Hola!!!!

En honor a que hoy 10 de marzo es cumpleaños de mi lobito favorito aprovecho para subir esta historia!!!

Bienvenidos a esta nueva historia que los viejos lectores de cinco minutos más pueden considerar una continuación y los nuevos lectores una versión de los hechos ocurridos después de la escena de la enfermería hasta el encuentro con Harry en el séptimo libro.

Como siempre les agradezco su tiempo para leer, espero la historia les guste mucho, y espero ansiosa sus comentarios.

Por si quedaba duda les recuerdo que ninguno de los personajes es mío propiedad de JK Rowling y Warner


Antes de marcharte

Su mano entre la mía…… es como si nuestras almas se juntaran e hicieran una misma, me gusta sentir su calor………. me gusta sentir mis manos entre las suyas: grandes y ásperas, que sólo me recuerdan todo lo que en estos últimos meses él ha tenido que sufrir: La muerte de Sirius, la traición de Snape, el tener que infiltrarse en la manada de Grayback,…..

Sin querer mi cabello de nuevo se torna gris, al pensar que pronto tendrá que irse de nuevo, ha enfrentar esa misión tan peligrosa -¡Dios sabes que si me lo permitieran yo estaría a su lado!

—¿Qué pasa¿Te has puesto triste?, creo que no debo preguntarlo ¿verdad? Es el funeral más afligido en el que he estado. Aún no puedo creer que él se haya ido. — Murmuró en tono sólo audible para los dos.

Yo sólo puedo regresarle una pequeña sonrisa, y él al instante responde abrazándome con su mano libre; este gesto me pone nerviosa, y a la vez ese calor que emana de él hace que mi cabello vuelva a su normalidad.

Me siento culpable. La verdad es que no había estado prestando atención al funeral de Dumbledore, y todo este tiempo me la había pasado pensando en el hombre que estaba a mi lado, el hombre que amo.

La ceremonia ha terminado, lentamente Remus se levanta y pone esos lindos ojos color miel en los míos. Es como si supiera que esa mirada me mata. Es una mirada llena de tanta ternura, cansada porque ya pronto será luna llena, pero llena de amor. El sol brilla sobre sus canas las cuales parecen de plata y lo hacen ver tan hermoso.

— ¿Podemos ir al lago? ... Dora ¿me estás escuchando? — Lo escucho preguntarme, pero me he quedado sin palabras y sólo el movimiento de sus manos frente a mi cara me hacen reaccionar.

—Lo siento, me perdí en tu belleza y por cierto ni eso te va a salvar no me vuelvas a llamar así es sólo...

—La manera en que quiero llamarte.

¡Diablos! no puedo hacer nada de nuevo, él pude hacer lo que quiera conmigo. Estoy completamente bajo su hechizo y no tengo ningún problema al respecto. Cómo oponerme cuando él termina su comentario con una pequeña sonrisa y me extiende su mano como todo un caballero para ayudarme a levantarme de mi asiento.

Es un día tan bello, el cielo es despejado, el pasto es verde y sólo somos él y yo a la orilla del lago, el cual es todo un espectáculo natural que me hace olvidar por completo que estamos en medio de una guerra, que hemos perdido a nuestro líder, y que probablemente esté viviendo los últimos días de mi vida.

Me acerco hacia a él y hago que sus manos roden mi cintura, él parece algo nervioso, pero no opone resistencia, y yo se lo agradezco con un pequeño beso en la comisura de sus labios.

Él me separa tiernamente, y de nuevo comienza a hablar.

— Te amo de eso puedes estar segura, pero eso no me quita el miedo. Sabes, nunca he dejado que ninguna persona entre en mi vida como tú lo hiciste y no me arrepiento. Quiero que sepas que cada vez que me miras me derrito y con tan sólo tocar tus manos me siento en el cielo, pero tengo miedo , miedo de perderte , miedo de nunca más estar así , miedo de lastimarte, miedo de ...

—Que si no te callas, me hagas llorar, yo también tengo miedo Remus, pero mi amor por ti es más grande que todo eso. Yo también me siento nerviosa, pero nunca en mi vida me había sentido tan feliz como en este preciso momento.

Nuestras miradas de nuevo se encuentran de nuevo, y con éstas nos decimos todo, todo aquello que es tan grande que las palabras no alcanzan a describir. Él toma mi cara y me acerca a su rostro, yo me dejo llevar, y al los pocos momentos puedo sentir sus labios en los míos, al principio el beso es suave y casto, pero poco a poco se convierte en una batalla, en una explosión de sentimientos. En ese beso descargamos todo nuestro amor, ninguno de los dos quiere separarse, pero tenemos que hacerlo.

—Sólo quedan dos días — Me indica Lupin señalándome a la Luna, mi peor enemiga.

—2880, minutos, 2880 momentos que pasaremos juntos. — Le respondo intentando suavizar la situación.

—Sabes que tengo que prepararme — Insiste

—Sabes que puedo ayudarte con eso y por ningún momento Remus J Lupin podrás apartarte de mi lado. No ahora que por fin podemos expresar nuestro amor. No ahora después de todo lo que hemos sufrido este año. — Ser hija única, me hizo caprichosa, y siempre he conseguido lo que quiero, Así que no permitiré que él se vaya de nuevo así como así.

De nuevo me acerco y lo beso tiernamente, me doy vuelta hasta quedar frente a frente, él se deja llevar y poco a poco queda recostado en el pasto , y yo lo sigo besando, y de nuevo no puedo controlar mi pasión . Él tiernamente me separa, y me hace señales de que mire hacia mi derecha. Un pequeño grupo de estudiantes nos mira sorprendidos.

—Creo que nunca imaginaron a su ex profesor en esta situación, es más yo nunca me vi en esta situación. Si fuera un metamorfomago como tú, mi cabello y todo mi cuerpo estarían rojo escarlata de pies a cabeza. — Comenta él entre apenado y bromeando.

—Lo siento, no debí hacerlo— Me disculpo, aunque en realidad no me sienta para nada avergonzada de demostrarle mis sentimientos, de dejar en claro a todo el mundo que lo amo.

—No tienes que sentirlo. No es tu culpa, las personas no están acostumbradas a ver estás escenas en un hombre mayor como yo, y una jovencita como tú.

Esos comentarios me duelen, si a mi no me importa ¿por qué a ellos sí¿por qué a él sí? De pronto al ver las miradas de los estudiantes sobre nosotros, recordé y me sentí como cuando en mi infancia las personas me observaban extrañadas por mis constantes cambios de apariencias, yo lloraba sin control cada que lo hacían, hasta que mi abuelo paterno un día parafraseando a Platón me dijo: " Se burlan de ti porque eres diferente, entonces tú puedes burlarte de ellos porque son iguales"

Remus y yo éramos diferentes en muchos aspectos, pero esas contradicciones no hacían más que unirnos más. Éramos así y no me importaba lo que los demás pensarán, podría apostar que ni en un millón de años serían la mitad de felices que yo. Así que al Diablo con ellos. De hoy en adelante disfrutaré lo que la vida nos depare sin preocuparme por el qué dirán.

— Jajajaja —Suelto una enorme carcajada

—¿De qué te ríes? — Me pregunta él extrañado por mi reacción, me encantaría responderle que es por aquellos que no nos comprenden, pero no quiero iniciar una discusión al respecto así que termino por contestarle lo primero que se me ocurre.

—Te imagino rojo escarlata de pies a cabeza. — y con un sencillo movimiento cambio mi color de cabello al rojo más encendido que puedo imaginar.

— Me gusta más el rosa —Susurra coquetamente a mi oído, y no puedo resistirme más. Lo deseo más que nada en este planeta.

—Ven vamos a mi apartamento, no te prometo nada, pero haré todo lo posible para hacerte algo comestible y ahí no habrá estudiantes curiosos— Comento coquetamente.

—No creo que sea propio— dijo con una voz fina y clara que sólo aumentaba mis deseos de querérmelo comer a besos. Era tan adorable cuando se sonrojaba.

—Por favor Remus, no digas tonterías. Tú puedes quedarte en mi casa las veces que quieras. No tiene nada de malo — A veces parecía muy chapado a la antigua, y otras tan normal como cualquier otro hombre. Bueno, no tanto, pero bastante normal y eso a mi me bastaba, así que tomé su mano y emprendimos camino al apartamento.

Desde la última vez que él había estado ahí, no había cambios significativos en mi hogar, sólo había agregado unas fotografías del día de la graduación y en general seguía pareciendo que sólo tenía semanas de mudarme. Pude ver como él notaba lo mismo y sonreía ante tal escena.

— Es bueno saber que a pesar de todo lo que ha pasado, hay cosas que no cambian— Señaló él.

— Si te refieres al estado literal del departamento, tienes razón. Pero no quiero que creas que es un reflejo de mi propio estado. Yo he cambiado, no soy la misma que conociste años atrás, puede que aún tenga el gusto por el cabello rosa , sea igual de torpe y siga sin tener un departamento decente, pero en el momento en que tú apareciste en mi vida todo cambió y si intento ser mejor cada día es por ti. No quiero que pienses que sigo siendo una niña, quiero que me veas como a una mujer, la mujer que te ama y está lista para afrontar todo lo que venga , siempre y cuando estés a mi lado. — Cuando estoy a su lado no hay nada que temer, no hay nada que ocultar así que soy de lo más sincera, el tiempo juntos será poco, así que cada palabra, cada acción debe ser franca.

—Lo sé, y nunca quiero que pienses que te subestimo. Desde la primera vez que nos vimos supe que no eras lo que aparentabas y eso es lo que más me gusta de ti, y siempre te he agradecido que me dejes ver más allá de lo que muestras a los demás.— Él se inclinó para darme un tierno beso en mi frente y después me miró con esos lindos ojos.

Me reí en voz alta, pues el momento era demasiado perfecto y yo era infinitamente feliz. Remus deslizó un brazo alrededor de mi cintura y nos dirigimos hacia la cocina y tal como lo temía sólo habían restos de comida de la semana pasada y no estaba segura que aún fueran comestibles, pude disculparme e invitarlo a cenar a otro lugar, pero no lo hice al contrario lo invité a sentarse a la mesa, tome los restos de pizza los calenté mágicamente, serví en unas copas de vino algo de refresco sabor cereza sin gas y como si fuera la mejor mesera del más exclusivo restaurante me acerqué a la mesa.

–Su vino, señor–dije ceremoniosamente, antes de colocar el "exquisito plató" con cuidado sobre la mesa, justo delante de él; yo esperaba que se riera ante semejante ocurrencia mía, pero al contrario me siguió el juego y degustó todo sin dejar de mirarme y yo contemplé todo lo que pude sus adorables ojos.

Estando ahí los dos solos, bromeando, sonriendo, supe que era como quería que fuera mi vida siempre Actualmente yo no podía casarme con Remus, era ilegal (por lo menos en el mundo mágico gracias a la estúpida de Umbridge). Pero él tampoco me lo había propuesto y de repente la frase "Ten cuidado con lo que deseas" adquirió un nuevo sentido en mi vida.

Feliz casi más allá de las palabras él tomó mi mano izquierda, jugo un poco con ella y yo pude notar como de repente su plática se volvía confusa, asustada como si estuviera dudando o vacilando en decir algo, así que me empecé a preocupar ya que tratándose de él esperaba que en cualquier momento me dijera que tendría que irse o algo peor y entonces supe que ante todo tenía que actuar. Quise sorprenderlo pero él logró adivinar mis movimientos y sin previo aviso apretó con más fuerza mi mano y pronunció la pregunta más maravillosa que me han hecho en toda la vida.

—Dora ¿Te casarías conmigo? — Los ojos color miel de Remus se fijaron suplicantes en los míos y a mí se me encogió el corazón. .

—Oh, guau claro que SÍ— Dije con un suspiro, estaba petrificada.

Cuando colocó el hermoso anillo en el dedo anular de mi mano izquierda sentí como si me estuviera dando un trozo de su corazón. Me besó en la mejilla y bajó sus labios por mi piel, estaba llorando.

—¿Nos fugamos a Las Vegas? — Pregunté sonriendo como una boba — La boda es sólo una ceremonia y jamás podremos realizarla aquí.

—Pero ¿y tus padres? No me gustaría desilusionarlos, eres su única hija. Quiero hacer las cosas bien. — Comentó nervioso y aún con los ojos húmedos.

—Remus no podrías hacerlo mejor, ellos sabrán que me amas y que yo te amo a ti y soy feliz, con eso les bastará. A parte no necesito el gran show, siempre desee algo íntimo —

—Pero acabas de mencionar las Vegas

— Bueno es que hay de shows a SHOWS , ja sería impresionante recibir la bendición de Elvis- Dije sonriendo hasta que las costillas me dolieron de tanta risa por imaginarme tal escena.

Remus sonrió, pero sentí que seguía temblando de los nervios. Giró la cabeza de modo que sus labios tocaran los míos. Tras un instante, rodeé su cuello con mis brazos. Su beso se hizo más intenso y yo abrí los labios. Nunca me habían besado así. Siguió y siguió hasta que todo el universo quedó envuelto en ese beso de la boca del licántropo sobre la mía. Noté que se me aceleraba la respiración, y empecé a desear otras cosas, sabía que él posiblemente me detendría pero tenía que aprovechar la situación, la luna llena estaba cerca así que tampoco él tenía un total control sobre su cuerpo y el deseo también lo consumía.

El me miró preocupado, podía ver mi propio nerviosismo en sus temblorosas pupilas, ambos teníamos miedo de seguir, pero a la vez lo deseábamos más que nada en el mundo. Yo tenía el control sobre la situación, él no me obligaría a hacer algo que no quisiera, él me había propuesto matrimonio, estaríamos juntos hasta la muerte, no había porque dudar. Así que volví la cabeza lo justo para animarle a continuar besándome la cara hasta el cuello. Era la invitación que necesitaba para continuar su camino hacia abajo. Sus labios se entretuvieron en mi hombro, pero sus manos se desplazaron hasta rodear mi cintura.

Caminamos abrazados hasta mi habitación donde en poco tiempo nuestros cuerpos se fundieron igual que lo habían hecho nuestras manos anteriormente, y pude sentir cómo se hundía en mi espalda hasta que nuestros corazones se tocaron, palpitando juntos en una danza más íntima que nada que hubiésemos conocido hasta entonces.

Nuestros corazones empezaron a latir acompasados, cada vez más cerca, hasta que su ritmo fue idéntico y se confundieron en un solo corazón, un solo cuerpo, un solo ser, y yo ya no sabía dónde acababa yo y dónde empezaba Remus.

Había sido una noche estimulante, que dejaba tras de sí muchas cosas en las que pensar: Él me amaba tanto como yo, nos casaríamos, viviríamos felices…. Al pensar en ello casi me sentía tan alegre como indicaba mi sonrisa. Él me hacía creer que todo iría bien y, acostada entre sus brazos, sabía que sería así, sentía que sería así.