Hola a todos!

Producto de un desvarío jurídico... y una espera interminable para una audiencia de designador de árbitro... se me ocurrió esta idea para un fic cortito de tres a cinco capítulos, aún no lo decido (no puedo embarcarme en otro largo...tres sería como mucho¿no?).

Está dedicado y pensado para las ganadoras del concurso del fic "Conociéndote": Almanara, Iamalonefordanny, Kunni 24, Philana y Flor Pirata.

Espero que les guste. (¿podrían creer que sin querer rayé la parte trasera de un escrito con esta historia? Juraba de guata que era una hoja en blanco... un desliz ... je)

Saludos a todos!

PLAY


CAPÍTULO I

1.- ¿Te multiplicaste por cinco?

Malfoy. Draco Malfoy.

Muchas cosas se pueden decir de aquel rubio de ojos grises que causaba en el resto tanto odio como amor.

Hijo de mortífago, sangre pura y arrogante.

Cabezota, hiriente y venenoso.

Orgulloso, vanidoso y soberbio.

Buen mozo, elegante y sofisticado.

Una mezcla extraña.

Intrigante y a la vez atrayente.

No le era indiferente a nadie. Y eso él lo sabía, pues le sacaba un desmedido provecho.

Le encantaba tanto fastidiar como seducir.

Tanto insultar como cautivar.

Ondeaba su capa con garbo como si el mundo le perteneciera y llamaba la atención donde se encontrara con tan solo proponérselo.

Sí.

Ese era Draco.

Ese era Malfoy.

O al menos, eso parecía ser...


Dos jóvenes caminaban por los oscuros pasillos del castillo bromeando entre sí, contándose las anécdotas de la noche anterior mientras patrullaban como los prefectos que eran.

A pesar de que a vista de terceros Pansy Parkinson y Draco Malfoy parecían una pareja, ellos solo eran buenos amigos. Se conocían desde la infancia y si bien, ambos eran picaflores, los dos conquistaban por separado. La sola idea de acostarse en una misma cama a hacer "de las suyas" les provocaba arcadas.

Todas las noches salían en la búsqueda de algo de acción. Y esa noche no sería distinta al resto.

–¿Qué te traes hoy entre manos? –preguntó ella pícaramente.

–Nada especial, una chica de Ravenclaw –contestó no muy entusiasmado–. Llevo tres días y podría decirse que ya está en mi bolsillo... ¿y tú?

–También un Ravenclaw, estamos sintonizados ¿no te parece? –opinó mientras se colgaba de su brazo como de costumbre–. Yo creo que algún día deberíamos proponernos algo más difícil, como atrapar a un león.

–¿Para qué? –inquirió ceñudo–. No me gustan esos estúpidos con complejo de héroes.

–Sólo porque ahí se encuentre el trío de oligofrénicos no quiere decir que todos sean iguales –observó ella.

–Ni pensarlo. Me niego. Si quieres ensuciarte allá tú –respondió con desdén.

–¡Bah! Eres un aburrido –se quejó soltándose, colocando sus brazos a la altura del pecho–. Te apuesto que Blaise estaría encantado con mi idea.

–Probablemente. A él le sirve cualquier escoba.

La muchacha le sacó la lengua como una pequeña y se giró sobre sus talones para partir, no sin antes guiñarle el ojo con complicidad.

–Suerte Draco –dijo caminando en la dirección contraria.

–No la necesito Pansy –replicó encogiéndose de hombros.

Se dirigió al lugar acordado con unos minutos de retraso. Le gustaba ver la cara de alivio de sus citas cuando él hacia su triunfal aparición. Se regocijaba con la imagen de ellas nerviosas, mirando compulsivamente el reloj, impacientes, temerosas de una decepción o de esperar en vano.

Cinco minutos. Solo cinco minutos bastaban para lograr ese efecto, para alborotar sus hormonas, para hacerlas presa fácil.

La chica que lo esperaba sonrió ampliamente al verlo aparecer entre las sombras. Se estremeció por completo cuando, sin siquiera saludarla, la tomó entre sus brazos, estampándole un beso de película, dejándose arrastrar al territorio de las serpientes, a sabiendas que eso podía terminar en algo más que un simple encuentro furtivo.


Cuando los primeros rayos del sol le picaron en los ojos, supo que ya era hora de despachar a su amante de turno. Con sigilo, removió su brazo derecho, que se encontraba bastante acalambrado debajo de la muchacha, pero ésta no se dio por enterada. Dormía placidamente con una sonrisa en el rostro.

Pensó, en un alarde de caritatividad, que sería mejor dejarla vivir en su castillo flotante unos minutos más y decidió que era hora de una refrescante ducha.

Le extrañó que le costara tanto levantarse, "debe ser el cansancio. Fue una noche algo... movida" se dijo satisfactoriamente, aplaudiendo sus nuevas técnicas. Técnicas que oportunamente practicó con la chica que ahora yacía en su cama, sin saber que tan solo era una más del montón.

Las tablas del piso crujían con cada paso, situación que confirmó su tesis de que el colegio iba de mal en peor. Ya no bastaba con tener alumnos desagradables e impuros, sino que también debían vivir en condiciones indignas para alguien de su estirpe.

Se dirigió al baño extremadamente cansado, como si todo el cuerpo le pesara una brutalidad. Algo definitivamente no andaba bien esa mañana, más no se imaginaba que podía ser.

Como siempre, se observó con ojos somnolientos en su espejo personal de cuerpo entero, pero no era precisamente su reflejo lo que le mostraba aquel artefacto. Se rascó sus orbes grises con violencia, sin embargo la imagen seguía ahí. "Tiene que ser una pesadilla. Tiene que ser una pesadilla. Tiene que ser una pesadilla" repetía una y otra vez "¡Por qué no puedo despertar!".

Se pellizcó aquél desconocido brazo dejándose una marca por la fuerza utilizada, pero nada. Nada lo despertaba.

Un grito de mujer a sus espaldas lo hizo caer en la realidad. Era él... no era un sueño.

El obeso mórbido que le devolvía la mirada no era nadie más ni nadie menos que Draco Malfoy.

La Ravenclaw seguía gritando como desaforada, pero no la escuchó, pues pronto perdió la conciencia, dejando caer casi 200 kilos de sangre pura de un sopetón.


No podía creerlo. ¿Qué ser tan despreciable e inmisericordioso podría haberle hecho esto? Estaba seguro que con esas dimensiones, con su nueva "humanidad", podía perfectamente encogerse en una pelota y rodar cerro abajo.

Miró sus manos regordetas y sus brazos rollizos con una mueca de asco. No es que antes fuera la gran cosa y se constituyera como un ser musculoso y tonificado, un adonis, pero al menos no era una bola de grasa con patas.

Le tomó innumerables intentos tratar de levantarse de la camilla, pero el volumen de su trasero insistía en conspirar contra sus propósitos.

Bufó frustrado. De haber sido débil, como un despreciable Hufflepuff, hubiera estallado en llanto y lamentos. Pero él no, otro sentimiento se encajaba en su pecho, un sentimiento propio de un Slytherin. Venganza pura y dura.

Buscaría al culpable de su pesar y lo torturaría hasta que clamara por piedad. Sin embargo, él no lo escucharía. Se haría el sordo y seguiría torturándolo hasta que deseara jamás haber nacido, hasta que maldiga el día en que sus padres se conocieron, hasta que...

–Joven Malfoy, al fin despierta, ¿cómo se siente? –preguntó amablemente la señora Pomfry, interrumpiendo sus planes maléficos.

–De maravilla –respondió sarcásticamente–. ¿Saben quién fue el mal nacido que me hizo esto?

–No maldiga en mi enfermería... y no, aún no lo sabemos, pero se inició la búsqueda del culpable.

–Estupendo –siseó mosqueado, sabiendo que aquellas palabras en realidad significaban "lo siento, pero probablemente jamás encontraremos al responsable"–. ¿Cuánto tiempo estaré así? ¿Una? ¿Dos horas?

–Bueno, eso es... relativo –contestó distraídamente, mientras ordenaba los frasquitos de pociones curativas alfabéticamente.

–¿Relativo?

–Puede ser una hora, puede ser un mes...

–¡¿Qué?! –vociferó descontrolado–. ¡No puedo estar encerrado así un mes!

–¿Encerrado? –inquirió una tercera voz desde la puerta de la enfermería–. Usted no estará encerrado, deberá asistir a clases como cualquier alumno.

–¡Está loca! ¡No puedo salir! ¡No pueden verme así! ¡Qué será de mi reputación! –chilló a punto de colapsar.

–¡Más respeto jovencito! ¡Ya no soy solo su profesora de transformaciones sino también su directora! –regañó McGonagall –. A menos que quiera ser expulsado deberá asistir a clases con regularidad. Además ¡piénselo! Le servirá para madurar como persona y aprender un poco de humildad. Nos vemos en clases –sentenció reprimiendo una sonrisa al ver como la cara rechoncha del rubio se inflaba de ira.

–Mierda –masculló entre dientes, sintiendo que su vida no podía ir peor.


Se había equivocado. Su vida podía ir peor, mucho peor.

Luego de luchar contra su uniforme para caber en él –logro que sólo fue posible mediante un hechizo que agrandó sus prendas–, tuvo que bajar a la sala común, donde todos lo observaban con espanto. Nadie se atrevía a proferir palabra, hasta que los más cercanos finalmente salieron del shock.

–Ma...ma... ¿Malfoy? –balbuceó Zabini, incapaz de dar crédito a lo que estaba viendo.

–¡Draco qué te hicieron! –exclamó Parkinson horrorizada, tapándose la boca con ambas manos.

–¡Te multiplicaste por cinco! –soltó Nott con una carcajada.

–¡Silencio! –gritó desaforadamente el rubio–. Primero, si Blaise, soy yo. Segundo ¿Qué me hicieron? No tengo la menor idea Pansy, al parecer una "bromita" de algún graciosito que lo pasará muy mal cuando lo encuentre. Y tercero... ¡Púdrete Theo! ¡Porqué no te multiplicas por cero y desapareces!

Gruñó enojado y a la vez desolado. Si esa era la reacción de sus amigos, ¿Qué le esperaba por parte de sus enemigos?

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