SUMMARY: Desde el principio de los tiempos los magos han tratado de desvelar su futuro a través de la Adivinación, pero una predicción inesperada puede trastocarles la vida. En esta historia Sirius Black va a consultar un Oráculo, pero a su amigo Remus Lupin también le va a afectar.

DISCLAIMER: Sirius, Remus, James, Peter y Lily son de Rowling. Nosotras sólo contamos su historia. Las predicciones del I-ching están sacadas de una página web, si a alguien le interesa podemos pasarle el link

ADVERTENCIAS: Esta historia es slash. Todos sabemos qué significa: hay relación entre dos chicos, si no te gusta o crees que no te va a gustar... no sigas leyendo.


LA LUNA EN EL ORÁCULO.

1. En donde Sirius Black lanza tres monedas, recibe una predicción y se para su mundo

Delphina Adams se considera una buena adivina. No suele equivocarse en sus predicciones y por regla general sus escasos clientes siempre salen bastante satisfechos después de sus sesiones de tarot o quiromancia. Está orgullosa de cómo es, de cómo se siente y de lo que hace por los demás. Podría decirse que, desde que tiene uso de razón, la adivinación es su vida, pero aún hay algo que le gusta más que la adivinación, si es que eso es posible. Y es la enseñanza.

Lleva más de quince años como profesora de Hogwarts y siempre ha disfrutado con esa especie de camaradería íntima profesor-alumno que se forma entre el humo de las tazas de té y la niebla difusa que se presiente más allá de las bolas de cristal. Disfruta viendo el interés de sus alumnos y le gusta sorprender a las nuevas generaciones con trucos baratos que luego ponen en práctica en el patio, a escondidas. Delphina ha sorprendido a muchas alumnas durante estos años leyéndose la mano o echando las cartas del tarot para intentar averiguar cuántos hijos van a tener o a qué edad se casarán. Los chicos, bueno… preguntan otra clase de cosas, más íntimas, más masculinas. Delphina sabe que es ella la que despierta esa motivación, ese interés por los extraños e intrincados caminos de la adivinación, y se siente orgullosa de ello.

Le gusta la atención y le gusta que estén pendientes de ella en clase y por eso le molesta un poco, sólo un poco, la actitud de ese chaval descarado de brillantes ojos grises y sonrisa despiadada que amenaza con devorar el mundo.

—Sirius Black. ¿Hay algo que quiera comentar a sus compañeros?

Black se vuelve hacia ella con esa mirada inocente, como si él no hubiera hecho nada fuera de lugar. Como si no hubiera pasado los veinte minutos desde que empezó la clase flirteando con esa alumna de Hufflepuff que ríe ante todo lo que él dice. Con su actitud desgarbada, recostado en los cojines como si fuera el rey de ese imperio de incienso y somnolencia, la corbata aflojada y la camisa saliéndose de su pantalón.

—No profesora. —Los alumnos lo miran con curiosidad, las alumnas con algo más—. Todo está bien.

—Según parece la Adivinación no es una asignatura lo bastante interesante para satisfacer su espíritu inquieto. —Habría que hacer algo. No puede permitir que ese chico acapare todo el interés de la clase—. ¿Puedo preguntarle por qué la eligió?

Se encoge de hombros, ante la mirada divertida de su amigo. Ese Potter que parece pegado a su sombra. ¿O es la sombra de Black la que se pega a él? Nunca ha estado segura, pero sabe que si fueran hermanos no estarían tan unidos. Lo sabe. Los ha visto reflejados en la bola de cristal mientras hacen los ejercicios de clase y ha leído los posos de sus tazas de té unas cuantas veces para saber que forman el eje principal de un grupo que, desgraciadamente, acabará desintegrándose. Pero eso no se lo ha dicho a ellos. Ya se creen suficientemente importantes como para seguir echando leña al fuego.

—Bueno, me pareció interesante.

Le pareció interesante. La profesora alza las cejas y sonríe un poco. Quizá vaya siendo hora de hacer un poco de espectáculo. Los chicos están aburridos y hace tiempo que no les lanza un desafío. Un truquito que despierte su interés. Y Black parece estar retándola con la mirada. Perfecto.

—Bien. —La profesora camina hacia él y puede sentir la atención de toda la clase en ellos. En Black. Se vuelve hacia Potter—. ¿Me pasas ese cojín, cariño?

Cuando se sienta, es como si diera permiso al resto de la clase para acercarse a ellos y al instante están todos los alumnos rodeando la mesa de la esquina. Algunos han traído sus propios cojines para estar más cómodos. Otros permanecen de pie, asomándose sobre sus hombros para ver mejor. La chica que coqueteaba con él se las ha arreglado para sentarse a su lado y sonríe encantada.

—Veamos… ¿por dónde íbamos?

—El i-ching, profesora.

Delphina sonríe. La clase no estaba tan distraída después de todo.

—Cierto. —Coge las tres extrañas monedas que hay sobre la mesa—. ¿Alguien puede decirme en qué consiste?

Se oyen murmullos, hasta que alguien se atreve a hablar.

—Bueno, el i-ching es un método chino milenario utilizado con fines filosóficos y adivinatorios.

—Perfecto. Supongo que os habréis leído el capítulo del libro que os mandé el jueves pasado. Todos sabemos las raíces filosóficas e históricas de este método de adivinación, pero, ¿qué hay de la práctica?

—Hay que lanzar tres monedas al aire y luego interpretar los símbolos.

Siempre hay algún listillo que tiene que adelantarse a las explicaciones del profesor y que hace que sus instrucciones sean menos impactantes, pero Delphina está acostumbrada. Bueno, es una buena manera de simplificarlo, así que opta por darle la razón al alumno que ha hablado antes de tiempo y vuelve a centrarse en las monedas que sujeta en su mano, ahora abierta.

—Cada moneda tiene dos caras: el yin, o parte femenina, y el yang, o parte masculina. —Es esencial que los alumnos atiendan en esta parte, porque es la más importante y la que luego puede dar problemas. Y además, la pondrá en el examen-. El yin se representa por una línea partida y tiene el valor de 2. El yang es una línea continua y su valor es 3. Se lanzan las monedas dos veces y las distintas combinaciones dan una serie de trigramas. Hay 8 trigramas básicos y con su combinación se construyen los signos y se da significado a cada uno de ellos. ¿Alguien sabe cuáles son esos trigramas básicos?

La respuesta tarda un poco, pero llega. Siempre llega. Y es la chica que se ha sentado junto al chico revoltoso la que alza la mano, quizá deseosa de llamar su atención. Y lo consigue.

—Son: el Cielo, la Tierra, el Trueno, el Viento, el Agua, el Sol…, la Montaña y el Lago.

—Muy bien. ¿Con cuál se identifica usted, señor Black?

El chico alza la barbilla con gesto orgulloso.

—El Cielo.

La respuesta es demasiado rápida y esta vez Delphina no puede disimular su sorpresa. El Cielo. Habría jurado que su respuesta sería el Sol. Ardiente, fuego, Sirius. La estrella, cuyo nombre lleva, es la más brillante del cielo. Más que el sol. Y su espíritu es fuego. Incluso su propio nombre, Sirius, viene del griego: "seirios" que significa "en llamas".

Pero él ha elegido el Cielo: la luna, el sol, las estrellas y la magia fría de la noche. Curiosa respuesta.

—¿Está seguro?

Y claro, el chico lo está.

—Me gusta el Cielo —dice encogiéndose de hombros.

—Bien.

Delphina le ofrece las monedas y él las recibe con una sonrisa. Debe ser una especie de honor para él ser el primero en probar suerte.

—Veamos qué dice su futuro. Lance las monedas dos veces: el primer lanzamiento formará el trigrama superior y el segundo el trigrama inferior. ¿Entendido? —La clase entera asiente—. Bien, ahora concéntrese en lo que quiere preguntar al oráculo. ¿Trabajo? ¿Salud? ¿Amor?

Se oyen risitas y algún que otro cuchicheo y Delphina oculta una sonrisa satisfecha.

—Amor.

Lo sabía. Son demasiado jóvenes para interesarse por la salud y aún no les gusta pensar en cuál va a ser el trabajo de su vida. El joven guarda las monedas entre sus manos y después de moverlas un par de veces, mucho más concentrado de lo que Delphina había esperado, las lanza sobre la mesa.

No deja de ser curioso que el primer trigrama sea precisamente el opuesto al que él ha elegido: la Tierra, la oscuridad. Muy curioso, aunque nadie se dé cuenta.

—¡Ha salido la Tierra! —grita Potter a su lado, y le golpea la espalda como si acabara de ganar algo a una partida de cartas.

Black coge de nuevo las monedas y las vuelve a lanzar y Delphina se muestra satisfecha cuando las pequeñas monedas dejan de girar. Esta vez no se sorprende, porque ya lo sabía: el calor, el sol:

—El Fuego.

Potter se apresura a abrir el libro por la página adecuada, aquella que dará una interpretación a la tirada. Tierra + Fuego. Delphina ya sabe lo que dice. Lo sabe de memoria porque la ha leído miles de veces, pero deja que sea el chico de gafas el que marque su sentencia cuando empieza a leer con voz alegre y divertida:

La oscuridad prevalece. El hombre sabio va sin alimento. Se produce una herida en el muslo izquierdo. —Algunas chicas ríen—. Un caballo es empleado para liberarse de la congoja: ¡buena fortuna! La luz de la luna ahora se oculta. La oscuridad se asienta.

Oscuridad. Black es "negro" en inglés. Sirius significa "en llamas" en griego.

Oscuridad. Luz de luna. Fuego y Tierra.

Todos la miran ahora, ansiosos por una explicación. La chica se ha acercado un poco más, pero él ha dejado de hacerle caso.

Luna.

Delphina se aclara la garganta antes de hablar:

La luna simboliza la acción óptima. Este hexagrama es el símbolo de la oscuridad. A pesar de la aparente solidez de la oscuridad, la luna la "rompe" con su tenue luz. No os dejéis perturbar por las circunstancias externas. La obtención del éxito requiere involucrarse totalmente. Es frecuente que aún el hombre sabio, preocupado, deje pasar la hora de su comida. Ignora el criticismo de los demás. Mantente aferrado a tus creencias. A pesar de todos los obstáculos, el hombre sabio encuentra el camino hacia el éxito. Si la oscuridad es fuerte tú debes ser aún más fuerte.

Cuando se habla de oscuridad todos ponen esa cara. Porque siempre lo ven como algo negativo, pero se olvidan de la explicación completa y a pesar de que es un revoltoso, ella se siente en la obligación de calmarlo y hacer desaparecer esa mirada de sorpresa y ligero temor de sus ojos grises.

—Tranquilo, Black, no es nada malo… por ahora —y añade con voz firme y amable—. La luna te salvará.

La luna te salvará.

—¡Eso es que vas a tener una cita de noche a la luz de la luna! —el joven Potter no deja de meter cizaña. Quizá la próxima vez le dé a él la lección. Pero de momento, Delphina decide seguir con la predicción, y los alumnos vuelven a atender.

—Para el dinero: confía en tus propias decisiones, la prosperidad puede ser lograda a pesar de las dificultades. Riesgos: muchos os dirán que no, pero este hexagrama te anima a arriesgarte. En los negocios... para el éxito debes trabajar día y noche. Viajes, el viajar de noche os traerá buena fortuna. La luna está a tu favor. Y para el romance —es aquí cuando los alumnos permanecen en completo silencio, conteniendo la respiración. A Delphina le gusta alargarlo un poco más antes de dar su sentencia—: anímate a romper el muro de la incomprensión y encontrarás la luz.

Ya está, justo a tiempo. La campana que anuncia el final de la clase suena por toda la escuela y los alumnos se apresuran a recoger mientras la profesora escucha algunos comentarios y propuestas de reunirse a media tarde para probar suerte con el i-ching.

Delphina se retira y recoge su mesa. Guarda las monedas y apaga de un soplo la vela que hay sobre el pequeño mantel cuadrado con dibujos de lunas y soles. El murmullo de la clase se va apagando poco a poco y se dispone a prepararlo todo para la próxima clase.

—Profesora…

Se vuelve un poco sorprendida de que todavía siga allí. Y está solo. Parece preocupado y algo nervioso.

—¿Sí, señor Black?

Se lo piensa antes de contestar, pero contesta.

—¿Cómo de fiable es el i-ching? Quiero decir… no debo hacerle mucho caso a esa predicción, ¿verdad?

La eterna pregunta.

—Bueno…, el oráculo puede orientar sus pasos, pero no debe guiarse sólo por él. ¿Le preocupa algo de lo que ha oído?

Agacha la mirada avergonzado, y mucho más formal de lo que suele mostrarse en clase. Inquieto y algo tenso.

—Puede ser…

Delphina sonríe y coloca la mano en su hombro, en gesto protector.

—No se preocupe. La luna acompañará sus pasos. Quizá la oscuridad lo trague, pero siempre habrá una luz guiándole.

El joven asiente, pero no parece más tranquilo.

—Gracias, profesora.

—De nada. No olvide ese trabajo para el lunes.

Y el chico sale de la sala a reunirse con sus amigos, arrastrando los pies y murmurando algo para sí mismo.

Continuará…


N/A: Esperamos que os haya gustado, si es así esperamos veros en el próximo capítulo.

Daia & Ilenda