Nota: agregué una pequeña modificación, por sugerencia de Ruki Ballack



Borrador sentimental

Cómo decirte que no. Eres fría, altanera, indomable, pero me gustas. Tan irremisiblemente indefensa te vuelves cuando estas sola conmigo. Me siento responsable de ti, y me invaden unas terribles ganas de protegerte, de sentir tu respiración leve sobre mi pecho.

Ya han pasado varios años. Ya no somos unos niños. Los digimons han quedado atrás, y tuvimos que retornar a nuestras vidas a falta de aventuras. Te llevo tres años, es cierto. Pero a medida que la gente crece la diferencia de edades pierde significación.

Tus veintiuno te sientan muy bien. Eres hermosísima, alta, pelirroja. Tu piel es de porcelana, tus ojos claros, cristalinos. Tus voz es leve, tranquila, sensual, al igual que tus pasos. Tu rostro, sencillamente perfecto. Tus proporciones ideales. Y aunque dije que eras muy esquiva conmigo, siento que nuestra relación ha cambiado. Ya no me tratas tan mal. O será que quizás ya me he acostumbrado a ello...

Lo admito. Siempre me gustaste. Hasta el punto de negarme a entablar una relación con otra chica, aún cuando sabía que no darías el brazo a torcer.

Sin embargo, tú tienes que admitir que algo te remuevo cuando te miro fijamente a los ojos. Tratas de esquivar mi mirada. Y estoy convencido de que te he hecho sonrojar.

Pero, como dije al principio, no puedo negarme. Me pediste que te ayudara a estudiar algo de lógica proposicional. Me resulta absurdo que no lo entiendas... Pero no te cuestioné nada. Más después de que al verme vacilar insistieras diciendo "¿Me ayudas o no?". Por suerte no me diste oportunidad de rechazarte, porque me habría arrepentido toda la vida.

Mis amigos comenzaron a reirse de mí mientras yo emprendía camino hacia tu casa. "Querés convertirte en chupete" "Adiós, Bugs Bunny" gritaban a mis espaldas. Al ver que era inútil, decidieron dejarme tranquilo.

Fue así como llegué. Tú me esperabas rodeada de libros, sentada, en el living de la casa. Estabas tímida... ¿por qué?

Cuando lograste tenerme entre tus brazos (confieso que no me resistí mucho) ví todo mucho más claro. "Para esto me citaste", te dije. "Si no te gusta te puedes ir" replicaste, tratando de separarme de ti. "Claro que no, tonta... sólo quisiera comprobar que no estoy soñando". Recibí un pellizcón de tu parte que me dejó el hombro colorado. Pero no me quejé.

Esa tarde fue fantástica. Y creo que, después de todo, amo la lógica proposicional. ¿Qué me dices tú?