Disclaimer: Los personajes de Naruto NO me pertenecen.

Acá les dejo una nueva historia (no muy larga) que es algo más oscura que la anterior y me gustaría saber que les parece.

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De pesares y placeres

Capítulo 1: "Sueños de color carmesí"

Se encontraba en la penumbra, entre la niebla y la noche no podía distinguir donde se encontraba. Definitivamente aquel paisaje no le resultaba para nada familiar. No tenía idea donde estaba. Miró a su alrededor confundida, estaba en medio de un bosque.

Había algo de aterrador en todo aquello, no recordaba como había ido a parar allí ni porque se encontraba en semejante lugar.

Sintió una puntada en el costado. Palpó la zona adolorida sólo para comprobar que estaba herida, sangraba. Levantó nuevamente la mirada para encontrarse con una escabrosa escena; aproximadamente una decena de cuerpos inertes yacía a su alrededor, todos ninjas (lo supo por la banda en sus frentes). Sin vida, todos ellos, una masacre había acontecido en aquel lugar, no había duda de eso.

Una extraña sensación le invadió e inmediatamente miró sus manos. Sangre. Había ensuciado sus manos con sangre (la misma que se impregnaba en su ropa) y sabía, aunque no comprendía del todo porque, que aquel fluido color escarlata pertenecía a todos aquellos caídos en batalla, aquellos que permanecían muertos a su alrededor.

Le invadió una extraña sensación, que se transpuso (en segundos) en intensos sentimientos, desasosiego (en primera instancia) luego desamparo ¿Arrepentimiento acaso? Y por último desapego a la vida. No podía contener tal cantidad de angustia, aquello que sentía en ese momento le oprimía el pecho, le corroía el alma. Se sentía un ser completamente inhumano.

Volvió la vista a sus rojas manos y notó algo inusual, sus palmas se mostraban más pálidas que de costumbre y sus largos y delicados dedos (correspondientes a una mano femenina) se veían más largos, anchos y ásperos. Pareciera una mano de hombre. Poco a poco el dolor comenzó a agudizarse y no pudo hacer otra cosa que gritar del dolor.

Despertó.

Sakura se incorporó y miró a su alrededor para encontrarse, ahora, en un escenario más familiar; su habitación. Su cama se encontraba junto a la ventana y por un momento se vio tentada a mirar fuera de ella pero pasó de esa idea cuando notó algo extraño en sus sábanas blancas, ahora de color carmesí.

Su respiración agitada y su cuerpo de un color perlado por la transpiración del momento, su corazón latía a mil ¿Qué significaba todo aquello? Miró nuevamente la mancha que se ubicaba donde minutos antes había estado el costado izquierdo de su cuerpo. Recordó su sueño y examinó su pálida piel, allí, como la recordaba estaba la herida que en su sueño había presenciado, sólo que ahora se veía con una simple cicatriz, ya no sangraba.

Volvió sus profundos ojos esmeralda al cuarto y lo recorrió lentamente con la mirada, estaba amaneciendo, lo supo por los suaves rayos de sol que penetraban por su ventana. Cansada se dejó caer nuevamente sobre el colchón. Ya se levantaría, solo que prefería permanecer en la cama unos segundos más.

Naruto: Sakura ¿Qué te sucede hoy? Te ves desastrosa.

Sakura: - Mirándolo con cierto resentimiento por el comentario- ¡Cielos! Muchas gracias Naruto –el sarcasmo resonó en su voz-

Naruto: - Le sonrió nervioso- No lo dije con mala intención, de veras. Es que parece que no hubieras pegado un ojo en toda la noche.

Sakura: - Recordó en ese instante el sueño, le había parecido tan vívido. La tristeza que la había invadido al despertar, cuanta angustia. Y la herida que llevaba tallada en su cuerpo como un recuerdo de aquellas imágenes de la noche anterior. Notó que su amigo la miraba con impaciencia y restándole importancia respondió- No es nada.

Naruto: ¿Segura?

Sakura: - Le intentó tranquilizar con una sonrisa- Si, no te preocupes.

Naruto: ¡Bien! Pero sabes que puedes decirme lo que sea.

Sakura: - Le surgió remordimiento, después de todo le estaba ocultando lo del sueño. Finalmente, decidió que lo acontecido la noche anterior no era de importancia y simplemente le dijo- ¡Claro! –Y forzándose a si misma a salir de aquella conversación le gritó mientras se alejaba corriendo- Debo irme ¡Nos vemos Naruto!

El rubio se quedó allí parado observándola, definitivamente Sakura estaba actuando raro y no podía comprender el porque. Era verdad que desde que Sasuke (su antiguo compañero de equipo) se había marchado de la aldea su amiga había cambiado bastante en su forma de actuar, pero de eso ya hacía cuatro años (quizá un poco más pensó Naruto) y todo parecía haber vuelto a la normalidad. Sabía que Sakura lo quería y había intentado detenerlo y aunque ella lo negara sabía que también lo extrañaba (pues él mismo lo hacía) pero ella se había decidido a olvidarlo, olvidar su existencia y pretender que Sasuke nunca había existido. Al menos eso mostraba a los demás. Tal vez no quería demostrar debilidad (eso era lo que Naruto se repetía una y otra vez)

Naruto: - Pensando para sí- ¿Me pregunto si tendrá algo que ver con Sasuke? –pero aquella posibilidad le parecía remota pues no habían tenido noticias de él desde su partida, sólo sabían que se había unido a Orochimaru- Sakura...

Tenía la respiración alterada, había corrido hasta aquel lugar, no quería darle explicaciones a Naruto de su extraño sueño y sabía que se preocuparía al ver la herida, así que huyó.

Sakura: No es nada –se repitió y dejando ver su piel desnuda volvió a contemplar aquella marca en su cuerpo. Intentó curarla utilizando su chakra, una y otra vez, pero nada. Aquella marca simplemente no desaparecía- ¡Maldición!

Observó a su alrededor, se encontraba en el bosque a las afueras de Konoha. Aquel lugar se había vuelto su refugio y lugar de entrenamiento. Intentó una vez más concentrar su chakra en la herida para regenerarla pero al no obtener un resultado satisfactorio simplemente se rindió.

Sakura se sentó de espaldas contra un árbol y levantó la vista al cielo. El firmamento se mostraba de un intenso color azulino sin nube visible que perturbara su vista. Contemplarlo de esa forma le daba paz.

Aquellas imágenes rondaban su cabeza y no podía dejar de pensar en lo que había visto.

Sakura: - En un susurro casi imperceptible- ¿Por qué pude sentir esos horribles sentimientos aún despierta? Me sentía despiadada, como si en verdad hubiese matado a aquellos ninjas sin motivo alguno - Esa sensación, estaba nerviosa, ese abandono y ese constante deseo de morir se habían impregnado en su ser ¿Pero cómo era posible? Era solo un sueño- ¡Sólo fue un sueño! –Se dijo poniéndose de pie de golpe. Estaba enfadada consigo misma por darle tanta importancia a algo tan trivial- Solo un sueño...

Sabía que por más que intentara convencerse de aquello no lo lograría si no era por medio de una distracción, así que decidió que lo mejor era ponerse a entrenar para despejar su mente.

Siempre le ocurría lo mismo y lo sabía. Cada vez que no se encontraba ocupada o haciendo algo su mente comenzaba a trabajar a mil y cientos de pensamientos y recuerdos (para nada placenteros sino dolorosos) acudían a ella. Por eso odiaba irse a dormir, no sabía porque pero cada vez que se recostaba en su cama era como si sus sufrimientos se apoderaran de ella sin poder oponer resistencia. Y en las noches lloraba.

Sakura: Ahora tengo un motivo más para odiar las noches –bufó molesta- Espero no tener que volver a soñar eso.

No entendía porque pero aquel sueño le aterraba y provocaba en ella lo mismo que el recuerdo de Sasuke, dolor y angustia.

Permaneció toda la tarde allí, había pasado por alto el almuerzo (pues se sentía inapetente) y continuó entrenando. Sabía que no era nada saludable para su cuerpo forzarse tanto pero prefería el dolor muscular a la angustia de encontrarse sola frente a frente consigo misma y verse en soledad y obligada a confrontar aquellos sentimientos que la atosigaban día a día.

Finalmente cayó rendida y comprendió que era tiempo de volver. Se puso de pié, sus piernas le temblaban del dolor y el cansancio la agobiaba pero sin apresurarse emprendió su camino de regreso a Konoha.

Intentó evitar a todo aquel que pudiera encontrarse en el camino pero algún que otro encuentro se hizo inevitable y tuvo que, por cortesía, detenerse a saludar. Primero fue Ino con quien chocó y luego Hinata. También se cruzó con Shikamaru y finalmente Naruto (todos sus ex compañeros de la academia, verlos le recordaba a aquellos años, cuando ella era solo una niña de 12 años)

Naruto: - Agitando la mano energéticamente- ¡Sakura!

Sakura: Ah... hola Naruto.

Naruto: - La miró extrañado, ella estaba como apagada- ¿Oye porque te fuiste corriendo así hoy?

Sakura: Oh... pues... Estaba llegando tarde a mi entrenamiento y no quería retrasarme.

Naruto: ¿De veras? –La miró sospechando la mentira tras las palabras de la pelirrosa-

Sakura: De veras –le respondió desafiante rogando que le creyera-

Naruto: -Cediendo- ¡Ah! Pues, está bien. ¿Quieres venir a comer ramen? –le dijo entusiasmado, la miraba con sus grandes ojos azules abiertos de par en par- Vendrás ¿No? Verdad que sí –le sonreía-

Sakura: Lo siento Naruto, estoy muy agotada y quiero irme a mi casa.

Naruto: -Triste- Oh, está bien ¡Pero me la debes!

Sakura: - Encogiéndose de hombros y delineando una suave sonrisa en su rostro- Bien –Y sin decir más se despidió y continuó su retorno a casa-

Llegó y apresurada se dirigió a su dormitorio, no quería tener que confrontar con sus padres por el hecho de haber desaparecido tan temprano y no haber dejado siquiera una nota. A pesar de que Sakura había crecido mucho aún tenía 17 años y debía vivir con sus padres (por ende atenerse a sus reglas).

Al entrar cerró la puerta tras ella y fue directamente al baño. Abrió el grifo y el agua comenzó a correr, caliente. De un momento a otro el pequeño cuarto de azulejos azules se había empañado y tanto sus paredes como sus vidrios se encontraban nublados, empapados de vapor.

Sakura dejó caer sus ropas al suelo y con el cuerpo desnudo se introdujo en la ducha. El primer contacto de su piel desnuda con la lluvia caliente fue doloroso (sobre todo en su costado donde aún permanecía intacta la marca) pero luego se acostumbró a la alta temperatura y se dejó llevar por aquella exquisita sensación de purga que el agua le proporcionaba. Su cuerpo tenso se relajó y por un momento pareció olvidar todo aquello que la angustiaba, por eso amaba tanto los baños.

Salió luego de aproximadamente 15 minutos, se envolvió con una toalla y salió del baño para encontrarse nuevamente en su habitación. Miró a la cama, se encontraba tal como la había dejado a la mañana, todas las sábanas enmarañadas y sobre el lado izquierdo una pequeña mancha roja.

Se vistió para dormir y se quedó, por unos segundos, contemplando su lecho. De pronto sintió una extraña sensación y arrancó las sábanas de la cama para arrojarlas a un rincón con la esperanza de que aquella salpicadura desapareciera. Simplemente las remplazó por unas limpias y se recostó para finalmente abandonarse al sueño y recibir aquel merecido descanso que su cuerpo tanto le exigía.