Tus rizos

Es un día ventoso, algo raro para estar en Marzo, pero bueno, últimamente el clima está loco. Justo hoy hay salida Hogsmeade, y por eso, todos salimos en tropel por el camino que lleva hasta el pueblo, vamos los tres juntos, el trío dorado, Harry, tú, y yo, Ron weasley, tu mejor amigo, para mi desgracia.

El viento es bastante fuerte, por lo que la diadema con la que sostenías tus rizos, sale volando por los aires, cuando esto sucede, tu cabello cae desordenadamente en grandes rizos color chocolate, que enseguida son revueltos gracias al viento.

En cuanto ves tu diadema perdida, sales corriendo a buscarla, saltando y corriendo, mientras tu cabello vuela por los aires al ritmo de tus saltos, te observo, fijamente, atentamente, como normalmente solo puedo hacer cuando estudias: saltas, ríes, corres y dejas que el viento juguetee contigo, con tu cabello, sin importarte más la diadema.

Es algo tuyo que me encanta, tus rizos, tus preciosos rizos del color del chocolate; algunos dicen que tienes el pelo enmarañado, pero es solo envidia, a mis ojos, tus rizos son una de las cosas más maravillosas y hermosas que tienes, pues caen por tu espalda formando grandes bucles y pequeños mechones curvos en los que me pierdo cada vez que te miro.

Es algo recurrente, no puedo evitarlo, cada vez que veo tu pelo suelto, debo contenerme para evitar cometer una locura, cada vez que los veo, me provoca meter mi mano en tu cabello, acariciar tu cabeza y desordenarte un poco más aquellos bucles rebeldes, sin importarme siquiera lo que podrías pensar, lo que digan los demás, no me importaría absolutamente nada, pero eso solo pasa en mis sueños, hermosos sueños en los que paso horas acariciando tus perfectos rizos.

Por eso, cuando te he visto hoy saltando camino a Hogsmeade, no he podido evitar correr y acompañarte, dejando que el viento nos meciera, mientras observaba como saltabas a mi lado, aguantando las ganas de saltar yo también, pero de felicidad, felicidad por tenerte a mi lado, no exactamente como yo quisiera, pero te tengo; felicidad por tu inocencia, que no quiero que se pierda nunca, y felicidad porque tú, como tus rizos, eres libre de escoger, libre de saltar, libre de reír, y también libre para, algún día, poder darme una oportunidad.

Es por eso que adoro tu pelo, y adoro aún más tus preciosos rizos color chocolate, que danzan al viento mientras yo te observo.