Capitulo 1

Hola!! Como siempre muchas gracias si lees este fic. Es mi 2 fic largo! Va a tratar sobre 10 reglas por las que Draco Malfoy rige su vida y que va a romper. Ustedes por quien creen que las rompa?? Narrado en primera persona por Herms y Draco!!

100 Dramione!! xD

Después de este breve sumary, les digo: Pase y lean!! Y por favor… me dejarían un review?? Gracias!!

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Disclaimer.- Ya saben… personajes, lugares, hechizos, clases, y bla, bla, bla; no me pertenecen a mi, si no a la grandiosa J. K. Rowling. Lo único que es mío es la trama y la idea.

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Capitulo 1

Prólogo

NARRA DRACO MALFOY

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Estoy frente al espejo de mi alcoba, observando cada parte de mi cara afilada, pensando en mi asquerosa vida, esta vida que el destino me puso en frente. Una vida gobernada por diez reglas que la hacen miserable.

La vida de un Malfoy.

Es increíble como puedo seguir obedeciendo esas reglas que tanto me limitan y no me dejan ser un chico normal, con preocupaciones y temores como cualquiera. Pero es que según las creencias de mi familia, un Malfoy debe ser todo, menos normal.

Diez reglas. Diez que no creo que nunca deje de seguir, por que no conozco otra vida. No se como podría yo cambiar, si llevo diecisiete años siguiendo esas normas morales, como todo buen Malfoy.

Mi padre. Un ejemplo para mi familia, el Malfoy perfecto. No muestra sus sentimientos, (e incluso dudo que los tenga), no se suaviza, no se deja convencer, frío en todo momento, etc., etc.

Lo odio. Lo odio por que a pesar de que es un maldito ególatra, altanero y mujeriego, yo

lo sigo viendo como el ejemplo a seguir, como una persona que merece mi adoración y mi cariño y lo odio por creer que por darme tanto dinero que una cuenta en Gringotts no basta, solo por eso tiene derecho a tratarme como a su marioneta, como un maldito títere.

Mi madre, por otra parte, según mi padre, es débil. Pero yo creo todo lo contrario. No creo que sea débil. Tal vez cobarde, pero no débil. Por que si hubiera sido débil, habría sucumbido ante el dolor cada vez que él la engañaba. Por que a pesar de que por dentro estaba muriendo, ante todos mostraba su perfecta imagen de una esposa digna de un Malfoy.

Pero a pesar de todo, era cobarde. Cobarde por no atreverse a enfrentar a mi padre, por no darse su lugar ante él. Por no saberse dar a respetar y por aguantar todas las estupideces que él hacía. O le hace, no lo se. Cobarde, por solo tener el valor cuando no se trataba de ella, sino de mí. Solo en aquellas ocasiones remotas, ella daba la cara. Solo por mí. No por ella, ni por nadie más. Por mí.

Pero si entramos en ello, yo tampoco soy más que un maldito cobarde. Por que en lugar de enmendar y dar la cara, me escondía detrás de sus faldas, haciendo que ella sufriera por mis acciones. Claro que yo no siempre tenía la culpa, pero ella es una mujer, y no cualquiera, sino la que me trajo al mundo, mi madre, y por ese simple hecho, yo debí de protegerla a cualquier costo.

Pero soy cobarde.

Nunca me he rebelado, nunca he querido siquiera dejar esta maldita vida que hasta hoy he tenido. Nunca, por que, como ya dije entes, no conozco otra. Y como puedo creer que alguien pudiera si quiera voltear a verme con ojos que no vean otra cosa más que el linaje, la belleza, el apellido y la cuenta en Gringotts?

Por que a pesar de lo que pesa, llevo la sangre de Lucius Malfoy en mis venas, y eso no lo puedo cambiar. Tengo un destino forjado desde que me engendraron, un destino del que no puedo opinar. Solo seguir adelante, esperando que el final llegue pronto, para no tener que seguir en esta cosa que llaman vida.

Por que ni siquiera tengo el valor suficiente como para quitarme yo mismo de la vida terrenal. Solo espero que alguien tenga la suficiente sangre fría como para hacerlo sin maña y con el mínimo dolor. Y si tengo que pagar mis culpas eternamente en el maldito infierno, que así sea. Cualquier cosa es mejor que estar muerto en vida.

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"Toc, toc"

Dejo de escribir en mi libreta y me levanto de un salto. Guardo el librito en el cajón, lo cierro con llave y bajo diferentes sortilegios, para después encaminarme hacia la puerta de mi alcoba, en la guarida de los de mi casa. Abro la puerta y miro con desagrado a la pelinegra que se encuentra tras ella, recargada en el marco de manera estúpidamente provocativa.

Que quieres, Pansy?- Le pregunto, hastiado por las continuas insinuaciones de mi compañera.

Hola.- Me dice ella, mientras se me cuelga del cuello, susurrándome al oído.- Mi cama está muy fría sin ti, Dragón.

Pues se va a tener que quedar así, por que hoy no tengo ganas de hacer nada contigo. Ni hoy ni nunca más.- Le digo, mientras le azoto la puerta en la cara.

Se que ella se va a buscar a otro, para que satisfaga sus… deseos y necesidades. Pero hoy ese no seré yo. No, ya no. Aunque tenga que seguir estas reglas que me hacen la persona fría e impertinente que soy, ya no quiero que esa víbora venenosa se me cuelgue al cuello cada que me ve, por ordenes de sus padres. Ya me hartó.

Camino por mi habitación, para dejar de pensar en las diez reglas… esas malditas reglas… como las odio.

Llego hasta el baño y abro el grifo de la tina. El agua va corriendo, mientras yo me desvisto lentamente. Son las ocho de la noche, pero aún así, el clima es muy caluroso. Detesto el calor.

Entro a la tina cuando esta parcialmente llena, para comenzar un relajante baño que bastante me hace falta.

Después de quince minutos, salgo, tras haberme lavado la suciedad del cuerpo, pero no así la de la mente. Me siento, asqueado, agusanado. Como un cadáver viviente.

La maldita imagen que tengo que tener. Siempre arrogante, siempre con una sonrisa fingida en el rostro. No recuerdo la última vez que alguien me arrancó una sonrisa común y corriente, una sonrisa sincera. Ni siquiera mi madre, desde que era muy pequeño.

Tal vez sea una estupidez, pero para alguien que tiene una vida como la mía, hay pequeños detalles que te hacen ansiar no ser tú. Ser cualquier otra persona, quien sea. Solo para poder ser tu mismo, poder tener una sonrisa sincera, reírte con tus amigos, poder tener una vida lo más normal posible.

Pero el destino se ha forjado, no se puede hacer nada para desbaratarlo.

Hay quien dice que nada puede deshacer el destino, excepto el amor verdadero, pero… seamos realistas. Quien me podría dar una segunda oportunidad, para conocerme en realidad? Para ver lo que hay detrás de mi coraza de hielo? Quien, si yo nunca en mi vida he dado, ni recibido ninguna clase de amor, excepto maternal? Quien se arriesgaría tanto, como para entregarme su corazón?

Mientras me cambio, pienso en alguien que sea lo más normal que se pueda ser, sin mascaras, sin perjuicios mal infundados. Y la única persona que se me viene a la mente, es Granger, Potter y Weasley.

Ellos si pueden ser como quieran, sin preocuparse por el que dirán, ellos tienen lo que yo siempre he querido.

Pero así es la vida. Por algunas cosas hay que sacrificar otras.

Me asomo por la pequeña ventana. Está solo un metro encima del suelo, así que no es una gran vista, pero es la mejor que hay en las mazmorras. Puedo ver desde ahí el Lago negro. Y algo llama mi atención.

Una chica, con una playerita blanca y un corto short pegado al cuerpo va caminando despreocupadamente, con una toalla en una mano y su varita en la otra. Se queda mirando la orilla del lago.

No puedo creer que la chica en cuestión sea en la que estaba pensando, nada más que Hermione Granger, la leoncita guardiana de Potter, y que además esté a punto de desobedecer las normas, para meterse a nadar en el Lago después de las seis de la tarde.

Sonrío con cinismo. Creo que le daré una pequeña sorpresita y un buen susto de paso.

Salgo apresuradamente de mi habitación, después de haberme vestido con cuidado, y peinado como siempre, hacia atrás. Mi cabello no es muy lago como el de mi padre, pero tampoco es muy corto. Solo lo suficiente para poder peinarme como siempre.

Después de salir de mi sala común, camino subiendo las escaleras, hasta salir por las puertas. El imbesil Filch me iba a reportar, pero obviamente, ser prefecto tiene sus ventajas. Examinó mi placa con minuciosidad, hasta que por fin me dejó pasar. Me hizo perder el tiempo. Maldito squib.

Camino hasta estar lo suficientemente cerca del lago como para ver lo que sucede, pero también lo suficientemente lejos como para no ser visto desde ahí.

Granger esta nadando relajada, con un traje de baño de una pieza negro, nada provocador, pero que sin embargo, me deja ver su estilizado cuerpo, con esa delgada tela pegada como una segunda piel.

La observaré unos minutos más, antes de seguir con el susto que le espera.

NARRA HERMIONE GRANGER

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Oh, maldita sea… ahí esta Filch… no, mejor que no me vea. No, no me puedo arriesgar, solo espero que se vaya pronto, por que este maldito anhelo que se ha formado en mi mente no se va a salir fácilmente, hasta que lo cumpla.

Nunca he sido una niña caprichosa, ni mucho menos, pero a veces todos tenemos un deseo incontrolable de hacer algo que… simplemente necesitamos. Para relajarnos, para sentirnos en paz con nosotros mismos, simplemente para estar en silencio algunos momentos, para pensar, para reflexionar sobre lo que vas a hacer o estas haciendo con tu vida. Solo para eso.

Camino tranquilamente junto a los muros del castillo, después de alrededor de cinco minutos perdidos por culpa del celador. Pero no lo puedo culpar de nada, solo hace su trabajo.

Suspiro ruidosamente, mientras observo el tranquilo lago. Sus aguas están en calma, sin ni un movimiento, y además, la luna esta sumamente hermosa y brillante. Sonrío para mi misma.

Me quito el pequeño short que traigo puesto, dejando ver el negro traje de baño que tengo debajo. La playera que me puse le sigue al short, mientras los doblo con tranquilidad. Los pongo en el suelo. Me quito las sandalias y entro a las frías aguas del lago.

La temperatura del agua normalmente sería increíblemente fría, pero esta noche no. El clima que más odio se ha apoderado de Gran Bretaña, haciendo que el agua sea refrescante, en contraste con el calor de la noche.

Nado unos diez minutos y regreso. Ya en la orilla, me relajo y disfruto de la noche, del increíble paisaje y de la tranquilidad que se instaló en los terrenos de Hogwarts.

Entonces me siento observada. Volteo a ver a todas partes y por instinto me cubro con la toalla. Me levanto lentamente del suelo, observando y esperando. Entonces, el chico que me había estado mirando, sale de su escondite, a unos diez metros.

Me quedo pasmada al ver a Draco Malfoy caminar hacia mí, con toda la tranquilidad del mundo, mientras yo estoy en traje de baño, con mi varita a tres metros de mí, frente a esa venenosa serpiente de la cual no se sus intenciones.

Pero la imagen parece un oasis en el desierto. Esa imagen no se me va a olvidar por toda la eternidad. Camina lentamente, mirando a mis ojos miel. Su pantalón negro, con camisa gris (que me parece es demasiado serio para dar un simple paseo por la noche), la suave brisa jugando con sus cabellos, lo hacían ver muy atractivo.

Se detiene a unos dos metros de mí. Sus ojos están diferentes. Tengo que aceptarlo. Siempre me han gustado los chicos con ojos tan hermosos como los de él. Primero Harry, desde primer año hasta finales de segundo, después Ron, desde el Baile de Navidad de cuarto grado, hasta ahora, cuando una herida en mi orgullo de mujer me hizo ver la realidad hace a penas un mes.

Pero los de Malfoy son diferentes. Puede que sea solo por que tienen un aire frío, melancólico, misterioso, tal vez por ser la mirada de una serpiente o tal vez por que están prohibidos, por eso siento la diferencia.

Él se me queda examinándome, mirando toda mi cara y cuerpo, que aún tapado por la toalla, es muy visible. Me sonrojo un poco, pero tengo que recuperar el aplomo.

"Habla, Hermione, habla!", me dice mi subconsciente, y yo, haciendo un gran esfuerzo, termino por hacerle caso.