Red: Valquiria 1 estacionado y listo para cargar combustible.

La nave, suspendida a un metro del piso, había avanzado por un túnel y llegado a un amplio espacio donde el comandante pudo ver una serie de carros estacionados y mecánicos trabajando en ellos. Notó que todos los carros eran rojos al igual que la nave en donde viajaba. El Interceptor se había estacionado al costado de los otros vehículos.

- ¿Con quién habla, mayor Red?

- Con los demás pilotos, comandante. Entre todos nos encargamos del mantenimiento de los vehículos.

- Ya veo. ¿Y por qué le llama "Valquiria 1" a este Interceptor?

Ferrero interrumpió para aclarar.

- El nombre completo de esta nave es Valquiria Interceptor, comandante. Es un interceptor modelo Valquiria. Los mismos pilotos han desarrollado el código en base a los nombres de los vehículos.

- Además, comandante, he vivido muchas aventuras con esta nave. Amo a mi pequeña valquiria. Para mí sí es una semidiosa.

Todos se rieron, pero quedó claro que el mayor Michael Red quería bastante a esa nave. No era de extrañarse luego de todo lo que había pasado juntos. No sería ni el primero ni el ultimo piloto en querer así su nave.

Bajaron del Interceptor mientras iban conversando y una vez en tierra firme se les acercó un numeroso grupo.

- Comandante, permítame presentarle a los demás pilotos de X-COM: teniente Henry Matta, conductor del Wolfhound APC; Spike Brown, conductor del Stormdog; Fernando Mejía y Geneve Decosta, pilotos ambos de los dos aerocarros Marsec Fénix con los que contamos y finalmente los pilotos de las aeromotos: Marc Hartdegen, Ramón Rivera y Dante Cárdenas.

7 pilotos para 7 vehículos, sin incluir al mayor Red con su Valquiria 1. Al comandante le pareció extraño que de todo el cuerpo solo dos sean oficiales, y más extraño aún que los que no lo eran pareciesen pandilleros o civiles por su vestimenta.

Sólo el teniente Matta usaba el traje de piloto que vestía Michael Red. La mayoría usaba ropa negra que parecía de cuero. Spike Brown usaba un collar de perro de esos metálicos con púas que usan los pitbulls. Fernando Mejía y Geneve Decosta, por su parte, parecían dos simples civiles por la ropa que vestían. Marc Hartdegen vestía un chaleco negro que dejaba a la vista una enorme calavera tatuada en todo el bícep izquierdo. Ramón Rivera presentaba en la cara la primera cicatriz que el comandante veía desde que lo habían despertado de su largísimo sueño: 4 líneas paralelas en el pómulo derecho, el zarpazo de algún animal seguramente. Dante Cárdenas tenía la cara llena de piercings. ¿De dónde había salido esta gente? Luego hablaría en privado con Ferrero para sacarse esa duda.

- Encantado de conocerlos, señores.

Cada piloto se ofreció a mostrarle al comandante su vehículo, lo que él aceptó gustoso.

El teniente Matta demostró ser todo un militar y le mostró su Wolfhound APC tratándolo con el respeto que se merece un superior. El Wolfhound le pareció una versión tamaño familiar de esos carros utilizados en su época para movilizar grandes cantidades de dinero, ya que era blindado, pesado y bastante grande: prácticamente un tanque sin cañón. Incluso la parte delantera terminaba en punta como el rompeolas de un barco. Henry Matta le informó que podía llevar a 14 personas perfectamente cómodas en su interior y que contaba con misiles GLM en la parte superior, los cuales el comandante pudo ver luego de empinarse un poco. El satisfecho comandante comprobó que se trataba de todo un Armored Personnel Carrier y avanzó para contemplar los demás vehículos.

El Stormdog parecía un carro de los 50s: ancho, largo y con grandes luces delanteras alojadas en lo que parecían unos tubos saliendo de la carrocería a ambos lados. Pero también tenia detalles bastante modernos y aerodinámicos. De costado las llantas casi no se veían por lo pegado al suelo que se encontraba el auto, el diseño en general era redondeado sin ángulos bruscos, la cabina de pasajeros apenas sobresalía del resto del carro, las pequeñas lunas eran polarizadas - siendo la frontal mucho mas grande que las de los costados - y tenía dos estabilizadores verticales atrás, encima de las llantas traseras. Finalmente, Spike Brown le hizo notar en cada costado los dos cañones antiaéreos Airguard con los que el carrito estaba dotado.

- Bonito carro, Spike.

- Jefe, llámame Perro nomás.

El comandante miró al piloto un poco confundido, luego señaló a su collar con puntas de acero y le dijo.

- Hmmmmmmmm ok. Bonito collar, Perro.

- Jejeje gracias jefe.

Cuando el grupo se paró al costado de los Marsec Fénix el comandante se quedó fascinado con su diseño y finalmente comprendió el por qué de la palabra aerocarro. Lo que tenía enfrente parecía el cruce de un auto deportivo con algún tipo de nave. Tenía la apariencia y el largo de un auto de los 50s; pero no tenía ni un metro de alto, no tenía llantas y en vez de un parachoques trasero contaba con unos propulsores que parecían de algún avión jet miniatura. Las luces delanteras se encontraban a cada lado y eran el extremo de lo que parecían dos tubos que habían pegado al costado de cada lado del auto; los cuales en la parte trasera tenían un estabilizador vertical y uno horizontal. Geneve Decosta se metió en su Fénix y luego de unos segundos el comandante entendió el por qué de esa forma abultada a los costados. A los costados del capó, encima de las luces delanteras, se abrió un compartimiento mostrando lo que parecía un rayo láser. El piloto Decosta sacó la cabeza por el costado, le sonrió al comandante y le dijo:

- Cañones láser Bolter 4000, señor. ¿Nada mal, no cree?

El comandante se sonrió luego de ver el As bajo la manga con el que contaba el Marsec Fénix. Pero esa no era todo.

En el centro del vehículo se encontraba la cabina, pero desde afuera se veía simplemente un vidrio polarizado circular y convexo apenas por encima del resto del carro. Al comandante la forma del vidrio le hizo recordar por un momento al auto de los Supersónicos, aunque la cúpula del Marsec Fénix era mucho menos pronunciada. Luego se sorprendió al ver lo que ocurría detrás de la cabina de pasajeros. Otro compartimiento se abría, mostrando lo que parecían 3 tambores de pistolas gigantes cargados de misiles.

- Y misiles Janitor.

Decosta parecía un niño con su juguete favorito mostrando las armas de su bien equipado Marsec Fénix. Era como si el mismo piloto no pudiese creer las armas con las que contaba su aerocarro. El comandante se preguntó si podría aprender a manejar una de esas bellezas.

Finalmente pasó a las 3 aeromotos. Era un vehículo asimétrico con dos claras mitades. La mitad de la izquierda era parecida a una de esas motos de carreras. La forma del asiento, el largo parabrisas y el lugar donde estaban estaba el timón le hizo ver que se manejaba prácticamente echado boca abajo. A la izquierda de esta mitad se veía un Bolter 4000 idéntico a los que usaban los Marsec Fénix. La otra mitad era un compartimiento más pequeño con un asiento. La aeromoto era una versión futurista de esas motos con un carrito anexado al costado para que se siente una segunda persona.

- Bonito tatuaje.

El comandante aprovechó ese momento cerca de esos 3 pilotos para averiguar un poco más sobre ellos. Había comenzado por Marc Hartdegen y esa calavera tatuada de su brazo. El hombre le mostró orgulloso el tatuaje mientras hacía fuerza con el bícep.

- No por nada los muchachos me dicen Skull jejeje.

Los 3 pilotos de aeromotos y Spike Brown echaron a reír. Definitivamente no eran militares. Luego el comandante se acercó al que tenía la cicatriz.

- Adivino ¿A ti te dicen Zarpazo?

- Yo soy Garra, jefe. Un maldito puma lunar me dejó este regalito mientras acampábamos en el bosque ocultándonos de la policía. Claro que luego tuve mi venganza.

Ramón "Garra" Rivera le mostró con una sonrisa cruel al comandante un collar que colgaba de su cuello, el cual tenía unos 20 dientes ensartados.

- ¿No pudieron reconstruirte la cara?

- No quise porque me parece de mariquitas. Además es una buena anécdota y siempre sale a flote porque me preguntan por la cicatriz. Es una manera de probar que lo del puma lunar no es cuento. Las cicatrices son buenas pruebas de las anécdotas y por eso nunca me he quitado ninguna.

Luego se tocó las 4 líneas que tenía en la mejilla derecha.

- Y claro que esta de acá... es especial.

Este Garra le cayó bien al comandante. Por fin alguien como él y sus compañeros de antaño que no se andaba pensando en qué fea le quedaría la cara. Las cicatrices eran para mostrarlas con orgullo, no para estárselas tapando. Pensó que luego podría mostrarle a Garra sus cicatrices producto de sus tantas batallas. Pero sería luego definitivamente, porque de pronto comenzó a sentirse bastante cansado.

- Ferrero...

El hombre del gobierno se acercó y le habló al oído.

- Su cuerpo no ha estado activo por varias décadas, comandante. Esta fatiga repentina que esta sintiendo es un síntoma típico que se da unas horas después de que la gente es despertada del estado criogénico. Se cansan bastante rápido los primeros días. Sígame, lo guiaré a su dormitorio.

El comandante avanzaba por los pasadizos a tropezones y cubriéndose los ojos de las cada vez más molestosas luces.

- ¿Ferrero, hay sólo 2 pilotos ahí que son militares o es mi impresión?

- Comandante, el Stormdog, el Marsec Fénix y las aeromotos, si bien son vehículos militares al igual que el Valquiria Interceptor y el Wolfhound APC; son de uso común en pandillas y en carreras ilegales. Se trata de vehículos que se puede conseguir. El mayor Red y el teniente Matta tienen años de experiencia en el ejército piloteando el Valquiria Interceptor y el Wolfhound APC respectivamente. Fernando Mejía y Geneve Decosta son de los mejores pilotos de carreras ilegales de aerocarros. El resto del equipo son miembros de una pandilla. No se preocupe por nada, comandante, que todos aceptaron ayudarnos luego que el gobierno les hizo acuerdos... que no pudieron resistir. Tenemos los mejores vehículos, y necesitábamos a los mejores pilotos. En el caso de algunos vehículos eso significa buscar oficiales; en otros, significa buscar en las calles.

- Me pregunto qué les ofreciste a esos pandilleros que no pudieron rechazar, Ferrero. ¿Será posible que las mujeres de sus sueños de cada uno de ellos se encuentren muertas como la mía y les hayas ofrecido revivirlas?

- Jajaja comandante... comandante... las cosas que se le ocurren. A propósito, le pido su discreción en cuanto al trato que tenemos, así como en cuanto a que lo hemos despertado de su estado criogénico.

Esa petición no sonaba nada bien. ¿Por qué tanto secreto? ¿Por qué no podía comentarlo? ¿Acaso no era normal revivir personas o despertarlas décadas después? El comandante se guardó sus dudas para sí mismo y actuó como si nada.

- Claro, Ferrero, no te preocupes.

- Excelente, comandante. Esta es su habitación. Verá que dispone de un armario con ropa de su época para que se sienta más cómodo. Pase y descanse. Hasta luego.

- Nos vemos, Ferrero.

La puerta se abrió sola cuando se acercaba a su cuarto y una vez adentro las luces se prendieron automáticamente. El lugar era acogedor y contaba con una gran vista panorámica de la ciudad, ya que una de las paredes en verdad era una inmensa ventana. Pudo ver a lo lejos el sol que comenzaba a ponerse. Todavía no había oscurecido; él no había permanecido despierto ni 6 horas y ya estaba muriéndose de sueño. Maldito cansancio post estado criogénico.

Se sentó en un sillón que daba hacia la amplia ventana y contempló la tranquila ciudad. Edificios fu turísticos, aerocarros volando de un lado a otro y gente movilizándose por esos tubos: en verdad estaba en el 2084. Todo había pasado tan rápido que no había podido asimilarlo del todo. Estaba en el 2084. Habían sido horas bastante largas. Hace sólo un tiempo Ferrero le había ofrecido el trato. Si lideraba a X-COM a terminar con la amenaza extraterrestre ellos iban a revivir a Angélica y podrían vivir felices... al menos eso le habían dicho. Comenzaba a dudar de la palabra de Ferrero: no le había dado ninguna prueba de que fuese posible y ahora le pedía que no comente nada del trato con nadie. Sospechoso, sospechoso.

Bostezó, se estiró en el sillón y miró la pared cercana a la puerta buscando el interruptor de la luz. No había ninguno.

- ¡Maldición! ¿Cómo mierda apago las luces?

Las luces se apagaron apenas terminó de hablar. El cuarto ahora estaba levemente iluminado por la naranja luz del ocaso que entraba por la inmensa ventana... Era una vista hermosa y tranquila... A Angélica le hubiese gustado la vista... a él le hubiese gustado que ella estuviese acompañándolo... Angélica...

Los párpados comenzaron a pesarle... extrañaba tanto a Angélica... si tan solo ella estuviera ahí... con él... en ese cómodo sillón... tan cómodo...

Pensó que...

...tal vez...

...sería mejor...

...ya no caminar...

...hasta la cama...

...Angélica...