Bueno, aquí vengo con el primer capítulo de éste fic. Lo estoy reescribiendo totalmente, así que la trama tiene un pequeño giro y aún así, espero que todavía les guste.

Título: Un Verdadero Snape.

Disclaimer: Nada me pertenece, excepto la idea. Los personajes le pertenecen a la saga de Harry Potter y a la pluma de JK Rowling. Fan fic sin intención de lucro y escrito sólo por diversión.

Prólogo: La misteriosa carta.

Prácticamente saltó en la silla en la que estaba sentado, en cuanto la puerta de su despacho se abrió de par en par y una angustiada Minerva McGonagall, entró corriendo y cerrando la puerta tras de sí, como si alguien la persiguiera. Bajó los pies del escritorio y acomodándose las túnicas, encaró a su colega.

- ¡Severus, Potter escapó de su hogar en Privet Drive! - dijo, tratando de respirar y llevándose una mano al pecho, tras el gran esfuerzo que debió suponer el bajar tres pisos a trote. - ¡Escapó y no sabemos a dónde pudo haber ido!

- ¿Y qué quieres que haga? Mis obligaciones contractuales especifican que Potter está bajo mi jurisdicción, solamente cuando se encuentra en el castillo. Lamento no poder ayudarte, pero no creerás que saldré a buscarlo y mucho menos en una noche como ésta.

- No lo entiendes, ¿no es así? - preguntó la mujer, sorprendida y con una expresión de gravedad como si hubiese dicho algo realmente malo. - ¡Potter está ahí fuera. El único impedimento para que Voldemort termine de ganar esta bendita guerra!

- Lo único que comprendo, es que Potter ya está por cumplir los dieciséis años. Ya está muy grande como para que le digamos qué hacer. Sus razones tendrá para haber escapado, aunque seguramente para llamar la atención y ser más "famoso" de lo que lamentablemente ya es.

Por supuesto, qué otra reacción podía esperar de un hombre que había pasado la mitad de su vida, martirizando a un pobre niño huérfano. Nego con la cabeza y decidió que ya era el momento de que supiera la verdad. Caminó hasta detenerse junto a él, bajo su mirada curiosa, y tomó uno de sus brazos y prácticamente obligándolo a levantarse.

- ¡Por la barba de Merlín, qué es lo que te pasa! - exclamó en cuanto logró ponerse de pie y en cuanto tuvo que sostener la mano libre de Minerva, para que no se desbalanceara y cayera al suelo. - No sé qué es lo que intentas hacer con esto, pero ya te dije que no puedo ayudarte. No saldré en busca de Potter, no me corresponde.

Guardó silencio durante todo el trayecto y solamente escuchaba las quejas de Snape, mientras prácticamente lo arrastraba consigo y a través de las escaleras hasta el despacho de Dumbledore. Ya había pasado mucho tiempo y el secreto debía ser develado, antes de que fuese demasiado tarde.

Al entrar no pudo esperar y simplemente se detuvo frente al escritorio del director, acercando a Snape hasta el mismo punto y tratando de recuperar el aliento conforme hablaba entre jadeos.

- Dile, Albus. Dile... por qué es tan importante que Potter haya decidido escaparse y justamente ahora.

- Buenos noches, Minerva. También para ti, Severus.

- ¿Podrías explicarme qué demonios sucede y por qué Minerva reacciona de ésta forma? Menos mal que accedí a venir hasta aquí o habría tenido un ataque cardíaco, en medio de mi despacho.

Albus Dumbledore sonrió y no tardó en ponerse de pie, señalando una vieja silla frente a su escritorio. Tenía que ser algo importante o de lo contrario, todos se habían vuelto locos en ese castillo. Tomó asiento y una vez que Minerva decidiera soltar su mano que apretaba con excesiva fuerza y a la cual, prácticamente le había enterrado sus uñas. Susurró una suave disculpa y se paró a su lado, mientras el director hurgaba en uno de sus bolsillos en su túnica. Sacó un par de cosas, mientras Severus arqueaba una de sus cejas.

- Me preguntaba dónde había dejado estos ricos caramelos de limón. - dijo mientras tomaba uno y comenzaba a quitarle el envoltorio.

- Albus... - le advirtió Minerva y Dumbledore pareció recordar qué estaba buscando.

- Oh sí... - dijo, tomando un viejo trozo de pergamino y extendiéndolo en dirección de su joven profesor de pociones. - ten mucho cuidado, Severus, es realmente viejo.

Se trataba de un pequeño pergamino, un retazo de alguno que hubiese sobrado. Tenía marcas de dobleces por todas partes y le pareció reconocer su nombre en una de las caras.

- ¿Una carta para mí, de hace años? - alzó una de sus cejas con obvio sarcasmo. - Creo que ya es muy tarde para recibirla.

- Ábrela, quizá aún no sea tan tarde y podamos cambiar el destino de muchas vidas.

Severus abrió cuidadosamente el pedazo de pergamino y pudo percibir que a su lado, Minerva contenía la respiración. Qué podía ser tan malo.

Apenas y reconocía la letra, pero aún podía entender las palabras. Más o menos, hizo un gran esfuerzo para leer un par de párrafos.

"Querido Severus.

Lamento tomarte por sorpresa, pero pensé que ésta verdad debía morir conmigo, para evitar los conflictos a futuro. Nuestra amistad terminó de la peor forma posible y si te soy sincera, no creí que pasaría alguna vez y tampoco esperaba que mi hermana tuviera razón acerca de ti. Jamás debí siquiera intentar acercarme y ser tu amiga, estaba más que claro que yo no te importaba tanto como tú a mí.

Quizá te estoy juzgando mal, pero ya es muy tarde para detenerme y pensarlo mejor. James y yo, hemos decidido casarnos e intentar ser felices. Intentar olvidar el pasado y dejar las tontas riñas atrás. Si pudieras ver cuánto ha cambiado, aunque estoy segura de que jamás lo creerías y por más que bailara frente a tus ojos.

En algún momento, llegué a soñar que lo mismo nos pasaría a ambos. Que nos casaríamos y seríamos realmente felices, pero me he dado cuenta de que simplemente he sido una tonta y me engañaba a mí misma, todo el tiempo. En fin, no es de esto que quiero hablar ahora y tampoco escribo esta carta para echártelo en cara. Te escribo para confesarte una verdad que he escondido durante meses y que siento, acaba conmigo poco a poco.

Acerca de Harry, el bebé que espero y que se supone es de James y nuestro motivo para acelerar nuestro matrimonio. Éste bebé que él decidió llamar Harry Potter, en verdad es una gran bendición y realmente me hace muy feliz.

Pero..."

- ¡Imposible! - exclamó Severus, poniéndose en pie y dando un golpe a la mesa, con la misma mano que sostenía aquella vieja carta. - Debe ser una broma, ¿quién escribió semejante cosa? ¡Exijo que me lo diga!

"Tú eres su verdadero padre y no James. Supongo que me rehusaba a despedirme de nuestra amistad y terminé intentando darte una oportunidad y dármela a mí misma. Antes de casarme, quise saber si había tomado la decisión correcta. Descubrir si no te juzgaba mal, si detrás de esos retorcidos amigos que tenías y esa obsesión por la magia negra, había un hombre diferente. Pero fue un error o al menos lo fue mientras estuviera en medio de mi noviazgo con James.

Borré tu memoria y guardé el secreto en mi vientre. Supuse que James no sospecharía y a decir verdad, no tenía razones para desconfiar de mi. También habíamos tenido un par de noches juntos, así que parecía la mentira perfecta.

Aunque siempre dicen que las mentiras tienen las patas cortas."

- Lily escribió esa carta, al parecer, un par de días antes de graduarse. Los elfos la encontraron mientras limpiaban el dormitorio de chicas del séptimo curso. Al principio yo también pensé que podía ser falsa, pero ya comprobé la letra con algunos ensayos que guardé de Evans. Es su letra y es legítima.

- ¡No puede ser... ! - dijo, mientras miraba a la mujer a su lado, pálido y temblando prácticamente como una gelatina. - Yo... no puedo recordar, tiene que ser un error. Por qué Lily me haría una cosa semejante, ¡era hasta incapaz de matar a una mosca! Muchas veces me juzgó por cosas como estas y ella terminó... ¿utilizándome? ¡Hace cuánto lo saben!

- Hace un par de horas, quizá dos o tres. Quise decírtelo cuanto antes, pero Albus continuaba diciendo que debíamos esperar. ¡Pero entonces, Harry escapó y...!

Se dejó caer en la silla y suspiró pesadamente, tratando de procesar lo que acababa de leer. Era el verdadero padre de un muchacho de dieciséis años, al que prácticamente le había fastiado la mitad de su vida y culpado por tener un padre que ni siquiera era real. Al menos, en sentido figurado.

Su cabeza terminó sostenida por sus manos sobre su rostro, mientras apoyaba los codos en la mesa. Qué demonios había hecho, pero cómo diablos podía habérselo imaginado.

- Potter... vive con Petunia Dursley, ¿no es cierto?

- Vivía, hasta ésta noche. Ha decidido escapar y no tenemos ni idea de a donde pudo haber ido. Hay varios aurores buscándolo, pero quizá quiera reunirse con Sirius y vivir con él. Tenemos que encontrarlo pronto, antes de que Voldemort lo haga por nosotros. - dijo el director.

¿Qué se suponía que debía hacer a continuación? Si la bendita carta era verdadera, Harry jamás podría perdonarlo. Jamás podrían llevarse bien y no lo culpaba por ello. En absoluto.

- Y qué se supone que hagamos. - preguntó, mirando primero a Minerva y luego a Albus. - ¿Acaso ha hecho uso de su magia, como para que podamos rastrearlo?

- No todavía, pero sólo hay un autobús que recoge a los magos quienes escapan de casa. - recordó McGonagall con detalle. - Sirius me confesó que le ocurrió una vez y a Harry también, durante el tercer curso. El autobús noctámbulo.

Albus tenía razón, debía encontrarlo antes de que Voldemort lo hiciera. Se puso en pie y dobló la carta cuidadosamente, guardándola en uno de los bolsillos de su túnica.

- Iré hasta Privet Drive y hablaré con la hermana de Lily. Quizá ella tenga alguna información, aunque no creo que quiera verme o al menos, no estará muy contenta.

- Ve, debes ser tú quien se lo explique a Harry. Estará muy confundido y probablemente te cueste convencerlo de la verdad. Quizá sea buena idea que permanezca con Sirius por un tiempo, mientras sus ideas se aclaran.

- Petunia Dursley siempre estuvo celosa de los magos, los odiaba por la forma en que los padres de Lily le prestaban más atención y por lo muy felices que estaban de saber que su hija era una bruja. No me es difícil imaginarme la razón por la que Potter escapó.

- Snape... - le corrigió Minerva.

- ¿Qué? - preguntó y la mujer sonrió dulcemente.

- Quiero decir que Harry ya no es Potter, sino Snape. Harry Snape.

Parpadeó ligeramente confundido, pero decidió no darle más vueltas al asunto y con paso firme y redoblado, abandonó el despacho del director. Al cerrarse la gárgola tras de sí, suspiró pesadamente y sintiendo el peso de la carta en el bolsillo de su túnica. Por qué Lily había decidido esconder una verdad como aquella. Prácticamente había marcado la existencia de su hijo, a una vida de tristeza y odio para contra su propio padre.

Sacudió la cabeza un par de veces, diciéndose que no tenía tiempo para lamentarse y que necesitaba actuar con celeridad. Harry corría gran peligro y no quería volverse a equivocar y añadir otro error a la lista.

Empezando por haber perdido a la madre de su hijo, a la mujer que amaba. Aunque la carta pusiera ese amor, ligeramente en duda.

Privet Drive tenía un clima húmedo y se percató de que también había llovido allí. Sus pasos hacían un incómodo ruido en el césped mojado. Al llegar hasta la puerta, pensó en lo mejor para decir y se dio cuenta de que sin importar lo que dijera, ellos igual se escandalizarían de verlo. Tocó suavemente y trató de reunir toda la paciencia que pudo.

Al mismo instante de tocar, la puerta se abrió lentamente y se dio cuenta de que el lugar era un desastre. Se adentró tentativamente, pensando que Harry quizá no había escapado, sino que habían sido víctimas de algún mortífago. Mientras caminaba, sus pies crujieron y se dio cuenta de una lámpara rota y una pequeña mesa volteada. Un jarrón también roto y un perchero de madera en el suelo, con un par de abrigos regados en la habitación. Toda la sala de estar parecía haber sufrido una gran reformación y por decirlo de una forma elocuente. Miró una pequeña alacena bajo las escaleras hacia el piso superior y no tardó en notar que el candado había sido removido con magia.

El marco de la pared tenía una enorme mancha negra como de una explosión y la puerta parecía haber sido sacada de su marco, a la fuerza. Miró dentro y se percató de una pequeña cama en una esquina y objetos varios en las repisas, como si alguien hubiese estado viviendo ahí dentro por años.

- ¡Mamá, otro como él! ¡Hay otro como él!

Escuchó una voz chillona tras él y se dio la vuelta para mirar. Al hacerlo, su gran tamaño y su apariencia, asustaron a un adolescente regordete quien no tardó en correr y en dirección de la cocina. Decidió seguirlo y antes de que incluso pudiera poner un pie dentro, un hombre tan regordete como el muchacho, le cortó el paso y cargaba un bate de béisbol de madera. Una expresión de locura que de inmediato le hizo retroceder y tratar de introducir una de sus manos en los bolsillos de su túnica y sacar su varita.

- ¡Márchese o me obligará a matarlo!- tenía un poblado bigote pero en aquel momento se encontraba despeinado, llendo en todas direcciones y al igual que su cabello. Sus ropas estaban llenas de polvo y sudaba en grandes cantidades.

- No estoy aquí con la intención de lastimarlos, sólo he venido en busca de Harry Potter. - Snape no demoró en aclarar, sin dejar de mirar el bate en su mano y la expresión de locura en sus ojos. Tenía que ser precavido o las cosas podían terminar mal.

- ¡Él no está aquí y más le vale que jamás regrese! Ese bueno para nada, espero que un automóvil ya lo haya atropellado o muera de hambre. ¡Que viva en la escuelita esa en la que estudia, aquí jamás podrá volver! ¡Todos ustedes son iguales, unos fenómenos de circo!

Intentó mirar dentro y se dio cuenta de que Petunia se encontraba sentada en un rincón de la cocina y acariciaba la cabeza del muchacho que imaginó era su hijo, mirándole y sonriendo mientras acomodaba sus también despeinados cabellos y el joven murmuraba palabras que no podía escuchar desde donde estaba.

- ¿Qué ha sucedido? - preguntó y al escuchar el timbre de su voz, Petunia no tardó en alzar su rostro.

- ¿Severus Snape? ¡Pero qué demonios estás haciendo aquí!

- He venido por Harry. Dónde está.

- Se ha marchado, finalmente lo ha hecho. ¡Es un imbécil! - exclamó Duddley y la mujer negó con la cabeza, para que guardara silencio.

- ¿¡Lo conoces!? - preguntó Vernon de inmediato y sin podérselo creer, mientras su esposa asentía en silencio.

- Fue el mejor amigo de infancia de mi hermana, estudiaban juntos en la misma escuela que Potter y que Harry. ¿Qué está haciendo usted aquí? La última carta de mi hermana fue muy clara y decía que ya no eran amigos, que usted había traicionado su confianza y que había decidido tomar otro camino. Que usted había decidido unirse a las hordas de ese hombre, que intenta asesinar a Harry Potter.

Por qué tenían que sostener esa conversación precisamente. El rostro pétreo de los presentes, le resultó bastante incómodo de mirar.

- Pues por mí que lo mate. - declaró Vernon con sarcasmo. - y si necesita mi ayuda, bien pueda.

No dudaba de las razones por las que Harry hubiera querido escapar. Al menos no, con esas palabras que acababa de escuchar.