(Capítulo Editado)

Disclaimer.-

Sailor Moon no me pertenece, ni ninguno de sus personajes. Todos son propiedad de Naoko Takeuchi, a la cual estoy muy agradecida por haber compartido con todos nosotros su fantástica historia y creaciones.

Esta historia es para fines de entretenimiento y no busco lucrar con ella. Por favor sean flexibles y amables conmigo, es la primera vez que escribo para que otros lean y juzguen; sólo a unos cuantos les he mostrado mi forma de escribir (y hasta donde sé no lo hago del todo mal), pero también es la primera vez que escribo un fanfic, así que tratare de meterme en los personajes y no interferir su personalidad ;)

"Lágrimas"

Por

Sams Brok

-Prólogo-

-"¡Serena!...Llegaras tarde de nuevo…."- la voz de una mujer se escuchaba a lo lejos. Se escuchaba molesta y cansada a la vez.

Una rubia saltó de la cama, observó el reloj de tocador con forma de un gracioso conejito, salió disparada de la habitación dirigiéndose al baño alcanzando a lloriquear un tanto infantil:

-"Mamá, ¿por qué no me despertaste más temprano?..."-

Mamá Ikuko sonrió resignada escaleras abajo y susurró -"Serena Tsukino, nunca cambiaras…"

Serena Tsukino, era una linda chica que ya estudiaba el último año de preparatoria, con 18 años de edad. A pesar del tiempo seguía siendo la misma chiquilla alegre, ingenua, despistada, confiada, y amigable con todo mundo, y por supuesto, "algo" irresponsable a opinión de sus amigas que, a pesar de lo que le dijeran o reemprendieran (sobre todo Rei), la querían, y no la preferían de otra forma.

Unos minutos después Serena salía de la ducha y rápidamente se puso el uniforme, se peinó con los ya clásicos chonguitos que prácticamente la distinguían, se maquilló levemente, se miró al espejo sintiéndose conforme y se apresuró a bajar a la cocina; saludó a sus padres, que ya estaban acostumbrados a la rutina de su hija, tomó un pan tostado y el pequeño paquete con su desayuno que su madre le ofreció.

Salió corriendo de casa, para encontrarse en la entrada con sus muy queridas amigas: Amy, Lita y Mina que la observaban algo impacientes. Amy se apresuró a hablar primero:

-"¡Buen día Serena!" – Sonriendo resignada –"Vamos retrasadas..."

-"Relájate Amy, son sólo unos minutos"- intervino Mina muy confiada con su habitual sonrisa-"ni siquiera tenemos que correr…"-

-"Lo siento chicas…"- dijo una apenada Serena.

Lita sólo sonrió y comenzó a caminar detrás de las chicas.

-"No me gusta retrasarlas, Amy."- Mencionó Serena mientras comenzaba a morder lentamente su tostada.- "no es necesario que pasen por mí todos los días".

-"No te preocupes Serena"-contestó muy alegre Mina. Lita y Amy sonrieron abiertamente.-"Además, sino pasamos por ti, eres capaz de ni siquiera alcanzar a llegar..."

Serena sólo sonrió ante el gesto de sus amigas. Ella sabía que esa no era la razón real del actual comportamiento de las chicas. De un tiempo para acá se comportaban un tanto sobreprotectoras con ella. En realidad fue casi desde lo de Galaxia, pero se había intensificado en las últimas fechas. La razón era que sabían que en cualquier momento podría ocurrir lo predicho por Setsuna: un enemigo, una catástrofe, el congelamiento de la Tierra, y por supuesto, la fundación de la hasta ahora utopía "Tokio de Cristal". Esto último no representaba una preocupación para ellas, el problema eran las dos primeras situaciones, ya que, después de lo sucedido con Galaxia, Serena había perdido la facultad de transformarse, lo cual la ponía en desventaja.

Por tal razón, últimamente sus amigas se habían vuelto sus guardaespaldas, no la dejaban sola. Ni siquiera para dormir, porque estaba casi segura, que noches atrás había alcanzado a ver por su ventana y muy sutilmente, la silueta de Haruka.

Era, claramente para ella, una situación exasperante, aun así no deseaba llevarles la contraria.

Al menos las tenía con ella, eran sus amigas, sus confidentes; se divertía tanto que deseaba que nunca cambiaran, que siempre estuvieran con ella, a su lado, disfrutando de la vida, de su juventud, que cumplieran sus sueños y anhelos.

Pero sabía que no siempre seria así, por ella y por un destino que nunca pidieron, estaban atadas a ella y a un futuro imperio al que deberán dedicarse en cuerpo y alma. No hablaba de esto con las chicas, al menos lo menos posible. La descorazonaba saber que ellas parecían estar entregadas a su destino haciendo a un lado sus deseos terrenales:

Mina había deseado tanto ser una gran artista: actriz, modelo, cantante; Lita deseaba ser una Chef profesional y viajar por el mundo; Reí tenía un hermoso sueño de ser compositora y cantante; Amy soñaba con poder ser una gran Doctora y dedicarse a sus pacientes como su madre.

Pero nada podría ser realmente así, si no estaban equivocadas, en cualquier momento ocurrirían los hechos que generarían la creación de Tokio de Cristal en el futuro, y ellas se harían responsables de la protección de ese imperio.

Responsables. Esa era la palabra clave en todo esto. Sólo bastaba recordar cómo tiempo atrás Amy había renunciado a irse a estudiar lejos, a una prestigiosa escuela que sería elemental para su carrera como futura doctora, pero no se fue, renunció, por ella, por sus amigas, por su gran sentido de responsabilidad.

Serena sentía nacer un sentimiento de culpabilidad, pero, era necesario, estaba escrito, por el bien de la Tierra, del Sistema Solar, y hasta de sus seres queridos, Tokio de Cristal debía nacer, y hasta, egoístamente, por Darién, por Rini y por ella. Porque Tokio de Cristal también significaba la consumación de su amor por Darién, su hija, su felicidad y su reino. Tal y como debió ser en el pasado.

Darién, su amor, su ilusión, su sueño, su vida. Su corazón latía tan hermosamente tan sólo con mencionar o escuchar su nombre. Él era todo para ella. Lo amaba tanto y lo necesitaba tanto. Era tan dichosa de tenerlo a su lado. Él la amaba y la cuidaba, quizá no solía demostrar sus sentimientos en su totalidad, y más cuando estaban en público, pero la amaba y ella podía sentirlo. Al menos estando con él, no tenía que estar ´resguardada ´por sus compañeras, o, al menos eso quería pensar.

Después de lo de Galaxia él decidió quedarse junto a ella. Ahora tenía una pasantía como doctor en un prestigioso hospital. Se sentía tan feliz por él. Tal vez no lo veía tan seguido como ella quisiera, pero aun así se sentía tan orgullosa. Su relación iba como viento en popa, eran felices, y Serena no veía la hora en poder convertirse en su esposa.

Un ligero sonrojo se apoderó de sus mejillas y un exquisito hueco en el estomago la embargó mientras aún caminaba junto a sus amigas, lo cual no pasó desapercibido para Amy, quien alcanzó a notar también una ligera sonrisa en el rostro de Serena. No pudo evitar preguntar, llamando la atención del resto de ellas:

-"¿Estás bien? ¿Tienes fiebre?"- notándose algo preocupada, tocó ligeramente la frente de la chica.

Cuando Serena notó las tres miradas sobre ella y con los recuerdos de lo que estaba pensando, no pudo evitar sonrojarse furiosamente.

-"N-no…yo-yo estoy bien…"-murmuró bajando el rostro.

Mina dejo ver una sonrisa picara y palmeó ligeramente la espalda de Serena diciendo con total confianza:

-"¡Vamos Amy! ¿Qué no es obvio? ¡Está pensando en Darién! ¡Qué romántico!"- dijo casi chillando.

Lita sólo se dedicó a reír dulcemente a una Serena un tanto abochornada.

Después de un rato y de tener que lidiar con los comentarios y sugerencias de una alegre Mina llegaron a su destino.

En una cafetería, ubicada en una linda y elegante plaza, una pareja se encontraba disfrutando de un ligero desayuno. Una hermosa joven de cabellos verde aguamarina, acompañada de la que parecía ser un rubio y atractivo joven, que en realidad se trataba de otra chica.

Haruka y Michiru, dos singulares chicas que en realidad eran dos poderosas Sailor Scouts, mantenían la mirada perdida, ambas en diferente punto. Tranquilas, serenas, en un agradable silencio.

Hasta que Michiru habló con un tono de diversión:

-"¡Un millón por tus pensamientos!"- observó a Haruka dulcemente.

Haruka sonrió -"No tienes un millón…"

-"No especifiqué de que."- contestó Michiru sonriendo pícaramente.

Haruka devolvió la sonrisa. Después su rostro volvió a quedar serio, alzó el rostro al techo y cerró los ojos, susurrando:

-"No puedo evitar estar preocupada…"

-"Y cansada"- añadió Michiru cariñosamente.- "Deberías permitirme ayudarte en esas… ´rutinas ´nocturnas que has acostumbrado".

-"No es necesario," -Haruka fijó su mirada en las pupilas de su compañera para después desviar la mirada una vez más- "además, Plut lo toma a la ligera puesto que de una u otra forma conocemos el desenlace de todo esto, y tú no has notado nada raro en tu espejo…"

-"Sin embargo, no dejas de preocuparte".

-"Sabemos que será pronto,"- Haruka frunció ligeramente el ceño- "sabes que no me gusta dejar nada a la suerte."

Michiru sonrió con dulzura, y de la misma forma comentó:

-"Es lindo…ver el cariño que le has tomado".

La ternura en el rostro de Haruka no se hizo esperar. Era cierto, no le avergonzaba aceptarlo, le había tomado mucho cariño a esa ´niña´.

-"Imposible no hacerlo..."- añadió Haruka. –"Quiero protegerla y evitarle siquiera el menor sufrimiento… Después de conocer el enorme valor que tiene, eso me da ánimos para luchar por ella."

Michiru la observó, admirada de la determinación de su compañera. Conocía los sentimientos de su amiga, pero era raro que ella los expresara tan abiertamente.

Haruka notó la mirada de Michiru y con un tono divertido comentó:

-"¿Celosa?".

- "Nunca de nuestra princesa"- contestó con dulzura. En realidad, no se extrañaba de compartir los mismos sentimientos.

Horas después, en el Templo Hikagua una atractiva jovencita de cabellos azabaches se encontraba meditando frente a una enorme llama. Con el entrecejo fruncido murmuraba algunas palabras ininteligibles, mientras que la llama parecía bailar arduamente para ella.

De pronto, la flama aumentó desproporcionalmente de tamaño, como un flash que duro un par de segundos lanzando a una sorprendida Rei al suelo, para después apagarse de la misma forma en que vino.

Rei frunció el ceño con el rostro agotado. Esto era nuevo, desde hace unas semanas que hacia la misma 'exploración' y no había sucedido esto. Comenzó con ese tipo de rutinas porque empezó a sentir algo extraño, una predicción, pero hasta ahora tenía resultados. Había visto algo, en esos dos segundos alcanzó a ver un par de sombras en el fuego.

Era confuso. No estaba segura si se trataba de enemigos. Una de ellas era una sombra oscura, tal vez un hombre, pero el tono era casi sutil a comparación de la segunda sombra que era muy negra, una mujer, aunque su silueta se le hizo muy familiar, demasiado. El primero inspiraba mucho resentimiento y la segunda, tanto dolor.

Rei no pudo evitar un nudo en la garganta, ese sentimiento la descorazonaba. Pero era imposible. Serena nunca debía de sufrir de esa forma, nadie merecía sufrir así. La segunda sombra no debía pertenecer a ella.

Rei Hino ni mucho menos Sailor Mars permitirían que algo pudiera lastimarla de esa forma. La protegería como diera lugar, porque no sólo era su princesa, ni la salvación para la Tierra...también era su amiga, la mejor.

Darien Chiba se encontraba en uno de los amplios pasillos del Hospital tomando un vaso de agua en uno de los breves descansos que le autorizaban.

Tenía la mirada perdida en la cristalina agua. Se sentía tranquilo, relajado. Ansioso.

Estaba planeando como pedirle a Serena que fuera su esposa. Así es, estaba decidido. Además de que era una excelente forma de terminar con la extraña tensión de las últimas semanas, tal vez así las demás chicas se relajarían un poco y Serena olvidaría las preocupaciones.

Sonrió. Intentaba imaginar la reacción de la chica, era tan linda. La amaba, no tenía dudas, y de sólo imaginar el hermoso futuro que les esperaba… su hija… no cabía en sí de la felicidad. Era consciente de que no era muy expresivo con ella, no estaba acostumbrado a ello, pero lo intentaba y sabía que ella sentía su amor. Una vez que la desposara dedicaría su vida a demostrarle su amor y hacerla feliz.

No dejaba de preocuparle, por supuesto, el hecho de que algo grande e inevitable se acercaba pero, tal y como Setsuna había predicho, debían dejar ser y hacer, ya que conocían el resultado (algo que no debió pasar). Aunque Haruka prefería ser prevenida y no dejar nada a la suerte, lo cual le agradecía. Serena era su mayor tesoro.


^^Por favor no olviden los reviews, será un consuelo para mi saber que responden a la historia, ya sea para criticar, comentar, saludar, sugerir o reafirmar algo, pero envíenlos xfa, de esa forma sabré si debo seguir, cambiar, abandonar o darle un nuevo curso al método de escritura.

La nota al principio sobre capítulo editado se debe a que en estos dias estare editando y con ello tratando de corregir mi ortografía deficiente de todos los chaps de este fic^^. Por su comprensión, arigato gozaimasu~.~