Cada día desde el primero, Elphaba se levanta antes de que salga el sol, se enfunda en su capa de negra tela regia y se cuelga

Cada día desde el primero, Elphaba se levanta antes de que salga el sol, se enfunda en su capa de negra tela regia y se cuelga del hombro la bandolera que esconde una pluma verde y un cuaderno de hojas amarillentas y ajadas.

Camina diez minutos, cada día desde el primero, y desciende al suelo sentándose sobre sus rodillas, cierra los ojos dejando escapar tímidamente el aire caliente de sus pulmones y recuerda.

Palabras, frases, entonaciones. Cánticos que debería haber aprendido mejor. Saca la pluma y apunta en el cuaderno y entonces, cada día desde el primero, la bruja mueve los brazos de un modo hipnótico con la vista fijada en algún punto del infinito mientras sus cánticos recorren el olvidado bosque, retazos de lo que recuerda de la Grimmería mezclados con sus propias palabras en una melodía solemne y melancólica.

Cada día desde el primero Elphaba regresa a la pequeña cabaña, al calor de su lumbre y la simplicidad de sus muebles y mira como Fiyero duerme media hora más hasta que sale el sol y sus miembros de paja se estiran y crujen sobre la cama y el príncipe del Winkus se despierta.

Sonríe, cada día desde el primero, con esa sonrisa canalla y provocadora que siempre tuvo y parece tan genuinamente feliz que a Elphaba se le parte un poco más el alma, cada día desde el primero.

Desayunan juntos, cerca de la lumbre del hogar pero no lo suficientemente cerca como para que la paja de Fiyero corra el riesgo de prenderse, no sería la primera vez y aunque indolora no es una experiencia agradable. Pan con queso y azúcar, leche templada en las ascuas, no es precisamente un desayuno de príncipes y a ella le duele cada bocado aunque a Fiyero no parezca importarle.

Cada día desde el primero

Los Animales en apuros vienen a su encuentro, a la pequeña cabaña en mitad del bosque perdido más allá del Vinkus, todos saben dónde tienen que acudir si algún día necesitan de ese tipo de ayuda de la que nadie brinda a un Animal, la mayoría desconoce lo que se va a encontrar más allá de la pequeña puerta de madera de la humilde cabaña, muchos se sorprenden cuando ven su brillante piel verde a la luz del fuego crepitante pero ninguno, ni uno solo de ellos, hablará nunca de la bruja que fue la malvada bruja del Oeste fuera del bosque. Si algún día tienes problemas dirán a sus Crías y Cachorros problemas de verdad, busca una pequeña cabaña en lo profundo del bosque perdido y nunca hables de esto con nadie. Así ha sido, cada día desde el primero.

Cada día desde el primero Fiyero les hace pasar y les acomoda, les da de comer si están hambrientos y de beber si tienen sed, les cura sus heridas si es que vienen heridos e insiste en ayudar a Elphaba en lo que sea que se necesite para solucionar el problema.

No les falta comida, ni techo, ni ropa. Lo que Elphaba no puede conjurar siempre es provisto por algún Animal agradecido pero cada día desde el primero, ella mira a su hombre de paja cuando éste no la ve y llora una sola lágrima porque esta no es la vida que nació para llevar, porque su propia salvación ha sido la condena de Fiyero que aunque quisiera no podría volver, no después de haberle convertido en lo que es.

Cada día desde el primero se acuestan cuando anochece en un lecho mullido de lana con mantas de colores tejidas con lana de ñu y espalda contra pecho Fiyero la abraza desde atrás procurando no arañarla con la paja de sus brazos

-Hoy ha sido el mejor día de mi vida – insiste cada día desde el primero y cada día desde el primero Elphaba tiene que contener las lágrimas pro lo que sabe que es una mentira piadosa.

Ella siempre se duerme la primera, así ha sido cada día desde el primero, mirando desde la cama las estrellas de la noche a través de la ventana y cuando su respiración se vuelve lenta y está a punto de perder la conciencia del mundo real cada día desde el primero él la aprieta contra sí un poco más.

-Te quiero – dice- me haces muy feliz, mi verde Fae.

Y cada día desde el primero desde el reino que discurre entre el sueño y la vigilia Elphaba quiere que sea cierto con tanta intensidad que le duele el corazón de desearlo.

Cada día. Cada día desde el primero.