo de vuelta ella lloraba. A pesar de la lluvia que mojaba su rostro, él sabía a la perfección que se estaba desasiendo en llanto, como aquella vez con Shiba Kaien.

Pero algo le decía que tal vez nunca se lo demostraría abiertamente, en estos pocos años había aprendido a ser una Kuchiki mejor que él: fría, inmutable e inalcanzable. Como ella misma se los había dejado en claro a los innumerables pretendientes que llegaban a pedirle su mano.

Como siempre había sido.

Desde la primera vez que la vio, mientras recorría la academia shinigami.

Caminaba por los pasillos reclutando u observando a posibles postulantes para su escuadrón, aun era un teniente, pero aquella vez, él iba con el distintivo y permiso que le daba ser de la aristocracia. Muchos al verlo agachaban la cabeza en señal de respeto y temor, sabían quien era y le temían, pero su búsqueda se vio detenida cuando llego al pasillo de los novatos: a medio trayecto su vista se vio irremediablemente unida a su menuda figura, estaba de perfil, observando las afueras por el gran ventanal. Su corazón se detuvo y sus acompañantes se preocuparan por su salud de inmediato y de su boca salió un solo nombre: Hisana

Pero en el momento en que Rukia se giro, supo de inmediato que no lo era: sus ojos eran de un increíble color violeta y su mirada era endurecida, pero a pesar de eso era idéntica. Takamura supo de inmediato el porque de su shock y le advirtió: "es idéntica, pero mire a sus ojos..." y vio a aquellos extraños orbes y supo que ella era la hermana perdida de su difunta esposa. Rukia había dejado de mirar por la ventana y ahora los observaba con el rostro inexpresivo y paso por su lado sin siquiera mostrar una pizca de respeto, como si ellos hubieran sido parte de la decoración u otros alumnos.

Se vio envuelto, muy a su pesar, en un torbellino de emociones: ella era idéntica a Hisana pero solo en apariencia, su pequeño y menudo cuerpo destilaba altivez, seriedad, frialdad y porque no decirlo, una pizca de masculinidad. A ella le sobraba lo que le faltaba a su amada y viceversa.

Decidió entonces hacer todo lo posible para averiguar todo de ella, con sus profesores e instructores. Supo que se llamaba Rukia y se apellidaba Higurashi, había vivido hasta los 5 años con una ancianita del mismo apellido que la había recogido desde que había nacido, posiblemente desde que Hisana la abandonara, después había vivido hasta antes de entrar a la academia en el distrito 78 de Inuzuri del Rukongai. ¿Del 78?, pero si ese era un antro de perdición, ¿quién podría sobrevivir a eso?, penso. Pero ella lo había hecho. Supo también que le iba muy bien en la academia y que resaltaba por sus notas en kidoh y que el único amigo conocido era un tal Abarai Renji, también supo por investigaciones externas que era una de las muchachas que solía declinar las invitaciones y avances masculinos, que tenia una legión de admiradores y que la llamaban la princesa del Rukongai, por lo distante y fría que se mostraba con la mayoría de las personas.

Desde aquella primera vez que la vio se dedico a observarla desde lejos, ver sus acciones y como se comportaba y cada vez coincidía más con Takamura: ella no era Hisana. Que más prueba que la que tuvo un día: él la observaba desde lejos mientras ella avanzaba por los jardines del instituto con sus libros en los brazos. Un trió de muchachos le salió al paso mientras uno de ellos parecía hablar o monologar con ella, Rukia no parecía hacerle caso. La estaban abordando, estuvo a punto de intervenir pero desistió ante las palabras de Takamura. Siguió observándola y vio como esta les negaba con la cabeza y pasaba por en medio del trío, pero uno de ellos la tomo del brazo imposibilitándole la huida... en un momento imperceptible se había desecho de sus tres captores, a uno tirándole los libro por la cara y propinándole una patada, al otro usando un kidoh de atadura y al tercero con una llave y lanzando por sobre ella. Recogió sus textos de estudios y partió acomodándose su uniforme.

Ahí fue cuando supo que ella debía ser su hermana, que debía ser adoptada, quería que el temple que poseía estuviera en la sangre de los Kuchiki y envidiaba internamente que ella si lo poseyera y él no.

Pero aquello parecía tan lejano, como si hubiera sido hecho en otra vida.

¿Que vida habría llevado estando en el mundo mortal, Rukia? La duda lo carcomía. Pero si había algo de lo que él se enorgullecía era su capacidad de seguir adelante cualquier meta o plan. Y era así como, hasta el final, se haría cargo de que las leyes se cumplieran... tenía una promesa y la cumpliría, aunque todo su mundo, interior o exterior se viniera abajo...

Un golpe en la puerta lo saco de su letargo, era Renji, aunque no se había anunciado sabia que era su teniente.

- Adelante

- Capitán, la capitana Unohana esta aquí

- Hazla pasar.

- Si capitán

- Buenas tardes capitán Kuchiki.

- Buenas tardes, tome asiento – la serena mujer asintió y procedió a sentarse – no le importara si le pido que vaya al grano ¿no?

- Por supuesto capitán kuchiki – silencio por parte de ambos, hasta que fue ella la que continuo – ya acabe con la revisión de Rukia-chan...

- ¿Y?

- Puede estar tranquilo, Rukia-chan no esta en cinta, sigue tan casta y pura como cuando se fue, pero...

- ¿Pero?

- Siento un extraño desequilibrio en su energía espiritual, si es verdad lo que me conto, que le cedió todos sus poderes aquel humano llamado Kurosaki Ichigo, no tendría que estar fluctuando tanto, puedo revisarla mas si Usted así lo quiere.

- Así esta bien

- ¿Esta seguro? Es la salud de su hermana…

- Desde que decidió revelarse y manchar el honor de nuestra familia ya no tiene ninguna relación conmigo.

- Como quiera.

Vio como salía de su oficina y relajo su postura recargándose en su silla.

Por fin había aclarado sus dudas, ya "nada" ni nadie lo detendría a la hora de limpiar el honor de su familia.

Si era esa su decisión, ¿Por qué sentía que su corazón se resistía a obedecer, porque sentía que su razón se perdía irremediablemente en el vacío de la culpa?

- Perdóname Hisana, te he fallado…


Nota autora: hola y gracias por leer, especialmente aquellos que me dejaron reviews desde el capitulo 1, por ejemplo: Shirafune, sango_pame, H!kr! €vns, Estagirita, jessy moon 15, monalesa25, YuyuKawai, Priss, Naruko (aunque solo hayas entrado pa hacer propaganda XD bromita…), akitha y (gracias, eres lo máximo y lo sabes)

Bueno, ya vamos por el capitulo 5 y de seguro ya leyeron los otros, pero ya me saldrá mas adelante otro de Ichigo y Rukia, que en mi idea original, iban hacer los únicos protas de este fic, pero bueno, así como va la cosa capaz que me salga un chap hasta de Yamamoto (puuuuuaaajj!!!!) es broma XD.

Gracias por todo y nos leemos.