Gracias por los reviws!! Me animaron a seguir. Prometo que viajaran a España yuee, pero que te parece que lo hagan en el último fragmento de la historia??; ¿por ejemplo, que termine allí?.

Ahora, a leer. Espero que les guste.

Hermione empujaba tozudamente la maleta, que se había encallado en un socavón en el suelo. De nuevo en el aeropuerto, con Snape maldiciendo por lo bajo; de nuevo con "aspecto" de muggles; de nuevo viajando, esta vez, con un acompañante más; Paolo. Horas después descendían del avión con Lupin algo mareado, en el aeropuerto de Bruselas. Tomaron el autobús, hasta llegar a la estación de tren. La mayoría de la gente les miraba con extrañeza, y Hermione ya no sabía si era porque les oían hablar inglés; o porque Dumbledore había decidido, por el frío, colocarse la capa más llamativa que tenía: azul con pequeñas estrellas que brillaban intermitentemente.

A pesar de todo, Hermione se sentía en su salsa. Después de varios veranos yendo a Francia con sus padres, comprendía el idioma casi perfectamente; aunque su estupefacción fue en aumento, cuando observó como su profesor, con su habitual voz grave y sus modales austeros pidió en un perfecto francés cinco billetes. Cuando el hombre se volvió, ella continuaba observándole con curiosidad; pero al ver fijos en ella sus inquietantes ojos negros, se sonrojó, y tomando su billete se volvió. Mientras caminaba tras ella, Severus pensaba en Italia, y en el cupiditas desideratio… seguía preguntándose, ¿era él la persona que más desea Hermione?.

La bruja por su parte, conocía el hecho de que había sido sometida a un cupiditas, lo que no sabía es lo que pensaría su profesor de eso. Mientras pensaba en eso, Lupin la rodeó protectoramente con los brazos, mientras esperaban en el andén.

Tomaron un tren, que les condujo hasta su último destino en el país; la encantadora ciudad de Brujas. Llena de canales y escondrijos, era el sitio ideal para mezclar magos y muggles, y por supuesto, para esconder algo tan especial, como un fragmento de la piedra de la Luna.

Se instalaron en la casa de un amigo de Paolo. Un pequeño edificio, que como todos los de Brujas tenía los tejados picudos y un aire de lugar recién salido de un cuento; las enredaderas cubrían casi toda la casa, dejando solo espacio para la puerta y las ventanas, que parecían los ojos y la boca de tan singular rostro. Estaba situada por el centro de la ciudad, en un lugar bastante privilegiado, puesto que la parte de delante se encontraba en una callecita curiosa, y la parte de atrás, con un pequeño jardín adornado por un árbol y una cancela (una puerta de barrotes con dos muros al lado) blanca (por supuesto, llena de enredaderas también), daba al canal, de aguas silenciosas.

Mientras los demás deshacían sus maletas, Hermione salió al jardín. Se sentó en una silla, desde la cual, podía ver el río a través de las rejas de la puerta; pero estaba resguardada de miradas indiscretas, por los muros que lo rodeaban. Una barca llena de gente pasó cerca de donde ella se encontraba, pero refugiada como se encontraba ni siquiera se percataron de que estaba allí; de pronto, una voz la sobresaltó.

"¿Qué es lo qué observas con tanta curiosidad?"

"Nada" contestó ella. "Solo pensaba". Un cisne blanco y orgulloso se deslizó río abajo. Severus se sentó a su lado, y hasta la muchacha, llegó su olor; masculino y penetrante; y recordó, sin poder contenerlo, el momento en que los labios de Snape la habían besado, recordó el tacto de sus manos, recordó la sensación de su piel contra la suya… y posteriormente recordó que no era él… que había sido otra persona… y en cierto modo se sintió engañada; le observó. Él miraba el río, y su pelo oscuro recortaba su perfil. Solo llevaba una camisa negra, y unos pantalones del mismo color, y sus manos de dedos finos y largos, pero fuertes, descansaban en su regazo.

Se volvió y se miraron a los ojos unos instantes que se hicieron eternos, las sillas se encontraban tan cerca que podían rozar sus rodillas; Snape se incorporó en la misma y apartó los rizos del rostro de ella:

"Hermione" susurró.

"¿Si?" preguntó ella también en un murmullo, nunca habían dicho su nombre de esa manera. Severus se inclinó hacia ella, y rozó sus labios, solo eso, un roce, pero hizo que una descarga eléctrica se desencadenara en el cuerpo de la muchacha. Él volvió a hacerlo esta vez con un poco más de fuerza, pero sin llegar a ser más que un roce.

"Hermione" repitió "¿soy yo al que más deseas?".

El corazón de la muchacha palpitó a mil por hora y tenía la sensación de que se le iba a salir del pecho, pero de pronto, las dudas llenaron su mente, y en un instante… no estaba segura. Severus vio en sus ojos las dudas y se apartó un poco.

"Hermione" repitió por tercera vez. La muchacha le miró a los ojos y entonces:

"No" se escuchó una voz tras ellos. Ambos se volvieron, Lupin se encontraba ante ellos, desafiante, el viento hacía ondular un poco su cabellera rubia algo larga (tazón más o menos). Severus se levantó y Hermione sentada, observó como los dos hombres se medían en silencio.

"¿Cómo te atreves a entrometerte en una conversación privada?" murmuró Severus con los dientes apretados.

Sin contestación, Lupin sacó la varita, y la agitó en el aire con enfado haciendo que miles de virutas de colores salieran de la misma, consiguiendo con esto dos cosas: la primera que Hermione, asustada, se levantara de un salto y se colocara ante Snape, para, quizás, protegerle de un posible ataque; y la segunda que Dumbledore y Paolo, salieran de la casa, alarmados por el jaleo.

"¿Se puede saber qué hacéis?" preguntó Albus.

"Nada, Albus… yo, solo…" intentó disculparse Lupin, en un tono duro, aunque inconsecuente.

Dumbledore observó la escena: Remus varita en mano, apuntando al otro lado del jardín; donde se encontraban Hermione y Severus, ella ante él, apenas un milímetro separaba sus cuerpos y la mano de Snape descansaba en la cadera de ella. Albus sacudió la cabeza.

"Vamos, Paolo va a enseñarnos el último lugar donde se vio la piedra, si es que deseáis verlo, claro".

Los tres se miraron, Hermione intentando apaciguar a ambos hombres, y asintieron en silencio. Segundos después, salían a la calle por la puerta principal.

Ni siquiera Hermione se imaginaba, cuando Lupin la dijo que sus instintos iban a cambiar, que se fuera a sentir así.

Bon soir!!

Ça va??

Bien, ese el capítulo, ¿qué tal? ¿Os gustó?.

Espero tomatazos o elogios en los reviws.

Por cierto, no sé si ha quedado claro, pero yo a Lupin me le imagino un pelín diferente a como es en las pelis; más guapetón, más interesante.

La casa de esta escena, es el hotel de orangerie, de Brujas, con adaptaciones; por si queréis haceros una idea.

Bien, pues eso es todo.

Besotes.

Aura.