VULNERANT OMNES, ULTIMA NECAT.

Llegamos al final de este viaje, que emprendimos hace más de un año. Aun no puedo creer que ya no habrá más capítulos que traducir de estas dos magnificas historias. Muchas veces les comente que tenia sentimientos encontrados, pero hoy en día, de verdad que siento que estoy sufriendo, me duele profundamente dejar de recibir sus revires y más que nada que tan maravillosas historias terminen.

Les doy las gracias a quienes día con día escribieron comentarios y que estuvieron pendientes de ambos fics. Se los agradeceré eternamente.

Y recuerden que estas historias nunca hubieran llegado a nosotros sin la gran imaginación o más bien el nivel de escritura de Florencia.

Ahora, muchas, muchas, muchas, muchas gracias a todas las personas que dejaron review.

Tratare de no olvidarme de ningún nombre pero si lo hago mil disculpas.

CARMEN AIDE, Cande, Cecilia, , Silvia, Danny, Annasak2, Abril, Monica, hioz, Elizabeth, NellieLovet, xsweetxxbloodx, patzi,Sousou-Moutoku, Anyie, , kass, lina!!!, captain sweeney lina. Nallely mcr,

También quiero agradecerles a quienes subieron esta historia a sus favoritos y que nunca dejaron un review, pero el hecho de que a tengan en sus favoritos significa que también la leyeron. Muchas gracias.

Y para terminar, no me puedo ir sin decirle a Florencia, GRACIAS, gracias, por permitirme traduir tan bellos fics y por haberme hecho, llorar, reir, disfrutar, amar, en una simple palabra Feliz. Muchas gracias y espero muy pronto contar con otra historia larga igual de bella a lo que nos tienes acostumbrados.

And finally, I can not go without telling Florencia, thank you, thank you for allowing me to translate so beautiful fics, and why did you do to me, mourn, laugh, enjoy, love, in a simple word HAPPY. Thank you very much and I hope soon to have another long story as beautiful as we are accustomed.

Bueno ya no los entretengo mas.

Un beso.

MUCHAS GRACIAS A QUIENES LEEN PERO NO PUEDEN DEJAR REVIEW, PERO OJALA Y SE ANIMEN. BESOS.

CAPITULO 88

EPILOGO.

"Date prisa, ya vamos tarde." El Gobernador Swann miró el reloj del pasillo y después movió sus ojos hacia las escaleras, sonriendo ligeramente.

No los había visto en casi un año y sin embargo no parecían haber cambiado en lo absoluto. Desde su llegada, tres días antes, eran inseparables, se sostenían de las manos todo el tiempo, que no era tan impresionante en sí solo, como el hecho de que parecían estar solo medio consientes de ese habito. Se preguntaba si en cinco o diez años seguirían haciéndolo y por alguna razón no lo consideraba imposible.

"Es culpa de Jack." Dijo Elizabeth, frunciendo los labios y dedicándole a Jack una falsa mirada de enojo. "Estaba tratando de negarse a usar la peluca."

"Bien dicho, amor." Murmuró Jack con un pequeño mohín. "Estaba tratando de negarme."

Elizabeth contuvo una sonrisa, presionando un rápido beso en su mejilla. "Pero te persuadí para que no te negaras ¿aye?"

"Más bien se negó a aceptar mi negativa." Insistió Jack, mirando hacia arriba a su peluca en su cabeza con un ceño fruncido en el rostro.

"Te ves absolutamente deslumbrante." Dijo Elizabeth, sacudiendo la cabeza con teatral convicción. "¿No es así, padre?" Preguntó sonriente, girándose al Gobernador, quien trataba de mantener en su rostro una expresión seria, aunque había algo irresistiblemente gracioso en Jack, en el capitán Jack Sparrow, usando una peluca.

Pero no podían permitirse que Jack asistiera a un baile de invierno en Londres mostrando sus rastas, ¿podían? Ya era demasiado arriesgado hacer venir a Jack y a Elizabeth a Londres, pero especialmente porque el baile iba a ser mas como una reunión social que un baile. El Gobernador había considerado posible no comprometer la apariencia que había construido y mantenido de sí mismo en el último año.

Después de haber dejado Port Royal hace casi un año, había decidido regresar a Inglaterra, a pesar de los intentos de Elizabeth por convencerlo de que se quedara a bordo del Perla Negra. Había aprendido a disfrutar (y quizás más que eso, aunque estaba renuente a admitirlo) los barcos, la sensación del viento en su rostro durante el día y los más hermosos momentos de las noches estrelladas. Sin embargo, no podía imaginarse, viviendo permanentemente, en un barco, en el mar.

Había regresado a Inglaterra, donde había sido, para su sorpresa, recibido por la noticia de la muerte de Beckett, junto con muchas historias fantásticas, sobre grandes sumas de dinero defraudado por él, documentos firmados por el Rey que habían sido usados con propósitos no autorizados por él y otros fragmentos de información realmente impresionante. La aparición repentina del Gobernador fue recibida con una cordial bienvenida y rápidamente reconoció lo oportuno del momento y con entusiasmo dio toda la información que tenia, relatando lo que sabia y de lo que había sido testigo, de todos los actos ilícitos que Beckett había realizado.

Había recuperado su posición más rápido de lo que él hubiera considero posible y hasta le había ofrecido volver a ser Gobernador, pero rechazo el cargo, decidiendo quedarse en Londres en lugar de irse. No quería viajar otra vez tan lejos, especialmente ahora, cuando tendría que haber viajado solo y vivir solo en algún lugar extranjero, no era algo que hubiera estado esperando con mucho interés.

Apenas si podía creer en su suerte, todo había resultado tan bien, en realidad había funcionado mejor de lo que había esperado.

De alguna manera todo el mundo había aceptado con mucha facilidad la noticia de la boda de Elizabeth, aunque sí le había tomado mucho tiempo y una buena cantidad de paciencia, explicar porque la hija del Gobernador Swann no se había casado ni con James Norrington ni con el joven herrero.

Estaba medio sorprendido, medio avergonzado por su recién descubierta habilidad para mentir, a pesar de que había tratado de convencerse así mismo que había sido absolutamente, necesariamente inevitable mentir en esas circunstancias… Al no haber demasiadas opciones, había decidido anunciar que Elizabeth se había casado con un rico Ingles mercante que había pasado la mitad de su vida viviendo en España y la otra mitad viajando por el mundo. Se había mantenido diciéndose así mismo, que al menos la parte de "viajando alrededor del mundo" era verdad… Y no solo eso, si no también el romántico, inesperado y profundo afecto. La situación había sonado lo suficientemente creíble para ser aceptada después de simples tres meses de animadas discusiones y disimuladas, pero no muy ardientes, criticas.

El Gobernador había conseguido mandarle una carta a Elizabeth (como ella le había pedido que hiciera) y para su sorpresa, recibió la respuesta en un mes. Convirtiéndose así, en un hábito de escribir cartas una vez al mes y Elizabeth siempre respondía puntualmente. Aun no sabía cómo era posible recibir tan rápidas respuestas (o ninguna respuesta en lo absoluto, para el mismo caso) dejando las cartas en el umbral de la puerta de un edificio abandonado en una de las peores ubicaciones de la cuidad, con una moneda arriba de ellas, pero había decidido no cuestionar ese método de comunicación, mientras fuera efectivo.

También le había escrito a James Norrington, asegurándole que su regreso a Inglaterra había sido muy bien recibido, después de ser revelados los actos ilícitos de Beckett. Pero la respuesta que recibió lo confundió. No solo que James no quería regresar, sino también expreso su profunda convicción de no poder traicionar la confianza depositada en él. Aparentemente, había encontrado su lugar en el mundo y el Gobernador Swann pensó que quizás eso era lo mejor, pues porque James sin dudas, mantendría un ojo vigilante en Jack y Elizabeth, siendo él probablemente, la persona más sensata cerca de ellos.

En cuanto a las cartas de Elizabeth, estas siempre estaban plagadas de alegría y entusiasmo, que el Gobernador no podía evitar sacudir su cabeza en asombro mientras las leía. También, en una que otra carta, Elizabeth trataba de convencerlo de que navegara con ella y Jack en el Perla Negra, por lo menos un tiempo, pero él se había mantenido rechazándola, así como también prometiéndole que los visitaría tan pronto como todo estuviera más estable. También había expresado su deseo de que ellos los visitaran.

Finalmente, después de un año, ellos decidieron que era un buen momento, de empezar a visitarse el uno al otro y se había decidido que Jack y Elizabeth irían a Londres primero y que luego unos pocos meses después, el Gobernador eligiría un puerto conveniente, y navegaría con ellos por un mes o dos.

Había sido una visita largamente esperada, ya que era el mayor periodo de tiempo sin ver a su hija. La casa parecía tan vacía, y los primeros meses se llego a sentir como cuando su esposa Evellyne murió… había tratado de obligarse a pensar que todo estaba en orden, que Elizabeth estaba viva, y lo más importante, feliz, y que la única razón que tenia para preocuparse era la seguridad de ella y su esposo, algo que tenía que aceptar nunca seria completa, considerando la vida que ellos habían elegido vivir.

Y ahora, ellos estaban aquí, y era más feliz por verlos tan felices, tal y como los recordaba; todavía podía ver esa luz y ese amor en sus ojos, cada vez que se veían o que hablaban entre si.

Elizabeth le había llevado a su padre muchos regalos, recuerdos de todos los lugares que ella y Jack habían visitado en el último año y horas de historias. Elizabeth tenia anillos de todos colores en sus dedos y brillantes como su sonrisa.

"Son solo pocas horas, Jack." Elizabeth se giró de la ventana del carruaje, mirando a Jack con los ojos entrecerrados.

Jack acomodo su peluca por centésima ocasión, mirando con obstinación a sus inusualmente limpias manos, tratando de encontrar algún consuelo en el hecho de que al menos había conseguido mantener sus anillos.

"Te la quitare yo misma de la cabeza, en cuanto estemos en el carruaje después de terminada el baile." Añadió Elizabeth en un tono serio de broma, conteniendo una sonrisa y envolviendo su mano alrededor del brazo de Jack.

Jack movió sus ojos hacia ella, con un pequeño mohín aun en su rostro. Elizabeth ahueco su rostro en sus manos y se rio. Jack parecía tan triste en ese momento, pero rápidamente movió su cabeza de derecha a izquierda para besar las palmas de sus mano y después alejo las manos de su rostro, besando las manos otra vez y sosteniéndolas por el resto del viaje.

El Gobernador los veía desde el asiento de enfrente, sonriendo para sí mismo.


El lugar era abrumadoramente hermoso, porque era entre otras cosas, tranquilo. Todavía, no podía aceptar su inactividad, apenas si podía comprender su presencia ahí, pero podía sentir la tranquilidad emanando por todos lados alrededor de él, luz caída lo rodeaba a cada momento.

No creía que se mereciera estar ahí. No creía que pudiera hacer bien, lo que le dijeron que hiciera. No estaba seguro de ser la persona correcta… ¿podría un simple acto darle tal oportunidad?

Un simple acto… de hecho ¿Por qué podía ser más sencillo? En ese momento había pensado que era la solución más obvia… y quizás ese era el punto, pero era eso lo que no podía entender, lo que en última instancia, había descubierto.

Había tenido que pasar por la oscuridad de la muerte, de la falsa atracción de la oportunidad de ser inmortal y al final estar aquí. El lugar donde las almas esperan para comenzar sus vidas.

Esa era la luz que lo rodeaba y cuando levanto su vista, pudo ver las nubes con todos los colores del arcoíris.


"¿Puede concederme este baile?" El hombre se inclinó ligeramente, sonriéndole a Elizabeth.

Ella le sonrió también, pero su respuesta fue interrumpida, antes siquiera de comenzar a responder.

"No." Jack la acercó más a él, sonriéndole al hombre con complacencia.

El hombre miró a Jack con las cejas arqueadas, entonces movió sus ojos hacia Elizabeth quien se mordió el labio, tratando de mantenerse sin rodar los ojos.

Sin embargo, el hombre espero un momento más, medio esperando que la respuesta hubiera sido una broma, pero como ninguno de los dos dijo nada mas, se inclino de nuevo y se marcho.

Elizabeth hizo una pequeña reverencia y tan pronto como el hombre se fue, se giró hacia Jack.

"¡Jack, esto es ridículo!" Susurró entre dientes. "Debes dejar de hacer eso. Es la cuarta persona y tu prometiste…"

"Para amar y para apreciar." Jack la interrumpió, levantando uno de sus dedos. "Abandonar a todo lo demás, si me permites recordártelo amor, funciona en ambos sentidos." Dijo seriamente, moviendo las cejas.

"No creo que con ir a bailar signifique abandonar." Dijo Elizabeth entrecerrando los ojos.

Jack inclinó su cabeza hacia atrás, abriendo sus brazos. "Siempre puedes bailar conmigo." Dijo alegremente.

Elizabeth suspiró. "Te tengo a diario. Realmente no creo que necesitara viajar todo el camino hasta Inglaterra para bailar contigo." Dijo ella con falsa irritación, levantando su mentón.

Los ojos de Jack se ampliaron significativamente y Elizabeth se rio a pesar de sus esfuerzos por no hacerlo. Jack sonrió y se inclinó hacia ella. "Te amo." Le susurró al oído y Elizabeth inclinó su cabeza hacia a un lado, apoyando su mejilla en el hombro de Jack.


"Hola." Víctor sonrió con vacilación, sentándose lentamente en un banco, al lado de dos pequeños niños, cuyos ojos oscuros se giraron hacia él.

"¿Ya nos vamos?" Preguntó la niña, enderezándose, sus ojos se iluminaron.

"No, no aun." Víctor sacudió su cabeza y la niña frunció sus labios con un suspiro. "Pero pronto." Añadió y ella sonrió.

"Hemos esperado aquí, por muuuuuucho tiempo." Protestó ella, sacudiendo su cabeza, sus negros mechones bailaron alrededor de su cabeza cuando lo hizo.

"Acabamos de llegar." Corrigió el niño con un movimiento de su nariz, pero la niña lo golpeo con su codo y él se quedo en silencio, haciendo un mohín hacia ella.

"¿Cuáles son sus nombres?" Preguntó Víctor, divertido por las miradas en sus rostros, sin sentirse aun seguro de lo que tenía que hacer. Esos dos niños eran las dos primeras almas que llevaría por el túnel de luz hacia la tierra y pensó que debería, como mínimo, parecer que sabía lo que estaba haciendo, así ellos no tendrían miedo. Sin embargo no parecían tener miedo en lo absoluto.

"Se supone que tu tienes que decirnos." Dijo la niña decididamente.

Víctor se atragantó y sonrió, tratando de ocultar su vergüenza. "Es cierto." Dijo, abriendo un cuaderno que había olvidado que llevaba y nerviosamente busco entre las paginas.

"¿Eres… nuevo aquí?" Preguntó la niña, entrecerrando sus ojos al verlo y dándole a su hermano gemelo una mirada interrogativa cuando este la golpeo con el codo en su costado.

"En realidad… si." Admitió Víctor. "¡Oh, aquí esta!" anuncio felizmente, localizando la información. "Evellyne y Ellery." Dijo, sonriéndoles y después miró la página otra vez y se congelo al ver sus apellidos.

"¡Mi nombre es largo!" dijo Evellyne, dando unos aplausos.

"¿La vida es difícil?" Preguntó el niño, cambiando el tema a uno más interesante y mirando a Víctor interrogativamente.

Víctor levantó su vista, sacudiéndose así mismo de su ensoñación, por un momento solo miró a los niños pensativamente, su sonrisa regreso.

"¿Tengo un segundo nombre?" Preguntó la niña, silenciando a su hermano con un movimiento en su mano.

"¿Hiciste muchas cosas cuando viviste?" Continuo el niño, moviendo su mano a su hermana en respuesta. Ella le dio una mirada severa, pero a él no pareció importarle. "¿Es verdad que no recordaremos este momento una vez que nazcamos?" Preguntó interesadamente, sus ojos brillaban con curiosidad.

"¿Cuál es mi apellido?" Preguntó la niña en voz alta. "Todos tienen que coincidir con el sonido." Explicó y Víctor sonrió.

El niño rodo los ojos. "¡Son solo nombres!" suspiró, cubriendo su rostro con sus manos.

La niña cruzó sus brazos sobre su pecho. "Si suena mal, no voy a ningún lado."

Víctor escuchaba el intercambio con una divertida sonrisa, preguntándose si era un simple accidente, o si algo más le había dado este particular par de almas para escoltar por primera vez…

Si es que había tal cosa como un accidente.

Evellyne y Ellery continuaron con su discusión y Víctor los miraba asombrado por el enorme parecido que tenían a sus padres.

Sonrió y pensó que si no fuera por él, estos niños no estaría aquí sentados, en este momento y algo en esa realización lo hizo sentir no solo con luz cálida a su alrededor, sino también como una luz emergiendo de su propio corazón y sonrió pensando que nunca se había sentido tan vivo.

"¿Cuál es tu nombre?" Preguntó la niña, interrumpiendo sus pensamientos.

"Víctor." Respondió con una sonrisa.

"Ese es un buen nombre para un ángel." Dijo la niña decididamente, después de un momento de consideración.


"Señor y señora Worraps, por favor siéntense ahí."

Jack y Elizabeth se movieron hacia los lugares asignados.

"Realmente no sé como mi padre pudo habernos dado ese nombre." Susurró Elizabeth al oído de Jack, sonriendo fingidamente a las personas alrededor de ellos.

"Creo que trato de mantenerse lo más cerca posible de la verdad." Jack le susurró con una sonrisa.

"Ni siquiera suena Ingles. O Español para el caso." Murmuró Elizabeth, arrugando la nariz.

"Hare que funcione, no te preocupes amor." Jack ayudo a Elizabeth a sentarse y le beso la mano antes de sentarse él, siguiendo asombrando a todos los presentes y a la misma Elizabeth con su comportamiento. Aparentemente, él conocía y recordaba mas sobre la etiqueta que ella, y no solo eso. También la trataba casi exactamente como cuando estaban solos, haciendo todos esos gestos que tanto le gustaban y eso era algo que Elizabeth no esperaba que Jack hiciera en público. Aunque ella no estaba del todo segura si eso era una buena idea, después de todo, ya que notaba las miradas de envidia de otras mujeres casadas del baile, cuyos esposos no parecían ni la mitad de cariñosos con sus esposas.


Después de un par de horas de hablar, bailar, comer y después de varias historias que Jack no pudo resistir relatar, diciéndole a su cautivado público, las fantásticas historias de sus padres, de los peligros con los que se había encontrado en sus exóticos viajes, sus tratos secretos con la realeza de Inglaterra y España (aunque, por supuesto sin revelar los detalles y Elizabeth tuvo que reírse ante la implicación que parecía aferrarse en todos los oyentes, de que Jack no era un simple comerciante, sino un espía Ingles, con una muy especial, misión secreta, que había sido asignada por el mismo Rey.) el grupo se separó en dos grupos, uno de hombres y el otro de mujeres. Los hombres se fueron a disfrutar de sus bebidas y de un juego de cartas, cerca de la chimenea, mientras que las mujeres fueron a compartir noticas de sí mismas, así como todos los nuevos chismes.

Elizabeth sonrió para sí misma mientras seguía a las mujeres, pensando en las historias de Jack y como entre mas vaga y sorprendente fuera la historia, todo el mundo lo escuchaba más intensamente y en algún momento Elizabeth se dio cuenta que hasta su padre estaba escuchando a Jack con gran interés, a pesar de que él estaba muy consciente de la dudosa veracidad de las historias.

Elizabeth se sentó llevando una taza de té, preparándose a sí misma para la aburrida tarde que le esperaba. La conversación que comenzaron sus amigas casadas, enumerando sus más o menos serios problemas que tenían con sus esposos y familias, y Elizabeth se encontró tratando de encontrar algo apropiado que decir, pero de alguna manera no podía pensar en nada… ¿Jack nunca estaba en casa? El Perla Negra era su hogar, así que él todo el tiempo estaba en casa. ¿Estaba demasiado tiempo en casa? No había tan cosa como tener demasiado de Jack Sparrow. ¿Jack no la escuchaba? Él siempre la escuchaba. ¿Le exigía demasiado? Jack nunca le exigía nada… él siempre esperaba a que ella decidiera que hacer. ¿Jack no tenía en cuenta sus deseos? En realidad Jack siempre se adelantaba a sus deseos.

La única objeción que podía encontrar era su hábito de despertarla en medio de la noche para…

Se rio, casi derramando el té. La conversación se detuvo y todo el mundo la miró. Elizabeth parpadeo y entonces rápidamente comenzó a toser, tratando de cubrir su risa.


"Las mujeres son difíciles de entender ¿No esta de acuerdo señor Worraps?"

Jack miraba sus cartas con una pensativa expresión en su rostro, preguntándose si debería dejar que alguien más ganara, para variar. "No, no creo que lo sean." Dijo tomando una de sus cartas y colocándola boca abajo sobre la mesa.

El hombre que había hecho la pregunta enarco las cejas. El Gobernador Swann tomo un sorbo de su bebida.

"A menos que ellas hablen en un idioma diferente y que no lo conozca." Añadió Jack y casi todos los hombres reunidos alrededor de la mesa se rieron.

"¿Así que siempre entiende lo que su esposa dice, señor Worraps?" Insistió el hombre, y Jack lo miró por arriba de sus cartas especulativamente, una pequeña sonrisa cerniéndose en su rostro.

"Y si no, pregunto. Eso funciona." Respondió Jack, manteniendo sus ojos en el hombre, mientras cambiaba el orden de las cartas que sostenía en su mano.

"Oh, eso no es una regla." Alguien más observó medio en broma. "Siempre me mantengo preguntándole a mi esposa, porque tienes esos severos dolores de cabeza todo el tiempo." Algunos hombres se rieron. "Ella aun no me responde a esa pregunta."

"La respuesta es sencilla." Jack sonrió ligeramente, escogiendo una nueva carta de la mesa. "La falta de aire. Necesitas abrir todas las ventanas de tu casa, diariamente. No hay dolor de cabeza que pueda sobrevivir a eso." Dijo medio en serio, estudiando sus cartas, mientras varios hombres reían, otros sonreían, entre ellos el hombre que había hablado, a pesar de no estar seguro si Jack estaba bromeando con él o si realmente estaba tratando de darle un útil consejo, sin entender muy bien su cuestión.

"Entonces tengo que entender que es lo que tú haces." Dijo el hombre, mirando a Jack intensamente.

"No." Jack movió sus ojos de sus cartas al hombre. "Afortunadamente ni mi esposa ni yo, sufrimos de dolores de cabeza." Dijo con una sonrisa cautivadora y quería añadir algo mas, pero decidió que en presencia del Gobernador, lo que había dicho ya era suficiente, por lo que volvió su atención a las cartas, dejando al hombre con una molesta y medio avergonzada mirada en su rostro.


"¿Y tu Elizabeth?"

Elizabeth levantó su vista de su taza de té. "¿Yo?" Esperaba que las señoras hubieran olvidado que ella estaba en la habitación, como casi no había hablado.

"Sí." Sonrió una chica. "¿Qué haces cuando quieres que tu esposo te deje sola?"

Elizabeth rápidamente escaneo sus rostros, todos los ojos estaba fijos en ella. "Bueno." Cuidadosamente dejo su tasa en el plato. "En realidad, nunca lo hago." Admitió después de una pausa, decidiendo que inventar algunas excusas no serviría de nada.

"¿Nunca haces nada?" Preguntó otra chica, un poco confundida por la respuesta.

"No." Elizabeth se aclaró la garganta. "Nunca quiero que me deje sola."

La habitación se quedo en silencio, excepto por el reloj que anuncio las diez. "Oh." Elizabeth rápidamente se puso de pie, agradecida por el pretexto. "Enseguida vuelvo." Dijo encaminándose hacia la puerta.


"Vuelvo enseguida." Anuncio Jack con una sonrisa, poniéndose de pie, tan pronto el reloj marco las diez y saliendo de la habitación.

El Gobernador lo siguió con la mirada, notando que era la cuarta vez que Jack salía de la habitación. Parecía que salía de la habitación por varios minutos cada media hora y el Gobernador finalmente resultó estar bastante desconcertado.

Disculpándose, se puso de pie y siguió a Jack, para ver porque, cada vez que el reloj daba la hora completa o la media hora, desaparecía por un rato.

Caminó a través del pasillo, donde vio a Jack, quien abrió una puerta y entro en una de las habitaciones. Después de un momento el Gobernador, se detuvo justo en frente de la misma puerta y lentamente levantó su mano, empujó la puerta con cuidado, abriéndola sin mucha dificultad.

Jack estaba parado en medio de una habitación bastante grande, pero antes de que el Gobernador decidiera entrar o no hacerlo, la puerta del otro lado de la habitación se abrió y… Elizabeth entro medio corriendo, Jack sonrió al verla.

"Estoy muriendo ahí." Se quejó Elizabeth con un mohín, después se lanzo a los brazos de Jack con una brillante sonrisa.

"Y yo estoy ganando." Dijo Jack, acariciando su cuello, causando que el Gobernador retrocediera abruptamente.

"¿Justamente?" Preguntó Elizabeth desconfiadamente, retrocediendo y sonriendo.

"Educadamente no tomare en cuenta esa pregunta indiscreta." Dijo Jack con los ojos entrecerrados.

Elizabeth le beso la nariz, su mentón, su boca y retrocedió, riéndose. "Le conté a todo el mundo, del terrible esposo que tengo." Dijo en un tono serio de voz, entrecerrando los ojos para ocultar su sonrisa.

"¿Lo hiciste?" Jack amplio sus ojos a verla, sonriéndole. "Seguramente, no enumeraste todos, sus numerosos actos escándalos."

"Lo hice." Elizabeth sacudió su cabeza con convicción. "Les dije que te mantienes besando mis pies hasta despertarme, sin dejarme dormir." Jack bufó. "Estoy segura que eso puede calificarse como tortura." Dijo frunciendo los labios.

Jack rozo sus labios contra los de ella. "Espero que no hayas olvidado mencionar que tu también me mantienes despierto." Le susurró con una maliciosa sonrisa, besándola otra vez.

El Gobernador, miró hacia otro lado, e iba a cerrar la puerta y a irse, sobre todo después que ese par de besos, se desenredaran el uno del otro y comenzaran a regresara a sus respectivas habitaciones, pero entonces Elizabeth atrapó la manga de la camisa de Jack y tiró de él hacia ella otra vez.

"¿Está todo bien Lizzie?" Preguntó Jack, mirándola intensamente y notando un extraño brillo en sus ojos.

Elizabeth se mordió el labio y asintió, levantó la mano y le arregló la peluca, aunque en realidad no necesitaba que se la arreglara en ese momento. Jack inclino su cabeza hacia a un lado y entrecerró los ojos para verla con una sonrisa.

"¿Lizzie?"

El Gobernador dejo la puerta entreabierta, intrigado, aunque en algún lugar detrás de su mente se regañaba a sí mismo por estar espiando.

"Tengo algo que decirte…" dijo Elizabeth casi tartamudeando, algo que Jack encontró bastante alarmante. Repentinamente Elizabeth encontró algo muy interesante en la manera que los botones estaban alineados, enderezándolos, una sonrisa avergonzada se cernió en los labios de ella. "Quiero decirte algo..."

"¿Elizabeth?" Jack le levantó el mentón con su mano, forzándola a mirarlo.

Ella suspiró. "No sé cómo decir esto para que suene especial." Dijo con un mohín.

"Todo lo que dices es especial, amor." Dijo Jack y Elizabeth bufó. "¿Qué pasa?"

Elizabeth suspiró otra vez, mirándolo un momento en silencio, hasta que finalmente decidió hablar. Respiró profundamente y después tomó las manos de él entre las suyas, ella lo miró profundamente a los ojos y sonrió. "Vamos a tener un bebé."

El Gobernador casi calló al suelo, así que se perdió la primera expresión que apareció en el rostro de Jack.

Jack miraba a Elizabeth con los ojos ampliados y por un momento Elizabeth pensó que debió de haberle dado ron antes de decirle las noticias. Ciertamente, Jack se veía como si necesitara ron.

"¿Un bebé?" Él susurró y Elizabeth asintió, conteniendo una sonrisa, a pesar que la expresión de absoluto asombro y de casi miedo en su rostro era casi divertida. "Una pequeña como tú." Dijo él después de una pausa, las esquinas de su boca comenzaron a moverse hacia arriba.

Elizabeth sonrió de oreja a oreja, aliviada. Una pequeña parte de ella tenía miedo de que Jack no estuviera contento, pero ahora no podía entender porque había estado tan insegura por su reacción. "Un pequeño como tú." Dijo ella con una sonrisa, deslizando sus manos por sus hombros.

Jack sonrió y la besó, acunando su rostro en sus manos. "Un pequeño como nosotros." Dijo él con una sonrisa traviesa, después de romper el beso y Elizabeth rio.

El Gobernador Swann se retiró con cautela y sin hacer ruido cerró la puerta detrás de él, el sonido de risas, lo acompañaron hasta que lentamente dejo el pasillo, sonriendo para sí mismo.